Capítulo

4

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Eran las once de la noche, momento de dormir y sin tener noticias del malestar de Ariadna, Minerva escuchó que llegaba un auto, se asomó por la ventana de su habitación y miró que era Harry que llegaba a dejar a Diana, eso le dio mucho alivio. Regresó a la cama.

Con la tenue luz de su lámpara encendida se acostó y miró por un momento la fotografía de Leonardo, la sujetó y acarició de nuevo el contorno de su cara a través del vidrio, sentía que jamás iba a olvidarlo; era un hombre de veintiocho en ese entonces, alto, piel canela, ojos claros, cabello negro y para ella era el hombre más guapo sobre la tierra, suspiraba y suspiraba al ver la imagen y sus recuerdos se hacían presentes, tantos planes, tanto amor, tanta pasión, gozaban sus entregas como si fuera la primera y última vez al mismo tiempo. Se amaban con locura.

Minerva apagó la lámpara y abrazó la foto pegándola a su pecho, en su tocador tenía otra en donde estaban los dos abrazados disfrutando de las playas de Malibú y en su escritorio, otra donde estaban besándose en un centro comercial en Los Ángeles previo a la navidad del 2,010, fue en ese viaje donde Leonardo le propuso matrimonio y esa navidad le entregó el anillo, siete meses después celebrarían su boda.

La foto donde estaba solo era de sus favoritas; estaba sentado en una cafetería al aire libre, con los brazos sobre la mesa, su mano izquierda estaba justo frente a su cara y en su puño escondía la servilleta, acababa de limpiar su boca y se disponía a lanzarla sobre la mesa cuando Minerva le tomó la foto, había sido un desayuno, su muñeca mostraba un reloj de marca regalo que ella le había dado en su cumpleaños, vestía una camisa manga larga a rayas de color rosa, rojo y celeste y el cuello desabotonado dejaba ver parte de su pecho, la mirada cristalina de Leonardo estaba clavada en ella, seductora, ardiente, deseosa, penetrante, Minerva captó una perfecta expresión de él de manera espontánea lo que lo hacía verse muy guapo en su faceta natural, era su modelo, su inspiración, su razón de ser y guardaba con celo esa fotografía por el recuerdo de la noche de ese día. Se acomodó en su cama, se escondió bajo las sábanas y el edredón y abrazando la foto con ternura, cerró los ojos para recordar ese día…

***

—¿A dónde vamos amor? —le preguntó Minerva observado que no iban al apartamento después de una romántica cena a la que él la había invitado.

—Es una sorpresa. —Él sujetó su mano y la besó mientras manejaba.

—¿Otra? Pero si ya me diste una, fue una romántica velada.

—Que todavía no termina.

—Pero no entiendo, no es un día especial, no celebramos nada.

—Yo celebro que te tengo, celebro que te amo, celebro que pronto serás mi esposa y celebro mi vida junto a ti.

—Mi amor te amo. —Minerva se acercó a él y le dio un sonoro beso en la mejilla mientras rodeaba con sus brazos el cuello de él—. Siendo así, eso lo celebro todos los días.

Cuando llegaron Minerva se sorprendió, era un mirador, la noche era preciosamente estrellada y el clima agradable, ese día Leonardo había optado por manejar su camioneta Ford Scape 2009 color verde oscuro la cual era amplia y espaciosa, esa sería su camioneta familiar oficial, se deleitaba imaginado a sus hijos en la parte trasera y llegar a ese lugar los domingos por la tarde para disfrutar de un tiempo con su familia, realmente él soñaba con eso pero esa noche lo que deseaba cumplir era una fantasía; estacionó la camioneta de retroceso a modo de que la parte de la cajuela quedara de cara a la ciudad, las luces se miraban preciosas. Bajó de la camioneta y abrió la puerta de Minerva para que también bajara, se acercaron al borde del mirador para observar la ciudad de noche.

—Mi amor es maravilloso, me encanta tu sorpresa. —Minerva lo abrazó y lo besó suavemente.

—Pero no sólo se trata de esto. —La besó y sensualmente le susurró al oído—. He preparado un encuentro aquí.

—¿Cómo? —Reaccionó asustada.

Leonardo sonrió y abrió la puerta de la parte trasera de la camioneta, había una cómoda colchoneta con varios cojines y una cesta con vino, rosas, chocolates y fresas. Minerva abrió los ojos al máximo, tragó en seco, se sonrojó y sintió mojarse, en un acto de reflejo apretó las piernas, ese día no vestía un traje pantalón sino falda y eso le haría el trabajo más fácil a Leonardo.

—¿Te gusta? —Preguntó muy sonriente.

Minerva se limitó a asentir sin poder reaccionar, la sorpresa comenzaba a excitarla;

—Ven, tranquila —la sujetó de la mano y le ayudó a sentarse, abrió el vino, llenó dos copas, le entregó una y procedió a brindar.

—Brindo por ti mi amor. —Chocó la copa—. Por lo bella que eres, por hacerme tan feliz y por tenerme a tu lado, por amarme y por haber aceptado ser mi esposa.

—Yo también brindo por ti —le dijo Minerva muy sonriente a la vez que mordía su labio—. Por tu amor, por tus detalles, por mimarme, por lo hermoso que eres y por lo afortunada que soy, te amo.

