Capítulo 8

ROBERT

Termino la cerveza y miro el vaso. Estamos el pub donde solemos quedar para tomar algo, en la pista algunos se agrupan para bailar, nosotros preferimos quedarnos hablando. Siento como Ángel y Adair me observan pero los ignoro como llevo haciendo toda la noche.

—¿Nos vas a decir ya que te pasa?

—No—contesto a Ángel.

—¿Has sabido algo de Ainara?—Me pregunta Adair.

—No, pero le he mandado un mensaje diciéndole que tenemos que hablar, que lo nuestro no puede seguir.

—¡Ya era hora!—Dice Ángel, casi gritando—. Te ha costado un poco darte cuenta que ella no era para ti.

—Era lo cómodo—Reconozco al fin.

—¿Y Jenna?—Me pregunta Adair.

—Ha dejado el trabajo.

—¿Por?—Pregunta Ángel.

—Porque sí.

—Ja, nadie se cree que se lo deje porque sí. Os he visto y ella parece más tu novia que su hermana.

—Pues no lo es—le digo a Ángel. Me siguen mirando—.

La besé y casi le hago el amor encima de la mesa de la cocina.

Ambos me miran asombrados, le cojo la cerveza a Ángel y le pego un trago.

—Era cuestión de tiempo que esto pasara. Ambos os deseáis y os queréis. Todos lo hemos podido ver...

—¡Y qué más da lo que sienta!—Estallo cortado a Adair, cansado de negar por más tiempo la verdad—. ¿Qué importa que la quiera como nunca querré a nadie y como nunca he querido?

No puedo atarla a mí, por mi egoísmo. Solo tiene quince años.

—¿Se lo has preguntado?

La pregunta de Adair me desconcierta.

—¿O has dado por hecho que tiene esa edad por su apariencia?

Escucho las palabras de Jenna en mi mente cuando me juzgo por tratarla como una niña. ¿Y si me he equivocado?

—Para ser una niña, según tu, no tiene cuerpo de niña.

Sigo la mirada de Ángel y veo a Jenna junto a Matt bailando en la pista. Lleva un top ajustado y una minifalda. Va más pintada que otras veces. Ella y Matt están tomando un par de copas y bailando.

—¿Pero qué diablos....?

Me puede la furia y los celos, que hasta ahora no he querido reconocer, y ciego voy hacia ella, la cojo del brazo y ante la atónita mirada de Matt la saco del pub. Cuando llegamos a la calle Jenna se vuelve hacia mí.

—¿Se pude saber que haces así vestida y pintada como una...como una...?

—¡Por qué no lo dices, como una puta! Así te queda mejor y no me he pintado como eso y lo que yo haga no es de tu incumbencia.

—¿No?

—¡No!

—¿Entonces por qué estas en este pub? Sabías que vendría aquí.

—Para fastidiarte, para demostrarte que estoy lejos de ser esa niña que tú crees—Reconoce—. ¿Ahora también te parezco una maldita niña?

La miro furioso.

—No deberías estar bebiendo tampoco.

—¡Y que si lo hago! Tengo edad para hacerlo—Esas palabras resuenan en mi mente, pues si tiene edad para hacerlo tiene más de dieciocho años, tres más de los que yo pensaba—.

¿Qué edad te crees que tengo?

Pregunta adivinando por mis gestos mi desconcierto ante la mención de su edad.

—No importa.

Me siento estúpido e imbécil.

—¿Di? ¿Qué años te crees que tengo?

—Quince o dieciséis...Me equivoqué.

La cara de dolor de Jenna me traspasa y sé que me he equivocado del todo.

—¿Quince o dieciséis...? Ahora entiendo tantas cosas...

¿Porqué no me preguntaste la edad? ¿Por qué no hiciste algo tan sencillo como eso? Sí la edad, según las palabras de esta tarde, era lo que hacía que no pudieras desearme... ¿Por qué no me hiciste esa maldita pregunta?—Jenna me mira dolida.

—No lo sé.

—Yo sí.

—¿Por qué?

—Porque preguntarme la edad era aceptar que podías quererme y te daba miedo. Era mejor alejarte. Por eso estás con mi hermana, porque por ella no sientes nada. Es como si la hubieras elegido a ella, precisamente, porque es tan distinta a ti y así no corrías el riesgo de amarla. Es como si temieras poder amar...

—Yo...

—Yo no valgo ese riesgo. Para ti no soy más que una niña y es mejor que siga siéndolo. Así no te arriesgas a perder tu bien guardado corazón. Lo peor de todo, es que siempre te has engañado pensando que lo sucedido con tu padre no te había dejado secuela, y ahora veo que estabas equivocado. Lo querías pese a todo, y perderle te hizo daño, un niño no puede entender por qué un padre no le quiere. Y por eso todo esto...solo espero que un día puedas superarlo. Yo me marcho mañana con Matt.

