Capítulo 6
JENNA
Termino de pintar el cuadro con el que llevo varios días y lo miro torciendo el morro. Miro una vez más la foto que hice al paisaje que descubrimos Matt y yo en nuestro viaje, pero no estoy del todo convencida con el resultado. ¿Le falta algo? Lo dejo para que se seque y voy a limpiarme las manos. Llevo todo el fin de semana aquí metida, son cerca de las doce de la noche del domingo y no he hecho nada interesante, pero sé que si estoy aquí medio escondida, es porque solo mientras pinto, no pienso en lo que me angustia. Me pierdo en mis cuadros. Dejar de hacerlo es pensar en Robert y en lo que paso el otro día, es recordar una y otra vez su cara de asombro cuando le dije que estaba enamorada de él, aun no me puedo creer que se lo dijera, que le confesara algo así. Fui una tonta, pero la idea de perderles a los dos me puso muy triste, pero era lo que tenía que hacer, pues cada día de esta semana me he sentido como si ya no fuera necesaria en su casa. Me he sentido desplazada, llevo toda mi vida sintiendo eso y no quería que me pasara con ellos. Prefería irme, a acabar peor. No esperaba que Robert dudara y fue esa duda lo que me derrumbó y me hizo hacerme fuerte y conformarme. Podré quererlo, pero cuando este sentimiento nació en mí, no esperaba que él me correspondiera, no tiene la culpa de que yo me enamorara de él, pero perder su amistad me dolería mucho.
Mientras me limpio las manos y la cara escucho sonar el móvil, voy hacia él y veo que es Matt, una vez más. Pienso en cogérselo, lo echo de menos, pero no me apetece que me recuerde el bochorno del último día que nos vimos. Ahora sé que por él nunca sentí nada, pues lo que sentía no se puede comprar a lo que siento por Robert, y a lo que una mirada suya me hace sentir. Pero quiero a Matt como un amigo. Sé, que estoy siendo una inmadura al no cogerle el teléfono, ni responder sus mensajes, pero no quiero que me diga que todo ha cambiado.
Prefiero quedarme con el recuerdo de lo que vivimos. Bueno eso y que me avergüenzo de lo que hice. Aquella noche había probado por primera vez el alcohol y cuando le dije a Matt que tal vez lo quería, él sonrió y me dijo que claro que lo quería, como amigos que éramos, pero le dije que creía que era algo más. Matt se volvió a reír, y le dije que por que no me besaba para saberlo. El sabía que era mi primer beso y tras darme uno en la frente, como había hecho muchas veces, me preguntó si estaba segura y entre risas le dije que sí, pero cuando me besó, pese a su habilidad no sentí nada, salvo una tremenda vergüenza.
Y entonces me pregunte si él sí sentía algo por mí y por eso me había besado. No supe que decirle y salí corriendo. Fui una cobarde. Pero había echado por tierra, por no saber aceptar, que lo que me daba miedo era que si yo me iba, él se alejaría de mí y le perdería como amigo, como perdí a Bianca. Matt y Bianca siempre han sido los únicos que me han entendido.
Y ahora ha llegado Robert, él no se molesta por mis bocetos, y se ríe con mis disparatados comentarios. Pero eso también me pasa con sus amigos, a veces pienso que son un grupo muy extraño, pero me gustan, el otro día Laia se pasó toda la mañana conmigo y con Nora, hablamos y no sentí mi habitual vergüenza, ni mi miedo a estropearlo todo por decir algo inoportuno. Y hablé con ella sin miedo, no como me ha pasado con los amigos de mis padres. Desde niña he hecho siempre algo que ha causado risas y mi bochorno en las fiestas. Pero ahora es diferente y me gusta. Si para no perder esto tengo que aceptar ver a Robert con mi hermana lo haré. Pues la idea de no verlo nunca más, se me hace aun más insoportable.
Llego a casa de Robert y dejo la moto al lado de su coche, bajo y cuando me abre la puerta se me pasa mi vergüenza al ver signos de cansancio bajo sus preciosos ojos.
—¿Ha pasado algo con Nora?
—No ha pasado buena noche.
Entro y dejo mi mochila.
—¿Has tomado café?
Robert me sonríe y yo hago lo mismo.
—Sí mama.
—No puedo evitar preocuparme por la gente que me importa.
—Me alegra importarte. Y tranquila me he tomado un café doble. Te he dejado leche preparada y tostadas. Tú no tienes mejor cara que yo.
—Tenía que terminar un cuadro, y se me resistía.
—¿Que tal ha quedado?
Saco el móvil de mi cartera y se lo enseño, haciendo algo que no suelo hacer, pero deseando saber su opinión.
Se queda callado cuando le muestro la foto del lienzo y alzo la mano para coger el móvil, pero Robert me toma la mano impidiéndome así que se lo quite.
—Es precioso, eres una artista, deberías enseñar tus cuadros al mundo.
—No te burles de mí.