—Yo también te amo —contestó él besándola a la vez que bebían. Con el control remoto reprodujo un C.D. el piano y las cuerdas de una canción comenzaron a sonar; “Por tu amor” interpretada por Charlie Zaa estremeció a Minerva. Dejaron las copas y Leonardo la sacó a bailar, la estrechó con fuerza y comenzaron a moverse al ritmo a la vez que él tarareaba:

“Por tu amor y por tus ojos que son como un sueño
Por tu sonrisa y tu paz que acaricia
Y por amarte una noche sin prisa lo que diera yo
Por tu amor por conquistarte y llegar a tu playa
Porque te entregues a mi enamorada
ay lo que no diera yo…”

Sus miradas eran el uno del otro, Leonardo acercó su boca al oído de Minerva y comenzó a susurrar la canción, para ella, Minerva suspiraba y se estremecía en sus brazos, Leonardo apretaba su cintura y ella pudo sentir la erección que crecía, él comenzó a besar el lóbulo de su oreja, inhalaba el perfume de su cuello y ella sentía que su vientre le hervía. Él bajó una mano y apretó su trasero, ella gimió.

—Quiero hacerte al amor aquí —susurró con voz ronca.

Minerva lo miró hipnotizada, se saboreó y sonrió, con la otra mano él sujetó su cuello y se posesionó de su boca, deseaba devorarla, Minerva le correspondió, sus lenguas se saboreaban y cuando Charlie terminó de cantar fue el turno de Luis Miguel, “Amarte es un placer” recorría hirviente la sangre de ambos, poco a poco Leonardo la llevó de nuevo a la cajuela y sujetándola con ambas manos de su trasero la subió y la sentó, se colocó en medio de sus piernas las cuales acariciaba con fuerza y con deleite a la vez las colocaba a la altura de su cadera, él desabotonaba la blusa de ella y ella hacía lo mismo a la vez que se besaban con desesperación, él apretó uno de sus pechos y ella acariciaba el de él, Leonardo la acostó en la cómoda colchoneta y levantó su falda hasta la cintura, se aferraba con fuerza de sus piernas y su boca buscó uno de sus pechos. Minerva gemía y gozaba el placer delirante que experimentaba, con su propia boca Leonardo liberó el pezón del brasier y comenzó a succionarlo con fuerza a la vez que su mano subía hasta llegar al sexo de Minerva donde acarició su monte Venus, ella jugaba con el cabello de su amado y al sentir la penetración de sus dedos comenzó a jadear y a mover sus caderas a ritmo, impulsándose para buscar más placer. Leonardo disfrutaba ver la excitación de Minerva ante sus caricias y al sentirla tan lubricada con agilidad le quitó el panty de encajes y metió la cara entre sus piernas.

Minerva gimió con fuerza al sentir la lengua de Leonardo recorrer y beber todo, ya no podía más, estaba a punto de explotar.

—Leonardo amor… voy a estallar. —Logró decir sintiendo que no podía respirar.

La lengua de Leonardo se movía con agilidad dentro de ella para provocarla más, pero él quería ver la cara de placer de su novia al llegar al orgasmo así que se levantó y sustituyó su lengua por sus dedos, los introdujo de nuevo y a modo de vibrador los movió. Minerva no pudo más y estalló gimiendo su nombre, Leonardo complacido sonrió.

—Penétrame. —Le pidió Minerva cuando pudo respirar—.Quiero sentir mi delirio dentro de mí.

Complaciendo muy deseoso a su novia, se quitó el cinturón y bajó el cierre de su pantalón, Minerva metió la mano entre el bóxer y lo acarició, se saboreó, sacó el miembro ante la mirada ansiosa de Leonardo y lo llevó a la entrada de su sexo.

—Duro. —Ordenó—. Lo quiero fuerte, dámelo todo.

Obedeciendo Leonardo la penetró de una sola estocada haciendo que Minerva arqueara su cuerpo y gimiera de nuevo, se impulsaba en un torturante ritmo que ella disfrutaba lentamente y a medida que la excitación lo dominaba comenzó a impulsarse más rápido.

—Más, más, más… —era lo único que la chica repetía.

—¿Te gusta?

—Me encanta.

La besó con fuerza a la vez que masajeaba y apretaba uno de sus pechos. Minerva se retorcía de placer.

—Oh sí, más… —exigía ante tales deliciosos embistes.

—Sí, sí, sí… —gemía él también impulsándose con fuerza y sintiendo que llegaba a su orgasmo para liberarse—. Minerva, sí…

Ambos llegaron juntos, él se derrumbó en el pecho de la chica.

—Eres mi delicia… —dijo cuando él encontró el aliento.

Se besaron de nuevo y disfrutaron un momento de las caricias.

***

Minerva soñaba con él, lo sentía con ella, lo sentía encima de ella, podía sentir su respiración, su cálido aliento en su cuello, la suavidad de sus labios, sentía las manos de él sobre su cuerpo y ella podía tocarlo, podía sentir su pecho, su espalda, podía sentir su desnudez sobre ella y comenzó a desearlo, en un acto de reflejo abrió las piernas y lo sintió en medio de ellas, deseaba que la penetrara, deseaba que le hiciera el amor.

—Leonardo mi amor —balbuceaba—. Te extraño, bésame, tócame, hazme el amor, te necesito.

Minerva podía sentir sus labios, sus caricias, incluso pudo sentir tocar su miembro y la penetración, gimió, movió sus caderas, se impulsaba y pedía por más.

—Sí mi amor, así, más, más…

Minerva sintió una tensión placentera en su vientre caliente y por fin llegó el alivio deseado.

—Leonardo, Leonardo, sí, sí… —gimió el nombre de su amor y se tranquilizó, su corazón palpitaba con fuerza y en un reflejo despertó agitada y bañada en sudor. Se sentó en la cama desorientada y encendió la lámpara, no sabía que había pasado y lloró porque se encontró sola y en su habitación, había soñado con él. Cuando se controló pudo sentir la evidencia de su sueño, estaba empapada, se levantó y se dirigió al baño, sintió su cuerpo placenteramente liviano y entonces supo, que había tenido un orgasmo.