Tal vez, algún día pueda volver a ver a Nora sin que me haga daño tu presencia. Pues al contrario que tú, yo sí soy lo suficiente madura para no temer enamorarme. Aunque corra el riesgo de perder.

Veo a Jenna marcharse y la dejo ir, incapaz de moverme, porque como ya sabía, ella sabe ver lo que otros jamás verían, incluido yo mismo. Ella ha sabido ver porque elegí a Ainara o porque, hace años, elegí a Elen sabiendo que ella no sentía lo mismo. Porque así no corría el riesgo de amar, el riesgo de perder.

Entro en el pub y veo a que Matt esta donde yo estaba.

—¿Y Jenna?—Me pregunta preocupado.

—Se fue.

—¿Que la has hecho ahora? ¿No te bastó con lo de esta tarde?

Me paso la mano, cansado, por la frente.

—Solo cometí la estupidez de pensar que tenía quince años—La cara de Matt es de sorpresa—. Lo sé, sé que me equivoqué. ¿Qué años tiene?

—¿Y no crees que esa pregunta deberías habérsela hecho hace tiempo?

—Sí.

—Matt, déjalo—Adiar media entre nosotros—. Supongo que Jenna no es tan joven como creías.

—Tiene casi veinte años, dentro de dos meses cumple veinte años, es de mi edad y la de Bianca. Íbamos a la misma clase. ¿Por qué?

—Porque era lo fácil. He sido un estúpido.

—En eso estamos de acuerdo.

—¿Os vais mañana?

—Sí, ella no quiere seguir aquí y como yo tengo que irme, se viene conmigo.

—Cuídala.

Matt se abalanza sobre mí y me golpea.

—¡Se puede saber qué diablos haces!

—¡Se puede saber qué diablos haces tú! Te he visto mirarla, os he visto juntos... ¡Y aun así la dejas marchar! ¿Acaso no sientes nada por ella?

—¡Y qué importa eso!

Los guardias vienen a separarnos y salimos a la calle.

—¿Que vas a hacer?—Me pregunta Adair—. No crees que ya es hora de que luches. Lo estás haciendo con Nora.

—Sin más aceptó lo que tenía que hacer—Matt empieza a tocarme las narices.

—¿Tu no sabes nada?

—¡Te equivocas! Sé lo mismo que tú, pues Jenna me lo cuenta todo y sí, sé lo que es tener a un padre que piensa en sí mismo, que está enfermo y no hace nada por superarse. Pero yo no perdería lo que tenéis tú y Jenna por su culpa, si estás tan ciego que no quieres verlo es tu problema. Me la llevaré lejos y no la dejaré volver a hasta que te haya olvidado, desde que tenía tres años he cuidado de ella y lo seguiré haciendo, aunque tenga que retenerla a la fuerza. Estoy cansado de que la hagas llorar.

Ella es más mujer de lo que tú te mereces.

Matt se va y miro a mis amigos.

—Nosotros no hubiéramos podido decirlo mejor. ¿Y

ahora?—Miro a Ángel y maldigo.

—¡No pienso perderla!

—¡Al fin!—Comenta Ángel.

—A mí también me costó darme cuenta—Adair me sonríe—. Suerte.

—La voy a necesitar.

Voy hacia mi coche y me encamino al estudio de Jenna, esperando encontrarla allí.

Cuando llego salgo del coche casi corriendo para ver si está o no está aquí. No está lejos del pub por lo que intuyo que dé habrá venido aquí, pero cuando toco a la puerta del piso, en el que me dijo que vivía al traerla el otro día, nadie responde. Toco varias veces y no escucho nada.

—Jenna si estas hay...por favor, he sido un estúpido, pero no quiero perderte. Quiero dejar de comportarme como un imbécil...

¡Maldita sea estoy hablando con una puerta!

Cuando voy a volver a llamar, Jenna me abre y la veo ante mí con los ojos llenos de lágrimas, el maquillaje corrido y en lugar de la ropa de antes lleva una bata llena de pintura.

—Estoy de acuerdo en lo de que eres un imbécil.

Sonrió y entro cerrando la puerta tras de mí.

—Te amo desde que te vi, pusiste mi vida patas arriba.

He sido un tonto por aferrarme a la escusa de la edad, para no aceptar, que lo que de verdad me asustaba era perderte.

—Yo... ¿Lo dices de verdad? ¿Y qué pasa con Ainara?

—Como tú bien has dicho, no siento nada por ella. Tenía pensando cortar con ella antes de lo que ha pasado hoy, le mandé un mensaje hace días...

—¿Y ahora?

—Ahora estoy ansioso por saber si no he acabado por estropear el regalo que tú me hiciste al enamorarte de mí, y sigues sintiendo lo mismo.

