Dionisos, el hombre

Como en todos los capítulos anteriores, esta sección ofrece una breve visión de cómo es la vida de un hombre que se identifica con un dios en particular. Sin embargo, esta impresión compuesta no funciona igual de bien con Dionisos, puesto que este arquetipo se caracteriza por las tendencias y extremos opuestos.

Aunque resulte difícil describir con certeza cómo se manifestará Dionisos, esa persona generalmente tendrá algunos rasgos reconocibles que los demás suelen rechazar o provocarles desconfianza. Según la opinión de los antiguos amigos de la escuela, el hombre Dionisos tiende a ser demasiado femenino, místico, contraculturista, amenazador o atractivo y fascinante para que ellos se encuentren cómodos con él. Dionisos trastorna la vida mundana, no sólo incitando a los demás a divertirse, sino haciendo que ésta sea difícil o imposible para él.

Los primeros años

El dios Dionisos tuvo dos experiencias tempranas inusuales que nos dan una visión de lo que son algunas experiencias psicológicas análogas para algunos hombres que se identifican con Dionisos. El dios fue educado como una niña y sus madres adoptivas enloquecieron y se convirtieron en asesinas.

Si un padre o una madre tiene esperanzas estereotipadas respecto a lo que ha de interesar a un muchacho —armar jaleo, la mecánica y los deportes—, entonces al niño Dionisos que vaya a su aire, probablemente le dirán de un modo u otro que se está comportando como una niña. El pequeño Dionisos se siente atraído hacia lo que hacen las mujeres porque le gusta usar sus cinco sentidos, quiere que su mundo esté cargado de experiencia sensual. Le gusta el tacto de la seda y de la piel, le gustan los colores y puede dejarse llevar por la música. La cocina, con sus olores y sabores, es mucho más interesante para él que el garaje. El teatro es infinitamente más fascinante que el estadio, la ropa es mucho más cautivadora que el ordenador. Estos intereses naturales generalmente invitan a los demás a llamarle “mariquita”, por comportarse como una hermana, una chica.

Si sus intereses no le apartan de lo que “se supone que le ha de importar”, su emotividad sí lo hará. Un joven Dionisos rara vez es capaz de ser estoico, aunque se espere que lo sea. Hay muchas probabilidades de que le hayan dicho que “los niños mayores no lloran”, pero él llora con facilidad, aunque también ríe alegremente. Le cuesta “controlar” sus emociones, lo que para la mayoría de los chicos supone aprender a sofocarlas. Esto de nuevo le hace parecerse “más a una chica”.

Hacer que sus cuidadores enloquecieran y se volvieran asesinos fue otra de las características de la infancia de Dionisos. La psicoanalista Alice Miller, en su libro Prisoners of Childhood, describe cómo un hijo brillante y perceptivo aprende a estar en el lado bueno de unos padres narcisistas, generalmente la madre, que se volverá hostil contra él a menos que él actúe como ella quiere. Él presta atención a las pistas emocionales y aprende a complacer (que es una de las facetas de “ser educado como una niña”). Si las reacciones emocionales de su madre (o su padre) son extremas debido a un estado psicológico límite, tan pronto será su “tesoro” como descargará su ira contra él a lo que seguirá el rechazo hostil —la ira asesina.

Con un padre o una madre que actuaba de este modo, la mayoría de los pacientes de Alice Miller aprendieron de pequeños a anular sus respuestas emocionales (las cuales nunca desarrollaron) y a vivir en sus mentes. Sin embargo, cuando el arquetipo principal es Dionisos, un niño no suele ser capaz de esto. Puede que huya y se convierta en un delincuente, lance espectaculares amenazas o desarrolle síntomas físicos.

Sus padres

La buena imagen que el pequeño Dionisos tenga de sí mismo dependerá más de sus padres que en el caso de los otros tipos de muchachos, porque no encaja en un molde para “todos los chicos” y, por lo tanto, el mundo fuera de su familia no le apoyará. Sin embargo, la falta de aprobación de los padres es una experiencia bastante común para un niño Dionisos que, al ser él mismo, nunca parece complacer a su padre. Es bastante común que intente ser el hijo que su padre espera de él, lo cual producirá variados resultados.

El propio Dionisos tiene un padre poderoso que se preocupaba por él. En su mitología, Dionisos —más que los otros hijos de Zeus— fue cuidado por su padre, que empezó por ser una madre y un padre para él, y cuya protección prosiguió tras su nacimiento. Más tarde Zeus hizo que Ariadna, la esposa mortal de su hijo, fuera inmortal. Tener un padre Zeus cariñoso, que le aprueba y apoya sus decisiones, es ideal para un Dionisos cuya personalidad y masculinidad se afirman de este modo.

