Capítulo 3

JENNA

Robert se va, y una vez más como en estos últimos tres días, y me pregunto qué ha cambiado. Está raro, serio, seco, y él no es así.

No lo conozco lo suficiente como para saber cómo ha sido siempre, pero algo me dice que no todo va bien. Juego con la pequeña y le doy la merienda hasta que suena el timbre. Al abrir la puerta veo tras ella a dos jóvenes, una tiene unos ojos risueños y verdes, el pelo rubio como el trigo le cae por los hombros, y la otra joven tiene unos preciosos y poco comunes ojos violetas. El pelo lo tiene de un precioso rubio platino y ambas me miran sonrientes.

—Tú debes de ser Jenna. Adair y Ángel nos han hablado de ti y bueno Bianca. Qué casualidad que seáis amigas— Comenta la de los ojos verdes—. Me llamo Laia y ella es Dulce.

¿Podemos pasar?

Abro la puerta del todo, Robert ya me había hablado de ellas y me dijo que seguramente se pasarían algún día.

—¿Que tal esta Nora?

—Bien, acaba de merendar.

Me siento en el sofá y las observo como cogen a la pequeña. No digo nada, y como siempre me pasa cuando estoy rodeada de gente, tiendo a retraerme.

—La estas cuidando muy bien, Robert dice que es una suerte haberte encontrado—Miro a Laia asombrada porque Robert haya dicho eso de mi y sonrío.

—Y yo a ellos...lo que quiero decir, es que me gano un buen dinero...

Me levanto nerviosa, siempre hablo de más, voy a la cocina y empiezo a recoger todo.

—Nos ha dicho Robert que pintas muy bien.

—No ha visto mis pinturas...—Comento sin mirar a Dulce.

—¿No vas dejando por la casa bocetos?

Me sonrojo y me muerdo el labio. ¿Me habré dejado alguno de Robert por la casa? No, yo creo que los he guardado todos...

—Sí, a veces pinto en cualquier sitio. Lo hago sin darme cuenta.

Dulce se pone a mi lado y me ayuda a recoger la cocina.

—No hace falta...

—No es molestia. Estudiabas con Bianca cuando eras pequeña. Nos lo dijo la otra noche en nuestra noche de chicas, dulces y películas románticas.

—Sí, íbamos al mismo colegio, pero su padre no...

—Su padre cuando empezasteis a crecer la separó de ti, por si eras una mala influencia.

—Sí.

Me extraña que Bianca haya contado este momento de mi vida. Pero si lo ha hecho es porque confía en ellas, Bianca es de fiar. Recuerdo como su padre le dijo, delante de mí, a Bianca que nunca más podría jugar conmigo, que yo no era buena influencia para la hija de un duque, que mi mente soñadora solo la haría daño. No tenía más de doce años, pero me sentí un bicho raro. ¿A caso no es normal tener sueños? Bianca era mi única amiga, e igual que Matt, ella me comprendía. Siempre he sido muy tímida con el resto de compañeros, y cuando ella dejó de venir a mi colegio yo me encerré más en mí misma. Siempre con el mismo miedo de parecer tonta...

Aparto de la cabeza estos pensamientos y sigo recogiendo.

—No debía de ser bueno para ella.

—Entonces tú también perteneces a su círculo social.

La miro.

—Sí. Mi padre es un Marques. Pero no encajo en ese mundo, nunca lo he hecho.

—¿Por qué?

Eso lo pregunta Laia que está en la puerta con Nora en los brazos.

—Porque no.

—Lo siento, a veces pregunto cosas que no debería...

—No es eso, es solo que no encajaba, sin más.—Para desgracia de mi madre, pienso.

Me remuevo inquieta y sin querer se me cae un vaso y acaba por estrellarse contra el suelo.

—Lo siento...yo... ahora mismo lo recojo.

Otra vez mi torpeza sale a la luz, me encojo en mi misma y casi siento como los ojos se me llenan de lágrimas. Siento como si mi madre estuviera cerca y me dijera que soy torpe, que no sé hacer nada derecho. Tengo ganas de estar con mis pinturas, ellas no me juzgan. A ellas nos les parezco tonta, ni demasiado soñadora...

—Tranquila ese vaso era muy feo. Ya era hora que se rompiera—Comenta Laia sonriendo.

Me relajo y la miro, tanto ella como Dulce sonríen y no veo censura en sus miradas.

—Soy algo torpe a veces.

—Y yo—Dice Laia.

