El país del tiempo de las sanguijuelas
Gustav Meyrink
(1868 - 1932)
En su selección de artículos Textos cautivos (1938), el escritor y ensayista argentino Jorge Luis Borges (1899 - 1986) apuntó, con respecto al autor de El Golem: «Los hechos de la vida de Gustav Meyrink son menos problemáticos que su obra. Nació en 1868, en Viena. Su madre fue una actriz —es demasiado fácil comprobar que su obra literaria es histriónica—. Munich, Praga y Hamburgo se reparten sus años de juventud. Sabemos que fue empleado de banco, y que abominó de ese trabajo. También sabemos que ensayó dos desquites o dos maneras de evasión: el estudio confuso de las confusas ciencias ocultas y la composición de escritos satíricos. Atacó en ellos al ejército, a las universidades, a la banca, al arte regional (Arte —escribió— de donde está ausente lo artístico y donde lo regional es falsificado). Desde 1899, la famosa revista Simplicissimus publica sus escritos. De esa época data su traducción de ciertas novelas de Dickens y de ciertos relatos de Poe. Hacia 1910 reunió una cincuentena de cuentos bajo el título paródico El cuerno mágico del burgués alemán, y en 1915 publicó El Golem. (…) El Golem es una novela fantástica. Novalis anheló alguna vez crear narraciones oníricas, narraciones inconsecuentes, regidas por asociaciones, como los sueños. Tan fácil es componer narraciones de ésas como imposible es componerlas de modo que no sean ilegibles. (…) El Golem —increíblemente— es onírica y es lo contrario de ilegible. Es la vertiginosa historia de un sueño. En los primeros capítulos (los mejores) el estilo es admirablemente visual; en los últimos arrecian los milagros del folletín, el influjo de Baedeker es más fuerte que el de Edgar Allan Poe y penetramos sin placer en un mundo de excitada tipografía, habitado de vanos asteriscos y de incontinentes mayúsculas. (…) No sé si El Golem es un libro importante; sé que es un libro único. Inútilmente tratan de parecérsele las otras novelas de Meyrink: La noche de Walpurgis (Walpurgisnacht, 1917), El rostro verde (Das grüne Gesicht, 1916) y El ángel de la ventana de occidente (Der Engel vom westlichen Fenster, 1927)».
Sin embargo, no todo en la vida de Gustav Meyrink es tan simple. Su verdadero apellido, Meyer, era el de su madre, pues Gustav era hijo ilegítimo de Marie Meyer, célebre actriz de la corte del teatro de Munich, y del barón Karl Freiherr Von Varnbühler, ministro de Estado. De su traumática relación con sus progenitores desarrollaría dos actitudes que marcarían su trayectoria vital: el odio hacia la burguesía y su fascinación por el ocultismo. Ello explicaría la pertenencia de Gustav Meyrink a todo tipo de sectas místicas y esotéricas como, por ejemplo, la Logia Teosófica de la Estrella Azul, la Societas Rosacruciana, la Orden de los Illuminati o la Fundación Acuario. Meyrink intentó suicidarse en 1891 y se convirtió al budismo en 1927, tras erigirse en un experto conocedor de la magia blanca, el yoga, la alquimia y las drogas alucinógenas, bajo el efecto de las cuales, se comenta, escribió algunos pasajes de sus obras más célebres.
Su mejor novela, El Golem, que ha eclipsado, lamentable pero lógicamente, el resto de los textos de Gustav Meyrink, es la poderosa traslación literaria de un mito judío centroeuropeo, según el cual era posible animar una figura de barro, el Golem, colocando bajo su lengua ciertas palabras mágicas. Esto se halla directamente relacionado con la Cábala, un sistema filosófico que explica el universo como emanaciones de la deidad, e implica la existencia de extraños reinos espirituales aparte del mundo visible, de los que pueden conseguirse fugaces visiones mediante ciertos sortilegios secretos que provienen de la Palabra. En consecuencia, en el siglo XII un grupo de rabinos determinó las 221 combinaciones de signos alfabéticos mediante los cuales era posible insuflar vida a una figura humana moldeada con arcilla roja.
Tales mitos y leyendas se perciben en el trasfondo terrorífico de «El país del tiempo de las sanguijuelas», relato que fue publicado por primera vez en julio de 1920, en inglés, por la revista estadounidense The Quest, órgano oficial de The Theosophical Society of America —fundada en Nueva York, en 1875, por Helena Petrovna Blavatsky (1831 - 1891), espiritista y médium, promotora del movimiento teosófico (teosofía) junto a Henry Steel Olcott (1832 - 1907), prominente abogado y periodista que se convirtió en el primer presidente de dicha sociedad—. Se desconocen los motivos por los cuales Gustav Meyrink no editó primero este cuento en alemán, su lengua materna; por ejemplo, en 1913, sacó a la venta un volumen con treinta y dos relatos fantásticos y de terror titulado Des deutschen Spieβers Wunderhorn, siete de ellos traducidos al castellano por Marga Miller en la antología Murciélagos (Ediciones Need, Buenos Aires, 1998), pero con toda probabilidad se debió al interés de la Theosophical Society, con quienes el escritor austriaco mantenía buenas relaciones. «El país del tiempo de las sanguijuelas» es una pequeña gran obra maestra de la literatura fantástica sobre unas criaturas que absorben de sus víctimas el tiempo, la esencia de la vida. No están lejos tampoco las principales obsesiones artísticas y filosóficas de Gustav Meyrink: el tema de la historia invisible —la que se esconde tras el alocado devenir de los hombres, y que está sistematizada por ciclos inmutables—, y cierta visión simultánea del tiempo pasado, presente y futuro, que marca a fuego nuestro destino.