9 – DEMÉTER: DIOSA DE LAS COSECHAS, NUTRIDORA Y MADRE
Deméter, la diosa
Deméter, diosa de las cosechas, presidía las recolecciones abundantes. Los romanos la conocieron como Ceres (de donde proviene nuestra palabra cereal). Se la describe en el Himno a Deméter de Homero, como “esa sobrecogedora diosa, de hermoso cabello… con su espada de oro”[1] (probable licencia poética para representar una espiga de trigo maduro, que era su principal símbolo). Se la representaba como una bella mujer de cabello dorado y vestida con una túnica azul, o (más frecuentemente en esculturas) como una matrona sentada.
Parte del nombre de Deméter, meter, parece significar “madre”, pero no está completamente claro a qué se refiere el “de”, o previamente el “da”. Se la veneraba como a una diosa madre, concretamente como madre de las cosechas, y madre de la doncella Perséfone (la romana Proserpina).
La vida de Deméter comenzó de la misma triste manera que la de Hera. Fue la segunda hija de Rea y de Cronos, y la segunda en ser tragada por éste. Deméter fue la cuarta consorte real de Zeus (Júpiter), que también era hermano suyo.
Precedió a Hera, que fe la número siete y la última de las hermanas. De su unión con Zeus la única hija tenida con él, Perséfone, a la que Deméter estuvo asociada e el mito y en el culto.
La historia de Deméter y de Perséfone —bellamente contada en el largo Himno a Deméter de Homero— se centra en la respuesta de Deméter al rapto de Perséfone por el hermano de aquélla, Hades, dios del mundo subterráneo. Este se convirtió en la base de los misterios eleusinos, que durante más de dos mil años fueron los rituales más sagrados e importantes de la antigua Grecia[2]. Este culto terminó en el siglo V a de C., con la destrucción del santuarios de Eleusis por los invasores godos.
El rapto de Perséfone
Perséfone estaba cogiendo flores en un prado con sus compañeras, cuando fue atraída por un narciso asombrosamente bello. Al acercase para cogerlo, el suelo se abrió ante ella. De las profundidades de la tierra emergió Hades en su carro de oro tirado por caballos negros, y la arrebató y se sumergió en el abismo con la misma rapidez con la que había llegado. Perséfone se debatió y gritó pidiendo ayuda a Zeus, pero nadie le ayudó.
Deméter escuchó los ecos de los gritos de Perséfone y salió corriendo en su ayuda. Buscó durante nueve días y nueve noches a su hija raptada, por toda la tierra y por todos los mares. No se detuvo ni en un instante para comer o para lavarse durante toda su frenética búsqueda.
(Otro mito añade que, cuando Deméter estaba buscando infructuosamente a su hija raptada, fue vista y deseada por Poseidón [Neptuno], dios del mar, que se lanzó en su persecución. Ella intentó evitarle transformándose en una yegua y mezclándose con una manada de caballos. Poseidón, que no cayó en el engaño, se convirtió en un caballo semental, la encontró en medio de la manada y la violó).
Al atardecer del décimo día, Deméter encontró a Hécate, diosa de la luna oscura y de las encrucijadas, que le sugirió acudir juntas a Helios, hijos del sol (una deidad de la naturaleza que compartía este título con Apolo). Helios les informó que era Hades quien había raptado a Perséfone y de que la había llevado al mundo subterráneo para ser su novia por fuerza. Además, añadió que el rapto y la violación de Perséfone habían sido castigados por Zeus. Pidió a Deméter que dejase de llorar y aceptase lo que había sucedido; al fin y al cabo, Hades “no era un yerno tan insignificante”.
Deméter rechazó este consejo. Se sentía ultrajada y traicionada por Zeus, y también afligida. Se marchó del monte Olimpo, disfrazada de vieja, y vagó de incógnito por ciudades y campos. Un día llego a Eleusis, se sentó junto al pozo, donde fue encontrada por las hijas de Celeo, rey de esa ciudad. Algo de su porte y de su belleza las había atraído hacia ella. Cuando Deméter les dijo que estaba buscando trabajo como niñera, la llevaron a su casa ante su madre Metanira, ya que tenían un hermano recién nacido, al que querían mucho, llamado Demofoonte.
Bajo los cuidados de Deméter, Demofoonte creció como un dios. Le alimentó con ambrosia (el manjar de los dioses), y en secreto lo mantuvo en un fuego que le habría hecho inmortal, si no hubiera sido por la interrupción de Metanira que empezó a gritar temiendo por la vida de su hijo. Deméter reaccionó con furia, regañó a Metanira por su estupidez y le reveló su verdadera identidad. Al manifestar que era Deméter, la diosa cambió de tamaño y forma, revelando su belleza divina. Sus cabellos dorados cayeron sobre sus hombros, su fragancia y su resplandor llenaron la casa de luz.
Deméter ordenó entonces que se construyera un templo para ella. En él se instaló, se sentó sola con su pesar producido por la ausencia de su hija raptada, y se negó a cumplir sus funciones. Como consecuencia, nada podía nacer ni crecer. La hambruna amenazaba con extinguir la raza humana, privando a los dioses y diosas del Olimpo de sus ofrendas y sacrificios.
Al final, Zeus se dio por enterado. Primero envió a su mensajera Iris a implorar a Deméter que volviese. Después como Deméter permanecía inamovible, cada deidad el Olimpo acudió, a su vez, llevándole regalos y presentándole honores. Furiosa, Deméter hizo saber a cada una de ellas que no pondría el pie en el monte Olimpo ni permitiría que nada creciera hasta que Perséfone le fuera devuelta.
Por último, Zeus respondió. Envió a Hermes, el dios mensajero, a Hades, ordenándole que devolviera a Perséfone, para que “su madre, al verla con sus propios ojos, abandonara su cólera”. Hermes bajó al mundo subterráneo y encontró a Hades sentado en un diván junto a una Perséfone deprimida.
Al escuchar que era libre para irse, Perséfone se regocijó y saltó llena de alegría para acompañar a Hermes. Pero antes, Hades le dio algunos granos de granada, que ella comió.
Hermes tomó prestado el carro de Hades para llevar a Perséfone a su hogar. Los caballos volaron veloces desde el mundo subterráneo al mundo superior, deteniéndose frente al templo en el que Deméter estaba esperando. Cuando ésta les vio, Deméter acudió corriendo, con los brazos extendidos para abrazar a su hija, que a su vez se lanzó con igual alegría a los brazos de su madre. Entonces, Deméter le preguntó ansiosamente si había comido algo en el mundo subterráneo. Si no había comido nada, Perséfone le había sido devuelta íntegramente. Pero, como había comido los granos de la granada, debería pasar dos tercios del año con Deméter y los restantes meses en el mundo subterráneo con Hades.
Una vez madre e hija juntas, Deméter devolvió la fertilidad y el crecimiento a la tierra. Después proporcionó los misterios eleusinos. Éstos eran ceremonias religiosas sobrecogedoras, que se prohibía revelar a los no iniciados. Mediante dichos misterios, las personas obtenían una razón para vivir con alegría y morir sin miedo a la muerte.
Deméter, el arquetipo
Deméter es el arquetipo de la madre. Representa el instinto maternal, realizado a través del embarazo o mediante el suministro de alimento físico, psicológico o espiritual a los demás. Este poderoso arquetipo puede dictar el curso que tome la vida de una mujer, tener un impacto significativo sobre las demás personas de su vida o predisponerla hacia la depresión si lo rechaza o se frustra su necesidad de nutrir.
La madre
El arquetipo de la madre estaba representado en el monte Olimpo por Deméter, cuyos papeles más importantes eran el de ser madre (de Perséfone) y proveedora de alimentos (como diosa de las cosechas) y sustento espiritual (los misterios de Eleusis). Aunque otras diosas también eran madres (como Hera y Afrodita), su hija fue la relación más significativa de Deméter. También era la más nutridora de todas las diosas.
Una mujer que posea un fuerte arquetipo de Deméter anhela ser madre. Una vez que es madre que ésa es una función que la llena. Cuando Deméter es el arquetipo más fuerte en la psique de una mujer, ser madre es el rol y la función más importante de su vida. La imagen de la madre y el hijo —normalmente representado en Occidente como la Virgen y el Niño— corresponde a una imagen interna que la conmueve profundamente.
