Capítulo 8

Llego a la universidad muy temprano y voy hacia la biblioteca, al hacerlo veo que otras compañeras al igual que yo, lucen el horrible uniforme. Falda gris y chaqueta azul marino, todo ello adornado con detalles en dorado para que se note que estudiamos en una universidad de gente de bien.

Al llegar a la biblioteca me adentro casi al final para buscar un libro que a veces consulto para algunas tareas. Lo tomo y me siento en una de las mesas iluminadas, se me pasa el tiempo tomando notas y cuando suena la sirena de la primera clase alzo la cabeza impactada por el sonido. ¡Me pensaba que era más pronto!

Me levanto y comienzo a recoger mis cosas, dejo el libro en su sitio y salgo hacia la clase pero cuando llego ha comenzado y está cerrada y los profesores prohíben entrar una vez esta la puerta está cerrada. Me quedo mirándola, enfadada por mi estupidez y doy media vuelta hacia la biblioteca otra vez para aprovechar esta hora, pero esta vez no pienso dejar que se me pase el tiempo sin darme cuenta.

Al poco de estar aquí noto que me vibra el móvil que lo tengo puesto en la mesa para poder mirar la hora. Lo cojo y veo que es un sms de Liam:

¿Se te ha olvidado que es lunes? ¿O se te han pegado las sabanas? ¿Estas bien? Contesta.

Lo miro y sonrío y le contesto.

¿No te cansas de dar órdenes? Te ha salido la sangre azul que llevas dentro:P. Estoy bien, se me ha pasado la hora, estoy estudiando en la biblioteca. Nos vemos en la siguiente clase.

Besos.

Lo dejo esperando que Liam no mande más, pero me

equivoco.

¿Te has dado cuenta de que no paras de ponerme besos y nunca nos hemos dado ni un casto beso en la mejilla? ¿Por que eres tan mentirosa cuando los mandas? Nunca me los das…:P

Sonrío sonrojada y le contesto, en el interior pienso que no debería hacerlo, que debería dejar de seguirle el juego, que debería estar estudiando, pero no puedo, mi deseo de responderle es más grande:

No soy mentirosa, es que eres muy feo y no me apetece besar tu fea cara. Es tu culpa por no ser más guapo.

Me levanto con el móvil y miro por la antigua cristalera de la biblioteca, al poco noto que el móvil me vibra.

Pon otra escusa que esa es muy vieja, además seguro que eres de las que dan dando besos a todo bicho abandonado que encuentras. No cuela.

Lo leo y pienso que decirle. Me veo sonreír en el reflejo del cristal y me impacta el brillo que veo en mis ojos y la sonrisa. Por Liam, por el príncipe Liam… la realidad me golpea y decido poner fin a esta tontería. ¿Que estoy haciendo?

Si yo besara un príncipe, seguro que acabaría convirtiéndose en rana, pues mi destino está más cerca de vivir en una charca que en un palacio. Así que ve buscándote una princesa que quiera besarte, y así no corres el riesgo. No has nacido para vivir en una charca. Ni yo para vivir en un palacio…

Lo envío aunque sean más de uno y el móvil me avise de

que estoy enviado un sms múltiple. Espero su contestación pero esta no llega. Mejor, tal vez con el juego tonto de la rana se haya dado cuenta de la realidad y deja de decir tonterías que solo me hacen sonreír tontamente. A veces me pregunto que necesito pasa saber donde esta mi sitio. Para Liam solo soy la distracción de este momento, luego llegará otra.

Salgo de la biblioteca para ir a la siguiente clase y observo a Liam en la puerta hablando con unos amigos. Alza la mira y me observa serio sin que nadie se percate, pero yo si he podido ver sus ojos verdes serios y cautelosos. ¿Le habrá molestado mi mensaje? Lo dudo. El corazón me late con fuerza y cambio la mirada, pero antes de hacerlo noto como Liam se tensa y mira algo tras de mí, me vuelvo y veo a una joven pelirroja mirar hacia donde esta Liam, le sonríe y la sigo con la mirada como media universidad y vemos como llega a donde esta Liam y le da un tímido beso en la mejilla y como luego lo coge del brazo y se lo lleva de allí. ¿Quien será? Solo cuando se alejan me percato de algo que no había visto hasta ahora. Esa joven lleva nuestro uniforme.