—No me burlo de ti, no lo haría nunca—Me mira sonriente y me sonrojo.
—¿De verdad te gusta? Es un paisaje que descubrimos Matt y yo al perdernos de la excursión que habíamos contratado.
Acabé haciéndole mil fotos y luego nos bañamos en sus frías aguas—Me río al recordar las palabrotas de Matt cuando me metí en el agua y le dije que estaba buenísima, se tiró de una para emerger cabreado por mi mentira.
—¿Y lo gracioso de la historia?
—Engañé a Matt y le dije que el agua estaba buena, pero estaba fría como el hielo, pese a que hacia calor.
—Pobre Matt.
—Me la devolvió luego—Me acuerdo de su broma y sonrío aunque con menos ganas.
—Sois muy amigos.
—Sí...—Le cojo el móvil y lo guardo—. Algún día tendré valor para hablarle y ver en lo que ha quedado reducida nuestra amistad.
—¿Por?
—Cotilla—Le sonrío y me sorprende ver a Robert serio—. No pasó nada, solo que creía estar enamorada de él y nos besamos como ya te dije tras decirle que lo quería, cuando me di cuenta que no sentía nada y que mi confesión había sido por el miedo a perderle tras el viaje, me sentí estúpida y salí corriendo. Me da miedo verlo o hablar con él y comprobar que todo ha cambiado. Es mi amigo desde que tenía tres años.
—Debes de quererlo mucho.
—Sí, pero lo estropeé.
—No creo que lo estropearas Jenna, a veces pasa, crees querer a alguien y luego te das cuenta de que solo es amistad.
—No vayas por ahí, sé lo que siento por ti. Es distinto de lo que sentía por él, y sí, valoro más tu amistad, en el caso de Matt él se iba de viaje y sabía que tardaríamos mucho en vernos, hemos estado juntos desde pequeños, y la idea de estar sin verlo, de no tener a mi amigo me asustó, y se me pasó por la cabeza que si éramos algo más, tal vez su odioso padre me permitiría estar cerca de él, creía que esa idea era porque sentía algo, y se lo dije. Temo haberle hecho daño si él sí sentía algo por mí. Fui una egoísta. Él no se merece a una amiga como yo.
—Jenna no eres egoísta, sentiste miedo a verte sola, y lo confundiste todo. Deberías hablar con él.
—Algún día.
—¿Y como estas tan segura de que...?
Tomo la mano de Robert y la pongo cerca de mi corazón.
—¿Lo escuchas latir? Con Matt nunca latió así, con Matt no sentí esto. Pero tranquilo, sé cuál es mi sitio.
Suelto la mano de Robert pero esta se queda en el lugar donde la ha puesto cerca de mi pecho y me acaricia con cariño.
—No me merezco esto Jenna. Soy mucho mayor que tú...
Lo miro extrañada y más porque lo ha dicho como un susurro.
—Hablas como si fueras un viejo.
—Es así como me siento desde que tengo a Nora a mi cargo.
—Y Ainara es la madre perfecta para Nora—Comento con evidente ironía, Robert al escuchar el nombre de mi hermana aparta la mano y da un paso hacia atrás.
—Sí...Nos vemos luego.
Se va y me siento en la silla más cercana. ¡¡Otra vez he cometido una estupidez!! ¿A qué venía lo de ponerle su mano en mi corazón? ¡No me he ridiculizado ya bastante! Soy patética, es lo que me pasa por confiar en la gente, que tiendo a olvidarme de callar lo que siento porque odio las mentiras, los secretos...pero es hora que aprenda a callar. Es hora que deje de hacer la tonta.
Cuando Robert llega noto que esta cansado, le digo que le he puesto la comida en la mesa.
—¿Y tu?
—Yo comeré algo en mi estudio.
—No pienso dejarte marchar hasta...
—Prefiero irme—Me sonrojo.
—Jenna. ¿No crees que ha llegado el momento de dejar de hacer el tonto?
—No lo sabes tú bien...
—No lo digo por...—Robert se pasa la mano por el pelo y accedo a quedarme.
—De perdidos al río—Me río, saco mi plato. Robert saca el agua y un vaso para mí.
—¿Que tal el trabajo?—Robert me mira tras servir el agua.
—Cansado, ahora tengo que seguir trabajando un poco aquí en casa, luego vendrá Albert para terminar unas cosas.
—Si quieres me quedo y te ayudo con la pequeña— Robert me pasa el pan.
—Me vas a arruinar—Comenta sonriendo.
—No pienso cobrarte—Le saco la lengua y seguimos comiendo y Robert me cuenta cosas sobre el proyecto de Albert.
—Mi padre me lo comentó. Sé un poco de que va el tema.
Robert sonríe, mientras comemos hablamos de lo que les falta por hacer y los frutos que esperan que dé en la empresa.
Me quedo boba mirándolo hasta que me doy cuenta, pero no he podido evitarlo, su entusiasmo es contagioso.
