Documento n.º 1 (Carta de Rafael Salazar Alonso)

Documento n.º 1

CARTA DE RAFAEL SALAZAR ALONSO, DIRIGENTE DEL PARTIDO REPUBLICANO RADICAL Y EXMINISTRO DE GOBERNACIÓN A JOSÉ MARÍA GIL ROBLES, LÍDER DE LA CEDA, SOLICITANDO REACCIÓN CONTRA EL GOBIERNO DEL FRENTE POPULAR

Excmo. Sr. D. José María Gil Robles

Mi querido amigo:

Justificará Vd. que nuevamente le exponga mis inquietudes en relación con el gravísimo momento de España y por los avances de la revolución hacia la meta comunista. Cuando tuvo usted la bondad de escucharme, le manifesté con rotunda claridad que no era posible esperar nada del Sr. Azaña para contener a los revolucionarios en su camino triunfal. Bastará leer algunos documentos que recojo en mi libro «Bajo el Signo de la Revolución» y cuya autenticidad confirman los sucesos actuales para conocer el alcance del pacto de esos partidos del Gobierno con comunistas, socialistas y sindicalistas y para comprender lo grave que puede resultar el error de esperanzas semejantes.

No soy partidario de perder el tiempo en el examen de lo pasado si no es para no tropezar en la misma piedra. Pero porque es argumento de justicia, si me permito indicar las circunstancias que acreditan un hecho revolucionario indudable y una complicidad manifiesta en cuantos las produjeron entregando el Poder a quien no podía hacer sino lo que hizo al servicio de sus fuertes compromisos con la revolución, apelando a toda clase de coacciones para enervar la candidatura contra-revolucionaria y pactando con las izquierdas contubernios de traición sin precedentes en la vida pública española.

Vino el resultado electoral y con esa victoria del Frente Popular los acontecimientos previstos.

Ahora ¿para qué decir lo que Vd. sabe mejor que yo? Se ha superado en barbarie a Rusia, provincias enteras, parecen sometidas a un ejército de ocupación. No se respetan ni la Ley, ni la Propiedad, ni las vidas, se hace desprecio del sexo y de la edad, se encarcela a las gentes o se las obliga al destierro, se ocupan fincas sin garantías ni trámites, se imponen multas cuantiosas y con coacciones se obliga a firmar pactos de trabajo contra un prudente sentido económico. Perecerá la Ganadería y el daño en la producción agrícola será de difícil subsanación.

No basta todavía a los revolucionarios que actúan por encima de las propias Autoridades impotentes para evitarlo. Cada día un nuevo avance, no digamos una nueva audacia o un nuevo atropello.

Pero sería delito de lesa Patria seguir únicamente con lamentaciones. Es preciso, apremiante, que se opere una reacción en el país y que a los grandes sectores de España, que muestran su inquietud por cuanto sucede y con gran intuición conocen lo que puede suceder, se les ofrezca un instrumento adecuado que hoy por hoy no pueden ser los partidos políticos.

Contra el Frente Popular, cuyos peligros en orden internacional no se le ocultan, hay que alzar el Frente Nacional. Queden al margen los partidos políticos si no quieren desdibujar sus líneas. Pero autoricen a sus afiliados a formarle, no con fines electorales sino con el convencimiento de que el respeto al sufragio cuando el mal de esta época es la infección de las masas, redundaría en perjuicio de la Nación que obedece a designios inmutables.

No busco fórmulas definitivas. Busco procedimientos. Pero tampoco deseo que no se conozca cuanto corresponde hacer cuando se logre el propósito. Para mí lo que procede es organizar el Estado en forma que no sea posible el resurgimiento del peligro revolucionario, mantenido durante tantos años por un sistema incompatible con el orden público.

Me caracterizó siempre un fuerte sentido jurídico. Creo no traicionarle al considerar que la revolución interrumpe la esfera del Derecho y cuando el Estado en vez de amparar a quienes en ella se mueve, asiste, a quienes la violentan, es obligación ineludible substituir a ese Estado aún teniendo que pasar por situaciones transitorias que impongan a todo trance el principio de Autoridad.

Es decir, las determinaciones de ese Frente Nacional, llámese de otro modo si se quiere, han de ir acompañadas por la decisión firme inquebrantable de oponerse a los designios revolucionarios sin cejar, sin dar por terminada la labor hasta el logro de estos patrióticos anhelos.

Perdóname amigo Gil Robles esta carta. Usted sabes mis inquietudes y el noble afán que me anima. Tengo fe en España, creo en el pueblo español, creo en los hombres a quienes el pueblo designa como directores de su pensamiento y de su acción para oponerse al Comunismo. Por eso mis requerimientos son sinceros y levantados, sin preocupaciones personales, con el pensamiento puesto en España.

Su buen amigo,

Rafael Salazar Alonso

(Fuente: Archivo Histórico Nacional, Fondos Contemporáneos, Causa General, Leg. 1593-1. Exp. 38. Sumario contra Salazar Alonso).