Los veo alejarse y voy hacia mi clase ignorando el vuelco desagradable que me ha dado el estomago, ahora mismo es como si alguien me estuviera retorciendo las entrañas. Me siento en mi sito y al poco entra Roberta hecha una furia.

- ¡¡Quien se ha creído que es esa para acercarse a si a mi Liam!!

- Pues según creo es la joven con la que bailó dos veces en el baile…y que además han estado ahora de visita a en su casa.

- ¡¡Se perfectamente quien esa!! ¿Acaso crees que soy estúpida?-Su amiga niega con la cabeza.

- ¿Te asusta la competencia? ¿A ella también la vas a golpear? Te recuerdo que es una lady, su padre es un duque y tu solo eres la hija de un mercader con mucho dinero.

- ¡No te aguanto…

- ¿Que te diga la verdad?-Ainara se sienta en si sitio-. Esta lucha la tienes perdida, él nunca será tuyo…o mejor dicho, tu nunca serás reina.

Roberta le pega un bofetón a Ainara y la clase contiene el aliento. Ainara se aparta el pelo de la cara y la mira sin decir nada.

- Sí, es evidente que te duele.

Roberta alza la mano pero luego retrocede al ver que tiene más publico del que creía. Se va a su sitio y comienza a hacer pucheros.

- ¡¡Que miráis!! Ella me provocó.

Nadie dice nada y yo me giro a mirar mis cosas, pero mi mente no hace más que ver a Liam y a esa pelirroja juntos. La clase se queda en silencio y veo entrar a Liam junto con la joven pelirroja que parece ser su futura prometida. Hago como que mi tarea es más interesante que lo que puedan decir y sigo a lo miro, tratando de sobreponerme. ¿Por qué siento esto? ¿Por qué me duele tanto verlo con ella? ¿Es esto parecido a lo que sintió mi madre cuando vio a mi padre con otra? Callo las preguntas, responderlas es pagar un precio muy alto, se que la verdad…la verdad me haría daño, prefiero ignorar a llorar. Acaba de entrar el profesor y se dirige a la clase.

- Atended todos, os presento a lady Bianca, será vuestra compañera a partir de ahora.

Van a su sitio y el profesor comienza su clase, yo tomo notas tratando de que lo que explica me llene la cabeza de teoría y dejar así de pensar. Y así hago en las siguientes clases, cuando terminan no tardo en irme a mi casa, lo hago casi corriendo, como si huyera. Y solo cuando estoy en mi cuarto con la puerta cerrada, noto como mis ojos se me llenan de lágrimas y como mi dolor se hace aun más intenso. Se la verdad, pero me obligo a no creerla.

Me obligo una y otra vez mientras las lágrimas caen por mi cara.

No siento nada, no siento nada. Me digo con cada sollozo y cuando por fin me he serenado, me recuerdo cual es mi lugar. Y

cual lo será siempre. Siempre…Dar voz a la verdad solo sería más doloroso para mí.

Me paso el día estudiando y haciendo ejercicios, pero por culpa de mi retraso no tengo las notas de la primera hora. Pienso en llamar a Liam y decirle que me lo envíe, pero tras coger el móvil lo dejo sin pensar más. Tengo que concentrarme en mis tareas, y nada más.

- Hija te trago un vaso de leche y un bollo-Mi madre deja la merienda en la mesa y le sonrío.

- Gracias.

- De nada-Miro como mi madre se vuelve y cuando cierra la puerta suena un mensaje en mi móvil. Lo abro es de Liam, pero es muy corto:

Mira el correo.

Abro el correo intrigada y al hacerlo veo un archivo y dentro de el los apuntes de la primera hora. No dice nada, tal vez hayamos decidido dejar las cosas como están, o quizás este demasiado eclipsado por Bianca. Desecho ese estúpido

pensamiento y le contesto: Muchas gracias, los necesitaba.

