Capítulo 11 CÓMO DEFENDERNOS CONTRA EL DEMONIO
REVESTÍOS de las armas que os ofrece Dios para que podáis resistir las asechanzas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra adversarios de carne y hueso, sino contra los principados, contra las potestades, contra los que dominan este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que tienen su morada en un mundo supraterrenal. Por eso debéis empuñar las armas que Dios os ofrece, para que podáis resistir en los momentos adversos y superar todas las dificultades sin ceder terreno.
(Palabras de San Pablo a los Efesios en Ef 6: 11-13)
Nos vamos acercando al final de mi humilde ensayo, querido lector, y debo felicitarle, dado que su lectura no le habrá resultado sencilla. Estas cosas basadas en la sobrenatural maldad del poder del demonio, y sobre la realidad de su existencia, dan miedo, son desagradables y nadie está verdaderamente preparado para digerirlas completamente. ¡Dígamelo a mí, que llevo más de tres años estudiando el tema y sigo descubriendo cosas nuevas cada vez más espeluznantes! Sin embargo, si de algo le debe servir este pobre ensayo, es para darse cuenta de que, aunque el demonio existe, es un ser real y nos acecha, nuestra fuerza reside en Cristo, que siempre y en todo lugar es capaz de vencerle. ¡Él nos provee de armas muy poderosas para lograrlo! Ya le adelanté algo de información sobre cómo defendernos del Patas al comienzo de la segunda parte del libro, pero creo necesario profundizar, antes de llegar a nuestra despedida, en los aspectos positivos de esa lucha contra la acción y la influencia del demonio sobre nosotros. Así que tranquilícese, porque la batalla está más que ganada, amigo mío. Recuerde que si está usted con Cristo, ¿quién contra usted? Ni el mismo demonio, ni todo un infierno juntos podrán vencerle jamás. Y para dejarle instrucciones bien claras sobre cómo sentir el dulce sabor de la victoria, a continuación le enumero ordenadamente esas armas eficaces con las que cuenta el cristiano contra el odio de Satanás y de sus aliados. Léalas despacio y apréndaselas de memorieta si es necesario, pues son verdaderas balas cargadas de poder de Dios.
A) ARMAS ORDINARIAS
1) La oración, que junto con la penitencia o ayuno forman el bloque que dificulta y restringe la acción del demonio. (Mt 26, 41). Cuando el cristiano ora y ayuna, (hace penitencia), no solo fortalece la acción contra la tentación y el pecado, sino que se mantiene en guardia contra las asechanzas del demonio.
2) La consagración a Dios por medio de la Virgen María: Ella es la enemiga eficiente y gloriosa contra la Serpiente (Gn 3, 15; Ap 12).
3) Oraciones marianas como el Regina Coeli, el acordaos, etc.: refuerzan nuestra unión con Dios.
4) Oraciones a San Miguel Arcángel: de las que le hablé con detenimiento en el capítulo 2 de la segunda parte de este escrito, titulado: «¿Se puede vivir el infierno en la tierra?».
5) Los sacramentos: ¡ah, que importantísimas balas contra el Patas! Son una acción y participación directa de Jesús en el cristiano y las mejores y más eficientes defensas contra el demonio, dado que fortalecen el cuerpo y el espíritu hasta límites insospechados contra el mal. No podemos olvidar que recibir la Eucaristía es «meterse directamente» al mismo Jesús vivo en nuestro organismo; en otras palabras: unirnos a Él con toda la fuerza de un universo. Y tampoco debemos olvidarnos del poder abismal de la confesión, que derrota al demonio, lo aniquila en nuestro ser, en nuestra alma y lo expulsa de nuestra esencia. Son los dos sacramentos clave que permiten fortalecer toda vida espiritual del que los recibe, imposibilitando o minando considerablemente la acción de Satanás. Ambos traen como consecuencia paz y gran armonía interior.
