Capítulo 16
La comprensión relativa del tiempo

Tras una breve pausa Belcebú reanudó su relato de esta forma:

Antes de seguir contándote todo lo referente a estos seres tricerebrados que tanto han cautivado tu fantasía y que habitan el lejano planeta Tierra, es a mi juicio absolutamente necesario, para una clara representación de lo extraño de su psiquismo y, en general, para una mejor comprensión de todo lo relativo a este peculiar planeta, poseer ante todo, una noción exacta de su cálculo del tiempo y que sepas cómo la sensación eseral de lo que se llama el «proceso del fluir del tiempo» ha cambiado gradualmente en la presencia de los seres tricerebrados de aquel planeta, para convertirse en lo que es actualmente.

Es necesario que comprendas esto claramente, pues solo así tendrás la posibilidad de representarte ajustadamente y de comprender los sucesos del planeta Tierra que ya te he mencionado y los que habré de narrarte a continuación.

Antes que nada es necesario que sepas que para definir el tiempo, los seres tricerebrados de aquel planeta toman el «año» como unidad básica de medida cronológica, exactamente de la misma forma en que lo hacemos nosotros y, también al igual que nosotros, definen la duración de este «año» por el tiempo requerido por cierto movimiento de su planeta en relación con otra concentración cósmica definida; es decir, que ellos consideran el período durante el cual su planeta, en su trayectoria —esto es, en el proceso de «Caída» y «Recuperación»— describe lo que se conoce con el nombre de una «revolución Krentonalniana» en torno a su sol.

Esto es semejante al cómputo cronológico que llevamos en nuestro planeta Karataz; pues como sabes, en este planeta un «año» equivale al tiempo comprendido entre las dos mayores aproximaciones que tienen lugar entre los soles «Samos» y «Selos» durante el curso de sus trayectorias. Los terráqueos llaman «siglo» al conjunto de cien «años» terráqueos. Este año terráqueo se halla dividido en doce partes, recibiendo cada una el nombre de «mes».

La duración de este «mes terráqueo» es definida de acuerdo con el tiempo empleado por el fragmento de mayor tamaño —desprendido del planeta en épocas antiguas y conocido actualmente con el nombre de «luna»— en recorrer, obedeciendo a las mismas leyes cósmicas de la «Caída» y de la «Recuperación», una «revolución Krentonalniana» completa en torno al planeta madre.

Debo hacerte notar que las doce «revoluciones Krentonalnianas» de la referida luna no corresponden exactamente a una «revolución Krentonalniana» del planeta madre alrededor de su sol, por lo cual, han debido hacer ciertos ajustes en el cálculo de estos meses a fin de que su suma total coincidiera aproximadamente con la realidad.

Además, estos meses se hallan divididos en treinta partes conocidas con el nombre de «días». Cada uno de estos «días» coincide con el tiempo empleado por el planeta para efectuar una «rotación completa» sobre sí mismo, en conformidad con las referidas leyes cósmicas.

Te diré, de paso, que siempre habrás de tener presente que también le llaman «día» al momento en que la atmósfera de su planeta —tal como sucede generalmente en todos los demás planetas en que, como ya te he dicho antes, se materializa el proceso cósmico de «Ilnosoparno»— tiene lugar el proceso «trogoautoegocrático» que nosotros llamamos «kshtatsavajt»; a este fenómeno cósmico también lo suelen llamar «es de día».

En cuanto al otro proceso, es decir, el proceso inverso, que nosotros llamamos «Kldatsajti», recibe el nombre de «noche»; y dicen entonces: «es de noche».

De modo pues que estos seres tricerebrados que habitan el planeta Tierra, denominan al mayor período del flujo cronológico «siglo» y este «siglo» consta de cien «años».

Un año tiene doce «meses». Un «mes» tiene, de término medio, treinta «días». Cada «día» se halla dividido en veinticuatro «horas», y cada «hora» en sesenta «minutos». La comprensión relativa del tiempo. Un «minuto» se halla dividido a su vez en sesenta «segundos».