El arquetipo de la madre motiva a las mujeres a nutrir a los demás, a ser generosa y a dar, satisfacción como cuidadoras y proveedoras. Así, el aspecto nutridor del arquetipo de Deméter puede expresarse a través de las profesiones de ayuda —docentes, cuidados preescolares, consejeras o cualquier empleo en el que ayudar a los demás es parte de la función—, y en cualquier relación en la que puede ser una persona nutridota. El arquetipo no está restringido a ser madre.
El instinto maternal
En el aspecto biológico, Deméter representa el instinto maternal —el deseo de quedarse embarazada y de tener un bebé— que algunas mujeres han anhelado realizar desde siempre.
El arquetipo es una fuerza irresistible para quedarse embarazada. Una mujer puede ser muy consciente de lo fuerte que es el instinto y tal vez decida cuándo quiere realizar este profundo deseo. Pero si está inconscientemente motivada por Deméter, quizá se encuentre embarazada “por accidente”.
Lo que sucede cuando descubre un embarazo no planificado hasta que punto es poderoso este arquetipo en una mujer concreta. Cuando es claramente el aborto el resultado más sensato o responsable, una mujer no-Deméter puede decidir abortar y a continuación sentirse aliviada. Y a partir de este punto tendrá mucho cuidado en no quedarse de nuevo embarazada accidentalmente. Por el contrario, cuando Deméter ejerce una gran influencia, y aunque tal vez sea el aborto lo que más convenga a esa mujer, ésta es incapaz de llevarlo a cabo. El aborto va en contra de un profundo imperativo interno de tener un hijo. Como consecuencia, puede que tenga al hijo en lugar de abortar, alterando así todo el curso de su vida.
Si decide abortar, sentirá agitación y un conflicto interno, durante y después del proceso de decisión y el proceso de llevarlo a cabo. Sentirá pesadumbre en lugar de alivio, o una mezcla de ambos sentimientos. Finalmente, puede pensarse que, después de haber atravesado por tanta infelicidad, este tipo de mujer se asegurará de que no le sucede otra vez. Pero con frecuencia también sucede lo contrario: pasa por ciclos de embarazo, agitación, aborto, depresión, porque el impulso de estar embarazada, una vez frustrado, se vuelve todavía más fuerte.
El instinto maternal de Deméter no se limita a ser madre biológica o a alimentar exclusivamente a sus propios hijos. Ser una madre pos sustitución, o una “niñera por horas”, permite a muchas mujeres continuar expresando su amor materno cuando sus propios hijos se han hecho mayores o se han ido de casa. La misma diosa ejerció este papel con Demofoonte. Emilie Applegate, una mujer de San Diego que ha recibido un especial reconocimiento como madre adoptiva, personifica este aspecto de Deméter[3]. Cuida de bebés mexicanos que están tan mal alimentados o enfermos que peligra su supervivencia, llevándolos a su casa, donde se vuelven parte de su propia familia, integrada por tres hijos y una hija adoptada. Se la conoce como una “segunda mamá”. Applegate —al igual que la famosa DeBolts, que ha adoptado niños disminuidos de muchas razas— rebosa de instinto maternal y de una capacidad de nutrir y apoyar el crecimiento, ambas cualidades típicas de Deméter.
Proveedora de alimento
Alimentar a los demás constituye otra satisfacción para una mujer Deméter. Encuentra enormemente satisfactorio nutrir a su propia/o hija/o. le agrada preparar grandes comidas para la familia y los invitados. Goza con su comida, disfruta de la calidez de sentirse como una diosa madre (más que como un “chef gourmet”, como podría ser el caso de Atenea). Si trabaja en un oficina, disfruta sirviendo café a los demás (en marcado contraste con una mujer Artemisa, que se siente desvalorizada y se niega a hacerlo, a menos que los hombres se turnen en estas labores).
Deméter, como diosa de las cosechas, proporcionó a la humanidad la capacidad del cultivar y era responsable de la abundancia de frutos de la naturaleza. De la misma manera, las mujeres que se apartan al campo para cultivar sus propios alimentos, cocer el pan, envasar frutas y compartir su abundancia con los demás, están expresando el aspecto de Madre Naturaleza de Deméter.
Madre persistente
La persistencia maternal es otro de los atributos de Deméter. Tales madres se niegan a ceder cuando está en juego el bienestar de sus hijos. Muchas clases de educación especial para niños disminuidos existen porque una madre Deméter ha luchado previamente por lo que su hijo necesitaba. Y las madres argentinas de hijos e hijas desaparecidos son como Deméter en su perseverancia. Llamadas Madres de la plaza de Mayo, se negaban a rendirse ante la pérdida de sus hijas/os y continuaban protestando contra la dictadura, aunque era peligroso hacerlo. Obstinación, paciencia y perseverancia son cualidades de Deméter que —como tristemente descubrió Zeus— pueden influir a un hombre o a instituciones poderosas.
Madre generosa
Según su mitología, Deméter era la madre más generosa. Donó a la humanidad la agricultura y las cosechas, ayudo a criar a Demofoonte (y le habría hecho inmortal) e instituyo los misterios de Eleusis. Estas expresiones de abundancia se encuentran en mujeres Deméter. Algunas proporcionan de manera natural alimentos tangibles y cuidados físicos, algunas otras ofrecen apoyo emocional y psicológico, mientras que otras dan alimento espiritual. Muchas mujeres que han sido líderes espirituales famosas han tenido cualidades de Deméter y han sido consideradas por sus seguidoras/es como figuras maternales; la santa ganadora del premio Nóbel de la Paz, madre Teresa de Calcuta; Mary Baker Hedí, que fundó la religión de la Ciencia Cristiana; la mujer conocida simplemente como “Madre”, líder espiritual de ashram de Aurobindo en la India.
Estos tres niveles de dar igualan lo que las mujeres Deméter dan a sus propios hijos. Primero, los hijos dependen de sus madres para cuidar de sus necesidades físicas. Después se vuelven hacia sus madres en búsqueda de apoyo emocional y de comprensión. Y, por último, puede que busquen en sus madres sabiduría espiritual, a medida que se enfrentan a engaños o penas, para encontrar algún sentido en la vida.
La madre afligida: susceptibilidad de deprimirse
Cuando el arquetipo de Deméter constituye una fuerza poderosa, y una mujer no puede realizarlo, tal vez padezca la característica depresión del “hueco dejado por el nido vacío”. Una mujer que anhela tener un hijo puede ser estéril, o tal vez el hijo muera abandona el hogar. O tal vez se termine su trabajo como madre sustitutiva e eche de menos a sus clientes o estudiantes. Entonces, más que encolerizarse o dirigirse de manera activa contra las personas que considera responsables (que es la manera de reaccionar de Hera), la mujer tipo Deméter tiende a hundirse en la depresión. Se aflige y siente su vida carente de sentido y vacía.
La doctora Pauline Bart, profesora de Sociología en la universidad de Illinois, escribió un artículo sobre las mujeres Deméter deprimidas titulado Mother Portnoy’s Complaint[4]. Bart estudió los casos de más de quinientas mujeres que habían sido hospitalizadas por primera vez entre los cuarenta y los cincuenta y nueve años. Descubrió que las más deprimidas eran las madres extremadamente generosas y muy implicadas que perdían su papel de madre.
Antes de su enfermedad, estas mujeres eran “superpadres” con un largo historial de sacrificios. Algunas frases de estas mujeres deprimidas revelaban su implicación emocional en proporcionar cosas para los demás y el vacío que sentían cuando sus hijos de iban. Una mujer decía: “Naturalmente, como madre, odias que tu hija deje el hogar. Quiero decir que se producía en él un gran vacío”. Otra comentaba: “Yo era una mujer muy enérgica. Tenía una gran casa y tenía mi familia. Mi hija se enorgullecía de que yo hubiera hecho diez cursos en lugar de ocho”. Preguntadas de qué se sentían más orgullosas, todas estas mujeres respondían: “De mis hijos”. Ninguna mencionaba cualquier otro logro propio. Cuando perdían sus roles de madres. La vida perdía sentido para ellas.