—Entiendo porque mi padre te ha dado el cargo que tienes.
—¿Por?—Pregunta intrigado.
—Te gusta lo que haces y a él también.
Robert sonríe y seguimos comiendo, cuando terminamos recojo las cosas y Robert friega los platos.
—Voy a cambiarme y dormir un poco antes de que Nora se despierte.
—Yo me voy a pintar—guardo mis cosas suponiendo que mi idea de quedarme aquí ha sido rechazada y voy hacia la puerta—. Nos vemos mañana.
—Jenna...—Me giro—. No me importa que te quedes aquí, te lo agradecería, pero no quiero abusar de ti, ¿Lo comprendes?
—Claro.
—Jenna...—Dice cuando me vuelvo a girar para irme.
—Empieza a ser molesto que me conozcas tan bien— Robert se ríe y me vuelvo aun con el morro torcido pero no tardo en cambiar mi expresión por una sonrisa.
—Este viernes es mi cumpleaños y he pensado hacer aquí una fiesta para mis amigos, me gustaría que vinieras, pero como amiga.
—Claro, te sale más barato invitarme como amiga...— Robert se ríe y yo con él—. Nos vemos mañana.
—Hasta mañana duendecillo.
Lo miro asombrada y me vuelvo antes de que vea como me ha impactado el apodo que ha usado, es el mismo que utiliza mi padre.
Robert
Observo a Nora dormir, miro el reloj y veo que son casi las siete de la mañana, dentro de poco me tengo que ir trabajar; la idea de volverme a la cama queda descartada y opto por darme una ducha y tomarme un café. Otra noche que la pequeña se ha retorcido en sueños por sus pesadillas, he tratado de abrazarla, de mimarla, de calmarla, pero seguía llorando. ¿Que le atormenta? Me duele verla así.
A las ocho de la mañana Jenna toca a la puerta con los nudillos, la abro esperando que no note las muestras de cansancio en mi cara, pero nada más entrar me mira y sé que lo ha visto todo. Me asombra la capacidad que tiene para percibir lo que me pasa, y a mí con ella me pasa lo mismo, enseguida sé cuando algo le molesta. No sabía que en tan poco tiempo se podía conocer también a una persona, y me parece increíble. Y
eso no deja de ser mosqueante.
—No has dormido, pero tengo la solución y por si me lo preguntas, estoy de oferta y te saldrá gratis.
Jenna deja su mochila, algo más llena de lo habitual, sobre el sofá.
—¿Y cuál es esa solución? ¿Darle un somnífero a Nora?—Bromeo.
—No, me quedo esta noche aquí, y como tengo el sueño muy ligero me levanto y te ayudo con la pequeña.
—No...
—¿Te molesto?
—No sigas por ahí.
—¿Entonces? También lo hago por el bien de la empresa de mi padre, si no cumples en tu trabajo...
—Mentirosa.
—No puedes seguir así, y yo no tengo nada mejor que hacer.
—Salvo pintar.
—Sí y estudiar, pero puedo repasar desde aquí. No me sale bien últimamente lo que pinto... —Estas mintiendo.
—No...
—Se te nota en la cara Jenna. Y no, Nora es mi problema y no puedo permitir que te tomes tantas molestias.
—Para eso están los amigos, y yo cuando tengo un amigo lo doy todo por él. A menos que cometa una estupidez y salga corriendo en mitad de la noche...—Agranda a los ojos y sonrío—. Matt.
—Me lo imaginé.
Y empieza a cansarme ese nombre, siempre habla de él.
Tal vez sea su novio en verdad... ¿Qué estoy diciendo?
—Robert, sabes que lo te propongo es una buena opción.
—Ya no sé ni lo que quiero, llevo casi tres días sin dormir.
—Razón de más. Te dejo que tú pidas las pizzas.
—Chantajista.
Jenna sonríe pero su sonrisa le dura poco, se sonroja y me mira dudosa.
—¿Te molesta que este aquí? Vamos digo yo...no creo que si a mí se me declarase alguien me gustaría que...
—Si a ti no te molesta, a mí tampoco. Jenna no me molesta tu presencia, quítate eso de la cabeza.
—Odio molestar.
Su confesión me pilla desprevenido, más cuando ha entrado como un huracán decidida a hacer lo que ella disponía por el bien de mi salud.
—No molestas.
—Si alguna vez te molesto...
—Te lo diría.
Sonríe y se va a la cocina. Ya tengo preparado su desayuno, se ha convertido en una rutina.
—Me voy Jenna.
—Nos vemos luego. No tengas prisa por volver, la peque y yo estaremos bien.
Sé que será así. Confío en todos mis amigos, y sé que quieren a Nora y la cuidan, pero cuando esta con Jenna, siento que Nora no podría estar en mejores manos.
