Capítulo Ocho
Jared rompió el beso un par de minutos después, con la respiración entrecortada y luego dio dos pasos inseguros hacia atrás. Y pese a sus ojos zafiros, bailando excitados y oscuros, actuaba como si le hubiera dado una bofetada con la mano abierta.
Brielle suspiró de forma temblorosa, mirando hacia su redondeado vientre, sabía que lo había asustado muchísimo al decirle que lo amaba, pero tampoco se había esperado esta reacción. Aun así debería haber imaginado que reaccionaría de manera exagerada.
Todo lo que estaba pasando con su mamá la había hecho despertar de ese tira y afloja que estaban jugando con Jared, había pasado todo el día anterior meditándolo y ahora estaba segura de que lo amaba, estaba segura que él no era indiferente a sus sentimientos y luego había surgido esa necesidad de poseerlo, y a él le había gustado, aunque ahora seguramente lo negara.
—Un día descubrirás que esto que dices sentir por mí, tan solo es agradecimiento. Nada más que puñetero agradecimiento. —Su voz dura y llena de convicción no logró inmutarla.
—Lo dudo mucho.
—Eres una adolescente, quizás es la primera vez que sientes cariño por alguien, pero te aseguro que pronto se te pasará.
Sí que lo había asustado, pensó poniendo los ojos en blanco mentalmente. Porque de otra manera no estaría portándose de forma tan irracionalmente idiota. Brie se mordisqueó el labio inferior. Debía ser cautelosa justo ahora, porque considerando la mirada azul helada que le estaba dando, la postura tensa y la mandíbula rígida… Dios, todo indicaba que Jared estaba al borde de un aneurisma. Respiró hondo dando un paso hacia adelante, suavemente borrando la distancia entre ellos.
—Mi mamá me ha comentado que te veías muy sobreprotector a mi lado, aquel día en el hospital, le gustaste. —Jared elevó una ceja ante el cambio de tema.
—Claramente no me vio bien.
—Dijo que nunca había visto a nadie como tú, que eras demasiado… intenso.
—¿A qué viene toda esta charla de mierda?
Brie contuvo una sonrisa. Estaba claro que no había nada más poderoso que una declaración de amor para que ese boxeador se lanzara al ataque. Le costó trabajo sostenerle la mirada ya que parecía querer taladrarla, pero lo hizo lo mejor que pudo.
—Dice que eres muy guapo y que nuestro bebé será hermoso. —Le acarició con suavidad el pecho.
—¿Qué estás tratando de hacer con todo esto? —inquirió mirándola con ojos acerados, pero como no intentó moverla ni huir, siguió recorriendo ahora las líneas de los tatuajes en sus brazos.
—Solo estoy tratando de demostrarte que no solo yo veo lo que tenemos como más que un polvo, relájate. —Él suspiró.
—¿Por qué no solo puedes… rendirte? —Su voz fue dura, mortificada—. No entiendo qué te llama de estar con un jodido asesino. ¿Es el morbo?
—¿Cuándo vas a aprender a verte como realmente eres?
—¿Y cómo me ves tú?
—Como un hombre fuerte que lucha por lo que quiere. —Le acarició con suavidad el cabello debajo de la nuca—. Me has dado todo cuanto has podido sin que siquiera seas consciente de ello. Eres más normal de lo que te imaginas, podrías ser como cualquier otro chico si tan solo dejaras de ser tan testarudo, si no levantaras tantos muros, estoy segura de que incluso podrías adaptarte bien al mundo. —Él sonrió… pero no fue una sonrisa feliz.
—Ya lo ves, Brie, buscas otra cosa y yo nunca seré un chico "de esos"… ya que un hombre como yo, en mi mundo, no va a poder darte lo que necesitas, jamás.
—¿Y exactamente qué necesito? —Brielle le dio la espalda, y se sentó sobre el borde de la cama sintiéndose frustrada, Jared se pasó una mano por el cabello y en dos zancadas estuvo frente a ella.
—Una puñetera vida cliché como la que quieren las chicas, un hombre que pueda llevarte a cualquier lado sin robar miradas de miedo, un hombre que pueda darte una ostentosa boda, la familia perfecta. —Llevó una mano a su cabello donde tiró de él—. El mundo en el que vivo… mi realidad no es así. Siempre estará marcada por la violencia y no habrá arcoíris ni putos unicornios, no habrá días soleados. Todo lo que podrás tener a mi lado son días oscuros.
Un traidor silencio se extendió entre ellos. Jared parecía muy torturado, y a la joven le dolió verlo así. Se inclinó hacia él, donde apretó los labios contra aquel duro abdomen, justo encima de uno de sus tatuajes. Al joven se le puso la piel de gallina.
—¿Quién te dijo que eso es lo que necesito? Todo lo que puedo querer o necesitar es a mi bebé y a ti.
—No te comprendo en absoluto. —Su voz sonó áspera.
—Creo que sí. Tú mejor que nadie sabes que yo tampoco quería… sentir. Hank se encargó de que no me encariñara con nada porque lo destruía, ¿dime si eso no te suena?
Jared la sujetó con delicadeza por los hombros para luego tumbarse a su lado, sus ojos parecían tan oscuros y sorprendidos que la joven tuvo que morderse el labio para evitar removerse en su lugar.
—¿Qué putas voy a hacer contigo? —preguntó contra sus labios, su aliento mentolado con un toque de cigarro recorriéndole la piel.
—Me has pedido que me rinda, pero yo te pregunto… ¿por qué no intentas quizás... ceder?
Jared la miró fijamente, zafiros fieros y atormentados, luego respiró hondo antes de cubrirle la boca con la suya. Era un beso fuerte, violento, demandante, Brie sintió su desesperación, pero ya no sabía cómo más ayudarle. El beso los capturó a los dos, sus lenguas se unieron y comenzaron de nuevo una lenta y acalorada danza. El fuego entre ellos los envolvió como un huracán.
Brielle le devolvió cada caricia y cada beso demandante. Y es que no podía dejar de pensar en lo que pasaría si lo dejaba hundirse en sus demonios, él lo haría con facilidad. Se iría al Cooper’s, se drogaría, se acostaría con otra o en el peor de los casos, correría a buscar a Zoey, porque estaba claro que esa era su rutina de escape. No lo sería más mientras ella estuviera con vida. Jared estaba demasiado cegado pensando que era un ser contaminado, que no podía albergar esperanzas a una vida distinta. Y Brie sabía perfectamente que cualquiera podría cubrir, cuando menos, sus necesidades físicas, lo había visto, lo había malditamente escuchado, pero no iba a permitir que esa rutina enferma siguiera pasando. Porque él ahora era suyo, aunque él no quisiera aún darse cuenta.
La joven no puso atención en cómo Jared se despojó de su ropa, o de cómo lanzó las botas haciendo un sonido seco contra la pared, por el contrario, se estremeció de deseo cuando esa sensación cálida, que rápidamente se volvió ardiente, comenzó a extenderse por su vientre hasta acumularse entre sus piernas. Sus grandes manos le subieron la camiseta y luego la boca de Jared estaba en todos lados, en su rostro, en su cuello.
