Sureños
Timothy Schulz, que me dijo rotundamente
que él quería un libro todo para él.
RECONOCIMIENTOS
Mi agradecimiento es para a Lisa Weissenbuehler, Kerie L. Níquel, Marie La Salle, y Doris Ann Norris incomparables por meterse en las cajuelas de autos, grandes y pequeños. Mi sincero agradecimiento para Janet Davis, Irene, y Sonya Stocklin, también ciberciudadanos de DorothyL, por su información sobre bares, bourree (un juego de cartas), y los gobiernos de la región de Luisiana. Joan Coffey fue muy cortés con el suministro de la información sobre Jackson. Jane Lee maravillosa y servicial me condujo con paciencia por todo Jackson durante muchas horas, entrando a fondo en el espíritu de encontrar la posición perfecta para un bar vampiro.
Capítulo 1
Bill estaba encorvado sobre la computadora cuando me dejé caer en su casa. Este era un escenario demasiado familiar desde hacía un mes o dos. Él se había arrancado de su trabajo cuando venía a su casa, hasta hacía un par de semanas. Ahora era el teclado quién lo atraía.
-¡Hola, amor!, -él dijo distraídamente, su mirada remachada a la pantalla. Una botella vacía TrueBlood [1]del tipo O estaba sobre el escritorio al lado del teclado. Al menos se había acordado de comer.
Bill, no es del tipo jeans-y-camiseta, llevaba puesto unos caquis y una camisa planchada azul y verde. Su piel brillaba, y su grueso pelo oscuro olía como Herbal Essences. Él era suficiente para provocarle a cualquier mujer una subida hormonal. Besé su cuello, y él no reaccionó. Lamí su oído. Nada.
Había estado directamente sobre mis pies durante seis horas en el Bar Merlotte´s, y siempre que algún cliente me había dado mala propina, o algún tonto había intentado acariciar mis pompis, me había recordado a mí misma que pronto estaría con mi novio, teniendo sexo increíble y disfrutando de su atención.
Lo que no parecía estar sucediendo.
Inhalé despacio y constantemente, fulminé con la mirada el trasero de la espalda de Bill. Era un maravilloso trasero, con amplios hombros, y yo había planeado verlo desnudo con mis uñas clavadas en el. Había contado con esto fuertemente. Exhalé, despacio y constantemente.
-Estaré contigo en un minuto, -Bill dijo.
Sobre la pantalla, había una foto de un hombre distinguido con el pelo de plata y un oscuro bronceado. Él se miraba de la clase de Anthony Quinn-sexy, y parecía poderoso. Bajo el cuadro había un nombre, y bajo este algún texto. “Nacido 1756 en Sicilia”, comenzaba. Justo cuando abrí mi boca para comentar que los vampiros aparecían en fotografías a pesar de la leyenda, Bill se dio la vuelta y vio que leía.
Él presiono un botón y la pantalla se quedo en blanco.
Lo contemplé, no acabando de creerme completamente lo que había pasado.
-Sookie, -él dijo, con un amago de sonrisa.
Sus colmillos estaban retraídos, así que él no estaba totalmente del humor en el cual esperaba encontrarlo; él no pensaba en mí carnalmente. Como todos los vampiros, sus colmillos estaban completamente extendidos cuando él está de humor sexy y lujurioso, o la cosa del placer alimentación-y-matanza. (A veces, aquellas lujurias van mas allá del gruñido, y uno consigue colmilleros muertos. Pero este elemento de peligro es lo que atrae a la mayor parte de los colmilleros, si alguien me pregunta.) Aunque haya sido acusada de ser una de aquellas criaturas patéticas que dan vueltas alrededor de los vampiros con la esperanza de llamar su atención, hay sólo un vampiro con quién estoy implicada (al menos voluntariamente) y era el que estaba sentado directamente delante de mí. Él que guardaba secretos para mí. Él que no estaba muy contento de verme.
-Bill, -dije con frialdad. Algo Pasaba, con una P mayúscula. Y no se trataba del libido de Bill. (Libido acababa de estar en mi calendario como Palabra del Día.)
-Tú no viste lo que acabas de ver, -dijo él firmemente. Sus ojos castaño oscuro me observaron sin parpadear.
-Uh-huh, -dije, quizás sonando un poquito sarcástica. -¿En qué andas metido?
-Tengo una asignación secreta.
No sabía si reírme o irritarme. Así que solamente levanté mis cejas y esperé por más. Bill era el investigador para el Área 5, una división vampiro de Luisiana. Eric, la cabeza de Área 5, nunca antes había dado a Bill “una asignación” que fuera secreta para mí. De hecho, por lo general yo era una parte integral del equipo de investigación, a pesar de lo poco dispuesta que estuviera.
-Eric no debe saberlo. Ninguno de los vampiros del Área 5 puede saberlo.
Mi corazón se hundió.
-Así que…si no haces un trabajo para Eric, ¿para quién trabajas? -Me arrodillé porque mis pies estaban muy cansados, me apoyé contra las rodillas de Bill.
-La reina de Luisiana, -él dijo, casi en un susurro.
Como él pareció tan solemne, traté de mantener una cara seria, pero esto no funciono. Comencé a reírme con pequeñas risitas tontas que no podía suprimir.
-¿Hablas en serio? -Pregunté, sabiendo que debía serlo.
Bill era casi siempre la clase seria de compañero. Sepulté mi cara sobre su muslo así él no podría ver mi diversión. Alcé mis ojos para una rápida mirada a su cara. Él parecía bastante enojado.
-Soy tan serio como una tumba, -Bill dijo, y sonó tan acerado, que hice un esfuerzo mayúsculo para cambiar mi actitud.
-Bien, déjame entender esto, -dije en un tono razonable. Me recosté sobre el suelo, con las piernas cruzadas, y descansé mis manos sobre mis rodillas. -Tú trabajas para Eric, que es el jefe de Área 5, pero hay también una ¿reina? ¿De Luisiana?
Bill asintió.
-¿Entonces el estado esta dividido en Áreas? Y ella es el superior de Eric, ya que él controla un negocio en Shreveport, que está en el Área 5.
Otra vez una cabezada. Puse mi mano sobre mi cara y sacudí mi cabeza.
-De modo que, dónde vive ella, ¿Baton Rouge? -La capital del estado parecía el lugar obvio.
-No. Nueva Orleans, por supuesto.
Por supuesto. La central Vampiro. De acuerdo a lo periódicos, difícilmente uno podía lanzar una piedra en el Big Easy [2] sin darle a un no-muerto (aunque sólo un verdadero tonto haría algo así). El comercio turístico en Nueva Orleans era constante, pero no era exactamente la misma bola que antes, la bebida pesada y la alegre multitud eran quiénes había transformado a la ciudad en el corazón de la fiesta permanente. Los nuevos turistas eran quiénes querían frotar sus codos con los no-muertos; frecuentar un bar vampiro, visitar una prostituta vampiro, mirar un espectáculo de sexo vampiro.
Esto era lo que escuché; no había estado en Nueva Orleans desde que era pequeña. Mi madre y padre nos llevaron a mi hermano, Jason, y a mí. Debió haber sido antes de que tuviera siete años, porque fue cuando ellos murieron.
Mami y Papi murieron casi veinte años antes de que los vampiros salieran en la televisión por red para anunciar el hecho que ellos estaban realmente presentes entre nosotros, un anuncio que había seguido después del desarrollo japonés de la sangre sintética que realmente mantenía con vida un vampiro sin necesidad de beber de los humanos.
La comunidad vampiro de los Estados Unidos primero dejó a los clanes de vampiros japoneses venir por delante. Luego, simultáneamente, en la mayor parte de las naciones del mundo que tenía la televisión-¿y quién no tiene en estos días?-el anuncio fue hecho en cien lenguas diferentes, por cien apuestos vampiros cuidadosamente bien escogidos.
Esa noche, hacía dos y medio años, nosotros los humanos vivitos y coleando aprendimos que siempre habíamos vivido con monstruos entre nosotros.
“Pero-la carga de este anuncio fue-ahora nosotros podemos avanzar y unirnos con usted en armonía. Usted ya no corre ningún peligro con nosotros. No tenemos que beber de usted para vivir.”
Como se pueden imaginar, fue una noche de audiencias récord y alboroto tremendo. La reacción varió bruscamente, según la nación.
Los vampiros en las naciones predominantemente Islámicas se llevaron la peor parte. No quieran saber lo que le pasó al portavoz no-muerto en Siria, aunque quizás la vampiro femenina en Afganistán agonizara aún más horrible-y muriera-al final. (¿Qué pensaban ellos, seleccionando a una fémina para aquel trabajo en particular? Los vampiros podrían ser muy listos, pero a veces no parecían estar en contacto con el mundo actual.)
Algunas de las naciones-las más notables fueron Francia, Italia, y Alemania-rechazaron aceptar a los vampiros como ciudadanos iguales. Muchos-como Bosnia, Argentina, y la mayor parte de las naciones Africanas-negaron cualquier estado a los vampiros, y los declararon en abierta caza para cualquier ansioso cazador. Pero EUA, Inglaterra, México, Canadá, Japón, Suiza, y los países escandinavos adoptaron una actitud más tolerante.
Era difícil determinar si esta reacción fue la que los vampiros esperaban o no. Ya que aunque ellos luchaban todavía para mantener un hueco donde apoyar su pie en el asentamiento de la vida, los vampiros permanecían herméticos sobre su organización y gobierno, y lo que Bill me decía ahora era lo único que escuche alguna vez sobre el tema.
-Así que, la reina vampiro de Luisiana te tiene trabajando sobre un proyecto secreto, -dije, tratando de sonar neutra. -Y por esto es qué te la has vivido en tu computadora cada hora despierta durante las pasadas semanas.
-Sí, -Bill dijo.
Él recogió la botella de TrueBlood y la tapó aunque sólo dejó un par de gotas. Bajó por el pasillo hacía la pequeña cocina (cuando remodeló su vieja casa familiar, excluyó más o menos la cocina, ya que él no necesita una) y extrajo otra botella del refrigerador. Lo rastreaba por el sonido cuando abrió la botella y la metió en el microondas. El microondas se apagó, y él regreso de nuevo, agitando la botella con su pulgar en la tapa así no quedaría ningún punto caliente.
-De modo que, ¿cuánto tiempo más te tomara este proyecto? -Pregunté-razonablemente, pensé.
-Lo que necesite tomar, -dijo él, menos razonablemente. De hecho, Bill sonó francamente irritado.
Hmmm. ¿Podría nuestra luna de miel haber terminado? Desde luego me refiero a la luna de miel de modo figurado, ya que Bill es un vampiro y no podemos casarnos legalmente, prácticamente en ninguna parte del mundo.
No que él me lo haya preguntado.
-Bien, si estas tan absorto en tu proyecto, me mantendré alejada hasta que lo hayas terminado, -dije despacio.
-Podría ser lo mejor, -dijo Bill, después de una perceptible pausa, sentí como si me hubiera pegado en el estómago.
De un salto, me pare y me puse mi abrigo sobre mi uniforme de camarera para el tiempo frío-pantalones negros, blusa blanca de manga larga con Merlotte's bordado sobre el pecho izquierdo. Le volví la espalda a Bill para esconder mi cara.
Trataba de no llorar, ni siquiera lo volteé a ver aún después de que sentí la mano de Bill tocar mi hombro.
