Hades, el arquetipo

Tal como he señalado antes, Hades se utilizaba tanto para hacer referencia al dios del mundo subterráneo como al lugar. Hay también dos arquetipos de Hades: un patrón de personalidad y un reino arquetípicos.

Las características que vienen a continuación son importantes para definir a los dos Hades arquetípicos: el dios llevaba un birrete de la invisibilidad, y por ende era una presencia invisible. Rara vez se aventuraba a salir del mundo subterráneo y no sabía lo que pasaba encima de él, en el mundo de los mortales o en el monte Olimpo. Vivió en su propio reino con los espectros que eran insustanciales imágenes sombrías, como ecos visuales de sí mismos cuando estaban vivos; se podrían imaginar como hologramas sin color. Hades, sin embargo, también recibía el apodo de “rico”, y su reino era una fuente de riqueza subterránea.

Hades, arquetipo de los solitarios

El humano solitario que se retira del mundo, sin preocuparse ni enterarse de lo que pasa en él, encarna el modelo de vida de Hades. Puede que haya perdido aquello que una vez tuvo sentido para él en su vida y ahora ha de vivir como los espectros del mundo subterráneo, cumpliendo formalidades y carentes de vitalidad, sobre todo si también está deprimido. Puede llegar a convertirse en un Hades paranoico y aislado, como le sucedió al multimillonario Howard Hughes en sus últimos años. La riqueza de Hughes le permitía ocupar toda una planta de su propio hotel en Las Vegas, a la que nadie podía acceder sin previa autorización, custodiada por guardaespaldas, virtualmente prisionero en su propio reino.

Hughes en sus años de juventud no había dado muestras de ser insociable ni incapaz de adoptar una persona apropiada, como sucedió más adelante. Dirigió uno de los grandes estudios cinematográficos, una compañía aérea, construyó un avión y salía cogido del brazo de bellas estrellas de la gran pantalla. Entonces Hughes no tenía problemas para responder a esa pregunta básica que se hace a los hombres: “¿Qué es lo que estás haciendo?”. Un Hades que no puede responder con una respuesta aceptable y que carece de posición y riqueza es un hombre sin persona, lo que le convierte en invisible en el mundo de los hombres. Si no tiene familia puede vivir solo en la habitación de un hotel de paso en cualquier parte de la ciudad donde haya vida nocturna, sex-shops, prostitutas, camellos y donde los sin techo y los que están en la miseria duermen en los portales. Este lugar es como el Hades subterráneo, al igual que él mismo es como un Hades invisible. Si un hombre no tiene otra opción que vivir como Hades, a causa del patrón de su personalidad y de sus circunstancias, su suerte es bastante triste. Sin embargo, si está físicamente a salvo y tiene cubiertas las necesidades básicas, puede estar relativamente contento con su suerte. Por naturaleza puede preferir estar sólo y pasar inadvertido o no ser molestado.

Hades como Plutón, el arquetipo del rico

Otro tipo de Hades solitario puede haber probado el mundo exterior y saber que prefiere la subjetividad y la riqueza de su mundo interior, el Plutón o el aspecto de las “riquezas” de Hades. En nuestra cultura extravertida, que hace hincapié en la productividad, no se anima a las personas a que pasen tiempo solas sin “hacer nada”. De modo que el solitario introvertido es juzgado negativamente o considerado peculiar por pasar tanto tiempo solo. Este rechazo está compuesto por sus respuestas subjetivas hacia la gente, las cosas o los acontecimientos del mundo, que pueden resultar peculiares por su alto grado de subjetividad.

Hades, el Plutón solitario, es, sin embargo, una parte “ausente” en muchas personas, que no valoran las oportunidades que se les brindan para ser introvertidas de la forma que puede serlo este arquetipo. Los introvertidos pueden vivir una vida interior que esté en contacto con sus propias reacciones subjetivas a la experiencia externa. Hay un tipo de introversión (sensación introvertida, en la tipología psicológica de Jung) que se puede experimentar en forma de diálogos internos, visiones o sensaciones corporales.

Puede ser muy enriquecedor que Hades forme parte de nuestra naturaleza psicológica. Hades, el solitario, es una fuente de creatividad que se puede expresar a través de las artes, a menudo las visuales. Las películas de Fellini, especialmente Giulietta de los espíritus y Fellini ocho y medio son una muestra de la riqueza y subjetividad de su reino interior.

Hades también puede ser esa parte de la psique que informa de una reacción subjetiva hacia otra persona, cosa o situación. Un sueño puede funcionar de forma similar. Por ejemplo, cuando un Hades inesperadamente se encuentra con una mujer que hace dos años le engañó y le hirió, se produce el flash de una imagen en tecnicolor en su mente: la ve con cuchillos que se le clavan en el cuerpo, imagen seguida inmediatamente de la sensación física de tener un vacío en su corazón. En vez de sentir hostilidad, ira y dolor emocional, tiene esas experiencias sensoriales, que son equivalentes vívidas de sus sueños.

Desde la perspectiva exterior de esa misma persona, cosa o situación, esta introvertida forma idiosincrásica de percibir se considera una distorsión de la realidad. En una fase ya muy temprana, en la infancia, las personas que habitualmente y de forma natural perciben de esta manera, aprenden a desconfiar de sus percepciones porque no reciben aprobación de los demás. Si pueden, suelen eliminar este aspecto suyo por considerarlo inaceptable o demencial, y así, lo que podría ser una fuente de riqueza e introspección ya no es accesible. Las personas Hades han de conectar con su vida interior.