Cuando una mujer se deprime entre los cincuenta y sesenta años, se enfada porque sus hijos adultos están emocional y físicamente distantes; se convierten en una Deméter afligida. Está obsesionada con su sentimiento de pérdida y limita sus intereses. Su crecimiento psicológico se detiene: “Poseída” por el aspecto doliente del arquetipo de Deméter, es prácticamente indistinguible de otras mujeres que sufren igualmente. Tales pacientes deprimidas muestran síntomas que son muy similares: sus expresiones faciales deprimidas; la manera de sentarse, de mantenerse en pie, de caminar y de mirar; la manera como expresan el dolor y hacen que los demás se sientan a la defensiva, culpables, enfadados o impotentes.
La madre destructiva
Cuando la Deméter afligida dejó de funcionar, nada creció, y la hambruna amenazó con destruir a la humanidad. Igualmente, el aspecto destructivo de Deméter se expresa reteniendo lo que otros necesitan (por contraste con Hera y Artemisa, que son activamente destructivas en su cólera). Una nueva madre gravemente deprimida y que no funciona puede ser una peligro para la vida de su recién nacido; el personal de la sala de emergencia o un pediatra podrían diagnosticar “falta de impulso”. El bebé no ha ganado peso, está apático y, tal vez, aparentemente demacrado. La falta de impulso se produce cuando una madre retiene el contacto físico y emocional con su recién nacido, así como el alimento que necesita.
Las madres que se niegan a hablar sus pequeños durante días, o incluso largos periodos de tiempo, o que aíslan a sus bebés, les infligen un daño psicológico con esta forma de retención. Tales madres suelen estar gravemente deprimidas y presentan síntomas de hostilidad.
Mucho más frecuentes que estas dos formas extremas de retención son las madres tipo Deméter que retienen la aprobación cuando crecen sus hijos y se van independizando de ellas. Mientras que la depresión de la madre es menos evidente en estas circunstancias, retener la aprobación (que in niño o niña necesitan para su autoestima) también está conectado con la depresión. Ella vive la autonomía del hijo/a que va creciendo como una pérdida propia. Se siente menos necesitada y rechazada, y como resultado puede estar deprimida y enfadada.
El cultivo de Deméter
Sin darse cuenta de ello, las mujeres están cultivando a Deméter e invitando al arquetipo a hacerse más activo cuando consideran seriamente si tener un hijo o no. Mientras se deciden, se fijan en las mujeres embarazadas (que parecían invisibles previamente, y que ahora parecen estar omnipresentes), se fijan en los bebés, salen al encuentro de gente con niños y prestan atención a estos últimos (todas estas actividades son lo que las mujeres Deméter hacen de manera natural). Las mujeres cultivan a Deméter imaginándose a sí mismas embarazadas y teniendo niños. Cuando se fijan en mujeres embarazadas, tienen niños en sus brazos y prestan a éstos toda su atención, el arquetipo puede ser evocado en ellas. Pueden producirse esfuerzos para comprobar la fuerza del instinto maternal si e arquetipo es fácilmente evocable, pero no en otro caso.
Una mujer puede buscar cambiar sus mecanismos y ser más maternal hacia un niño concreto, o puede pretender ser querida por un niño en particular, el niño saca (o hace cristalizar) el arquetipo en una mujer. Motivada por sus sentimientos por el hijo, se esforzará por ser más paciente o ser más perseverante en beneficio de éste. A medida que resulte ser más maternal y trabaja por serlo, el arquetipo de Deméter crece dentro de ella.
Deméter, la mujer
Una mujer Deméter es sobre todo y ante todo maternal. En sus relaciones es nutridota y protectora, útil y generosa. Suele ser una Señora de la Abundancia, proporcionando todo lo que se necesita: sopa de pollo, un abrazo de apoyo, dinero para sacar a flote a un amigo, una invitación permanente para “volver a casa con la madre”.
Una mujer Deméter tiene frecuentemente el aura de la Tierra Madre. Es sólida y eficaz. Los demás la describen como alguien que “tiene los pies en el suelo”, puesto que va haciendo lo que ha de hacerse con una mezcla de calidez y de sentido práctico. Suele ser generosa, directa, altruista y leal a personas y principios, hasta el punto de que algunos pueden considerarla obstinada. Posee fuertes convicciones y es difícil hacerle cambiar de opinión cuando algo o alguien es importante para ella está involucrado.
La joven Deméter
Algunas niñas pequeñas son claramente Deméter en ciernes, “pequeñas madres” que mecen muñecas-bebés, en sus brazos (la pequeña Hera prefiere Barbie y Ken, y las pequeñas Atenea tal vez tengan una colección de muñecas históricas en una urna de cristal). A la joven Deméter también le gusta tener en los brazos bebés de verdad, y a los nueve o diez años está deseosa de cuidar a los bebés de los vecinos.
Los padres
La relación de las mujeres Deméter tienen con sus padres pueden entenderse mejor si consideramos primero la relación que la diosa Deméter tuvo con los suyos. Deméter, la diosa, era hija de Rea y nieta de Gea. Gea era la Madre Tierra primordial de la que provenía toda la vida, incluido el dios del cielo, Urano, que se convirtió en su marido. Rea también fue conocida como una diosa de la tierra, aunque es más conocida por ser la madre de la primera generación de dioses olímpicos.
Como diosa de las cosechas, Deméter continúa el linaje de las diosas relacionadas con la fertilidad. Posee otras similitudes con su madre y también con su abuela. Por ejemplo, las tres sufrieron cuando sus respectivos maridos hicieron daño a sus hijas/os. El marido de Gea enterró a sus hijas/os en el cuerpo de ella cuando nacieron. El marido de Rea se tragó a sus hijas/os recién nacidos. Y el de Deméter permitió que su hija estuviera secuestrada dentro del mundo subterráneo. Los tres padres biológicos mostraron su falta de sentimientos paternos.
Estas diosas madres sufrieron durante tres generaciones. Menos poderosas que sus maridos. No pudieron poner freno al daño que éstos causaron a sus hijas/os. Sin embargo, se negaron a aceptar el atropello y persistieron hasta que aquéllas/os fueron liberados. Al contrario que Hera, cuyo principal vínculo era la relación esposa-marido, el vínculo más poderoso de estas diosas Madres-Tierra era el de madre-hija/o.
La vida real repite el mito de Deméter cuando mujeres maternales se casan con hombres nada paternales. En esta situación, una hija Deméter crece muy identificada con su madre y desconectada de su padre. La actitud del padre hacia sus hijas/os puede abarcar desde el desinterés hasta la competitividad y el resentimiento o incluso los malos tratos, si les ve como rivales que logran el afecto de su esposa. En un hogar de este tipo, sufre la autoestima de la joven Deméter, que acaba desarrollando una actitud de víctima. O quizás las cualidades maternales de una hija Deméter produzca la inversión de papeles en el caso de padres inmaduros o incompetentes. En cuanto tiene suficiente edad, tal vez cuide de sus padres o se convierta en una madre por sustitución de sus hermanos menores.
Por contraste, si una joven Deméter tiene un padre cariñoso y con una actitud de aprobación, crecerá sintiendo su apoyo a su deseo de ser también una buena madre. Considerará a los hombres de una manera positiva y tendrá esperanzas claras de tener un marido. Su experiencia de la infancia no reforzará su proclividad arquetípica a convertirse en víctima.
Adolescencia y primeros años de vida adulta
Al llegar a la pubertad, quien fue una bebé se convierte a sí misma en una posibilidad biológica cuando el impulso arquetípico materno recibe el empuje de las hormonas. Entonces, algunas jóvenes Deméter empiezan a anhelar quedar embarazadas. Si otros aspectos de su vida están vacíos y ella misma es poco más que una hija desatendida, una joven Deméter que ha sido forzada sexualmente y se queda embarazada tal vez acepte con gusto el hijo. Una adolescente de catorce años embarazada decía en un albergue para madres solteras: “Mientras que otras niñas de mi edad deseaban bicicletas, yo siempre quise tener un bebé propio. Estoy contenta de estar embarazada”.
Sin embargo, a mayoría de las adolescentes Deméter no se quedan embarazadas. Al no tener el deseo profundo de formar parte de una pareja o los impulsos eróticos de Afrodita, Deméter no está motivada para tener experiencias sexualmente tempranas.