-Tengo que decirte algo, -dijo Bill en su fría voz suave.
Me paré a la mitad de ponerme mis guantes, pero no creí que podría voltear para verlo. Él podía decírmelo a la espalda.
-Si algo me pasa, -él siguió (y aquí fue donde debería haber comenzado a preocuparme), -debes mirar en el escondrijo que construí en tu casa. Mi computadora deberá estar allí, y algunos discos. No le digas a nadie. Si la computadora no está en el escondrijo, ven a mi casa para mirar si está aquí. Ven durante el día, y ven armada. Consigue la computadora y cualquier disco que puedas encontrar, y escóndelos en mi hoyito secreto, como tu lo llamas.
Asentí. Él podría ver esto por la espalda. No confié en mi voz.
-Si no estoy de vuelta, o si tu no oyes una palabra de mí, en digamos… ocho semanas-sí, ocho semanas, entonces dile a Eric todo lo que te dije hoy. Y pónte tú misma bajo su protección.
No hablé. Me sentía demasiado miserable para estar furiosa, no pasaría mucho antes de que comenzara a derretirme. Reconocí sus palabras con un tirón de mi cabeza. Pude sentir mi cola de caballo moviéndose contra mi cuello.
-Voy a… Seattle pronto, -dijo Bill. Podía sentir que sus frescos labios tocaban el lugar que mi cola de caballo había rozado.
Él mentía.
-Hablaremos cuando vuelva.
De alguna manera, esto no sonó una perspectiva fascinante. De alguna manera, sonó siniestro.
Otra vez incliné mi cabeza, no arriesgándome a un discurso porque en ese momento lloraba realmente. Prefería haber muerto a dejarle ver mis lágrimas.
Y así fue como lo abandoné, aquella fría noche de diciembre.
***
Al día siguiente, camino a mi trabajo, tomé un desvío imprudente. Estaba en aquella clase de humor donde todo me parecía horrible. A pesar de una noche casi insomne, algo dentro de mí me dijo que probablemente podría empeorar mi humor un poco más, si condujera a lo largo del camino de Magnolia Creek: así que, efectivamente, eso es lo que hice. La vieja casa grande de los Bellefleur, Belle Rive, era una colmena de actividad, hasta durante un día frío y feo. Había camionetas de la compañía de fumigación, una firma de diseño de cocinas, y un contratista aparcado en la entrada de la cocina en la casa prebélica. La vida solo tarareaba para Caroline Holliday Bellefleur, la antigua señora que había gobernado a Belle Rive y Bon Temps (al menos en parte) durante los pasados ochenta años. Me pregunté como Portia, una abogado, y Andy, un detective, disfrutaban de todos los cambios en Belle Rive. Ellos habían vivido con su abuela (como yo viví con la mía) toda sus vidas adultas. Por lo menos, ellos podían disfrutar de su placer en la renovación de la casa grande.
Mi propia abuela fue asesinada hacía unos meses.
Los Bellefleurs no tenían nada que ver con ello, desde luego. Y no existía ninguna razón para que Portia y Andy compartieran el placer de esta nueva afluencia conmigo. De hecho, ambos me evitaban como una plaga. Ellos estaban en deuda conmigo, y no podían asimilarlo. Solamente que ellos no sabían exactamente cuánto me debían.
Los Bellefleurs recibieron una enigmática herencia de un pariente que “murió misteriosamente en algún sitio de Europa”, escuche decirle a Andy a un compañero poli mientras bebían en Merlotte´s. Cuando Maxine Fortenberry vino a dejar algunos boletos de rifa para las Señoras de la Iglesia Bautista del Jardín de Getsemaní, me dijo que la señorita Caroline peinó cada registro de la familia que pudo desenterrar para identificar a su benefactor, y que todavía estaba desconcertada con la buena fortuna de la familia.
Sin embargo, ella no pareció tener ningún empacho sobre gastarse el dinero.
Incluso Terry Bellefleur, el primo de Portia y de Andy, tenía una nueva camioneta estacionada en su sucio jardín. Me agrada Terry, un veterano de Vietnam que tiene cicatrices y que no tiene muchos amigos, no le envidié un juego nuevo de ruedas.
Pero pensé en el carburador que me había visto obligada a sustituir en mi viejo auto. Pagué por el trabajo completo, aunque pensé preguntarle a Jim Downey si podía pagar solamente la mitad y conseguir pagar el resto durante los próximos dos meses. Pero Jim tenía esposa y tres niños. Justo esta mañana estuve pensando preguntarle a mi jefe, Sam Merlotte, si podría añadirme mas horas en el bar. Sobre todo con Bill visitando “Seattle”, podría vivírmela más o menos en Merlotte´s, si Sam podía usarme. Sin duda alguna, me hacía falta el dinero.
Intenté realmente duro no sentir amargura cuando me fui de Belle Rive. Fui al Sur de la ciudad y luego di vuelta a la izquierda en la calle Hummingbird rumbo a Merlotte´s. Traté de fingir que todo estaría bien; que cuando él volviera de Seattle-o dondequiera que estuviera-Bill sería un amante apasionado otra vez, y Bill me atesoraría y me haría sentir valiosa una vez más. Tendría otra vez aquel sentimiento de pertenecer a alguien, en vez de estar sola.
Por supuesto, tenía a mi hermano, Jason. Aunque por lo que a intimidad y compañerismo se refieren, tuve que confesarme que él apenas contaba.
Pero el dolor mas intenso, era el dolor inequívoco del rechazo. Conocía el sentimiento tan bien, era como una segunda piel. Odiaba retroceder lentamente dentro de él.
Capítulo 2
Probé la manija para asegurarme que había cerrado, la estaba girando cuando con la esquina de mi ojo vislumbre una figura que estaba sentada en la banca sobre mi porche delantero. Sofoqué un chillido cuando él se levantó. Entonces lo reconocí.
Yo llevaba puesto un grueso abrigo, pero él estaba en camiseta; realmente esto no me sorprendió.
-Elv… -Ay, casi lo llame por su nombre. -Bubba, ¿Cómo estás?
Trataba de sonar casual, despreocupada. Fallé, pero Bubba no tenía la herramienta más aguda en la azotea. Los vampiros admitían que trayéndolo sobre[3]cuando él estuvo tan cerca de la muerte y tan saturado con drogas, fue un grave error. La noche que él había sido traído sobre, uno de los asistentes de depósito de cadáveres resultó ser uno de los no-muertos, y también resultó ser un enorme fanático del cantante. Con un complicado complot a toda prisa construido y que implicó un asesinato o dos, el asistente lo había “traído sobre”-hizo a Bubba un vampiro. Pero, como saben, el proceso no sale siempre al derecho. Desde entonces, él era pasado alrededor como un idiota de la realeza. Luisiana estuvo recibiéndolo durante el año pasado.
-Señorita Sookie, ¿cómo va? -Su acento era todavía grueso y su cara todavía hermosa, en un estilo mofletudo por el camino recorrido. El pelo oscuro caía sobre su frente en un estilo cuidadosamente descuidado. Las pesadas patillas estaban cepilladas. Algún fanático no-muerto lo arregló para la noche.
-Estoy muy bien, gracias, -dije cortésmente, sonriendo abiertamente de oreja a oreja. Hago esto cuando estoy nerviosa. -Me preparaba para irme a trabajar, -añadí, preguntándome si sería posible entrar en mi auto y sencillamente escabullirme. Pensé que no.
-Bueno, señorita Sookie, he sido enviado pa´cuidarla esta noche.
-¿Tu tienes qué? ¿Por quién?
-Por Eric, -dijo orgullosamente. -Era el único en la oficina cuando él recibió una llamada telefónica. Me dijo que debía mover mi culo aquí.
-¿Cuál es el peligro? -Miré detenidamente alrededor del claro en los bosques entre los cuales mi vieja casa estaba edificada. Las noticias de Bubba me pusieron muy nerviosa.
-No sé, señorita Sookie. Eric, me dijo de mirarle esta noche hasta que uno de Fangtasia se ponga aquí-Eric, o Chow, o señorita Pam, o hasta Clancy. Tonces si usted va pa´trabajar, voy con usted. Y tengo cuidado de que nadie la moleste.
No había ninguna razón para continuar con el interrogatorio a Bubba, poniendo tensión sobre aquel frágil cerebro. Él solo se disgustaría, y yo no quería ver que pasaba. Por eso tuve que acordarme de no llamarle por su antiguo nombre… aunque de tanto en tanto cuando él cantaba fuera un momento propicio para recordar.
-No puedes venir al bar, -dije sin rodeos.
Sería un desastre. La clientela de Merlotte´s está acostumbrada a vampiros ocasionales, seguro, pero no podía advertir a cada uno de ellos no decir su nombre. Eric debe haber estado desesperado; la comunidad vampiro guardaba errores como Bubba fuera de la vista, aunque de vez en cuando a él se le metiera en su cabeza vagar solo. Entonces uno conseguía «una vista», y los tabloides se volvían locos.
-¿Tal vez podrías sentarte en mi auto mientras trabajo? -El frío no afectaría a Bubba.
-Debo estar más cercano que eso, -él dijo, y sonó inamovible.
-Vale, entonces, ¿que hay de la oficina de mi jefe? Esta directo en el bar, y puedes oírme si grito.
Bubba todavía no parecía satisfecho, pero finalmente asintió. Solté mi aliento, no me di cuenta que lo estaba reteniendo. Lo más fácil para mí sería llamar que estaba enferma y quedarme en casa. Sin embargo, no sólo Sam esperaba que apareciera, sino que también necesitaba el pago.
El auto se sintió un poco pequeño con Bubba en el asiento delantero al lado mío. Cuando terminabamos de botar por los bosques a lo largo de mi propiedad, rumbo a la calle regional, hice una nota mental de llamar a la compañía de grava para venir y verter un poco más de grava sobre mi larga y serpenteante calzada. Después, también mentalmente, anulé aquella orden. Ahora mismo no podía permitirme esto. Tendría que esperar hasta la primavera. O el verano.
Dimos vuelta a la derecha para conducir las pocas millas a Merlotte´s, el bar donde trabajo como camarera cuando no hago el Gran Montón de Material Secreto para los Vampiros. Se me ocurrió cuando estábamos a la mitad de camino que no vi a Bubba conduciendo a mi casa. ¿Tal vez él habría volado? Algunos vampiros podían. Aunque Bubba fuera el vampiro menos talentoso que había encontrado, tal vez él tenía aptitud para ello.
Hace un año se lo habría preguntado, pero ahora no. Ya estoy acostumbrada a colgarme alrededor de los no-muertos. No que sea una vampira. Soy una telépata. Mi vida era el infierno sobre ruedas hasta que encontré a un hombre cuya mente no pude leer. Desafortunadamente, no podía leer su mente porque él estaba muerto. Pero Bill y yo habíamos estado juntos durante varios meses ahora, y hasta hace poco, nuestra relación había sido realmente buena. Y como los otros vampiros me necesitan, estoy a salvo-hasta cierto punto. Mayoritariamente. Algunas veces.
Merlotte´s no pareció demasiado concurrido, juzgando por el estacionamiento medio vacío. Sam compró el bar hacía aproximadamente cinco años. Este había estado fallando-tal vez porque estaba enclavado dentro del bosque, que surgía alrededor del estacionamiento. O tal vez el antiguo dueño simplemente no encontró la combinación correcta entre bebidas, alimentos, y servicio.