Me voy sonriente por la actitud de Jenna y agradecido, dudo que solo haga esto por lo que dice sentir por mí, en el fondo me cuesta creer que de verdad lo sienta, más bien pienso que le pasa conmigo como le pasó con Matt. Es la única razón posible, yo no he hecho nada para que ella tenga esos sentimientos tan puros por mí. Eso es lo que tú quieres creerte...Rujo para mí, cuando mi conciencia me aguijonea y la acallo, una vez más.
Cuando llego casa a las cinco de la tarde Jenna esta en el sofá dibujando y Nora tranquila jugando con sus juguetes en el parque. Ambas me miran y me sonríen, me siento como si lo tuviera todo en el mundo en este momento. Me quedo aturdido por mis pensamientos, y voy hacia ellas esperando dejarlos atrás.
—Ya estoy aquí—Nora se levanta en el parque, y me alza un bracito, la cojo y le doy un sonoro beso haciendo que la pequeña se ría—. ¿Cómo se ha portado?
—Muy bien, como siempre.
Jenna se levanta y saca las llaves de su moto de la mochila.
—¿Ya te has arrepentido?
—No, pero tengo que ir a comprar unas pinturas antes de que me cierren la tienda. No tardo. ¿Necesitas algo?
—¿Dónde vas a comprar las pinturas?
Pienso en donde puede haber en este pueblo un taller de pinturas y no recuerdo ninguno, cuando Jenna me comenta donde va, niego con la cabeza.
—Eso está a más de cuarenta y cinco minutos de aquí.
—Llevo moto, está a menos.
—Ya que esta noche tu me haces un favor a mí, yo te hago ahora otro, te llevo a por las pinturas—Jenna abre la boca para protestar pero no la dejo hablar—. No pienso cambiar de parecer, me cambio y bajo.
—Vale—refunfuña Jenna y me coge a Nora de los brazos—. Voy a cambiarla. Y a preparar la mochila con lo que pueda necesitar.
Tardamos casi una hora en salir hacia el centro comercial para comprar sus pinturas. En cuanto el coche se pone en marcha Nora no tarda en dormirse y Jenna se relaja en el coche a mi lado. No tardamos mucho en llegar. La pequeña se ha despertado hace poco y ya está pidiendo que le hagamos caso.
Cuando aparcamos y la ponemos en su carrito Nora sonríe a las diferentes personas que pasan por su lado. La gente la mira, y le hacen carantoñas, Jenna sonríe por la simpatía de la pequeña; ya en el centro comercial no tardamos en llegar a la tienda de pinturas, sigo a Jenna de cerca mientras las elije. La observo mirar el precio de un caballete pero tras hacer una mueca lo deja donde estaba y va hacia los pinceles. Me comenta que va a aprovechar para coger unos lienzos ya que llevo el coche y coge varios, cuando llegamos a la caja la cajera le sonríe y la saluda.
—¿Ya has gastado las de la semana pasada?—Jenna asiente con la cabeza retraída—. Hoy has venido bien acompañada, que niña más bonita. ¿Que son tus hermanos?
Jenna alza la cabeza y la mira, pero antes de que aparte la mirada de la señora y se centre en sus pinturas veo como sus ojos verdes se tiñen de dolor.
—Es el novio de mi hermana y la pequeña su hermana.
Jenna paga y mientras salimos me parece ver que ha empequeñecido, lleva los hombros caídos y no mira a su alrededor.
—Jenna...
Me mira, pero no sé qué decirle. Sé porque se ha puesto así, sé que es porque la mujer ha dado voz a mis pensamientos, que Jenna parece mucho más joven que yo. Pero no tengo palabras para reconfortarla, pues soy el primero que ve nuestra diferencia de edad como algo malo, y alguna vez me he pregunto si todo no sería diferente si Jenna tuviera la edad de Ainara, veintitrés años. Pero no los tiene.
—Tengo hambre, ahora vengo—Jenna da un beso a Nora y se va hacia un puesto de gofres. La dejo sola y me quedo con Nora algo rezagado, ella necesita distanciamiento y yo necesito...no sé que necesito. Me niego a querer sentir nada por Jenna, me quiero convencer que no siento más que simpatía por Jenna, pero no paro de pensar en ella, de anhelar su presencia.
Estoy siendo un imbécil, ni siquiera he dicho que me guste...todo tiene que seguir como estaba...
Cuando Jenna llega con su gofre, me ofrece, y miro sus labios manchados por chocolate y aprieto los puños para no acercarme y besarla.
—No—Lo digo medio enfadado y Jenna se da cuenta pero no dice nada. ¿Y que va a decir? Todo esto es por mi culpa, por no saber cual es mi sitio. Soy el novio de su hermana, y hasta que Jenna llegó, todo me iba muy bien. ¿No? Pero tras pensarlo, mi mente acude una frase: no se pude añorar lo que no se ha conocido.
