Escena III
HARPAGÓN.— ¿Y eres tú el que quiere arruinarse con préstamos tan condenables?
CLEANTO.— ¿Y sois vos el que procuráis enriqueceros con tan criminales usuras?
HARPAGÓN.— ¿Te atreves, después de esto, a aparecer ante mí?
CLEANTO.— ¿Y vos os atrevéis, después de esto, a presentaros ante los ojos del mundo?
HARPAGÓN.— ¿No te avergüenza, di, llegar a estos excesos, lanzarte a gastos espantosos y llevar a cabo un afrentoso derroche del caudal que tus padres te han reunido con tantos sudores?
CLEANTO.— ¿Y no os sonroja deshonrar vuestro linaje con las especulaciones que hacéis, sacrificar gloria y reputación al deseo insaciable de amontonar escudo sobre escudo, superando, en lo tocante a interés, las más infames sutilezas que hayan inventado nunca los más famosos usureros?
HARPAGÓN.— ¡Quítate de mi vista, bergante; quítate de mi vista!
CLEANTO.— ¿Quién es más criminal a vuestro juicio: el que adquiere un dinero que necesita o el que roba un dinero que no le hace falta?
HARPAGÓN.— Vete, te digo, y no me hagas perder los estribos.
(Solo). No me enoja esta aventura, y me servirá de advertencia para estar más alerta que nunca ante todos sus actos.