Muchas Deméter se casan jóvenes. En familias obreras, a veces se anima a la joven a casarse inmediatamente después de terminar los estudios secundarios. Este empuje puede encajar con la propia proclividad de las jóvenes Deméter a tener una familia más que a obtener una educación o un trabajo.
Si una mujer joven tipo Deméter no se casa y empieza a formar una familia, comenzará a trabajar o irá a la universidad. En la universidad, probablemente hará cursos a prepararse para abrazar una profesión de ayuda a los demás. Una mujer Deméter no es típicamente ambiciosa, intelectual o competitiva en pos de títulos, aunque puede obtener buenos resultados si es brillante y está interesada en sus clases. El status —que las mujeres Hera consideran algo importante— no tiene importancia para una Deméter. Sus amigas suelen ser escogidas en un amplio abanico social y racial. Dejará lo que tenga que hacer para que un estudiante extranjero con dificultades se sienta a gusto, o para ayudar a un estudiante disminuido o socialmente inadaptado.
Trabajo
La naturaleza maternal de la mujer Deméter la predispone para abrazar profesiones de entrega y ayuda a los demás. Está atraída por las tareas “tradicionalmente femeninas” como la enseñanza, el trabajo social o el preescolar. Cuando Deméter está presente, ayudar a la gente a sentirse bien o a crecer internamente constituye una satisfacción y una motivación subyacente. Las mujeres que se hacen terapeutas o pediatras suelen estar expresando algunas inclinaciones de Deméter en su elección profesional. Muchas mujeres voluntarias en los jardines de infancia, escuelas elementales, hospitales y residencias sanitarias, también están poniendo en funcionamiento sus tendencias de Deméter.
Algunas mujeres tipo Deméter se convierten en figuras clave en organizaciones, que reciben su energía maternal. Por regla general, la mujer Deméter en tal situación es personalmente impresionante. Tal vez haya tenido la visión y haya fundado la organización, haya puesto una considerable energía en ella, y haya sido personalmente responsable de su éxito durante los primeros años.
Las mujeres tipo Deméter que se encuentran en posiciones de liderazgo y como “madres fundadoras” quizá busquen consejo por varias razones: la organización puede requerir tanto esfuerzo que la deje virtualmente sin tiempo ni energía para nada más. El anhelo personal de una pareja (si también Hera está presente) y de un hijo propio permanece sin ser satisfecho. Surgen conflictos dentro de ella, y entre ella y las personas a las que supervisa, porque es una persona con autoridad que se ve a sí misma, y es vista por los demás, como una persona enriquecedora. Por ejemplo, le es difícil despedir o enfrentarse a un empleado incompetente, porque siente pena por la persona y culpabilidad por causar dolor. Además, los empleados esperan que ella mire por ellos personalmente (esperanzas que normalmente no suelen tener de los supervisores varones) y quedan resentidos y se enfadan si ella no lo hace.
Relacione con mujeres
Las mujeres Deméter no compiten con otras mujeres por hombres o por logros. Cualquier envidia o celos de otras mujeres estará en relación con los niños. Una mujer Deméter sin hijos se compara a sí misma de manera desfavorable con mujeres de su edad que son madres. Si no puede tener hijos biológicamente, puede que se sienta amargada por la facilidad con la que otras mujeres se quedan embarazadas, especialmente se abortan. Durante la tercera edad, si sus hijas/os mayores viven lejos o están emocionalmente distantes de ella, envidiará a la madre que tiene contacto frecuente con sus hijas/os. En esta fase de la vida, la envidia puede emerger de nuevo a la superficie tras veinticinco años; esta vez, respecto a los nietos.
Las mujeres Deméter tienen sentimientos mezclados sobre el feminismo y el movimiento feminista. Muchas mujeres Deméter se sienten resentidas contra las feministas porque éstas desvalorizan el papel de la maternidad; quieren ser madres a tiempo completo y se sienten ahora presionadas para trabajar fuera del hogar. Por otra parte, las mujeres Deméter apoyan con fuerza muchos temas feministas; por ejemplo, la protección de los niños contra los malos tratos y la existencia de refugios para las mujeres maltratadas.
Habitualmente, las mujeres Deméter tienen sólidas amistades con otras mujeres Deméter. Muchas de estas amistades se remontan al tiempo en el que fueron madres juntas. Muchas confían más en sus amigas que en sus maridos para obtener apoyo emocional o ayuda material. Por ejemplo, una mujer decía: “Cuando yo estaba en el hospital, mi amiga Ruth se hacía cargo de los críos, mientras que Joe, mi marido, se iba a cenar a fuera cada noche… durante dos semanas, ella alimentó a nueve criaturas —sus cuatro y mis cinco— y a tres adultos… Yo hubiera hecho lo mismo por ella”. De una manera que es típica, esta mujer lo dispuso todo para ser ayudada, en lugar de esperar que su marido se hiciese cargo de la casa y de los niños en su ausencia.
Dentro de las familias, las madres e hijas que son mujeres Deméter pueden mantenerse cercanas durante generaciones. Estas familias poseen decididamente un modelo matriarcal. Y las mujeres de la familia saben toso lo que sucede a todo el clan, mucho más que los mismos maridos.
Este modelo madre-hija también puede duplicarse con las compañeras. Una mujer puede adoptar el papel maternal de Deméter con una amiga tipo Perséfone, indecisa y sin experiencia. O, si ambas son tipo Deméter que tienen en común cualidades de Perséfone, tal vez se hagan madres recíprocamente por turno y, en otras ocasiones, pueden ambas ser Deméter, compartiendo detalles de sus vidas y hablando de sus alegrías y dificultades. O pueden volver ambas de nuevo a ser Perséfones juguetonas y risueñas.
Las parejas lesbianas encajan a veces en un modelo Deméter-Perséfone, en el que el bienestar de la mujer Deméter depende de la integridad de una relación con una amante más joven o menos madura. Mientras están juntas, la mujer Deméter se siente productiva y fértil. Su trabajo y su creatividad como consecuencia de estar con una mujer que es como una diosa para ella. Puede que sea posesiva con Perséfone, si teme que puede perderla. Y tal vez acreciente la dependencia y la exclusividad, que con el tiempo daña la relación.
Sin embargo, una mujer Perséfone es una personalidad joven e indiferenciada, todo en ella está indiferenciado y por formar. Es una mujer receptiva y femenina, cuya preferencia sexual puede ser tan maleable como todo el resto en ella. Por ejemplo, aunque esté manteniendo una relación lesbiana, puede verse atraída también hacia un hombre. Si una mujer tipo Perséfone deja a su amante Deméter cuando emerge su heterosexualidad en respuesta a las atenciones de un hombre, la mujer Deméter se siente como si el mismo mito hubiera sido representado de nuevo. Inesperadamente, su Perséfone ha sido “raptada por Hades”, lo cual constituye una pérdida abrumadora.
Relaciones con los hombres
Una mujer Deméter atrae a los hombres que sienten afinidad con mujeres maternales. Es algo característico de una mujer Deméter que no sea ella la que haga la elección. Responde a la necesidad que tienen un hombre de ella y puede incluso que esté con un hombre porque le da pena. Las mujeres tipo Deméter no tienen grandes esperanzas sobre los hombres. Lo más común es que piensen que “los hombres son como niños”.
Un tipo muy común de pareja en el que la mujer es Deméter, encaja con el patrón de la Gran Madre emparejada con su hijo-amante. Esta relación arquetípica madre-hijo no se refiere a una diferencia en años, aunque puede que el hombre sea más joven. Habitualmente, es un hombre sensible y con talento que se siente poco apreciado o incomprendido por los demás, que no valoran su singularidad (como ella la valora) y que no toleran su irresponsabilidad (como hace ella). Más que un hombre, es un niño inmaduro con un sentimiento de singularidad. Ella está de acuerdo con su autoafirmación y continuamente tolera se conducta respecto a ella, que los demás consideran egoísta y desconsiderada.
En opinión de ella, el mundo es cruel con él. Debería hacer excepciones con él, como hace ella. Su falta de consideración suele herirla y enfadarla, pero si en estas ocasiones él le dice cuánto la aprecia, o que ella es la única persona de su vida que realmente se preocupa por él, todo es olvidado de nuevo.