Y ahora tenga un poco de paciencia querido lector, porque no puedo continuar este escrito, ni pasar al siguiente punto, sin profundizar un poco en la fuerza imponente de la Eucaristía (la celebración de la misa), con respecto a su poder liberador en los exorcismos. Mi ensayo sería el mayor de mis fracasos literarios si no lograra que al menos se quedase con una idea clara: la más importante y esencial del mundo entero, que es la de la presencia real y absoluta de Cristo en ese pedacito de pan consagrado. Él, más que nadie, es capaz de echar al demonio a los abismos y de no permitirle atacar nunca más a una víctima inocente. Es el sacramento por excelencia contra el Patas y no debe desperdiciarlo nunca. Y para ilustrarle lo que le digo, le daré un ejemplo que le aclarará mi afirmación. Se trata de lo que sucedió durante un exorcismo que se llevó a cabo en una parroquia humilde de barrio, y que dejó patente ante todos los testigos el formidable poder de la celebración de la misa, como arma para expulsar al demonio de un poseso.
Este increíble caso sucedió en Bogotá (Colombia), y bajo las manos consagradas de un sacerdote joven llamado padre Mauricio Cuesta Prado, muy conocido en el ámbito católico de su país y apodado como el Padre Bala. Es el fundador del movimiento sacerdotal Los Misioneros Marianos y su carisma reside precisamente en orar para liberar del demonio a personas poseídas o bajo su maligna influencia.
A este joven cura le llegó un buen día un caso abrumador: se trataba de una muchachita de quince años que desde hacía mucho tiempo venía sintiendo «algo dentro de ella» que no atinaba a explicar. De noche padecía sueños y pesadillas terribles que la atormentaban, y veía frecuentemente a «un hombre oscuro, vestido de negro» (según sus palabras), que la observaba con odio desde una esquina de su dormitorio.
Inmersa en el terror, sin lograr dormir ni alcanzar la paz, y viviendo bajo un estado de nerviosismo permanente, tanto la niña como sus padres, comprendieron que enfermaría o incluso peor: que moriría de agotamiento físico y tristeza abrumadora y permanente (Había intentando suicidarse en un par de ocasiones, presa de una total desesperación) [N. de la A.].
El sacerdote escuchó su caso y oró con todo su corazón, presentándole la situación a la Santísima Virgen, de la que es muy devoto. Entonces, sin esperarlo siquiera, oyó una voz en su corazón que le dijo: «Ayunen».
El joven sacerdote comunicó su pequeña experiencia al grupo de voluntarios fieles que siempre le acompañan durante los exorcismos, y junto a otro sacerdote de Los Misioneros Marianos, quedaron en practicar el ayuno durante un día entero.
El ayuno comenzó a las nueve de la mañana del día siguiente, jornada que completaron a base de pan y agua hasta las diez de la noche. Pero cuando telefonearon a la familia para ver cómo se encontraba la niña, ésta seguía igual de aterrorizada y agotada que siempre. Así que el Padre Bala pidió confiadamente a la Madre de Jesús una explicación. «Virgencita», dijo, «¿por qué no ha funcionado el ayuno? Hicimos lo que me propusiste». Entonces volvió a escuchar una voz en su corazón: «Ayunen, celebren la Eucaristía y recen mucho el rosario».
El padre, nuevamente sorprendido, explicó la propuesta de su corazón al grupo, que quedó en ayunar (¡otra vez!) todo el día siguiente. Mientras, los sacerdotes celebrarían una misa en presencia de la niña y todos orarían el Santo Rosario cuando finalizara.