Pero como en general, querido nieto, no estás familiarizado con la excepcional peculiaridad de este fenómeno cósmico —me refiero al Tiempo— tendré que explicarte primero la formulación que la auténtica Ciencia Objetiva ha hecho del mismo:

El Tiempo como tal no existe; no es más que un conjunto de resultados provenientes de todos los fenómenos cósmicos presentes en un lugar dado.

Al Tiempo, como tal, ningún ser puede comprenderlo ya sea por medio de la razón, ni sentirlo por medio de una función eseral interna o externa, sea cual fuere. Ni siquiera puede ser percibido por el instinto, presente en toda formación cósmica más o menos independiente, sea cual fuere el grado de ese instinto.

Solo es posible evaluar el Tiempo si se comparan los fenómenos cósmicos reales que se desarrollan en el mismo lugar y en las mismas condiciones en que el Tiempo ha sido tomado como objeto de consideración.

Es necesario notar que en nuestro Gran Universo todos los fenómenos en general, sin excepción, dondequiera que surjan o se manifiesten, no son sino «Fragmentaciones» sucesivas conformes a las leyes de un fenómeno total que tiene su origen primero en el «Sagrado Sol Absoluto».

Y, en consecuencia, todos los fenómenos cósmicos, dondequiera que se produzcan, tienen un significado «objetivo».

Y esas sucesivas «Fragmentaciones» conformes a las leyes, se materializan en todos sus aspectos incluso en el sentido de su involución y evolución, según la ley cósmica fundamental sagrada de «Heptaparaparshinoj».

Solo el Tiempo carece de sentido objetivo debido a que no es el resultado de la Fragmentación de ningún fenómeno cósmico determinado. Y si no procede de cosa alguna, pero identificándose siempre con todo y permaneciendo soberanamente independiente; es solo él, en todo nuestro vasto Universo, quien puede merecer la denominación de «Fenómeno Idealmente Único y Subjetivo».

De modo pues, querido niño, que únicamente el Tiempo o, como se lo llama a veces, el «Heropás», es el único fenómeno cuya aparición no depende de ninguna fuente; a la imagen del «Amor Divino», fluye perpetuamente de sí mismo, como ya te dije, con independencia de sí mismo, identificándose proporcionalmente con todos los fenómenos presentes en el lugar dado y en las condiciones dadas de nuestro Gran Universo.

Una vez más vuelvo a decirte que solo podrás entender cabalmente lo que antes te he narrado acerca de los terráqueos, cuando te explique —tal como te prometí hacerlo— más adelante, todo lo relativo a las leyes fundamentales de la creación y el mantenimiento del Mundo.

Mientras tanto, recuerda también esto: que puesto que el Tiempo no tiene origen y no se puede, a diferencia de todos los demás fenómenos cósmicos de todas las esferas cósmicas, establecer su presencia exacta, la ya mencionada Ciencia Objetiva posee, en consecuencia, para el estudio del Tiempo, una unidad uniforme, semejante a la usada para la definición exacta de la densidad y calidad de las vibraciones de todas las sustancias cósmicas generalmente presentes en todo lugar y en todas las esferas de nuestro Gran Universo.

Y para la evaluación del Tiempo la unidad básica escogida desde antiguo es el instante de lo que se llama la «sensación Egokulnatsnarniana sagrada» que siempre se da en los más Sagrados Individuums Cósmicos que habitan el Sagrado «Sol Absoluto», cada vez que la visión de nuestra ETERNIDAD UNIEXISTENTE se dirige hacia el espacio tocando directamente sus presencias.

La Ciencia Objetiva ha establecido esta unidad patrón para hacer posible la definición y comparación exactas de las diferencias existentes entre las gradaciones de los procesos de las sensaciones subjetivas de los Individuums Conscientes, así como de lo que conocemos con el nombre de «diversidad de ritmos» en los distintos fenómenos cósmicos objetivos que se manifiestan en diversas esferas de nuestro Gran Universo y que se materializan en todos los orígenes de los procesos cósmicos, grandes y pequeños por igual.

La característica principal del proceso del fluir del tiempo consiste en que éste es percibido en la misma forma y en la misma secuencia por la presencia de todas las formaciones cósmicas de diferentes escalas.

