Capítulo 4
Estamos a viernes y desde que Liam me dejó el otro día cerca de mi casa, no hemos vuelto a quedar. Me ha mandado mensajes y me ha llamado cuando ha tenido un hueco para comentarme que está liado estos días con la preparación de la fiesta que están organizando sus padres, y distintas reuniones en casa de futuras esposas. Cuando me comentaba estas cosas, siempre me preguntaba cuanto falta para que me diga quién es la elegida, y aunque no comprenda por qué, al pensar en ella siento algo parecido a los celos brotar en mí. Esto no es bueno ya que yo sé cuál es mi sitio y es mejor que nunca lo olvide.
Estoy llegando a mi casa, después de salir de la universidad.
En ella no se habla de otra cosa que del baile, y claro todos están invitados, menos yo, mis padres no se han ganado su invitación y mucho menos yo. Me es indiferente, no es la primera fiesta que celebran en palacio y nunca antes hemos sido invitados, y ahora más que otras veces prefiero no ir, no me apetece presencia en directo como Liam despliega sus encantos con las diferentes candidatas, y esto no son celos, es simplemente que encuentro todo eso muy aburrido. Una vez en mi casa subo a mi cuarto, cuando me suena el móvil, lo saco esperando que sea Liam, pero es mi amiga Laia.
- ¡Esta semana ha sido horrible! Acabamos de empezar el curso y ya nos han atiborrado a deberes. ¿Y tú qué tal?
- Bien, como siempre.
- Necesito un respiro, vente a mi casa esta noche y nos hinchamos a ver pelis y a comida basura. ¿Vale? Dime que si, necesito despejarme.
Sonrío pues su comentario me recuerda a Liam.
- Claro, iré esta tarde.
- Eres mi salvadora. Cuando llegues vamos a videoclub a alquilar montones de pelis románticas.
- Prepara los clínex.
- Eso está hecho. Nos vemos.
Tras comer, me he preparado para ir a pasar la noche con Laia, su casa está en mitad del pueblo, antes de llegar caigo en la tentación te comprar unos dulces para merendar. Estoy en la puerta cuando suena el móvil, al sacarlo veo que es Liam.
- Hola preciosa ¿Donde estas?
- Vaya ahora con halagos -Liam se ríe y yo trato de regañar a mi corazón que late desbocado desde que he descolgado el teléfono como me suele pasar últimamente, cosa que no me gusta nada y me preocupa-. Estoy en la puerta de casa de mi amiga, vamos a pasar la noche viendo películas románticas.
- Vaya, noche de chicas.
- Si, necesita distraerse, ya ves que no eres el único que me utiliza para ese fin.
- Ya veo-Se calla y me quedo esperando a ver que quiere-. Te llamaba para ver si tenias un rato para vernos, pero ya veo que no.
- No…¿Donde estas?
- Cerca del pueblo, he salido a despejarme.
- ¿Preparado para la fiesta de mañana?
- No, pero que remedio. Bueno te dejo con tu amiga, pasarlo bien.
- Liam…quede con ella en que ya vendría por la tarde…puedo quedar un rato. Además tengo dulces-Comento mirando la bolsa que llevo en la mano.
- Te espero en la pizzería, gracias. No tardo.
Cuelgo y me apoyo en la puerta ¿Que estoy haciendo? No he podido negarme, estoy deseando pasar un rato con él…esto no es bueno.
Voy hacia la pizzería y Liam no tarda en llegar, cuando llega me tiende un casco y lo cojo, tras ponérmelo me subo tras él y lo abrazo disfrutando, y mucho de su cercanía.
Cuando llegamos a la playa donde estuvimos el otro día, bajo y Liam toma de mi mano los dulces. Nos quitamos el casco y andamos hacia la orilla.
- Al final este va a ser nuestro lugar privado para escapar-Le sonrío y él me devuelve la sonrisa pero está lejos de aquí-. En la bolsa hay unos bollos rellenos de nata que están especialmente buenos, aunque no tanto como los de mi padre-Pienso enseguida que como príncipe, habrá probado manjares mejores, pero no digo nada, se que lo que Liam busca de mi compañía es que no le recuerde quien es.
- ¿En serio? Tendré que verificarlo.
Nos sentamos en la arena y Liam saca uno de los bollos. Lo prueba y sonríe.
- Tienes razón están muy buenos y los de tu padre tendré que probarlos para compararlos-Muerdo el mío y noto que al hacerlo se me ha quedado nata en la nariz. Liam se ríe y saca el móvil.
- ¡Ni se te ocurra fotografiarme!
Me llevo las manos a la cara pero Liam me las sujeta.
- Vamos estas muy graciosa.
- ¡¡Liam no!!-Pero él ya ha hecho la foto. Me suelta las manos y aprovecho que está mirando su cámara para untarle de nata la cara.