Así que al día siguiente comenzó de nuevo una jornada entera de oración y ayuno... Al igual que el día anterior, citaron a la niña a las nueve de la mañana y no probaron más que pan y agua, con la firme intención de ayunar todo el resto del día. El padre comenzó la celebración de la misa, ¡y la niña quedó muda de golpe! No hablaba, no sonreía, no gesticulaba... Simplemente no emitía sonido ni gesto alguno. El padre Mauricio se rascó la cabeza. «¿Qué está pasando? ¿Por qué no habla?». Entonces alguien le recordó que, a veces, el demonio tiene el poder de hacer callar a una persona para no manifestarse de forma clara. En otras palabras: no permite que la persona hable, para que los presentes simplemente piensen que no se trata de una posesión diabólica sino de una enfermedad, y así conseguir que le dejen en paz. ¡Por eso el padre decidió celebrar otra segunda misa! Y justo en la segunda consagración, la niña emitió un extraño y profundo gemido que asustó sobremanera a los presentes. Esto animó al padre para seguir adelante: estaba claro que estaban dañando al diablo con las oraciones y las celebraciones de las misas.
Como los presentes ya habían comulgado, tomaron los rosarios y comenzaron a rezar. ¿Y cree que el demonio liberó a la niña de sus garras? ¡Qué va! No se rendía. ¡Y la dejó muda de nuevo! Pero ya estaba la batalla emprendida y tenía todas las de perder, porque el Padre Bala y sus compañeros se habían percatado de la realidad: el demonio había poseído a esa pobre criatura y estaba «disimulando» ¡Pues no descansarían! Así que celebró, ¡una tercera misa!
El sacerdote se cansaba... Ya iban tres misas seguidas y temía que el demonio no se rindiera fácilmente. Y así fue, por lo que tuvo que celebrar otra y otra y otra más... En total ¡siete misas seguidas! Solo en la última el demonio, atormentado, agotado y furioso, comenzó por fin a expresarse con claridad (en las misas cuarta, quinta y sexta solo escupía o blasfemaba durante la consagración, y fue precisamente esto lo que le desenmascaró) [N. de la A.].
Todos estaban totalmente agotados: la niña, los padres, los dos sacerdotes y los fieles. Eran las diez de la noche cuando el demonio por fin abandonó el cuerpo de la niña dando voces e insultando a todos los presentes. ¡Y vaya si ahora hablaba! Dijo entre gritos, insultos y burlas que había estado poseyendo a la víctima a causa de su abuelo, quien siendo un brujo casi toda su vida, había adorado al diablo. Al nacer su nieta, la ofreció secretamente al demonio durante la celebración de una misa negra.
Esa era la razón por la que la niña había sufrido tanto desde pequeñita, padeciendo terribles pesadillas, terrores nocturnos, agotamiento insoportable, etc. La brujería, siempre y en todo momento, proviene del diablo, querido lector. No lo olvide nunca; como tampoco debe olvidar jamás que la Eucaristía (especialmente durante el momento de la consagración de una misa), tiene un poder absolutamente brutal para arrojarlo de nuevo al infierno (Para contactar con el padre Mauricio Cuesta Pardo: Sede de Colombia, C/. 72.ª n.º 86, 64 Bogotá, Colombia) [N. de la A.].
6) Los sacramentales: son los crucifijos, las imágenes de Jesús, de la Santísima Virgen, las medallas benditas, el escapulario del Carmen, los ramos de olivo, el agua, etc., bendecidos por manos consagradas sacerdotales. Cabe mencionar aquí, como sacramental especialmente poderoso contra el demonio, la medalla y cruz conocida como de San Benito, cuya bendición está ligada a la práctica del exorcismo. Todos los sacramentales, en la medida en que se usen con fe y con la aprobación de la Iglesia, vienen a ser una importante herramienta para mantenerse dentro de la santidad y en guardia contra las acechanzas del demonio. Por ejemplo, el agua bendita es considerada sagrada desde el mismo instante en el que es bendecida por un sacerdote, y se convierte en un agua muy distinta, en un sacramental con un poder sobrenatural extraordinario. Solo hace falta ver lo que sucede en los exorcismos cuando se asperja a la víctima del demonio: se retuerce, grita desesperadamente y siente que es «quemado» de alguna forma. Esto sucede porque el agua bendita tiene dos efectos muy poderosos: a) atrae la gracia divina y b) aleja al demonio. Es por ello por lo que precisamente en las entradas de las iglesias se suele colocar una pequeña pila con agua bendita. Si el fiel se santigua con ella nada más traspasar el umbral del templo, queda ya, a ojos del demonio, protegido contra su poder. De ese modo, el demonio no podrá tentar con sus armas al fiel durante el oficio de la Santa Misa (con distracciones, sueño, bostezos, imaginaciones, etc.). Si el fiel se distrae, ya será solo por su propia libertad o deseo, no porque el demonio le haya «atacado» con sutileza (El demonio es extraordinariamente sutil a la hora de hacer dormir o distraerse en la misa)[N. de la A.].
