Capítulo 9

Termino de cenar y me preparo para acostarme, al menos eso es lo que quiero que mis padres crean. Me sabe mal mentirles, pero sé que de decirles la verdad me dirían que estoy jugando con fuego, que esta amistad no lleva a ningún lado, me da miedo que me den razones suficientes para ver que llevan razón y alejarme de Liam. Pues en el fondo yo ya sé todo eso, se que esta amistad no lleva a ningún lado y que yo…

Cierro los ojos y respiro hondo, y una vez más hago lo imposible por ignorar, pues se que una vez que de voz a la verdad, no podré negarla. Trago el nudo que se me ha formado en la garganta y me quedo a la espera de que mis padres se acuesten y de que Liam me llame, cuando son más de las doce y en la casa reina el silencio, pienso que a final ha decido no venir, tal vez sea lo mejor…pienso al tiempo que el móvil suena durante unos instantes. Lo cojo y veo que tengo una pérdida de Liam. Hoy no llevo el pijama, llevo un chándal pues sabía que vendría. Salgo sin hacer ruido y voy hacia la habitación trasera que mis padres usan de trastero para abrir la ventana que está cerrada con una llave que está colgada en el marco y salir por la escalera de hierro.

Cuando salgo a la fría noche veo a Liam de espaldas observando la arboleda que hay a pocos metros de la casa.

Al empezar a bajar me escucha y se gira. Viene hacia mí, al terminar de bajar él ya está a mi lado.

- ¿Están durmiendo tus padres?

- Si, y duermen como troncos, no se enteran de nada por la noche.

- Bien, pues quería llevarte a un lugar. ¿Confías en mí?

Liam me tiende la mano y no dudo en cogerla.

- Ya sabes que sí.

Empieza a andar y no me suelta la mano, yo me aferro a ella. Nos adentramos en la arboleda y Liam me gira como un experto, cuando salimos al lago no se ven luces artificiales de ningún tipo, solo una brillante luna plateada.

- Por la noche parece diferente. Cuando era niño me escapaba muchas veces de palacio y venia aquí, me pasaba horas mirando las estrellas y mientras las miraba, pensaba que seamos quienes seamos, el cielo es el mismo para todos.

Miramos la noche estrellada y nos quedamos en silencio observando sus estrellas y constelaciones.

- Pero luego volvía a casa y la realidad me golpeaba, el cielo seria el mismo para todos, pero en la tierra, existían clases y yo estaba en la que muchos admiraban. Siempre me he preguntado por qué yo no. De niño llegué a pensar que era un egoísta por no saber valorar lo que tenia. Al fin y al cabo. ¿Quien no querría ser educado diariamente desde niño para ser rey? ¿Quien no querría tener la vida ya decidida incluso antes de nacer? Pocas veces he podido elegir en mi vida.

- Ahora has podido elegir a Bianca…

Liam se ríe sin ilusión.

- Mi padre me comentó el otro día que si yo no la hubiera elegido ellos me hubieran forzado a la elección. Estaba algo bebido y se le fue la lengua, por eso supe ver que él y el duque ya tenían el matrimonio cerrado. Como puedes ver esta vez tampoco he elegido yo.

Me entristezco y pienso en decir algo para alegrarlo.

- Piensa que pese a eso la elegiste a ella y no a otra. Quizás eso sea por algo…

Liam se gira y me mira. Casi no puedo verlo por la poca luz que tenemos, pero pese a eso puedo sentir sus ojos verdes observarme.

- ¿De verdad crees que la elegí? O porque no mejor decir que me resigne una vez más.

- Mucha gente debe resignarse en esta vida. Yo me resigne a ir siempre por delante de mis compañeros, a no ser más que la pequeña cerebrito de mis clases, a no tener amigos en ellas, a que mucha gente piense que prefiero estar metida en mis libros a hablar de temas banales. Soy como ellos, pero prefieren prejuzgarme.

Pero ya lo he asumido, desde que con seis años me adelantaron varios cursos, lo tengo más que asumido.

- Pero tú solo eras una niña.

- Y tu solo un niño. Yo no pude elegir mi destino, tu tampoco.

- ¿Y qué harás cuando termines la carrera?

- Lo que se espera de mi, seguir estudiando. Mis padres no se tomarían bien que desperdiciara mi inteligencia ayudándolos en la heladería. Ellos no me lo han dicho, pero lo sé, los he escuchado muchas veces hablar cuando creían que yo no les escuchaba.

Siempre dicen, ella no es como nosotros, ella será alguien importante, tendrá a quien mandar y no ser a quien le mandan.

- A veces eso no es lo más importante.

