Hefesto, el hombre
Un Hefesto es una persona intensa e introvertida. Es difícil para los demás saber lo que está pasando en sus adentros o para él expresar sus sentimientos directamente. Se puede convertir en un tullido emocional, en un volcán latente o en un hombre muy creativo.
Los primeros años
Un niño Hefesto puede ser difícil de educar, porque posee una intensa energía y sensibilidad respecto a lo que está pasando en su interior. Tiene una tranquilidad que es como muelle presionado que puede soltarse de repente y agitarse con resentimiento e indignación, aunque sólo se manifieste como una burbuja de aire o de un cólico. No suele ser un bebé plácido, mimoso, encantado con lo que está pasando a su alrededor y que se divierta con facilidad. A veces su cuerpecito se siente como si fuera más denso que el de otro niño con una personalidad más liviana. Tiene mente propia y se queda absorto en lo que le fascina, no en lo que otra persona quiere que preste atención.
Si los primeros años son difíciles y él —al igual que Hefesto— es rechazado por su madre por no encarnar sus esperanzas de lo que debería ser un bebé, o si tiene la desgracia de nacer en un hogar violento, entonces estos rasgos de la personalidad se intensificarán. No es un bebé con una personalidad naturalmente alegre que se puede ganar a las personas. Por lo tanto si no es aceptado y amado tal como es, se puede convertir en un niño retraído y obsesivo.
En la escuela puede ser un solitario, un niño que observa desde la periferia, que no encaja y que nunca parece estar en el centro de las actividades. Está más interesado en las cosas y en las máquinas que en las personas, necesita a los demás para que se relacionen con él a través de lo que está haciendo, a menudo jugando en solitario. El profesor o la madre que le saca de su mundo, suele hacerlo interesándose por lo que ha captado su interés, prestando atención cuando él o ella les muestra y explica cómo funciona o cómo lo ha hecho.
Puede conseguir autoestima si se le aprecia por su individualidad, si se le ama por ser él mismo y se le anima activamente a seguir sus propios intereses (en lugar de forzarle a seguir el ritmo del grupo). Este apoyo le permitirá vivir sin agobios y desarrollar sus habilidades creativas en una etapa posterior de la vida.
Sus padres
El Hefesto mitológico fue un hijo rechazado y el rechazo también puede ser el destino de un muchacho Hefesto. Si su madre es como Hera, que quiere un bebé que realce su autoestima —como un logro o un acto competitivo, una muestra de “mira lo que puedo hacer”— y si tiene un hijo que no cumple lo que espera de él (que es o que suele suceder con este tipo de mujer no maternal y narcisista), ella le rechazará por no ser perfecto.
Si la vida imita al mito en cuanto a que el recién nacido tenga algún tipo de deficiencia, entonces el rechazo total es bastante posible. Para una madre que necesita a un hijo como medio de autoafirmación, un hijo con alguna deformidad asesta a su ego un severo golpe y se convierte en una fuente de humillación. Puede reaccionar desproporcionadamente ante cualquier deformidad y estar resentida y rechazarle por completo, creando de este modo un tullido emocional. Si el internamiento es posible, inmediatamente se deshará de él y lo abandonará en alguna institución.
El rechazo de su padre y sus abusos también pueden dejarle tullido (como en el otro mito). Puesto que Hefesto no se guía por lo que otras personas esperan de él, no es diplomático y tiene sentimientos intensos, puede provocar la rabia de un padre autoritario (especialmente si también es alcohólico). Un padre así puede pegarle, quizás incluso por defender a su madre, que fue lo que provocó a Zeus. Estos abusos pueden acabar en lesiones físicas permanentes, así como dejar cicatrices emocionales.
Incluso en las familias normales y corrientes, un hijo Hefesto puede ser el menos favorecido, el que es distinto por ser “demasiado serio”, “demasiado intenso y susceptible”, “demasiado retraído” o “demasiado insociable”. Suelen criticarle por su falta de éxito y de ambición y lo comparan desfavorablemente con los demás. Un Hefesto padece dos veces por este rechazo y desaires, primero por la experiencia negativa y luego por guárdarsela en sus adentros y darle vueltas a la misma.