Me pongo a mis tareas y a nada más.

Cuando me preparo para ir a dormir veo en la mesita de

noche el rodillo que me regaló Liam, lo cojo y me quedo

mirándolo. Me tumbo en la cama y me siento muy tonta. ¿Que hago enfadándome? No tiene sentido, este comportamiento solo sería lógico si yo sintiera algo…Solo somos amigos. Cojo el móvil y lo llamo como llevo queriendo hacer desde que me envió los apuntes.

- Buenas noches.

- Buenas-Le contesto. Noto que mi cazaron late rápido, pero lo ignoro.

- ¿Te han servido los apuntes?

- Para eso te llamaba, quería darte las gracias. Me han venido muy bien.

- ¿Y tú no podías habérmelos pedido?-Me comenta alegre.

- Si…

- Orgullosa.

Me siento en la cama.

- Es bonita.

- ¿Bianca?

- Si.

- Si…

- Al apuntarse a nuestra universidad tienes más tiempo para conocerla.

- Si, eso han pensado mis padres y los suyos-Noto seriedad en su voz.

- ¿Y tú?

- Eres la única persona en mucho tiempo que me pregunta lo que yo quiero.

- ¿Y qué es?

- No lo sé ahora mismo. Debería de estar contento, puedo conocerla antes de cometer un error…

- Pero no lo estas.

- No-Noto en su voz que hay algo más tras esta negativa.

Nos quedamos en silencio escuchado la respiración del otro, sintiéndonos y no siento pesado ni incomodo, esta carencia de palabras.

- ¿Que tal llevas los trabajos de mañana?

- Bien, aun que tal vez no estén perfectos.

- Seguro que si, ten más fe en ti.

- Eso intento.

No hace comentario al mensaje de esta mañana y yo lo prefiero.

- ¿Estabas ocupado?

- No, me retiré a estudiar.

- Si te molesto…

- Bendita molestia-Se ríe y yo con él.

- Al final te voy a tener que cobrar por utilizarme.

- Los amigos no se utilizan, simplemente están ahí ¿no?

- Si. Pero yo no tengo muchos amigos, solo Laia.

- Y ahora Robert.

- Supongo.

Me llevo la mano a la cara, no he pensado en todo el día en él. Esto no es bueno.

- ¿Que pasa?

- ¿Por qué piensas que pasa algo?

- Una sensación.

- Nada, es solo que… ¿Piensas en Bianca cuando estas con ella?

- Solo la conozco de unos días.

- Ya…

- Algo. ¿Por?

- Por nada.

- No dirías algo así por nada.

Me levanto y empiezo a dar vueltas por mi cuarto.

- No, solo pensaba que si es buena señal no pensar mucho en alguien con quien estas saliendo, pero hoy he estado muy liada…

- Elen. ¿Por qué lo haces? ¿Por qué te obligas? Tú no llevas sobre los hombros el peso que yo llevo. ¿Por qué entonces?

Por ti. Pienso pero enseguida niego con la cabeza, y noto como la respiración se me acelera. No…No.

- No sé, me apetece estar con alguien, sentir que para una persona en el mundo soy tan importante para él como lo es él para mí…

Creo que veo con Laia demasiadas novelas románticas.

- No me hagas caso…

- Y eso sientes por él.

- Aun no. ¿Y tú por ella?

- No estamos hablando de mí.

- Ya…

- No, pero me cae bien. A veces cuando no te queda más remedio que una u otra, que la que va a ser tu esposa, te caiga bien, es un punto a favor. Y quien sabe, tal vez un día pueda amar a quien elija.

- En eso me das la razón-Le comento sonriente.

- Tramposa. Usas lo que te digo a tu propio beneficio.

- Eso es ser lista.

Liam se ríe. Y yo bostezo tratando de que él no lo escuche.

- Es tarde, te dejo dormir.

- No tengo sueño -Liam se ríe.

- Mentirosa.

- Me gusta hablar contigo-agrando los ojos por lo que acabo de decir-…ósea que…

- A mi también. Buenas noches Elen.

