¿Y qué estabas haciendo cuando yo os sorprendí, aplicándole la respiración artificial?

La estaba besando, pero lo hice porque...

¡No sólo la estabas besando, sino que además le acariciabas los pechos!

Ella me obligó.

¿Que te obligó?

Dorothy sospecha que he dejado de verla porque tú me gustas mucho más. Me siguió, para poder hablar a solas conmigo, y trató de recuperarme. Se subió el jersey, dejó visibles sus pechos desnudos, me cogió las manos y las puso sobre ellos, me besó, me mordisqueó los labios, me excitó con su lengua... Yo no quería besarla y acariciarla, pero no pude resistirlo más tiempo y acabé complaciéndola. Justo en ese momento, apa- reciste tú y toda mi excitación se esfumó al instante.

Dejé a Dorothy, a pesar de que ella no quería, y vine a explicártelo todo.

Has perdido el tiempo, Alan.

¿Por qué?

Tus explicaciones no me han convencido.

¿Crees que miento?

Sí.

Te quiero, Carrol.

Lo único que quieres, es acostarte conmigo.

También, pero no es lo único, sino consecuencia de lo otro. El deseo no tiene por qué ir ligado al amor, pero siempre que hay amor, hay también deseo. Esa es la diferencia, Carrol. La importante diferencia.

Hablas muy bien, pero sigues sin convencerme.

¿Qué puedo hacer para que me creas?

Me temo que nada. Alan Dexter suspiró.

Está bien, no insistiré dijo, soltándole los brazos y apartándose de ella. Carrol Tracy continuó echada en la cama.

Vestía un jersey blanco, con franjas rojas, y un pantalón de pana, negro. A causa del forcejeo, el jersey se le había ido para arriba, dejándole al descubierto parte del estómago.

Alan, que vestía un jersey amarillo y un pantalón de lana, marrón, posó su mirada en el terso y suave estómago de la muchacha.

¿Sabes que tienes un ombliguito delicioso, Carrol?

Ella emitió un gruñido y se estiró el jersey con brusquedad, levantándose seguidamente de la cama.

Lárgate, Alan ordenó.

Si, ya me voy.

Regresa con Dorothy.

No, no voy a volver con ella, por el momento. Pero puede que lo haga dentro de poco, si tú continúas siendo tan injusta conmigo.

¿Injusta?

Sí, no está bien que me trates así, sabiendo que te quiero. Me has llamado de todo, me has llenado la cabeza de chichones con el cepillo del pelo, me has pateado las espinillas...