EL AMOR OBRA MILAGROS

 

 

 

 

 

 

 

Prólogo


   Natalie estaba a punto de salir al escenario pero sus zapatos aún no se los habían dado. Vestida con un traje color amarillo amarrado en un hombro y su melena de color oscuro cayéndole en cascada por la espalda. Poseía un porte especial con su nariz fina al igual que su barbilla. Sus grandes ojos oscuros revelaban su naturaleza hispana.
   Preocupada miró a su alrededor en busca de Gillian, su hermanastra, la cual se había llevado sus zapatos para que los limpiaran un poco.
   -Maldita sea, Gillian, ¿dónde estás?- preguntó Natalie a la nada.
   Al momento apareció Gillian con los zapatos de la joven. Esta era el polo opuesto a Natalie, ya que esta era rubia y con los ojos claros, tan claros como el agua del mar cuando hacía buen tiempo. Natalie sentía envidia de la belleza de su hermanastra pero aún así, la joven ha conseguido ser la mejor bailarina juvenil del momento. Conocida por toda la nación siendo la bailarina de moda con su propia línea de ropa, cosméticos y perfumería.
   Su fama era tal, que hasta tenía una línea de joyas muy vendida.
   -Aquí estás- dijo Gillian.
   -Menos mal.
   -Ya están listos para que les des un buen uso- dijo Gillian sonriendo.
   Natalie sonrió y se puso los zapatos. Su hermanastra la había convencido para que bailara con tacones a pesar de que ella no era muy amante de estos. Incluso lo del vestido amarillo fue idea de ella.
   -¿No dará mala suerte? Los artistas dicen que cuando llevas algo amarillo da mala suerte- había dicho Natalie cuando Gillian le mostró el vestido que se pondría para el concurso.
   -Oh Natalie, no seas supersticiosa- le dijo ella haciendo un gesto con la mano como descartando la idea de la mala suerte.
   -Cualquier precaución es poca.
   -Lo harás muy bien, hermanita.
   De repente, se oyó la voz de la presentadora.
   -A continuación vamos a presentar a una joven muy conocida por todos. Algunos la califican como la joven que mejor baila de toda la nación. Bailará una preciosa canción de estilo clásico. Un fuerte aplauso para Natalie Taylor.
   Natalie inspiró hondo y salió al escenario. Se colocó y esperó a que sonara la melodía. Cuando comenzaron a escucharse los primeros compases, la joven empezó a moverse.
   Notó que los zapatos resbalaban un poco pero no le dio mucha importancia. Cuando se acercaba el momento de dar el salto, Natalie lo hizo perfecto pero al volver a poner los pies en el suelo, resbaló y cayó al suelo. Intentó levantarse pero el tobillo le dolía al igual que la rodilla.
   Rápidamente, muchas personas se acercaron, entre ellos, Gillian; Mark, su padre e Yvette, su madrastra.
   -Hija ¿qué sucede?- preguntó su padre arrodillándose junto a ella.
   -Mi tobillo y mi rodilla, me duelen.
   -¿Puedes levantarte?
   -No lo sé, me duele, tengo que acabar el baile, papá, tengo que hacerlo.
   -Pero no puedes.
   -Debo hacerlo.
   -No, lo mejor es ir a un hospital a que te miren la pierna.
   Mark cogió a su hija en brazos a pesar de la negativa de esta.

   Ya en el hospital le hicieron a Natalie unas radiografías y esperaron a que volviera el médico.
   Este al entrar miró a la joven lo que la hizo sentir verdadero pánico:
   -Natalie…
   -Doctor ¿qué tengo?
   -Las radiografías muestran una fuerte fractura en la rodilla.
   -Pero no es grave ¿verdad?
   -Es probable que no puedas volver a bailar.
   La joven lo miró, sorprendida y sintió que las lágrimas corrían por sus mejillas.
   -No, ¡no! ¡Eso es mentira!
   -Tranquila, Natalie, nadie ha dicho que sea definitivo. Es cuestión de ver cómo avanza la fractura en estos días- dijo Mark a su hija- doctor, díganos la verdad, es probable que se cure con el paso de los días.
   -La fractura ha sido considerable así que con toda certeza puedo decirle que no volverá a bailar.
   El llanto de Natalie se incrementó y el médico se retiró.
   -¡Papá! ¡Tiene que haber una solución! ¡Tiene que haberla! ¡Yo quiero seguir bailando, papá!
   -Voy a hablar con el médico a ver, no puede ser que lo de la rodilla no tenga solución.
   Mark salió y le contó todo a Gillian y a Yvette. También estaba allí Drake, el novio de Natalie, el cual fue el primero en entrar a verla. Este era un joven alto, de pelo corto oscuro y ojos claros del cual Natalie se había enamorado perdidamente hace meses.
   -¡Oh Drake!- dijo Natalie llorando y tendiendo los brazos hacia él.
   El joven la tomó de las manos por un momento y la miró.
   -Nattie… tenemos que hablar.
   -¿Qué sucede?
   -Bueno, sé que no es el mejor momento para hablar de esto pero debemos romper nuestra relación.
   Natalie abrió los ojos, sorprendida y con voz temblorosa preguntó:
   -¿Romper nuestra relación?
   -Sí, me he dado cuenta de que no siento lo que sentía antes por ti.
   -Drake, no me puedes hacer esto, te necesito ahora más que nunca- dijo Natalie con las lágrimas corriendo por sus mejillas.
   -Lo siento- dijo y sin más salió del cuarto.
   -¡Drake, no te vayas!- suplicó la joven a gritos.
   Entonces, Yvette entró y miró a Natalie con desdén.
   -Oh querida, no sabes cómo siento lo de tu rodilla.
   -Yvette, no quiero discutir contigo, vete, por favor.
   -¿Y quién ha dicho que vayamos a discutir?
   -Porque me odias, he sido un impedimento para que le robes el dinero a mi padre.
   -Yo no te odio, querida mía, ahora me das pena, has arruinado tu futuro…
   -Cállate, Yvette, me voy a curar y volveré a los escenarios.
   -¿De verdad? Después de lo de hoy, tu carrera se ha acabado, te has convertido en una fracasada.
   -¡No!- gritó Natalie tapándose los oídos- ¡cállate!
   Yvette se encogió de hombros.
   -Me callaré pero sabes que es verdad- dijo Yvette y luego salió de allí.
   Natalie lloró y lloró desconsoladamente hasta que no pudo más y se quedó dormida.

 

Capítulo 1
Academia de Música, Baile e Interpretación Taylor, 2009.

   El interfono no dejó de sonar hasta que ella apretó el botón.
   -¡Tienes que limpiar la galería principal! ¿Se puede saber qué estás haciendo?
   -Ya voy, estaba colocando tu ropa en el armario.
   -¡Olvídate de eso ahora, ve a limpiar la galería principal! Los alumnos están a punto de llegar.
   -De acuerdo.
   La joven dejó la ropa y corrió a la galería principal para comenzar a fregarla. Se puso su MP4 a todo volumen para refugiarse de todo lo que había a su alrededor, era la mejor forma de olvidarse de lo que pasaba.
   Entonces sintió que alguien la empujaba haciéndola caer al suelo.
   -¡Aparta de mi camino, fracasada!- espetó Gillian.
   La joven se quitó los auriculares mirando a la rubia.
   -Tengo nombre, Gillian.
   -Sí, es el de fracasada.
   Natalie la miró con ceño fruncido.
   -Llegué a pensar que éramos amigas, que no eras como tu madre…
   Gillian rió escandalosamente.
   -¡Qué ingenua has sido! Te hice creer que éramos amigas para hacerme un hueco en este mundo.
   -Tú no sabes bailar…
   -Natalie, querida, yo sí sé bailar, tú eres la que ya no sabes ¿o acaso olvidas lo que le pasó a tu pobre rodilla?- dijo Gillian fingiendo pena- oh vaya, no debí habértelo recordado- dijo la joven tapándose la boca con la mano como si hubiese dicho algo que no debía.
   Natalie se levantó y desvió la mirada, no quería demostrar que le habían dolido las duras palabras de su hermanastra, lo que a esta la hizo sonreír.
   -Déjame en paz, Gillian.
   -Qué ironía lo tuyo ¿no crees? Hasta hace apenas tres años eras una gran bailarina que acabó fracasando y ahora trabajas aquí limpiando, ¡en una academia de baile! Dime ¿qué sientes al ver a todos bailando a tú alrededor y tú no poder hacerlo?
   La joven no dijo nada y salió corriendo de allí hacia su habitación. Al entrar, cerró la puerta y se apoyó en esta. Luego se sentó en su cama y cogió la foto que tenía en su mesilla de noche.
   Una foto de su padre y ella.
   -Papá, te echo de menos- dijo la joven recostándose.
   A su alrededor, todo eran posters de ella cuando era bailarina Las había dejado para recordarse que una vez había estado en los más alto y que ahora se encontraba en el lodo. Se miró la pulsera que un tiempo atrás se había vendido tanto. Una preciosa pulsera de colgantes de todo tipo: una nota musical, una N, una bailarina e incluso una herradura de la suerte.
   Natalie sonrió con tristeza, esa herradura no la había ayudado como hubiera querido. De repente, tocaron en la puerta y la joven se incorporó.
   -¿Quién es?
   -Que yo sepa solo tienes una amiga ¿o acaso tienes otra y no me lo has dicho?
   -Pasa, Cloe.
   La joven abrió la puerta y sonrió. Una joven de mediana estatura con el pelo largo de color castaño y ojos marrones tirando a verdes. Esta se sentó en la cama junto a su amiga. Ambas se conocieron en el hospital tras el horrible accidente de Natalie. Cloe estaba allí recuperándose de una operación y fue uno de los pocos apoyos que tuvo. Ahora era su mejor y única amiga.
   -Aún no has contestado a mi pregunta- dijo Cloe.
   -¿Cómo voy a tener otra amiga? Una fracasada como yo no puede tener ese lujo.
   -¿La bruja madrastra ha vuelto a decirte fracasada?
   -No, fue Gillian.
   -Esa pija, tenía que ser, como la coja le retuerzo el pescuezo como a una gallina, ¿qué te dijo esta vez?
   -Lo de siempre.
   -Pues olvida lo que dijo, no merece tu tristeza y menos después de lo que ha hecho contigo.
   -No importa, estoy acostumbrada a lo que me dice.
   -Pues no, no lo merece, como la tenga frente a frente se va a enterar.
   -Cloe, déjalo, de verdad.
   -De acuerdo, además, te he traído tu regalo de navidad.
   -No tenías que haberme comprado nada, Cloe…
   -Calla y ábrelo…
   -Pero es que yo no he podido comprarte nada, Yvette aún no me ha dado la paga que me da por limpiar la academia.
   -No hace falta que me compres nada, en serio…
   -Pero…
   -Déjalo, Natalie, no te preocupes por nada… anda, abre el regalo.
   Natalie obedeció y abrió el pequeño paquete que contenía una bufanda y unos guantes.
   -Son muy bonitos… gracias.
   -Sé que te hacen falta y por eso te los compré.
   -Gracias.
   -De nada.
   Siguieron hablando sobre lo que Cloe había hecho esas navidades. Por lo visto había ido a una casa de campo con sus padres y como todo a su alrededor estaba cubierto de nieve aprovecharon para esquiar.
   -Que guay- dijo Natalie con tristeza.
   -Oh, Natalie, no te pongas así- dijo Cloe abrazando a su amiga- podrías haber venido con nosotros.
   -Sabes que no hubiera podido ir. Yvette me trata como a su esclava.
   -Bueno, piensa que a lo mejor de todo esto, sacarás algo positivo en el futuro.
   -Como Cenicienta…- dijo Natalie recostándose- está la madrastra y la hermanastra, aunque en el cuento eran dos pero bueno… trabajo como una esclava y tengo a mi hada madrina.
   -¿Ah sí?
   -Claro, tú eres mi hada madrina, de no ser por ti, ahora ya no podría ni vivir… sólo falta la calabaza que se convierte en carroza, los ratoncillos convertidos en caballos, mi príncipe y el zapato de cristal.
   -Pues a tu hada madrina le falta la varita así que no sé si podré convertirte la calabaza en carroza.
   -Con que me escuches es más que suficiente.
   -¡Ay, Natalie! ¡Qué sería de ti sin mí!
   Las dos sonrieron y siguieron hablando durante un rato más.