Me quedo esperando con el corazón en un puño.

—No siento lo mismo.

La miro y noto como si todo dejara de tener sentido.

Asiento, perdido, y notando como el corazón se descompone, no me he dado cuenta de lo que tenía hasta que lo perdí.

—Entiendo.

—No, no lo entiendes Robert. Ahora te conozco más, ahora sé más de ti ahora... te quiero mucho más que antes.

Jenna me sonríe y yo sonrío aliviado.

—Lo has hecho aposta.

—Te lo mereces por las veces que me has hecho llorar.

—Nunca más.

—Nunca.

Abro los brazos y Jenna acude a ellos para fundirnos en un beso que selle nuestra relación. La beso con toda la pasión contenida ya sin guardarme nada y sin negar lo que sentimos.

Sus brazos acarician mi pecho, tan urgentes como los míos, ahora que hemos empezado nuestra pasión esta se desata.

La quiero más de lo que jamás pude pensar que se podría querer, y sé que llevo toda la vida evitando sentir algo por alguien, hasta que Jenna se coló como un duendecillo a mi vida.

Jenna

Robert me lleva a la cama y sonrío mientras sus besos van bajando por mi cuello, cuando va desabrochando mi bata lo dejo hacer y trato de que su camisa también caiga al suelo, poco a poco ambos nos vamos quedando sin nada, entre besos, caricias, risas y mimos. Su cuerpo abraza el mío y acaricio cada trozo de su piel sin conseguir saciarme con ello. Cuando llega el momento de ser uno solo sonrío, y Robert no necesita más invitación para marcarme como suya en todos los sentidos.

Robert me mira sorprendido al notar mi virginidad.

—No te detengas.

Y no lo hace, me ama con cariño y juntos llegamos casi a tocar el cielo. Nunca imaginé que este acto pudiera ser así y sé, que en parte, es posible porque estoy con Robert.

Me despierto sintiendo el sol en mis ojos y al abrirlos observo a Robert mirarme con el sol del amanecer detrás de él.

Le sonrío absorbiendo este momento.

—Pareces el mismo sol— Le digo a Robert sonriendo, el me devuelve la sonrisa mostrándome sus perfectos dientes blancos y luego baja la cabeza para besarme.

—Buenos días. No sabía que...

—Lo noté en tu cara. ¿Te he hecho daño?

—No—Me río por su preocupación y Robert acaba por hacerme cosquillas. Como la cama es pequeña acabamos los dos en el suelo, yo sobre él.

—Me parece increíble estar así contigo—Le digo acariciando su cara.

—He dado muchas vueltas para acabar aquí.

—Os quiero a los dos.

—Lo sé. Y Nora también te quiere.

Escucho sonar el móvil de Robert, se levanta para cogerlo. Mientras voy a por mi libreta de bocetos para dibujar su espalda desnuda. Lo escucho murmurar pero estoy tan centrada en mi boceto que ignoro la conversación.

—Era Ainara...—Dejo de golpe el boceto y lo miro ante mí—. ¡Eh no pienso dejar que me enseñes desnudo por ahí!

Me quita el boceto.

—No voy a enseñarlo a nadie. No enseño mis pinturas a mucha gente.

—Pues deberías, tienes un gran talento.

Le sonrío y cuando me tiende el boceto lo termino, mientras, Robert se pone los pantalones yo me he puesto la bata antes de levantarme. A medio acabarlo recuerdo lo que me dijo.

“Era Ainara”.

—¿Que quería?

—Mucho has tardado en preguntar.

Está observando mis pinturas. Me levanto y voy a su lado.

—¿Que te ha dicho?—Le pregunto dubitativa y agacho la cabeza, Robert me alza la barbilla.

—Nunca te escondas, tienes que estar orgullosa de ser como eres Jenna. Nunca dejes que nadie te destruya simplemente por no comprenderte.

Le sonrío, y cuando besa mis labios sigue aun la sonrisa que él ha creado.

—Me ha comentado que tiene algo importante que decirme, la he dicho que yo también; aunque ya lo debe de saber por el mensaje que la mandé, en él decía que no quería seguir con nuestra relación.

Eso me hace sentir mejor, si Robert ya le ha dicho a Ainara sus deseos de romper, no me siento como si me estuviera metiendo entre ellos dos.

—¿Qué crees que podrá ser?

Me llevo la mano al estomago pues he sentido una mala sensación.

—Tranquila puede ser solo que quiere dejarlo. Y querrá, que quede como si la que me deja es ella, olvidando mi mensaje.

Robert me besa el cuello y asiento, pero por dentro sigo estando inquieta.

—Enséñame tus pinturas.

Lo hago y Robert las alaga, por su cara sé que lo dice de corazón, a Matt también le impresionaron y mi padre el otro día vino y se llevó una para su despacho.