La joven cerró los ojos con fuerza mientras enterraba ambas manos en ese cabello oscuro y dejaba que un gemido saliera de sus labios. Nunca había tenido nada que le perteneciera realmente, ni una sola cosa, ni siquiera la ropa, excepto por el bebé y ahora Jared. Lo quería solo para ella, y quizás eso la hacía una zorra egoísta como las que tanto odiaba, pero no podía evitar ese sentimiento contradictorio de posesión que por un lado la hacía sentir mal, pero también acaloraba. Dejó que él invadiera su boca, lo dejó que gruñera contra su sensible piel, arqueó el cuerpo pidiendo más y presionó sus dedos contra aquel sedoso cabello exigiéndole que continuara. Jared le besó con reverencia el vientre antes de descender.
—Voy a tocarte por todas jodidas partes. —Fue la amenaza más dulce que nadie le hubiera hecho nunca, mucho menos contra la sensible piel del interior de sus muslos.
Y lo hizo. Dios, que sí lo hizo. Aquella mañana, Brie aceptó todo lo que él quiso darle y le arrebató más de lo que hubiera esperado, se aprovechó de su repentino cambio de humor y fue egoísta, pidiendo y exigiendo durante mucho rato antes de devolverle el favor usando las manos y los pechos, incluso la calidez de su boca y todo el resto de su cuerpo.
Jared se guio a sí mismo dentro de ella, en un movimiento suave, llenándola y encendiendo cada terminación nerviosa. Estando a horcajadas sobre él, Brie se aferró a sus enormes brazos con toda su fuerza, cuanto más hundía los dedos en la tersa piel de sus hombros, más perdía el sentido, no fue sino hasta que vio su rostro perfecto que se dio cuenta de que él estaba físicamente ahí, con ella, llevándola al límite, cegándola de lujuria y placer. Estaba cediendo a ella para calmar sus instintos… ¿pero mentalmente?, estaba a miles de kilómetros, eso solo sería caer en otra rutina.
Eso la hizo gruñir de rabia. Sujetó su rostro con ambas manos, haciendo que aquellos ojos azules la miraran realmente.
—¿Qué ocurre?, ¿te estoy lastimando? —preguntó luciendo confundido.
—No. —Sacudió la cabeza en frustración—. Nunca me lastimas, Jared. ¿No sientes esto?, dime que no sientes lo que tenemos. —Él no respondió, pero sus ojos lo traicionaron contestando por él. Sí, también lo sentía. Cuando la miró fue con el corazón y la mente expuestos. Animada por ello, la joven siguió moviéndose—. Nos pertenecemos, Jared.
—Tú eres la que me pertenece —ronroneó necio cerca de sus labios.
—Pero no porque pagaras por mí, ¿entiendes esa diferencia? Estoy aquí contigo porque quiero estarlo, porque te deseo.
El joven desvió los ojos, impidiéndole ver más allá de lo necesario, concentrándose en un punto fijo por encima de su hombro. Eran tácticas de evasión que había usado ella misma. Tal vez se sentía avergonzado de sus sentimientos. Decidió no presionar más. Continuó moviéndose pausadamente, no podía moverse tan rápido como en realidad quería porque le daba miedo lastimar al bebé, él pareció notar su urgencia y le acarició los brazos.
—¿Quieres cambiar de postura? —Brie se ruborizó, consiguiendo que él le sonriera torcidamente al tiempo que la ayudaba a recostarse sobre la cama, se posicionó de rodillas frente a ella—. Solo tienes que pedirlo… ¿sabes lo malditamente fascinante que me resulta tu sonrojo? —Ella jadeó cuando el joven volvió a hundirse en ella—. Maldita sea, estás tan... jodidamente... apretada. ¿Podrías...? Ah, sí... puta mierda, así.
—Jared —jadeó cuando él llevó el pulgar a su sensible clítoris—. Más rápido… necesito que lo hagas más aprisa.
—Yo también necesito que te corras sobre mí, Brie. Créeme.
Aumentó su velocidad, pero no por eso dejó de tener cuidado, ya resultaba imposible que pudiera estar encima de ella por lo que sus opciones se reducían, además le había dicho que «no pensaba ni por error lastimarla de ninguna jodida forma». Literal. Gimió con suavidad mientras lo miraba, en esa postura se veía tan increíble, con todos los músculos firmes, con sus tatuajes perlados de sudor. A su alrededor, la habitación comenzó a iluminarse con el resplandor de afuera, indicándole lo tarde que iba ya a la escuela, pero no le importó. No mientras sentía cómo la erección de Jared la empujaba a cotas inalcanzables.
Gimoteando, hizo rodar sus caderas para tomarlo más profundamente, para hacer que se moviera más rápido... cualquier cosa para disparar el clímax que se estaba construyendo en su centro. Se concentró en sus ráfagas silbantes, en sus gemidos y gruñidos ocasionales mientras empujaba duramente contra ella, hasta que segundos después, se vino en una detonación tan intensa que vio luces detrás de sus ojos mientras su conciencia prácticamente salía fuera de su cuerpo. Su sangre hirviendo, dejándole el cerebro completamente en blanco. Jared gruñó, empujando con un poco más de decisión; la luz del sol brillando en la fina capa de sudor que cubría su piel lo hacía verse increíblemente seductor, la embistió una última vez antes de sentir que se derramaba espeso y caliente dentro de ella.
Luego, el joven ni siquiera esperó a que su respiración se ralentizara, se recostó a su lado donde la atrajo a sus fuertes brazos, se quedaron mirando con la respiración entrecortada. Diciéndose toda clase de mudas palabras. Puede que Jared no la amara aún con el corazón, pero sí la amaba con su cuerpo, y lo hacía cada vez con una desenfrenada pasión que la tenía al borde de la locura.
Y ahí, mientras él enterraba la nariz en su cabello y aspiraba profundamente, Brielle pensó que ya no podía conformarse con lo que él quería darle, ese "cariño" como le gustaba a él llamar a esto que sentía por ella. Suspiró mientras le acariciaba su rebelde cabello negro, esperaba que alguna ayuda divina la iluminara, porque estaba perdiéndose en la oscuridad de ese enorme hombre necio.
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Jared le abrió la puerta del auto pero Brielle se quedó de pie, observándolo detenidamente. El joven frunció el ceño mirando su ropa, tan solo llevaba una sencilla camiseta color gris, un par de vaqueros negros que terminaban en sus nuevas botas Racing de cintas cruzadas y puntera metálica.
—¿Por qué no subes?, ¿qué tanto me ves? —Se cruzó de brazos sintiéndose ligeramente expuesto.
—¡El ogro tiene algo con color! —Se cubrió la boca abierta fingiendo sorpresa. Jared puso los ojos en blanco.
—Voy a omitir la parte de tu apodo de mierda, además no sé si el gris de verdad pueda considerarse como un color.
—Yo creo que sí.
—Entonces voy a quemarla en cuanto te lleve al colegio. No quisiera arruinar mi reputación —bromeó.
—No, no quieres arruinarla. —Brie negó con una sonrisa mientras se subía al asiento del copiloto.
Jared respiró hondo su aroma a flores, sintiendo como sus pulmones se expandían y absorbían todo lo posible aquello. No habían avanzado más que un par de cuadras cuando se dio cuenta de que ella lo estaba mirando de nuevo.
—¿Ahora qué? No me digas algo del peinado que es la única forma en la que este puto cabello se puede peinar. —La joven sonrió.
—No, la forma en la que tu cabello queda es casi un fetiche para mí.
—¿Ah sí?, ¿conque fetichista y esas mierdas? No me esperaba que detrás de esa fachada de niña buena se escondiera toda una pervertida. —Brielle soltó una carcajada que lo hizo estremecer. Nunca la había escuchado reír tan abiertamente, y le encantó el sonido, quería escucharlo de nuevo.