- Nosotros lo sabemos, pero los comprendo. Tuvieron que rebajarse muchas veces para poder comer, ¿quien no esperaría que sus hijos nunca tuvieran que servir?

Empezamos a pasear por el lago, sin soltarnos, ahora mismo no quiero soltar su mano y parece que Liam tampoco.

- ¿Que vida hubieras elegido?

- Supongo que una vida normal. Me gustaría ir a clase con gente de mi edad, haber sido niña…de pequeña me pasaba horas estudiando, me era fácil alcanzar el nivel de mis compañeros, pues veía la ilusión de mis padres por lo que era, no quería bajar el ritmo. Me gustaría volver atrás y pasarme horas jugando, horas no haciendo nada, salvo ser una niña. Ahora todo me lo tomo con más calma, o eso intento, al menos últimamente, no me concentro…

- Solo tienes dieciocho años, no pasa nada porque te relajes.

- Ni a ti.

- Ni a mí.

- De poder elegir, ¿que elegirías?

Lima me observa mientras andamos y luego mira hacia delante.

- Tal vez simplemente elegir, poder elegir lo que yo quiero.

- Es algo tan sencillo…

- Y tan difícil -Liam se detiene-. Es tarde, te acompaño a casa.

Miro el reloj de mi muñeca y veo que se nos ha pasado el tiempo sin darnos cuenta.

- Vale

Cuando llegamos a la heladería, me quedo pensando en lo que quiera Liam, elegir.

- Tal vez no pueda hacer mucho por ti, pero puedo dejarte elegir. ¿Tienes planes para algún día de este fin de semana?

- Para todos, pero siempre me puedo escapar. ¿Que tramas?-

Me pregunta sonriente.

- Podemos ir al sitio que tú elijas, y hacer lo que quieras.

Liam se queda pensando y al final asiente.

- Te diré donde y como quedamos, buenas noches Elen.

- Buenas noches.

Liam empieza a irse y yo guiada por un impulso voy tras él y lo abrazo por la espalda. Liam acacia mis manso y nos quedamos un rato así. Al poco me separo y empiezo a subir las escaleras sin decir nada, a veces sombran las palabras y más cuando pueden ser estupideces. ¿A que ha venido eso? ¿Por que?

Porque lo deseaba, y mucho.

- Tal vez podamos ir luego a tomar algo… ¿Elen?

Miro a Robert y le sonrío, no sé que ha dicho. Es sábado por la noche y hemos quedado para ir a cenar, pero desde el Jueves no dejo de pensar en Liam y más al verlo ayer del brazo de Bianca y sentir una vez más algo parecido a los celos…¡Oh a quien quiero engañar! ¡Eran celos! No paro de verlos juntos, abrazados…Y

ahora estoy junto con Robert, tratando… ¡tratando de sentir una parte de lo que empiezo a sentir por Liam! Y esa es la única verdad.

- ¿Elen? ¿Estás bien?

Miro al bueno de Robert y niego con la cabeza.

- No, yo no…-Me acuerdo de lo que hablamos Liam y yo, a veces solo es cuestión de elegir, en unas ocasiones no tenemos opción, pero en lo referente a mi relación con Robert nadie me ha obligado, salvo yo, y si lo he hecho solo era para, no reconocer la verdad. Pero es que duele tanto la verdad, pues esta solo me hará sufrir.

- No puedo seguir con esto. No puedo seguir contigo. Solo me estoy engañando a mí misma.

Levanto la mirada y observo a Robert, con los ojos llenos de lágrimas por causarle daño, por haber sido una egoísta y no haber parado esto desde el principio.

- ¿Estas segura?

Me sorprende que no me insista, que no me diga que lo seguirá intentando. Tal vez el supo ver el final incluso antes que yo.

- Si.

- Lucharía por ti…pero no puedo obligar a nadie a sentir. Al menos lo hemos intentado.

Robert se levanta y se va a pagar, yo tomo mis cosas y me quedo mirándolo.

Al volver veo la mirada de Robert triste y me siento muy mal, ¿Y si simplemente estoy fascinada por el príncipe? ¿Y si solo me atrae de Liam el aura que le rodea? Pienso en Liam mientras Robert se acerca y toma sus cosas.

- Me gustaría amarte, me gustaría poder sentir con tus besos…me gustaría pensar en ti a cada hora…seriamos felices, nadie nos diría que lo nuestro está mal…de verdad me gustaría.

Se me rompe la voz.

- Pero no lo siento.

- Lo sé. Llevo toda la semana esperando que me llames, que me mandes un mensaje…pero pensaba, está ocupada. Pero hoy no me has sonreído, ni escuchado una sola vez…podría luchar por ti, pensaba luchar por ti. Pero… ¿De qué me serviría?