Además Dionisos fue el hijo menor de Zeus e, independientemente del orden real de nacimiento, un niño Dionisos se comporta siempre como el hijo menor. Es juguetón, puede vivir el presente y no le preocupa el éxito.

La mayoría de los Dionisos parecen ser “niños de mamá”: son más como sus madres que como sus padres en lo que a intereses y a personalidad respecta. Si tienen un padre emocionalmente distante, que les rechaza o fueron educados por madres solteras, a menudo se identifican en exceso con sus madres y se sienten alienados de los otros varones y de su propio sentido de la masculinidad.

La alienación madre-hijo también se puede dar cuando él no cumple lo que espera su madre acerca de cómo debería ser un niño. Esto es bastante probable cuando su madre es una Atenea arquetípica, la más lógica de las deidades y la diosa patrona de los héroes. Es una madre tutora que puede ayudar a su hijo en el mundo, pero no es especialmente maternal. Se siente decepcionada y frustrada por su falta de ambición y él encuentra a faltar una madre maternal, que buscará en otra mujer.

La adolescencia y los primeros años como adulto

La adolescencia suele ser un período de crisis. Todo lo que pase en esta etapa se verá intensificado por Dionisos. Sus altibajos emocionales son más agudos que en otros adolescentes. Sus preguntas respecto a su identidad sexual son mayores y se enamora de chicas o chicos —o de ambos— con una intensidad alarmante. Las drogas son un riesgo importante para él. Es probable que se vista de forma nada convencional. Las notas en sus estudios no le importan y esta indiferencia aumenta a medida que todo lo demás se intensifica.

Sus padres se alarman y las autoridades escolares pueden estar igualmente polarizadas. Su falta de conformidad o de seguir la corriente, que siempre estuvo presente, pero quizás no de una forma tan evidente, se vuelve patente.

A veces el conflicto se encuentra en el interior del muchacho Dionisos, más que entre él y los demás. Su esfuerzo por adaptarse y reprimir esa parte dionisíaca de sí mismo ahora se dificulta más. Los choques emocionales se pueden producir a medida que el muchacho se siente más incómodo consigo mismo, hecho pedazos. A raíz de ellos puede padecer graves trastornos mentales. Cuando una religión y una familia represivas condenan el mero hecho de tener “pensamientos impuros”, entonces su sentimiento de culpa y de pecado puede ser profundamente perturbador.

Aparte del hogar, entre la adolescencia y los primeros años como adulto, el torbellino emocional y las experiencias de la adolescencia continúan. Buscar la experiencia extática en el campo espiritual, sexual o a través de las sustancias intoxicantes, suele interferir en su educación y en que llegue a iniciar una carrera. Ésta suele ser una época de meterse en política, que acostumbra a ser extraordinariamente arriesgada.

También es posible que explore y exprese los elementos dionisíacos de su personalidad sin llegar a extremos arriesgados si es que le vieron y le aceptaron tal como era mientras crecía y también si recibió alguna guía. Por ejemplo, puesto que Dionisos vive en el momento presente, se le ha de enseñar pacientemente a pensar hoy en lo que llegará mañana, así como qué y cómo aprender de las experiencias del pasado (lecciones que de otro modo no suele ser capaz de aplicar).

El trabajo

Si la búsqueda del éxtasis le lleva al misticismo y la religión, un joven Dionisos se convertirá en un sacerdote, atraído por el ritual y el misticismo de los sacramentos y las ceremonias. También se puede ir a un ashram, donde se suelen usar los tambores y los cantos para alterar la conciencia. Más dionisíacas son aún las experiencias del yoga tántrico o las prácticas sexuales de los seguidores de Bhagawan Shri Rajnesh. En este entorno, su trabajo quedará definido por la comunidad religiosa, que encaja muy bien con el Dionisos no competitivo.

Un hombre Dionisos no se siente atraído a seguir una carrera competitiva impulsada por la ambición personal, ni tampoco le interesa el mundo académico de las ideas. Desarrollar una competencia en algo que implique años de estudio va contra su naturaleza. Conseguir poder y prestigio no es especialmente significativo para él. No es de extrañar, pues, que el mundo laboral sea un problema para muchos Dionisos.