   Las puertas de la Academia se abrieron de par en par. Todos los alumnos estaban ansiosos por volver a retomar las clases. Todos volvían con sus maletas para instalarse de nuevo en sus habitaciones.
   Se saludaban y se contaban qué habían hecho durante las vacaciones. Un chico que llevaba su guitarra junto a su bolsa se ropa entró en la habitación 213. Dejó las cosas en la cama y observó todo. Estaba tal y como lo había dejado. Se arregló el pelo que lo llevaba corto y era de color castaño casi rubio.
   La puerta, entonces se abrió dejando paso a otro chico con el pelo rubio corto y ojos color azul claro.
   -¡Hey Ribber!- exclamó el rubio al ver al otro- ¡pensé que vendrías más tarde!
   -Hola, Dylan, yo también me alegro de verte- dijo Ribber frunciendo el ceño.
   -Me dijiste que vendrías más tarde.
   -Cambié de opinión.
   -Estás deseando ver a Gillian ¿verdad?- Preguntó Dylan sonriendo con complicidad.
   Ribber se puso serio de repente al oír el nombre de Gillian. Hacía dos meses que se habían liado y cierto era que la chica era guapa pero no le gustaba su comportamiento de superioridad.
   Dylan lo miró y frunció el ceño.
   -¿Pasa algo?
   -Voy a dejarlo con ella.
   Dylan abrió los ojos desmesuradamente.
   -¿Estás loco? ¿Y ahora como ligo yo con sus amigas? No me hagas esto, Ribber.
   -Dylan, es una pija y a mí las pijas no me van, ya lo sabes.
   -Haberlo pensado antes de tirártela ¿no? Podía haber aprovechado yo.
   -Pues sé su pañuelo de lágrimas cuando la deje… si es que llora, que lo dudo, esa tía tiene el ego subido.
   -Espera un poco, sólo unos días, tengo a Beverly a punto de caramelo.
   -Pues búscate la vida con tus recetas de caramelo, chaval, yo no soporto más a Gillian.
   Dylan puso morros.
   -Pídeme ayuda que te ayudaré corriendo- dijo con sarcasmo.
   -Voy a hablar con ella, a ver si la encuentro…
   Dicho eso, salió de allí. Iba decidido por el pasillo cuando alguien se chocó con él.
   -Lo siento- dijo la chica con la que se había chocado, sin mirarlo y sin más siguió caminando.
   Ribber la miró al marcharse pero no le pudo ver la cara. Se encogió de hombros y siguió su camino.

   -¡Natalie!- gritó Gillian- ¡Natalie, ven aquí inmediatamente!
   Natalie al oírla llamar por el interfono que tenía en su habitación, se despidió de su amiga y salió de allí. Tan absorta iba en sus pensamientos que no se fijó que alguien venía de frente hasta que se chocaron.
   -Lo siento- dijo ella y sin más siguió andando hasta la habitación de su hermanastra.
   Al llegar, encontró la puerta abierta y a Gillian recorrer toda la habitación dejándola patas arriba totalmente.
   -¡Natalie!- gritó Gillian al verla- ¿dónde está? Dime dónde está.
   La joven enarcó una ceja inquisitiva.
   -¿Dónde está el qué?
   -¡Ahg! ¡Qué necia eres por Dios! ¿Dónde está el collar de mi chico?
   -¿Cuál de todos ellos?- preguntó Natalie y al instante se tapó la boca con la mano.
   Gillian entrecerró los ojos con enfado.
   -Hablo de mi novio, no sé si lo recuerdas, se llama Ribber.
   -Lamentablemente no he tenido el placer de conocer al señorito Ribber ¿o quizás sí? Has tenido tantos que ya no sé quién es uno y quién es otro.
   Su hermanastra se acercó a ella y la agarró de la coleta, que la joven tenía a un lado, con fuerza.
   -No me vengas con esas bromitas ahora ¿te quedó claro? Otra broma más y se lo diré a mi madre para que te eche de la casa y te pudras en la calle.
   -Es lo que deseas ¿verdad?
   -No sabes cuánto- dijo Gillian soltándola bruscamente y se dirigió a su cama donde se sentó- además puedo decirle que me robaste el collar que me regaló mi novio.
   Natalie la miró fijamente.
   -No te atreverás.
   -Créeme, soy capaz de eso y mucho más así que empieza a buscar el maldito collar.
   Natalie entró y comenzó a buscar.
   -¿Puedo preguntar cómo es el collar?
   -Pues un collar con un colgante, Dios, estoy hablando con una inepta.
   -Dime al menos como es el colgante, tienes muchos collares desperdigados por la habitación.
   -El colgante es una R con una piedra verde.
   Natalie siguió buscando y miró debajo de la cama. Allí vio un resplandor y cogió lo que había.
   -¿Uno como este?- preguntó mostrándoselo a Gillian.
   Su hermanastra se levantó y le arrebató el collar de las manos.
   -El mismo- dijo mientras se lo ponía.
   -De nada eh…
   -Sal de aquí, no quiero que Ribber vea que me relaciono con fracasadas.
   Natalie hizo una exagerada reverencia y dijo con cierto sarcasmo en su tono.
   -No se preocupe la señorita, ya me voy a realizar mis tareas para no molestarla.
   Gillian no la miró e hizo un gesto con la mano.
   -Me parece bien, es para lo único que vales, para limpiar la porquería que dejan otros por ahí tirada, ah, por cierto, como probablemente estaré todo el día con Ribber, me gustaría que limpiaras mi habitación y recojas todo esto.
   Natalie fue a quejarse pero se calló porque sabía que tenía todas las de perder.
   Gillian se levantó de la cama y se miró en el espejo, se retocó el brillo de labios con el dedo y luego salió sin apenas dedicarle una mirada a su hermanastra. Natalie la vio marchar y luego miró la habitación que estaba totalmente destrozada, con un montón de ropa tirada por el suelo. La joven suspiró y sacó la lengua con cansancio.
   Se sentía muy cansada de hacer siempre lo mismo todos los días.
   -Como desearía volver a bailar…- dijo la chica mientras comenzaba a recoger la ropa para colocarla en las perchas que también estaban desperdigadas por el suelo.
   Después de recoger la ropa, recogió las joyas entre las cuales encontró un precioso collar con una placa plateada y dentro de la placa había un sol y una luna.
   Natalie sonrió, le pareció que la luna y el sol bailaban una danza de amor. La joven cerró los ojos y se imaginó que bailaba con un guapo chico un baile muy sensual y donde se revelaba el amor verdadero.
   Con los ojos aún cerrados comenzó a moverse lentamente pero de repente se detuvo y negó con la cabeza.
   -No, Natalie, tú no puedes bailar- se dijo la joven- olvídate del baile, no volverás a bailar más por mucho que lo desees con toda tu alma, olvídalo, lo único que conseguirás será sufrir más.
   Sin decir más, siguió recogiendo las cosas y cuando terminó salió de allí para ir a su cuarto a limpiarlo. Al entrar puso música muy alta y comenzó a limpiarlo todo.

 

Capítulo 2
   Ribber estaba en la cafetería cuando apareció Gillian sonriendo ampliamente. Al verlo, se acercó a él y le dio un beso en los labios.
   -Hola, chocolatito- dijo Gillian sentándose en el regazo del joven- ¿me has echado de menos? Porque yo sí.
   -¿De verdad?- preguntó él irónico- pues creo que no tengo ninguna llamada tuya en mi móvil.
   -Bueno…- dijo la joven viéndose en un aprieto- es que perdí el móvil.
   -¿Seguro?- preguntó el chico y sin pedirle permiso siquiera sacó el bulto que había en el bolsillo trasero del vaquero de ella- ¿y esto qué es?
   Gillian abrió los ojos, sorprendida.
   -¡Mi móvil!- gritó la joven como si fuese la primera vez que lo viese después de mucho tiempo- ¿cómo habrá ido a parar a mi bolsillo?, de verdad que no lo encontraba por ningún lado, seguro que fue mi hermanastra quien lo escondió.
   -Basta, Gillian, deja de burlarte de mí, estoy harto de tus tontas excusas, debemos romper.
   -¡¿Qué?! No, no te atreverás…
   -Claro que me atrevo, mira, Gillian, hemos roto.
   Gillian se levantó rápidamente y lo miró entre sorprendida y enfadada.
   -No, tú no puedes romper conmigo.
   -¿Y por qué no?
   -¡Porque aquí la que rompe las relaciones soy yo! Siempre lo hago cuando me canso de los tíos.
   -Pues parece que esta vez, yo romperé la regla.
   Gillian lo miró ofuscada.
   -¡No! ¡Tú no me vas a dejar! ¡Te dejo yo!- espetó la chica mientras se quitaba el collar y lo tiraba sobre la mesa- ¡Ahí tienes tu asqueroso collar!
   Tras decir eso, Gillian se marchó de allí bajo la mirada estupefacta de todos los que se encontraban en el lugar. Ribber cogió el collar y se lo guardó en el bolsillo.
   Algunos lo miraron fijamente y él dijo:
   -¡Qué! ¿Tengo monos en la cara?
   Nadie dijo nada y siguieron haciendo sus cosas.
   El joven, después de tomarse un refresco, volvió a su habitación donde Dylan lo acusó a preguntas.
   -¿Qué pasó? ¿Lloró? ¿Está mal?
   -Me armó un pollo en medio de la cafetería, está enfadada y no, no lloró.
   -Seguro que has destrozado su corazón.
   -¿Tú crees? Yo creo que no.
   Ribber se sentó y tomó su guitarra, se la puso sobre el muslo y comenzó a tocar una melodía que había compuesto durante las navidades. Dylan se tiró en su cama escuchando la música.
   -Es buena… tío, las canciones que compones se salen, deberías grabar una maqueta.
   -¿Una maqueta? No, no sería buena idea.
   -¿Por qué no?
   -Porque no, la mayoría de mis canciones no tienen letra.
   -¿Y? Para algo existen esas personas que las escriben.
   -Ya pero no me mola la idea…
   -A ti no te mola nada- dijo Dylan frunciendo el ceño.
   -Bah…
   Después de eso, los jóvenes no dijeron nada más. La verdad es que muchas veces, Ribber había pensado en grabar una maqueta pero sus canciones no parecían tan buenas como la gente decía.
   No. No grabaría ninguna maqueta para enviarla a una discográfica. Por mucho que la idea lo tentara.
   Ya por la noche, los dos fueron a cenar, al igual que el resto de los estudiantes allí matriculados.
   Gillian estaba sentada con sus dos amigas, Beverly y Sarah. La primera era una joven que se dejaba guiar mucho por la opinión de los demás, por eso su aspecto es como todos quieren verla pero realmente ella no era así. Su cabello que antes había sido una preciosa melena oscura ahora estaba teñida de un color claro y cortado a la moda, es decir, de corte redondo al estilo egipcio. Sus ojos de color oscuro llevaban lentillas ya que Gillian le había dicho que las gafas no lucían nada bien.
   Sarah también estaba moldeada por la opinión de Gillian. Esta tenía el pelo medianamente largo de rubio oscuro, teñido así por consejo o más bien exigencia de Gillian. Sus ojos eran de color verde aceituna.
   Gillian estaba cruzada de brazos mirando a Ribber.
   -¿Cómo se atreve a dejarme? ¿Es que no sabe quién soy? Soy Gillian, la hija de la dueña de todo esto.
   Beverly estaba comiendo y apenas escuchaba lo que Gillian decía.
   -¿Piensas vengarte de él?- le preguntó Sarah.
   -Claro que sí, ningún chico me hace lo que me hizo… ¡Por Dios, Beverly! ¡Te estás poniendo como una cerda!
   La joven se sobresaltó y dejó el tenedor en la mesa.
   -¿Qué piensas hacer?- preguntó Sarah.
   -No lo sé pero ya se me ocurrirá algo.

   Natalie cogió un poco de comida en una bandeja y se fue a su cuarto. Allí se lo comió todo y aprovechó que todos cenaban para ir a ducharse. Cogió sus cosas y se dirigió al cuarto de baño.
   Abrió el grifo para que se fuera calentando el agua y se desnudó. Lentamente se metió bajo el agua y cerró los ojos. Se echó el pelo hacia atrás mientras el agua mojaba su cuerpo. Se había puesto a cantar su canción favorita mientras se duchaba.
   Se había olvidado de cerrar la puerta por completo y no se dio cuenta de que alguien la observaba.