Sin embargo, en una situación ideal de crecimiento, un muchacho Hefesto tiene padres que estarán complacidos con la forma en que funcionan sus manos y su mente. Le valoran y animan a crecer con sus tendencias naturales y le ayudan a adaptarse a la sociedad a la vez que valoran su naturaleza introvertida.
La adolescencia y los primeros años como adulto
Si el joven Hefesto ha sido lo bastante afortunado como para descubrir los medios para ser creativo y se ha lanzado a desarrollar sus habilidades y su visión artística, entonces la adolescencia y la juventud supondrán el principio de convertirse en él mismo a través del trabajo creativo. Puede conseguir este éxito inicial si tiene mecenas artísticos que fomenten su talento, lo reconozcan y le proporcionen las herramientas y habilidades para que los pueda desarrollar. Puede entrar en un mundo diferente: en una gran escuela de artes y oficios de una gran ciudad, por ejemplo, donde por primera vez tiene un lugar en un entorno escolar y gracias a su trabajo cuenta con un medio de expresión y de hacer amistades.
Como niño, el introspectivo Hefesto puede haber sentido una fuerte sensación de no pertenecer a su familia. Ahora, como joven, puede abandonar el hogar en busca de su “verdadera” familia: personas que se parecen más a él, que trabajan la tierra con sus manos, artesanos o artistas. Si ha sido rechazado y ha sufrido abusos, puede ser un adolescente obsesivo, furioso y deprimido, que fantasea sobre la revancha. Hefesto no devuelve el golpe con sus puños, sino que ingenia elaborados planes para humillar a sus ofensores. También puede convertirse en un artista de grafitti en las paredes de los metros y en las de los edificios. Como persona solitaria que es no suele pertenecer a ninguna banda.
Si el joven Hefesto atraviesa una crisis de crecimiento y si no está contento y está furioso, puede empezar a intimidar a las personas (especialmente si les sobrepasa en estatura), aunque en general no lo hace intencionadamente. Puesto que reprime sus intensos sentimientos, puede estar resentido y lleno de rabia contenida. Las personas que perciben esta rabia puede que vayan con cuidado con él, pero lo más típico es que él reprima su ira o la descargue contra sí mismo en lugar de hacerlo sobre otra persona.
Lo que inicialmente suele salvar a los jóvenes Hefesto rechazados de padecer graves depresiones, sea cual fuere el grado de alienación y rabia que alberguen, es el trabajo físico duro. Pueden descubrir este alivio reparando un coche o descubriendo algún trabajo artesanal que les fascine. Por consiguiente, el trabajo gratificante les ayuda a crecer —el trabajo en el que pueden emplear su creatividad y energía psicológica—, incluyendo su ira.
El trabajo
Hefesto fue el único dios que trabajó. En su forja, que equivale a un estudio, un taller, un laboratorio de pruebas, trabajó prodigiosamente para crear objetos hermosos y funcionales, armas y armaduras, vehículos y sirvientas doradas que parecían reales, incluso a Pandora.
Ningún otro hombre está tan absorto ni se dedica tanto a su trabajo como un Hefesto que ha encontrado su oficio. En los años que pasé en los centros médicos haciendo prácticas para conseguir mi título de medicina, conocí a muchos hombres cuya pasión por el trabajo y algunas habilidades les convertía en hefestos. Algunos eran cirujanos admirados por los residentes debido a sus habilidades quirúrgicas y sus investigaciones, así como por su energía, que agotaba a internos y residentes que eran veinte años más jóvenes que ellos o incluso más.
Como estudiantes de medicina, nos preguntábamos cómo estos hombres podían llevar una vida que se pareciera a la de un mortal ordinario. Un neurocirujano hacía habitualmente seis operaciones diarias, y una vez nos dijeron que hizo una operación que duró veinte horas, agotando a varios turnos de ayudantes. Algunos cirujanos cardiólogos, especialmente en los primeros años de la etapa de perfeccionamiento, parecía que vivieran en el hospital, lo cual ahora es algo bastante común. Cuando no estaban operando o visitando pacientes por el hospital, se dedicaban a la cirugía animal para ensayar nuevas técnicas o practicaban autopsias para averiguar lo que le había sucedido a un paciente al morir. Tenían una pasión por el trabajo que fácilmente se podía observar, pero que de otro modo no habrían expresado.