De alguna manera, después de que él renombró el lugar y lo renovó, Sam había girado los estados de cuentas. Él lo hizo un lugar agradable para venir. Pero esta noche era una noche de lunes, no una noche de gran tomadera en el cuello de nuestros bosques, que resultaban estar en Luisiana del Norte. Rodeé alrededor del estacionamiento para los empleados, que estaba delante del remolque de Sam Merlotte, que él mismo había colocado detrás y perpendicularmente a la entrada de empleados del bar. Brinqué fuera del asiento del conductor, troté por la despensa, y eché una ojeada por el cristal de la puerta para comprobar el corto pasillo con sus puertas a la oficina de Sam y los servicios. Vacío. Bien. Y cuando llamé a la puerta de Sam, él estaba detrás de su escritorio, lo que era aún mejor.
Sam no es un hombre grande, pero es muy fuerte. Él es un rubicundo rubio con ojos azules, y es tal vez tres años más viejo que mis veintiséis. He trabajado para él por muchos años. Soy aficionada a Sam, y él es la estrella en algunas de mis fantasías favoritas; pero desde que salió con una hermosa criatura homicida, hace un par de meses, mi entusiasmo se ha descolorado algo. Sin embargo, él es mi amigo.
-Discúlpame, Sam, -dije, sonriendo como un idiota.
-¿Qué pasa? -Él cerró el catálogo de provisiones para el bar que había estado estudiando.
-Tengo que esconder alguien aquí un ratito.
Sam no pareció totalmente feliz.
-¿Quién? ¿Ha regresado Bill?
-No, él todavía esta de viaje. -Mi sonrisa se hizo aún más brillante. -Pero, um, ellos enviaron a otro vampiro como una especie de… ¿cuidador? Y tengo que guardarlo aquí mientras trabajo, si estás de acuerdo.
-¿Por qué tienes que ser cuidada? ¿Y por qué no puede simplemente sentarse fuera en la barra? Tenemos mucho TrueBlood.
El TrueBlood resultaba definitivamente la marca líder de entre los competidores de sangre sintética. «Nada mejor que la bebida de vida», fue lo primero que había leído, y los vampiros había respondido a la campaña del anuncio.
Oí diminutos sonidos detrás de mí, y suspiré. Bubba se había puesto impaciente.
-Ahora, te pido… -comencé, tratando de darle vueltas, pero sin proseguir. Una mano aferró mi hombro y me hizo girar. Afronte a un hombre que nunca antes había visto. Él amartillaba su puño para perforarme la cabeza.
A pesar de la sangre de vampiro que ingerí hace unos meses (para salvar mi vida, déjenme decir) se había evaporado del todo-ahora apenas brillo en la oscuridad-todavía soy más rápida que la mayoría de las personas. Me arrojé y rodé contra las piernas del hombre, lo que hizo que se tambaleara, e hizo más fácil que Bubba pudiera agarrarlo y desgarrarle su garganta.
Me levante y Sam se precipitó fuera de su oficina. Nos contemplamos el uno al otro, a Bubba, y el muerto.
Bien, ahora estábamos realmente en un buen lío.
-Lo zurcí retebien, -dijo Bubba orgullosamente. -La salvé, señorita Sookie.
Tener al Hombre de Memphis apareciéndose en su bar, darse cuenta que él se había convertido en un vampiro, y verlo matar a un atacante-pues, era mucho para absorber en un par de minutos, incluso para Sam, aunque él mismo fuera más de lo que aparentaba.
-Bien, entonces usted lo tiene, -dijo Sam a Bubba con una voz tranquila. -¿Sabe usted quién era?
Nunca había visto uno hombre muerto-fuera de la vista en los entierros-hasta que comencé a salir con Bill (quién desde luego está técnicamente muerto, pero me refiero a la gente humana muerta).
Parece que ahora me los encuentro muy a menudo. Afortunadamente no soy remilgosa.
Este muerto en particular andaría en sus años cuarenta, y cada año de estos fue duro. Tenía tatuajes por todas partes en los brazos, la mayoría de la mala cálidad que uno encuentra en la cárcel, y le faltaban algunos dientes importantes. Iba vestido en lo qué pensé sería la ropa de un motorista: jeans grasientos, un chaleco de cuero con una obscena camiseta debajo.
-¿Qué hay en el dorso del chaleco? -Sam preguntó, como si esto fuera importante para él.
Bubba amablemente se agachó e hizo rodar al hombre a su lado. La manera en que la mano del hombre se cayó al final de su brazo me hizo sentir bastante delicada. Pero me obligué a mirar el chaleco. La espalda estaba decorada con la insignia delantera de un lobo. El lobo estaba de perfil, y parecía aullar. La cabeza se destacaba contra un círculo blanco, que decidí, se suponía sería la luna. Sam pareció más preocupado cuando vio la insignia.
-Hombre-lobo, -él dijo sucintamente. Esto explicó mucho.
El tiempo era demasiado frío para que un hombre llevara puesto sólo un chaleco, si él no era un vampiro. Los lobatos [4] tienen una temperatura un poco más alta que la gente normal, pero la mayoría de ellos procuran llevar puestos abrigos en el tiempo de frío, ya que la sociedad de los lobatos es todavía secreta a la raza humana (excepto para mí afortunada, afortunadísima persona, y probablemente unos cientos más). Me pregunté si el muerto habría dejado su abrigo colgado sobre los ganchos de la entrada principal en el bar; en cuyo caso, él había estado de vuelta aquí escondiéndose en los servicios de caballeros, esperándome a que apareciera. O tal vez él había atravesado la puerta de atrás directamente después de mí. Tal vez su abrigo estaba en su vehículo.
-¿Tú lo viste entrar? -Pregunté a Bubba. Vale, quizás estaba solamente un poco mareada.
-Sí, señora. Debe haber´tado esperándola en el estacionamiento grande. Él condujo a la vuelta de la esquina, salió de su auto, y entró por la parte trasera solamente un minuto después de que usted lo hizo. Usted entró pitando por la puerta, y luego él entró. Y yo lo seguí. Fue suertuda que me tenía con usted.
-Gracias, Bubba. Tienes razón; tengo suerte de tenerte. Me pregunto lo que planeaba hacer conmigo.
Me sentí con frío por todas partes cuando pensé en ello. ¿Había estado buscando solamente a una mujer solitaria para atrapar, o expresamente planeó agarrarme? Entonces me di cuenta que era un pensamiento tonto. Si Eric estuvo lo bastante alarmado como para enviarme a un guardaespaldas, debía saber que existía una amenaza, que más o menos excluía ser seleccionada al azar. Sin ningún comentario, Bubba se dirigió a zancadas hacia fuera de la puerta de atrás. Él volvió en un minuto.
-Él tenía algo de cinta aislante y mordazas sobre el asiento delantero de su auto, -dijo Bubba. -Donde estaba su abrigo. Lo traje para ponerlo bajo su cabeza.
Él se dobló para arreglar la chaqueta de camuflaje pesadamente acolchada alrededor de la cara y cuello del muerto. Envolverle la cabeza era una idea realmente buena, ya que el hombre estaba escurriendo un poquito. Cuando Bubba hubo terminado su tarea, se lamió los dedos.
Sam puso un brazo alrededor mío porque había comenzado a temblar.
-Esto es extraño, sin embargo… -decía yo, cuando la puerta al pasillo del bar comenzó a abrirse. Vislumbré la cara de Kevin Pryor. Kevin es un tipo dulce, pero es poli, y esto es la última cosa que necesitábamos.
-Lamentable, el servicio de atrás esta tapado y se esta saliendo todo, -dije, y empujé la puerta para cerrarla sobre su estrecha y sorprendida cara. -Oigan, chicos, ¿por qué no sostengo esta puerta cerrada mientras ustedes dos toman a este tipo y lo ponen en su auto? Después podemos pensar qué hacer con él.
El suelo del pasillo necesitaría trapearse. No me había dado cuenta de esto. Me cerciore que la puerta del pasillo estuviera realmente cerrada.
Sam estaba dudoso.
-Sookie, ¿no piensas que deberíamos llamar a la policía? -él preguntó.
Hace un año habría estado en el teléfono para marcar 911[5] antes de que el cadáver siquiera golpeara el suelo. Pero aquel año había sido una curva de largo aprendizaje. Mire hacía Sam e incliné mi cabeza hacia Bubba.
-¿Cómo piensas que él manejaría la cárcel? -Murmuré. Bubba tarareaba la línea de apertura “Navidad Azul”.-Nuestras manos son apenas lo bastante fuertes para haber hecho esto, -indiqué.
Después de un momento de indecisión, Sam asintió, resignado a lo inevitable.
-Bien, Bubba, entre usted y yo movemos a este tipo que se acaba de cargar al auto que esta fuera.
Corrí para conseguir una fregona mientras los hombres-bueno, el vampiro y el adaptoformas-llevaban al Muchacho Motorista hacia fuera por la puerta de atrás. Cuando Sam y Bubba volvieron, trayendo una ráfaga de aire frío en su estela, ya había fregado el pasillo y el cuarto de baño de los hombres (como si realmente allí hubiera existido un desbordamiento). Rocié algo de ambientador en el pasillo para mejorar el entorno.
Fue una cosa buena que hubiéramos actuado tan rápidamente, porque tan pronto como quité la llave, Kevin empujó para abrir la puerta.
-¿Todo bien por acá atrás? -él preguntó.
Kevin es un fondista, por lo que no tiene casi nada de grasa en su cuerpo, y no es un tipo grande. Él se ve tan amable como una oveja, y todavía vive con su mamá. Pero no por ello, él es el tonto de nadie. En el pasado, siempre que había escuchado sus pensamientos, eran acerca del trabajo policial, o la negra amazona que era su compañera, Kenya Jones. Ahora mismo, sus pensamientos estaban plagados de sospechas.
-Creo que conseguimos arreglarlo, -dijo Sam. -Fíjate con tus pies, acabamos de trapear. ¡No te vayas a resbalar y me demandes! -Él sonrió a Kevin.
-¿Hay alguien en tu oficina? -Kevin preguntó, indicando con su cabeza hacia la puerta cerrada.
-Uno de los amigos de Sookie, -dijo Sam.
-Mejor me voy de aquí y sirvo algunas bebidas, -dije muy alegre, sonriéndoles radiantemente.
Alcancé mi cola de caballo para controlar que estuviera lisa, y luego hice a mis Reeboks moverse. El bar estaba casi vacío, y la mujer que yo sustituiría (Charlsie Tooten) pareció aliviada.
-Es una noche lenta, -refunfuñó. -Los tipos en la mesa seis han estado calentando aquella jarra durante una hora, y Jane Bodehouse ha tratado de levantarse a cada hombre que ha entrado. Kevin ha estado escribiendo algo en un cuaderno toda la noche.
Eché un vistazo al único cliente femenino del bar, tratando de guardar la aversión de mi cara. Cada establecimiento de bebida tiene su parte de clientes alcohólicos, la gente que abre y cierra el lugar. Jane Bodehouse era una nuestra. Normalmente, Jane bebía sola en su casa, pero cada dos semanas y algo, se le había metido en su cabeza entrar y recoger a un hombre. El proceso de levantamiento se ponía cada vez más incierto, ya que no sólo Jane estaba en sus cincuentas, si no que la carencia de sueño regular y nutrición apropiada se había cobrado peaje durante los pasados diez años.