Como la madre de un hijo bien parecido, que se pregunta cómo pudo haber dado a luz a ese dios tan joven, la mujer Deméter que desempeña el papel de Gran Madre respecto a su hijo-amante puede estar sobrecogida ante su apariencia (o talento). Puede que diga, como me dijo una mujer: “Él me parecía como la estatua de David, de Miguel Ángel. Era feliz cuidándole. Le mimé hasta convertirle en un desastre”. Lo decía con orgullo, más que con amargura.
Las cualidades maternales de una mujer Deméter y su dificultad de decir no, la hacen vulnerable a ser utilizada por un “sociópata”, otro tipo de hombre que puede encontrarse con frecuencia en las relaciones de las mujeres Deméter. A primera vista, la relación Deméter-sociópata puede parecerse a la de la Gran Madre con la del hijo-amante —de hecho, existe algún solapamiento—, pero el hijo-amante tiene la capacidad de amar, ser leal o tener remordimientos. El sociópata carece de estas capacidades, lo cual establece una diferencia esencial. El sociópata actúa sobre la presunción de que sus necesidades le justifican para recibir. Es incapaz de intimidad emocional o de sentimientos de aprecio. Su actitud podría simbolizarse con la pregunta: “¿Qué has hecho por mí últimamente?”. Olvida la generosidad o los sacrificios anteriores por parte de la mujer Deméter, así como su propio comportamiento de explotador. Exagera sus necesidades, y es ese estado de necesidad el que suscita la respuesta generosa de Deméter. La relación con un sociópata puede atar la vida emocional de una mujer Deméter durante años y puede empobrecerla económicamente.
Otra pareja típica de una mujer Deméter es el hombre que quiere “una chica exactamente como la se que casó con papá”. Cuando era un pequeño Edipo, tal vez sólo estuvo haciendo honor a aquel periodo de su vida: era el niño pequeño de cuatro o cinco años que quería casarse con su mamá. Ahora es un hombre adulto que busca una mujer maternal que sea una buena madre para él. Quiera que ella sea nutridota, cálida, que sea accesible a sus necesidades y que le cuide: le prepare la comida, compre su ropa y cuide de él, vigile que vaya al médico y al dentista cuando necesita ir, y organice su vida social.
De todos los hombres atraídos por las cualidades de Deméter, el “hombre de familia” es el único maduro y generoso. Este tipo de hombre se halla fuertemente motivado por su deseo de tener una familia, y ve en la mujer Deméter una pareja que comparte el mismo sueño. Además de ser “un buen papá” para sus hijos, es el único que está maduro también para cuidar de ella. Si ella tiene dificultades en saber decir no a personas que podrían aprovecharse de su buena naturaleza de Deméter, puede ayudarla a valerse por sí misma.
El hombre de familia también la ayuda a realizarse a través de la crianza de los hijos. Los otros tres tipos se ven amenazados por la idea de aquéllos y pueden insistir en que ella aborte en caso de quedarse embarazada. Esta insistencia la hará entrar en una crisis respecto a su naturaleza maternal: o bien rechaza al hombre del que hace de madre, o bien rechaza la maternidad. La elección la hace sentir como una madre a la que se le diese a elegir sacrificar a uno de sus dos hijos.
Sexualidad
Cuando Deméter es el arquetipo de diosa que predomina en la personalidad de una mujer, su sexualidad no suele ser muy importante. Deméter no posee normalmente un fuerte impulso sexual. Suele ser una persona cálida, afectiva, femenina, a la que satisfacen tanto los abrazos y caricias como hacer el amor: una mujer “cariñosa”, más que una mujer provocativa. Muchas mujeres Deméter tienen una actitud puritana respecto al sexo. Para ellas, éste sirve para la procreación, no para obtener placer. Algunas lo consideran como parte de lo que una esposa provee dentro del contexto de dar y de nutrir: ella proporciona lo que su marido necesita. Y muchas mujeres Deméter mantienen para sí mismas un secreto lleno de culpabilidad: para ellas, el acto físico más sensual es dar el pecho a sus bebés, y no hacer el amor con sus maridos.
Matrimonio
Para una mujer Deméter, el matrimonio en sí mismo no es una prioridad primordial como para Hera. La mayoría de las mujeres Deméter quieren casarse principalmente para tener hijos. A menos que el arquetipo de Afrodita o de Hera estén activos en ella, la mujer Deméter considera el matrimonio como una simple etapa necesaria, que prepara el camino para los hijos y que constituye la mejor situación para tenerlos.
Hijas/os
Una mujer Deméter siente una necesidad profunda de ser madre biológica. Quiere dar a luz y criar su propia/o. También puede ser una nodriza, madre adoptiva o madrastra, pero si no puede tener un hijo propio, quedará insatisfecho un profundo anhelo suyo y se sentirá estéril. (Por contraste, muchas mujeres Artemisa o Atenea se contentan con heredar una familia ya hecha, casándose con un hombre que ya tiene hijos.
Todas las mujeres Deméter se perciben a sí mismas como buenas madres que siempre tienen presente lo mejor para sus hijos. Sin embargo, desde el punto de vista del impacto que tienen sobre éstos, las mujeres Deméter parecen ser capaces de ser madres estupendas o terribles, pero en todo caso absorbentes.
Cuando sus hijos adultos le manifiestan resentimiento, la mujer Deméter se siente profundamente herida y confusa. No puede entender por qué sus hijos la tratan mal, mientras que otras madres tienen hijos que las aprecian y las quieren. Tampoco puede ver en qué haya podido contribuir a las dificultades de sus hijos. Sólo es consciente de sus intenciones positivas, no de los elementos negativos que envenenaron su relación con ellos.
El que una madre Deméter haya tenido o no un afecto positivo sobre sus hijos y sea considerada por éstos de una manera positiva, depende de que fuera como la diosa Deméter “antes del rapto” o “después del rapto”. Antes del rapto de Perséfone, Deméter confiaba en que todo era perfecto (cuando Perséfone jugaba en el prado) y llevaba a cabo sus propias actividades. Después del rapto, Deméter estaba deprimida y enfadada; abandonó el monte Olimpo y dejó de funcionar.
La fase “antes de” adopta muchas formas en la vida real. Para la mujer que se enfrenta a un “nido vació” cuando su última/o hija/o deja el hogar entonces como si su sentido de la vida hubiera sido “secuestrado”, la fase “antes de” consistía en la vida de familia unida y en cooperación que llevaba durante los últimos veinticinco años. Para la mujer cuya hija le desafía a vivir con un hombre que la madre considera un Hades secuestrador, la fase “antes de” se daba cuando su hija parecía una extensión de sí misma, que compartía los mismos valores y esperanzas de futuro.
Algunas madres Deméter siempre temen que algo malo pueda ocurrir a su hija. Estas madres pueden actuar como si se anticipasen a la posibilidad de “un rapto”, desde el momento en que nace aquélla. En consecuencia, limitan la independencia de la hija y desalientan sus relaciones con los demás. En el núcleo de la ansiedad que les induce a actuar de esta manera se halla la temida pérdida del afecto de la hija.
Las circunstancias también pueden ser responsables de activar el lado negativo de Deméter. Una mujer contaba que, tras el nacimiento de su hija, durante seis años vivió como si se hallara en un estado de gracia. El mundo era un lugar seguro y la maternidad era algo divertido y completamente satisfactorio. Entonces ocurrió un hecho tan perturbador y repentino como Hades emergiendo de una abertura de la tierra. Una tarde la madre dejó a su hija al cuidado de una niñera por horas. La hija fue a la casa de un vecino que abusó sexualmente de ella. A continuación, la niña estaba angustiada y temerosa, tenía pesadillas y manifestaba aprensión hacia los hombres, incluido su padre.
La madre estaba furiosa y dolorida, y se sentí culpable por no haber estado allí para impedir el incidente. Antes había sido generosa, confiada y un poco informal en su estilo de ser madre. Después se sintió culpable y responsable del incidente, insegura de sí misma y padecía la angustia de que algo malo pudiera suceder de nuevo. Se sintió excesivamente controladora y protectora. Desaparecieron su alegría y su espontaneidad, su sentimiento de vivir en un mundo seguro y de confianza en sí misma.