—Mi padre se ha llevado uno de mis cuadros para su despacho.

—Son preciosos. El que me hiciste está en mi cuarto.

—Pensé que no te había gustado...

—Me encantó Jenna. Es hora de que empieces a creer en tu arte.

—Lo haré.

Nos vestimos para ir a por la pequeña y desayunar, vamos primero a casa de Robert, pues yo tengo ropa en mi estudio pero él no. Cuando terminamos vamos juntos a casa de Bianca y Albert a por la pequeña.

—La echo de menos, eso que solo hace horas que no la veo.

—A mí también me pasa.

Robert pone su mano sobre la mía y cuando llegamos a casa de Bianca, al tocar la puerta no suelta mi mano.

—Van a ver....

—Todos lo intuían, por cierto tienes que llamar a Matt, aunque ayer tuvimos unas palabras.

—¡¡Matt!! Había quedado con él para irme...—Busco mi móvil y lo llamo—. Tengo que hablar con él. Robert me mira serio.

—Vamos no seas celoso.

—No lo soy.

Pero lo dice con la boca pequeña y eso hace que me ría.

Cuando el mayordomo nos hace pasar Robert me coge de la mano y tira de mí, mentiras hablo con Matt, que ya se lo había imaginado cuando fue a mi estudio esta mañana y no me vio en él. Se despide de mí prometiéndome que regresará pronto.

—Se va de viaje.

—Que pena.

Le doy un codazo en el momento que llega Albert.

—La pequeña esta con Bianca en la piscina. ¿Hoy también trabajas Jenna? Lo vas a arruinar.

Robert lo mira con cara de pocos amigos y Albert se ríe.

—Me alegro por vosotros, si quieres, como intuyo que las mujeres se pondrán hablar de cosas de chicas..., te espero en mi despacho y miramos unas cosas.

Robert asiente y nos vamos a la piscina para ver a Nora y darle un beso. La pequeña al vernos se pone contenta y empiezo a chapotear con fuerza en la piscina Robert la coge, sin importarle que le moje su camisa, y la da un beso, me la da y tras besarme se va. Sé que lo ha hecho sin darse cuenta y que no le ha importado la presencia de Bianca, esta me mira asombrada y cuando Robert se va rompe a reír.

—Por fin, os ha costado un poco ¿no?

—Sí.

—Tengo bañadores en la sala, te espero aquí.

Voy a cambiarme, y cuando vuelvo con ellas le pongo a Bianca al día de todo. Cojo a Nora y la acerco a mí, esta me abraza y luego chapotea.

—Algo te preocupa, veo en tus ojos preocupación.

—Es Ainara, ¿Y si ella está enamorada de él? Me siento egoísta.

—Ella lleva siéndolo toda su vida. ¿Sabes por qué siempre te ha marginado? Porque en el fondo sabe que si tu te decidías brillar en las fiestas, lo harías mucho más que ella.

Ainara te envidia, y no solo porque tú sí tienes la misma sangre que vuestro padre.

—No lo sé...

Le cuento la conversación de teléfono de esta mañana con Robert y pone mala cara.

—Espero que no sea nada lo que le tenga que decir.

—Tú también dudas.

—Sí.

Nos quedamos jugando con Nora, cuando la secamos observo a Bianca llevarse la mano al vientre, sin darse cuenta.

—¿De cuánto estas?

—¿Tanto se nota?—Asiento—. Aun no estoy de dos meses, pero me da miedo decirlo por si lo pierdo...estoy esperando a estar de tres meses para celebrarlo. Tuve un principio de aborto al poco de saber que estaba en estado y tengo miedo desde entonces.

—¿Estás bien?

—Sí, me hace feliz saber que voy a tener un bebe de Albert y él esta como loco. No quiero perderlo, es mi pequeño.

—No lo harás.

Nora se entretiene jugando con unos juguetes que hay en su toalla y me siento cerca, frente a Bianca.

—¿Crees que cuando Nora crezca y Robert tenga más hijos, se sentirá desplazada como le pasa a Ainara?—Le pregunto a Bianca.

—No lo sé, hay personas que no son felices con la realidad y les gusta liar las cosas. Ainara siempre ha tenido un padre que la adora, aunque no haya sabido verlo. Y aunque tu padre la quiere, y tú también, nunca ha sido una buena hermana.

—Robert es el padre de Nora en todos los sentidos, va a hacer más de padre que de hermano.

—Sí. Lo sé.

—No quiero que Nora sienta la ausencia de esa figura en su vida.

—Jenna, te conozco lo suficiente para saber que si sigues con Robert y tenéis hijos, al igual que tu padre, tú querrás a todos por igual. Padre es quien te cría. El mío lo es por derecho de nacimiento, pero yo no sé lo que es tener un padre. Y quien lo tiene...no sabe valorarlo. La culpa es de Ainara.