—Ay, Jared, cuando no andas por ahí gruñendo y siendo un ogro, puedes ser tan normal.
—¿Gracias? —preguntó contrariado antes de sacudir la cabeza—. En fin, no te acostumbres.
—Claro que puedo acostumbrarme, no tienes que fingir estar enojado todo el tiempo, si tan solo fueras más accesible, si no insistieras en poner tantas barreras entre nosotros, te darías cuenta de cuánto tenemos en común, de cuánto nos pertenecemos.
—¿Qué?
—Sabes a lo que me refiero, lo que hicimos fue el amor, no un polvo. —Jared apretó los labios.
—No, no lo hicimos.
—Ya vas con eso otra vez —resopló frustrada—. Es más, hagámoslo de nuevo para comprobártelo. —El joven puso los ojos en blanco.
—Sé que te mueres porque te meta a la cama de nuevo.
—Quizás, sí. —Jared contuvo una sonrisa ante su ridícula petulancia, aunque era un juego de mierda aquello estaba logrando calentarlo, respiró hondo, solo eso faltaba, que realmente esa niña lo tuviera en sus manos.
—Te cumpliría el capricho, pero vamos jodidamente tarde a tu escuela y no has dormido más de cinco putas horas. Te estarás durmiendo en clases.
—Lo que sea con tal de probarte lo que ya sabes pero insistes en negar.
—No —murmuró retorciéndose ligeramente en el asiento.
—Amargado. —Sin poder evitarlo sonrió torcidamente, aunque se recompuso para que su voz sonara dura.
—¿A quién putas llamas amargado?
—A ti. ―La miró de reojo con una chispa diabólica en los ojos.
—No pensabas esa mierda cuando estabas desnuda sobre mí. —Ella lo miró totalmente ruborizada.
―No volverás a verme desnuda hasta que admitas que sientes algo más que cariño por mí.
―¿El que te diga que me gustas no cuenta?
―Eso no es lo que quiero escuchar, es más, no volveremos a hacer nada hasta que me pidas que hagamos el amor… porque me quieres ―canturreó con suficiencia haciéndolo estallar en una sincera carcajada.
―¿Que te lo pida?, ¿no querrás que te ruegue también?
―No estaría mal, de rodillas de preferencia. —Jared suspiró sintiendo algo en su pecho que no recordaba nunca haber sentido, ¿tranquilidad?, ¿alegría?
—¿Y si admito que estuvo genial? Porque fue jodidamente genial y delicioso. —Mierda, con solo recordar sus gemidos…
Brielle le dirigió una mirada engreída pero lo dejó pasar. Jared quería seguir provocándola, pero no lo haría porque, muy dentro de su corazón, sabía que lo que acababan de hacer había sido más que especial, eso lo tenía jodidamente aterrado. ¿De verdad estaría sintiendo más que cariño por ella? Esa niña lograba aplacar la urgencia con que la buscaba todas y cada una de las veces, además, la forma en que se abrazaron esa mañana lo había dejado desconcertado, pero cuando se habían mirado a los ojos, no se habían ocultado nada, no se habían reservado malditamente nada y por un momento, de verdad sintió cómo Brie recorría todo el camino hasta su alma y se apoderaba de ella.
Más tarde, antes de subirse al auto con rumbo a la escuela, el joven esperó que esa oscuridad que llevaba en el alma lo invadiera nuevamente, aplacando las sensaciones extrañas para poder erguir esa muralla de hielo que levantaba cuando estaba con ella. Pero para su puta sorpresa, nunca llegó. Ahora, mientras manejaba escuchando únicamente el suave sonido del motor, se sentía tranquilo, en paz y de nuevo… feliz. Lo que estaba jodidamente mal. Eso solo atraía problemas, las mierdas siempre le llegaban cuando todo parecía estar en calma.
—Resistirme a ti, al menos físicamente, es algo que me está resultando imposible —se escuchó decir en un tono serio y bajo—, pero eso ya lo sabes, ¿no? Y aunque ya me he cansado de fingir con esa mierda, otra cosa muy distinta es que pienses que nos pertenecemos. —Adoptó una expresión de piedra—. No lo hacemos por el solo hecho de que yo no te amo.
Ella se tensó, por el rabillo del ojo la vio tragar saliva pesadamente, y contuvo una maldición cuando la vio abrazarse a sí misma. Odiaba hacerla sentir indefensa cuando lo que más quería era escucharla reír de nuevo, protegerla, justo como ahora. Por eso no dejaría que siguiera con esa puñetera mierda de que estaba enamorada de un monstruo como él, era una adolescente, su mente era volátil, Jared estaba seguro de que pronto se le pasaría y se daría cuenta de la realidad.
—¿Por qué no?, ¿es por Zoey? —Su voz fue baja como un murmullo. El joven respiró hondo.
—Ni siquiera estaba pensando en ella.
—Entonces, ¿qué es?
—No lo entenderías.
—¿Es porque crees que nadie te enseñó a querer? ¿Porque crees que tu alma ya está perdida?
—No bromees con eso, en caso de que de verdad existiera algo más allá de la muerte, odiaría arrastrarte conmigo al puto infierno.
—Creí que habías dicho que no creías en nada de eso. —Jared respiró hondo, de nuevo ella usando sus palabras en su contra.
—Y no lo hago, pero por si las dudas, si uno de los dos aquí tiene el alma pura… esa eres tú, estar conmigo solo te contamina.
—Pues prefiero un alma contaminada que una vida sin ti —balbuceó desviando la mirada hacia la carretera.
Él suspiró otra vez, no pensaba herirla de nuevo diciéndole "melodramática", porque ella no era nada de eso. A pesar de sus enormes jodidas y todo el dolor que le había causado durante su tiempo juntos… mierda, ella todavía lo amaba. Brielle creía en esas estupideces de que se pertenecían el uno al otro y no le importaba una mierda lo que todos los demás le aconsejaran, incluyéndolo a él. Estaba tan segura de él, de ellos como familia, que no le importaba lo que nadie dijera.
La miró de reojo, cabello largo y oscuro, ondulado en las puntas, piel ridículamente blanca, mejillas encendidas, vientre redondeado. Dios, de verdad quería creerle, quería sucumbir y estar tan jodidamente seguro como ella lo estaba, pero seguía confundido. No podía estar seguro de que él era lo mejor para ella, que podía mantenerla a salvo o siquiera ser el hombre que se merecía. Estaba jodidamente podrido, era un asesino.
—Brie, soy un puto desastre y apenas puedo funcionar por mi cuenta, lo último que desearía es que tengas un destino como el mío.
—Pero de todas formas estaremos juntos, tenemos un bebé en camino, ¿ya se te olvidó? —Después de eso se quedaron en silencio. Por primera vez en estos meses, Jared pensó seriamente en lo que ella había dicho… ¿qué mierda estaba pensando?, ¿cómo iba a cuidar él solo un bebé?—. Dime cómo sería… ¿cómo sería si aceptaras lo que tenemos? —El joven abrió y cerró las manos en puños contra el volante.
—¿Disculpa?
—Sí, tan solo dime lo que piensas. —El joven respiró hondo meditando la respuesta. Brie siempre lograba sorprenderlo con giros inesperados en las conversaciones y luego darle una patada en el culo al usar sus propias palabras en su contra.
—Es una jodida pérdida de tiempo hablar de algo que no existe —masculló, acelerando un poco más, el camino al colegio nunca se le había hecho tan malditamente largo—. Mejor dime tú, ¿cuándo vas a aprender a diferenciar entre el agradecimiento y el amor?