- ¡Serás!-Me río y saco el móvil pero Liam me lo atrapa.
- Vamos tu me has hecho una.
Liam se levanta y se limpia.
- No eres tan rápida como yo-Me comenta cuando ya tiene la cara limpia-. Toma bórrala si quieres.
Me tiene el móvil y veo la foto, salgo horrible pero decido no borrarla.
- Quédatela, así me recordaras, cuando no nos veamos-Sonrío y sigo comiendo. Liam se sienta en silencio.
- ¿Donde piensa ir tras acabar la carrera?
- Lo más lejos posible. Cualquier destino me vale.
Liam me mira y yo aparto la mirada, no debería importarme no verle más cuando el curso termine, solo nos conocemos unos días. Pero me importa.
- Tal vez nos podamos ver alguna vez-Comento sin que note mi desconcierto y que vea que sí me importa no verle más.
- Si-Comemos en silencio-. Mañana es la fiesta, tengo el cuarto lleno de dosieres con las diferentes aptitudes y características de las jóvenes que asistirán.
- ¿Te los has leído?
- Que remedio, mi madre me pregunta disimuladamente por ellas.
- Que agobio. ¿Alguna interesante?
- No, no se puede conocer a alguien por un papel.
- En Internet mucha gente rellena un formulario y les dicen su pareja ideal…piensa que es parecido. Alguna habrá.
- Seguro. Siento que no os hayan enviado invitación.
- Yo no -Liam me mira y sonríe-. No me llaman mucho la atención ese tipo de fiestas.
- Suerte que tienes.
- Si, la verdad.
- ¿Y qué planes tienes para mañana?
- Ayudar a mis padres y luego tal vez salga con Laia, hace tiempo que me comento que quería salir de fiesta con unos amigos…con suerte se le ha olvidado, pero no creo, y más si sale su hermano y sus amigos. No quería ir sola, me tocará ir con ella.
- Ten cuidado.
- Siempre lo tengo.
- Seguro que tendrás mucho éxito con los chicos.
Me río.
- Claro, como siempre.
- Vamos no seas tonta, no eres fea.
- No suelo salir mucho, pero siempre que lo hago estoy deseando largarme, no me gusta mucho salir, además vamos con los amigos del hermano de Laia y uno de ellos siempre está cerca de mí, me cae muy simpático y es muy guapo, pero nunca he dado el paso de aceptar sus peticiones…ante los ojos de todos parece mi novio. Yo le dejo porque así me evito poner escusas si se acerca alguno.
- ¿Y te gusta?
- ¿Robert? No, bueno es mono y cuando lo conocí me llamó la atención, aunque supongo que eso lo pasará a todas las jóvenes al mirarlo -Sonrío al recordar a Robert-, pero no se…
- ¿Te has liado con él?
- Un día en un juego me robo un beso en los labios, pero no fue nada del otro mundo.
- Seguro, que porque tú no quisiste.
- Es posible. A veces me pregunto si no debería darle una oportunidad…no quedan muchos chicos con él.
- Si no te ha interesado hasta ahora…Soy de la forma de pensar de que cuando te gusta alguien te sientes irremediablemente atraído por esa persona. Hay cosas que no se deben forzar y creo que el amor es una de ellas. Al menos tú que tienes oportunidad de elegir, hazlo bien.
Liam está observando el mar, ya hemos guardado los que nos ha sobrado de los bollos y estamos simplemente disfrutando de nuestra mutua compañía. Pienso en sus palabras, y una tristeza que no sé de donde procede, me invade.
- Lo haré.
Pero tras pensar eso miro su perfil y me quedo absorta al observar sus facciones. Una parte de mi quiere gritar que ya ha elegido, pero otra más grande la acalla y le recuerda que a veces el deseo no es aliado del poder. Observo el pelo de Liam caer sobre sus ojos y aparto la mirada decidida a ser más fuerte que esto que está naciendo en mi y de conseguirlo, sea lo que sea lo que siento, no haría bien a nadie. A veces es mejor vivir una vida en la ignorancia, que una vida sufriendo por lo que nunca debió haberse sentido.
- ¿Tienes mucha prisa?-Miro el reloj de mi móvil y niego con la cabeza-. Bien me apetece pasar un poco.
Me levanto y lo sigo.
- ¿Como llevas los estudios? ¿Necesitas que te pase más apuntes?
- No, ya los llevo bien, pero gracias. Me gusta tu letra.
- Gracias, no es nada del otro mundo.
- Si tú lo dices. La mía es horrible, cuando llevo mucho rato escribiendo, solo la puedo entender yo. Es una suerte que tenga muy buena memoria, por eso entiendo lo que escribo.