   Ribber tras terminar de cenar, se dirigió a su habitación. De camino hacia allí, oyó cantar a alguien y la voz venía del baño de las chicas donde la puerta se encontraba entreabierta. Se detuvo y miró a través de la abertura de la puerta.
   Dentro vio a una joven morena pero esta estaba de espaldas y completamente desnuda. Rápidamente se apartó de la puerta. Nunca había visto a esa chica, su pelo era demasiado largo y estaba seguro de que no se olvidaría de alguien con esa melena.
   -¿Quién será?- se preguntó mientras retomaba el camino de regreso a su habitación- canta bastante bien…
   Mientras el chico se comía el coco, Natalie cerró el grifo y se envolvió en la toalla, con otra se secó el pelo, se sentó en uno de los bancos y terminó de secarse. Una vez seca, se puso el pijama, se lavó los dientes, se peinó y volvió a su habitación.
   Siempre lo hacía a esa hora porque todos cenaban y le daba tiempo de sobra. Al entrar en su cuarto, cerró la puerta, puso la música y se acostó en su cama mirando al techo donde había un poster de ella haciendo un movimiento de baile. Después se sentó y cogió un álbum que había sobre su mesilla de noche y lo abrió.
   Dentro estaban todos los artículos periodísticos con fotos y todo. Ella sonrió con tristeza y pasó su mano por las fotos con añoranza.
   -Ojalá pudiera volver a bailar- se dijo la joven con tristeza.
   Después de un rato, dejó el álbum sobre la mesilla y se recostó tapándose. Cerró los ojos e intentó dormir pero como casi todas las noches, siempre le acusaba el mismo sueño. Soñaba con la caída y con el momento en que el médico le decía que no podría volver a bailar.
   -No… no…- decía la joven en sueños, ladeando la cabeza en la almohada.
   A la mañana siguiente, se levantó temprano, como hacía todos los días y tras vestirse, salió de la habitación y se dirigió a limpiar el comedor y ayudar a los de las cocinas a colocar las cosas sobre las mesas.
   Cuando aparecieron todos los estudiantes, la joven salió de allí y se dispuso a limpiar.
   Siempre pasaba desapercibida ya que nadie se acordaba de quien era ella y eso suponía cierta libertad a la hora de pasar por delante de todos, que nadie percataba su presencia.
   Justo cuando iba a entrar en la primera de las habitaciones, Yvette apareció como de la nada y se acercó a ella. La mujer miró su reloj de pulsera, bastante caro, y luego miró a Natalie.
   -¿Tu despertador está roto?- preguntó sin más, Yvette.
   -¿Qué?- preguntó Natalie sin comprender.
   -Cada día empiezas a trabajar más tarde y ya sabes que odio la falta de puntualidad.
   -Pero si estoy empezando a la hora de siempre…- se quejó la joven.
   -¿De verdad? Según mi reloj estás empezando cuatro minutos tarde.
   Natalie puso los brazos en jarras, incrédula.
   -¿Y acaso me vas a castigar por eso? Son solo cuatro minutos.
   -Claro que recibirás un castigo, a partir de ahora por cada minuto tarde que empieces, trabajarás media hora más.
   La joven abrió los ojos, sorprendida.
   -Eso no es justo… sólo son cuatro minutos de nada, no puedes hacerme esto…
   -¿Crees que no? Que yo recuerde, trabajas para mí y por lo tanto yo decido lo que haces ¿te quedó claro o te lo explico de otra forma?
   -Yvette, no estás siendo justa conmigo… accedí a trabajar para poder quedarme pero de un tiempo para acá te estás pasando de la raya.
   -Muy bien, si crees que me estoy pasando, ya sabes dónde está la puerta… creo que hay un puente por aquí cerca donde no vive nadie, a lo mejor es confortable para ti ¿no crees?- Natalie entrecerró los ojos mientras la miraba pero no dijo nada lo que le valió a Yvette como que aceptaba sus condiciones- muy bien, entonces queda dicho, por cada minuto te quedarás media hora más, por lo tanto, como han sido cuatro minutos por media hora cada uno hacen un total de dos horas y aprovecharás esas dos horas para limpiar los espejos de las clases que están hechos una pena.
   -Pero lo espejos son muy altos y yo no llego.
   -Me da igual, los quiero limpios, que brillen, ¿entendido?- luego le puso una mano en la barbilla para obligarla a mirarla y dijo- si no, ya sabes que tendrás que quedarte más tiempo limpiando mañana.
   -Eres malvada, no entiendo como mi padre se fijó en una mujer como tú, eres mezquina y calculadora.
   -Una lástima pero ya ves que me dejó todo a mí y a ti no te dejó nada así que tan mala con él no fui.
   Yvette apartó su mano de la cara de la joven, la miró con cierto desdén, muy característico de ella y se alejó con cierta superioridad. Natalie la miró y suspiró resignada, entonces comenzó a limpiar las habitaciones.
   A la hora del almuerzo, la joven volvió a su habitación a descansar un poco. Allí la esperaba su amiga Cloe.
   -¡Hola!- dijo la joven entusiasmada cuando su amiga entró.
   -Hola…- dijo Natalie con desgana.
   -Esta noche, prepárate que nos vamos a ir de fiesta. Un amigo me invitó y me dijo que podía llevar a quien quisiera, y quien mejor que tú para ir conmigo, hace tiempo que no sales de este lugar y te mereces una salida después de tanto trabajo…
   -No creo que pueda ir, Cloe.
   -¿Y por qué no? Siempre acabas cuando es la hora de la cena, te da tiempo a ducharte e ir conmigo.
   -Ya lo sé y me encantaría ir pero no puedo…
   -¿Es que acaso la bruja malvada piensa encerrarte en un calabozo con rejas y todo?
   -No es eso pero esta noche tengo que limpiar los espejos de las aulas de baile.
   -¿Cómo? Pero eso lo puedes hacer durante la tarde.
   -No, lo de los espejos es un castigo de Yvette, según dice, empecé a trabajar cuatro minutos tarde y hoy me advirtió que por cada minuto tarde, será media hora más de trabajo. Tras decirme esto, me dijo que limpiara los espejos de las aulas de baile…
   -Será… ¡agh! Te juro que como la tenga delante, la cojo y le hago como se hace con las gallinas para matarlas, le retuerzo el pescuezo.
   -Cloe, recuerda que bicho malo nunca muere…
   -Al menos, después de limpiarlos podrías venir, te dejo la dirección si quieres…
   -No, Cloe, gracias pero esos espejos me llevarán más de dos horas, te lo aseguro…
   -Es una pena, de verdad, me hubiese gustado que fueras, así te presentaba a algunos amigos míos.
   -No te preocupes, otro día quizás.
   -Sí, qué remedio.
   -Estoy harta de todo esto, Cloe, quiero vivir, quiero salir de estas cuatro paredes a hacer lo que me dé la real gana, sin estar pendiente del tiempo para que Yvette no me pille. Tengo las manos destrozadas, no tengo más espacio para más ampollas… el otro día me hizo limpiar el piso del hall con un trapo y todo porque, supuestamente, rompí uno de los trofeos de la academia pero no fui yo.
   -¿Y se lo dijiste?
   -Claro pero pasó de mí… de verdad que ya no puedo más, a veces deseo con volver a bailar y olvidar todo esto.
   -Pero no puedes.
   -Ya y como mi padre no me dejó nada, tengo que vivir bajo el mandato de Yvette.
   -En lo que tu padre no te dejó nada, discrepo. No creo que tu padre te haya dejado sin nada, ¿no será una trampa de Yvette?
   -No, yo estuve en la lectura del testamento y el abogado dijo claramente que mi padre le entregaba todos sus bienes a ella.
   -Maldita sea, Natalie, Yvette era actriz, podría haber contratado a actores fácilmente, debe de conocer a muchos.
   -No creo, se hizo la sorprendida en la lectura.
   -Dios, no me puedo creer que seas mi amiga, en serio, ¿es que acaso no te he enseñado nada? Yvette estaba interpretando un papel. Natalie, tu padre te quería mucho, lo pude comprobar cuando estuvimos en el hospital, ¿no recuerdas cómo estaba la habitación tuya en el hospital? Estaba llena de peluches y cada día te traía una nueva caja de bombones. ¿Cómo es posible que una persona que te quería así pudiera haberte dejado sin nada? Es imposible. Improbable.
   -Ojalá tuvieras razón pero no puedo demostrar que el testamento que leyeron era un testamento falso. Eso sí que es imposible. Además, no sabemos si realmente Yvette es una actriz, nunca la hemos visto en ninguna película ni en ninguna serie.
   -Bueno, tienes razón pero eso fue lo que le dijo a tu padre ¿no?
   -Sí…
   -Tú no te preocupes, que si ella hizo una película o alguna serie lo descubriremos e incluso podemos investigar todo lo que hay en torno a la muerte de tu padre.
   -No, Cloe, no… dejemos descansar en paz la memoria de mi padre, no quiero volver a revivir nada del pasado, solamente quiero vivir y ya está.
   -¿Estás segura?
   -Sí, ya no merece la pena, estoy segura que si mi padre me hubiese dejado ese dinero a mí realmente, ya no debe de quedar nada. Yvette trae todos los días ropa nueva de tiendas caras- Natalie miró el reloj y al darse cuenta de que se le hacía tarde le dijo a su amiga- mierda, tengo que irme o si no esta noche me quedaré más tiempo, que te lo pases bien en la fiesta.
   -No será lo mismo sin ti, amiga. Nos vemos mañana.
   Natalie asintió y tras despedirse, salió corriendo de la habitación.

 

 

Capítulo 3
   Natalie terminó de limpiar todo, sólo le quedaban los cristales y la puerta de las aulas de baile. En total eran tres aulas y en una de ellas, había un grupo de jóvenes bailando una canción de estilo hip hop con unos pasos increíbles. Los chicos saltaban mientras que las chicas hacían movimientos tentadores, lo que llamó la atención de la joven que no dejaba de mirar mientras limpiaba.
   En el grupo, entonces, vio a Gillian que la miró y sonrió con superioridad mientras se acercaba al chico que le habían asignado como pareja, este era un chico rubio de ojos azules, el cual sonrió cuando ella se le acercó. El baile comenzó de nuevo pero esta vez era en parejas y era un baile muy sexy en el que las chicas se insinuaban a los chicos.
   Los chicos sonreían ante la insinuación de las chicas y estos respondían con movimientos algo más duros que el de las chicas pero igualmente sexy. Natalie no podía dejar de mirar como si memorizara los pasos.
   Al cabo de unos minutos, la clase terminó y todos los alumnos se retiraron a los vestuarios para cambiarse para cenar. Era el momento de limpiar los espejos, Natalie suspiró y entró con el balde de agua y los trapos. La profesora de baile, recogió su bolsa y también salió de allí, dejando el mando sobre el reproductor.
   La joven comenzó a limpiar los espejos, pasándole primero un paño empapado en agua para luego secarlo. Miró el reproductor sintiéndose tentada de ponerlo y así lo hizo. Puso la canción que había estado bailando el grupo anteriormente y volvió a ponerse frente al espejo para limpiarlo pero notó como si sus pies se movieran solos, queriendo realizar la coreografía que había visto.
   Entonces comenzó haciendo los pasos, recordando todos y cada uno de ellos y cuando se equivocaba, volvía a poner la música para comenzar de nuevo.

   Ribber y Dylan estaban en el vestuario de los chicos a punto de meterse en las duchas. Ambos ya estaban sin camiseta, cogió su bolsa para mirar la hora de su móvil y se dio cuenta de que no estaba allí.
   -Oye tío- le dijo Ribber a su amigo- ¿has visto mi móvil?
   -¿Tu móvil? ¿Y para qué iba a querer tu móvil?
   -No lo sé, es que aquí no lo tengo y recuerdo haberlo metido aquí.
   -¿No lo habrás dejado en el aula?
   -Iré a ver, quizás y todo está allí.
   El joven se levantó del banco donde estaba sentado, cogió su camiseta para ponérsela por el camino y se dirigió al aula de baile. Al llegar, vio a una joven morena, la misma que había visto en el vestuario de las chicas. La había reconocido por el pelo a pesar de que esta vez lo llevaba en una coleta a un lado cayéndole por el hombro.
   Esta estaba bailando y cada vez que se equivocaba, negaba con la cabeza y volvía a empezar. Él se apoyó en el marco de la puerta con los brazos cruzados, no se molestó en ponerse la camiseta que llevaba en el hombro derecho sin dejar de observar a la chica.
   Ella volvió a equivocarse y volvió a empezar, estaba haciendo los movimientos sensuales que le hacía la chica al chico y en el momento en que el chico debería contestarle, se quedaba quieta intentando recordar. Ribber enarcó una ceja y cuando ella volvió a retomar el baile, él entró pero se quedó junto a la puerta y dijo:
   -Creo que para este baile se necesita a un chico para que te responda en la coreografía.
   La joven se detuvo súbitamente y estuvo a punto de caerse. Sorprendida, abrió los ojos y miró a través del espejo. Junto a la puerta había un chico muy guapo de pelo corto castaño claro tirando ya a rubio, sus ojos eran del color de la hierba y estaba sin camiseta. Lentamente, la joven se giró y se miraron fijamente.
   El chico se sorprendió al ver lo bella que era la joven, parecía de naturaleza hispana y sus ojos eran tan oscuros como la noche cerrada. Ella lo miró asustada y corrió hacia la salida, cómo él estaba en medio, lo apartó de un empujón y no se dio cuenta de que se le había trabado la pulsera en la camiseta de él. La pulsera cayó al suelo y ella desapareció de allí.
   -¡Eh! ¡Espera!- dijo el chico y se asomó al pasillo pero ella ya no estaba. Extrañado volvió dentro para apagar el reproductor y vio algo brillante en el suelo. Se agachó y lo recogió. Era una pulsera de colgantes y le resultaba vagamente familiar- ¿de qué me suena a mí esta pulsera?- se preguntó a sí mismo.
   Se encogió de hombros y volvió al vestuario metiéndose el móvil, que lo había dejado en un banco, y la pulsera en el bolsillo de los pantalones. Cuando entró en el vestuario ya casi todos estaban duchados y listos para ir a cenar, entonces, él sin decir nada, se terminó de desvestir y se metió en la ducha.