Esta noche en particular, noté que cuando Jane se había aplicado su maquillaje, había omitido delinearse las cejas y los labios. El resultado era bastante deprimente. Tendríamos que llamar a su hijo para que viniera a recogerla. Con un solo vistazo sabía que ella no podría conducir.
Cabeceé a Charlsie, y gesticulé en dirección de Arlene, la otra camarera, que estaba sentada en una mesa con su última conquista, Buck Foley. Las cosas estaban realmente muertas si Arlene estaba sentada. Arlene agitó hacía atrás su racimo de rizos rojos.
-¿Como están los niños? -Llamé, comenzando a guardar en su sitio algunos vasos que Charlsie había sacado del lava-vajillas. Sentí que actuaba de verdad normal hasta que note que mis manos temblaban violentamente.
-Les va muy bien. Coby hizo el discurso de honor y Lisa ganó una abeja por que sabe escribir correctamente, -dijo ella con una ancha sonrisa.
Cualquiera que creyera que una mujer casada cuatro veces no podía ser una buena madre, yo le mostraría a Arlene. Dediqué a Buck una rápida sonrisa, también, en honor de Arlene. Buck es como la clase promedio de citas de Arlene, o sea, que no son bastante buenos para ella.
-¡Eso es grandioso! Ellos son niños listos, como su madre, -dije.
-¡Eh! ¿te encontró aquel tipo?
-¿Cuál tipo? -Aunque tenía el presentimiento que ya lo sabía.
-Aquel tipo de la motocicleta. Él me preguntó si yo era la camarera que salía con Bill Compton, ya que traía una entrega para aquella camarera.
-¿No sabía mi nombre?
-No, y es muy extraño, ¿verdad? ¡Ah, Dios mío, Sookie!, si él no sabía tu nombre, ¿cómo podía haber venido departe de Bill?
Probablemente lo listo de Coby le venía a través de su papi, ya que le tomó a Arlene tanto tiempo entender eso. Amaba a Arlene por su carácter, no por su cerebro.
-De modo, ¿qué le dijiste? -Pregunté, sonriéndole radiante. Era mi sonrisa nerviosa, no la verdadera. No siempre sé cuando la llevo puesta.
-Le dije que me gustaban mis hombres calientes y respirando, -ella dijo, y se rió. Arlene era de vez en cuando falta de tacto, también. Me recordé a mi misma reconsiderar por qué era una buena amiga. -No, no dije realmente esto. Solamente le dije que eras la rubia que entraba a las nueve.
Gracias, Arlene. Entonces mi atacante supo como era yo porque mi mejor amiga me había identificado; él no sabía mi nombre o donde vivía, solo que trabajaba en Merlotte´s y salía con Bill Compton. Esto me tranquilizaba un poco, pero no mucho.
Pasadas tres horas. Salió Sam, me dijo en un susurro que le había dado a Bubba una revista para leer y una botella de Apoyo de Vida para beber a sorbos, y comenzó a pasearse dentro de la barra.
-¿Cómo es que aquel tipo conducía un auto en vez de una motocicleta? -Sam murmuro en voz baja. -¿Cómo es que su auto tiene una matrícula de Misisipí?
Él se calló cuando Kevin pasó para comprobar si íbamos a llamar al hijo de Jane, Marvin. Sam telefoneó mientras Kevin estuvo de pie allí, así podría sacarle la promesa al hijo de estar en Merlotte´s en veinte minutos. Kevin se marchó después de esto, con su cuaderno metido bajo el brazo. Me pregunté si Kevin se convertiría en un poeta, o estaría escribiendo su currículum vitae.
Los cuatro hombres que habían estado tratando de ignorar a Jane y bebiendo a sorbos su jarra a la velocidad de una tortuga terminaron su cerveza y se fueron, cada uno dejo caer un dólar sobre la mesa como propina. Que generosos. Con clientes como estos nunca conseguiría reparar mi calzada con grava nueva.
Con sólo media hora para esperar, Arlene hizo sus tareas de cierre y me preguntó si ella podría marcharse con Buck. Sus niños estaban todavía con su mamá, así ella y Buck podrían tener el remolque para ellos un ratito.
-¿Bill viene a casa pronto? -ella me preguntó cuando se puso su abrigo. Buck hablaba de fútbol con Sam.
Me encogí de hombros. Él me llamó tres noches antes, diciéndome que había llegado a «Seattle» bien y se encontraba con-quienquiera que se suponía, se iba a encontrar. El identificador de llamadas había mostrado “No disponible”. Sentí que lo mismo podía decirse sobre la situación entera. Parecía que era un signo malo.
-Tú…¿lo estas perdiendo? -Su voz era astuta.
-¿Tú qué crees? -Pregunté, con una sonrisita triste. -Vete a casa, pásatela bien.
-Buck está muy bien para eso, -dijo ella, casi mirándolo con lascivia.
-Que suerte.
Así que Jane Bodehouse era el único cliente en Merlotte´s cuando Pam llegó. Jane apenas contaba; ella estaba ahogada de borracha.
Pam es una vampira, y la codueño de Fangtasia, un bar turístico en Shreveport. Ella es el segundo de Eric en jerarquía. Pam es rubia, probablemente doscientos años o más, y realmente tiene sentido del humor-no una marca distintiva de los vampiros. Si un vampiro puede ser un amigo, ella era lo mas cercana a esto.
Ella se sentó sobre un taburete de la barra y me encaro sobre la brillante extensión de madera.
Esto era siniestro. Nunca había visto a Pam en ninguna parte, fuera de Fangtasia.
-¿Qué pasa? -Dije a manera de saludo. Le sonreí, pero estaba tensa por todas partes.
-¿Dónde está Bubba? -ella preguntó, su voz precisa. Ella miro sobre mi hombro. -Eric estará enojado si Bubba no está aquí. -Por primera vez, noté que Pam tenía un acento débil, pero no pude identificarlo. Tal vez eran solamente las inflexiones del inglés antiguo.
-Bubba esta en la parte trasera, en la oficina de Sam, -dije, concentrándome en su cara.
Deseé que el hacha se elevara y cayera. Sam vino para estar de pie a mi lado, y los presente. Pam le dio un saludo más significativo del que ella le habría dado a un simple humano (a quién ella podía no haber reconocido en absoluto), ya que Sam era un adaptoformas. Esperé ver un parpadeo de interés, ya que Pam es omnívora en cuanto al sexo, y Sam es un atractivo ser sobrenatural. Aunque los vampiros no sean reconocidos por su expresiones faciales, decidí que Pam era definitivamente infeliz.
-¿Cuál es el problema? -Pregunté, después de un momento de silencio.
Pam me miró. Ambas somos rubias, ambas de ojos azules, pero es como decir que dos animales son ambos perros. Esto es por lo que a cualquier parecido se refiere. El pelo de Pam es lacio y pálido, y sus ojos son muy oscuros. Ahora se encontraban inquietos. Ella vio a Sam, fijamente de manera significativa. Sin una palabra, él se acercó para ayudar al hijo de Jane, un acabado hombre que se mira en sus años treinta, a subir a Jane al auto.
-Bill está extraviado, -dijo Pam, disparando la conversación.
-No, él no lo está. Él está en Seattle, -dije. Voluntariamente obtusa. Había aprendido esta palabra en mi calendario de Palabra del Día justo esta mañana, y heme aquí… conseguí usarla.
-Él te mintió.
Absorbí esto, hice un gesto de “continua” con mi mano.
-Él ha estado en Misisipí todo este tiempo. Él condujo hacía Jackson.
Mire fijamente la madera de la barra pesadamente cubierta por poliuretano. Había calculado más o menos que Bill me había mentido, pero oírlo en voz alta, francamente, dolía muchísimo. Él me mintió, y estaba perdido.
-Así…¿qué van a hacer para encontrarlo? -Pregunté, y odié lo inestable que sonaba mi voz.
-Estamos viendo. Hacemos todo lo que podemos, -dijo Pam. -Quienquiera que lo atrapó también puede estar tras de ti. Por eso Eric envió a Bubba.
No podía contestar. Luchaba por controlarme.
Sam había vuelto, supongo cuando él vio lo trastornada que estaba. Aproximadamente a una pulgada detrás de mi espalda, él dijo:
-Alguien trató de apresar a Sookie camino al trabajo esta noche. Bubba la salvó. El cuerpo esta fuera detrás del bar. Íbamos a moverlo después de que hubiéramos cerrado.
-Tan rápido, -dijo Pam.
Ella sonó aún más infeliz. Le echó un vistazo a Sam, y le dio una corta cabeceada. Él era un ser sobrenatural del mismo tipo, aunque fuera definitivamente segundo mejor por no ser otro vampiro.
-Debería revisar el auto y ver lo que puedo encontrar.
A Pam le tomó bastante concedernos que elimináramos el cuerpo nosotros mismos en lugar de hacer algo menos oficial. Los vampiros tienen problema para aceptar que las autoridades apliquen la ley y con su obligación de ciudadanos de notificar a la policía cuando el problema se presenta. Aunque los vampiros no pueden pertenecer a las fuerzas armadas, ellos pueden hacerse polis, y realmente disfrutan un montón el trabajo. Pero los vampiros polis son a menudo parias para los otros no-muertos.
Prefiero pensar con mucho en los vampiros polis que en lo que Pam acababa de decirme.
-¿Cuándo desapareció Bill? -Sam preguntó. Su voz logró quedarse en un mismo nivel, pero había cólera bajo la superficie.
-Estaba previsto que él llegara la noche pasada, -dijo Pam. Levante bruscamente mi cabeza. Yo no sabía esto. ¿Por qué no me había dicho Bill que él venía a casa? -Él iba a conducir a Bon Temps, nos telefoneó a Fangtasia para avisarnos que regresaba a casa, y se encontraría con nosotros esta noche. -Esto era un balbuceo prácticamente, para un vampiro.
Pam presiono unos números sobre su teléfono celular; pude oír unos pocos pitidos. Escuché su subsecuente conversación con Eric. Después de transmitir los hechos, Pam le dijo:
-Está sentada aquí. No habla.
Ella puso el teléfono en mi mano. Automáticamente lo presioné en mi oído.
-Sookie, ¿me oyes? -Sabía que Eric podría oír el sonido de mi pelo que se movía sobre el receptor, el susurro de mi aliento.
-Puedo decir que eres tú, -dijo él. -Escucha y obedéceme. Por el momento, no digas a nadie lo que ha pasado. Actúa tal cual como si todo fuera normal. Vive tu vida como siempre lo haces. Uno de nosotros te mirará todo el tiempo, si te das cuenta o no. Incluso en el día, encontraremos algún modo de vigilarte. Vengaremos a Bill, y te protegeremos.
¿Vengar a Bill? Entonces Eric estaba seguro que Bill estaba muerto. Bueno, inexistente.
-No sabía que él, como se suponía, vendría anoche, -dije, como si este fuera el hecho más importante que había aprendido.
-Él traía… malas noticias que iba a decirte, -dijo Pam de repente.
Eric la oyó por casualidad e hizo un sonido disgustado.
-¡Dile a Pam que se callé!, -dijo él, sonando abiertamente furioso por primera vez desde que yo lo conocía. No vi ninguna necesidad de transmitir el mensaje, porque calculé que Pam también fue capaz de oírlo. La mayor parte de los vampiros tienen la audición muy aguda.
-Entonces tu sabías estas noticias malas y tu sabía que él volvía, -dije.