—Sí, pero no quiero hacerla daño.

—¿Acosta de tu felicidad?

No digo nada y Bianca lo adivina.

—No lo hagas Jenna, Ainara no quiere a Robert. Y mucho menos a Nora.

—Lo sé... pero me preocupa que puede ser “eso” que quiere decirle. Tengo miedo de perderlos.

Al poco llega Robert y se sienta a mi lado, hablamos con Albert y Bianca y cuando llega la hora de dar de comer a la pequeña, Bianca nos comenta que ya había mandado a la cocinera prepararle algo rico a la niña. Al final nos quedamos a comer con ellos. Trato de ser feliz por estar al lado de Robert, por ver su sonrisa cuando me mira, por sus caricias disimuladas.

Pero no dejo de pensar en Ainara.

Cuando llegamos a la casa, Robert no me deja irme, alega que Nora me necesita, y solo cuando estamos juntos en la cama me confiesa que él también, y en ese instante me olvido de Ainara y solo somos él y yo.

Me levanto temprano y observo a Robert dormir, iluminado por el débil sol del amanecer. Sin hacer ruido bajo al estudio a por unos folios y no tardo en subir con ellos y un lápiz para pintarlo. Me siento en el butacón que hay cerca de la cama y lo dibujo dormido. Su pecho desnudo al descubierto, pues la sabana la tiene enredada en la cintura. Mientras lo dibujo, admiro una vez más cada centímetro de su cincelada piel. No me puedo creer que hace tan solo unas horas mis manos recorrieran su cuerpo, de igual forma que ahora mi lápiz lo plasma en el papel. Esto es mucho más intenso que mis sueños y más peligroso, pues si se torna pesadilla sufriré mucho...desecho ese pensamiento y me centro en la cara de Robert. Miro el boceto algo falla, alzo la vista para mirar el qué, cuando encuentro a un sonriente Robert, mirándome.

—Espero que ese dibujo sea para tu colección privada.

—Por quien me tomas, no quiero compartirte con nadie.

Robert se ríe y tira de mi mano para llevarme a la cama con él. Me besa y me deleito con sus caricias. Al poco se separa y me mira acariciando mi mejilla.

—¿Que tienes pensado hacer hoy?

—Cuando comamos quiero ir al instituto, donde estoy matriculada, para ver mis notas. Aunque estudio a distancia y me mandan los resultados por correo, siento curiosidad por saberlas ya.

—Si quieres te acompaño...te acompañamos.

—Me gustaría. Y luego podemos ir a algún sitio los tres.

—Me parece bien—Robert me besa, y se ríe cuando Nora empieza a llorar—. Te toca preparar el desayuno mientras yo me ocupo de la niña.

—Ya estas cambiado las costumbres ¿Eh?—Robert me sonríe mientras se viste y se va a ver a su hermana.

Salgo del instituto, sonriente, y cuando entro en el coche de Robert lo abrazo y lo beso.

—¡He aprobado!

—No esperaba menos.

—Soy muy mala en los estudios.

—Porque no has estudiado lo que te gusta. ¿Vas a estudiar bellas artes?

Me acomoda en mi sitio y me pongo el cinturón.

—No lo he pensado...

—Si es lo que te gusta, al final tu madre lo comprenderá—Asiento y le miro sonriente.

—¿Donde vamos?

—Se me ha ocurrido un lugar.

Termino mi hamburguesa, me río cuando Nora tira su bebida sobre la comida de Robert.

—No tiene gracia.

—Para mí sí y para Nora también—La pequeña se está riendo al ver la cara de su hermano.

Hemos venido a merendar a una hamburguesería, Nora ha probado por primera vez las patatas fritas y parece que le han gustado.

Robert tira su hamburguesa y me quita las patatas.

—¡¡Eh!!Que son mías—Le digo sin ofenderme porque me las quite.

—Esto te pasa por reírte.

Terminamos de merendar y vamos a dar un paseo por el centro comercial. Robert me besa cuando menos me lo espero y eso me hace feliz. Volvemos al pueblo le pido que me lleve a mi estudio, cuando llegamos me dice que coja algo de ropa y que me espera abajo.

Tras llegar a su casa y acostar a la pequeña nos hemos sentado a ver la tele en el salón.

—La noche que Ainara te llevó a la fiesta yo me imaginaba estar así contigo—Reconozco entre sus brazos.

—Yo también lo había pensado, me atraía más esa idea que la de ir a la fiesta.

Robert no tarda mucho en alcanzar mis labios y la película deja de atraernos a ambos, tenemos cosas mejores en mente. Me siento feliz; pero ojalá esta sensación que siento de que algo no va del todo bien no sea más que eso: una sensación.