   Natalie se escondió en su habitación. Tras entrar, cerró la puerta y se apoyó en ella. Aquel chico la descubrió bailando y seguro que se lo contaría a Yvette. La joven descendió lentamente hasta quedar sentada en el suelo y se llevó una mano a la rodilla. No había sentido ningún dolor como había esperado.
   Entonces fue cuando se dio cuenta de que su pulsera no estaba en su muñeca.
   Sorprendida miró a su alrededor pero no la vio, se miró los bolsillos de los pantalones pero tampoco estaba. ¿Y si se cayó en el aula de baile? Si era así estaba perdida, ese chico tendría pruebas más que suficiente para acusarla ante Yvette de que estaba bailando en vez de limpiar los espejos como debería estar haciendo. Tras eso, se levantó y volvió a salir. Tenía que terminar de limpiar los espejos o si no mañana tendría más trabajo del que ya tenía.
   Al salir miró a ambos lados y al no ver a nadie corrió hacia el aula de baile. Seguramente aquel chico estaría cenando y no lo vería, aún así intentaría evitarlo a toda costa y si él le había dicho algo a Yvette, acataría su castigo como pudiese y olvidaría lo de volver a bailar.
   Al día siguiente se levantó temprano para ponerse a trabajar y así Yvette no la pondría más tiempo a trabajar por empezar tarde, aunque sabía que buscaría una excusa para que ella siguiera limpiando hasta más tarde. Ese día, Yvette no había salido de su gran despacho ampliado por orden de ella y el cual estaba decorado de forma extravagante con paredes de color chillón, muebles blancos y los sillones y sillas con forro de un color parecido al de la pared. Natalie odiaba entrar allí porque con solo entrar ya se le hería la visión.
   La joven cada vez que veía a un grupo de chicos, procuraba esconderse para que el chico del día anterior no la viese y pudiese acusarla. Por suerte, pronto llegó el fin de semana y la mayoría de los alumnos irían a sus casas a pasarlo con sus padres. Deseaba fervientemente que aquel chico se fuera a su casa durante ese fin de semana a ver si así se le olvidaba lo que había visto.
   En el interfono sonó la voz de Yvette.
   -Natalie, ven a mi despacho ya.
   -Ya voy- dijo la joven con cierto fastidio.
   Natalie se levantó de su cama y fue al despacho de su madrastra y al entrar, tuvo que entrecerrar los ojos para no dañarse la vista con tanto color chillón. Incluso Yvette iba vestida con un color bastante cantoso que Natalie estaba segura de que nadie se pondría nunca.
   Yvette llevaba un vestido bastante ceñido a la altura de las rodillas de color rosa chicle y alrededor del cuello llevaba una especie de fular de plumas. Ésta estaba de espaldas muy erguida y cuando oyó la puerta se giró para mirar a su hijastra. Una joven de la que se había aprovechado desde la muerte de Marck para que le limpiara porque este no le había dejado nada en la herencia. Bueno, realmente si le había dejado pero Yvette se había encargado de ocultarlo y así poder manejarla a su antojo durante estos años.
   -¿Querías algo?- preguntó Natalie de pie ante la mesa.
   -Sí, este fin de semana voy a estar fuera así que no descuides la limpieza de la Academia y de la casa, sabré si no has limpiado.
   -De acuerdo. ¿Puedo saber a dónde vas por si sucede algo?
   -Voy a un sitio donde quizás me ofrezcan un papel para una película. Pero para mi mala suerte, he perdido el número- dijo Yvette haciéndose la víctima.
   -¿Gillian irá contigo?
   -No, mi hija pasará el fin de semana en casa de una amiga suya.
   -Vale…
   -Cuando vuelva el domingo por la noche, quiero que todo reluzca, quiero ver mi reflejo en el piso del hall, si hace falta que le des brillo con tus propias manos, lo haces ¿entendido?- Natalie asintió e Yvette volvió a girarse y haciéndole un gesto con la mano le dijo- puedes volver a tus tareas.
   -Enseguida- dijo la joven y salió de allí.
   Natalie volvió a sus tareas pero Gillian la llamó para que le colocara las cosas en una bolsa para irse a casa de su amiga Sarah.
   -¿Meto este pijama o meto este otro?- se preguntaba la chica observando dos pijamas que había sobre la cama- ¡qué dilema! Tengo que estar monísima y no me decido porque ambos me quedan impresionantes. Aunque bueno, el azul me dijo Alex que me quedaba muy bien pero el rojo le gustaba a Peter, no sé qué hacer…
   -¿Por qué no llevas una parte de los dos?- preguntó Natalie exasperada- podrías llevar la blusa del azul y los pantalones del rojo.
   Gillian la miró con los ojos entrecerrados.
   -Te crees muy graciosa ¿no? Pues no ha tenido gracia.
   -A mí sí me la hace- respondió Natalie sonriendo.
   -Pues a mí no, que lo sepas. Es más, me llevaré los dos, tú no entiendes de moda de pijamas.
   -Ah ¿y Sarah y Beverly sí? Impresionante, quién lo diría. ¿No era que tú las diseñabas a tu antojo impidiéndoles ser ellas mismas?
   -Ellas están orgullosas de mi trabajo así que eso no es de tu incumbencia.
   Natalie levantó las manos con resignación.
   -De acuerdo, ya no digo más nada… no quisiera ver a la bruja hija en acción- dijo Natalie murmurando esto último por lo bajo.
   -Mete los dos y cuidado, no quiero que me los arrugues.
   -Pues entonces llévate una maleta, porque en esta bolsa ya no cabe más nada, llevas ropa aquí como para un mes ¿no?
   -No, llevo ropa para dos días pero si tú no fueras tan incompetente, cabría todo en esa bolsa.
   -Ya claro…
   Natalie colocó toda la ropa como pudo y cerró la bolsa, entonces, salió de allí para ponerse a limpiar las aulas de baile. Mientras limpiaba, vio aparecer a dos chicos que seguramente volverían a sus casas para pasar el fin de semana. La joven los observó y vio al chico que la vio bailar, así que rápidamente, se escondió para que no la viera.
   Este miró dentro, ya que le había parecido ver a alguien pero al no ver a nadie se encogió de hombros y se fue. Natalie salió de su escondite, suspiró aliviada y siguió limpiando hasta que se dio cuenta de que ya casi había anochecido y era la hora de la cena. Terminó de limpiar lo que quedaba y fue a la cocina a por su ración de comida, el cual se tomó rápidamente y se fue a duchar.

   Ribber llegó temprano a su casa y saludó a sus padres. Luego fue directamente a su habitación donde encendió el ordenador. Tenía que averiguar de qué le sonaba aquella pulsera, así que comenzó a buscar sin ningún resultado por lo que se fue al garaje donde su padre miraba debajo del capó de su coche.
   -¿Todo bien?- preguntó Ribber refiriéndose al coche.
   -Bueno, se ha quedado sin batería así que me tendrás que ayudar a recargarla con la batería tuya.
   -Vale pero ¿dónde están los cables?
   -Mira a ver si está en esa caja del fondo, la que está debajo de la de las cosas de tu hermana.
   Ribber se acercó a las cajas que había en una estantería e intentó coger la de abajo sin tener que bajar la de su hermana pero sus intentos fueron fallidos ya que la caja de las cosas de su hermana le cayó casi encima. Él cayó al suelo al igual que la caja de su hermana donde todo su contenido cayó por todo el garaje.
   -Maldita sea- dijo el chico rascándose la cabeza- esta Gemma me va a matar cualquier día con sus cosas.
   Se levantó y comenzó a recoger las cosas. Eran cosas sin valor alguno, unos posters, unas revistas viejas e incluso un viejo joyero. El joyero se había abierto y había algunas joyas desperdigadas por la caja. Ribber recogió las cosas y entonces vio una pulsera al fondo de la caja. Era la misma pulsera que se le había caído a la joven de la academia. Imposible. Sería una pura coincidencia.
   Pero entonces vio una de las revistas y en portada aparecía esa joven con la pulsera en la mano, promocionándola. Sorprendido, Ribber cogió la revista y leyó el titular principal: “Natalie Taylor saca una nueva colección de joyas”
   ¿Natalie Taylor? ¿De qué le sonaba ese nombre?
   -Hijo… ¡hijo!- lo llamó su padre que llevaba rato llamándolo- ¿estás bien?
   Ribber lo miró y asintió. Terminó de recoger las cosas, dejando fuera la pulsera y la revista, tenía que preguntarle a su hermana Gemma sobre eso. Miró a su padre y dijo:
   -¿Puedes cargarla tú solo? Es que tengo que hacer unas cosas.
   Sin esperar respuesta, el joven desapareció del garaje. Su padre se cruzó de brazos y se apoyó en el coche.
   -Adiós Ribber…- dijo su padre al verlo marchar- no sé cómo lo haré si no tengo la llave de tu coche pero bueno, ya me buscaré la vida.
   Ribber subió las escaleras y se dirigió a la habitación de su hermana. Tocó en la puerta, la cual estaba decorada con cartelitos con su nombre y dibujos animados.
   -Gemma, abre la puerta, soy Ribber.
   -Pírate…- dijo la joven desde dentro.
   -Tengo que hablar contigo, abre la puerta.
   -¿Para qué?
   -Tú abre y te digo.
   Entonces la puerta se abrió y apareció la hermana pequeña de él, de estatura medianamente baja y bastante parecida a él. La joven se cruzó de brazos y lo miró ceñudo.
   -¿Qué quieres?
   Ribber le mostró la pulsera y la revista que había cogido de la caja de ella.
   -¿Me puedes explicar quién es esta chica?
   Su hermana enarcó una ceja.
   -¿Esa chica? ¿Natalie Taylor? Te diré lo que es: una fracasada.
   -¿Una fracasada?
   -Sí, fue una bailarina muy famosa y por una tonta caída perdió todo pero ¿a qué viene eso ahora? Esa tía desapareció del mundo de los famosos hace ya casi tres años. No sé que tendría de especial, la verdad, no entiendo cómo pude ser fan suya, si ni siquiera fue capaz de firmarme una vez un autógrafo cuando me la encontré por la calle. Se hacía la buenita delante de las cámaras y luego era malísima. Era como si se creyese superior a los demás, se merecía lo que le pasó. ¿Quieres algo más?
   -No- dijo el chico, sorprendido. Era una de las pocas veces en que su hermana hablaba tanto, más bien suele ser una chica tímida y calladita pero últimamente está sacando su vena habladora. La edad, pensó el chico mientras se dirigía a su habitación aún con la pulsera y la revista en sus manos- así que Natalie Taylor ¿eh? Veamos qué dicen de ti en Internet.
   Dicho esto, el joven se sentó frente a su ordenador y comenzó a buscar información sobre la chica. Lo último que se supo sobre ella fue la trágica muerte de su padre, dueño de la Academia de Música, Baile e Interpretación Taylor. La academia donde él estaba.
   Pero ¿por qué estaba ella limpiando en la academia? ¿Por qué vestía de forma tan pobre? Si tenía una lesión en la rodilla que le impedía bailar ¿cómo era que la vio bailando como si nada? Todas esas preguntas debían de tener alguna solución y la propia Natalie se las daría, de eso estaba seguro.

 

 

Capítulo 4
   Natalie se encontraba limpiando en la clase de música cuando llegó su amiga Cloe.
   -¡Natalie!- gritó Cloe desde el hall.
   La joven al oírla, dejó las cosas sobre la mesa del profesor y salió fuera.
   -Cloe, ¿cuándo perderás la manía de gritar así?
   -Mujer, no te vi en tu habitación y tuve que venir a buscarte, aún no tengo poderes que yo sepa. Ya te dije que perdí mi varita mágica.
   -Muy graciosa- dijo Natalie mirándola con el ceño fruncido.
   -¿Hoy tampoco puedes salir?
   -Ojalá pudiera pero Yvette se fue y me dijo que quería esto limpio para cuando llegara, el domingo por la noche.
   -Natalie, es sábado por la tarde, tenemos que salir a divertirnos, venga, hazlo por mí- dijo Cloe poniendo cara tristona- anda, di que sí…
   Natalie miró a su amiga mientras se debatía por dentro entre ir y quedarse a cumplir con su deber pero por un día no creía que pasara nada. Mañana lo limpiaría todo a fondo para cuando llegara Yvette.
   -De acuerdo pero sólo un rato.
   -Vale, iremos a una discoteca que seguro te gustará.
   -¿Discoteca? Cloe…- dijo Natalie.
   -¿Qué? Iremos a tomar unas copas nada más.
   -De acuerdo, voy a cambiarme entonces.
   Cloe asintió y Natalie fue a su habitación a cambiarse. Se dejó la coleta a un lado como siempre, se puso un vaquero más o menos nuevo y una blusa de manga larga con escote de color celeste. Sus bailarinas color azul y finalmente se puso unas argollas en las orejas.
   Tras vestirse salió al hall y luego se fue con su amiga a la discoteca. Cuando llegaron allí, Cloe se unió a un grupo de chicos y chicas en el cual, Natalie fue presentada y todos se pusieron a hablar. Era la primera vez en mucho tiempo que se sentía cómoda en un grupo de gente sin que nadie la tachara de fracasada por lo de su lesión en el pasado y se lo pasó bastante bien.
   Toda esa felicidad se desmoronó cuando vio entrar por la puerta al chico del aula de baile. Rápidamente, cogió a Cloe del brazo y le dijo:
   -¿Me acompañas al baño?
   Cloe la miró extrañada, parecía nerviosa y miraba a todos lados.
   Ambas entonces fueron al baño y Natalie miró a través de la puerta entreabierta.
   -¿Sucede algo?- preguntó Cloe mirando a su amiga, algo confusa.
   -No puedo volver a salir ahí fuera.
   -¿Es que te piensas quedar aquí escondida en el baño? ¿Qué pasa?
   -Ese chico…
   -¿Qué chico? Ahí fuera hay muchos chicos.
   -Uno que acaba de entrar, por Dios, ¿por qué tengo esta mala suerte?
   -¿Me vas a explicar qué pasa o tendré que sacar mi bola de cristal para adivinarlo? Natalie, necesito que me expliques qué pasa.
   La joven suspiró y cerró la puerta del baño para mirar a su amiga a los ojos.
   -El otro día Yvette me mandó limpiar los espejos del las aulas de baile ¿lo recuerdas? El castigo que me puso mi madrastra por empezar mis tareas cuatro minutos tarde.
   -Claro que lo recuerdo.
   -Bueno, pues tuve que esperar hasta que una clase de baile terminara para yo comenzar a limpiar, entonces, vi el baile que estaban haciendo, se metieron en mi memoria y no las podía sacar hasta que nos las bailara. Cuando la clase acabó y yo me puse a limpiar, dejé de hacerlo y me puse a bailar sin mirar ninguna consecuencia.
   -¿Te pusiste a bailar? ¿Es que estás loca? ¿No piensas en tu rodilla?
   -En ese momento no pensé en nada. Si lo hubiese pensado no me habría pasado lo que pasó.
   -Pero ¿qué pasó? Por Dios, Natalie, ve al grano de una vez.
   -Mientras bailaba, un chico que está en la academia me pilló, huí pero mi pulsera se calló, que seguramente tendrá él escondida para mostrársela a Yvette.
   -Lo que yo digo, estás loca. Como una auténtica cabra… ¿Y qué vas a hacer ahora?
   -No lo sé, tendré que esperar a ver qué hace él. Quizás puedo convencerlo de que no le diga nada a Yvette si es que no lo ha hecho ya.
   -Esperemos que no porque si no vas a estar metida en un buen lío, amiga mía.
   Natalie suspiró y volvió a asomarse a la puerta.
   -¿Cómo saldré sin que me vea?
   -La verdad que no lo sé pero encontraremos la forma, sígueme, quizás mis amigas puedan ayudarnos.
   -Gracias, Cloe.
   -De nada, para eso estamos las amigas ¿no? Para ayudarnos y más si la amiga en cuestión están tan loca como una cabra- dijo mirándola fijamente.
   Natalie sonrió levemente y ambas salieron del baño. Fueron hasta el grupo con el que habían estado y les pidió que la ayudaran para sacar a Natalie de allí sin que el chico la viese. Entre todos consiguieron que ella y Cloe salieran sin ser vistas y rápidamente se fueron a la Academia. Al llegar, Natalie se despidió de su amiga y entró dentro.
   Rápidamente se fue a su habitación para ponerse el pijama y así acostarse a dormir pero antes había puesto el despertador a una hora más temprana de lo común para recompensar el tiempo perdido hoy.
   Llegó el domingo y la mayoría de los alumnos comenzaron a llegar. Natalie acababa de terminar de limpiar todo cuando estos empezaron a entrar empujándose unos a otros.
   Rápidamente, la joven se escondió por si acaso apareciera el chico del aula de baile. Entró en su habitación y se acostó en la cama oyendo música de MP4.