Una madre Deméter puede sentirse culpable de cualquier acontecimiento que tenga un efecto adverso en sus hijas/os. Hasta que tenga una comprensión interna sobre sus esperanzas poco realistas de ser una madre perfecta, espera ser omnisciente y todopoderosa, capaz de prever los acontecimientos y de proteger a sus hijas/os de cualquier dolor.
Con la intención de proteger a sus hijas/os, una mujer Deméter puede volverse excesivamente controladora. Vigila cada movimiento, intercede en su nombre y toma el relevo cuando existe alguna posibilidad de que se hagan daño. Como consecuencias, las/os hijas/os permanecen dependientes de ella para tratar con la gente y enfrentarse a los problemas cotidianos.
A veces, las/os hijas/os de una madre Deméter controladora permanece para siempre cerca Della, con su cordón umbilical psicológico casi intacto. Dominados por su personalidad, siguen siendo los niños o niñas de mamá cuando son ya bastante adultos. Puede que algunas/os de ellas/os no se casen nunca. Cuando lo hacen, suelen mantener vínculos familiares más fueres que los conyugales. Por ejemplo, un hijo de Deméter puede estar siempre a disposición de su madre, para desaliento de su esposa, cuyos deseos siempre quedan en segundo plano. O tal vez una hija de Deméter nunca acceda a ausentarse durante unas largas vacaciones, porque no puede dejar a su madre por tanto tiempo.
En un esfuerzo por llevar sus propias vidas, algunas/os de las/os hijas/os de una madre Deméter supercontroladora pueden romper con ella y marcharse de casa, creando una distancia geográfica y emocional entre ellos. Suelen hacerlo cuando la madre ha intentado inconscientemente hacerles que se sientan obligadas/os, culpables o dependientes.
Otro modo negativo de madre Deméter es la madre que no puede decir que no a sus hijos. Se ve a sí misma como la madre desinteresada, generosa y proveedora, que da sin cesar. Esta madre Deméter quiere que sus hijas/os tengan todo lo que desean desde que son muy pequeños. Si esto es más caro de lo que puede permitirse, hará sacrificios para conseguirlo o se sentirá culpable. Es más, falta a su obligación de establecer límites de conducta. Desde que gatean, consiente en darles todo o que quieran, alimentando así su egoísmo. Como consecuencia, sus hijas/os crecer sintiéndose con derecho a una consideración especial y muy mal preparadas/os para adaptarse. Sus problemas de comportamiento surgen en la escuela; sus conflictos con la autoridad perturban sus empleos. En sus intentos de ser “buena madre” que lo da todo, tal tipo de madre puede convertirse en lo contrario.
En la mediana edad
El periodo de la mitad de la vida es un periodo importante para las mujeres Deméter. Si una no ha tenido un/a hijo/a, está preocupada al darse cuenta de que su reloj biológico está acercándose al límite de la posibilidad de quedarse embarazada. Las mujeres Deméter casadas plantean la cuestión de tener un bebé a esposos reticentes, y visitan a especialistas en fertilidad si tienen problemas de concepción o abortos espontáneos. Puede que consideren la posibilidad de la adopción. Y las mujeres no casadas contemplan la posibilidad de convertirse en madres solteras.
Incluso si una mujer Deméter tiene hijas/os, sus años de la mitad de la vida son igualmente cruciales, aunque puede ser inconsciente de la importancia de organizar el resto de su vida. Sus hijas/os están creciendo, y cada paso que dan hacia la independencia pone a prueba su capacidad para renunciar a la dependencia que tienen de ella. También puede sentir en ese periodo el impulso a tener un/a hijo/a tardío/a. Una mujer vino a verme en medio de la crisis de los años de la mediana edad: sus hijos estaban estudiando y a ella, a los cuarenta años, le había llegado el momento de volver a estudiar si quería trascender el arquetipo de Deméter. Descubrió que tenía miedo de fracasar en obtener una licenciatura, y que tener otra/o hija/o era únicamente la excusa que ella misma se ponía para no aceptar a matricularse. Entonces pudo separar el deseo de tener otro bebé del miedo a fracasar como estudiante y pudo concentrarse en explorar esta inquietud. Cuando la aclaró, acudió a una facultad, estudió un tema que le gustaba y ahora es una buena profesora.
La fundadora de una organización, en la mitad de su vida, puede enfrentarse a una crisis cuando aquélla se hace suficientemente grande para que otros codicien su posición y poder. A menos que también tenga la mente de estratega de Atenea y que sepa actuar de manera política, ejecutivos ambiciosos pueden “secuestrar” la organización que ella dio a luz y gestionó durante la primera etapa. Ésta pérdida la sumergirá para convertirse en una Remeter colérica y atormentada.
Incluso si no se producen luchas de poder, o si supera esta crisis, se le plantean en esos momentos problemas personales, lo mismo que a todas la mujeres Deméter que han puesto su energía maternal en su trabajo.
En la tercera edad
Durante los últimos años de su vida, las mujeres Deméter suelen entrar en una de estas dos categorías: muchas encuentran muy gratificante esta fase de su vida. Son mujeres activas, ocupadas —como lo estuvieron siempre— que han aprendido de la vida y que son apreciadas por los demás por su sabiduría práctica y por su generosidad. Son mujeres Deméter que han aprendido a actuar de modo que las personas no se aten a ellas o se aprovechen. Por el contrario, tales mujeres han fortalecido su independencia y el mutuo respeto. Los hijos, nietos, clientes, estudiantes o pacientes, que abarcan varias generaciones, pueden quererlas y respetarlas. Son como la diosa Deméter al final de su mito, cuando concedió a la humanidad sus dones y era extraordinariamente venerada.
El destino opuesto le sobreviene a una mujer Deméter que se considera a sí misma víctima. La fuente de infelicidad procede habitualmente de las decepciones y de las esperanzas frustradas de los años de la mitad de la vida. En la tercera edad, identificada con la Deméter atormentada, traicionada y colérica que se sentó en su templo sin permitir que creciera nada, no hace nada con sus últimos años de vida, excepto envejecer y amargarse cada vez más.
Dificultades psicológicas
La diosa Deméter era una presencia primordial. Cuando dejaba de funcionar, la vida dejaba de desarrollarse y todos los dioses de Olimpo bajaban en tropel a que restaurase la fertilidad. Como no pudo impedir el rapto de Perséfone o forzar su retorno inmediato, fue una víctima, sus ruegos fueron ignorados y padeció una depresión. Las dificultades a las que se enfrentan las mujeres Deméter tienen temas similares: ser elegidas como víctimas, poder y control, expresión de cólera y depresión.
La identificación con Deméter
Una mujer que se identifica con Deméter actúa como una diosa abundante y maternal, con una capacidad ilimitada de proveer. No puede decir no cuando alguien requiere de su atención o su ayuda. Este rasgo de Deméter hace que una mujer permanezca al teléfono con un amigo deprimido más tiempo del que ella desearía, o que acepte ser la madre hogareña cuando no le gusta, o que renuncie a su tarde libre para ayudar a alguien, en lugar de reservarse tiempo para sí misma. También está presente Deméter en la terapeuta que concede a su cliente angustiado una hora extra, que era su único tiempo de descanso en el cargado horario cotidiano, cuyo final de jornada es invariablemente interrumpido por largas llamadas telefónicas y cuyos honorarios descendentes siempre se hallan en la parte más baja de las escala salarial. Al final, este instinto de nutrir puede agotar a una mujer que se encuentra en una profesión asistencial y puede llevarla a “quemarse” y a que manifiesten síntomas de fatiga y apatía.
Cuando una mujer instintivamente dice que sí a cualquiera que necesite algo de ella, se encuentra rápidamente demasiado comprometida. Ella no es una fuente natural e ilimitada, aunque otras personas y su Deméter interna esperen de ella lo que sea. Una mujer Deméter debe hacer frente a la diosa una y otra vez, si es que quiere tomar a cargo su propia vida. En lugar de un instintivo “sí” que es la respuesta de Deméter, debe ser capaz de escoger cuándo, cómo y a quién dar. Para esto, debe aprender a decir que no, tanto a la persona que necesita algo de ella como a la diosa dentro de ella.