—Y que lo digas—comenta Dulce riéndose.

Dulce me tiende la escoba y me aguanta el cubo de la basura para recogerlo todo. Poco a poco me voy relajando y eso hace que no me sienta tan torpe, ni que me encoja esperando así llamar menos la atención. Hablamos de temas tribales y la conversación se me hace entretenida, estoy a gusto con ellas. Lo veo raro, pero también me ha pasado esto mismo con Robert. Y

me gusta dejar por un momento de sentirme el patito feo en un sitio. Sé que esto se debe a no haber encajado nunca en el círculo social de mis padres. Siempre que de niña acudía a alguna fiesta, acababa haciendo algo inapropiado, por mi espontaneidad o por mi torpeza. La gente cuando me veía ya chismorreaban entre ellos, que sería lo siguiente que yo haría...trato de olvidar esos recuerdos y me centro en la conversación.

Me río por un comentario de Laia y acabo hablando con ellas y opinando sobre lo que comentan.

—¿Y a ti tampoco te gustan los bailes que celebran en tu sociedad?—Me pregunta Laia.

—En mi primer baile, me pisé el vestido y tropecé haciendo que se rompiera por varios sitios, tuve que salir corri42

endo. La gente me miraba con lastima, y luego a mi madre, como diciéndome con la mirada que tenía un desastre de hija.

Creo que eso responde a tu pregunta.

—Hubiera sido gracioso verte—Dice Laia sonriente.

—Gracioso era la cara de mi madre, salió corriendo tras de mi y cuando me encontró...digamos que solo sabia decir lo torpe que era—Sonrío pero en ese momento no me hizo gracia, estaba mortificada—. Según ella soy torpe porque no pongo cuidado, porque cuando hago algo tengo al cabeza en mi mundo.

—Vaya, tu madre es dura de pelar.

—No, es solo que quiere que sea como ella, pero me quiere...a su manera.

Sonrío para restarle importancia y recuerdo la comida del domingo pasado, mi madre me hablaba de la suerte que ha tenido mi hermana al encontrar a su novio, lo conocían y se veía un gran chico, yo desconecte cuando empezaron a numerar sus cosas buenas y me centré en la comida, hasta que mi padre se dio cuenta y me preguntó por mis pinturas. Enseguida nos pusimos hablar de ellas y la conversación del perfecto novio de mi hermana se me olvidó, hasta que mi madre me pregunto que cuando le daría la buena noticia de que tenía un buen novio.

Buen novio para ellas significa: con un buen puesto de trabajo, guapo y que tenga pensamientos de boda pronto. Y ya me olvidé de mis pinturas y solo pude negar con la cabeza y desear que la conversación terminara pronto.

—Vaya, mis madre también me quiere a su manera, para ella soy la hija marimacho, a veces me han preguntado si soy lesbiana—Miro a Dulce—. Si lo fuera lo sería y punto, pero no lo soy, no lleva muy bien que su hija tenga más fuerza que muchos hombres, y no quiera vivir en su casa. Soy policía.

Nunca me comporto con ellos de forma incorrecta, pero ellos solo ven en lo que trabajo y nada más. Les costó mucho aceptar que fuera policía.

—Y también es profesora de clases de defensa personal, yo voy a ellas.

Laia sonríe y Dulce la mira con cariño.

—Supongo que en todos los sitios hay algo.— Les digo.

Y decir esto me hace sentir menos rara en mi núcleo familiar.

Seguimos hablando y poco a poco me relajo y sonrío con ellas, Nora también nos saca un par de sonrisas, cuando Robert llega ellas siguen aquí y las saluda con una gran sonrisa, se nota el afecto que se tienen, y cuando me mira a mí, espero esa sonrisa, pero se muestra distante como estos últimos días y frío.

—Yo ya me voy, tengo cosas que hacer, nos vemos mañana.

Cojo mi mochila y salgo diciendo un adiós general, para así evitar que noten lo mucho que me afecta que todo haya cambiado, sin saber que he hecho mal.

Robert

Me asomo por la ventana y observo como Jenna se pone el casco y se va en su moto. Esta situación es ridícula, ella no siente nada por mí, ni yo por ella. Estoy haciendo el tonto y ella se ha dado cuenta porque ahora me evita, y eso no me gusta. En poco tiempo me he acostumbrado a sus conversaciones.

—Es muy simpática.

—Sí.

Laia se pone a mi lado y bajo la cortina.