   Ribber llegó a la academia con la intención de buscar a Natalie Taylor para hacerle las miles de preguntas que bullían en su cabeza pero no la encontraba por ningún sitio, así que, se fue a su habitación. Allí ya estaba Dylan repasando una partitura con una canción para un casting que había al día siguiente.
   -¿Ensayando?
   -¿Tú qué crees? Mañana es la prueba para el musical y espero conseguir el papel protagonista para actuar con Gillian.
   -Buff, que te sea leve.
   -¿Has ensayado?
   -¿Yo? ¿Para ese musical? Tengo cosas mejores que hacer…
   -¿Sí? ¿El qué?
   -Aclarar una serie de dudas que tengo y ten por seguro que mañana las resolveré todas.
   -Pues que tengas suerte, entonces.
   -La tendré, sólo es cuestión de dejar una nota en el lugar indicado y ya está.
   Después de eso, fueron a cenar y finalmente se acostaron a dormir aunque Ribber no consiguió conciliar el sueño hasta bien tarde. No dejaba de pensar en lo que le diría a la joven al día siguiente. Sonrió en la oscuridad y al rato se quedó dormido.
   Al día siguiente, Ribber se levantó temprano, escribió una nota que se guardó en el bolsillo de sus pantalones y entonces salió del cuarto para ir a desayunar. Todas las personas con las que se encontraba estaban ensayando para la audición que habría esa tarde.
   Al llegar al comedor, Gillian que lo vio, se acercó a él de forma seductora.
   -¿Podemos hablar?
   Ribber se cruzó de brazos y la miró.
   -¿Qué quieres?
   -En privado si puede ser.
   Ribber suspiró exasperado y Gillian lo arrastró fuera del comedor. Una vez fuera, le dijo:
   -Te voy a dar otra oportunidad.
   Ribber enarcó una ceja, confuso.
   -¿Qué?
   -Eso, que te voy a dar otra oportunidad, creo que el otro día actuamos precipitadamente y si vamos a actuar los dos juntos en el musical me gustaría que pareciera lo más real posible.
   -Yo creo que dejé claro lo que pensaba, además, no me voy a presentar para hacer ese musical.
   -Ribber- dijo la joven pasando los brazos por el cuello de él- somos una pareja perfecta, no podemos romper así como así.
   El chico se apartó de ella, serio.
   -Gillian, no voy a volver contigo así que olvídame ¿vale?
   La joven se enfurruñó y tras dar un golpe en el suelo con el pie, volvió dentro. Al chico se le quitaron las ganas de desayunar, así que, se fue en busca de Natalie. La buscó por todos lados y la encontró limpiando el baño de las chicas, se acercó silenciosamente, cogió la nota del bolsillo y la dejó en el carrito de la limpieza. Tras mirar por última vez, sonrió y desapareció.

   Natalie terminó de limpiar el baño y se dirigió al carrito de la limpieza para luego ir al otro baño, entonces, vio una nota. Confusa, la cogió y la abrió para la leerla:

 

“Si quieres recuperar tu pulsera, ven esta tarde a las seis al aula de baile número tres. Quiero preguntarte algunas cosas, Natalie Taylor. No tardes.
R”


   La joven volvió a leer la nota y miró a su alrededor luego pero no vio a nadie. ¿Quién le había puesto la nota allí? ¿Sería el chico que la vio bailando? Sí, seguro que sí, sólo él podría tener su pulsera.
   En ese caso, no le quedaría más remedio que ir y enfrentarse a lo que venga.
   Arrugó la nota y la metió en su bolsillo para continuar limpiando pero con muchos pensamientos en su cabeza.
   Paró justo al mediodía para comer un poco y desde la cocina miró hacia el comedor. El chico estaba allí que ahora mismo se hallaba solo. Si tuviese la suficiente valentía, saldría y le cantaría las cuarenta pero como se había retraído con el paso del tiempo lo dejó cómo estaba y esperaría hasta la hora acordada en la nota. Justo la hora en la que empezaban las audiciones para el musical.
   Después de comer, se fue a su habitación ya que no tenía nada más que limpiar y se sentó frente a su viejo ordenador. Tenía miedo de lo que ese chico pudiera hacer, podría proponerle cualquier cosa, la chantajearía para que él no dijera nada a Yvette.
   Tenía que hacer acopio de valor para enfrentarse a él, así que inspiró hondo varias veces para relajarse. Sus manos temblaban de miedo y sudaban considerablemente pero no se iba a amedrentar.
   A la hora acordada, salió de su habitación y se dirigió al aula de baile número tres. Antes de entrar tomó aire y lo soltó suavemente. Finalmente abrió la puerta y entró. Miró a su alrededor pero no había nadie.
   -¿Hola?- preguntó la chica.
   Nadie contestó pero en ese momento, el reproductor se puso en marcha y comenzó a sonar la canción del día en que aquel chico la descubrió bailando.
   -Si aún recuerdas los pasos, empieza a bailar- se oyó desde algún punto del aula.
   Natalie miró a su alrededor sin saber muy bien qué hacer y contestó:
   -No puedo bailar.
   -¿No puedes o no quieres?
   -Tengo una lesión en la rodilla que me impide bailar.
   -Baila…- ordenó la voz del chico.
   La joven sin saber muy bien lo que hacía, comenzó a bailar y esta vez, sí tenía a un chico para que le respondiera en la coreografía. En uno de los pasos, ella se tuvo que acercar a él y lo hizo con los ojos cerrados lo que a él le hizo sonreír hasta que finalmente la canción acabó y el chico apagó el reproductor.
   -¿Qué quieres? Me has citado aquí y haré lo que sea con tal de que no me delates ante Yvette.
   El chico la miró, confundido.
   -¿Crees que voy a chantajearte?
   -Sería lo más sensato que hicieras, me tienes en tu poder porque tienes mi pulsera y me viste bailando cuando realmente debería estar limpiando los espejos.
   -Yo no pretendo chantajearte.
   Natalie lo miró, desconfiada.
   -¿No?
   -No, simplemente me parece curioso tu caso. Pasaste de ser una gran bailarina a la chacha de la academia que fundó tu padre.
   La joven desvió la mirada entristecida y dos tristes lágrimas corrieron por sus mejillas. El chico se dio cuenta y la tomó del mentón para obligarla a mirarlo.
   -Se supone que tu padre te dejaría algo en herencia ¿no? Digo tras la muerte de este con su coche.
   Natalie negó con la cabeza.
   -Me gano el sustento trabajando para Yvette, no tengo otro sitio a donde ir, el baile siempre ha sido mi vida y a pesar de mi lesión, me siento muy unida a este mundo.
   -Pero si tú dices que una lesión te impide bailar, no entiendo cómo has podido hacerlo ahora y el otro día.
   -Fue un impulso pero olvídalo, por favor, devuélveme mi pulsera, sólo quiero seguir aquí, aunque sea limpiando la porquería que dejan otros.
   -Espera, Natalie, ¿es que tú no te explicas que puedas bailar y no te duela la rodilla? Porque sinceramente es muy raro que tras una lesión como la tuya, hayas bailado como si nada.
   -Tú no sabes si me ha dolido la rodilla o no.
   -No veo que te retuerzas de dolor, acabamos de terminar un baile, no sé si lo recuerdas.
   Natalie se sonrojó y bajó la mirada.
   -Devuélveme la pulsera, por favor, si Yvette me ve aquí me castigará.
   -Espera… mi padre es traumatólogo, quizás pueda mirar tu rodilla.
   -Mira, gracias por intentarlo pero no quiero volver a hacerme ilusiones de volver a bailar, ya he sufrido demasiado y no quiero seguir sufriendo. Mi vida ahora se limita a limpiar aquí y ya está. Dame mi pulsera. Yvette me castigará duramente si no estoy limpiando.
   Natalie abrió su palma frente a él para que le devolviera la pulsera pero él no quería dársela, no hasta que consiguiera convencerla para que viera a su padre. Esa chica podía bailar perfectamente bien, como si nunca hubiese tenido una lesión. Cierto es que está un poco verde pero es normal después de tres años sin bailar.
   -No te voy a devolver la pulsera. Y como tú misma has dicho, puedo chantajearte.
   Ella lo miró sorprendida.
   -Pero me dijiste…
   -Olvida lo que dije, quise ser amable contigo para que vieras a mi padre pero no quieres, así que ya te volveré a avisar cuando quiera volver a verte.
   -No, por favor, no me hagas esto.
   Pero el chico no le hizo caso y se marchó de allí.

 