Al igual que el dios que creó a Pandora y a las sirvientas doradas, el cirujano trabaja para que el cuerpo humano funcione. Él (o ella) es un hábil artesano, un artesano muy desarrollado: presenciar una operación de un cirujano Hefesto es observar a un artista. Si alguien así se parece a Hefesto en su personalidad, también es una persona introvertida, con pocas artes sociales o políticas: sólo recibe reconocimiento por su trabajo. (Apolo es el otro dios que también está dedicado a la medicina, que se encarna en el médico locuaz que posee grandes dotes de diagnosis y teoría, que se sabe comunicar bien. Apolo es el arquetipo que permite ascender dentro del sistema jerárquico de la medicina, sin el cual la habilidad y la pasión de Hefesto puede que no lleguen a expresarse totalmente en el trabajo).
Un entorno más típico para Hefesto es el del campo creativo, donde muchos hombres se consideran “extraños”, poseen una intensa pasión por el trabajo y realizan una labor que les proporciona un medio para expresar sus intensos sentimientos. Un pintor, un arquitecto y un escultor de metal son los ejemplos que acuden a mi mente de hombres Hefesto con los que he trabajado como psiquiatra. Todos venían a mi consulta debido a su ansiedad y a su deseo de ser más conscientes de sus fuertes sentimientos que eran incapaces de expresar. Al igual que los cirujanos Hefesto, estaban muy dedicados a sus trabajos, sus horarios laborales eran igualmente heroicos, pero no los consideraban de ese modo. Buscar la manera de hacer lo que creían posible también les mantenía, les absorbía y, al igual que con el cirujano que pasaba horas en el laboratorio con los animales, estos hombres pasaban horas construyendo y experimentando, realizando el trabajo que surgía de sus imágenes.
Para un Hefesto, el trabajo es más que un empleo, una forma de alcanzar posición social o de ganarse la vida. Es un medio para realizar el instinto que le presiona a trascender cualquiera de sus últimas soluciones creativas en pro de un nuevo esfuerzo que le absorba por completo. El trabajo da a su vida profundidad y sentido; lo que sabe acerca del dios que hay en su interior lo experimenta en los momentos de creatividad.
El Hefesto que sabe que está haciendo el trabajo de su vida, el trabajo que continúa desafiándole y dándole placer cada vez que completa una parte significativa del mismo, está realizando la tarea que le gusta: este trabajo suele hacerle sentirse íntimamente relacionado con su propia evolución, es una expresión de su psique que se ha hecho tangible. Si, además, le proporciona los medios para vivir bien y tener reconocimiento, entonces será realmente afortunado.
Una gran parte de hefestos no son tan afortunados. Para realizar un instinto laboral profundo, un hombre en primer lugar ha de descubrir qué es lo que le gusta, tener la oportunidad de desarrollar las habilidades necesarias y por último tener la posibilidad de ponerlas en práctica. Trabaja mejor en solitario, sin estar motivado por el provecho ni influido por la competitividad. El mundo corporativo le es ajeno y carece de sentido para él. No se sabe vender a sí mismo ni a sus productos. Cuando tiene éxito es porque sus obras hablan por él y porque hay otra persona, u otro arquetipo en él, que tiene sentido de los negocios. Dados todos los requisitos previos necesarios para hallar un trabajo que le llene, no es de extrañar que la falta de un trabajo significativo desmoralice a un Hefesto, que sufrirá una profunda depresión relacionada con el trabajo o con el desempleo.
Las relaciones con las mujeres
Las mujeres son muy importantes para un Hefesto: pueden tener el poder de “construirle o destruirle”. Puede que necesite a una mujer que cuide su bienestar personal, que sea la fuente de su inspiración creativa, mentora de sus habilidades sociales y que represente su trabajo ante los demás. Las personas importantes en su vida que tienen poder sobre él, a menudo son mujeres: la madre, profesoras, jefas de estudios, directoras de galerías de arte y jefas. Dada su admiración genuina por las mujeres inteligentes, seguras de sí o por la belleza, se siente atraído hacia mujeres con estas cualidades y puede llegar a concederles poder sobre él.
