Haw comprendió lo lejos que había llegado desde la última vez que estuviera con Hem, en el depósito de Queso Q, pero sabía que le resultaría muy fácil volver atrás si se dormía en los laureles. Así que cada día inspeccionaba con atención el depósito de Queso N, para comprobar en qué estado se encontraba su Queso. Estaba dispuesto a hacer todo lo que pudiera para evitar verse sorprendido por cambio inesperado.

Aunque disponía de un gran suministro de Queso, realizó frecuentes salidas por el laberinto, dedicándose a explorar zonas nuevas, para mantenerse en contacto con lo que estaba sucediendo a su alrededor. Sabía que era mucho más seguro conocer lo mejor posible las verdaderas alternativas de que disponía, antes que aislarse en su zona de comodidad.

En una de tales ocasiones, escuchó lo que le pareció fue el sonido de un movimiento allá al fondo, en los recovecos del laberinto. A medida que el sonido se hizo más intenso, se dio cuenta de que se acercaba alguien.

¿Podía ser Hem, que llegaba? ¿Estaría a punto de doblar la esquina más cercana?

Haw rezó una breve plegaria para sus adentros y se limitó a confiar, como tantas veces hiciera últimamente, en que quizá, por fin, su amigo fuera finalmente capaz de…