Jenna
Llegamos a donde esta mi estudio y le digo a Robert que me espere en el coche, aunque ha comentado que le gustaría ver mis cuadros, ahora mismo necesito estar sola. Entro y dejo los lienzos donde tengo los otros y las pinturas en su sitio. Me miro en el espejo y pienso en las palabras de la señora, sé porque ha dicho que parece mi hermano, parezco mucho más joven que Robert, aunque él tenga solo veinticuatro años, yo no aparento que tenga diecinueve años casi veinte, he escuchado esa cantinela desde niña. Mi madre y mi hermana siempre se han quejado de lo poco que cuido mi aspecto, que esto solo hace que parezca más joven. ¿Lo pareceré también a los ojos de Robert?
Él no me trata como una niña, me escucha y acepta mis consejos como si fuera adulta, pero la duda se ha instalado en mí, quiero creer que él me acepta como soy, que no ve en mí solo lo que represento, si no lo que soy. Pero ya no lo tengo tan claro. Me suelto el pelo y me miro al espejo, el hecho de que lleve siempre dos coletas, es porque para pintar me molesta el pelo en la cara y hacerme una sola coleta no me sale muy bien, por eso desde niña optaba por recogerme el pelo en dos coletas que sí podía controlar. Me miro al espejo con el pelo suelto tratando de verme más madura, más mujer, pero sigo siendo yo. Un peinado no me cambia. Pese a eso bajo del estudio con el pelo suelto. Al entrar al coche sé porque nunca me he preocupado por mi aspecto, y es porque hasta ahora no he tenido motivo para querer estar guapa para nadie, y siempre he sentido prioridad por otras cosas, que pasarme horas en mi cuarto como mi hermana, arreglándose.
—A mí me gustan tus coletas—Comenta Robert cuando me ve entrar con el pelo suelto.
—Son de niña pequeña—Me gusta que empiece a conocerme, pero en algunos momentos, como ahora, me es molesto.
—Jenna debes ser tú misma, diga la gente lo que diga y piensen lo que piensen. Si pese a que la gente te quiera hacer cambiar y sigues siendo tú misma, es porque eres mucho más fuerte que ellos. Si cambias que sea porque tú quieres, no porque otros esperan que lo hagas.
—Gracias.
—De nada.
Me echo hacia atrás en el respaldo del coche y miro la noche.
—Preferiría que en vez de gracias sonrieras.
Lo hago y Robert se ríe.
—Que fácil es hacerte reír, salvo Laia, nunca he conocido a nadie que se ría tanto como vosotras.
—Nora.
Robert se ríe y asiente. Cuando llegamos a su casa estoy más calmada. Tal vez no era lo que esperaba escuchar de Robert, él no puede sentir lo mismo que yo, pero sus palabras me han aliviado.
—Yo preparo la cena mientras tú cambias a Nora.
Le saco la lengua y voy a la cocina para ver que hay para preparar la cena, cuando lo decido Robert ya ha bajado con Nora cambiada y con hambre. Mientras le da de comer sigo preparando la cena.
—¿Te gustan los boca—pizza?
—Como de todo...lo que me gusta.
Robert se ríe y hablamos de todo un poco mientras cena la pequeña. Nora esta casi terminando cuando se escucha el timbre de la puerta.
—Que raro, no espero a nadie.
—Tus amigos vienen muchas veces sin avisar—Le recuerdo.
—Cierto.
Robert va a abrir la puerta y miro por encima de la cabeza de Nora a ver quién es, cuando abre me quedo seria y me centro en la pequeña, incapaz de mirar a mi hermana, y más sabiendo lo que va a venir a continuación, no me apetece ver como se dan un beso de bienvenida y miro a Nora. —Esta noche hay una fiesta, hola Jenna—Comenta mi hermana al reparar en mí.
—Hola.
La ignoro, como siempre, desde niñas este es el triste trato que tenemos.
—Pues como te decía hay una fiesta y no te iba a decir nada porque sabía que no querrías dejar a la pequeña con Albert y Bianca una vez más, pero cuando mi padre me comentó que Jenna pasaría la noche aquí para ayudarte con la pequeña, no he podido evitar venir a pedirte que vengas conmigo a la fiesta.
—Gracias por la invitación, pero esta noche me quedo en casa.
—Robert ahora somos novios formales, y al igual que yo entiendo que tienes a Nora, tú sabías antes de ir el otro día a mi casa, que clase de vida social llevo yo.
Miro a mi hermana sin creerme lo que ha dicho. No es comparable su vida social a tener a Nora.
—Ainara, sí sabía muy bien quien eras, pero yo tengo una responsabilidad con Nora.
—Estoy cansada de ir siempre sola, y últimamente casi no pasamos ningún tiempo juntos. ¿Acaso todo ha cambiado entre nosotros?
Mi hermana pone morros y Robert se pasa la mano por el pelo, cansado.
—No, pero...
—Pues sí, tienes una hermana, pero también una novia y no me gusta ir siempre a esas fiestas sin ti.
—No es obligatorio que vayas a esas fiestas—Murmuro para mí—. Yo me quedo con Nora, no me molesta, iros a la fiesta, es importante para mi hermana aparentar ante sus amigos que es feliz con su novio.