Agacho la mirada, y me doy cuenta de que esta relación estaba rota desde el principio, pues en solo unos días, las ganas de Robert de luchar por mi se han apagado, creo que no era solo yo la que no sentía, cuando quieres a alguien no dejas de amarlo de la noche a la mañana y nunca dejas de luchar por él. Tal vez trates de hacer tu vida si no lo tienes, pero siempre está en tu corazón clavado como una espina que no piensa marcharse. Tal vez ambos precipitamos las cosas y si antes no surgió nada, fue por algo.

Cuando me dijo de salir tenía que haber rehusado como he hecho otras veces, al no hacerlo le di falsas esperanzas y ahora me arrepiento.

- De nada. Espero que sigamos siendo amigos.

- No lo sé. Ahora mismo quiero estar solo. ¿Te llevo a casa?

- No, voy a ir paseando a casa de Laia, no queda lejos.

Salgo del restaurante y nos despedimos con un frío adiós y me voy hacia casa de Laia, abatida por lo que acaba de pasar, espero recordar a Robert como amigo. Es como si todo esto hubiera sido surreal. Me siento mal por Robert, por mí, porque mi corazón haya decidido mirar hacia el lugar equivocado, porque no sienta nada por quien debo. Llego a casa de Laia y miro la hora que es, seguro que esta despierta. Toco al timbre y me lo coge ella, al decirle quien soy me abre enseguida. Subo a su casa y me deja entrar mirándome extrañada.

- ¿No habías quedado con Robert?

- ¿Tienes pelis románticas y muchos clínex? Ahora mismo lo necesito.

- Y música triste si quieres.

Saludo a sus padres y vamos a su cuarto que está en la segunda planta del ático dúplex, Laia me dice que me quede a dormir y no me niego. No quiero estar sola con mis pensamientos.

Pero no sé si estoy preparada para contarle la verdad. No estoy preparada ni para reconocerla yo misma, me da miedo dar nombre a lo que siento.

- Toma el teléfono para que llames a tus padres-Dice dándome el fijo de la casa. Les llamo y mi madre no tiene impedimento en que me quede a aquí-. Bueno y ahora ponme al día.

- He dejado lo que se supone que tenía con Robert. No podía seguir mintiéndole ni mintiéndome.

- Vaya, lo siento mucho, yo nunca os vi juntos, pero si era tu elección no pensaba decir nada.

- ¿Por qué piensas eso?

- No sé, no te he visto nunca mirarlo con ojos de cordero enamorado y nunca me has hablado de él.

- Eso no tiene porque significar nada.

- Lo que no entiendo es por qué aceptaste salir con él.

- No se…bueno si se. Es buen muchacho, me preguntaba si tal vez llegaría a sentir algo si me daba una oportunidad.

- Pero nada, y de ahí que dijeras que el amor de las películas no existen y no creer en los besos, no sentinas nada por los de Robert, me lo figuré pero no he querido atosigarte.

- Si. Pero tal vez sea así…-Laia me mira con cara de decir, ni tú te lo crees-. Bueno vale, tienes razón, de haberme gustado los habría disfrutado.

Nos quedamos en silencio y Laia se va hacia la puerta.

- Voy a por helado de chocolate, chocolatinas y todo lo que pille en la cocina que tenga exceso de calorías y venga bien para estos casos. Tenemos una emergencia, animarte.

- Gracias.

Laia se va con una sonrisa mientras yo me quito la chaqueta y la dejo sobre la cama. Me empieza sonar el móvil y al sacarlo veo que es Liam. El corazón, como siempre, me martillea con fuerza en el pecho. Dudo en si cogerlo o no, no me siento muy bien ahora, pero finalmente lo hago.

- Hola Liam.

- ¿Ha pasado algo?

- Solo te he dicho hola. ¿Como puedes intuir que ha pasado algo?

- Soy muy listo.

- Si, eso parece. Y no, no ha pasado nada -¡Elen! -Me apremia.

Me llevo la mano al puente de la nariz y al final decido contárselo.

- He puesto fin a mi relación con Robert.

- Vaya, lo siento.

- Yo no, y eso es lo que me tiene así. ¿Que pretendía conseguir forzando algo inexistente?

- Hacerte daño.

- Hay otras cosas que me hacen el mismo daño…No preguntes-Le digo cuando empieza a decir algo-. Él me dijo que lucharía por mí, y hoy se ha ido sin luchar…creo que no era yo sola la que se estaba engañando. Cuando quieres a alguien luchas, pues es inevitable, es difícil aceptar una retirada cuando el corazón manda. Cuando está en juego perder a la persona que quieres ¿no?

