CARFÍLIDES
Nada más se sabe de él; ni siquiera si éste es su verdadero nombre y no Carpílides o Cafílides, citados en los lemas.
356 (VII 260)
La anécdota recuerda historias conocidas, como la del ateniense Telo, en Heródoto (I 30).
No te aflija al pasar mi sepulcro, viajero; no tengo,
aunque muerto, nada que trenos merezca.
Prole dejé de mi prole; de sola una esposa
gocé, que envejeció conmigo, y a tres hijos
casé, a cuyos hijos dormí en mi regazo mil veces
sin haber lamentado muertes ni enfermedades
y que, habiendo libado en mi honor, hasta aquí me trajeron
para que sin pesares dulce sueño durmiera.
357 (IX 52)
El tema no carece de belleza, pero resulta un tanto rebuscada, por ejemplo, la oposición entre el cráneo calvo y el sedal (cf. el 150 de Leónidas) hecho con crines.
Alguien, pescando en la playa, sacó la cabeza
calva de un ahogado con su sedal de pelo,
se apiadó de aquel cráneo sin cuerpo y, con solas las manos
como utensilio, diole sencilla sepultura
y oculto halló un áureo tesoro. No quedan los hombres
justos sin recompensa por sus actos piadosos.