Robert

Llego al trabajo pensando en Jenna. No he dejado que se vaya a dormir por las noches a su estudio. Nunca he compartido esta clase de intimidad con nadie, ni con Ainara. Con ella, nunca he sentido la necesidad de convivir, pero con Jenna no espero otra cosa, es como si fuera lo más acertado, lo más correcto.

Pese a eso, no dejo de pensar en Ainara, y no precisamente porque sienta nada por ella, si no porque me inquieta lo que tiene que decirme.

* * *

—Robert, George quiere hablar contigo—Asiento a la secretaria y miro intrigado a Albert mientras me levanto.

—Yo no sé nada, pero dudo que sea algo referente a Jenna.

Voy hacia el despacho de George, es cerca del mediodía y por lo que parece el trabajo se va a alargar. Su secretara, al verme, me abre la puerta del despacho y entro en él.

George está hablando por teléfono, me tiende unas carpetas, las tomo y las ojeo mientras él termina. Enseguida sé de qué se trata y me relajo, son para el proyecto. Alzo la vista más calmado y mis ojos van a parar a un bello cuadro, enseguida sé que es uno de los lienzos de Jenna.

Me acerco a él y admiro la obra.

—Es bonito ¿Verdad?

—Sí, es increíble. Jenna es una pintora maravillosa.

—Por lo que veo Jenna te ha mostrado sus cuadros—Lo miro temiendo haberme delatado, pero George me observa como siempre.

—Sí, pero ella no es consciente de lo buena que es. Tiene inseguridad en si misma.

—Sí, veo que la conoces bien, aunque claro es normal, pasáis muchas horas juntos. Ojala un día Jenna también encuentre, al igual que su hermana, un joven tan bueno como tú.

George va hacia su mesa mientras me quedo observando el cuadro, sintiéndome de repente un miserable. ¿Que estoy haciendo? No dudo que quiera estar con Jenna cueste lo que cueste. Pero todos piensan que sigo con Ainara. No estoy actuando bien. El problema es que no puedo evitar estar con Jenna esperando que Ainara regrese y la verdad salga a la luz.

Solo espero que cuando esto suceda la opinión que George tiene de mí no cambie. Lo admiro mucho y no me gustaría defraudarlo.

Cuando llego a casa encuentro a Jenna dormida en el sillón, con el cuaderno de esbozos en el suelo y las manos llenas de manchas de pintura. Sonrió y me quedo un rato observándola, simplemente por el placer de mirarla.

Pasado un tiempo decido ir a darme una ducha tras mirar a Nora, que también descansa en su cunita.

Al salir de la ducha, que está en mi cuarto, me pongo una toalla en la cintura para vestirme en mi habitación. Abro la puerta del baño y me encuentro con Jenna sentada sobre la cama, mirándome con sus intensos y grandes ojos verdes. Me sonríe y noto como sus ojos bajan por mi cuerpo de manera descarada.

—¿Sabes una cosa?—Me sorprende su pregunta y pienso enseguida que se refiere a algo que ha hecho con Nora.

—¿No, qué cosa?

—Que te quiero—Me dice sin más. Siento como su “te quiero” dicho de esa forma tan casual y normal, se cuela en mí y no puedo evitar acercarme a ella a besarla. Jenna sigue mis besos y pronto nos enredamos en un mar de pasión. Nunca tengo suficiente de ella, soy tan feliz a su lado, que cuando más feliz me siento, más miedo me da que esto solo sea un paréntesis en mi vida, y que pronto cada uno vuelva a su sitio, y la pierda. No sé cómo podría vivir sin ella.

Jenna

Observo a Laia mezclar patatas de queso con helado, Dulce al ver mi cara de asombro se ríe.

—Es lo normal en ella—Me dice Dulce haciendo lo mismo.

—Yo ya tengo el estomago demasiado revuelto por si solo...—Comenta Bianca, dándose cuenta de lo que acaba de confesar con eso.

Laia grita, Dulce sonríe y Bianca al final nos cuenta a todos la verdad.

—Estoy en estado, pero tengo miedo de decirlo muy alto por miedo a perderlo. Tengo tantas ganas de tener este bebe que me da miedo que suceda algo y...

—No pienses eso—Le dice Laia, feliz—. Todo saldrá bien. ¡¡Tenemos que celebrarlo!! Creo que no he traído suficientes dulces.

Sale de la habitación y miro los dulces que hay sobre me mesa auxiliar de su cuarto, toda ella llena de bollos, helado y patatas de todos los tipos.

—¿No es suficiente?—Pregunto alarmada, Dulce sonríe y me dice que me deje llevar—. No sé si mi estomago soportará esta comida.

Cuando llega Laia con chocolatinas nos sentamos alrededor de la mesa y miramos a Bianca mientras nos cuenta como se encuentra. Laia acaba de poner su mano sobre el, aun poco abultado, estomago de Bianca.