7) La oración del Santo Rosario: ¡qué poderosa es contra el demonio, querido lector! Es sin duda mi favorita, ya que su rezo me ha salvado muchas veces de terribles peligros y calamidades. ¡Lo he comprobado en mi vida personal! Es cierto que es una oración que muchos consideran «tediosa» o repetitiva. Algunos incluso la denominan «mantra», debido a las repeticiones de alabanza hacia la Virgen. Pero la realidad, el poder y la defensa sobrenatural del rezo del Santo Rosario supera todo mantra y toda imaginación. Es utilizado como un arma infalible contra el demonio y éste lo odia especialmente durante los exorcismos, no pudiendo soportar la insistente llamada a la presencia viva de la Madre de Dios, quien es su mayor vencedora.
La historia sobre el Santo Rosario es bellísima. Cuenta la leyenda sobre la misma que un hermano lego analfabeto de la orden de los dominicos se arrodillaba todas las noches en soledad ante una imagen de la Virgen en la capilla del convento, y recitaba en voz alta ciento cincuenta avemarías. Después se retiraba a su celda a dormir, pero antes de que la comunidad se levantara (al amanecer), acudía de nuevo en soledad y los volvía a orar frente a la imagen de la Virgen. La comunidad llegaba siempre después, y se sorprendía al notar un exquisito olor a rosas por toda la capilla. ¿Quién había traído rosas? Nadie lo sabía. El hermano lego no había sido, y los rosales del jardín permanecían intactos.
Un día el hermano lego enfermó de gravedad y guardó cama sin poder atender a sus oraciones diarias en la capilla. La comunidad se percató de que ésta había perdido ese aroma a rosa fresca... ¿Qué estaba sucediendo? ¡Nadie atinaba a entender qué sucedía con ese hermoso misterio! A las pocas semanas el hermano lego sanó y regresó a su rutina: ¡y otra vez la capilla se impregnó de un aroma a rosas dulce y majestuoso! Sospechando que algo sobrenatural sucedía con este pequeño hermano lego, los monjes decidieron espiarle. Y así descubrieron que se acostaba el último y se levantaba el primero. ¡Y que cada vez que recitaba una de esas ciento cincuenta avemarías, una rosa aparecía en el suelo de la capilla! Al finalizar, todas las rosas desaparecían, dejando toda la estancia envuelta en el más dulce aroma a flores.
Con el correr de los años, Santo Domingo de Guzmán (se cree que por revelación de la Santísima Virgen), le pidió dividir esas ciento cincuenta avemarías en tres grupos de cincuenta, de modo que cada decena recordara la vida y Pasión de su Hijo Jesús. Durante su papado, Juan Pablo II, gran enamorado de la Madre de Dios, pidió que se aumentara un misterio más al rosario: los luminosos (para recordar los pasos de Jesús durante su vida de predicación).
Solo puedo añadir una cosa, querido lector: yo he sido testigo en varios exorcismos del brutal poder del rezo del Rosario para ahuyentar al demonio. Es más eficaz que un fusil Kalashnikov.