Capítulo 5
   Ribber salió del aula de baile y se fue a su habitación, donde guardó la pulsera en el cajón de su mesilla de noche. No pensaba devolverle la pulsera hasta que no la viera su padre. Tras dejar la pulsera, se acostó en su cama mirando al techo.
   -Verás a mi padre, estoy seguro de que lo harás- murmuró el joven para sí.
   Al momento entró Dylan, sonriendo.
   -¡Hola!- exclamó el chico tirándose en su cama.
   -Veo que la audición te fue bien- dijo Ribber.
   -Si no me dan el papel protagonista, tendré algún puesto de importancia, seguro.
   -Pensé que sólo deseabas ser el protagonista.
   -Sí pero lo que a mí me interesa el ligarme a Gillian.
   -Dylan, Gillian no te conviene, es una pija que se queja por todo, deberías buscar a alguien te ponga en vereda. Tu locura es digna de psiquiátrico.
   -¿Mi locura?
   -Sí, todo el día persiguiendo faldas, eso no debe ser bueno.
   -Me gustan las mujeres, es lo que hay.
   -Aún así. Deberías parar un poco aunque estoy seguro de que no aguantas ni tres días sin perseguir a una chica.
   -¿Es una apuesta?
   -Sí, te apuesto una entrada al cine con palomitas y refresco gigantes- dijo Ribber, sonriendo.
   -Pues prepara la pasta porque esa entrada me la voy a ganar yo.
   -Ya, seguro, a ver cuánto duras, aunque la apuesta incluye no cuestionar sobre todo lo concerniente a las chicas y ya sabes a lo que me refiero… ¿podrás?
   -Vale, vale- dijo el chico mirándolo algo malhumorado- cambiamos de tema, entonces, ¿cómo salió lo que ibas a hacer hoy?
   -No conseguí todo lo que esperaba pero con el tiempo es posible que ceda.
   -¿Ceder quién?
   -Natalie Taylor.
   Dylan lo miró, confuso.
   -¿Quién?
   -La hija del dueño legítimo de esta academia, Mark Taylor, muerto en un accidente de tráfico.
   -¿Ese hombre tenía otra hija aparte de Gillian?
   -Gillian no es hija de él, es la hijastra pero Natalie si es la hija legítima.
   -¿Y cómo es que nunca la he visto? ¿Es guapa?
   -Dylan…- le reprochó Ribber.
   -Vale.
   -Además, sí la has visto, a ella la ves todos los días.
   -Tío, me estás trabando- dijo Dylan con el ceño fruncido.
   -La chacha, Dylan, hablo de la chacha.
   -¿La morenita esa tan guapa? ¿La que está para mojar pan?
   Ribber enarcó las cejas y dijo:
   -Dylan, me parece que vas a tener que preparar el dinero para el cine y sí, es ella.
   -Eh, sólo he dicho que es guapa, además no hemos empezado la apuesta aún.
   -Esta te la perdono, anda.
   -Pero… aún así, no lo entiendo, si ella es hija de Mark Taylor, ¿por qué está de chacha?
   -Por lo visto, su padre no le dejó nada en herencia y trabaja para la madre de Gillian, su madrastra, para tener un lugar donde vivir. Si no trabaja, la castiga.
   -Tipo Cenicienta.
   Ribber miró a su amigo y luego se rió ante la idea loca de este.
   -Muy gracioso.
   -Piénsalo, chaval, una joven huérfana con una madrastra malvada y una hermanastra.
   Ribber meditó las palabras de su amigo y sonrió.
   -Y yo tengo su zapato de cristal.
   Dylan frunció el ceño, confuso.
   -¿Qué?
   El joven abrió su cajón y sacó la pulsera.
   -Se le cayó cuando la descubrí bailando, se supone que la lesión que se hizo en la rodilla hace tres años, le impide bailar y aún así, estaba bailando, quiero que vea a mi padre pero no quiere, así que guardo la pulsera para chantajearla.
   -Me he perdido completamente.
   -Dylan, coge tu portátil y busca en Internet a Natalie Taylor, así te enteras de lo de la lesión.
   El aludido hizo el saludo militar, sonriendo.
   -A sus órdenes, mi capitán.
   Dylan cogió el portátil y puso el nombre de Natalie en un buscador donde encontró fotos de la joven, en vez de buscar una página con la biografía de la joven. La mayoría de las fotos eran promocionando productos, otras bailando, etc.
   -Está bastante bien, la verdad, ¿la has visto con este vestido celeste? Impresionante, la verdad es que no puedo creer que por una lesión, ya no siga bailando. Pero si hay vídeos y todo…- dijo poniendo uno de los vídeos- baila genial, bueno, bailaba…
   -Lo sé- dijo Ribber tocando algunos acordes con la guitarra tras guardar la pulsera de nuevo en la mesilla de noche- lo más sorprendente es que Gillian y ella son hermanastras.
   -Pues sí, no hay ni punto de comparación entre una y otra.
   -Cierto pero lo que me interesa ahora es que Natalie vea a mi padre y créeme que lo conseguiré.
   -Puedo ayudarte, no me importaría darle un repaso.
   -Dylan…
   -De acuerdo, me callo ya.
   Siguieron hablando un rato más, luego Dylan se puso a observar vídeos de Natalie y Ribber compuso una canción nueva pero al no concentrarse lo suficiente, se llevó la guitarra hasta el hall. Se sentó en una esquina y volvió a tocar la canción.

   Natalie salió de su habitación para ir a buscar agua a la cocina cuando oyó una dulce melodía. Sin poderlo evitar, se acercó al hall y lo vio allí con la guitarra. De repente, se detuvo y la miró.
   Ella retrocedió un poco pero él se limitó a sonreír, lo que hizo que Natalie se acercara con cautela.
   -Hola…- dijo ella.
   -Pensé que huirías de mí.
   -Oí la melodía y no pude evitar acercarme, además, eres tú quien me quiere chantajear.
   -Si lo llego a saber, hubiera hecho esto para atraerte y no tener que chantajearte como hice.
   -Seguro que tú no sabes lo que es vivir con el miedo de que te descubran haciendo algo que según las normas no puedes hacer.
   -¿Qué clase de normas?
   Natalie apartó la mirada.
   -Bailar cuando deberías estar limpiando los espejos, por ejemplo.
   -Pero nadie sabe eso, excepto yo y la verdad que me sorprendió, lo haces muy bien, memorizaste todos los pasos. Luego descubrí que eres la famosa Natalie Taylor.
   -Ya no soy famosa- le recordó ella con amargura.
   -Bueno… y cuando hay alguien que quiera ayudarte, lo rechazas.
   -Agradezco mucho que me quieras ayudar pero lo de mi rodilla no tiene solución, las esperanzas son para los demás- dijo sentándose en el suelo.
   -Debe tener solución, pudiste bailar antes, ¿te dolió?
   -No pero…
   Ribber la miró fijamente, la joven parecía a punto de llorar. Cerró los ojos con fuerza y se mordió el labio inferior.
   -Deseas volver a bailar ¿verdad?
   -He descubierto que los deseos casi nunca se cumplen y los míos no se cumplirán- dijo ella apartando la mirada.
   Ribber la tomó de la barbilla y la obligó a mirarlo.
   -Los deseos pueden cumplirse si uno pone un poco de su parte. Tú tienes la oportunidad de cumplir tu mayor deseo. Lo tienes al alcance de tu mano. Ven conmigo a ver a mi padre y que te mire la rodilla.
   -Si me voy a ver a tu padre e Yvette me descubre, me echará y el único sitio que tengo es esto- dijo abarcando el hall con la mano.
   -¿Cómo podríamos solucionar eso? Tiene que haber alguna forma para que no se entere.
   -No la hay, es mejor que olvides todo. Además, ni siquiera sé cómo te llamas. Tú sabes quién soy pero yo no sé quién eres.
   -Tienes razón, lo siento, me llamo Ribber.
   Natalie lo miró, sorprendida.
   -¿Ribber? ¿Tú no eres el novio de Gillian?
   -Era, ya no lo soy, no la soporto, se comporta como una niña mimada.
   -Yo llevo un par de años aguantándola, no me dices nada nuevo.
   Ribber sonrió.
   -Te propongo un trato, ¿qué te parece si creamos el Club de las Personas que Odian a Gillian?
   Natalie mostró una dulce sonrisa y se abrazó las rodillas.
   -¿Podrías volver a tocar esa melodía, por favor? Sonaba muy bien.
   -Aún no está acabada.
   -Pero es muy bonita aunque no esté terminada.
   Ribber se encogió de hombros y comenzó a tocar la dulce melodía que le hizo sentir a Natalie muchas emociones contenidas. Emociones muy fuertes, acoplado a los duros recuerdos de su pasado. Las lágrimas amenazaron con desbordar sus ojos pero logró contenerlas.
   Las debilidades se las guardaría para cuando estuviese sola. Tras acabar la canción, ella le sonrió levemente.
   -Es una canción preciosa, ¿no tiene letra?
   -No, no soy muy bueno haciendo letras de canciones, la verdad.
   -Será que no tienes suficiente inspiración.
   -Puede ser… a lo mejor no tengo una musa que me inspire…
   -Umm…- dijo Natalie sonriendo y con un dedo en la barbilla como si pensara- ¿dónde podrías encontrar a una musa? ¿Has probado a llamar a la Agencia de Musas de la Inspiración?
   Su humor había cambiado completamente, sobre todo porque no quería que él la viera triste aunque realmente no sabía por qué pero quizás era mejor sonreír, antes que la vieran como una amargada que sólo piensa en sus problemas.
   Él soltó una carcajada y la miró.
   -No se me había ocurrido, buscaré el número en la guía y llamaré.
   El reloj de la academia marcó la hora, exactamente dio doce campanadas, señal de que era medianoche. Natalie entonces se levantó y le dijo:
   -Es hora de que nos vayamos a acostar.
   -Sí, será lo mejor- dijo Ribber levantándose.
   Se despidieron y cada uno se fue a su cuarto.

   Al día siguiente, Ribber y Dylan iban hablando por el pasillo en dirección al aula de música. Justo cuando llegaron al hall, apareció Gillian, la cual se acercó a Ribber.
   -Quiero hablar contigo- dijo Gillian mirando a Ribber.
   Dylan la miraba fijamente, con admiración.
   -Ya te dije que tú y yo no tenemos nada de qué hablar…
   -Tienes que escucharme, Ribber- dijo la joven acercándose más a él- te necesito, eres único…
   -Seguro que eso se lo dices a todas tus conquistas ¿no?
   -¡No!- exclamó indignada- jamás se lo he dicho a ninguno…
   -¿Y por qué debería creerte?
   -Porque es la verdad- dijo ella poniendo cara de tristeza pero a él no lo engañaba.
   -Mira, Gillian, supéralo, te dejé y eso te molestó pero olvídame, nunca volveremos a estar juntos ¿está claro? Puedo decirlo más alto pero no más claro… Déjame en paz.
   Gillian puso cara de enfado y rápidamente se alejó de él, entró en el aula de música y se sentó en su silla con los brazos cruzados.
   Dylan miró a su amigo con el ceño fruncido.
   -¿Por qué le haces eso?
   -¿Quizás porque se lo merece? Juega con los tíos de mala manera y ya era hora de que alguien le hiciera ver que no siempre en este juego se puede ganar. Debe aprender a perder.
   -Chaval, de verdad que hablas con unas frases tan raras que ni las entiendo- dijo Dylan retomando el camino hacia el aula de música- además, si yo jugara a su juego, ten por seguro que ella ganaría…- tan ensimismado iba en su monólogo que chocó contra alguien sin darse cuenta- ¡eh, mira por donde andas!
   -El que debería mirar eres tú, yo sabía muy bien por donde iba pero me parece que tú no…
   Dylan miró a la chica que tenía ante sí y enarcó una ceja.
   -¿Yo? Perdona, bonita, pero me parece que aquí la que iba a lo suyo eras tú.
   La joven puso los brazos en jarras.
   -Ya claro, ahora la culpa la tendré yo.
   Ribber los miró y se acercó para decirle a la chica.
   -Perdónalo, es que cuando se pone efusivo con un tema y lo interrumpen se pone así… no le hagas caso y tú- dijo mirando a Dylan- si no nos damos prisa llegaremos tarde a clase y ya sabes cómo es el profesor de música con la puntualidad.
   Ribber arrastró a un Dylan ofuscado y miró a su compañero.
   -Como me vuelva a encontrar con esa chica, te juro que se va a enterar, ella no sabe quién soy, todavía me dice que la culpa era mía…
   -Es que la culpa fue tuya, amigo mío, ibas tan sumido en ese monólogo que no te diste cuenta y a ella no le dio tiempo a apartarse, además no seas exagerado…
   -¿Exagerado dices?
   -Sí, exagerado porque sólo fue un choque de nada, te alteraste y tú no eres así.
   -Porque no entiendo cómo puedes dejar escapar a Gillian cuando la tienes a tus pies.
   Ribber comenzó a reírse con ganas.
   -A mis pies dice… esa lo único que quiere es que yo sea otro más en su lista de conquistas y al cual ha llevado a su cama para luego abandonarlo como a un pañuelo y yo tengo mi orgullo- dijo y miró a su amigo, el cual sonreía maliciosamente como si estuviese planeando algo- Dylan, de verdad, no te acerques a ella, es una víbora disfrazada, no te conviene…
   -Ribber, tú no sabes lo que me conviene o no, tú has tenido varios fracasos en este tema y yo en cambio no.
   -No estamos hablando de mis fracasos, hablamos de ti y lo que quieres hacer con Gillian, es sólo un consejo de amigo pero si no lo quieres tomar, no lo tomes…- dijo Ribber y sin decir más, entró en el aula de música y se sentó en una silla bastante alejada de Gillian, la cual le lanzó una mirada asesina pero que él ignoró completamente.
   Justo en ese instante apareció el profesor de música y dio comienzo a la clase en la cual, Gillian no dejó de lanzar miradas a Ribber, jurándose a sí misma que eso no quedaría así, la estaba dejando en ridículo delante de toda la academia y no lo permitiría. Pronto encontraría su talón de Aquiles y se aprovecharía de eso para tenerlo a sus pies.