No obstante, si se carece de una visión objetiva de la realidad propia de Zeus, y de la capacidad de respuesta emocional de Poseidón, que son necesarias para equilibrar y dar sentido a las percepciones subjetivas de Hades, la persona corre peligro de caer en un aislamiento emocional y retirarse a un mundo subjetivo.

Hades, el buen consejero

Buen Consejero era otro de los nombres de Hades que describe un aspecto potencial de este arquetipo. Como fuente de conocimiento subjetivo, Hades puede ser un buen consejero. Hemos de mirar hacia dentro, cuando tomamos decisiones cruciales, porque nadie salvo nosotros mismos puede decir cuál es el valor subjetivo de una experiencia. Una opción objetiva y sensible puede estar vacía de significado, no ser más que una salida superficial que parece bien a los demás. Cómo aprender qué opción es la que más nos interesa personalmente es algo que difiere de una persona a otra. Hades nos ayuda, a través de nuestras sensaciones corporales, nuestras reacciones viscerales, voces internas y flashes visuales, a conocer cuál es nuestra reacción subjetiva a algo o a alguien. Cuando se trata de decisiones verdaderamente importantes en nuestra vida, el factor subjetivo es de vital importancia y es el que Hades nos puede dar.

Hades, el hombre invisible: la persona inadecuada

Hades, con su birrete de la invisibilidad, era el dios oculto, incluso cuando viajó al mundo de la superficie, lo cual corresponde a un dios sin demasiada persona. (La persona es la cubierta superficial de nuestra personalidad, un compuesto de nuestra imagen, de cómo vestimos, de lo que hacemos y de nuestra conducta, el material con el que se forjan las primeras impresiones). Además, como señor de su propio reino produciría un efecto deprimente en cualquier fiesta.

Hades es el arquetipo que rige la vida interior profunda y es inexpresivo, ya sea en las emociones o en las palabras. Cuando este arquetipo es el que predomina, el resultado es la invisibilidad social. Los demás no ven las riquezas subterráneas y con frecuencia se sienten incómodos en su presencia.

Hades como “Zeus del mundo subterráneo”: arquetipo del rey gobernante

Hades, Zeus y Poseidón gobernaron sus reinos, y cada uno de ellos es un ejemplo del arquetipo del rey. Sus personalidades y territorios diferían, pero estos dioses compartieron similitudes fundamentales. Cada uno de ellos estableció su autoridad sobre su territorio en particular, todos buscaron una esposa que se convirtió en su consorte oficial y cada uno representaba una figura patriarcal (aunque Hades no tuvo hijos).

Hades, el arquetipo del secuestrador: sombra incestuosa de Zeus

Cuando Hades decidió que quería a Perséfone, no la cortejó, la raptó y la violó con el permiso de Zeus. Y cuando Perséfone pidió ayuda a su padre Zeus, éste miró hacia otra parte. En muchos padres incestuosos, Zeus y Hades son versiones del doctor Jeckyll y míster Hyde. Como Zeus, este tipo de hombre es el pilar esencial de la comunidad y es un padre autoritario (y a menudo puritano) que sustenta a su familia; es el padre que “mira hacia otro lado y no atiende sus súplicas”, que consiente cuando (como Hades) él mismo viola o seduce a su hija.

En esta situación psicológica, Hades es la sombra arquetípica del padre, de eso que es malo en él y que realiza en secreto con la hija que no puede escapar. Él mismo es el padre violador que secuestra a su hija al mundo subterráneo. Una vez violada, su inocencia ha sido traicionada; ya no es la virgen doncella en un mundo soleado y seguro; se convierte en prisionera del secreto de su padre, de su oscuro mundo, y a menudo perdura también a partir de entonces en el propio infierno de la hija.

Hades, el secuestrador como el amante imaginario

Hades, el secuestrador, puede ser totalmente invisible y ser un amante fantasmagórico, un arquetipo que se ha vuelto autónomo con una “vida” propia en la psique de una mujer. Un paralelismo fácilmente comprensible en la infancia es el compañero de juegos imaginario. Ahora, en la vida de una mujer adulta, él es el amante imaginario. Él está en su compañía y conversa con ella, puede escribirle poesías, darle consejos y hacerle promesas. Se convierte en su único confidente y puede contribuir a su reclusión del mundo debido a sus comentarios, que la inhiben cada vez más de relacionarse con los demás.

Es bastante habitual en las personas ordinarias que pertenecen al tipo sensorial introvertido (en términos de psicología junguiana) oír voces o sonidos. Muchos músicos, por ejemplo, suelen “alucinar” música, y montones de personas escuchan voces interiores o han tenido visiones. Para desarrollar un amante imaginario tiene que existir un potencial para esta clase de experiencia interior tan vívida, además de una vida personal que carezca de relaciones importantes. Ella puede ser una persona con una vida social muy pobre, debido a su poco atractivo, a su incapacidad para relacionarse o a sus miedos.

El “secuestro de Hades” es hacia su mundo privado, donde ella mantiene una relación interna con su fantasmagórico amante. Esto tiene el mismo efecto en su vida que si fuera una relación real secreta; la aísla de los demás, aunque puede seguir trabajando en un puesto monótono y pasar desapercibida.

Un hombre que vive como Hades, el solitario, también puede tener una Perséfone imaginaria. Ella puede ser una persona real por la que se siente atraído en la distancia y que gradualmente se va convirtiendo en una “presencia” autónoma en su mundo interior. Si esto sucede y la línea entre la mujer imaginada y la real se va borrando en su mente, puede acabar actuando de alguna forma inapropiada o demencial con la mujer real.