B) ARMAS EXTRAORDINARIAS
1) El exorcismo: solo eficaz si es impartido por un sacerdote especialmente formado para ello. ¡No se le ocurra jamás intentarlo solo!
2) El ayuno: el mismo Jesús nos lo propuso como pauta eficaz para combatir y acabar con la influencia de Satanás (Lc 4, 1-8), (Hech 13, 3), (Mc 9, 29), etc. La conclusión que sacamos analizando los inmensos milagros que hizo Jesús entre los enfermos y endemoniados utilizando el ayuno, es la siguiente: como el hombre debe abastecerse de alimento (que es la fuerza y la energía del cuerpo), al ayunar deja un vacío en su organismo y en su alma que es llenado por Dios y su eficacia sanadora. En otras palabras: es como soltar las riendas de la voluntad en manos de Dios. Satanás inspira el odio, la envida y en definitiva todos los pecados que destruyen; pero ayunando (que no es otra cosa que privarnos de algo que nos agrada o alimenta), y hacerlo por amor a Dios y al prójimo, permite vaciarnos de nosotros mismos para dejar que Dios nos posea y pueda actuar en nosotros. Es vaciarnos del «yo» para dejar ese espacio a Dios vivo, que moverá los cables de nuestra vida y de nuestras necesidades. Han existido santos que no se alimentaron más que de pan y agua muchos años, y llegaron a la ancianidad sin más enfermedades que la vejez.
Dos ejemplos:
a) La Madre Teresa de Calcuta se alimentó toda la vida muy básicamente, sin lujos ni veleidades de gourmet, y llegó a la ancianidad trabajando eficazmente con más éxito que el mayor presidente de una corporación internacional de fama mundial. Y también salvó miles de vidas. Era obvio que una fuerza sobrenatural vivía dentro del cuerpo de esa pequeña monja cuya vida era pura pobreza, oración y ayuno.
b) Fray Leopoldo de Alpandeire (Granada, España), santazo como la copa de un pino, que se alimentó casi toda su vida evangelizadora de agua y mendrugos de pan duro que llevaba en un zurrón.
En fin... Son infinitos los casos. Pero quédese con esto: el demonio odia el ayuno. Una vez gritó al Santo Padre Pío para que dejara de ayunar, porque, según sus palabras «si ayunas no puedo contra ti».
C) CONSEJOS PRÁCTICOS GENERALES
1) Mantenga la puerta de su corazón siempre alerta: ciérrela al mal y al demonio.
2) Conserve su vida en orden: el poder, el dinero, el conocimiento, la belleza física, la salud y en definitiva todos los dones, han de ser reconocidos no como nuestros, sino como un regalo exquisito de Dios, que debe ser empleado por y para Él con el único fin de hacer el bien.
3) No tome JAMÁS parte en ninguna práctica de espiritismo o de ocultismo bajo ninguna de sus formas. La güija es especialmente peligrosa, como las echadoras de cartas, el reiki, el vudú o la santería. Todos son, entre otros enredos espirituales, armas del diablo para irrumpir en el alma de una persona y poseerla.
4) Escoja con cautela y discernimiento los proyectos de vida, y procure meter en ellos como protagonista absoluto a Cristo.
5) Luche con todas sus fuerzas contra las tentaciones de violencia o maldad. Son especialmente peligrosas las obsesiones.
6) Durante las noches de dudas, miedos, temores o terrores nocturnos, si usted se siente abandonado por Dios, piense en todo momento que pueden ser tentaciones malignas. Rechácelas con todo su corazón, ya que jamás lo malo viene de Dios. De Él viene solo lo bueno. Acuda pues de inmediato a Él a través de la oración, y notará pronto su presencia en su vida.
7) Tenga siempre un bote de agua bendita a mano (en la mesilla de noche procura mucha tranquilidad).