—Que raro es pensar que aquí este naciendo vida. Es maravilloso.

—Lo es—Bianca lo dice con los ojos llenos de lagrimas, no ha llorado mientras nos relataba todo, pero está a punto.

—Podemos poner una peli de las de llorar mucho y así te hacemos compañía llorando.

Bianca se ríe y luego no puede evitar llorar.

—Dichosas hormonas—Dice cogiendo un trozo de chocolate.

—¿Y Albert como se ha tomado esto? Antes no estaba muy convencido de tener niños—Pregunta Dulce.

—Cuando se lo dije vi como sus ojos se humedecían, claro que no lloró—Dice sonriente—. Pero le hizo mucha ilusión. Desde entonces, me llama a todas horas desde el trabajo para ver como sigo y si todo va bien. Se asustó mucho cuando casi perdí al bebe y ahora me tiene entre algodones.

—Me alegro por vosotros—Le dice Laia—. Estamos haciéndonos mayores. ¿No os da un poco de miedo?

—Asusta un poco ver como pasamos de ser hijos a ser padres de nuestros hijos—Reconoce Bianca—. Muchas veces me pregunto si seré capaz de darle el amor que necesita, o si él me considerará una buena madre...también pienso mucho en su bienestar. No quiero que le suceda nada...

Bianca se seca una lágrima y Laia acaba poniendo una peli con la que acabamos las cuatro llorando, como ya se presuponía. Cada una con sus problemas, todos tan distintos, pero juntas haciéndonos compañía mutuamente. Salvo con Bianca, nunca he sentido esta conexión con más chicas de mi edad y me gusta.

Pienso en estos días que he estado con Robert, me parece increíble que mañana haga una semana desde que empezamos nuestra...no sé como denominarlo, hasta que Robert no termine definitivamente con Ainara no me siento preparada para decir que somos algo más que amigos especiales. Es como si la sombra de Ainara empañara mi felicidad. No he podido disfrutar todo lo que quisiera de esta felicidad, pues cuando estaba sola con mis pensamientos me acordaba de mi hermana.

—Jenna—Me llama Bianca—. ¿Qué tal va todo con Robert?

—Todo lo bien que puede ir cuando es aún el novio de tu hermana.

Cuando lo digo, noto como si una pesada espada me atravesara el corazón. Soy una traidora. ¿Y si mi hermana lo quiere?

Me levanto inquieta, y noto como las demás lo hacen.

—Te puedo asegurar que Ainara no le quiere, si es eso lo que te preocupa.

—Nosotras también pensamos lo mismo—Dice Laia por Dulce y ella.

—Ya pero...Tengo miedo. No quiero perderlos.—Reconozco.

Me abrazan dándome fuerza, e intento por todos los medios de no desmoronarme pero es muy difícil ante ellas. Al final se nos hacen las tantas hablando de nuestras cosas. Nos quedamos dormidas de puro agotamiento sobre las mantas, en el suelo. Mi último pensamientos es para Robert, pero para mi desgracia él aparece al lado de Ainara. ¿Es acaso una señal?

Robert ha venido esta mañana con la pequeña a recogerme a casa de Laia, ahora está en su despacho y yo voy a ir a mi estudio a por unas cosas.

—Me voy a mi estudio—Le comento tras darle un beso.

—Esta noche vendrán a cenar Adair y Laia.

—¿Barbacoa?

Robert se ríe y asiente.

—No tardes.

—No.

Le doy otro beso y me voy sin poder dejar de sentir, sigo temiendo la visita de Ainara, pero intento pensar que, como todos creen, Ainara solo quiere dejar a Robert antes que él la deje a ella, viniendo de Ainara es muy posible.

No tardo mucho y al bajar del estudio veo una pastelería abierta y compro unos dulces para la cena de esta noche.

Cuando llego a casa de Robert con los pasteles en la mano, veo uno de los coches de mi padre aparcado en la puerta, el chofer me saluda y siento un gran nudo en el estomago. Ainara ha vuelto, voy hacia la casa y al ir a tocar a la puerta veo que esta abierta y entro. Escucho enseguida las voces de Ainara y de Robert en la cocina y no quiero molestarlos. Entorno la puerta y dejo los pasteles en la mesa del salón. Ellos no pueden verme pero yo sí los escucho.

—No quiero seguir contigo Ainara. Todo ha cambiado...

—Sí, todo ha cambiado.

Me tenso por la voz de mi hermana.

—¿Qué pasa?

—Yo...—Escucho la voz de mi hermana amortiguada por los llantos, esto no traer nada bueno. Me voy hacia atrás y me llevo la mano al estomago que no deja de retorcérseme—. Estoy embarazada...de ti.

Mi mundo se empieza a romper en pedacitos, el aire me falta y todo me da vueltas, apoyo las manos en la mesa y la aprieto con fuerza, esperando que se me pase el pánico. Poco a poco vuelvo a la normalidad.

