Conflictos psicológicos
Todo dios o arquetipo posee el potencial de crear tipos específicos de conflictos psicológicos. Para el hombre que sería un Zeus en el monte Olimpo, ciertos problemas y limitaciones “van unidas al territorio” del reino celeste. Los costes emocionales que su ascenso implica para él y para los demás, y una vez ha llegado a la cumbre, su falta de conciencia junto a su poder, pueden ser una combinación destructiva.
Una cabeza parlante es un hombre incompleto
El reino de Zeus era el cielo y el arquetipo Zeus predispone a un hombre a vivir en su cabeza y darse a conocer a través de sus palabras y su poder realizador. Tiene una ventaja natural en una cultura patriarcal industrial, donde un hombre superior se supone que es “una cabeza parlante”, que funciona con ideas y abstracciones (como el dinero y las inversiones, o la ley y el poder), no con sus manos y su cuerpo —es un hombre separado de su corazón—, que no actuará por solidaridad, puesto que ello le convertiría en un “defensor de causas perdidas” o en “el hermano pobre”. Este tipo de hombre ocupa una posición superior que le concede el poder de usar las palabras y hacer que éstas sean creídas y obedecidas. Ese poder es común que se manifieste con una llamada de teléfono que ponga en marcha su voluntad, su palabra equivaldrá a la ley en su hogar, en los negocios o en el campo de batalla, o será como realizar uno de sus conceptos, como decir: «que se haga la luz, y la luz se hizo».
Un hombre dominado por el arquetipo Zeus (que también es el arquetipo que rige en nuestra cultura) con frecuencia está separado de sentir su cuerpo como una parte receptora o dadora de sensualidad. Puede sentirse orgulloso de sí mismo de ver cuántos kilómetros puede correr, de la buena forma en la que está o de su fondo. Ese orgullo es sobre el dominio de su cuerpo, no sobre su goce. También es fácil que esté desconectado de su corazón como órgano dador y receptor de emociones. El hombre Zeus suele estar desconectado de su propia sensualidad y sus respuestas emocionales, lo cual le incapacita para comunicarse o conectar en estos niveles con los demás o para conocer estos aspectos de sí mismo. Esta inmadurez emocional conduce fácilmente a una sensualidad y sexualidad distorsionadas, a la vergüenza y la culpa, y a la condena y menosprecio de las personas que no son como él. Es una persona incompleta, que no se ha desarrollado en ciertos aspectos que generalmente ni siquiera es capaz de apreciar.
“La visión del bosque no le deja ver los árboles”
El hombre Zeus se enorgullece de su visión amplia, de su capacidad para entender los asuntos, lo cual le ayuda a tener una perspectiva general. Puede que lidere una guerra contra la pobreza sin haber conocido jamás a un pobre (y sonreír irónicamente, si es que se conoce un poco, ante la caricatura del mísero personaje de Charlie Brown que dice: «amo a la humanidad, es a la gente a la que no puedo soportar»). También puede ser un experto educador de hijos sin tan siquiera haberse responsabilizado del todo de uno sólo de sus vástagos o haber amado a uno de ellos de todo corazón. Considera que su visión es superior y es escuchado como si fuera una autoridad, por lo que no hay razón para que dude de su posición. Cuando es desafiado por alguien que tiene una experiencia personal y que también adopta una postura emocional, despide a esa persona con el comentario de que “su visión de los árboles no le deja ver el bosque”. Sin embargo, puede pensar que él “no puede ver los árboles —mucho menos amar a uno de ellos— porque sólo ve el bosque”.
En Vietnam, por ejemplo, la pericia de Zeus falló miserablemente. Hombres que habían ascendido tan rápidamente a la cumbre, a los que se había hecho referencia como los “niños prodigio” dirigieron la guerra desde Washington, D.C., y dieron por hecho que el poder militar superior de los Estados Unidos sería decisivo. No tuvieron en cuenta de qué modo se comportarían las personas en Vietnam ni cuáles iban a ser sus razones, lo que la convirtió en una guerra imposible de ganar. El sufrimiento que causaron fue inimaginable. Quienquiera que pensara que tras el botón para desencadenar la guerra nuclear siempre habría un corazón humano, y que ello requeriría que el propio presidente tendría que tomar un funesto cuchillo para matar personalmente a esa persona antes de pulsar el botón, se dio cuenta de que un hombre Zeus no “puede ver los árboles, porque sólo ve el bosque”, y por ende ha de ser consciente del sufrimiento y de la matanza que puede ordenar desde la lejanía.