Hay muchos parados que no han tenido éxito y unos pocos con un éxito espectacular en el mundo laboral. Algunos Dionisos triunfan en las esferas creativas donde el talento y la experiencia de afrontar su lado oscuro o sus conflictos dionisíacos pueden ir unidos en su trabajo. La obra de Eugene O’Neill Viene el hombre del hielo refleja los años de incontrolable alcoholismo del autor. Otro dramaturgo y ganador del premio Pulitzer, Sam Shepard, utiliza pares de hermanos para describir la polaridad de su propia personalidad. También podemos hallar hombres dionisíacos entre las estrellas de rock, los músicos y los actores, algunos de los cuales han tenido que luchar contra su adicción al alcohol y las drogas.

Las relaciones con las mujeres

El dios Dionisos estuvo rodeado de mujeres y lo mismo sucede con el hombre. Las mujeres maternales suelen verle como un hombre atormentado y vulnerable al que hay que cuidar. Ya sea joven o de mediana edad, su jovialidad hace que algunas mujeres deseen cuidarle. Puede haber sido tratado con dureza o haber sido rechazado y ver cómo se lame sus heridas emocionales atrae a la madre que hay en algunas mujeres.

Su sensualidad y aprecio por la belleza atrae a las mujeres hacia él, algunas como amigas, otras como posibles amantes. Cuando hace el amor con una mujer, especialmente si, hasta ese momento, ella nunca ha hecho el amor con un hombre para el que ese acto sea una experiencia extática de fusión, ella quedará profundamente afectada. Una puede que despierte a su propia sexualidad y sentirse muy agradecida; otra puede que se vuelva adicta a él; otra, puede volverse ferozmente celosa. Cuando él es importante para una mujer, el drama y los problemas suelen aparecer tras su entrada en la vida de ella, puesto que ahora deberá seguir sus típicas subidas y bajadas.

El hombre Dionisos ama sinceramente a las mujeres y desde la guardería probablemente ha tenido más amigas del alma con las que compartir sus intereses, confidencias y una amistad profunda, que la mayoría de los hombres, que generalmente nunca llegan a entablar este tipo de relación con las mujeres.

Las relaciones con los hombres

Un Dionisos suele seguir su propio ritmo, distinto al de sus compañeros. No se siente en su ambiente en el vestuario del gimnasio o en la sala de juntas porque las relaciones en estos entornos son muy impersonales. Es demasiado individualista para ser un jugador de un equipo, está muy poco interesado en la competición y es demasiado inconformista para ser “uno de los muchachos”.

Paradójicamente, puede tener amistades masculinas más íntimas que la mayoría de los hombres que encajan en los patrones de sus compañeros. Tener una serie de amigos varones puede ser muy importante para él, de diversas formas. Con un amigo Hermes, alcanza niveles profundos de conversación, y un Hefesto descubre que Dionisos realmente aprecia lo que él crea, que toca sus obras de arte con el mismo respeto que sintió Hefesto al crearlas. Apolo también se siente atraído hacia Dionisos, que es su opuesto.

Dionisos fue un dios que podía llorar en el hombro de un amigo, como también puede hacerlo un hombre Dionisos. Cuando su amigo Ámpelos murió, Dionisos lloró sobre su tumba y en parte se consoló con la cepa de vid y el vino que brotó de sus lágrimas.

La sexualidad

La expresión de una sexualidad innata e intensa es un tema esencial para Dionisos. Dionisos puede ser heterosexual, homosexual o bisexual. Tanto si es una estrella de rock extraordinariamente promiscua como un sacerdote célibe, la sexualidad es una de sus principales preocupaciones. De naturaleza sensual, su personalidad erótica se despierta fácilmente. Él puede canalizar tanta energía psíquica en el terreno sexual, como otro hombre en su carrera. Puede tener experiencias de éxtasis sexual, a veces más intensificadas por la música o por sustancias intoxicantes que por estar involucrado en una relación personal profunda. Una pareja sensible puede darse cuenta de que está tan absorto en hacer el amor, pasando a un estado de conciencia alterado, que el acto resulte algo impersonal. En ese momento puede estar teniendo una experiencia dionisíaca arquetípica, no una comunión personal.

Puede sentirse verdadera y repetidamente atraído hacia gran variedad de mujeres, o a repetir una experiencia con la misma mujer si ella también puede amar en el momento como lo hace él. La conquista no es su motivación, sino la experiencia en sí.

El matrimonio

La mujer tradicional no considera a Dionisos un “buen partido”, lo cual es una valoración muy precisa. No se puede contar con él como sustentador de la familia que pase toda su vida en un típico trabajo de nueve a cinco, ni que llegue a la cima de los negocios o del mundo profesional y le pueda ofrecer prestigio, posición y seguridad. La vida con él será impredecible tanto económica como emocionalmente.