 

 

Capítulo 6
   Cloe buscó a Natalie por todos lados y la encontró limpiando en la habitación de Gillian que estaba completamente patas arriba. Esta se cruzó de brazos en el marco de la puerta y dijo:
   -¿Esa niña no sabe que existen los armarios para guardar la ropa?
   Natalie dio un brinco al oír la voz de su amiga y la miró llevándose una mano a su corazón desbocado por el susto que se acababa de llevar.
   -Cloe, no me asustes así, por favor… de verdad que cualquier día, me llevaréis a la tumba por culpa de estos sustos.
   -Lo siento pero es que es verdad, mira su habitación, cualquiera diría que es la habitación de la gran Gillian, la mayor bruja que haya existido, a parte de su madre, claro está.
   -Esto no es nada comparado con otros días, te lo aseguro.
   -Vaya cerda, entonces- dijo cogiendo un vestido bastante corto de color negro de un mueble con dos dedos- ¿de verdad cabe en este vestido?- preguntó mientras lo miraba.
   -Te puedo apostar lo que sea a que no cabe en ese vestido.
   -Yo creo que incluso te quedaría bien a ti, ¿por qué no te lo pruebas?
   -¿Estás loca? No, no me lo pienso poner, además, pareceré una mujerzuela.
   -Más mujerzuela es ella, con las caderas que tiene no cabe aquí ni de coña. Además, no quería hablarte de eso, necesito desahogarme…
   -¿Qué pasó?
   -Un tipo ahí fuera, se chocó conmigo y todavía va y me echa la culpa a mí cuando era él el que iba despistado. Se comportó como un energúmeno…
   -¿Estás segura de que no tuviste parte de culpa? Tú también a veces te despistas con facilidad y más si ves a algún tío que te gusta.
   Cloe entrecerró los ojos y soltó el vestido.
   -¿Tú también me quieres echar las culpas?
   -No, no es eso, pero reconoce que tú también te despistas con facilidad… a mi me parece que la culpa ahí la tuvisteis los dos… tanto él como tú por ir despistados.
   -Tuvo suerte de que su amigo nos separara porque te aseguro que si no, le hubiera dado una puñetazo en su cara de niño pijo y se le quitarían las ganas de echarme la culpa del choque.
   -Eres de lo que no hay, de verdad… de todas formas, supongo que no habrás venido para chocarte con un chico y contármelo ¿no? Pues desembucha.
   -Bueno… vine a verte, ¿se sabe algo del chico que te pilló…? Ya sabes… bailando…
   -Me citó ayer por la tarde y me dijo que fuera con él a ver a su padre, cree que lo de mi rodilla tiene solución pero yo no lo creo… así lo dijo el médico que me atendió hace tres años, que no tenía cura.
   -Natalie, ¿es que eres idiota? Vete a ver a ese médico, podría darte esperanzas, aunque creas que no me entero de las cosas, sé que deseas fervientemente volver a bailar, sería genial que ese médico te dijera algo bueno para variar…
   -Sabes que las esperanzas no se hicieron para mí.
   -Las esperanzas se hicieron para todos, acepta ir, inténtalo.
   -¿Y qué pasa si voy, me hace un reconocimiento y me dice que lo mío no tiene cura? No podría soportarlo, Cloe.
   -Pero ¿y si realmente tiene solución? No pienses solo en lo negativo, Natalie, imagínate volver a bailar. Ve con ese chico a ver al padre.
   -No, Cloe, no merece la pena.
   -De verdad que hay veces que no te entiendo.
   -Olvídalo, es lo mejor.
   -Sí, mejor porque si no acabaré peleando y ya tuve suficiente con el chico de antes.
   No dijeron nada más y Cloe ayudó a Natalie a recoger todo el estropicio de la habitación de Gillian.

   A la hora del almuerzo, todos estaban en el comedor comiendo pero Gillian no había probado bocado. Su enfado no se había disipado.
   -¿No comes?- le preguntó Beverly.
   -¿Crees que puedo comer cuando he sido humillada por Ribber?
   -Sólo preguntaba.
   -¿Preguntabas? Pues ahora te pregunto yo a ti: ¿no crees que te estás pasando con la comida? Te estás poniendo como una foca… esta noche cenarás ensalada.
   Beverly se encogió en el asiento y dejó el tenedor en la mesa. Sarah miró a Gillian.
   -¿No crees que te has pasado un poco?
   -¿Tú también piensas replicarme? ¿Exactamente tú que te estás vistiendo como un tío? Mañana mismo cambiarás todo lo que tengas en tu armario por ropa más femenina. Estoy harta de vosotras dos…
   -Esto no son ropas de tío- replicó Sarah algo ofendida- son ropas de tía, además, se usa mucho ahora…
   -Ese no es mi estilo- dijo mirándola despectivamente- pantalones anchos y caídos y blusa de asillas… por favor… anda, ve a cambiarte y tú- dijo mirando a Beverly- o dejas de comer o te prometo que no comerás nada hasta que no bajes esos michelines ¿quedó claro? Ahora ¡marchaos!
   Beverly y Sarah se sobresaltaron y se fueron de allí dejando a Gillian sola, con los brazos cruzados con enfado. Odiaba a Ribber y podría estar segura de que eso no se quedaría así. Se vengaría duramente y él vendría suplicando de rodillas. Esto la hizo sonreír con malicia.
   Mientras, Beverly había ido al baño a mirarse en el espejo. Se puso de perfil para verse el vientre. Gillian tenía razón, estaba como una foca y tenía que solucionarlo. Se pondría a dieta desde ya.

   Natalie, después de limpiar, subió las escaleras y abrió la puerta del último piso. Pulsó el interruptor y la luz se encendió. Se hallaba en una gran habitación donde una de las paredes era un gran espejo. En el lado opuesto, había un enorme baúl al cual se acercó y con la llave que llevaba colgada al cuello, la abrió.
   Dentro había una gran cantidad de vestidos de baile, también estaban los cosméticos que ella promocionaba pero dejó eso a un lado y sacó uno de los vestidos que allí había. Un vestido de color verde, a la altura de la rodilla, amarrado al cuello.
   Ese había sido uno de sus primeros vestidos y con el que consiguió consagrarse como una de las mejores bailarinas de aquel momento. Se levantó y se lo puso delante mirando al espejo. Sonrió levemente y con él comenzó a moverse por la amplia habitación.
   Cuando bailaba se sentía viva y olvidaba todos sus problemas pero su mayor problema en ese momento era que no podía bailar y nadie sabía cuánto necesitaba poder hacerlo. Era un auténtico suplicio ver a todos a su alrededor bailando y que ella no pudiese demostrar que también podía bailar como ellos.
   Negando con la cabeza se detuvo y volvió junto al baúl para guardar el vestido junto con los otros, entonces lo vio.
   Allí estaba el vestido amarillo, el vestido con el cual su carrera de baile se había ido al traste. Ahora entendía por qué los artistas no se ponían nada amarillo, la mala suerte estaba metida en ese color. Puso el verde encima del otro para perderlo de vista. Odiaba ese vestido porque había sido el comienzo de una vida desastrosa desde aquel momento en que lo puso y su mala suerte había ido en aumento con la muerte de su padre y con su precaria vida de sirvienta en la academia que debería haber sido suya por derecho pero no. Esa academia pertenecía ahora a su horrible madrastra Yvette y para la cual trabaja como una esclava.
   Si hubiese alguna forma de cambiar el rumbo que estaba tomando su vida. Quizás si aceptaba la proposición de Ribber…
   -No, olvídate, Natalie, no le harás caso, no irás a ver a su padre… te harás ilusiones para luego llevarte el batacazo, olvídalo.
   Junto con estas palabras, cerró el baúl, apagó las luces y cerró la puerta para bajar a cenar.
   Una vez abajo, fue a la cocina a por su plato de comida que se lo tomó con rapidez y luego fue al baño para ducharse.
   Al entrar al baño, oyó ruidos en la zona de los retretes, parecía como si alguien estuviese vomitando. Lentamente se acercó y oyó cómo tiraban de la cadena.
   La puerta se abrió y vio salir a Beverly, completamente pálida y tenía los ojos llorosos.
   Natalie se acercó rápidamente al verla trastabillar.
   -¿Te encuentras bien?- le preguntó Natalie.
   Beverly asintió y se acercó a los lavamanos para lavarse la cara. Cuando acabó, se miró en el espejo y vio a Natalie como si la viese por primera vez.
   -Vete de aquí…
   Natalie la miró sin comprender.
   -No estás bien, debería verte un médico.
   -¿Acaso eres mi madre? Que yo sepa, mi madre está en mi casa y no tiene tu cara. Ahora déjame en paz.
   Tras decir esto, Beverly salió del cuarto de baño dejando a Natalie allí plantada. Luego fue a ducharse. Cuando acabó, salió de allí y se dirigió a su habitación, notando que alguien la observaba.
   Miró a su alrededor pero no vio a nadie. Se encogió de hombros y siguió caminando. Al llegar, abrió la puerta y un ruido la hizo girarse.
   -¿Quién está ahí?- preguntó ella mirando alrededor.
   Entonces alguien salió de detrás de una columna. Era Ribber.
   -Siento haberte asustado.
   -¿Qué haces aquí? Deberías estar cenando.
   -Ya cené, quería verte e intentar convencerte.
   -Ribber, no sigas insistiendo.
   -Voy a seguir haciéndolo… no pararé hasta que aceptes.
   La joven entró en la habitación y él la siguió. Permanecieron un rato callados hasta que ella preguntó:
   -¿Por qué? ¿Por qué quieres ayudarme?
   -Porque veo en tus ojos la profunda tristeza que sientes al no poder bailar. Desde que sé que eres quien eres, no te he visto sonreír ni un instante a pesar de lo hermosa que eres.
   Natalie se puso colorada y se alejó de él, avergonzada.
   -Aunque quisiera no podría sonreír. Mi vida ha ido en picado desde la caída. Perdí a mi padre quedándome completamente sola, la herencia le pertenece toda a Yvette, trabajo para ella aquí en la academia para no tener que vagar por las calles… mi vida es un completo infierno, lo único que me consolaba cuando me sentía mal era bailar y ahora no puedo…- dijo y se mordió el labio para evitar llorar.
   Ribber se acercó a ella y la obligó a mirarlo.
   -Entonces, aprovecha la oportunidad que te ofrezco, ven conmigo a ver a mi padre… nunca está de más intentarlo.
   -Tengo miedo, Ribber… tengo miedo de ir y que tu padre me diga que no hay solución alguna, la primera vez acabé hundida, ahora que estoy intentado salir a flote no quiero volver a hundirme. Prefiero dejar las cosas así…
   -Natalie, escúchame, has bailado dos veces perfectamente, no te ha dolido la rodilla, es posible que esté curada, confía en mí…
   -Quiero confiar en ti pero mi miedo es mucho mayor… lo siento, Ribber, pero no puedo.
   Ribber la tomó de la mano lo que a ella la hizo mirarlo a los ojos.
   -¿Es que acaso te vas a rendir? ¿Nadie te dijo nunca que hay que luchar por lo que uno sueña?
   -Mis sueños son imposibles de cumplir, Ribber, entiéndelo, no puedo volver a bailar, no quiero crearme falsas ilusiones. De verdad que no quiero.
   -Pero es que quiero que te las hagas, tú tienes tanto derecho como yo a conseguir tus sueños como yo los míos.
   Natalie se sentó en la cama y se abrazó las rodillas. Suspiró y apartó la mirada una vez más para que Ribber no viera su intensa pena.
   Este se sentó frente a ella y posó su mano en el brazo de la chica. Ella, sorprendida por la calidez que sintió, lo miró a la cara. Se había percatado de que tenía unos ojos preciosos y no podía apartar la mirada por mucho que quisiera. Tras ese intenso silencio, él le dijo:
   -Todos tenemos sueños, algunos más difíciles de conseguir pero no imposibles, no pides mucho, sólo volver a bailar, debes pensar en ti y en lo que sientes.
   -Si pensara en mí entonces te diría que no puedo, mi vida depende de limpiar estas estancias para todos vosotros… ¿es que no te das cuenta de que yo sólo soy una chacha sin perspectivas de futuro? ¿Quién limpiará toda la mierda de este lugar? Yvette es muy tacaña, ¿acaso sabes qué es lo que recibo por limpiar aquí? Lo que recibo es esta habitación y comida, única y exclusivamente, es una mujer muy avariciosa y no contrataría a nadie para que limpiara aquí, me tiene completamente a su merced.
   -Más razón para conseguir tus sueños… si puedes volver a bailar no tendrás que depender de Yvette.
   -Ribber, ¿y si no puedo?- preguntó y no pudo evitar soltar las lágrimas que llevaba tanto tiempo escondiendo- ¿y si todos mis sueños vuelven a caer por la borda?
   Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano pero el aluvión de estas no podía parar en ese momento y siguieron corriendo por sus mejillas, dejando un brillo especial por la luz de la habitación.
   Ribber no sabía muy bien qué hacer, odiaba ver a una chica llorar así pero se sentía impotente ante una situación como esa.
   -Tengo miedo, Ribber, mucho miedo… mi mayor deseo es volver a bailar pero tengo miedo. Miedo de que tu padre me diga que no puedo volver a bailar, miedo de que si realmente puedo, no sepa cómo o incluso tengo miedo de que si bailo vuelva a caerme y entonces sí que no pueda volver a bailar. Tengo mucho miedo…
   -Debes superar ese miedo, es lo que te tiene así. Con miedo no conseguirás tu deseo.
   -Pero…- dijo palpándose la rodilla.
   Él puso la mano encima de la de ella y con la otra le limpió las lágrimas. Ella lo miró, sorprendida de esa confianza que se había tomado.
   -Yo estaré contigo pase lo que pase, así que… ¿qué contestas?
   Ella sonrió levemente y contestó:
   -No me queda otro remedio que aceptar… no quiero que te vuelvas una visita constante en mi habitación.
   -Perfecto… llamaré a mi padre para ver si puede verte este fin de semana.
   Ella asintió y tras despedirse, el chico se fue.