—Por extraño que parezca, desde que estoy contigo algo se agitó dentro de mi corazón. —Acarició su vientre incapaz de encontrarse con su mirada—. De repente, estando contigo surgió esta profunda y poderosa necesidad de ser cuidada por alguien que haría cualquier cosa por mí y el bebé. —Miró hacia la ventana, lo que odió, porque deseaba ver directamente a sus ojos claros—. Quizás esta necesidad pudo haber estado allí todo el tiempo, sé lo que es el cariño, de verdad sé lo que es estar agradecida, pero solo ahora que te conozco es que en realidad me siento de esta… manera, es la primera vez en mi vida que puedo permitirme sentirlo. Y definitivamente no es agradecimiento.
—Yo no puedo permitirme sentir. Y por eso estoy seguro como el infierno de que no soy lo que necesitas.
Malhumorada, apretó los labios y continuó mirando hacia la ventana. El largo cabello suelto desprendía ese puto olor floral que lo volvía loco. La joven ya no podía ponerse la camiseta original del uniforme, por lo que ahora llevaba una sudadera oscura, sin embargo la falda lo dejaba ver esas largas y torneadas piernas, era demasiado guapa para su propia seguridad. Suspiró mirando hacia la carretera. Entendía su punto de vista, durante todos estos puñeteros años él tampoco se había permitido sentir, solo así había podido sobrevivir. ¿Por qué iba a cambiar eso ahora?
—Quiero que dejes de pensar por mí, tú no sabes qué es lo que quiero de verdad —contradijo ella rompiendo el silencio.
—¿Ah no?
—No.
—¿Y qué se supone que quieres?
—Estudiar arte, quizás hasta me anime a llenar una solicitud para inscribirme en la universidad. —Eso logró desconcertarlo, como siempre, estar con ella era subirse a una puta montaña rusa, aunque agradeció el cambio de tema.
—¿Lo dices en serio?
—Es una tontería, lo sé, además no me considero muy buena dibujante…
—Esas son putas mentiras, he visto tus dibujos, eres muy buena. —Ella disparó una mirada desconcertada hacia él.
—¿Que tú qué? ¿Cuándo?
—Cuando te fuiste de casa.
—Cuando me fui de casa te volviste todo un acosador, ¿no? —preguntó en tono juguetón.
—Podría decirse —sonrió ladinamente, ningún atisbo de arrepentimiento en sus ojos—. Entré a tu habitación buscando algo que me dijera a dónde te habías ido, y vi un par de dibujos arrugados con furia en el suelo.
—Te odiaba en ese momento. —Si lo hubiera mirado, Brie se habría dado cuenta de la mueca de desagrado que se dibujó en su rostro. Él también se odiaba por haber llevado a Zoey a casa aquella noche.
—Me imagino… por cierto, no sabía que dibujabas tan bien hasta ese momento… hay muchas cosas que no sé de ti.
—Porque no quieres. —El joven sintió un escalofrío, no quería conocerla, no quería involucrarse más. Mierda.
—Como sea —refunfuñó, mirando fijamente hacia el frente. No quería seguir hablando de eso, el tema lo estaba poniendo nervioso y lo hacía desear un pase con más ganas de las que ya tenía. Empezó a frotar su cuello distraídamente, la ansiedad aumentando.
—Pero bueno… retomando el tema, creo que sería un gasto inútil intentar ir a la universidad, puesto que tendría que dejarla cuando nazca el bebé… —suspiró acariciando su vientre—, quizás incluso no tenga tiempo para esas cosas porque nuestro angelito me necesitará.
—Yo lo cuidaré —aseguró sin dudarlo—. Pasaré todo el tiempo con él mientras tú estás en la escuela, cuando regreses podré seguir yendo a pelear.
—¿De verdad?
—Claro, a mí me encantará pasar tiempo con mi hijo, aunque quizás no sepa cuidarlo… en dado caso le puedo pedir ayuda a la perra de mi cuñada o a esa enana de Katie, incluso a Debbie.
—¿Me estás diciendo en serio que debería hacerlo? —preguntó, una dulce y radiante sonrisa se instalaba en sus labios, sin pensarlo se encontró sonriéndole de vuelta como el imbécil en el que se había convertido.
—No veo por qué no. Eres demasiado joven y puedes hacer cualquier mierda que te propongas.
—¿Pero y qué si no soy buena? Además, no sé… todo es tan complicado ahora, ¿y si no les gusta mi forma de pintar?
—Quizás es hora de que empieces a verte con otros ojos, Brielle —murmuró, guiñándole un ojo. Era la primera vez que le devolvía sus palabras.
Sin pensarlo, se dejó llevar por un impulso, quería transmitirle seguridad y le tomó la mano sintiendo al instante una ridícula corriente recorrerle todo el brazo, pero cuando vio la misteriosa sonrisa que se dibujó en los labios de ella, se maldijo internamente. Brie estaba comprobándole una y otra vez que en su interior estaba creciendo otra mierda más allá del cariño. Incluso ahora, hasta le había hablado de un futuro juntos. Mierda.
—Hum. —Ella sonrió de nuevo mirando hacia su vientre, sujetó su mano para llevarla justo al lugar donde su hijo se movía. Era tan fácil cómo entre ella y el bebé lograban desconectarlo de todo, hacerlo sentir… normal—. Ha estado muy inquieto hoy, dándome patadas o codazos, ¿verdad que sí, angelito? —canturreó.
—Esa mierda es genial, le pateará el culo a todo niño que intente joderlo. —Brie lo miró sorprendida antes de reír suavemente. Jared acarició donde sentía los golpecitos, una extraña sensación de calidez invadiéndole—. ¿Has pensado cómo se va a llamar? —La joven lo buscó con los ojos antes que un intenso rubor la invadiera hasta el cuello—. ¿Qué quiere decir ese sonrojo?, ¿es que ya tienes un nombre?
—Bueno… yo… sí, he pensado en uno. —Él elevó una ceja.
—¿Cuál? —Ella mordió su labio, el rubor aún intenso en sus mejillas, justo cuando pensó que no le diría, habló en voz baja y suave.
—¿Qué te parece Ian?
—¿Ian? —Brie asintió tímidamente—. Y… ¿qué significa, o por qué ese nombre?
—Tiene varios significados, pero me quedo con el que dice: «aquél que es dado por el Señor». Para mi este bebé es un regalo… pero no sé, ¿tú qué opinas?
Jared suspiró, estacionándose fuera del instituto, tenía una mano en el vientre de su chica y recibía golpecitos de su pequeño pateador cada vez más fuertes contra su palma. Luego, aunque no debería, pensó en su hijo siendo capaz de defenderse a sí mismo. Eso era una prioridad, no dejaría que nadie, ni siquiera otro enano de su edad, le pusiera un dedo encima.
—Es un buen nombre, para mí también es un regalo, el mejor y el único que he tenido nunca. Lo llamaremos así.
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—Jared es tan… ¿no te da miedo estar con él? —preguntó Alyssa mientras Brie recomponía sus pasos, por venir distraída había trastabillado con una roca.
—¿Por qué habría de darme miedo? —Cuando la castaña volvió su mirada se encontró cara a cara con esos hermosos ojos azules de psicópata que parecían querer atravesarla, luego de unos tensos segundos, Jared rompió el contacto visual acelerando entre los autos.