- Ya será menos.
Me río y seguimos en silencio a unos pasos me suena el móvil y al cogerlo me contesta una Laia emocionadísima.
- ¡¿Donde estas?! Bueno da igual, tienes que venir inmediatamente y vente vestida para salir, cambio de planes, nos vamos al cine con mi hermano y sus amigos. ¡¡Y viene Adair!! ¿A que es fantástico?
- Yo…vale. No tardaré.
- ¡¡Bien!! ¡¡Que ilusión!! Y vendrá Robert. ¿A que es genial?
- Si…qué bien.
Cuelgo y Liam me mira expectante.
- ¿Tenemos que irnos?
- Eso me temo, esta noche hay cambio de planes, cine con los amigos del hermano de Laia.
- Y ese tal Robert ¿no?
- Si, y aunque no quiera se colocará a mi lado.
Y en el fondo pienso que haré lo posible para dar un paso más en nuestra relación. No es que me este obligando a nada, es solo que ahora mismo siento la necesidad de ser realista. De escapar de esto que late en mí pecho, como sea, antes de que sea demasiado tarde. Y Robert no solo es guapo, si no que es una de las mejores personas que conozco.
- Si no te apetece ir…
- Si, lo pasaremos bien.
No me apetece mucho ir, me gusta estar aquí con Liam, pero él debe volver pronto a sus obligaciones y estas consisten en estudiar a su futura esposa, es mejor que salga y me rodee de mi mundo. Por si se me ha ocurrido la idea de no tener los pies en el suelo.
- Bien te acerco a tu casa.
Miro la película y Robert me comenta las escenas flojito al oído, le respondo del mismo modo y sonrío cuando es conveniente, pero como me suele pasar siempre que estoy a su lado, no siento nada más que una amistad. No noto nervios en el estomago, ni me veo sonriendo como una tonta simplemente porque él está cerca, como he visto hacer a muchas al verlo. Tal vez no le he dado suficiente tiempo. Lo observo de reojo, es muy guapo, el pelo castaño con betas rubias le cae sobre los ojos dorados son cálidos y amistosos. Me siento cómoda a su lado, pero esa comodidad no sé si está lejos de ser algo más. Tiene veintidós años como Liam y está estudiando en la universidad pública junto con el hermano de Laia.
- Ahora viene una de las escenas que salen en los tráiler.
- Seguro que han acortado algo-Le respondo.
- Seguro.
Miramos la pantalla y vemos una escena de acción, observo a Laia y la veo observar de reojo a Adair. Él le sonríe, yo creo que al igual que los demás, él también es consciente del amor que le procesa, está enamorada de él desde que lo vio la primera vez cuando su hermano lo trajo a casa, cuando Laia tenía doce años.
Por aquel entonces se fascinó por él, según me contó. Pero nunca ha pasado de una amistad más y desde hace un tiempo Adair está muy distante con ella. No sé qué pensar de Adair, parece un chico serio, pero Laia siempre me cuenta cosas de Adair que hacen que vea algo más en él. Pese a que Laia siempre intenta estar a su lado no hay acercamiento alguno por parte de Adair y Laia se desespera. Siempre esta desando verlo, pero luego al volver a casa lo hace triste al ver que es lo mismo de siempre. A veces admiro su paciencia y constancia con él. Siempre esperando algo que tal vez nunca llegue. Pero ella cuando le hablo de este tema, me dice que si de verdad no es para ella, un día alguien le obligará a mirar hacia otro lado, pero que hasta ahora nadie lo ha conseguido.
- ¿Quieres?-Robert me tiende unas chocolatinas y las cojo para mezclar a continuación las onzas de chocolate con las palomitas. Me encanta.
Cuando la peli termina recojo mis cosas y Robert me ayuda a ponerme la chaqueta, sonrojada le doy las gracias y salimos del cine. Una vez en la puerta el hermano de Laia, Ángel, nos mira.
- ¿Os hace ir a tomar algo? Tú duermes en mi casa ¿no?-Me pregunta Ángel.
- Si.
- ¡Claro que vamos! Donde digáis.
- Eso es complicado ya que solo tienes diecisiete años, en la mayoría de sitios no te dejarán pasar-Comenta Adair.
- Casi dieciocho, el uno de enero los cumplo, y además no creo que me lo noten.
- Si tu hermano te deja, yo no digo nada, pero tal vez os deberías ir a dormir, las dos -Laia mira a Adair desilusionada y yo pienso que decir para animarla.
- Creo que mejor vosotros os vais por un lado y Laia y yo nos vamos a la discoteca del pueblo.
Laia me mira y luego me sonríe.
- Si, además creo que salían mis compañeros de clase.
- ¡Que bien!-Comenta Adair con ironía.
