ESCENA VII
ENRIQUETA Y ARMANDA
ARMANDA.-Ya vemos cómo trabaja vuestra madre por vos, y su elección no podía recaer en un esposo más ilustre...
ENRIQUETA.-Sí, la elección es bella... ¿Por qué no la hacéis vuestra? ARMANDA.-Es a vos y no a mí a quien se ha dado esa mano.
ENRIQUETA.-Yo os lo cedo todo, como a mi hermana mayor.
ARMANDA.-Si el matrimonio me. pareciera encantador como a vos, aceptaría el ofrecimiento con gran entusiasmo.
ENRIQUETA.-Si Yo tuviera a los pedantes como vos, metidos en la cabeza, le encontraría un partido excelente.
ARMANDA.-Sin embargo, aunque nuestros gustos no puedan ser más diferentes, debemos obedecer, hermana, a nuestros padres. Una madre tiene sobre nosotras un poder absoluto, y en vano creéis que vuestra resistencia...