El instinto maternal
Si este arquetipo tiene vía libre, una mujer Deméter tal vez tampoco sea capaz de decir que no a quedarse embarazada. Por el hecho de que la maternidad es un imperativo interno para ella, quizá choque inconscientemente con el arquetipo de Deméter, “olvide” cuándo es fértil, o “se descuide” en el control de la posibilidad de quedarse embarazada. Así pues, puede que se quede embarazada cuando las circunstancias no sean las ideales.
Una mujer Deméter debe ser capaz de escoger cuándo y con quién quiere tener un bebé. Tiene que reconocer que su Deméter interna no se interesa por las realidades de su vida ni se preocupa del momento adecuado. Si quiere que el embarazo se produzca cuando para ella es su momento, debe resistirse a Deméter y controlar las posibilidades de quedarse embarazada.
El cansancio, los dolores de cabeza y menstruales, los síntomas de úlcera, la subida de la presión sanguínea y los dolores de espalda son corrientes en las mujeres Deméter a las que es difícil decir que no, o expresar su enfado cuando tienen excesivo trabajo y están sobrecargadas con demasiadas responsabilidades o demasiados hijas/os. El mensaje que estos síntomas le dan de manera indirecta es: “¡Estoy rendida, me encuentro bajo demasiada presión y tengo dolores; no me pidáis hacer más!”. También constituyen expresiones de una pequeña depresión crónica, que aparece cuando una mujer no puede protestar eficazmente, reprime su enfado y está resentida contra una situación producida por el proceder de Deméter.
El esfuerzo de la dependencia
La capacidad superabundante de una mujer Deméter para hacer de madre se ve viciada por su necesidad de que su hija/o le necesite por su ansiedad cuando está “fuera de su vista”. Reforzará de dependencia y mantendrá al pequeño/a “cosido/a a sus faldas”. Puede también que lo haga en otras relaciones. Por ejemplo, hace de madre del “niño dependiente”, cuando hace de madre de su “pobrecito” amante y cuida al “niño angustiado” en su amigo.
Con sus intentos por ser indispensable (“mamá sabe cómo hacerlo”), o de controlarlo todo (“déjame hacerlo por ti”), una mujer así hace que los demás se comporten como niños. Esta tendencia refuerza los sentimientos de inseguridad e inadecuación en otra persona. En la cocina, por ejemplo, puede animar a su hija adolescente a que aprenda a cocinar. Pero la supervisa de cerca y después, al final, siempre añade los últimos toques. A cualquier cosa que haga su hija, la madre le da el mensaje de “no lo has hecho lo suficientemente bien” y de “me necesitas para hacerlo correctamente”. En una situación laboral ocurre lo mismo. Ella es la supervisora, editora o mentora que “sabe mejor que nadie” cómo debe hacerse el trabajo, poniéndose tal vez a hacerlo ella misma, lo cual ahoga la originalidad y la autoconfianza en su “niña/o” y aumenta su propia carga de trabajo.
Si las personas de su vida la necesitan, la obsesiva mujer Deméter se siente segura. Si aquéllas aumentan su independencia y su competencia, ella puede sentirse amenazada. Para seguir recibiendo favores y para ser receptor/a de su cariño y preocupación, suele ser necesario permanecer en un rol de dependencia.
El que una mujer Deméter refuerce la dependencia o, por el contrario, cree una sensación de seguridad en la que la otra persona pueda desarrollarse y prosperar, depende de que ella misma tenga una sensación de abundancia o de escasez. Si tiene miedo de perder a la otra persona o de que su “niña/o” no sea “suficientemente buena/o”, puede volverse posesiva, controladora y constrictiva. Esta inseguridad la convierte en una madre asfixiante o que está siempre vigilando.
Una joven madre que conocí en mi práctica de analista se dio cuenta, siendo su hija todavía un bebé, de que ella era el tipo de madre que muy difícilmente permitiría crecer a hija. La primera batalla se presentó cuando llegó el momento de empezar con alimentos para bebés. Ella le había dado el pecho y había disfrutado la exclusividad de la relación y de la dependencia de su bebé. Cuando llegó el momento de introducir alimentos sólidos, su marido pensaba con ilusión en alimentar a su hija con cuchara, lo que habría sido un nuevo paso fundamental en la formación del vínculo padre-hija. Afortunadamente, la madre altruista en ella sabía que había llegado el momento de empezar con los alimentos sólidos y de compartir más a la niña con su marido, a pesar d que la madre posesiva que había en ella quería resistir alargando el tiempo todo lo que fuera posible. Su deseo de hacer lo mejor para la niña fue el que ganó. Pero, aún así, se sintió transitoriamente como una Deméter en duelo, apenándose por la pérdida.
Las posesivas mujeres Deméter evolucionan cuando abandonan su necesidad de mantener dependientes a los demás y cosidos a sus faldas. Al hacerlo, la dependencia recíproca puede convertirse en mutuo amor y aprecio.
Conducta agresiva-pasiva
Una mujer Deméter que es incapaz de decir no, conseguirá verse sobrecargada. Entonces puede llegar a estar agotada o apática, resentida o enfadada. Si se siente explotada, es típico que no lo exprese directamente, mostrando la misma falta de seguridad a su favor que si hubiera dicho que sí, cuando debería haber dicho no. En lugar de expresar su enfado o de insistir en que algo cambie, una mujer tipo Deméter probablemente descartará sus sentimientos como poco generosos y trabajará más duramente para conseguir que todo quede hecho.
Cuando intenta suprimir sus verdaderos sentimientos y éstos llegan a saberse de alguna manera, empieza a manifestar una conducta agresiva-pasiva. Entonces olvida “salirse un poco de sus hábitos” y no compra el producto que le pidió que le comprase la vecina de al lado, no cumple los plazos a los que se comprometió o llaga tarde a una reunión importante. De esta manera abandona las obligaciones que se suponía que cumpliese, expresa inconscientemente su hostilidad con una conducta nada complaciente y afirma su independencia. Sería mucho mejor su fuera capaz de decidir que no al principio, porque la conducta agresiva-pasiva le hace parecer incompetente y sentirse culpable.
La intencionalidad hace que la misma acción sea significativamente diferente. Negarse directamente a hacer lo que alguien espera de ti, y decir por qué, constituye un mensaje claro; una acción agresiva-pasiva es un mensaje confuso codificado en un acto hostil. Si la otra persona se preocupa de tus necesidades, una explicación clara es suficiente. Respaldar dicha explicación con una acción suele ser necesario cunado la otra persona es una explotadora y espera salirse con la suya a tus expensas. Zeus no prestó atención a Deméter hasta que ésta “se puso en huelga”.
Hasta que Deméter se negó a seguir funcionando como diosa de las cosechas, Zeus no prestó atención a su sufrimiento. Cuando su negativa a dejar que algo creciera amenazó a la tierra con la hambruna, se preocupó, ya que peligraba la existencia de los mortales para honrar a los dioses, si ella persistía en su actitud. Sólo entonces le hizo caso, y envió a Hermes a traer a Perséfone de vuelta del mundo subterráneo. Una vez que una mujer Deméter se hace consciente de sus necesidades (que ella misma suprime), y de su irritación porque dichas necesidades son descartadas por los demás, puede considerar seguir el ejemplo de Deméter. Por ejemplo, una empleada mal pagada y con exceso de trabajo puede exponer su caso con vistas a obtener un aumento de sueldo y una ayuda adiciona, y no se escuchada hasta que deja claro a su jefe que no está dispuesta a continuar lo mismo que antes.
Depresión: el nido vacío y el sentimiento de vacuidad
Cuando una mujer Deméter pierde una relación en la que ha sido la figura materna, no sólo pierde esa relación y echa en falta a la persona, sino que también pierde su papel de madre, que le había dado una sensación de poder, de importancia y de sentido a su vida.
La expresión “depresión del nido vacío” describe la reacción de las mujeres que han dedicado sus vidas a sus hijas/os, sólo para verles partir después. Las mujeres Deméter que han tenido una relación amorosa que se termina pueden reaccionar también de esta manera, al igual que las que han “hecho de madres” de un proyecto durante años, sólo para verlo fracasar o ser tomado por otras personas con el tiempo. Este tipo de dificultades de organización la dejan con el sentimiento de esterilidad y de haber sido “estafadas”.
