La identificación con otros hombres

Es notable el hecho de que haya algún hombre que llegue a amar y a confiar en otro, en una cultura que propicia el distanciamiento y la competitividad entre los hombres. Tal como indican los informes sobre el estado psicológico de los hombres, la mayoría no se encuentra en ese caso.

Hay excepciones, momentos en que los hombres están verdaderamente unidos, generalmente cuando “están en el mismo barco” y la subcultura privada en la que viven temporalmente es igualitaria en lugar de ser patriarcal y compuesta sólo de hombres. Por algunos hombres, que ahora son profesionales con carrera, oigo hablar de una era dorada de compañeros de la infancia vinculada a haberse educado en barrios de clase trabajadora, a haber pasado veranos en los que nadie se marchaba de vacaciones y el grupo de amigos podía estar junto prácticamente en cualquier momento de vigilia. Eso era antes de que las chicas fueran importantes para ellos y antes de que fueran divididos en ganadores y perdedores. Más tarde, tuvieron que seguir caminos distintos, pero esta experiencia sentó la base para buscar la amistad con otros hombres. De igual modo, los hombres de clase alta que en la adolescencia partieron de sus hogares para estudiar en escuelas privadas, a veces hablan de haber formado parte de un grupo de amigos muy unido, a través del cual desarrollaron la capacidad de la amistad que se ha mantenido durante el resto de sus vidas. Los hombres que se alistan en el ejército y que llegan a depender el uno del otro en el campo de batalla también hablan de haber forjado estrechos vínculos con sus compañeros.

Aunque todas estas situaciones difieran, los muchachos o los hombres sentían que “estamos juntos en esto”. Compartieron situaciones y sus semejanzas les ayudaron a identificarse los unos con los otros. Se encontraban en una situación de “hermano igual” que por el momento disolvía la invisible, divisiva y jerárquica influencia del patriarcado, que suele separar y aislar a los hombres.