Lo digo con ironía y Robert se da cuenta pero Ainara me sonríe sintiendo que ha ganado.
—No...
—Me lo debes. Y a ella no le importa.
Robert murmura, me importa a mí, pero mi hermana se hace la tonta y entra en el salón.
—Vamos ve a cambiarte, yo te espero aquí en el salón.
Robert me mira y asiente. Noto su duda y su desconcierto por la actitud de mi hermana, pero como ella ha dicho, él sabía como era antes de ir a mi casa el otro día, y si está con ella es porque le gusta como es, supongo.
Termino de dar de cenar a Nora y recojo la cocina, apago el horno con la cena ya hecha y me dispongo a subir a acostar a Nora. Ainara no se ha acercado a ver a la niña, sigue sentada en el sofá. ¿Acaso eso es lo que le gusta a Robert?
—Es igual que Robert—Comenta mi hermana que va perfectamente vestida con un elegante vestido plateado.
—Sí, idénticos.
Subo las escaleras y entro en el cuarto de Nora, escucho la ducha del cuarto de Robert; preparo las cosas para el baño de Nora, y tras bañarla la seco y la echo para que duerma, se le están cerrando los ojitos y al dejarla en su cunita no tarda en dormirse.
Me giro para salir y veo a Robert en la puerta mirándome.
Salgo y cierro la puerta.
—No me sabe bien irme.
—Pero si no lo haces te sentirás peor, es tu pareja.
—Sí, ¿de verdad estarás bien?
—Sí, no es la primera vez que lo hago.
—Guarda mi parte de la cena, me la llevaré mañana para almorzar.
Asiento y empiezo a bajar las escaleras pero Robert me detiene.
—¿Cual me queda mejor?—Comenta mostrándome dos corbatas.
—La verde.
Cuando se van Robert me dice lo siento antes de partir, le sonrío. No sé porque esta tan afligido, debería estar contento de poder pasar una noche con mi hermana, ella es su novia y yo su amiga. Pero aunque le diga que no pasa nada, ya me había hecho ilusiones de pasar la noche a su lado, viendo la tele, hablando...pero la realidad ha vuelto en forma de mi hermana, para recordarme cual es mi sitio. Es mejor que no lo olvide.
Al poco de acostarme Nora se despierta llorando y me levanto para calmarla, poco a poco lo consigo, pero no tarda en despertarse agitada por las pesadillas. Al final me siento en una hamaca cerca de su cuna y la cojo la manita para que se duerma sintiendo la seguridad de mi presencia, poco a poco ella lo hace, yo también.
Robert
Cuando consigo sacar a Ainara de la fiesta para llevarla a su casa, son más de las tres de la mañana. Estoy agotado y no he dejado de pensar en Nora y sus pesadillas. No tenía que haber ido, Jenna no tiene por qué cargar con mis responsabilidades.
Dejo a Ainara en su casa y nada más hacerlo se alza a mis brazos y me besa, trato de corresponderle pero finalmente me aparto.
—Estoy preocupado por Nora.
—Porque es una niña, si no me podría celosa. Nos vemos.
Se va sin decir nada, aceptando sin más mis pocos deseos de prologar el beso. ¿Siempre ha sido así nuestra relación?
Llego a casa pensando en ello, pero cuando subo al cuarto de Nora y veo a Jenna sentada en la mecedora, dormida, sujetando la mano de la pequeña, me olvido de todo menos de observarlas y sobre todo a Jenna.
No sé el tiempo que ha pasado cuando Jenna se percata de mi presencia y se despierta. Me sonríe aun en sueños y se levanta.
—¿Ya has vuelto?
—Sí. ¿Qué tal se ha portado?
—Bien, no tiene la culpa de sus pesadillas. Ve a dormir, yo me quedo con Nora.
Beso a Nora y me voy a dormir, pero cuando me acuesto me resulta imposible conciliar el sueño con Jenna tan cerca. Esto no debería sucederme. Al final solo el cansancio hace que me suma en un profundo sueño, ¿lo peor? Que hasta en sueños Jenna me persigue.
Bajo a desayunar, el olor a café recién hecho embriaga mis sentidos, al entrar en la cocina Jenna ya se ha vestido y otra vez lleva el pelo suelto, aunque esta vez se lo ha recogido con dos ganchos a los lados. Cuando me mira sigo viendo su cara infantil, pero desde hace días dejé de ver en ella a una niña.
—Buenos días. Te he preparado café.
—Buenos días, ¿Has dormido bien?
—Muy bien.
Tomo mi desayuno y me despido de Jenna para ir a trabajar, estoy mucho más descansado que días anteriores, me parece increíble haberme dormido con esa tranquilidad y sé que es porque confiaba que si pasaba algo Jenna se haría cargo de Nora.