Cuando el arquetipo se encuentra en el máximo de su intensidad, una mujer Deméter deprimida se vuelve incapaz de funcionar y necesita una hospitalización psiquiátrica. Puede convertirse en una personificación de la diosa atormentada que busca infructuosamente a Perséfone por toda la superficie de la tierra. Lo mismo que Deméter, tal vez no coma, duerma ni se lave. Tal vez deambule de acá para allá, moviéndose sin descanso todo el tiempo, retorciéndose las manos, atormentada y sumida en una profunda y convulsa depresión. O, tal vez, se quede sentada inmóvil —como Deméter en Eleusis—, abstraída y sin dar signos de respuesta. Todo le parece desolador y estéril: el mundo está desprovisto de sentido. No siente la cualidad verde de crecimiento en su árida vida. Esta reacción constituye una grave depresión apática. En ambas reacciones, convulsiva o apática, la hostilidad se encuentra subyacente en su depresión: está enojada porque se la ha quitado una causa que daba sentido a su vida.
Cuando una Deméter que se atormenta es hospitalizada, por supuesto que necesita ayuda profesional. Pero si hubiera sabido que era tan susceptible a una depresión del “nido vacío”, y si hubiera tomado cuatro medidas mentales preventivas, su reacción hubiera sido mucho menos grave. Aprender cómo expresa la cólera, en lugar de reprimirla, reduce la depresión. Aprender a decir que no, ayuda a evitar quedar psicológicamente estéril y deprimida por haber estado demasiado en todo y sentirse no apreciada y martirizada. Aprender a “desapegarse y dejar crecer”, le ahorra el dolor agudo de tener hijas/os (o personas a las que supervisa, personal bajo su responsabilidad o clientes) resentidas/os con ella y con necesidad de romper y apartarse. Desarrollar otras diosas dentro de sí proporciona intereses suplementarios, más allá de hacer de madre.
Maneras de desarrollarse
A las mujeres tipo Deméter les es fácil reconocer el modelo maternal que encarnan, incluida la dificultad de decir que no. Sin embargo, con demasiada frecuencia llegan a un punto ciego en el momento de considerar sus sentimientos y comportamientos negativos hacia los demás. Como estos sentimientos y estas acciones son lo que más necesitan ser cambiados, el desarrollo de una mujer Deméter se ve impedido hasta que es capaz de ver todo el cuadro. Las mujeres Deméter tienen buenas intenciones, que, unidas a la necesidad de verse a sí mismas como buenas madres, bloquean su receptividad a este tipo de instrospección. Estas mujeres suelen estar excesivamente a la defensiva. Contrarrestan las críticas con afirmaciones acerca de sus buenas intenciones (“yo sólo quería ayudar”), o con una lista de muchas acciones positivas y generosas, que, de hecho, llevan a cabo.
De la misma manera que la mujer Deméter tiene dificultades para decir que no, porque se identifica con la buena madre que siempre da, también se resiste a reconocer su irritación contra las personas a las que ama. Por las mismas razones niega la posibilidad de estar adoptando una conducta agresiva-pasiva y de ser supercontroladora o de reforzar la dependencia. Sin embargo, sí sabe que está decepcionada por no ser apreciada, y es capaz de admitir que se siente deprimida. Si está dispuesta a explorar estas pistas, puede permitir que se vuelva consciente el conocimiento de sus rasgos negativos de Deméter. Reconocerlos constituye el mayor obstáculo. Cambiar su conducta es la tarea más sencilla.
Convertirse en su propia buena madre
Una mujer Deméter necesita “utilizar” a Deméter en su propio beneficio en vez de responder a los demás como si ella misma fuera Deméter. Cuando se le pide tomar otra responsabilidad, tiene que aprender a centrar en sí misma la preocupación por cuidar que con tanta facilidad siente por los demás. Puede preguntarse a sí misma: “¿Es eso algo que realmente quiero hacer?”, y “¿tengo suficiente tiempo y energía?”. Cuando no ha sido bien tratada, ha de recobrar la seguridad de merecer mejor tratamiento y animarse a sí misma a hacerlo saber.
Trascender a Deméter
A menos que una mujer Deméter haga conscientemente sitio en su vida para otras relaciones distintas a las “relaciones Deméter”, puede quedarse encerrada en un único modelo, siendo “sólo Deméter”. Si es una mujer casada con hijos, ¿hará el esfuerzo de salir con su marido sin sus hijos? ¿Se reservará algo de tiempo para una actividad en solitario, como correr, meditar, pintar o tocar un instrumento musical? O, si es una Deméter típica, ¿nunca va a encontrar tiempo para ello? Si es una mujer profesional tipo Deméter, toda su energía podría ir al trabajo. Tal vez dirija un jardín de infancia o un programa profesional y dedique todo su tiempo y energía a ello, llegando a casa totalmente agotada al final de cada día. Una profesional tipo Deméter tiene que resistirse a ser totalmente “sólo Deméter” lo mismo que una mujer Deméter con cinco hijos. Si no transciende a Deméter, aumenta la posibilidad de una depresión tipo “nido vacío”, cuando ya ni la necesiten y descubra que, al final, no es indispensable.
Recuperarse de la depresión
Una mujer Deméter que se convierte en una Deméter atormentada y deprimida ha sufrido una pérdida significativa. Ésta puede consistir en algo de un gran valor emocional para ella, un rol, un trabajo, un ideal: cualquier cosa que diese sentido a su vida y ahora ya no lo tenga. Al igual que ocurre con cada una de las mitologías de los dioses, también es posible para una mujer quedarse “estancada” en cualquier fase o avanzar a través de un modelo de mito y evolucionar. Puede que algunas mujeres Deméter deprimidas nunca se recuperen y que su existencia quede vacía, amargada y estéril.
Pero la recuperación y el crecimiento personal son posibles. El mismo mito presenta dos soluciones. En primer lugar, tras conocer que Perséfone había sido raptada, Deméter abandonó el monte Olimpo para errar por toda la tierra. En Eleusis, la diosa atormentada y deprimida fue recibida en un hogar, en el que se convirtió en la nodriza de Demofoonte. Le alimentó con néctar y ambrosía, y le habría convertido en un ser inmortal si no hubiera intervenido su madre Metanira. Así pues, se enfrentó a su pérdida mediante el amor y el cuidado de otra persona. Para una mujer Deméter atormentada, arriesgarse a tener otra relación es una vía de recuperación y una manera de volver a funcionar.
En segundo lugar, reunirse de nuevo con Perséfone llevó a Deméter a recuperarse. La madre atormentada se reunió con su hija eternamente doncella y dejó de estar deprimida, funcionó de nuevo como diosa de los cereales y de los frutos y restauró la fertilidad y el crecimiento sobre la tierra.
Metafóricamente, esto es lo que termina con una depresión: el retorno del arquetipo de la juventud. El Cómo ocurre es con frecuencia algo misterioso. Suele suceder al llanto y a la cólera. Pasa el tiempo. Después, se agita un brote de sentimiento. Tal vez la mujer nota lo bello que es un cielo azul, o es conmovida por la compasión de alguien. O le entra la urgencia de completar una tarea durante mucho tiempo abandonada. Desde el punto de vista emocional, éstos son pequeños signos de primavera. Poco después de los primeros signos del retorno de la vida, la mujer es de nuevo ella misma, llena una vez más de vitalidad y generosidad; se ha reunido con esa parte de sí misma que estaba ausente.
Pero es posible algo más que la simple recuperación. La mujer Deméter puede también emerger de un periodo de sufrimiento con una mayor sabiduría y comprensión espiritual. Como experiencia interna, el mito de Deméter y de Perséfone habla de una capacidad de desarrollarse a través del sufrimiento. Una mujer Deméter puede aceptar después, como la misma Deméter, la existencia de cambios humanos estacionales. Puede adquirir una sabiduría de la tierra que refleja la naturaleza. Una mujer así aprende que le es posible vivir superando cualquier hecho que le suceda, y sabiendo que, exactamente lo mismo que la primavera sigue al invierno, la experiencia humana cambiante sigue ciertos modelos.