Los problemas surgen cuando una mujer se enamora de un Dionisos y al casarse con él espera que cambie, como los hombres corrientes y previsibles hacia los que no se sentía atraída y que ahora ella espera que él sea. Contraer matrimonio probablemente fue idea de ella, puesto que lo más probable es que él viva el momento y no piense en compromisos de por vida. Esperar que el matrimonio le convierta en monógamo es otro error que puede hacerla sufrir.

Y de nuevo, paradójicamente y al igual que el dios, en algún momento de su vida puede casarse y honrar el matrimonio, amar y apreciar a su esposa, a la que conoce empáticamente.

La descendencia

Un Dionisos muchas veces es tan “niño grande” que es una revelación con los hijos de los demás. Sin embargo, sus propios hijos a menudo tienen experiencias que les dejan destrozados. Puede ser increíblemente interesante (cuando es juguetón, imaginativo y generoso, y sus estados alegres son contagiosos) o terriblemente decepcionante (cuando ha prometido hacer algo especial con ellos y no se acuerda, o ha perdido su anterior entusiasmo por algo que debía haber sido una experiencia compartida). Tener un padre encantador que cree en lo que dice en ese momento y en quien no se puede confiar con que cumpla lo que ha dicho, puede resultar desgarrador. Sus incoherencias y la falta de confianza en él aumentan si se trata de un padre divorciado, y hay muchas posibilidades de que eso suceda.

El hombre Dionisos no suele llevar muy bien las responsabilidades tradicionales de la paternidad: el papel del sustentador de la familia, de disciplinario y mediador entre su familia y el mundo exterior, de tutor y el rol modelo para tener éxito en la vida. Sin embargo, cuando sus hijos nacieron puede que participara muy activamente en el parto de su esposa, que estuviera presente en todo el proceso, emocional y físicamente. El parto puede haber sido para él una experiencia mística o extática compartida que le vincula a sus hijos y a su esposa. Aunque un hombre Dionisos nunca será por temperamento un padre celestial tradicional, distante y que esté en el mundo exterior, es posible que se convierta en un padre tierra que esté en el hogar e instintivamente cerca de sus hijos.

La mitad de la vida

Dionisos hombre puede atravesar una crisis emocional en la mitad de la vida. Si el exceso o la falta de disciplina se han cobrado su precio, puede que tenga que enfrentarse a una adicción al alcohol o a las drogas, o bien a fracasos laborales o en sus relaciones. Las deficiencias educativas o profesionales, o una vida laboral errática, ahora se vuelven evidentes. Su situación matrimonial no suele ser mucho mejor. Muchas figuras dionisíacas públicas no superan la mitad de la vida; por ejemplo la muerte por sobredosis se cobró la vida de la estrella de rock Jim Morrison del grupo The Doors y del actor John Belushi.

Lo más normal de todos modos es que la crisis se alargue durante años, y el alcoholismo será el problema más evidente. El poeta Dylan Thomas y el actor Richard Burton tuvieron que luchar contra su adicción al alcoholismo, la expresión creativa y sus difíciles relaciones con las mujeres. Éstas son las clásicas luchas dionisíacas de la mitad de la vida, y Thomas y Burton las tuvieron todas; un hombre Dionisos también, o quizás sólo algunas de ellas.

No obstante, gracias a heroicos esfuerzos por mantener un trabajo que tenga sentido y por trabajar los temas de la intimidad y el compromiso en las relaciones, un Dionisos puede convertirse en un hombre maduro y profundo que seguirá siendo intenso e integrará sus momentos de éxtasis y creatividad en su vida.

Los últimos años

El paso de Dionisos por la mitad de la vida determina cuál de los tres patrones seguirá en sus últimos años.

Un patrón común es la continuación de la lucha de la mitad de la vida (contra la adicción al alcohol, las dificultades laborales o los problemas con sus relaciones) sin que llegue a una resolución hasta la muerte, que suele ser prematura.

Un segundo patrón implica la combinación de un arquetipo Dionisos y la riqueza heredada, que predispone a un hombre a ser eternamente joven a pesar de su avanzada edad. Sea cual fuere su orientación sexual, suele tener parejas sexuales más jóvenes y, tras haberlo probado o hecho todo, la vida le resultará monótona.

Una vida individual llena de sentido y profundidad es la tercera posibilidad ganada a pulso. Al haber integrado a Dionisos en una personalidad madura, será capaz de vivir plenamente el momento, ese momento que forma parte de un tapiz, de una vida emocionalmente rica que tiene una continuidad y compromisos. Las experiencias de éxtasis le proporcionan un sentido de unidad espiritual subyacente a la realidad, de formar parte de la naturaleza y de la humanidad. Esta integración espiritual hace que la muerte sea la siguiente experiencia que desee abrazar plenamente cuando llegue.