Agradecimientos

Siempre me he resistido a escribir una página de agradecimientos. Las personas, las palabras, los gestos, las miradas y los ejemplos que me inspiran y me acompañan son demasiado numerosos para poder figurar aquí. Pero éste ha sido un año intenso y luminoso, y temo que si no expreso ahora al menos una parte de lo mucho que debo, tal vez no tenga otra oportunidad. Como en el cuento de Leo Lionni, donde unos ratoncitos andan apresurados recolectando provisiones para afrontar los rigores del frío, quisiera llenar una cesta con algunos momentos determinantes para mí. En lugar de trigo, paja y nueces, haré como Frederick, que se queda sobre el murete de piedra y se llena los ojos con la luz dorada del sol. «¿Qué haces?», le preguntan desconfiados los demás. «Recojo rayos de sol, colores y palabras para los fríos días de invierno… El invierno es largo y temo que nos quedemos sin cosas que contar».

Quisiera agradecer al menos tres hitos específicos de esta última etapa: el encuentro fructífero con mi editor, Santos López Seco, director de la editorial Aguilar, a quien ya debía mi primera oportunidad de publicar; he tenido de nuevo el privilegio de contar con su guía sólida, cálida y extraordinariamente inteligente. El cariño y el apoyo de los lectores y de los oyentes, porque sus cartas y sus palabras han sido una fuente de alegría y de energía inesperada y mágica. Y el poético espacio semanal que me han brindado generosamente Silvia Tarragona y su equipo en la madrugada de Radio Nacional de España, porque allí comparto mucho de lo que me mueve y me inspira.