Jenna
Termino la tarta que estoy preparando para la fiesta de esta tarde. Laia ha estado aquí esta mañana para traer unas cosas para la fiesta; he terminado de dar de comer a Nora y mientras duerme estoy ultimando el postre. Robert me ha llamado para decirme que llegaría más tarde. Esta semana ha estado muy ocupado y ha llegado casi a las cinco todos los días. Nuestra amistad va bien, ya hemos superado, mi vergüenza por mi confesión y su miedo de hacerme daño al no sentir lo mismo por mí.
Cuando la termino y la meto al frigorífico, la miro dudosa por si es una tontería hacerle algo así. Va a cumplir veinticinco años y aunque yo sea de la forma de pensar que hay que celebrar orgulloso cada año, hay personas que no piensan así.
Tocan al timbre y cierro el frigorífico para ir a ver quién es, esperando que sea Laia o Dulce para traer más cosas o incluso Bianca, que me dijo ayer que se pasaría por la tarde para ayudar.
—Hola, ¿Esta Robert?—Pregunta mi hermana.
—No.
—Mejor. Podéis pasar—Abre la puerta del todo y me quedo asombrada viendo como un equipo de catering empieza a entrar en la casa con varias cajas.
—¿Qué es esto?
—¿No esperarías que me olvidara de su cumpleaños?
—No lo esperaba.
—Pues es su fiesta sorpresa.
Mi hermana sigue dando órdenes y cuando llegan al patio lo primero que retiran son los globos que había colocado esta mañana.
—¿Quien ha puesto esta ordinariez? No sé para qué pregunto, Jenna esto es cosa tuya.
—Claro.
Y tiene razón, ¿que pretendía hacer? Me pregunto. La dejo, ignorándola, es lo mejor, ella es su novia y es normal que ella, y no yo, prepare la fiesta sorpresa.
Voy hacia el antiguo cuarto de Robert y me pongo la tele esperando poder ignorar los ruidos, lo malo es que la pequeña no puede hacerlo y se despierta llorando.
—Vamos pequeña no pasa nada.
La cojo en brazos y la mezo con la esperanza que vuelva a conciliar el sueño y poco a poco lo consigue. Cierro la puerta esperando que no vuelvan a despertarla y bajo a comentarle a mi hermana que la pequeña necesita silencio.
—El tiempo apremia, por un día que no duerma no pasa nada.
—¡Si pasa! Es una niña pequeña y necesita sus horas de descanso. ¡Que clase de madre serás para ella!—Estallo, mi hermana me mira asombrada y luego sonríe—. Lo siento.
Me siento mortificada nunca le he hablado así...
—No pasa nada, seguro que tras mi sorpresa de esta noche esa cara de agria se te quitara. Sé porque estas así.
—¿Cómo?
—Ya lo verás.
Me sonríe y se aleja, me quedo sorprendida por que no diga nada tras mis acusaciones. ¿Por qué le he dicho algo así?
Porque en el fondo pienso que no pueda ocuparse de Nora, para bien o para mal Ainara solo piensa en ella.
Me llevo las manos a la cabeza y siento una mano en mi espada.
—Yo pienso lo mismo que tu— Me vuelvo y veo a Dulce.
—Hola, no te he visto.
—Con este escándalo no me extraña.
—Voy a ver a Nora.
Subimos las dos a ver a la pequeña y al ver que está durmiendo entramos en el cuarto de Robert.
—Había traído para hacer una ensalada, pero veo que no hará falta.
—No.
—Jenna, no te sientas mal por lo que le has dicho.
—Es mi hermana, no es mala...
—No he dicho que sea mala, pero no veo que encaje aquí—Comenta mirando a su alrededor refiriéndose a la casa de Robert.
—Si se casan, ella se encargará de que mi padre la compre lo que quiera.
—¿Crees que será feliz con ella?
—Supongo que sí.
—Jenna...
—Es su novia y lo que hace con esta fiesta tal vez nosotros no lo entendamos, pero ella ha preparado esto para él, y él la quiere con todo esto también. Así que su supongo que le gustará.
—Jenna estás aquí—Mi hermana entra y me tiende el teléfono—. Llama a Robert y dile que compre muchas cosas en el supermercado.
—¿Para qué voy hacer que compre muchas cosas en el supermercado? No hacen falta.
—Es para entretenerlo. No quiero que llegue antes de que todo esté preparado, le he llamado antes de venir y me dijo que llegaría sobre las cinco, pero todo se está retrasando más de lo que pensaba—Mi hermana pone morros—. No sé qué hacer para entretenerlo...
—Yo me encargo—Dice Dulce.
—Gracias...
—Dulce.
—Eso Dulce. Y por cierto ¿No pensareis acudir así a la fiesta? he invitado a algunos amigos y van a venir elegantes.
—Yo no pienso cambiarme—Alego.
—No esperaba menos de ti, siempre queriendo llamar la atención con tu absurda idea de ser diferente. ¿Tanto te cuesta por un día vestir normal, y sin usar esa ropa hortera? Quiero que todo salga bien—Ainara pone morros fingidos.