—¿Y todavía lo preguntas? —canturreó Alyssa elevando una ceja, Brie le sonrió con calidez.
—Tan solo está nervioso, ¡casi me caigo!
—Dios, es que… además parece un matón —se soltó riendo—. Lo siento, amiga, de verdad me pone nerviosa.
—Yo creo que es sexy —aseguró la castaña, golpeándola ligeramente con el hombro.
—Él podría ser tremendamente sexy… para cualquiera a quien le pueda gustar el tipo de chico espeluznante, enojado y violento.
—¡Aly! —chilló poniéndose roja.
—Lo lamento —insistió con una sonrisa que dejaba claro que no lo lamentaba en absoluto—. Brie, yo… no creí… bueno yo…
—¿Tú, qué?
—¿No dijiste que era un ogro?
—Y lo sigue siendo, es un ogro todo el tiempo, pero uno adorable.
—¿Eso quiere decir que lo quieres? —La castaña parpadeó un par de veces, el rubor cubriendo sus mejillas mientras asentía con cautela—. Y ustedes dos… ya sabes… ¿duermen juntos? —preguntó, mirando hacia todos los sitios. En la escuela había oídos por todos lados, y era muy común que así empezaran los chismes, aunque Brie ya no tenía nada que ocultar.
—Sí. —Alyssa se ruborizó—. ¿Por qué?
—Bueno, es que yo… quería preguntarte si… si es cierto que duele, ya sabes... eso.
—¿Hacer el amor? —cuchicheó, conteniendo el rubor que quería invadirla tan solo al recordar lo que habían hecho esta mañana… o toda la noche. Su amiga asintió—. ¡Duele como el infierno! —tarareó antes de reírse nerviosa—. Nunca creas eso de que no duele y que es un placer inigualable, duele muchísimo la primera vez, para que estés preparada mentalmente si piensas hacerlo con Javier, además de que no olvides protección. —Apuntó hacia su redondeado vientre—. Por más que digas que amas a Javier, lo odiarás en ese momento.
—Lo tendré en cuenta —comentó pensativa.
—¿Me preguntas eso porque tú y Javier…?
—No, en realidad aún no llegamos ahí. Anoche fueron él y Tyler a la casa, Javier me llevó serenata porque cumplimos meses de novios. Cantaron hasta que los vecinos se quejaron y mi papá tuvo que salir a correrlos —contó de forma soñadora haciendo que Brie suspirara, por dentro su corazón incluso se apretó un poco.
Ella no recibiría nunca esos detalles por parte de Jared, él se lo había dicho, no tendría la vida cliché. Nunca la llevaría a cenar, nunca le llevaría una serenata y mucho menos se lo imaginaba cantando. Había muchas cosas que Brie no podría experimentar al llevar una adolescencia tan acelerada, al haber tenido que volverse completamente una mujer a tan corta edad. Ella no tendría la oportunidad de conocer esos detalles porque se había enamorado del ser más oscuro que había en el mundo. Sencillamente. Sin embargo no se arrepentía. Sacudió la cabeza tratando de alegrarse por su amiga.
—Y tú que pensabas que no estaba loco por ti.
—Lo sé —sonrió—. Por cierto, ¿irás al baile?
—Alyssa… no me gustan esos eventos. Además, con la enfermedad de mi mamá… y luego ni siquiera tengo un vestido, y tan solo faltan unos días y yo…
—Pero será la última vez que compartiremos algo juntas —la interrumpió—, será nuestra graduación después de estos años de tanto trabajo, por favor, iremos a distintas universidades, quizás ya ni siquiera podamos ir al cine, todo cambiará a partir de ahí. Eres mi mejor amiga…
Brie abrió mucho los ojos, probablemente Alyssa quisiera que ella le dijera que también era su mejor amiga, que esta confesión sería una que pudiera corresponder con facilidad. La mayoría de las chicas de su edad tenían un montón de amigos. Dada la mirada de Alyssa, definitivamente esperaba una respuesta, quería hablar de su novio, las películas que deberían ver y todo eso.
Nop, la pequeña de lentes no era su mejor amiga, la castaña nunca había conocido del todo a la joven porque tenía miedo de que pudiera ver todos los moretones que su padrastro le provocaba, ni siquiera le contó que había sido vendida, o mucho menos que Jared casi había querido matarla al principio, así que nop, Brie tampoco era "una chica de esas", no era como las demás. Sonrió al pensar en las palabras de Jared, tenían más en común de lo que él se imaginaba.
—Ya veremos —se limitó a responder.
No volvieron a tocar el tema, y mientras entraban al salón, Jordan la miró de reojo. Como siempre, primero veía su vientre y luego a sus ojos, un segundo después desvió la mirada hacia cualquier otro lado. Bueno, más exactamente hacia Madison, su novia. Desde que él se había enterado que Brie estaba embarazada, le rehuía como si estuviera contagiada de algo. La joven suspiró pasando a su lado. Nadie de su edad se sentía listo para esa responsabilidad, mientras todos llenaban solicitudes para la universidad, ella ya estaba pensando en el parto y en pañales.
El profesor Andrew comenzó con la clase, y sin poder evitarlo la castaña bostezó. Cada vez le era más difícil mantenerse despierta, era como si el bebé consumiera toda su energía, en realidad, si no fuera por las constantes pataditas, ya se habría quedado dormida, aunque ahora también había otra razón por la que se estaba quedando dormida... El puro pensamiento le espantó el sueño, se ruborizó al recordar la expresión de Jared mientras se empujaba contra ella, sus tatuajes ondulándose al igual que el resto de su cuerpo, las venas marcadas por el esfuerzo, su fiero pero aun así contenido deseo…
Tuvo que concentrarse en cualquier otra cosa para controlar su volátil imaginación. Por suerte, el resto del día fue más rápido de lo previsto, y en cuanto sonó el timbre de la escuela se encaminó a la salida.
—Salúdame mucho a tu mamá, de verdad espero que se mejo…
Alyssa se interrumpió cuando detrás de ellas un motor bramó con fuerza en algún punto del aparcamiento. Todos los que estaban en la acera se volvieron para observar con incredulidad cómo un estruendoso Honda se abría paso entre ellos. Zack se detuvo justo frente a ella, se estiró cuan largo era hacia el lado del copiloto y abrió la puerta.
—¿Vienes conmigo, o qué? —gritó por encima del rugido del motor. La joven se quedó allí, clavada durante un instante antes de que una enorme sonrisa se dibujara en sus labios.
—Vamos —canturreó contenta al tiempo que negaba con la cabeza—. ¡Nos vemos mañana, Aly! —Se despidió con la mano una vez dentro del automóvil.
Zack aceleró el automóvil sin dejar de sonreír. Brielle pensó en Katie, cuando fuera a buscarla y no la encontrara podría armar todo un escándalo, si ella le avisaba de nuevo a Jared tendría grandes problemas, así que le mandó un texto rápidamente contando mentiras sobre una charla a la que se había visto obligada a asistir.
No quería hacer esto, escapar sin comentarle a su ogro personal el porqué de su forma de actuar, tan solo no quería tener otra disputa con él para pedirle que la llevara a donde Zack. Solo quería disfrutar de una tarde normal, tenía demasiadas presiones y Zack era como el agua en el desierto, con una personalidad refrescante que lograba tranquilizar sus nervios.
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—No se trata de huir, pero por ningún motivo debes dejar que te sometan en el suelo.