La mentalidad de que “el poder hace el derecho”
Zeus es el arquetipo que predispone a los hombres (y a las mujeres) a buscar y utilizar el poder. El peligro surge cuando éste se consigue. Lord Acton, un historiador del siglo XIX que era muy contrario a la doctrina de la infalibilidad papal escribió: «El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe por completo». Su afirmación se ha convertido en un aforismo, una frase concisa que expresa un principio que reconocemos como cierto y que los hombres Zeus a pequeña o a gran escala confirman.
A lo largo de la historia los hombres de poder han creído que gobernaban por derecho divino, lo cual no es de extrañar, dado el arquetipo que les domina. La ley ha desarrollado un contrapeso para compensar los excesos de los poderosos, pero aun así los Zeus con frecuencia sienten y actúan “fuera de la ley”.
El hombre que impone su abusivo poder sobre los demás se corrompe todavía más por esta mentalidad de que “el poder hace el derecho”. La justificación del autoengaño —el derecho a hacerlo—, en el peor de los casos, suele ir acompañado de actos como pegar a la esposa, maltratar a los hijos y el incesto.
“Mentiras incómodas reposan sobre la cabeza del que lleva la corona”: miedo al usurpador
El poder y la paranoia suelen ir juntos. Los hombres que están en la cumbre temen ser derrotados, sospechan de los motivos y de las lealtades, frustran el desarrollo de los demás para que no se vuelvan demasiado fuertes y ayudan a crear esos enemigos que tanto temían. Ésta es la historia de Urano, Cronos y Zeus, y es el aspecto de la sombra del arquetipo del padre.
La vanidad y la grandiosidad: el traje nuevo del emperador
Un hombre con poder y autoridad, que se sienta en la cima de su montaña privada, es propenso a pensar que ser una autoridad en una situación le hace un experto en todo. Por ejemplo, los médicos están predispuestos a inflarse psicológicamente, puede que se deba a que suelen tomar decisiones de vida o muerte en su vida cotidiana, y porque los demás también les atribuyen experiencia en otras áreas que nada tienen que ver con su competencia. Víctimas de su propia vanidad, los médicos, por ejemplo, pueden considerarse inversores del mercado de valores expertos y conocedores aunque hayan prestado muy poca atención a las finanzas, error que con frecuencia les acarrea pérdidas.
La visión inflada del Zeus sobre sí mismo le hace vulnerable a la manipulación por parte de los que juegan con él y a reprimir a los que se niegan a hacerlo. Esto es lo que sucedió en la fábula de El traje nuevo del emperador. Si el hombre cree que es merecedor de halagos y se los cree, rechazará a las personas sinceras y sufrirá las consecuencias. Al igual que la ley de Gresham según la cual la moneda “mala” tiende a desplazar a la “buena”, los halagos tienden a desplazar a la verdad. Inevitablemente, los hombres que están en el poder “no quieren oír la verdad”, harán oídos sordos a la misma.
Los problemas psicológicos para los demás
La combinación del distanciamiento emocional de los demás, la falta de madurez en este campo y el poder que posee un Zeus, crean una serie de problemas para los otros. Una esposa que quiera intimidad y comunicación de un hombre así se decepcionará, porque él se olvida de las relaciones una vez las ha afianzado (para mantener las relaciones y profundizar en ellas tendrá que haber desarrollado otros arquetipos). Si ella es como Hera y él es como un Zeus conquistador, entonces ella sufrirá mucho con sus traiciones. Su carácter también puede sufrir las consecuencias si se convierte en una mujer celosa y vengativa.
Los niños también se ven negativamente afectados por la ausencia de su padre y sus críticas. Se sienten abandonados o rechazados y a menudo tienen problemas de autoestima si no pueden cumplir con lo que su progenitor espera de ellos.
Las víctimas de un Zeus violento sufren y tienen heridas emocionales que las predisponen a convertirse también en personas violentas (lo cual es más probable para un hijo) o a hallarse en otras situaciones de abuso.