 

Capítulo 7
   Al día siguiente, Ribber llamó a su padre para contarle que Natalie había aceptado que lo viera. Irían a cenar ese fin de semana para que ella conociera a sus padres aunque sabía que su hermana no querría que ella viniera a la casa ya que le había hecho ese desplante hace unos años. Lo importante era que la joven sería revisada por su padre y probablemente volvería a bailar.
   Cuando acabó su clase de baile, antes de meterse en el vestuario buscó a Natalie, la cual estaba limpiando una enorme vitrina llena de trofeos entregados a la academia en diferentes concursos. Tras encontrarla, se acercó.
   -Hola- le dijo al oído ya que ella estaba de espaldas.
   La joven pegó un brinco haciendo que uno de los trofeos se cayera al suelo, ella se giró rápidamente.
   -Ribber, ¿es que quieres matarme de un susto?
   -Lo siento, sólo venía a decirte que este fin de semana vendrás a cenar a mi casa y mi padre hará una valoración sobre tu rodilla.
   -¿Este fin de semana?
   -Sí, concretamente el sábado. Yo vendría a buscarte para llevarte a mi casa.
   -¿Tan pronto?
   -Sí, no quiero correr riesgos de que te arrepientas.
   -Si acepté, ya no tengo vuelta atrás.
   Natalie se giró y vio el trofeo en el suelo. Maldiciendo, se agachó. Ribber se percató y la miró.
   -¿Sucede algo?
   -Mierda, se ha roto el trofeo. De esta, Yvette me mata.
   -No te preocupes, le diré que fue por mi culpa.
   -Aún así, luego me echará toda la culpa a mí, ¡joder!- exclamó al ver a Yvette aparecer ante ellos.
   Llevaba un cantoso vestido de color azul con una especie de chaqueta de gasa del mismo color con plumas en el cuello. Miró a Natalie y luego miró el trofeo.
   -Natalie ¿se puede saber qué le ha pasado al trofeo? Es uno de los trofeos más importantes que ha recibido la academia.
   -Lo sé pero…- comenzó a decir Natalie.
   Ribber se metió en medio de las dos mirando a Yvette, protegiendo así a la joven que estaba completamente asustada y temerosa por la reacción de la mujer.
   -Yvette, no fue culpa suya, de verdad, la asusté sin querer y se le cayó, yo tengo toda la culpa, estoy dispuesto a pagar el arreglo.
   -No la defiendas- dijo Yvette mirándolo- fue ella quien la tiró.
   -Pero fue mi culpa.
   -No insistas, además, ¿no deberías ir a ducharte? Bonito, hueles bastante mal- dijo la mujer haciendo un gesto de asco- así que, será mejor que te vayas.
   -Pero…
   -No me gusta repetir las cosas- dijo Yvette cortante.
   Ribber sin poder hacer más, miró a Natalie y se marchó. Yvette, entonces, centró toda su atención en ella sonriendo con malicia.
   -Yvette…- comenzó Natalie.
   La mujer hizo un gesto con la mano para callarla.
   -Así que ahora tienes un abogado defensor ¿no?
   -Yvette, lo siento de verdad, no era mi intención.
   -Nunca es tu intención pero al final siempre acabas rompiendo algo… debería echarte de aquí para que aprendas a vivir en la calle y así aprendas a que las cosas ajenas no se rompen.
   -Fue sin querer, lo juro. Se me escapó de las manos.
   -Me da igual lo que me digas, trabajarás el doble para que así me puedas pagar el arreglo del trofeo…
   -Yvette, no me puedes hacer esto, ya trabajo demasiado todos los días, es imposible que trabaje el doble…
   -¿Quieres trabajar el triple?- preguntó Yvette mirándola con enfado.
   Natalie bajó la mirada y aceptó con resignación su castigo.
   -De acuerdo…
   -Bien, empezarás hoy mismo y yo misma me encargaré de revisar todo cuando hayas terminado…- dijo y luego se acercó para susurrarle a la joven- te haré limpiar hasta el último rincón de esta academia, te lo aseguro- se alejó y la miró con altanería- ahora vete a limpiar, después revisaré tu trabajo.
   Natalie asintió con la cabeza y se marchó a limpiar. La joven se puso a limpiar duramente y cuando acabó el día e iba a ir a cenar, Yvette le salió al paso. Ella asustada, retrocedió.
   -¡Yvette!- exclamó sorprendida.
   -¿Lo has limpiado todo?- preguntó la mujer impasible.
   -Sí, lo he limpiado todo a fondo.
   -¿De verdad?
   -Sí, no he dejado nada sin limpiar, de verdad.
   -Vamos a ver- dijo mirando alrededor, con malicia pasó al lado de una maceta y con la mano lo empujó al suelo. Rápidamente se giró y miró la maceta rota en el suelo y toda la tierra esparcida, se llevó una mano a la boca, fingiendo sorpresa- oh querida, lo siento, al pasar, debió de rozar mi mano y cayó al suelo… una lástima que tengas que volver a limpiarlo todo.
   -Lo tiraste a posta, Yvette, te vi perfectamente.
   -¿Y si lo hice qué? Lo vas a limpiar igualmente.
   -No eres justa conmigo, me tienes trabajando como una esclava y me estoy hartando… no puedo soportar más todos estos desplantes hacia mi persona…
   -Si no puedes soportarlo, puedes marcharte… ah claro, se me olvidaba- dijo dándose un golpecito en la frente como si recordara algo- no tienes a dónde ir… ahora, limpiarás todo esto, aunque claro, no lo limpiarás con la fregona, sino con tus propias manos y un paño, por haberme contestado… venga, ve a buscar el cubo de agua y el paño para que comiences a limpiar, ¡rápido!
   Natalie, claramente dolida, fue a buscar el cubo para llenarlo de agua y volvió para ponerse a limpiar. Yvette se cruzó de brazos, satisfecha por tener a su odiosa hijastra trabajando para ella y que esté sufriendo como estaba en ese momento.
   Se lo merecía, nadie podría arrebatarle lo que era suyo.
   Cuando vio que Natalie comenzaba a limpiar, ella se fue a cenar dejándola allí sola. La joven la vio marchar pero aún así siguió limpiando, no quería que Yvette volviera y le dijera algo que le hiciera más daño de lo que le había dicho.
   Tras una hora de limpiar, aún no llevaba ni la mitad del piso limpio, sus tripas comenzaron a resonar y la joven se llevo las manos al vientre para así intentar aplacar el hambre pero poco consiguió. Volvió al trabajo, así que cogió el pañuelo pero entonces sintió unos fuertes pinchazos en las dos manos, se las miró y las vio llenas de ampollas.
   A pesar del dolor, volvió a coger el paño para seguir limpiando. Quería acabar para poder cenar. Una de las ampollas se reventó y comenzó a salirle sangre.
   -Mierda…- dijo volviéndose a mirar las manos- no puedo seguir limpiando así…
   Natalie intentó limpiar con una mano sola a ver si terminaba para curarse.

   La cena acabó y todos salieron del comedor rumbo a sus habitaciones. Dylan iba hablando con Ribber sobre el musical.
   -Gillian es la protagonista pero el otro papel principal no se ha decidido aún. Creen que puede ser Alberto aunque yo no creo que sea él, el papel no le va.
   -¿Y te pega a ti? Porque he oído que el elegido podrías ser tú también.
   Dylan sonrió.
   -Lo sé, por eso quiero acabar con la competencia…- dijo el chico y de repente se detuvo.
   Ribber que iba pensando en otras cosas, también se detuvo y miró a su amigo.
   -¿Pasa algo?
   -¿No es aquella Natalie Taylor?
   Ribber miró en la dirección que miraba Dylan y la vio de rodillas en el suelo. Rápidamente, los dos se acercaron.
   -Natalie ¿estás bien?- le preguntó él.
   -Sí, sólo estaba limpiando el piso…- dijo haciendo una mueca de dolor.
   El chico le miró las manos y las tomó entre las suyas. Al ver las ampollas, la miró sorprendido.
   -¿Limpiando el piso con las manos? Las tienes llenas de ampollas.
   -Estoy bien… de verdad, además estoy a punto de acabar.
   -Así no puedes seguir, vayamos a la enfermería.
   -¡No! Yvette me está vigilando.
   -Me da igual, Natalie, mírate las manos, anda, levántate- dijo Ribber.
   -No puedo hacerlo, Ribber, tengo que terminar de limpiar el piso.
   -Basta… Dylan, ayúdame- dijo el chico sujetándola por un brazo.
   -Ribber, si no quiere, déjala.
   -¿Es que no has visto sus manos? Tiene que curárselas.
   -Lo sé pero si no quiere, no puedes obligarla, déjala, si quiere acabar con las manos así, déjala- dijo Dylan.
   Natalie los miró a ambos. Las manos le dolían mucho y sentía muchos pinchazos. Hizo una mueca de dolor. Él la miró fijamente y ella se levantó lentamente.
   -De acuerdo, iré a la enfermería…
   Entonces, los tres se dirigieron a la enfermería. Al entrar, hallaron a una mujer de unos treinta y siete años, con el cabello medianamente corto de color oscuro. Sus ojos almendrados eran del color de la hierba fresca aunque iban un poco camuflados por unas gafas cuadradas de pasta, negras y rojas.
   Ésta, al ver a Natalie acompañada de Ribber y Dylan, se acercó.
   -¿Sucede algo, Natalie?- preguntó la doctora a la joven. Estas se conocían desde los comienzos de la academia y siempre quiso investigar el caso de la rodilla de Natalie pero Yvette se lo prohibió amenazándola con despedirla.
   Miró a los dos chicos en busca de la respuesta que Natalie no le ofrecía, por lo que Ribber cogió las manos de la joven por las muñecas y se las mostró a la doctora.
   -Tiene las manos llenas de ampollas porque ha estado limpiando el suelo con un trapo y sus manos.
   La mujer miró a Natalie y rápidamente la condujo hasta la camilla.
   -Siéntate.
   Natalie fue a apoyar las manos para sentarse pero Ribber, antes de que se hiciera más daño, la tomó de la cintura, la elevó un poco y la sentó en la camilla.
   -Gracias- dijo ella.
   -De nada- respondió Ribber sonriendo levemente.
   Dylan enarcó una ceja mirando a su amigo. La doctora se acercó a Natalie con una crema y se la aplicó con delicadeza en las manos. Ella hizo una mueca de dolor y unas lágrimas escaparon de sus ojos.
   -Sé que duele un poco pero debes aguantar.
   Natalie asintió levemente. Ribber se puso al lado de Dylan, por lo que este aprovechó para decirle:
   -Te gusta la chica…
   Ribber frunció el ceño y miró a su amigo.
   -¿Qué?
   -Conozco esa mirada, chaval, y la piba te gusta.
   -No digas gilipolleces, Dylan. Necesitaba ayuda para sentarse.
   -Claro, claro y así la cogiste de la cintura como si nada y luego le sonreíste.
   -¿No veías que estaba nerviosa? Cree que Yvette la va a pillar y que su castigo será mucho peor.
   -Ribber, no seas idiota, protégela. Tu padre es un hombre muy importante. Es el dueño de un importante hospital.
   -¿Y qué podría hacer mi padre contra Yvette? Si hiciera algo, perfectamente ella podría echarme de la academia y eso es lo menos que quiero.
   -Pero la chica te importa tanto como para llevarla a tu casa y que tu padre la revise porque según tú, baila como si no tuviese lesión alguna.
   -Bueno… me parecería injusto que ella no pueda volver a bailar y me gustaría darle un poco de esperanza.
   -¿Te has parado a pensar en que si tu padre descubre que verdaderamente tiene una lesión le romperás el corazón a esa chica?
   -¿Y si es todo lo contrario y puede volver a bailar?
   -No deberías llenarla de esperanzas…
   -Estoy seguro de que ella podrá bailar, la he visto con mis propios ojos y lo hace perfectamente, habría que pulirla un poco para que aprenda pasos nuevos pero puede bailar…
   -Como tú quieras, amigo, que sepas que yo te advertí de lo que podría pasar, cuando el corazón de esa joven esté roto no digas que no te lo dije.
   -De acuerdo.
   La doctora le vendó las manos a Natalie con delicadeza mientras ellos hablaban.
   -Natalie, no creo que debas seguir así, cualquier día el daño será peor y nadie podrá hacer nada.
   -El daño ya está hecho desde hace tres años, cuando me caí y me di en la rodilla.
   -¿Y nunca has pensado que aquel médico podría haberse equivocado?
   -¿Cómo se va a equivocar? Es un médico.
   -Los médicos también cometemos muchos errores.
   -No insistas con eso de nuevo, ya estoy cansada de lo mismo, no volveré a bailar nunca más y ya está, no hay nada que se pueda hacer…
   -¿Tan pronto has perdido las esperanzas?
   -Las perdí el día del accidente. Me caigo y me destrozo la rodilla, mi novio me deja, todos mis amigos de siempre se olvidan de mí y hacen como si no existiera, al único que tenía era a mi padre y también lo perdí, ¿cómo me pueden quedar esperanzas después de todo eso?
   -Pero no estás sola, me tienes a mí y a esa amiga tuya que viene a verte siempre- luego miró a Ribber y a Dylan- también tienes a esos chicos.
   -No, esos chicos sólo me ayudaron a venir aquí y nada más.
   -Aún así, Natalie, no pierdas las esperanzas de que algún día vuelvas a bailar.
   -Quisiera tener esperanzas pero es imposible, mírame, no soy más que una fracasada, Gillian tiene razón…
   -¿Cómo? Perdone, señorita, pero no quiero oírte decir jamás eso ¿entendido?- Natalie desvió la mirada y la doctora la obligó a mirarla- prométeme que no volverás a decir algo semejante, eres una niña preciosa y te mereces lo mejor, no vivir como una esclava para Yvette y que tus manos acaben como hoy… no quiero verte así, deberías marcharte.
   -¿Y a dónde voy? Este es mi único hogar, el que he conocido desde pequeña, no tengo otro sitio dónde ir, estoy sola… Mira, mejor olvídalo, estoy cansada y quiero acostarme a dormir.
   -Como quieras… no deberías limpiar en unos días, tus manos necesitan un buen descanso, esas ampollas no se quitan de un día para otro.
   -De acuerdo.
   La joven se bajó y salió de la enfermería seguida de Ribber y Dylan que se quedó el último, admirando la deliciosa figura de la doctora, sonrió y luego salió de allí.