No sólo Bill faltaba y posiblemente estaba muerto-permanentemente-si no que él me mintió sobre donde iba y por qué, y había guardado algún secreto importante de mí, algo que me concernía. El dolor fue tan profundo, que ni siquiera podía sentir la herida. Pero sabía que la sentiría más tarde.
Devolví el teléfono a Pam, di media vuelta y abandone el bar.
Vacilé cuando entraba en mi auto. Debería quedarme en Merlotte´s para ayudar a eliminar el cuerpo. Sam no era un vampiro, y él estaba implicado en esto por mí. Esto no era justo para él.
Pero después de una vacilación de un segundo, me fui. Bubba podría ayudarle, y Pam-Pam, quién sabía todo, mientras yo sabía nada.
En efecto, vislumbré una cara blanca en los bosques cuando llegué a casa. Casi llamé al vampiro observador, para invitarlo a sentarse al menos sobre el sofá durante la noche. Pero luego pensé; No. Tenía que estar sola por mí misma. Ninguno de estos caminos eran los míos. No tenía ninguna acción que tomar. Tuve que permanecer pasiva e ignorante a pesar de que no fuera lo que deseara.
Estaba tan herida y tan enojada como era posible para mí estarlo. O, al menos, pensé que lo estaba. Las revelaciones subsecuentes me demostrarían que me equivocaba.
Pisé muy fuerte dentro de mi casa y cerré la puerta detrás de mí. Una cerradura no detendría a un vampiro, desde luego, pero la carencia de una invitación para entrar podría. Definitivamente el vampiro no dejaría pasar a ningún humano, al menos hasta el alba.
Me puse mi viejo camisón de nilón azul con manga larga, y me senté en mi mesa de la cocina mirando fijamente sin expresión mis manos. Me pregunté donde estaría Bill ahora. Seguiría andando sobre la tierra; ¿o sería un montón de cenizas en algún hoyo para barbacoa? Pensé en su grueso cabello marrón oscuro, la sensación de ellos bajo mis dedos. Consideré el secreto de su planeado retorno. Después de lo que me pareció un minuto o dos, eché un vistazo al reloj sobre la estufa. Había estado sentada en la mesa, mirando fijamente en el espacio, durante más de una hora.
Debería acostarme. Era tarde, y hacía frío, dormir sería la cosa normal para hacer. Pero nada en mi futuro sería normal otra vez. ¡Oh, esperen! Si Bill se había ido, mi futuro sería normal.
Ningún Bill. De este modo, ningún vampiro: ningún Eric, Pam, o Bubba.
Ninguna criatura sobrenatural: ningún lobato, adaptoforma, o ménade. Tampoco me los habría encontrado, si no hubiera sido por mi relación con Bill. Si él nunca hubiera entrado en Merlotte´s, yo seguiría sirviendo mesas, escuchando los pensamientos no deseados de aquellos a mí alrededor: las pequeñas mezquindades, la lujuria, la desilusión, las esperanzas, y las fantasías. La loca Sookie, la telépata pueblerina de Bon Temps, Luisiana.
Había sido virgen hasta Bill. Ahora el único sexo que podría tener posiblemente sería con JB du Rone, quién era tan hermoso que uno casi podría pasar por alto el hecho que era tonto como un tocón. Él tenía tan pocos pensamientos que su compañía era casi cómoda para mí. Podría hasta tocar a JB sin recibir imágenes desagradables. Pero, Bill… descubrí que mi mano derecha estaba apretada en un puño, y lo aporreé sobre la mesa con tanta fuerza, que esto dolió muchísimo.
Bill me había dicho que si algo le pasaba, debía “ir con Eric”. Nunca estuve segura si él se refería que Eric procuraría que yo recibiera alguna herencia financiera de Bill, o que Eric me protegería de otros vampiros, o que yo sería de Eric la… bien, que tendría que sostener la misma relación con Eric que tenía con Bill. Le había dicho a Bill que no iba a ser pasada alrededor como si fuera un pastel de frutos Navideño.
Pero Eric había venido a mí, así que ni siquiera tenía la posibilidad de decidir si seguir o no el último consejo de Bill.
Perdí el rastro de mi pensamiento. De todos modos no había sido claro.
Ah, Bill, ¿dónde estás? Sepulté mi cara en mis manos.
Mi cabeza palpitaba por el agotamiento, y hasta mi acogedora cocina estaba fría a esta hora. Me pare para ir acostarme, aunque sabía que no dormiría. Necesitaba a Bill con tal intensidad que mis tripas se apretaron y me hizo preguntarme si sería de alguna manera anormal, si habría sido hechizada con algo de poder sobrenatural.
Aunque mi capacidad telepática me proporcionara inmunidad al encanto de los vampiros, ¿tal vez era vulnerable a otro poder? O, tal vez, sencillamente echaba de menos al único hombre que había amado alguna vez. Me sentí destripada, vacía, y engañada. Me sentí peor que cuando mi abuela murió, peor que cuando mis padres se ahogaron. Cuando mis padres murieron, yo era muy jóven, y tal vez no lo entendí del todo, de repente, ambos se habían ido permanentemente. Era difícil recordarlo ahora. Cuando mi abuela había muerto hace unos meses, me consolé en el ritual circundante a la muerte en el Sur.
Y yo sabía que ellos no me abandonaron de buen grado.
Me encontré de pie en la entrada de cocina. Apagué la luz del techo.
Una vez que estuve envuelta dentro de la cama en la oscuridad, comencé a llorar, y no paré por un largo, largo tiempo. Esta no era una noche para contar bendiciones. Esta era una noche donde cada pérdida que sufrí alguna vez presionaba con fuerza sobre mí. Parecía realmente que había tenido más mala suerte que la mayor parte de las personas. Aunque hice una simbólica tentativa de parar el diluvio de lástima por mi misma, no tuve mucho éxito. Estaba más o menos entrelazado con la miseria de no saber el destino de Bill.
Quise que Bill se enroscara contra mi espalda; quise sus labios frescos sobre mi cuello. Quise sus manos blancas recorriendo mi estómago. Quise dirigirme a él. Quise que él se riera de mis sospechas terribles. Quise decirle sobre mi día; sobre el problema estúpido que tenía con la compañía de gas, y los nuevos canales que nuestra compañía de cable había añadido. Quise recordarle que necesitaba una nueva arandela sobre el lavamanos en su cuarto de baño, dejarle saber que después de todo mi hermano, Jason, averiguó que él no iba a ser padre (lo que estaba bien, ya que de todas maneras él no era marido).
La parte más dulce de tener una pareja es la de compartir tu vida con alguien más.
Pero mi vida, evidentemente, no era lo bastante buena para compartirla.
Capítulo 3
Cuando el sol llegó, había tenido media hora de sueño. Comencé a levantarme para hacerme un poco de café, pero ese no parecía ser suficiente motivo. Así que simplemente me quedé en la cama. El teléfono sonó durante la mañana, pero no lo conteste. El timbre sonó, pero no lo atendí.
En algún punto durante el medio de la tarde, me di cuenta que había una cosa que tenía qué hacer, la tarea en la que Bill había insistido si él estuviera retrasado. Esta situación encajaba exactamente en lo que él me había dicho.
Ahora duermo en el dormitorio más grande que anteriormente era de mi abuela. Me tambaleé a través del pasillo rumbo a mi antiguo cuarto. Un par de meses antes, Bill sacó el suelo de mi viejo armario y le hizo una puerta secreta. Él había establecido un hoyito secreto para él en el espacio de la parte subterránea bajo la casa. Había hecho un buen trabajo.
Me aseguré que no podía ser vista desde la ventana antes de abrir la puerta del armario. El suelo del armario estaba desnudo excepto por la alfombra, que era una extensión cortada para encajar en el cuarto. Después de que retiré la tapa que cubría el suelo del armario, deslicé una navaja alrededor del suelo y finalmente lo abrí. Miré la caja negra debajo. Estaba llena: la computadora de Bill, una caja de discos, hasta su monitor e impresora.
Así que Bill había previsto que esto podría pasar, y escondió su trabajo antes de marcharse. Había tenido un poco de fe en mí, no importa lo desleal que podría haber sido él. Asentí, e hice rodar la alfombra de nuevo a su lugar, encajándola con cuidado en las esquinas. Sobre el suelo del armario puse cajas con cosas pasadas de moda-que contenían zapatos de verano, un bolso de playa lleno de toallas grandes para tomar el sol y uno de mis muchos tubos bronceadores, junto con mi silla plegable que uso para broncearme. Metí un enorme paraguas atrás en la esquina, y decidí que el armario parecía bastante realista. Mis vestidos veraniegos colgaban de la barra, junto con algunos albornoces muy ligeros y camisones de noche. Mi llamarada de energía se esfumo cuando me di cuenta que había terminado el último servicio que Bill me pidió, y no tenía ninguna manera de avisarle que había seguido sus deseos.
Una mitad de mí (patéticamente) quería avisarle que mantenía la Fe; la otra mitad de mí quería entrar al cuarto de herramientas y afilar algunas estacas.
Demasiado conflicto para poder formar cualquier curso de acción, gatee lentamente de regreso a mi cama de la cual acaba de levantarme. Abandonando toda una vida de hacer lo mejor, ser fuerte, alegre y práctica, volví a revolcarme en mi pena y mi sentido aplastante de traición.
Cuando desperté, estaba oscuro otra vez, y Bill estaba en la cama conmigo. ¡Ah, gracias a Dios! El alivio me recorrió. Ahora todo estaría bien. Sentí su fresco cuerpo detrás de mí, y me di la vuelta, medio dormida, para poner mis brazos alrededor de él. Él subió mi largo camisón de nilón, y su mano acarició mi pierna. Puse mi cabeza contra su pecho silencioso y lo acaricié mientras me frotaba contra él. Sus brazos se apretaron alrededor de mí y se presiono firmemente contra mí, suspiré con alegría, insertando una mano entre nosotros para desabrochar sus pantalones. Todo volvía a la normalidad.
Excepto que él olía diferente.
Mis ojos se abrieron de inmediato, y me empujé hacía atrás contra unos hombros duros como roca. Solté un diminuto chillido de horror.
-Soy yo, -dijo una voz familiar.
-Eric, ¿qué haces aquí?
-Acurrucándome.
-¡Tú hijo de perra! ¡Pensé que eras Bill! ¡Pensé que él estaba de vuelta!
-Sookie, necesitas una ducha.
-¿Qué?
-Tu pelo esta sucio, y tu aliento podría noquear a un caballo.
-No me importa lo que tu piensas, -dije rotundamente.
-Ve a lavarte.
-¿Por qué?
-Porque tenemos que hablar, y estoy seguro que no quieres mantener una conversación muy larga en la cama. No que yo tenga alguna objeción de estar en la cama contigo -él se apretó contra mí para demostrarme lo poco que él se oponía, -pero yo disfrutaría más de ello si fuera con la Sookie higiénica que he llegado a conocer.
Posiblemente nada de lo que él podría haber dicho me habría puesto fuera de la cama más rápido que eso. La ducha caliente se sintió maravillosa sobre mi cuerpo frío, y mi carácter tuvo cuidado de calentar mis interiores. Esta no era la primera vez que Eric me había sorprendido en mi propia casa. Iba a tener que rescindir su invitación para entrar. Lo que antes me había detenido de dar este paso tan drástico-lo que me detenía ahora-era la idea que si alguna vez necesitara ayuda, y él no podía entrar, podría estar muerta antes de que pudiera gritar, “¡Entra!”