Si una mujer es capaz de percibir su profundidad y sensibilidad y a su vez estimular su imaginación, se convertirá en el mayor acontecimiento de su vida. Sin embargo, aunque la relación sea breve o larga, ésta durará años (quizás para siempre) en su mundo interior. Para la mayoría de los hefestos, las relaciones significativas son pocas y separadas entre ellas.
La intensidad de su naturaleza introvertida le hace sentirse incómodo. Su conducta puede llegar a ser inapropiada y no es muy bueno iniciando relaciones en fiestas sociales. El juego de las citas es algo que suele evitar.
El hombre Hefesto (o la parte de Hefesto de una persona) es capaz de hacer un trabajo inspirado que surja de las profundidades de su vida interior, de la cual extraiga imágenes y emociones de lo inconsciente colectivo de la humanidad. La intensidad de sus sentimientos, especialmente hacia una mujer con la que no puede tener una relación de todos los días, y por ende a la que no puede convertir en una mujer ordinaria, puede conducirle al trabajo creativo que surge de las profundidades de su alma. Este parece ser el caso del destacado pintor Andrew Wyeth, hombre de estudiada reclusión, que en 1986 reveló lo que la revista Time describió como su “sorprendente secreto[51]”: 246 obras, realizadas durante quince años, dedicadas todas a la misma mujer, de la que sólo revelaba su nombre, Helga. Es evidente que ella inspiró lo mejor de él y fue la musa de su obra más prolífica.
Las relaciones con los hombres
Un Hefesto no es de esa clase de personas que se suelen integrar en alguna fraternidad estudiantil: le repele la camaradería superficial externa y los compañeros de estudios que pertenecen a fraternidades (que tiempo después se convierten en miembros de corporaciones y organizaciones profesionales) le encuentran demasiado diferente a ellos. Si también tiene otros arquetipos, como Apolo o Hermes, que hacen posible que se pueda integrar, su naturaleza Hefesto le impedirá sentir que pertenece a alguna de ellas.
Las relaciones con los hombres que están juntos por cuestiones de negocios no funcionarán con él. Se encontrará con la misma dificultad que tiene con los encuentros superficiales en una fiesta. De modo que se siente —o es— un extraño. Normalmente ha sido rechazado por los “antiguos compañeros de estudios”, por lo tanto lo más frecuente es que le asignen el papel de forastero o que se lo asigne él mismo.
Muchas veces tiene problemas específicos con los hombres de autoridad. Ya sea su padre, profesor o supervisor. Quienquiera que intente cambiar su forma de ser —de la forma como los marines de los Estados Unidos “hacen hombres” de sus reclutas—, suele fracasar en su intento, y, enfurecido por no conseguirlo, es probable que le expulse. Hefesto no está motivado por las exigencias externas de adaptarse y vivir según lo que esperan de él los demás, en parte porque está muy enfocado hacia dentro y en parte porque las críticas y la ira que recibe para que se amolde despiertan una cólera intensa, que entonces reprime. Esta ira dificulta más que pueda hacer lo que se espera de él. Las personalidades autoritarias reaccionan desproporcionadamente ante cualquier cosa que parezca una insubordinación o una falta de respeto, lo cual empeora las cosas.
Ares, el dios de la guerra, intentó una vez infructuosamente llevar a Hefesto al Olimpo por la fuerza. Hefesto le lanzó tizones ardiendo y se marchó. Al igual que el dios, el hombre Hefesto se resiste a la fuerza, que cuando se utiliza contra él le hace “arder” en hostilidad. Ni siquiera el dios conocido por su incontrolado poder y sed de combate pudo obligar a Hefesto a hacer algo que no quería, y tampoco suele funcionar este sistema con un hombre Hefesto, aunque sea joven.
Sin embargo, Dionisos le convenció con el vino y le persuadió para que le acompañara montado sobre un asno. Dionisos no recurrió a la fuerza, suavizó la testarudez de Hefesto y consiguió lo que Ares no pudo conseguir. Se relacionó con él en su propio terreno, cambiando su postura dura con el alcohol, que hizo de Hefesto un ser más flexible, en lugar de belicoso.