Jared asintió mientras daba otro duro golpe y fruncía los labios al ver como Paul lo esquivaba. El tipo lo había convencido de entrenar en otro lado que no fuera el Cooper's, así que ahora estaban en uno de los gimnasios de la liga a la que querían integrarlo.
—¿Y todos en la UFC son como tú? —Él joven sonrió.
—¿Así de hábiles?
—Así de enanos. —Paul se soltó riendo.
—No vas a pelear con personas como yo. Soy peso ligero, te van poner con alguien de tu tamaño… —Lo miró de arriba abajo—. Seguro eres peso semicompleto, ¿pesarás unos noventa kilos, no?
—Quizás —murmuró sin entender a qué venía eso.
—La UFC nos cataloga según el peso y la estatura, solo quería tener la oportunidad de pelear alguna vez contra alguien de tu tamaño, ¡eres jodidamente lento! —canturreó aquel pendejo que parecía más una pluma que un hombre.
—Es porque solo estás esquivándome como un marica.
—No, tú tienes que moverte más, no puedes dejar de saltar. En el octágono no intentarás solo boxear, aprenderás un poco de artes mixtas, he visto tus patadas y son geniales, ¿has practicado Jiu-Jitsu? —Jared elevó una ceja—. ¿Muay Thai, Karate, Judo?
—Ninguna de esas mierdas. —Lo alcanzó en un descuido y le propinó un fuerte derechazo cerca del hombro izquierdo, lo hizo perder el equilibrio pegándole inmediatamente en la pantorrilla.
—Mierda, Frío, eso me dolió —comentó sobándose. Jared se acercó a él.
—¿Cómo jodidos me llamaste? —Su tono fue duro, oscuro a su modo.
—¿Qué no es ese tu apodo?
—Ese puñetero apodo me lo pusieron en el Cooper's, y lo odio.
—Pero a la gente le encanta, así es como te conocen. De hecho, fue gracias a eso como nosotros dimos contigo, no te queda más que joderte y usarlo. —Se puso de pie—. Pero bueno, como te decía, practicaremos un poco de esas artes para que puedas someter a tus rivales contra el suelo sin necesidad de hacer peleas tan sangrientas.
—¿Por qué, acaso le temes a la sangre? —Su tono fue burlón.
—No, pero sin duda te sacarán de la liga donde le quiebres el brazo a un cabrón por puro placer como lo hiciste el otro día, qué decir del pulgar en la puta barbilla, ¡pensé que lo ibas a atravesar!
—Esa era la intención —aseguró sonriendo torcidamente, Paul sufrió un escalofrío involuntario.
—En la UFC tenemos todo un mundo de reglas por seguir. Como por ejemplo, no te dejarán patear a un cabrón en alguna herida, ni tampoco agarrarle la clavícula, no escupir, nada de golpes en los riñones, no golpear en la garganta…
—¿No puedo escupir? —interrumpió.
—¿De todo lo que te he dicho solo esa mierda te preocupa? —Jared se encogió de hombros.
—No sé si pueda acostumbrarme a tantas trabas para pelear, me gusta el Cooper's porque nadie me dice lo que jodidamente tengo que hacer, tan solo me dejo llevar.
—Lo imagino, eres un salvaje cuando estás ahí. —Por primera vez el joven sonrió abiertamente.
—Amo estar en la puta arena. Para mí es como un jodido orgasmo construyéndose, esperando para ser liberado. Cuando las luces se apagan y Jeff anuncia mi entrada, la sensación se apodera de mi cuerpo…
En un asombroso movimiento, Paul se tiró al suelo y lo derribó a su vez con agilidad, el enano cabrón comenzó a asfixiarlo con tan solo la fuerza de sus piernas, realmente lo estaba estrangulando.
—Tienes que concentrarte, respira profundo… ¡mierda, Frío! No puedes golpearme con el codo…
—¡Cállate ya, pareces un puto perico! —jadeó, intentando zafarse.
—No puedes maldecir en plena pelea.
—Entonces… —gruñó, logrando quitárselo de encima—, pierdes tu puto tiempo, nunca he dejado de maldecir.
—Pues lo intentarás… además no creo que te guste maldecir frente a tu hijo tampoco.
Jared meditó eso por unos segundos, su hijo no iba a ser como él, por supuesto, ni siquiera en el vocabulario. Y como siempre le pasaba, pensar en su bebé... en Ian, le hacía pensar irremediablemente en Brielle, recordó cuando la había dejado en la escuela y ella trastabilló en su caminata por el estacionamiento. El corazón se le había ido al puto suelo, ¿y si hubiera resultado herida?, ¿y si por culpa de esas piedras volvía a tropezarse?
Sintió un pánico aplastante de mierda mientras se le cruzaban por la cabeza unas imágenes horripilantes de los resultados. Si algo le ocurría a Brie o al bebé, ya fuera su culpa o no, jamás se lo podría perdonar a sí mismo. Los necesitaba demasiado.
—Está bien, lo intentaré cuando menos en el octágono, y solo hasta que sea contratado por esta mierda. —Paul se rio entre dientes.
—Como quieras, ¿ahora practicamos un poco de jiu-jitsu?
—¿Qué es eso?
—Es un poco de combate cuerpo a cuerpo en el suelo.
—¿Como en el sexo? —El joven se rio.
—Un poco más como derribos, luxaciones articulares, estrangulaciones y otro tipo de sumisiones. —Jared elevó una ceja.
—Y dices que yo soy el salvaje. —El joven se rio de forma incrédula—. Me parece bien, enséñame.
—De hecho, puesto que ya haces mucho de eso en tus combates, solo vamos a pulirlo un poco —explicó, abalanzándose de nuevo sobre él.
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—¿Crees que la tipa esa te haya creído? —preguntó Zack antes de terminarse el resto del helado.
Sus ojos negros chispeaban alegres mientras la miraba, los vaqueros oscuros le sentaban de maravilla en ese atlético cuerpo que tenía, Zack a veces le daba la impresión de ser más musculoso que Jared, sin embargo quizás por eso no era tan veloz. Acordarse de ellos peleando siempre sería el peor recuerdo de su vida.
—Sí, de lo contrario ya me habría llamado —murmuró Brie mirando con cierta ansiedad su celular—. Le dije que terminando, una amiga me llevaría al hospital con mi mamá.
—No puedo creer que el Frío te tenga tan sometida, deberías poder verme cuando quieras, y no que yo tenga que ir a secuestrarte.
—También puedo tomar mis decisiones, como puedes ver.
—Ya —resopló poniendo los ojos en blanco.
—Además él fue por mí el otro día y no te golpeó, ¿recuerdas?
—¿Estás insinuando que esa mierda es un avance? —Su tono fue fingidamente alarmado.
—No, es solo que Jared es… —suspiró—, es muy intenso, es sobreprotector y teme que hasta una mosca se pare en mi hombro, el bebé es todo lo que tiene.
Brie quería atribuir esa nueva actitud, con cada latido de su sensiblero corazón, a que su ogro se estaba enamorado de ella, pero sabía que eso no sería fácil. Por ahora, agradecía que hubiera bajado la guardia.
Si él creía que no podía amarla, lo único que conseguiría discutiendo con él sería que se pusiera de nuevo a la defensiva. A menos que… fuera cierto. En cuanto el pensamiento cruzó como un relámpago por su mente se estremeció. ¿Y si Jared tenía razón? ¿Y si esa violenta forma de vivir le había dejado una herida tan profunda que nunca sería capaz de amar? ¿Y si simplemente amaba al bebé pero no podía amarla a ella? El viento golpeó con fuerza contra los vidrios del taller de su amigo, haciendo un sonido bajo y espeluznante que la hizo estremecer. Brie bajó la mirada a su vientre donde el bebé pateó, como dándole fuerzas para seguir.