- Buenas noches Liam.

Han pasado cuatro días desde que Bianca llegó a la universidad y desde la última charla telefónica que tuvimos Liam y yo, no hemos vuelto a hablar. Bianca no se separa de él y Roberta está intentando que Bianca se haga amiga suya, a saber que está tramando. Entro en la biblioteca y voy hacia el fondo, es muy temprano y no hay mucha gente la universidad. Cuando llego alzo la vista y me detengo al ver mirando por la cristalera a Liam. Parece serio y lejos de aquí. Su semblante es serio, preocupado. ¿Habrá pasado algo?

Dejo la cartera y me acerco a él, lo observo y como siempre esta impresionante. Se ha quitado la chaqueta del uniforme y lleva la camisa blanca arremangada, el pelo rubio le cae sobre la frente.

No sé cómo no me di cuando la primera vez que lo vi, que no se trataba de un joven cualquiera, aunque este quieto, tiene una postura le rodea un aura de superioridad ante los demás, aunque él no haga alarde ella, de la que no puede escapar.

- Liam…

Liam me mira sobre el hombro y su cara cambia de la seriedad a la sonrisa, a la que me tiene acostumbrada. Cuando me sonríe noto como sonrío sin razón alguna y sabiendo que de haber una razón para ello, es por su felicidad.

- ¿Que tal todo?-Liam alza la mano y me acaricia la mejilla, yo me sorprendo por su caricia pero la recibo con gusto, me gusta el cosquilleo que dejan sus cálidos dedos en mi piel.

- Bien, algo liada con los estudios, pero bien.

- Siento haber estado algo distante estos días…-Alzo mi mano y la pongo sobre la suya que aun sigue en mi mejilla.

- No importa. Yo a veces me paso días sin hablar con Laia, pero sé que cuando la necesite ella estará ahí.

Liam me sonríe y baja la mano, me quedo mirando la calidez de sus ojos verdes.

- ¿Que tal con Bianca? Por cierto deberías advertirla sobre Roberta…

- Ya lo hice, me dijo que sabía como eran las chicas como Roberta, que sabría manejarla. Espero que sepa lo que hace.

- Parece que tiene carácter.

- Si, me queda mucho por conocer de ella.

- Por tu cara parece que no te ha gustado lo que estás viendo hasta ahora.

- No es eso. Y tu ¿que tal tu enamorado?

- Bien…no se-Me giro y cojo el libro que he venido a buscar-

. No me apetece hablar de él.

- Como quieras. Yo también uso ese libro a veces, hace un momento lo estaba haciendo.

- Es muy bueno.

Me siento en la mesa Liam sigue de pie.

Trato de trabajar, pero con él a pocos metros, observándome, pero me es un poco difícil, al final alzo la mirada.

Liam mira hacia donde estoy, pero una vez más su vista anda perdida en un punto inexistente. Me preocupo.

- Liam… ¿De verdad estas bien?

Poco a poco me va mirando y empieza a asentir con la cabeza, pero se detiene.

- ¿Tienes un rato esta tarde? ¿O esta noche? Necesito salir o me volveré loco.

- Tenia que ayudar a mis padres…

- Iré a verte cuando todos duerman… o mejor, déjalo.

Me sonríe y tomas sus cosas para irse.

- Ten buen día.

Voy hacia él y pongo mi mano en su brazo deteniéndolo.

- Liam, me apetece hablar contigo, cuando estés en la parte de atrás de mi casa dame una perdida y bajaré. No me importa.

Liam asiente y empieza a irse pero se detiene.

- A veces no sé si dar gracias por haberte conocido, o bien al contrario…-Liam lo dice serio pero al final se ríe y le quita importancia al comentario-. Era broma Elen.

Asiento y lo veo irse, pero aunque haya dicho que no era más que una broma, no paro de darle vueltas a su comentario y de darme cuenta de que yo también me lo pregunto, pero hasta ahora no había dado voz a ese pensamiento que rondaba en mi mente.

Es una suerte habernos conocido, ¿o una desgracia?…