La vida se asemeja al mito en la amistad entre Hefesto y Dionisos. Con frecuencia sólo otro forastero que hace un esfuerzo por conocer a Hefesto tiene éxito en su intento. Beber juntos puede ser un ritual de unión entre hombres: con Hefesto, no funciona como iniciación en un clan, pero sí con otro hombre que aprecie la belleza y conozca el sufrimiento y que no teme demostrar sus sentimientos, como es el caso de un Dionisos. El Dionisos más extravertido y expresivo puede expresar, exteriorizar o representar lo que está oculto y sin manifestar en Hefesto. Esta complementariedad ofrece una base común para las pocas amistades profundas y duraderas que puede tener un Hefesto.
La sexualidad
La intensidad y la intimidad caracterizan todos los aspectos de la vida de un hombre Hefesto, especialmente su sexualidad. Es monógamo y fiel, y espera que su pareja le corresponda. Muchas veces sufre el mismo destino que el dios: descubre que la mujer de su vida le ha traicionado. Él contribuye a su infidelidad despreocupándose de ella, aunque siempre conserve su imagen en su mundo interior. Un Hefesto típico se involucra en exceso en su trabajo, no está mucho con ella, no es comunicativo y también puede pasar mucho tiempo sin mantener relaciones sexuales.
Puede sublimar el fuego sexual en su trabajo y pasar largos períodos de celibato incluso dentro de una relación. Su trabajo se convierte en una especie de amante que le exige su tiempo y su sexualidad.
Cuando un Hefesto hace el amor, es posible que su experiencia interior sea más profunda que la propia sensualidad del acto. Aunque puede que no comparta la experiencia con su pareja como una comunicación o comunión entre ambos, sin embargo esta pareja es la fuente de su experiencia interior y verdaderamente puede considerarla como un tesoro.
Normalmente no ve en su verdadero contexto a la mujer Afrodita, que se siente atraída por su intensidad y a la que le fascina su creatividad, como una mujer atractiva con muchas relaciones. Cuando descubre que ella tiene otros amantes, se suele sentir muy traicionado, aunque no lo exteriorice. A veces, este tipo de mujer simplemente le seduce y luego le engaña.
Un Dionisos homosexual puede seducir y traicionar del mismo modo a un Hefesto homosexual, y el alcohol puede desempeñar un papel importante en la situación. Sin embargo, Hefesto no está bien representado en la cultura social gay: no le van las relaciones superficiales ni la identificación con un grupo, lo que hace que para él las fraternidades y la vida corporativa no le resulten atractivas. Y a su vez es rechazado por los grupos gay por no encajar en ellos.
El matrimonio
Para el Hefesto, el matrimonio es tan importante como problemático: su bienestar en el mundo exterior tanto como en el interior dependerá de con quién se case y de cómo le vaya el matrimonio. De lo contrario se sentirá emocionalmente aislado. Tradicionalmente (y estereotípicamente) para la mayoría de los hombres, pero muy en especial para el introvertido Hefesto, las relaciones son algo de lo que se ocupa su mujer. Ella invita a los amigos, hace planes para las vacaciones, mantiene el contacto con la familia y recuerda las fechas importantes.
La esposa de un Hefesto también puede ser crucial para establecerse y conservar su trabajo en el mundo. El artista o el artesano Hefesto que crea su obra en soledad, suele necesitar a alguien que le haga de agente. Es normal que su mujer venda sus obras o encuentre al agente, la galería o el medio que lo haga por ella.
En su mitología, Hefesto se casó con Afrodita y ésta le puso los cuernos. Él también intentó fecundar a Atenea sin éxito, porque se le resistió, y creó a Pandora (así como a las sirvientas doradas). Estas tres relaciones míticas reflejan tres tipos de matrimonio para Hefesto.
Hefesto y Afrodita
Las mujeres que se parecen a la diosa del amor se sienten atraídas por la intensidad en las relaciones que Hefesto puede proporcionar. Si crea hermosos objetos de arte, la sensualidad estética de ella también se siente atraída hacia su trabajo. Además la ve como su Afrodita personal y proyecta su imagen en ella. Ella se siente como una diosa en su presencia.