- Nunca he amado, pero supongo que tienes razón. Aunque a veces no se lucha, no porque no se quiera, si no porque no se puede. A veces el amor no es suficiente Elen.

- Lo sé.

Nos quedamos en silencio.

- Tal vez haya querido ver eso en Robert para no sentirme tan mal por herirlo, soy una mala persona -Liam se ríe-, no le veo la gracia.

- No me río de ti, solo de tu forma de decirlo. Elen no has hecho nada malo, tu nunca le prometiste nada, ¿Verdad?

- Verdad. Aun así me siento mal…

- ¿Donde estas?

- En casa de Laia, nos vamos a atiborrar a dulces y pelis románticas-Digo sonriendo.

- No te hinches mucho, me gustaría llevarte mañana a un sitio y no podré hacerlo si estas en cama por indigestión.

- ¿A dónde vamos?

- Ya lo veras. ¿Estás bien para quedar?

- Claro. Es tu día de elegir.

- Si. Si necesitas algo llámame, a la hora que sea.

- Lo haré. Aun que si es muy tarde no te acordaras de la hora en la que me dijiste esto -Liam se ríe y yo con él-. ¿Por qué es tan complicado el amor?

- No lo sé. Te veo mañana las once en la pizzería del otro día, buenas noches

- Buenas noches Liam.

Cuelgo y me quedo mirando el móvil.

- ¿Liam?, se llama igual que el príncipe, porque no será el príncipe, ¿verdad?

Laia me mira seria y yo al final asiento.

- Y te he visto sonreír, y tener ojos de besugo…¡¡Dios empiezo a entender porqué te has precipitado a la relación con Robert!! Creo que tienes una historia que contarme, a menos que no confíes en mí.

- Claro que confío en ti, es solo que decirlo, era reconocer ciertas cosas…¡¡Dios Laia estoy perdida!! Desde que lo vi, lo conocí, me reí con él, despertó algo en mí, algo comenzó a latir con fuerza, algo imposible, algo que nunca debería de haber existido. Él está destinado a ser rey…¡¡A ser rey!!

Me remuevo inquieta por la habitación.

- Pero no puedo dejar de estar con él, no puedo dejar de sentir, no sabes el tiempo que me ha llevado intentar convencerme de que lo que sentía era solo amistad. En el fondo siempre lo he sabido, siempre he visto la verdad, pero es tan dolorosa la verdad.

Es tan doloroso…-Me callo-. Amar a alguien que sabes que nunca será tuyo. Siempre he creído, hemos creído-Digo mirando a Laia-.

Que el amor lo puede todo, hemos visto miles de películas románticas, el amor siempre triunfa, pero en la vida real-Me callo y me llevo las manos a la cabeza-, en la vida real amar a veces no es suficiente. Puedo amarlo con locura, amarlo toda la vida, pero nunca será suficiente. ¿Te das cuenta de lo dolorosa que es la verdad?

Me siento en la cama y me llevo la mano al pecho pues el reconocerlo solo ha incrementado mi dolor.

- Lo siento Elen, y te comprendo, Adair no es un príncipe, ni está destinado a ser rey, pero es tan imposible como Liam y lo que siento, no es suficiente.

Nos quedamos en silencio mirando la tele apagada viendo nuestro triste reflejo.

- Creo que no he traído suficientes dulces.

Me río sin poder evitarlo y Laia también.

- ¿Que vas a hacer?

- Supongo que aceptar lo que tengo de él. Pero sé que no puedo aspirar a más, haré un muro en mi corazón para no sufrir…

- Sufres igual, yo llevo haciéndolo desde hace tiempo -Laia ha cogido en el helado y me tiende una cuchara-. ¿Y cuál es la historia?

Entre cuchara y cuchara de helado, le cuento a Laia todo, y cuando acabo nos quedamos en silencio.

- Vaya forma de conoceros la vuestra. Ojala el hubiera sido un chico más. Pero no lo es.

- No, no lo es.

- No lo olvides Elen, el acabará casado con Bianca.

No comento nada, y decido atacar las patatas.

- Menuda mezcla estamos haciendo-Le comento tras devorar casi media bolsa.

- Cualquiera diría que no has cenado, ni yo-Nos reinos y Laia se levanta y va hacia la leja de pelis-. ¿De llorar un poco o de mucho llorar?

- De mucho-Le digo tomando los clínex. Me deja un pijama y nos cambiamos para ver la peli arropadas. Al final como, ya imaginábamos, no podemos evitar llorar por la peli y por lo que a cada una nos aflige. ¿Por que cuando estamos tristes nos ponemos cosas aun más triste o música más lenta? Es algo que nunca comprenderé.