A fin de que puedas por ahora representarte, al menos aproximadamente, lo que acabo de decirte, tomemos como ejemplo el proceso del fluir del Tiempo que se da en una de las gotas de agua de esa jarra que está sobre la mesa.

Cada gota de agua de esa jarra constituye por sí misma un mundo independiente y completo, un «Microcosmos».

En ese pequeño mundo, al igual que en otros cosmos, también nacen y existen «individuums» o seres infinitesimales, relativamente independientes.

También para los seres de ese infinitamente pequeño mundo, el Tiempo transcurre en el mismo orden en que fluye el Tiempo percibido por todos los individuos de todos los cosmos. Estos seres infinitesimales poseen también, al igual que los seres que habitan otros cosmos correspondientes a otras «escalas», una experiencia de la duración definida de todas sus percepciones y manifestaciones y también como ellos, captan el fluir del Tiempo por la comparación entre las diversas duraciones de los fenómenos que entre ellos tienen lugar.

Exactamente igual que los seres de otros cosmos, ellos nacen, crecen, se unen y se separan para obtener lo que se conoce con el nombre de «resultado sexual» y también se enferman y sufren y, por fin, al igual que todas las cosas que existen donde la Razón Objetiva no ha sido fijada, son destruidos por siempre jamás.

Para ellos el Tiempo tiene una duración definida y proporcionada al proceso completo de la existencia de estos seres infinitesimales que habitan en ese mundo diminuto, y su idea del Tiempo es puesta de manifiesto por los fenómenos circundantes dentro de esa «escala cósmica» dada.

También ellos necesitan un tiempo de duración definida para los procesos de su nacimiento y formación, así como para los diversos sucesos que integran los procesos de su existencia, hasta su completa destrucción final.

En el curso del proceso eseral de los seres de esta gota de agua, son necesarios también lo que se llaman «intervalos» del fluir del Tiempo.

Hace falta un Tiempo definido para sus alegrías y para sus penas, y en suma, para cualquier clase de experiencia del ser, desde lo que se llama «rachas de mala suerte», hasta los «períodos de avidez de autoperfeccionamiento».

También entre ellos, te repito una vez más, el proceso del flujo cronológico sigue una sucesión armoniosa, y esta sucesión depende del conjunto de todos los fenómenos circundantes.

La duración del proceso del flujo cronológico es percibida y registrada generalmente de la misma forma por todos los individuos cósmicos antes mencionados y por las unidades provistas de «instinto» y ya definitivamente formadas, con la única diferencia referida a la calidad de su presencia y a su estado general en el momento dado.

Sin embargo, debes advertir, querido nieto, que si bien para los diferentes individuos que existen en una misma unidad cósmica independiente, la definición del flujo cronológico no es objetiva en el sentido general, adquiere no obstante para ellos el sentido de la objetividad, puesto que el fluir del tiempo es percibido por ellos según el grado de realización de su propia presencia.

Esta misma gota de agua que hemos tomado por ejemplo puede servirnos para una mejor comprensión de esta idea que te vengo exponiendo.

Aunque en el sentido de la Objetividad Universal general, el período total del proceso del flujo cronológico en esa misma gota de agua es en su totalidad subjetivo, para los seres que existen en la gota de agua dicho flujo cronológico es percibido por ellos como si fuera objetivo.

Para aclarar este concepto nos resultarán útiles ciertos individuos llamados «hipocondríacos» que habitan entre los seres tricerebrados del planeta Tierra, que tan gran interés ha despertado en ti.

A estos hipocondríacos terrestres les parece con suma frecuencia que el Tiempo transcurre de forma infinitamente lenta, como ellos mismos dicen, que «se arrastra tediosamente».

Y así, exactamente del mismo modo, podría parecer alguna vez también a alguno de los seres infinitesimales que existen en esa gota de agua —suponiendo, claro está que también entre ellos hubiera hipocondríacos— que el Tiempo se arrastra con increíble lentitud, y «tediosamente».

Pero en realidad, desde el punto de vista de la sensación de la duración del Tiempo experimentada por tus favoritos del planeta Tierra, la duración total de la existencia de los «seres microcosmos» solo dura unos pocos de lo que ellos llaman «minutos» y a veces, incluso, no más de pocos —también como dicen ellos— «segundos».