—¿Como esta Nora?

—Encantada de tener tantas personas haciéndola caso— Comenta Dulce con la aludida en sus brazos sonriéndome.

Al poco llegan Adair y Ángel y tras ver a la niña se van todos. Acuesto a Nora y bajo al salón a ver la tele, al sentarme en el sofá escucho el sonido de un papel arrugarse, me levanto y busco lo que creo que será un boceto olvidado de Jenna y así es, pero al verlo me doy cuenta aun más de lo tonto que soy. En esta ocasión en el boceto aparezco yo, con una mirada seria y distante, una mirada que la he dedicado, seguramente, muchas veces en estos tres días. ¿Por qué estoy haciendo esto? Siempre he sido alegre con todo el mundo, no tiene sentido que la rehúya...

Le mando un mensaje para preguntarle si puede venir un poco antes y ella me contesta con un frío Ok.

Son los ocho cuando escucho el ruido de la moto y aunque me cueste reconocerlo, estoy nervioso por su llegada.

Esto no tiene sentido, pero así es. Cuando Jenna llega a la puerta la abro para que no despierte a Nora. Me mira seria y entra sin decirme más que un cortes hola.

—Ven, ¿Has desayunado?

—No, no tenía hambre.

Voy hacia la cocina y siento como Jenna me sigue, cuando entra la veo observar la mesa con tostadas y leche.

—No tenías por qué haberte molestado.

—Yo opino lo contrario. Me he comportado como un imbécil estos días.

—Sí, la verdad.

La miro divertido por su sinceridad, Jenna se sonroja y agranda los ojos al darse cuenta que otra vez le ha traicionado su lengua.

—Yo no...

—No has dicho nada que no sea cierto.

—¿Y eso va a cambiar?

—Es un desayuno de paz.

—Ni que te hubiera declarado la guerra.

Sonrío y Jenna también lo hace, no espera más para sentarse y prepararse su leche, con varias cucharadas de cacao.

—Eso no puede ser sano—Le digo mientras me sirvo café, una vez me he sentado en la mesa.

—Más sano que el café, seguro—Me saca la lengua y se echa una más sin dejar de mirarme.

—Por mi puedes echarte todo el bote.

—Sí, pero es mejor dejar algo, por si decides otra vez estar huraño y hacerme otro desayuno de disculpa.

Sonríe y la imito. Se sirve las tostadas y me percato de que tiene pintura roja en un brazo.

—¿Has estado pintando?

—No podía dormir.

—¿No has dormido?

Niega con la cabeza.

—No tenía sueño.

—Es importante dormir.

—Lo sé, pero tenía cosas en la cabeza y cuando me acostaba me despertaba inquieta y al final opte por levantarme a pintar.

—Te relaja pintar.

—Sí. Mientras lo hago me siento dueña de algo...

—¿Que ha pasado?—La miro intrigado y me fijo de que sus ojos verdes pierden un poco su brillo característico.

—Nada, cosas de familia.

—Cosas que no me importan.

—No las entenderías. Solo te diré que este fin de semana ya no es para mí, si no para mi madre y mi hermana. Y no puedo escapar.

—Y eso no te gusta.

Jenna da un bocado a su tostada y alza los hombros.

—No encajo en su mundo. De hecho a veces pienso que...

Se calla y sonríe.

—Déjalo ya—Me dice, como si yo tuviera la culpa de que su boca no haya podido callar sus pensamientos.

—Piensas que no encajas en ningún sitio.

Adivino por ella y Jenna tras mirarme asombrada, asiente.

—No me gusta la soledad, pero desde hace años descubrí que la prefería a estar en mi casa, y por eso soy feliz en mi estudio.

—¿Cuando viajabas estabas casi siempre sola?

—Sí y no, Matt siempre trataba de estar conmigo. Su padre tiene varias casas por ciudades que yo quería ver, y se ofrecía a llevarme. Aunque sé, que también mi padre se lo pedía, me lo dijo él. Pero pese a eso él me hubiera llevado...lo echo de menos.

Jenna toma su leche casi negra por el cacao, y yo siento que se me ha instalado un malestar en el estomago, mientras me hablaba una vez más de ese Matt.

—¿Es tu novio?

¿A que viene esa pregunta? Me recrimino.

—No—Jenna sonríe—. Solo somos amigos, pero nos parecemos mucho, él siempre sabe que decirme cuando lo necesito.

—Llámalo—La digo, sintiéndome más calmado al saber que no es su novio.