Había entrado en el cuarto de baño llevando mis jeans, ropa interior y un Navideño suéter rojo-y-verde con un reno sobre él, que era lo primero que estaba en lo alto de mi cajón. Una sólo tiene un mes para llevar puestas esta clase de cosas, así que saco el mayor partido posible de ellas. Usé un secador del pelo sobre mi cabello, lamentando que Bill no estuviera allí para peinarlo por mí. Él realmente disfrutaba haciendo esto, y yo disfrutaba dejándolo. Con aquella imagen mental, casi me quebré otra vez, pero estuve de pie con mi cabeza descansando contra la pared durante un largo momento mientras hacía acopio de coraje. Suspiré, gire al espejo, y me espalme algo de maquillaje. Mi bronceado no era grandioso en la temporada fría; pero todavía tenía un brillo agradable, gracias a la cama bronceadora en el Alquiler de Vídeos de Bon Temps.
Soy una persona de verano. Me gusta el sol, los vestidos cortos, y el sentimiento de tener muchas horas de luz para hacer lo que sea que uno elija. Incluso a Bill le gustaban los olores de verano; le gustaba cuando podía oler el aceite bronceador (él me lo dijo) y el sol en sí mismo sobre mi piel.
Pero la parte dulce del invierno era que las noches eran mucho más largas-al menos, yo había pensado esto cuando Bill estaba alrededor para compartir aquellas noches conmigo. Lancé mi cepillo de pelo a través del cuarto de baño. Hice un ruido de satisfacción cuando este rebotó en la tina.
-¡Bastardo! -Grité a todo lo alto de mis pulmones. Oír mi voz que decía tal cosa en voz alta me calmó como nada más pudo hacerlo.
Cuando salí del cuarto de baño, Eric estaba completamente vestido. Llevaba puesta una camiseta de regalo de una de las fábricas que suministraba a Fangtasia (“Esta Sangre Es Para Usted”, se leía) y jeans, había hecho concienzudamente la cama.
-¿Pueden entrar Pam y Chow? -él preguntó.
Anduve por la sala de estar hacía la puerta de entrada y la abrí. Los dos vampiros estaban sentados silenciosamente en la banca del porche. Ellos estaban en lo qué supuse sería su tiempo de “indisponibilidad inmóvil”. Cuando los vampiros no tienen nada en particular qué hacer, ellos se ponen en blanco; se retiran dentro de ellos mismos, sentándose o estándo de pie completamente inmóviles, con ojos abiertos pero perdidos. Parece refrescarlos.
-Por favor, entren, -dije.
Pam y Chow entraron despacio, mirando alrededor con interés, como si ellos estuvieran en un viaje de campo. Granja de Luisiana, de principios del siglo veinte. La casa había pertenecido a nuestra familia ya que fue construida hace más de cientos sesenta años. Cuando mi hermano, Jason, emprendió el camino solo, se mudó a la casa que mis padres construyeron cuando se casaron. Yo me quedé aquí, con Abue, en esta casa tan cambiada, tan renovada; y ella me la había dejado por deseo propio.
La sala de estar era toda la casa original. Otras adiciones, como la moderna cocina y los cuartos de baño, eran relativamente nuevas. El siguiente piso, que era mucho más pequeño que la planta baja, fue añadido a principios del año 1900 para acomodar una generación de niños que todos sobrevivieron. Raramente iba allá estos días. Arriba era terriblemente caliente en el verano, incluso con los aparatos de aire acondicionado en las ventanas.
Todo mi mobiliario es viejo, falto de estilo, y cómodo-absolutamente convencional. La sala de estar tenía sillones, sillas y una televisión con una grabadora de vídeos, luego uno pasaba por un pasillo que lleva a mi dormitorio grande con su propio baño a un lado, y un cuarto de baño en el pasillo, mi antiguo dormitorio con un armario de blancos-abrigos, sabanas-sobretodo. Por aquel pasillo, uno llega al área de la cocina/comedor, que había sido añadida inmediatamente después de la boda de mis abuelos. Después de la cocina, en la parte trasera había un gran porche techado, el cual acababa de proteger con tela mosquitera. El porche alojaba un viejo banco muy útil, la lavadora y la secadora, junto con un grupo de anaqueles.
También había un abanico de techo en cada cuarto y un matamoscas, colgado en un punto discreto sobre una diminuta uña. Abue no encendía el aire acondicionado hasta que era absolutamente necesario.
Aunque ellos no se aventuraron arriba, ningún detalle escapó a Pam y Chow sobre la planta baja.
Cuando ellos se sentaron en la vieja mesa de pino donde los Stackhouses habíamos comido durante generaciones, me sentí que vivía en un museo que acababa de ser catalogado. Abrí el refrigerador y saque tres botellas de TrueBlood, las calenté en el microondas, les di una buena sacudida, y las deposité con fuerza sobre la mesa delante de mis invitados.
Chow era todavía prácticamente un extraño para mí. Él tenía trabajando en Fangtasia sólo unos meses. Asumo que él había comprado una parte del bar, como el cantinero anterior. Chow tenía tatuajes asombrosos, de la clase azul marino asiática tan intrincados que se parecen a un juego de ropa de fantasía. Eran tan diferentes de las decoraciones de cárcel de mi atacante que era difícil creer que fueran la misma forma de arte. Me habían dicho que Chow tenía tatuajes del Yakuza[6], pero nunca había tenido el nervio para preguntarle, sobre todo ya que no era exactamente mi asunto. Sin embargo, si estos eran verdaderos tatuajes Yakuza, Chow no era tan viejo para un vampiro. Había buscado Yakuza, y tatuar era un desarrollo (relativamente) reciente en la historia larga de aquella organización criminal. Chow tenía el pelo largo y negro (ninguna sorpresa allí), y había tenido noticias de muchas fuentes que él era un éxito tremendo en Fangtasia. La mayor parte de las noches, trabajaba sin camisa. Esta noche, como una concesión al frío, él llevaba puesto un chaleco rojo cerrado con una cremallera.
No podía menos que preguntarme si cuando él estaba desnudo; su cuerpo estaría decorado tan a fondo. Lamentaba no poder preguntarle, pero desde luego era inadmisible. Él era la única persona de descendencia asiática que yo conocía, y no importa cuanto sepa uno que los individuos no representan a su raza entera, uno espera al menos que algunas generalizaciones sean válidas. Chow parecía ser muy celoso de su privacidad. Pero lejos de ser silencioso e inescrutable, él charlaba con Pam, aunque en una lengua que no podía entender. Y me sonrió de una manera desconcertante. Vale, tal vez estaba muy lejos de ser inescrutable. Probablemente me insultaba hasta el infierno, y yo era demasiado tonta para saberlo.
Pam estaba vestida, como siempre, con la clase de ropa anónima de la clase media. Esta noche eran un par de pantalones blancos tejidos de invierno y un suéter azul. Su pelo rubio brillaba, liso y suelto, cayendo sobre su espalda. Ella se parecía a Alicia en el País de las Maravillas con colmillos.
-¿Han averiguado algo más sobre Bill? -Pregunté, cuando todos habían tomado un trago de sus bebidas.
Eric dijo:
-Un poco.
Doblé mis manos en mi regazo y esperé.
-Sé que Bill ha sido secuestrado, -él dijo, y el cuarto giro alrededor de mi cabeza durante un segundo. Suspiré para hacerlo pararse.
-¿Quién por? -La gramática era la menor de mis preocupaciones.
-No estamos seguros, -Chow me dijo. -Los testigos no están de acuerdo. -Su inglés fue acentuado, pero muy claro.
-Déjenme con ellos, -dije. -Si ellos son humanos, lo averiguaré.
-Si ellos estuvieran bajo nuestro dominio, esa sería la cosa lógica de hacer, -dijo Eric agradablemente. -Pero, lamentablemente, ellos no lo están.
Dominio, sí claro.
-Por favor, explícame. -Estaba segura que mostraba una paciencia extraordinaria dadas las circunstancias.
-Estos humanos le deben lealtad al rey de Misisipí.
Sabía que mi boca caía abierta, pero parecía que no podía detenerla.
-Perdóname, -dije, después de un largo momento, -pero podría haber jurado que dijiste…¿el rey? ¿De Misisipí?
Eric asintió sin rastro de sonrisa.
Miré abajo, tratando de mantener mi cara quieta. Incluso dadas las circunstancias, era imposible. Podía sentir como mi boca se movía nerviosamente.
-¿En serio? -Pregunté inútilmente.
No sé por qué me pareció hasta mas divertido que Misisipí tuviera un rey-después de todo, Luisiana tenía una reina-pero lo fue. Me recordé a mí misma, que se suponía, no sabía nada sobre la reina. Atención, me dije.
Los vampiros se vieron el uno al otro. Ellos asintieron al unísono.
-¿Tú eres el rey de Luisiana? -Pregunté a Eric, directamente mareada por todo el esfuerzo mental de seguir absorbiendo historias. Me reía con tanta fuerza que todo lo que podía hacer era tratar de mantenerme derecha en la silla. Posiblemente había una nota de histeria en mi risa.
-Ah, no, -dijo él. -Soy el sheriff de Área 5.
Esto realmente me hizo estallar. Tenía hasta lágrimas corriendo por mi cara, y Chow parecía molesto. Me levanté, me hice algo de chocolate suizo en una taza y lo puse en el microondas, lo moví con una cuchara intentando enfriarme. Me empecé a calmar cuando me dediqué a esta pequeña tarea, estaba casi repuesta cuando volví a la mesa.
-Ustedes nunca antes me dijeron todo esto, -dije, a modo de explicación. -Todos ustedes han dividido América en reinos, ¿es correcto?
Pam y Chow vieron a Eric con algo de sorpresa, pero él no los tomo en cuenta.
-Sí, -él dijo simplemente. -Así ha sido desde que los vampiros vinieron a América. Desde luego, a través de los años el sistema ha cambiado con la población. Durante los primeros doscientos años había muchísimo menos vampiros en América, porque el viaje final era muy peligroso. Era difícil calcular la longitud del viaje por mar con el suministro de sangre disponible. -Que habría sido lo crucial, desde luego.-Y la Compra de Luisiana hizo una gran diferencia.
Bueno, seguramente lo hizo. Sofoqué otro asalto de risas tontas.
-¿Y los reinos están divididos en…?
-Áreas. Solían ser llamado feudos, hasta que decidimos que era demasiado anticuado. Un sheriff controla cada área. Como tu sabes, vivimos en el Área 5 del reino de Luisiana. Stan, al que visitaste en Dallas, es el sheriff del Área 6 en el reino… de Texas.
Imaginé a Eric como el Sheriff de Nottingham, y cuando esto había perdido el chiste, como Wyatt Earp[7]. Estaba definitivamente siendo frívola. Realmente me sentía bastante mal físicamente. Me dije a mí misma embalar lejos mi reacción a esta información, y concentrarme en el problema inmediato.
-De modo, que Bill fue secuestrado en plena luz del día, ¿lo capto?
Múltiples cabezadas alrededor.
-Este secuestro fue atestiguado por algunos humanos que viven en el reino de Misisipí. -Sencillamente gozaba diciendo esto. -¿Y ellos están bajo el control de un rey vampiro?