Ahora bien; a fin de que puedas entender todavía mejor el Tiempo y sus características, será conveniente comparar tu edad con la correspondiente de un habitante del planeta Tierra.

Y a fin de llevar a cabo esta comparación nosotros también deberemos tomar la misma unidad patrón de Tiempo que emplea la Ciencia Objetiva, como ya te dije, para esos cálculos.

Deberás recordar, ante todo, —que de acuerdo con los datos que más tarde aprenderás cuando yo te haya explicado especialmente las leyes de la creación y del mantenimiento del Mundo—, ha sido también establecido por esta Ciencia Objetiva que, en general, todos los seres tricerebrados normales —incluyendo asimismo entre ellos, por cierto, también a los seres que habitan nuestro Planeta Karataz— perciben la sagrada acción «Egokulnatsarniana» para la definición del Tiempo cuarenta y nueve veces más despacio de lo que esa misma acción sagrada es percibida por los Sagrados Individuums que habitan el Santísimo «Sol Absoluto».

En consecuencia, el proceso del flujo cronológico para los seres tricerebrados de nuestro planeta Karataz, fluye cuarenta y nueve veces más rápido que en el «Sol Absoluto» y otro tanto habrá de ocurrir con los habitantes del planeta Tierra.

Y se ha calculado también que durante el espacio de Tiempo requerido por el sol «Samos» para alcanzar el punto más cercano al sol «Selos», período éste tomado como unidad equivalente al «año» en el planeta Karataz, el planeta Tierra efectúa en relación a su Sol «Ors», trescientas ochenta y nueve revoluciones «krentonalnianas».

De donde se desprende que nuestro «año», de acuerdo con el cálculo cronológico objetivo convencional, es trescientas ochenta y nueve veces mayor que el período considerado un «año» por tus favoritos del planeta Tierra.

No puede carecer de interés para ti saber que todos estos cálculos me fueron explicados parcialmente por el Gran Archiingeniero del Universo, Su Mesurabilidad, el Arcángel Alguematán, «QUIERA LA DIVINIDAD QUE SE PERFECCIONE EN EL SAGRADO ANKLAD». Me lo explicó con ocasión de la primera desgracia que azotó al planeta Tierra, cuando visitó el planeta Marte en calidad de uno de los Sagrados Miembros de la tercera Altísima Comisión; y también el capitán de la nave transespacial Omnipresente, con quien compartí varias charlas amistosas durante ese viaje, me explicó en parte la naturaleza de estos cálculos, durante el viaje de regreso a casa.

Debes advertir también que tú, como ser tricerebrado nacido en el planeta Karataz, solo eres en el momento actual un niño de doce años y, con respecto al Ser y a la Razón, eres exactamente igual a un niño de doce años nacido en el planeta Tierra que no se ha formado todavía completamente ni tiene plena consciencia de sí mismo; es decir, que tú pasas ahora por la edad del ser por la que han de pasar todos los seres tricerebrados en el transcurso de su crecimiento, cuya etapa final es la del Ser Responsable.

Todos los «rasgos» de tu psiquismo —lo que llamamos «carácter», «temperamento», «inclinaciones», y, en una palabra, todas las características del psiquismo que se ponen de manifiesto exteriormente— son exactamente iguales a los de un ser tricerebrado terráqueo todavía inmaduro de doce años de edad.

De modo que, según se desprende de todo cuanto hemos dicho, si bien de acuerdo con nuestros cálculos cronológicos eres todavía igual a un niño de doce años del planeta Tierra —todavía no formado y sin consciencia de ti mismo— de acuerdo con la comprensión terráquea subjetiva y sus sensaciones eserales del flujo cronológico, ya has vivido, según sus cálculos del tiempo, no doce años sino nada menos que cuatro mil seiscientos sesenta y ocho años.

Gracias a todo lo que te he explicado tendrás ahora material suficiente para aclarar ciertos conceptos relativos a los factores que fueron más tarde la causa de que la duración normal media adecuada de su existencia comenzara a disminuir gradualmente hasta reducirse, en la actualidad, a prácticamente «nada».