—Eso quiere decir que no te dejará ir ni de broma a las bodegas.
—Por eso… estaba pensando en escabullirme contigo. —Zack abrió mucho los ojos, su rostro generalmente apuesto lucía bastante sorprendido.
—Solo si quieres que nos maten.
—Zack… estaré bien si tú me proteges en el palco.
—Primero, no creo que a Jared le haga gracia vernos juntos y mucho menos en el palco de las bodegas —comentó con sarcasmo.
—¿Sugieres que nos escondamos como antes?
—No, preferiría mil veces estar en el palco. Ahí es bastante alto y eso es genial, porque en estos últimos combates a los que he asistido, cuando el vencedor levanta sus puños, los seguidores comienzan a empujarse contra las vallas alrededor del octágono. —Suspiró sacudiendo la cabeza—. El otro día consiguieron tumbarlas, inundaron la arena y levantaron al tipo sobre una alfombra de hombros.
—Nos iremos en cuanto se sepa quién es el ganador.
—No es tan fácil, Brie. Después de que se conoce al ganador comienzan un montón de riñas y, a veces, la gente es pisoteada hasta la muerte. Quizás no sepas todos los detalles escabrosos de ese lugar donde trabajabas. —La joven mordisqueó su labio—. No te atreverías a poner en riesgo al bebé, ¿o sí?
—Nunca —gimió acariciando su vientre—, pero quiero ir… por favor, Zack. Si no me ayudas, encontraré la manera de hacerlo.
—¿Para qué? ¿Temes que Jared se pierda en sus triunfos? —preguntó en tono malhumorado
—¿Que se pierda? ¿A qué te refieres? —inquirió desconcertada.
—Bueno… tú sabes. —Se encogió de hombros poniendo a prueba las costuras de su camiseta azul—. He visto lo que el Frío hace cuando resulta vencedor.
—¿Qué es lo que hace? —insistió, repentinamente intrigada. En cuanto terminaban las peleas ella volvía a casa, pero nunca había pensado qué hacía exactamente él o por qué llegaba tan tarde.
—Bueno, pues festeja a lo grande, con droga corriendo por sus venas y quién sabe qué otras mierdas… dicen que Zoey lograba calmar el resto de sus… apetitos, por así decirlo, pero ahora que ellos no están juntos…
—En cuanto terminan las batallas él viene a mí —aseguró, bajando la mirada porque un dolor agudo le aguijoneó el corazón.
Se repitió que lo que él había hecho eran cosas del pasado, ahora Jared volvía a ella y eso era lo importante, sintiéndose ligeramente mejor por el pensamiento, miró a Zack quien tenía los ojos dilatados con una clase extraña de horror y confusión.
—¿Qué? —jadeó él—. ¿Qué es lo que has dicho?
—¿Sobre qué...? —Se alarmó repentinamente—. ¿Zack? ¿Qué es lo que va mal?
—¿A qué te estás refiriendo con que va a ti?, ¿estás jugando? ¡Es una broma de muy mal gusto, Brie! —Lo miró con mala cara.
—Eso no es asunto tuyo, y yo no debería... no debería estar hablando de esto contigo. Es privado.
—¡Ese hombre es un retorcido! Un asesino que va jodidamente drogado a ti, por favor, dime que no te ha hecho nada malo… —demandó, mientras la escaneaba de arriba abajo.
—Por supuesto que no. —Se cruzó de brazos defensivamente—. Él ya no se droga ni es un peligro para mí, pero si estás tratando de desviar el tema porque no quieres acompañarme, lo entiendo.
—Estoy tratando de que mi presencia para ti sea algo agradable y no un juicio, pero me lo pones muy difícil, Brie —resopló poniéndose de pie.
La joven suspiró, su relación con Zack solía ser fluida, tan natural como respirar, pero desde que había regresado Jared, se había convertido en una tensión continua. Porque a los ojos de su amigo, Jared era un asesino.
—Si tanto te perturbo, lo mejor es que me vaya. —Recogió su mochila pero Zack la sostuvo por el brazo.
—Lo siento tanto. —Le arrancó la mochila de las manos—. No quiero que te vayas, mierda. Yo… tan solo me gustaría… —suspiró, mirándola de forma intensa.
—¿Qué? —Se quedaron mirando uno al otro, Brie lo quería muchísimo, él era su amigo más incondicional hasta hoy, la había sacado de cuanto apuro había podido, era muy importante para ella, por eso odiaba ver la impotencia brillando en sus ojos negros.
—Diablos, sé que no dejaré de repetirme lo pendejo que soy por lo que voy a decirte, pero si Jared te da permiso de que sea yo quien te lleve a las bodegas, te protegeré para que puedas verlo pelear.
—¿Harías eso por mí? —Él suspiró, desviando la mirada.
—Haría muchas cosas estúpidas por ti.
—¡Oh, Zack! —canturreó abrazándolo. Su enorme cuerpo se tensó, pero segundos después se relajó y la abrazó con cuidado de vuelta.
Después de eso todo volvió a la normalidad, Zack lograba hacerla reír y olvidar sus preocupaciones, platicaron un poco más hasta ponerse al día con todo lo que habían hecho, e incluso le contó de su mamá. Fue entonces que Zack la llevó al hospital, donde no le sorprendió en lo más mínimo ver a una enfurecida Katie. La joven estaba afuera del recinto, recargada contra la pared cercana a la puerta de urgencias. Los vaqueros de cuero terminaban en unos stilettos negros, en sus delicados labios llevaba un cigarrillo que apagó en cuanto los vio llegar.
—Entre el Frío y esa duende, estás rodeada de monstruos —comentó Zack, fingiendo estremecerse.
—No son tan malos como parecen. —Le dio un beso en la mejilla, asombrándose cuando descubrió que su amigo se ruborizaba—. ¡Mira eso! Nunca creí que podrías ruborizarte. —El joven sacudió la cabeza y le regaló una radiante sonrisa.
—Solo me has tomado por sorpresa, dale mis saludos a tu mamá, espero que se mejore, ¿y Brie? Recuerda llamarme si algo ocurre.
—Así lo haré, tenlo por seguro. —Una vez que se despidieron, la joven bajó del auto y suspirando se acercó hacia su amiga—. Katie… yo…
—Al parecer no soy buena en esto.
—Perdóname —consiguió decir sin mirarla.
—Supongo que para ti es difícil toda esta situación, es solo que… —suspiró antes de negar con la cabeza.
—¿Qué?
—No sabes cuánto detesto a ese maleante.
—¿Por qué lo detestas tanto? —Katie la miró largamente con aquellos ojos llenos de misterios.
—Es un pandillero y lo sabes.
—No lo es, quizás lo fue pero ahora solo se dedica a su trabajo. —Su amiga puso los ojos en blanco y maldijo por lo bajo.
—¿Quieres ver a tu mamá? —Cambió de tema, afortunadamente, y como Brie no quería discutir más, asintió.
—Claro, vamos.
Natalie estaba peor, aunque los doctores no se lo dijeran. Adam, así como Nicole, se empeñaban en decirle que todo iba bien, pero Brie sabía que no. Ese día ni siquiera había abierto los ojos y dejaba escapar pequeños gemidos de dolor. Sonidos que la perseguirían por noches, estaba segura. Así que ahora estaba aquí, rodeada de todos sus amigos, pero sintiéndose sola.
