Teste no es Valery
Monsieur Teste querría explorar la isla desierta que habito desde mi nacimiento y de la que no puedo salir.
A veces llega hasta el borde y vaga por allí y trata de vencer el sueño mortal que vuelcan los primeros árboles. Es el momento, después de la cena, en que Madame Teste lo ve alejarse sentado, sin dejar en el sillón más que una gran masa vacía que fuma.
Si yo me aventurara, podría, yo, hombre del medio, divisarlo de lejos, apoyado contra un árbol semejante a su columna de Ópera. Pero abandonar el medio de la isla me atemoriza, y luego, ¿para qué? Su orgullo no se rebajaría jamás a interrogar a los indígenas. Por otra parte, yo hablo otro lenguaje. Además, conozco mal esta isla. Estoy acostumbrado a ella. La sufro. Me sería necesario el nexo de un turista, de un Teste y un Teste no penetra allí.
(Octubre 1929).