-Russell Edgington. Sí, ellos viven en su reino, pero algunos de ellos me darán la información. Por un precio.
-¿Este rey no te dejará preguntarles?
-Aún no le hemos preguntado. Podría ser que Bill fue tomado bajo sus órdenes.
Esto levantó una nueva cosecha de preguntas, pero me dije quedarme enfocada.
-¿Cómo puedo ponerme con ellos? Asumiendo que decida que quiero hacerlo.
-Hemos pensado en un modo para que puedas ser capaz de juntar la información de los humanos en el área donde Bill desapareció, -dijo Eric. -No solamente soborne a la gente para decirme lo que paso allí, si no a todos los humanos que se asocian con Russell. Fue arriesgado. Tuve que decirles lo que tengo, para hacerlo funcionar. Y tu puedes estar poco dispuesta. Alguien ya trató de conseguirte una vez. Por lo visto, quienquiera que tiene a Bill no debe tener mucha información sobre ti, aún. Pero pronto, Bill hablará. Si tu estás alrededor cuando él rompa, ellos te tendrán.
-Ellos no me necesitan realmente, -indiqué. -Si él ya está roto.
-Eso no necesariamente es cierto, -dijo Pam. Ellos hicieron más de esta cosa de intercambio-miradas-enigmáticas.
-Denme la historia completa, -dije. Noté que Chow había terminado su sangre, me puse de pie para traerle mas.
-La gente de Russell Edgington nos dijo que, Betty Jo Pickard, la segundo en jerarquía después de Edgington, se suponía comenzaba un vuelo a San Luis ayer. Los humanos responsable de tomar su ataúd en el aeropuerto tomaron el ataúd idéntico de Bill por equivocación. Cuando entregaron el ataúd al hangar que Anubis Airlines arrienda, ellos lo dejaron sin vigilar durante, quizás, diez minutos mientras rellenaban los papeles. Durante aquel tiempo-según dicen-alguien empujo el ataúd, que estaba sobre una especie de camilla, hacía la parte trasera del hangar, lo cargó en un camión, y se fue.
-Alguien que podría penetrar la seguridad de Anubis, -dije, la duda pesaba en mi voz.
Anubis Airlines habían sido establecida para transportar vampiros de manera segura tanto de día como de noche, y su garantía de la maquinaria de seguridad para vigilar los ataúdes de los vampiros durmientes era su tarjeta de presentación. Desde luego, los vampiros no tienen que dormir en ataúdes, pero es mucho mas fácil embarcarlos de esta manera. Hubo “accidentes desafortunados” cuando los vampiros habían tratado de volar por Delta[8]. Algún fanático había entrado en el área del equipaje y cortaron un par de ataúdes con un hacha. El Noroeste sufrió el mismo problema. El ahorro de dinero de repente no les pareció tan atractivo a los no-muertos, que ahora volaban por Anubis casi exclusivamente.
-Creo que alguien de la gente de Edgington podría haberse mezclado, alguien que hizo pensar a los empleados de Anubis que eran de Edgington, y la gente de Edgington que pertenecían a Anubis. Él podría haberse llevado a Bill fuera cuando la gente de Edgington se fue, y los guardias no se darían cuenta.
-¿La gente de Anubis no pediría ver papeles? ¿Acerca de un ataúd que se marcha?
-Ellos dicen que vieron realmente papeles, Betty Jo Pickard. Ella iba camino a Missouri para negociar un tratado comercial con los vampiros de San Luis.
Tuve un momento en blanco preguntándome lo que los vampiros de Misisipí podrían comerciar con los vampiros de Missouri, y luego decidí que mejor no quería saberlo.
-Hubo también una confusión suplementaria en ese momento, -dijo Pam. -Un fuego que comenzó bajo la cola de otro avión Anubis, los guardias fueron distraídos.
-Ah, una casualidad con intención.
-Yo pienso así, -Chow dijo.
-Entonces, ¿por qué alguien querría tener a Bill? -Pregunté. Temí que ya lo sabía. Sólo esperaba que me proveyeran con algo más. Gracias a Dios, Bill me había preparado para este momento.
-Bill ha estado trabajando en un pequeño proyecto especial, -dijo Eric, sus ojos fijos en mi cara. -¿Sabes algo acerca de esto?
Más de lo que quisiera. Menos de lo que debería.
-¿Cual proyecto? -Dije. He pasado mi vida entera ocultando mis pensamientos, e hice uso de toda mi habilidad ahora. Aquella vida dependía de mi sinceridad.
La mirada penetrante de Eric vaciló hacía Pam, y Chow. Ambos dieron alguna señal infinitesimal. Él se concentró en mí otra vez, y dijo;
-Eso es un poco difícil de creer, Sookie.
-¿Cómo es eso? -Pregunté, con cólera en mi voz. Cuando existe duda, ataca. -¿Desde cuándo cualquiera de ustedes expone sus tripas emocionales a un humano? Y Bill es definitivamente uno de ustedes. -Infundí a esto tanta rabia como pude reunir.
Otra vez ellos hicieron aquella cosa de parpadeo de ojos el uno al otro.
-¿Tú piensas que vamos a creer que Bill no te dijo nada acerca de lo qué trabajaba?
-Sí, lo creo. Por que él no lo hizo. -De todas maneras, ya había adivinado todo por mi misma, más o menos.
-Aquí está lo que voy a hacer, -dijo Eric finalmente. Él me vio a través de la mesa, sus ojos azules eran tan duros como mármoles e igual de cálidos. No más Sr. Vampiro Lindo. -No puedo saber si mientes o no, lo que es notable. Por tu bien, espero que estés diciendo la verdad. Podría torturarte hasta que me dijeras la verdad, o hasta que estuviera seguro que me estuviste diciendo la verdad desde el principio.
Ay, hermano. Suspiré, inspire, y trate de pensar en un rezo apropiado. Dios, no me dejes gritar muy fuerte parecía muy débil y negativo. Además, no había nadie para oírme aparte de los vampiros, así que no importaba que tan alto chillara. Cuando el momento llegara, podría desgañitarme gritando.
-Pero, -Eric continuó pensativamente, -eso podría dañarte demasiado para la otra parte de mi plan. Y, realmente, no hace tanta diferencia si tu sabes lo que Bill ha estado haciendo a nuestras espaldas, o no.
¿A sus espaldas? Oh, mierda. Ya sabía a quién culpar por el predicamento tan duro en el que estaba. A mi propio querido amor, Bill Compton.
-Eso obtuvo una reacción, -observó Pam.
-Pero no la que esperaba, -dijo Eric despacio.
-No estoy muy feliz acerca de la opción de tortura. -Tenía tantos problemas, que no podía ni sumarlos, y estaba tan sobrecargada por la tensión que parecía que mi cabeza flotaba en algún sitio encima de mi cuerpo. -Y extraño a Bill.
Incluso en este momento a pesar que de buena gana le daría una patada en el culo, realmente lo echaba de menos. Y si pudiera tener solamente una conversación de diez minutos con él, estaría mejor preparada para afrontar los siguientes días. Las lágrimas rodaron por mi rostro. Pero todavía había más que ellos tenían que decirme; más que tenía que oír, lo quisiera o no.
-Si tu lo sabes realmente espero que me digas por qué él mintió sobre este viaje. Pam mencionó malas noticias.
Eric miro a Pam sin rastro de amor en sus ojos.
-Ella esta goteando otra vez, -observó Pam, sonando un poco incómoda. -Pienso que antes de que ella vaya a Misisipí, debería saber la verdad. Además, si ella ha estado guardando secretos para Bill, esto podría…
¿Hacerla descubrir el pastel? ¿Cambiar su lealtad para con Bill? ¿Obligarla a darse cuenta que tiene que decírnoslo?
Era obvio que Chow y Eric habían estado por mantenerme en la ignorancia y que ellos estaban intensamente molestos con Pam por haberme dado esa insinuación, aunque supuestamente yo no sabía que nada andaba bien entre Bill y yo. Ambos miraron a Pam atentamente durante un largo minuto, y luego Eric asintió de manera cortante.
-Tú y Chow esperan afuera, -dijo Eric a Pam.
Ella le dirigió una aguda mirada, y luego ellos salieron, dejando sus botellas vacías sobre la mesa. Sin un gracias por la sangre. Ni enjuagar las botellas. Mi cabeza se sintió ligera, muy ligera, cuando contemplé las pobres maneras de los vampiros. Sentí el movimiento de mis párpados, y se me ocurrió que estaba al borde del desmayo. No soy uno de esas frágiles fulanas que zozobran con cada pequeña cosa, pero sentí que ahora mismo estaba justificada. Además, vagamente me di cuenta que no había comido en más de veinticuatro horas.
-No hagas eso, -dijo Eric. Él sonó definitivo. Traté de concentrarme en su voz, y lo vi.
Asentí para indicarle que hacía todo lo posible.
Él se movió a mi lado de la mesa, giró la silla que Pam había ocupado hasta que estuvo frente a mi, muy cercano. Se sentó y se inclinó hacía mí, su gran mano blanca cubrió ambas mías, todavía dobladas con esmero en mi regazo. Si él cerrara su mano, podría aplastar todos mis dedos. Nunca jamás podría volver a trabajar como camarera otra vez.
-No disfruto viendo que tienes miedo de mí, -dijo él, su cara muy cerca de la mía. Podía oler su colonia-Ulysse, pensé. -Yo siempre he estado muy encariñado contigo.
Él siempre había querido tener sexo conmigo.
-Además, quiero follarte. -Él sonrió abiertamente, pero en ese momento no me hizo gran cosa. -Cuando nos besamos es…increíble.
Nos habíamos besado en la línea del deber, por así decirlo, y no como recreación. Pero fue emocionante. ¿Cómo no? Él era magnífico, y había tenido varios cientos de años para trabajar sobre su técnica de besuqueo.
Eric se fue acercando más y más. No estaba segura si iba a morderme o besarme. Sus colmillos estaban fuera. Él estaría enojado, o cachondo, o hambriento, o los tres. Los nuevos vampiros tienden a cecear mientras hablan hasta que se acostumbran a sus colmillos; uno no podía oírlo con Eric. También él había tenido siglos para perfeccionar aquella técnica.
-De cierta manera, aquel plan de tortura no me hace sentir muy sensual, -le dije.
-Eso hizo algo por Chow, sin embargo, -susurró Eric en mi oído.
No temblaba, pero debería haberlo hecho.
-¿Podrías cortar la persecución aquí? -Pregunté. -¿Vas a torturarme, o no? ¿Eres mi amigo, o mi enemigo? ¿Vas a encontrar a Bill, o dejarlo pudrirse?
Eric se rió. De manera corta y no graciosa, pero era mejor que tenerlo más cerca, al menos en este momento.
-Sookie, eres demasiado, -dijo él, pero no como si encontrara esto particularmente simpático. -No voy a torturarte. En primer lugar, porque odiaría arruinar esta hermosa piel; que un día, veré completamente.
Solamente esperé que aún estuviera dentro de mi cuerpo cuando esto pasara.
-Tú no tendrás siempre tanto miedo de mí, -dijo él, como si estuviera absolutamente seguro del futuro. -Y no estarás siempre tan dedicada a Bill como lo estás ahora. Hay algo que debo decirte.
Aquí llegaba la Cosa Mala. Sus frescos dedos se entrelazaron con los míos, y sin querer, sostuve su mano con fuerza. No podía pensar en una palabra que decir, al menos una palabra que fuera segura. Mis ojos se fijaron en él.