—¿Cómo es posible?

—Vamos Robert ¿Hace falta que...?

—No me refiero a eso—Robert esta contrariado y casi puedo notar en su voz su tristeza—. Tú y yo hace mucho tiempo que no tenemos relaciones.

—Lo sé, pero las cosas pasan.

—Yo nunca me acosté contigo sin protección Ainara.

Robert quiere buscar una salida, y me llevo la mano a la cara. No me gusta escuchar como habla con su ex, que además es mi hermana, de lo que han hecho juntos en la cama.

—Sí, pero esas cosas pasan. Toma los análisis, por eso me fui, estaba asustada.

Escucho el sonido de unos papeles.

—Estas de más de dos meses.

—¿Me crees ahora?

Esta vez mi mundo sí se derrumba.

—Sí pero...yo no...

—¿Y vas a dejar que mi hijo pase por lo mismo que yo?

¿Le vas a privar de su verdadero padre?

Cierro los ojos y un chorro de lágrimas caen por mi cara.

Robert ahora se encuentra entre la espada y la pared, lo puedo sentir, no quiere dejar a su hijo sin su cuidado, por mucho que ya no sienta nada por ella. Subo las escaleras, tambaleándome, para recoger mis cosas y cuando lo hago entro en el cuarto de Nora para despedirme de ella. No puedo seguir aquí. No quiero que la decisión de Robert le sea aun más difícil de tomar. Al entrar veo a Nora apoyada en la cuna. Me mira con sus preciosos ojos y extiende los brazos hacia mí. Entro y apago el intercomunicador para que Robert no me escuche y no sepa que estoy aquí.

—Hola mi niña. Me tengo que ir—Me abrazo a ella y trato de sonreír entre lágrimas—. Nunca te olvidaré. Te quiero mucho Nora y me hubiera encantado ser tu madre.

La niña me da un sonoro beso en la cara, de esos que le he enseñado a dar Bianca, y sus palabras me dejan paralizada.

—Mama.

Me quedo mirándola con los ojos abiertos como platos y no puedo evitar las lágrimas.

—No, todo ha cambiado.

Le doy un beso y con gran pesar la dejo en su cuna, enciendo el intercomunicador y la niña sigue llamándome mientras me voy. No sabía que había aprendido hablar, no sabía que había decidido hacerme su madre. Bajo las escaleras corriendo y escucho, cuando llego a la puerta, el llanto de Nora por el intercomunicador de Robert.

—Pero qué diablos...Lo siento tengo que ocuparme de Nora.

—Sí, ve con tu hermana—La escucho decir.

—Nora es algo más que mi hermana, es como una hija para mí, y si vamos a seguir con esta farsa por el bien del niño que esperas, es mejor que te empieces a acostumbrar.

—Aun dudas.

—Sí.

Abro la puerta y me escabullo tras ella cuando escucho los pasos de Robert. Me hubiera gustado verlo por última vez, pero no me sentiría lo bastante fuerte si lo hiciera. Llego hasta mi moto y trato de ponerme el casco.

—¡Señorita!—El chofer de mi hermana se acerca a mí—.

¿No se encuentra bien? ¿La llevo a su casa?

Lo miro y sabiendo que tiene razón asiento.

—Sí. No puedo...

—No pasa nada.

El hombre me sonríe, entro en el coche de mi padre y me alejo de aquí. Me rompo de dolor conforme me alejo y me voy derrumbando cada vez más. Cuando llego a mi casa, mi padre que está cerca de las escaleras, al verme tan destrozada viene hacia mí y me abrazo a él.

—¿Qué te pasa hija?

—Nada...no puedo decírtelo.

—Jenna ¿No confías en mí?

—Sí, pero no puedo...—Por el bien de Ainara debo callar.

—Dime al menos por qué lloras.

—Acabo de perder a la persona que amo papa, y quiero irme, me quiero ir con Matt, no puedo seguir aquí. No puedo...

—Esta bien. Prepararemos un coche para que te lleve.

Me voy contigo, me vendrá bien el viaje, para pensar mientras en cosas de mi empresa.

—Quiero ir sola papa.

—¿Seguro?

Asiento y mi padre me ayuda a preparar la maleta, al poco llega mi madre y al verme así me abraza.

—¿No podemos saber de qué se trata?

—No.

Me despido de ellos, pues solo he metido lo esencial y parto hacia la casa de Matt, no sé cuando estaré lista para volver, pero intuyo que para poder volver y mirar a Robert a la cara, sin sentir nada y soportarlo, pasará mucho. Tal vez nunca lo consiga, pues no podría venir y ver como él es feliz con su hijo, con Ainara...no podré.

Él nunca fue para mí, esto es lo que pasa cuando te enamoras del novio de tu hermana.