—Lo haría...pero no quiero molestarle. Odio molestar. Es uno de mis defectos. Cuando creo que molesto...

—Te retraes.

—Sí o me voy.

Jenna me mira y nos quedamos en silencio.

—Echaba de menos hablar contigo—Dice sin miedo a decir la verdad que yo también siento.

—Y yo.

Nos quedamos sin decir nada, hasta que me doy cuenta de que todo esto no tiene sentido. Miro mi reloj y compruebo que es casi la hora de irme, me levanto para recoger la mesa y Jenna hace lo mismo, cuando ambos vamos al fregadero el perfume a frambuesa de Jenna me llena las fosas nasales, y me doy cuenta que mis ojos han ido directos a su boca. Tengo que irme de aquí.

Me siento ahora mismo como un maldito viejo verde.

—Tengo que irme. Se me hace tarde.

—Vete yo recojo esto, Nora aun tardará en despertarse.

Asiento y salgo de aquí, evitando mirar su boca una vez más, y evitando así, con esa simple mirada, sentirme aun peor por tener estos tonto deseos que no sé de dónde diablos han salido.

Jenna

Robert me acaba de llamar para decirme que llegará más tarde por culpa del trabajo, que en la nevera hay comida para que comamos la niña y yo. Preparo la comida de la pequeña y se la doy, entre risas y mi insistencia para que se lo coma todo.

Cuando se la come y le doy el postre, veo que se le cierran los ojos y la subo a su cuarto. Al terminar de comer, me siento en el sofá y saco mi libreta de bocetos para pintar mientras espero que llegue Robert, pero conforme voy dibujando me va entrando sueño y al final, pese a que intento por todos los medios tener los ojos abiertos, acabo sumiéndome en un profundo sueño.

Siento que alguien me pone una fina manta y me despierto desconcertada por no saber donde estoy. Al hacerlo, dejo caer el blog de bocetos al suelo y me encuentro a pocos centímetros de la cara de Robert. Me quedo muda y más al perderme tan de cerca en sus ojos dorados, viendo la diversidad de tonos marrones que tienen. Mis ojos juguetones bajan a sus labios y mi respiración se agita, pero esto dura poco, pues Robert se aleja y agacha a coger mi blog de bocetos.

—¡No lo mires!—Me levanto y se lo quito de las manos, pero Robert ya ha visto suficiente.

—¿Son retratos míos?

Lo miro sonrojada y angustiada por ser tan imprudente.

—Eres guapo, soy artista y pinto cosas bellas.

Aprieto el blog contra mi pecho y miro al suelo avergonzada.

—Jenna...

Por su forma de decirlo se lo que viene a continuación, no sé por qué, pero intuyo que me va a decir que él no siente nada por mi. ¿Acaso yo no puedo dejar de pensar en él y de dibujarlo por que empiezo a sentir más de lo que creo? No lo sé, y sé que negar mi atracción por él es inútil, pero es humillante que me tenga que rechazar.

—Tranquilo, solo son dibujos. Solo te veo como mi jefe—Le sonrío y le miro fugazmente para que no note como mis ojos empiezan a llenarse de lágrimas—. Me voy tengo muchas cosas que hacer.

Sonrío una vez más, constándome un mundo, y tras decirle lo bien que ha comido la pequeña me voy, haciendo un gran esfuerzo por llegar a mi moto con normalidad. Pero cuando me pongo el casco y mis ojos se esconden de la mirada de los suyos, no pueden evitar derramar las lágrimas contenidas. No puedo evitar aceptar que pese a que parece un imposible, no solo lo pinto porque sea guapo, si no porque empiezo a sentir por él.

Siempre he sido pasional, y cuando algo me ha gustado no he necesitado mucho tiempo para saber lo que quería, y con Robert me ha pasado. No he necesitado más que unas pocas semanas para sentirme atraída por él.

Este sentimiento solo es una triste desgracia, no hace falta que él me diga lo imposible que es, para yo saberlo. Nunca he llamado la atención de ningún joven, cuando creí estar enamorada de mi mejor amigo, este me rechazó, alegando que solo creía quererlo porque era una de las pocas personas que me conocían tal como era y me aceptaba, que solo le quería como amigo. Y ahora al comprobar su rechazo, y lo poco que me dolieron sus palabras, más allá de mi orgullo, con el casi rechazo de Robert, sé que tenía razón.

Esto no debería estar pasando.