-Bill fue convocado a Misisipí, -Eric me dijo-, por un vampiro-una hembra-él la conocía desde hace muchos años. No sé si te habrás dado cuenta que los vampiros casi nunca nos apareamos con otros vampiros, por más tiempo que un raro asunto de una noche. No hacemos esto porque, el acoplamiento y compartir sangre, siempre nos da poder el uno sobre el otro. Ésta vampira…
-Su nombre, -dije.
-Lorena, -él dijo de mala gana. O tal vez él quiso decírmelo desde el principio, y la renuencia era solamente parte del espectáculo. Quién demonios sabe con un vampiro.
Él esperó a ver si hablaba, pero no lo hice.
-Ella estaba en Misisipí. No estoy seguro si vive allí con regularidad, o si fue allí para entrampar a Bill. Ella había estado viviendo en Seattle durante años, lo sé, porque ella y Bill vivieron juntos allí muchos años.
Ya me había preguntado por qué él escogió Seattle como su destino ficticio. Él no se lo sacó de la manga.
-Pero independientemente de su intención en pedirle que lo encontrara allí… que escusa le dio ella para no venir aquí… quizás él solamente fue cuidadoso por ti…
Quise morir en aquel momento. Suspiré y contemplé nuestras manos unidas. Estaba demasiado humillada para mirar a los ojos de Eric.
-Una vez más, él fue-él volvió-al instante a ser cautivado por ella. Después de unas noches, él llamó a Pam para decirle que venía a casa antes, sin decirte nada, así él podría arreglar tu futuro cuidado antes de que te viera otra vez.
-¿Futuro cuidado? -Soné como un cuervo.
-Bill quería hacer un arreglo financiero para ti.
El choque de ello me hizo palidecer.
-Pensionarme, -dije entumecidamente.
No importa el bien que él había significado, Bill no podría haberme ofrecido una ofensa mayor. Cuando él había estado en mi vida, nunca se le ocurrió preguntarme como iban mis finanzas-aunque apenas pudo esperar para ayudar a sus recién descubiertos descendientes, los Bellefleurs.
Pero cuando él iba a estar fuera de mi vida y se sentía culpable por dejarme lloriqueando y lastimada entonces comenzaba a preocuparse.
-Él quería… -Eric comenzó, luego se detuvo y miro atentamente mi cara. -Bueno, dejarlo por el momento. Yo no te habría dicho nada de esto, si Pam no hubiera interferido. Yo te habría enviado en la ignorancia, porque entonces no habrían salido palabras de mi boca que te hicieran tanto daño. Y no tendría que suplicarte, como voy a suplicar.
Me obligue a escuchar. Aferré la mano de Eric como si fuera una cuerda de salvamento.
-Lo que voy a hacer-y tu tienes que entender, Sookie, mi piel depende de esto, también…
Lo miré directamente en la cara, él vio la impresión de mi sorpresa.
-Sí, mi trabajo, y tal vez mi vida, tambien, Sookie-no solamente la tuya, y la de Bill. Te voy a enviar un contacto mañana. Él vive en Shreveport, pero él tiene un segundo apartamento en Jackson. Tiene amigos entre la comunidad sobrenatural allí, los vampiros, adaptos, y lobatos. Por medio de él tu puedes conocer algunos de ellos, y sus empleados humanos.
Ahora mismo no estaba completamente en uso de mi cabeza, pero sentí que entendería todo esto cuando lo recordara. Así que, asentí. Sus dedos acariciaron los míos, repetidas veces.
-Este hombre es lobato, -dijo Eric descuidadamente, -por lo tanto es escoria. Pero es más confiable que algunos otros, y me debe un gran favor personal.
Absorbí esto, asentí otra vez. Los dedos largos de Eric se sentían casi calientes.
-Él te llevara dentro y fuera de la comunidad vampiro en Jackson, así podrás escoger sesos entre los empleados humanos. Sé que esto es un golpe de ciego, pero si hay algo para descubrir, si Russell Edgington secuestró realmente a Bill, tú podrás recoger una pista. El hombre que trató de secuestrarte era de Jackson, guiándonos por las cuentas en su auto, y era un lobato como indica la cabeza del lobo sobre su chaleco. No sé por qué vinieron por ti. Pero sospecho que significa que Bill está vivo, y desean capturarte para usarte como palanca de presión contra él.
-Entonces supongo que deberían haber secuestrado a Lorena, -dije.
Los ojos de Eric se ensancharon con apreciación.
-Tal vez ya la tienen, -dijo él. -Pero tal vez Bill se dió cuenta que fue Lorena quién lo traicionó. Él no habría sido atrapado si ella no hubiera revelado el secreto que le confió.
Medite acerca de esto, asentí una vez más.
-Otro rompecabezas es por qué ella resultó estar allí, -dijo Eric. -Pienso que sabría si ella hubiera sido un miembro regular del grupo de Misisipí. Pero pensaré en esto en mi tiempo libre. -Por su cara severa, Eric había invertido considerable tiempo cerebral en aquella pregunta. -Si este plan no funciona dentro de aproximadamente tres días, Sookie, deberemos secuestrar a uno de los vampiros de Misisipí a cambio. Esto conducirá casi seguro a una guerra, y una guerra-incluso con Misisipí-será costosa en vidas y dinero. Y, al final, de todos modos matarán a Bill.
Vale, el peso del mundo descansaba sobre mis hombros. Gracias, Eric. Me hacía falta más responsabilidad y presión.
-Pero sabe esto: Si ellos tienen a Bill-si él está todavía vivo-lo recuperaremos. Y volverán a estar juntos otra vez, sí es lo que tú quieres.
Énfasis en el sí.
-Para responder tu pregunta: soy tu amigo, y continuare a serlo mientras esto no ponga en peligro mi propia vida. O, el futuro de mi área.
Bien, esto lo puso sobre la línea. Aprecié su honestidad.
-Mientras sea conveniente para ti, quieres decir, -dije tranquilamente, que era tan injusto como inexacto. Por que realmente pareció molestarlo mi caracterización de su actitud. -Déjame preguntarte algo, Eric.
Él levantó sus cejas para indicarme que esperaba. Sus manos viajaban de arriba abajo por mis brazos, distraídamente, como si él no pensara en lo que hacía. El movimiento me recordó a un hombre que calienta sus manos en el fuego.
-Si entendí bien, Bill trabajaba en un proyecto para el… -sentí subir una burbuja salvaje de risa, y despiadadamente la suprimí. -Para la reina de Luisiana, -terminé. -Pero tú no sabías nada sobre ello. ¿Es correcto?
Eric me contempló durante un largo momento, mientras pensaba que decirme.
-Ella me dijo que tenía trabajo para que Bill hiciera, -dijo él. -Pero, no lo que era, o por qué debía ser él quién lo hiciera, o cuando estaría completado.
Que un subordinado fuera nombrado así disgustaría a casi cualquier líder. Sobre todo si el líder fue mantenido en la ignorancia.
-Así que, ¿por qué no busca esta reina a Bill? -Pregunté, manteniendo mi voz cuidadosamente neutra.
-Ella no sabe que él se ha ido.
-¿Por qué es esto?
-No se lo hemos dicho.
Tarde o temprano él dejaría de contestar.
-¿Por qué no?
-Ella nos castigaría.
-¿Por qué? -Comenzaba a sonar como una nena de dos años.
-Por dejar que algo le pasara a Bill, cuando él realizaba un proyecto especial para ella.
-¿Cual sería el castigo?
-Ah, con ella es difícil decirlo. -Él emitió una risa estrangulada. -Algo muy desagradable.
Eric estaba aún más cerca de mí, su cara casi tocando mi pelo. Él inhalaba, muy delicadamente. Los vampiros confían en el olor, y el oído, mucho más que en la vista, aunque su vista es sumamente exacta. Eric tenía mi sangre, así que podría saber más sobre mis emociones que un vampiro que no la había tenido. Todos los chupasangres son estudiosos del sistema emocional humano, ya que los depredadores más exitosos son los que conocen los hábitos de su presa.
Eric actualmente frotaba su mejilla contra la mía. Él era como un gato en su placer de contacto.
-Eric. -Él me había dado más información de lo que suponía.
-¿Mmm?
-En serio, ¿qué te hará la reina si no puedes presentar a Bill para el día que su proyecto está previsto?
Mi pregunta consiguió el efecto deseado. Eric se apartó de mí y me miro con sus ojos más azules que los míos, más duros que los míos y tan helados como el Ártico.
-Sookie, realmente no quieres saberlo, -dijo él. -La reproducción de su trabajo estaría bastante bien. La presencia de Bill sería un bono.
Devolví su mirada con ojos casi tan fríos como los suyos.
-¿Y qué recibiré a cambio de hacer esto para ti? -Pregunté.
Eric logró parecer al mismo tiempo sorprendido y contento.
-Si Pam no hubiera insinuado acerca de Bill, su seguro retorno sería suficiente y tú habrías saltado sobre esta oportunidad para ayudarlo, -Eric me recordó.
-Pero ahora sé sobre Lorena.
-Y sabiéndolo, ¿estás de acuerdo en hacer esto para nosotros?
-Sí, con una condición.
Eric se miro cauteloso.
-¿Cual sería? -él preguntó.
-Si algo me pasa, quiero que tú la pongas fuera.
Él se me quedó mirando boquiabierto durante al menos un segundo antes de que rugiera por la risa.
-Tendría que pagar un precio enorme, -él dijo cuando dejó de reírse alegremente. -Y primero tendría que llevarlo a cabo. Es más fácil decirlo que hacerlo. Ella tiene trescientos años.
-Tú me has dicho que te pasará algo muy feo si todo esto viene desenmarañado, -le recordé.
-Cierto.
-Tú me has dicho que me necesitas desesperadamente para que haga esto por ti.
-Cierto.
-Esto es lo qué pido a cambio.
-Tú podrías convertirte en un vampiro decente, Sookie, -dijo Eric finalmente. -Vale. Hecho. Si algo te pasa, ella nunca volverá a joder con Bill otra vez.
-Ah, no es sólo por eso.
-¿No? -Eric se veía bastante escéptico, como bien podía.
-Es porque lo traiciono.
Los duros ojos azules de Eric se encontraron con los míos.
-Dime algo, Sookie: ¿me pedirías esto si ella fuera humana? -Su amplia boca de labios finos, a menudo divertida, estaba en una seria línea recta.
-Si ella fuera humana, yo misma me encargaría, -dije, y me puse de pie para mostrarle la puerta.
Después de que Eric se fue, me apoyé contra la puerta y puse mi mejilla contra la madera. ¿Era cierto lo que le había dicho? Me había preguntado durante mucho tiempo si realmente era una persona civilizada, aunque siguiera esforzándome por serlo. Sabía que en el momento que dije que me encargaría de Lorena yo misma, decía la verdad. Había algo bastante salvaje dentro de mí, que siempre controlaría. Mi abuela no me crió para ser una asesina.
Cuando anduve con paso lento por el pasillo rumbo a mi dormitorio, me di cuenta que últimamente mi carácter se estaba mostrando cada vez más. Desde que había conocido a los vampiros.
No podía entender por qué sería esto. Ellos ejercían un control tremendo sobre ellos mismos. ¿Por qué debería el mío resbalar?
Pero era bastante introspección para una noche.
Pensaría en ello mañana.