8) No olvide nunca que TIENE UN ÁNGEL DE LA GUARDA. Tendemos a olvidarnos de la existencia de este amigo fiel, que es en realidad nuestro mejor y más poderoso aliado, cuya presencia es constante desde el mismo momento de la concepción. Encomiéndese a él todos los días para obtener su protección y su ayuda. No olvide tampoco al Arcángel San Miguel, de quien le hablé largo y tendido en el capítulo 2 de la segunda parte del presente ensayo. Apréndase de memoria la oración de protección elaborada por el Papa León XIII y récela a diario. Es poderosísima contra la acción del mal.
9) Ofrezca todas las enfermedades y tristezas a Dios: no olvide que Jesús venció al mundo en una cruz, en un tormento de torturas en las que apenas habló (quizá no pronunció más de veinte palabras en el Calvario). No fueron esas palabras las que vencieron al diablo, sino su sufrimiento humilde y callado, ofrecido a Dios por todos los hombres. Un sufrimiento ofrecido a Dios Padre aleja al demonio y sana, redime, salva y libera en una medida que no podremos descubrir hasta que entremos en el cielo. Solo entonces sabremos los milagros que cada una de nuestras lágrimas han logrado para Dios. ¡No lo desaproveche un segundo con quejas y lamentos! Solo servirán para amargarle y entristecer a sus seres queridos.
10) Recuerde siempre que la existencia de demonio y del infierno es verdadera. Y para no olvidarlo, lea de cuando en cuando algunas citas bíblicas que lo demuestran. Aunque hay muchísimas más, he aquí las más comunes y populares: (Mt 23, 33), (Lc 12, 5), (Sal 9, 17-18), (Prov 7, 27), (Prov 9, 18), (Is 5, 14), (Is 14, 15-19), (Ap 20, 13-15), (Ef 6, 12), (Mc 9, 29) y (Mc 9, 43-48). También le he incluido citas muy importantes en la cabecera de cada uno de los capítulos sobre el infierno. Todas ellas son muy ilustrativas.
11) Y lo más importante: ABANDÓNESE TODOS LOS DÍAS EN EL AMOR Y LA PROTECCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN. Nunca olvide que a ella le fue otorgado el poder de pisar la cabeza de la Serpiente. Es Nuestra Madre en todos los sentidos y vive, desde el cielo, pendiente de cada uno de sus hijos, por muy alejados que hayan decidido vivir de Ella.
Todos estos consejos se pueden resumir en uno: CORRA SIEMPRE Y EN TODO LUGAR HACIA CRISTO, y no tenga nunca miedo del demonio, ya que está vencido. Nada puede contra usted si vive agarrado a la mano de Jesús. Nosotros somos incapaces de ganar batallas al ser míseros e inútiles, pero Jesús venció al mundo desde una cruz.
Y aprovechando que le menciono la cruz, aquí le dejo con una de mis oraciones favoritas de protección que dejará machacadito al Patas. ¿Ve cómo estamos armados con defensas espirituales hasta los dientes?
ORACIÓN DE LA SANTA CRUZ (AUTOR ANÓNIMO)
Dios Todopoderoso que habéis sufrido la muerte sobre el árbol de la cruz por nuestros pecados: acompañadme.
Santa Cruz de Cristo, sed mi esperanza. Santa Cruz de Cristo, ten piedad de mí.
Santa Cruz de Cristo, rechaza por mí toda arma.
Santa Cruz de Cristo, derrama sobre mí todo bien.
Santa Cruz de Cristo, descarta de mí todo mal.
Santa Cruz de Cristo, haz que alcance el camino de la salud.
Santa Cruz de Cristo, presérvame de accidentes corporales y temporales.
Que adore la Cruz de Jesucristo por siempre.
Jesús de Nazaret crucificado: ten piedad de mí, y haz que el espíritu maligno y nocivo huya de mí por todos los siglos.
Te lo pido en honor de la sangre preciosa de Jesucristo y en honor de tu Encarnación. Amén.