Robert

Cierro la puerta con el blog de bocetos de Jenna, cuando lo metió en la mochila se le calló, y salió tan deprisa que no pude dárselo. Me siento un imbécil, ¡¡Casi la he besado!! Y

luego al ver sus bocetos, la forma en la que me ven sus ojos me he sentido...me he sentido bien, me ha gustado. Pero sabía que tenía que detener... ¿El qué? Jenna solo me ve con ojos de pintora.

Voy hacia el sofá con el blog de notas y miro una vez más los bocetos que ha realizado, en caso todos salgo sonriendo, menos en uno que salgo observando por la ventana distraído. En la mano llevo el móvil y recuerdo ese momento. Fue cuando hablé con Ainara la última vez y me dijo que no podía quedar, una vez más, pero lo que me contrarió fue mi falta de desilusión por esto. Tal vez se deba a que he estado muy ocupado, el proyecto de Albert es grandioso llevamos unos meses trabajando en él y está aceptando mis ideas. Estamos los dos muy involucrando en el proyecto. Me sorprende saber que Jenna se diera cuanta de ese momento, es como si desnudara mi alma con sus manos.

Sigo mirando los bocetos y veo varios de Nora, me encanta como la ha captado y siento orgullo de hermano mayor por la pequeña. Paso los bocetos y mi sonrisa se pierde cuando dejo de ver bocetos de Nora y míos, y empieza a aparecer un joven muy bien parecido en la libreta. Paso las páginas y cuando llego a una que sale medio desnudo aprieto la mandíbula y siento algo latir en mi interior. Arrojo la libreta al sofá y voy a mi despacho deseando perder cuanto antes este sentimiento que no sé de dónde ha salido, y espero que siga donde estaba hasta ahora, escondido. ¿Lo habrá pitando tras pasar la noche con él?

¿No es un poco joven para pasar la noche con alguien?

¡Basta! Obligo a mi mente a que se detenga. Ya en mi despacho deseo que mi trabajo sea lo bastante importante para dejar de pensar sandeces.

Es ya muy de noche cuando cojo el móvil y decido llamar a Ainara, convencido de tener la cabeza sobre los hombros y pensar en ella. Hace mucho que no nos vemos y tengo ganas de verla...

—Hola mi amor, te iba a llamar. ¡Me has leído el pensamiento!—me dice nada más descolgar.

Me llevo la mano a la frente y me siento mal, por prensar que sus palabras son falsas—.Me gustaría verte—Le digo sin más.

—Perfecto, porque tenía algo que proponerte...he estado pensando estos días en ti, en nosotros, y ya que conoces a mis padres, me gustaría hacer de nuestra relación algo más formal— cuando dice esa palabra siento una opresión en el pecho, pero la reprimo—. Me gustaría que vinieras a cenar a mi casa el sábado por la noche, habrá una pequeña fiesta familiar, y me gustaría que fuéramos novios formales...si quieres claro...si no, no pasa nada.

Piensos en sus palabras, y en lo estúpido que estoy siendo estos días con Jenna, y luego pienso en Nora y en la figura materna. ¿Me estaré equivocando? Niego con la cabeza y tomo aire. Yo, pese a no vivir con mis padres, tenía a mis abuelos que hacían de padre y madre, y me gustaría eso para Nora, a veces me da miedo no poder darle todo lo que necesita.

Ella necesita una madre.

—Me parece perfecto.

—Genial, tienes que ir de etiqueta, ¿si quieres que te preste dinero...?

—No necesito tu dinero—Comento molesto, y más, porque Ainara sabe que tengo un buen puesto de trabajo en la empresa de su padre, y me inquieta pesar, por su comentario, que ella no lo vea suficiente para su estatus social.

—Lo sé, pero...lo siento a veces no digo la palabra adecuada.

—No pasa nada.

—Nos vemos el sábado, te mando la dirección por correo.

—¿Y antes?

—¿Antes? estaré liada... ¿Por?

Enseguida pienso en lo primero que dijo: que tenía ganas de verme. Y me pregunto si no lo estaré sacando todo de quicio.

—Por nada nos vemos el sábado.

—Perfecto, nos vemos.

Cuelga y me siento en la oscuridad de mi habitación, pues mientras hablaba con Ainara no he parado de moverme de un lado para otro. Me paso la mano por el pelo y veo en el espejo de mi cuarto uno de los bocetos de Jenna. Estoy haciendo lo correcto, pienso al recordar el episodio de esta tarde.