¿Que le pasa? Para lo callado que es siempre, hoy se está luciendo.
- Os acompañamos-Dice Robert.
- No, nos vamos solas, ya no somos unas niñas, aunque algunos se empeñen en no querer verlo.
Laia me toma la mano y yo me despido de ellos voy tras ella hasta que Robert me llama y me giro para mirarlo.
- Me preguntaba si podríamos quedar mañana para ir a cenar.
¿Que te parece?
Me acuerdo del baile de Liam y bajo la mirada, sonrío al verme mis pies, pues estoy decidida a no perder de vista el suelo.
Tal vez deba darle una oportunidad a Robert, ya es hora de saber hacia dónde nos conduce esta relación y saber que esto me ayude para recordarme donde esta mi sitio por si mi corazón decide nublar mi razón.
- Vale.
- Te recojo a las ocho-Asiento y Robert mira a Laia y le sonríe con cariño-. No sé qué ha pasado en el cine, pero él no suele actuar así. Tal vez eso quiera decir algo -Robert le guiña un ojo a Laia y Laia empieza a sonreír-. Tener cuidado.
Cuando vamos a la discoteca Laia trata de bailar y parecer despreocupada, pero noto en su mirada que esta distante. Ve a unos amigos de clase y yo me voy a la barra a pedirme algo. Veo como Laia baila con sus amigos, hago un repaso de la sala y veo que en unas mesas alejadas están compañeros de mi clase, me fijo mejor y veo que entre ellos esta Roberta. ¿Que hacen aquí? No suelo salir mucho, pero creía que esta discoteca de pueblo no les gustaba, al parecer me equivoqué para mi desgracia.
- No deberías beber alcohol-Doy un respingo al escuchar en mi oído la voz de Liam y me giro para verlo.
- ¿Que haces aquí?-Liam me mira disimuladamente mientras se pide algo, y la de la barra no le deja pagar.
- Roberta dijo que en esta discoteca no había mucha gente y casi todos ya me conocían, así no me atosigarían.
- Que considerada.
- Sí, llevamos aquí un rato, deberías haber visto la que se organizó cuando entré.
- El peso de la fama-Le comento sonriendo.
- Si-Sus ojos verdes me miran más intensamente un instante y luego aparta la mirada mostrando despreocupación-. Nos vemos. Tener cuidado.
Asiento y veo a Liam alejarse, enseguida me voy hacia donde esta mi amiga y trato de dejar de mirarlo, pero me cuesta ya que está increíblemente guapo. Lleva un pantalón vaquero y una camisa blanca que resalta el moreno de su piel, el pelo rubio le cae desordenado por el cuello de la camisa y conforme va hacia la mesa se que no soy la única que se percata de su belleza.
Roberta enseguida que llega llama su atención y él parece a gusto, pero yo se que solo trata de ser cortés.
- ¿Conoces al príncipe Liam?-Me comenta Laia acercándose a mí.
- De vista. Me dijo hola, vamos a la misma clase, es muy educado.
- Si, iba a acercarme para que me lo presentaras, pero me dio corte. Intenté verlo en persona. Es más guapo de lo que recordaba.
- Si es guapo. ¿Como vas?
- Algo aburrida, ¿Nos vamos? Bueno termínate la copa-Se la tiendo y pega un trago, al contrario de lo que ha pensado Liam es solo un refresco de naranja. No suelo beber, porque al no hacerlo con frecuencia, se me sube mucho.
- Vámonos -Laia se despide de sus amigos y nos vamos tras recoger nuestras chaquetas. Antes de salir mi mirada se va hacia Liam que sorprendiéndome me estaba observando disimuladamente desde su posición. Le sonrío y me alejo con Laia. Cuando llegamos a casa de Laia, le da el bajón y acabo consolándola por el mal por comportamiento de Adair, al final me entero que Laia en el cine tomo su mano en un impulso parece que este no se lo tomó nada bien.
- Lo siento Laia, tal vez…
La miro, es muy guapa sé que no lo es todo, pero Laia tiene una cara muy dulce, su pelo castaño contrasta a la perfección con sus intensos ojos verdes. Siempre tiene una sonrisa en el rostro y eso es lo que la hace más hermosa y le da ese aire de duendecillo alegre.
- No puedo, cuando sientas esto por alguien me comprenderás. Porque yo se que a ti Robert no te gusta, aunque lo intentes.
- Es buen chico y muy guapo, algunas personas necesitan más tiempo para sentir algo por otras.
- Si tu lo dices…solo quiero que seas feliz, y ahora vamos a poner una peli, de las románticas, que tengo muchas ganas de llorar.
Le sonrió y tras ponernos el pijama nos metemos bajo una manta en su cama para ver una de nuestras películas preferidas y acabar llorando, como siempre.