Ambos poseen la intensidad del momento presente; él se puede retraer y vivir la relación como una experiencia interior, lo cual ella no suele hacer. Normalmente un Hefesto “desaparecerá” de esta forma y dirigirá esa intensidad hacia su trabajo, esperando que, mientras tanto, ella permanezca monógama. A menos que canalice su energía en un trabajo creativo o uno de sus principales arquetipos sea el de la esposa Hera, ella tendrá una aventura mientras él esté trabajando.
Hefesto y Atenea
De todas las deidades del Olimpo, Atenea, diosa de la sabiduría y de la artesanía, fue la que tuvo la mente más clara. Podía diseñar un plan para sitiar una ciudad del mismo modo que diseñaba un tapiz. Las mujeres Atenea evalúan muy bien las situaciones, favorecen a los hombres que tienen éxito o que triunfarán con su ayuda. Los celos no son un problema para ellas. Los hombres Hefesto admiran, aprecian e incluso se maravillan de cómo las mujeres Atenea pueden hacerse cargo de las finanzas y de las alianzas que necesitan para triunfar.
Andrew y Betsy Wyeth parecían tener este tipo de unión. Betsy es la manager de Andrew. Cuando se reveló el secreto de Wyeth y su aparente obsesión por pintar a Helga, la respuesta de Betsy fue la de la típica Atenea segura de sí misma: «Es una persona muy reservada. Él no se mete en mi vida ni yo no me meto en la suya, y vale la pena. Mira los cuadros, ¡oh, Dios, los cuadros son increíbles! ¡Y cuántos hay[52]!».
Ella vendió la colección por más de diez millones de dólares, según los informes.
Hefesto y Pandora
Hefesto fue el último creador cuando, a instancias de Zeus, creó a Pandora, la primera mujer mortal. No fue la única mujer que creó. Homero observó que había resuelto su problema del servicio doméstico creando sirvientas doradas que parecían mujeres de verdad y que no sólo podían hablar y usar sus miembros sino que estaban dotadas de inteligencia y entrenadas para realizar trabajos manuales.
Así mismo cuando un Hefesto mayor y amedrantador se casa con una mujer más joven que se parece a la diosa virgen Perséfone, que es receptiva y dócil, puede moldearla hasta convertirla en una esposa que se comporte como una sirvienta dorada.
Puede que no la moldee tan intencionadamente. Su falta de definición (típica de una Perséfone) y su aspecto proporcionan la “pantalla” sobre la cual recae su imagen “proyectada”. Su receptividad para ser lo que él quiere que sea es consciente (ella quiere agradarle y así tendrá en cuenta sus preferencias) e inconsciente (con su receptividad psíquica, ella transforma el aspecto de sí misma para que esté más próximo a la imagen que él tiene de ella).
Ella también puede ser un “invento” de su propia mente y corazón, que le conducirá a desatar todo tipo de infortunios sobre él. Introvertido como es, a menudo con muy poca práctica en conocer a las mujeres, puede que se enamore de la imagen que tiene de ella, a la vez que supone que ella siente lo mismo por él con la misma intensidad. Dada su intensidad y su monogamia, que puede ir unida a un anhelo de intimidad y aceptación que nunca ha tenido, su errónea suposición de que ella es como él había imaginado acaba en un desastre personal. Ella se puede convertir en una Pandora para él, dotada con sus mismas características: astucias femeninas, atractivo sexual y desvergüenza, palabras ingeniosas, mentiras y engaños.
La descendencia
El dios no tuvo hijos, y muchos hombres Hefesto prefieren no tenerlos, especialmente si su infancia no fue feliz. La respuesta de Hefesto a su propio hijo no es fácil de predecir. El hecho de que llegue a vincularse al niño será decisivo. (Ese vínculo será más probable si está en el quirófano en el momento del parto). Si se vincula a él o a ella su apego será profundo, casi visceral. Le gustará tener a su hijo o hija cerca, aunque no juegue o hable mucho con él o ella.
Los hijos o hijas pueden sentirle distante, que es una persona reflexiva e irritable cuando alguien le interrumpe, que se enfada cuando hacen ruido y que no es consciente de que lo que espera de ellos no es lo adecuado para su edad. Una hija de un Hefesto me contó que cuando sólo tenía seis años, su padre le pidió que le preparara café y se enfureció cuando vio que no sabía.