De pronto, la puerta de la pequeña sala de espera se abrió de golpe, un hombre peligrosamente atractivo, de más de un metro noventa de altura, entró a zancadas robando todas las miradas. Pantalones estilo militar negro enmarcaban sus poderosas piernas, brazos llenos de tatuajes cubiertos por una camisa oscura hacían que Jared pareciese incluso más alto, más elegante y más letal, aunque… por otra parte, él nunca daba la impresión de nada menos que eso.
Y aun así no lo pensó dos veces.
—Jared, viniste. —Se levantó apresuradamente a su encuentro, echándose en sus brazos sin importarle si se veía muy infantil o no.
Él vaciló en el umbral del pasillo un momento, haciendo que se preguntara si el gesto habría sido demasiado personal para él. Decía mucho de lo que tenían el hecho de que abrazarlo al parecer fuera más íntimo que el mismo sexo. Las botas del joven resonaron cuando se acercó a ella y la encontró a mitad del camino. Después de unos tensos segundos la rodeó con un brazo y le cogió la mano. Las callosidades de su palma le recordaron a la castaña que era un hombre acostumbrado a pelear. Aquella helada y firme mano envolvió la suya.
—¿Por qué estás tan helado? —preguntó alarmada.
—Eh… —suspiró—. Digamos que estuve sumergido en una tina llena de hielo.
—¿Qué? ¿Por qué? —exclamó alarmada.
—Alguien… me dijo que de esa forma puedo bajar la hinchazón muscular por el entrenamiento, de esa manera espero que no tengas que verme tan golpeado… es todo, no te vuelvas loca. —Le tocó cariñosamente la nariz, Brie le sonrió antes de apretujarse más contra él.
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A Jared le llegó la dulce fragancia olor a sándalo de su chica mezclada con algo más, quizás el olor de la indulgencia. Aspiró ese jodido olor que tanto había extrañado e inconscientemente se sintió completo. ¿Cómo había logrado Brie metérsele bajo la piel en tan poco tiempo?
Brielle le hacía sentir emociones que nunca había imaginado. Esa jovencita cambiaba las leyes de la lógica y hacía que el puto negro fuera blanco, y todas las bases que había cimentado con los años, se resquebrajaran convirtiéndolo en un jodido caos. Nada era racional cuando ella estaba cerca, su control brillaba por su ausencia. Ella le estaba enseñando a ser feliz, y también estaba consiguiendo algo que nadie más había logrado desde que había salido de la cárcel, destruir su rígido autocontrol. Tal vez fuera por eso que comenzaba a sentir una fuerte conexión con ella.
—Pensé que no vendrías hoy.
—¿Dónde más se suponía que iba a estar si no era contigo? —preguntó, acariciándole el vientre, antes de enterrar sutilmente la nariz en su cabello.
Aunque… quizás Brielle no se daba cuenta de esos gestos que tenía para con ella, por el rabillo del ojo vio como Adam le sonreía de forma boba, haciendo que pusiera los ojos en blanco. Nicole también los miraba de forma aprehensiva, incluso la jodida enana, haciéndolo sentir incómodo. Se separó un poco de la castaña, pero se alarmó cuando a la joven se le llenaron los ojos de lágrimas.
—¿Qué pasa?
—Mi mamá está muy delicada, lo sé. Hoy ni siquiera ha abierto los ojos —murmuró contra su pecho. El joven asintió, incapaz de decirle la verdad.
Adam le había llamado hacía una hora para decirle que era probable que Natalie no pasara de la noche. Por suerte, Jared había peleado el día anterior y hoy no era su turno. Así que estaba aquí porque temía que aquel estado de ánimo afectara al bebé, aunque muy dentro de su oscuro corazón sabía que habría tenido que dejar colgado al cabrón de Spencer, junto con el jodido trofeo de ser necesario. Ahora ella lo necesitaba más que nunca.
—¿Ya comiste? —Sus inocentes y grandes ojos claros lo miraron con culpa.
—Yo…
—¿Familiares de la paciente Natalie Moore? —La joven se tensó entre sus brazos e instintivamente Jared la estrechó un poco más.
—Díganos. —Por suerte Adam se puso de pie hablando por ellos.
—La paciente ha sido desahuciada, pueden pasar a despedirse de ella. Lo lamento mucho.
—Eso no puede ser… ¡pero si anoche estuvimos hablando! —sollozó Brie. El médico la miró de forma compasiva.
—Lo siento, el cáncer se pasó rápidamente al cerebro, no hay nada más que podamos hacer. —Todos se giraron a mirarlos, pero ambos jóvenes se quedaron enganchados en la mirada del otro. Y por primera vez en su vida, Jared sintió otro tipo de dolor: El ajeno.
Ella lo miró largamente, y con eso el joven pudo traspasar esa barrera que sentía al verla directamente a los ojos, y no le gustó lo que encontró. Brielle tenía toda el alma resquebrajada, el dolor en aquellos ojos miel era tan agudo que se sintió mareado. Brie se abrazó a él con todas sus fuerzas, pero su redondeado vientre lograba poner cierta distancia entre ellos mientras sollozos escapaban de su garganta, pequeños gemidos impregnados de tanto dolor que el joven hubiera dado cualquier cosa por aliviarla, por ser él quien soportara eso y no ella. La atrajo hacia sí.
Se sentía como un pendejo, no era bueno consolando, nunca había tenido que demostrar ser algo más que alguien frío, despiadado, definitivamente esto se le daba fatal. Así que solo se dedicó a acariciarle la espalda, le limpió las lágrimas y acarició sus mejillas, sin palabras demostrándole cuánto lo sentía, también evitó pedir disculpas por la muerte de esa mujer. No lo sentía. Así que no dijo nada. Nunca había entendido esa costumbre de todos modos.
—S-Sé lo que estás pensando —hipó, su voz llena de dolor—. ¿Dónde está mi Dios en este momento?
—Lamento mucho haberte dicho esa mierda. —Porque eso sí lo lamentaba de verdad—. ¿No habíamos quedado en que soy un imbécil cuando se trata de hablar?
—Tenías… tú tenías…
—No digas que tenía la puta razón, porque me vas a hacer sentir como un maldito mentiroso de mierda. —Sostuvo su rostro entre sus manos—. Tú y mi bebé son la prueba de que existe, no pienses más en eso, ¿sí?
Después la acompañó a la habitación de su madre, donde la joven se rompió por lo que a Jared le parecieron horas, y durante ese tiempo, mientras veía llorar a esa pequeña niña que había cambiado su mundo, se odió a sí mismo por hacerla sufrir. Se frotó el pecho, le dolía sin que fuera culpa de los golpes, se sentía afligido y consternado, al parecer no estaba tan muerto como pensaba.
Tan solo dos horas después, Natalie pasó a mejor vida. El joven tuvo que llevarse a Brie cargada en brazos ya que se había desmayado. Aunque los doctores le habían dicho que solo era la impresión, que la llevara a descansar y a comer algo, Jared estaba jodidamente aterrado, ella se veía increíblemente pálida.
Ya en casa, Nicole y Katie le ayudaron a cambiarla y a recostarla, y por primera vez, la esposa de su hermano no se portó con su usual jodido humor contra él. Adam se encargó de todos los preparativos funerarios mientras Jared… bueno, él solo tenía cabeza para volver al lado de su mujer.