PSICOCIRUGÍA
La psicocirugía, intervenciones quirúrgicas en el cerebro para modificar estados psíquicos, ha disminuido sus indicaciones desde el advenimiento de los psicofármacos (en los años cincuenta), pero tuvo gran predicamento desde su iniciación por los portugueses Egas Moniz (que recibió el Premio Nobel) y Almeida Lima en 1936.
En aquellos años, sin ningún tratamiento eficaz (el electrochoque se descubrió casi simultáneamente y no resolvía todos los casos), los enfermos mentales crónicamente agitados constituían en sus raptos de furia y violencia un gravísimo problema.
Observaciones clínicas en traumatizados craneales accidentales y las que se hicieron experimentalmente en monos mostraron que las lesiones de los lóbulos frontales disminuían drásticamente las conductas violentas sin afectar a la inteligencia. Las primeras intervenciones de psicocirugía, denominadas lobectomías o leucotomías, producían cortes en la sustancia blanca de los lóbulos frontales, y se utilizaron preferentemente en esquizofrénicos con agitación incoercible y en otros enfermos violentos.
Aunque se comprobó que, en efecto, no había una disminución de la inteligencia, los enfermos mostraron modificaciones no deseadas de la personalidad: indiferencia, desconsideración, desinhibición, etcétera.
A la vez se llegó a la conclusión de que el efecto principal no era la desaparición de los síntomas, que en realidad continuaban (por ejemplo, un paranoico con delirio de celos seguía creyendo en la realidad de sus sospechas), sino en la menor resonancia sentimental y en el menor sufrimiento (al paciente le «importaban menos» sus ideas).
Se investigó en dos direcciones:
A) Nuevas intervenciones quirúrgicas menos traumatizantes, que con el mismo efecto terapéutico no tuviesen las consecuencias indeseables mencionadas.
B) Nuevas indicaciones distintas de la agitación, en esencia formas de sufrimiento crónico incurable, que pudiesen aliviarse con «la indiferencia del enfermo a sus síntomas».
Con el desarrollo de las nuevas técnicas quirúrgicas sofisticadas: lesiones mínimas subcorticales, topectomías, cirugía estereotáctica, cingulectomías anteriores, intervención en puntos aislados del sistema límbico, etc., aparecieron en los mismos años los tratamientos farmacológicos que hicieron innecesarias las intervenciones quirúrgicas en las esquizofrenias con agitación y en las fases maníacas cronificadas.
Dejaron, por tanto, de realizarse cuando se habían perfeccionado, pues un tratamiento farmacológico de resultados desafortunados puede interrumpirse y el paciente vuelve a su situación anterior, pero la lesión quirúrgica es irreversible.
La psicocirugía se establece como tal ciencia sólo a partir de los años treinta; sin embargo, los intentos de curar enfermedades psíquicas mediante la intervención quirúrgica son casi tan viejos como la humanidad, como se deduce de esta versión de «La piedra de la locura» del pintor J. S. van Hemesen.
Hoy día la psicocirugía no constituye un tratamiento específico indicado para determinada enfermedad; se usa como tratamiento sintomático para disminuir el sufrimiento o el peligro en tres tipos de pacientes:
A) En esquizofrenias paranoides irreductibles por los psicofármacos y con alto nivel de riesgo o ansiedad. En esquizofrénicos con delirios somáticos de tipo hipocondríaco, crónicos y muy intensa ansiedad.
B) En algunas depresiones cronificadas en los ancianos, con máximo nivel de angustia.
C) En casos de neurosis obsesivo-compulsiva, con síntomas tan intensos y persistentes que les impiden hacer vida normal y les invalidan laboralmente. En estos obsesivos el alivio del sufrimiento es tan claro que aunque persistan los síntomas obsesivo-compulsivos están descargados de ansiedad, y el paciente puede reanudar una vida que ya no es un tormento permanente y sin esperanza. Es la principal indicación actual de la psicocirugía.