Hay algunos problemas predecibles entre los padres Hefesto y sus hijos, que empeoran por su ira y depresión crónicas y su necesidad de controlarse. Por ejemplo, rara vez es directo y explícito a la hora de comunicarse. Los hijos a menudo aprenden a andar de puntillas, intuir y deducir sus reacciones.
Muchas veces sus hijos se opondrán a su autoridad porque sus razones para lo que hace son subjetivas y no se sabe comunicar. Por otra parte no le gusta el cambio, y los niños y los adolescentes están siempre cambiando. A raíz de ello se producen fricciones.
Los padres Hefesto coléricos y controladores con hijas maleables las convertirán en “sirvientas doradas”, que hacen lo que se les dice. Estarán aplastadas bajo su pie. Coartarán su autonomía y exigirán obediencia, reprimiéndolas y convirtiéndolas en víctimas propiciatorias para caer bajo el dominio de otro hombre. Los hijos a menudo se rebelan contra un padre Hefesto furioso y dominante, las hijas rebeldes también se rebelan, generalmente fuera de su territorio.
Tanto hijos como hijas se pierden el haber tenido a su padre como mentor, ya que es demasiado individualista e introvertido como para ayudar a los hijos e hijas a abrirse camino en el mundo. El propio Hefesto suele estar fuera de la corriente, por lo que la red de relaciones con los antiguos compañeros de estudios rara vez le sirve de recurso para sus hijos y él no suele ser un modelo de rol a seguir para alcanzar el éxito.
Aunque muchos niños tienen dificultades con sus padres Hefesto, también es posible una relación especial muy positiva si el padre no es una persona que se enfurece con facilidad y se siente vinculado a sus hijos. Al igual que el padre artesano cuyo taller detrás de la casa es un cálido santuario para que sus hijos desarrollen su creatividad y estén con él, los niños que tienen relaciones positivas pasan tiempo con sus padres Hefesto. Su creatividad, confianza y autoestima crece a raíz de la experiencia de estar con él, de hacer cosas juntos, de que su padre le muestre cómo se hace algo y de crear algo por ellos mismos.
La mitad de la vida
La primera mitad de la vida en general le resulta difícil porque no se ajusta a lo que la sociedad espera de los hombres: no es un hombre competitivo, lógico, extravertido, que disfruta con los retos y que triunfa en el mundo. Aunque la mayoría de los hombres hacen lo que se espera de ellos al establecer su carrera y una familia en la primera mitad de la vida y dejan el viaje interior para la segunda mitad, el hombre Hefesto ha estado siempre orientado hacia su mundo interior y ha necesitado expresar sus callados e intensos sentimientos.
Si, a pesar de ir de por libre, ha podido establecerse en el mundo profesional y en la vida familiar, la segunda mitad de la vida suele ser más feliz que la primera. Por primera vez, en comparación con sus homólogos de la misma edad, Hefesto puede entrar en esta nueva fase de la vida con ventaja. Ha tenido que luchar para ser él mismo y cumplir con las tareas externas, y ha podido hacer ambas cosas. (Cuanto más extravertido es el hombre más se adapta sin demasiado esfuerzo a hacer lo que se espera de él en la primera mitad de la vida. Su individualidad sufre y exige cosas que le causan conflictos y depresión en esta etapa de la vida).
Sin embargo, el enojado y crónicamente deprimido Hefesto que es antagónico con las personas, las intimida o se aparta de ellas, puede llegar a la mitad de la vida sin intimidad ni trabajo gratificante. El patrón puede que esté demasiado arraigado para cambiar, salvo para empeorar. Si hace inventario y se compara con otros hombres, puede que entre en una crisis de la mitad de la vida en la que podrá realizar un cambio importante. (Véanse secciones posteriores sobre conflictos psicológicos y formas de crecer).
Los últimos años
En los últimos años de su vida se ve claramente “el final de la historia”, los hombres Hefesto pueden terminar satisfechos y trabajando creativamente en su “forja” elegida, son artesanos cuyas habilidades han madurado y se han perfeccionado. Sin embargo, los Hefesto también están ampliamente representados entre los que han fracasado y han quedado marginados.