—Su ropa no es hortera, —me defiende Dulce,— y no te preocupes, nos cambiaremos para no ridiculizar tu fiesta con nuestras modestas ropas.
Ainara se va y Dulce llama a Adair. Le dice que vayan a por Robert y que lo entretengan para que así doña perfecta pueda organizar la fiesta.
—Nosotras, cuando la peque se despierte, nos vamos a mi casa y ya encontraremos algo que ponernos. Tengo muchos vestidos que mi madre me envía con frecuencia, pero que no uso—Dice con una sonrisa.
—Yo también tengo algunos...
—Y no pienso disfrazarme más de lo necesario.
Sonrío y nos quedamos en el cuarto hasta que Nora se despierta y la vestimos para llevárnosla de paseo a casa de Dulce.
A medio camino Robert me llama al móvil.
—He llamado a casa pero no estabais. ¿Va todo bien?
—Sí, he salido con Dulce para comprar unas cosas para la “simple” cena.
Robert se ríe, ignorando que lo digo por lo que está organizando mi hermana.
—Hago las mejores barbacoas que hayas probado, y no tienen nada de simples.
—Lo imagino.
—Tener cuidado.
—Tranquilo cuidaremos de tu pequeña.
—Yo me iré con estos un rato a tomar algo, han venido a por mí.
—Pasarlo bien.
—¿No piensas felicitarme el cumpleaños?—Robert me lo dice sonriendo.
—Aun no.
—Vas a ser la última.
—No creo—Sonrío y le cuelgo tras despedirme.
—Estas coladita por él, Nora y yo somos testigos de ello.
Nora me mira y sonríe.
—No sirve de nada estarlo.
—Pero lo estás.
—Desgraciadamente sí.
De camino a casa de Dulce le cuento todo lo que ha pasado con Robert y mi horrible confesión. Dulce no se ríe, me comprende. Ya en su casa y mientras buscamos que ponernos, me cuenta que ella sabe muy bien lo que es amar un imposible y odiarse todo los días por eso.
—Lo siento—Comento a Dulce.
—Tranquila, lo tengo asumido. Cuando más lo quiero, más lo odio.
—Yo no odio a Robert, pero no creo que pueda soportar verlo casado con Ainara, y ser su cuñada.
—Eso tiene que ser duro. Y sé lo que se siente al ver como la persona que te gusta y de la que hace tiempo que no sabes nada, es el novio de tu hermana.
—¿Te pasó?
—Sí. Pero bueno ahora vamos a ponernos guapas sin dejar de ser nosotras mismas y a quien no le gusta que no mire.
—Eso pienso yo.
Dulce saca más vestidos y me percato de que todos son de marca y parecen muy caros, no me encajan con imagen que tengo de ella, pero no se lo comento.
Dejamos a Nora en su carrito y le ponemos dibujos animados, pero no les hace mucho caso, pese a eso y al ver que no vamos corriendo a cogerla, al final se entretiene con los muñecos que tiene puestos en el coche.
Dulce me deja un vestido blanco de tirantes con toques de florecitas verdes y una chaquetilla de color verde y ella se pone un vestido lila que resalta aun más sus ojos.
—¿Te quieres maquillar un poco?
—Siempre me he visto muy rara cuando me maquillan para las fiestas.
—Yo no suelo maquillarme mucho, a ver si te gusta.
Me siento y la dejo pintarme y cuando termina me miro al espejo, me gusta la sencillez del maquillaje y como con poco me siento yo, pero con mis rasgos más resaltados, hace que sonría.
—Me tienes que enseñar.
Dulce se ríe y me lo explica, luego me aconseja dejarme el pelo suelto, recogido solo de un lado y me deja unos pendientes verdes. Cuando salimos las tres miro la pequeña casa de Dulce. Es acogedora pero no tienes muchas fotos en ella.
—¿Vives sola?
—Sí, mis padres viven con mi hermana a una hora de aquí.
—No tienes muchas fotos.
—No soy muy fotogénica.
Nos vamos tras cerrar la casa. Estamos casi llegando cuando Robert me llama.
—¿Dónde estáis?
—Estamos llegando.
—¿Y tú?
—En mi casa—Por la forma que lo dice, sé que algo va mal.
—Has visto la que te ha organizado Ainara.
—Sí.
—Todo saldrá bien.
—No era lo que tenía pensado.
—Ella lo ha hecho porque creía que te gustaría.
—Lo que me hace pensar ¿hasta qué punto me conoce?
Su comentario me deja pensativa.
—No tardéis.
Cuelgo y miro a Dulce.
—No parece que le haya hecho mucha ilusión la fiesta.
—Tal vez solo está sorprendido, como todos—Alzo los hombros y vamos hacia la fiesta. ¿De verdad Ainara no le conoce? Pienso en la fiesta y en Robert, y me pregunto si él, al igual que yo y sus amigos, hubiera preferido una fiesta familiar y con poca gente. La respuesta la sabré cuando lleguemos.