Epílogo

Por supuesto que Dorian coqueteó descaradamente con Ria en la ceremonia de emparejamiento. Pero Emmett no llevó a cabo su amenaza de destripar al hombre más joven. Porque Ria era suya ahora y Dorian, como cada hombre en los DarkRiver, preferiría morir antes que cruzar esa línea.

Su leopardo sonrió indulgentemente mientras el soldado rubio bailaba con su compañera haciéndola girar, luego la atrapó riéndose. Los ojos de Ria se encontraron con los de Emmett por encima del hombro de Dorian y ella le sopló un beso.

Sonriendo, Emmett decidió que había compartido a su compañera lo suficiente.

—Ve a encontrar otra pareja, Rubito.

Dorian soltó a Ria con una sonrisa dolorida.

—Pero me gusta tu visón —esquivando el golpetazo de Emmett, se alejó con una sonrisa engreída.

—¿Tu clan es siempre así? —preguntó Ria, mirándole y envolviendo los brazos en torno a su cintura.

—¿Loco?

—Eso, también. Pero tan… como la familia.

—Sí. El clan es la familia.

Un ceño le frunció las cejas.

—¿Qué hay de mis padres, la abuela, mis hermanos, Amber y Joy, serán excluidos ahora?

—También son familia —le contestó—. A veces, podrían desear no serlo.

Sonriendo, le dirigió la mirada a donde las pobres Amber y Joy estaban siendo «cuidadas». Los cambiantes no tocaban ni a la madre ni al bebé, pero era obvio que querían hacerlo. Entonces Ria advirtió la hermosa manta de bebé hecha a mano que le tendían a Amber. Su cuñada pareció aturdida… antes de que una sonrisa se arrastrara lentamente por su cara.

—Nos gustan los niños —le susurró Emmett en la oreja.

Apretándose contra él, se puso de puntillas para contestarle en un susurro.

—A mí, también.

Él la estrechó con más fuerza.

—¿Cómo te ha tomado tanto tiempo encontrarme? —preguntó.

—Estupidez —un pellizco en su oreja—. Pero ahora que te tengo, nunca voy a soltarte.

Ria sonrió y le besó el borde de la mandíbula.

—¿Quien dice que te lo permitiría?

Riéndose, Emmett la hizo girar en un círculo mareante. Ria se encontró con los ojos de su abuela en medio del primer giro. Miaoling recibía a la corte de jóvenes, pero la sonrisa fue sólo para Ria. Y Ria supo que su abuela comprendía.

Emmett era para ella. Para siempre. Sin importar el qué.

Era, pensó, mirando a los ojos convertidos en felino con alegría juguetona, perfecto.

San Franciso Gazette

1 de enero, 2073

Noticias locales

Aires Nuevos

Parece que ciertas declaraciones hechas en esta columna el año pasado fueron proféticas en extremo. Según con cada persona con la que hablamos durante nuestra investigación para la columna de hoy, el verdadero poder en San Francisco ya no permanece con nuestros representantes elegidos, sino con un grupo de cambiantes leopardo. ¿Quizás son estos gatos quiénes deberían sentarse en la administración municipal?

Lucas Hunter, el alfa de los DarkRiver, contestó lo siguiente cuando le preguntamos: «Nosotros no tenemos el deseo de presentarnos como candidatos. Pero consideramos a San Francisco nuestra casa y nos tomamos las amenazas contra esa casa y las personas dentro de ella, muy en serio».

Bravo, señor Hunter. Por lo que se refiere a este periodista, los DarkRiver han demostrado su determinación y su derecho, de obtener la ciudad. San Francisco es inequívocamente una ciudad leopardo.

Fin