En rigor, esta disminución gradual de la duración media de la existencia de los seres tricerebrados que habitan aquel malhadado planeta que ha terminado por reducir la duración total de su existencia a «nada», no solo produjo este efecto sino otras muchas y variadas consecuencias y entre estos múltiples y variados efectos el primero y el principal fue, por supuesto, que la Naturaleza tuvo que adaptarse a su vez, gradualmente, a fin de transformar su presencia en las que ahora ostentan.

Y en cuanto a todos los demás efectos, exige la Justicia que destaque ante todo que estos efectos nunca hubieran surgido en el malhadado planeta si la primera causa no hubiera tenido lugar, pues de ésta, por lo menos a mi juicio, se derivaron principalmente todas las demás; aunque claro está que muy paulatinamente.

Ya comprenderás todo esto perfectamente después de escuchar otras explicaciones complementarias referentes a estos seres tricerebrados; solo te hablaré, por ahora, acerca de la primera causa fundamental, es decir, por qué y cómo la Gran Naturaleza misma se vio forzada a reformar su presencia dándoles otras nuevas.

En primer lugar debo decirte que existen generalmente en el Universo, dos «clases», o dos «principios», de la duración de la existencia del ser.

La primera clase o «principio» de existencia del ser llamado «Fulasnitamniano» es propia de la existencia de todos los seres tricerebrados que habitan todos los planetas de nuestro Gran Universo, y el objetivo fundamental, así como el sentido de su existencia, es que a través de estos seres ha de producirse la transmutación de las sustancias cósmicas necesarias para lo que se conoce con el nombre de «Proceso Trogoautoegocrático Cósmico Común».

El segundo principio de la existencia del ser, es aquel al que están sometidos todos los seres uni y bicerebrados, dondequiera que aparezcan. Y el sentido y objetivo de la existencia de estos seres consiste también en que a través de los mismos tiene lugar la transmutación de las sustancias cósmicas requeridas, no a los fines de un carácter cósmico común, sino tan solo para los fines de aquel sistema solar o incluso, exclusivamente, del planeta en que estos seres uni y bicerebrados habitan.

En todo caso, a fin de que puedas comprender lo extraño del psiquismo de estos seres tricerebrados que a tal punto han cautivado tu fantasía, deberás saber también que en un principio, una vez que el órgano Kundabuffer con todas sus propiedades inherentes hubo sido eliminado de sus presencias, la duración de su existencia pasó a ser regida por el principio «Fulasnitamniano», es decir, que ellos también debían existir hasta que se hubiera revestido en ellos, y completamente perfeccionado en razón, lo que se conoce con el nombre de «cuerpo Kesdyan» o, como ellos comenzaron a llamar más tarde a esta parte de su ser —que, dicho sea de paso, los seres actuales solo conocen de oídas— el «cuerpo Astral».

De modo pues, querido niño, que cuando más tarde, por razones que más adelante habrás de conocer, comenzaron a existir ya en condiciones excesivamente anómalas, es decir, en forma totalmente impropia de seres tricerebrados y cuando como consecuencia de esto habían dejado de emanar, por un lado, las vibraciones requeridas por la Naturaleza para el mantenimiento de los fragmentos separados de su planeta y, por otro lado, habían empezado, debido a la peculiaridad de su extraña psiquis, a destruir a los seres de otras formas que habitaban su mismo planeta, disminuyendo de este modo el número de fuentes requeridas para esta finalidad, entonces la propia Naturaleza, se vio obligada gradualmente a materializar las presencias de esos seres tricerebrados en conformidad con el segundo principio, es decir, el principio «Itoklanotz», esto es, a materializarlos de la misma forma en que ella materializa a los seres uni y bicerebrados a fin de que puedan alcanzar el requerido equilibrio de las vibraciones, de acuerdo con la calidad y con la cantidad.

En cuanto a la significación del principio «Itoklanotz», también te la habré de explicar más adelante.

Por ahora recuerda que, si bien los motivos fundamentales de la disminución de la duración de la existencia de los seres tricerebrados que habitan este planeta derivaron de causas independientes a ellos, no obstante, después, la principal razón de todos los tristes resultados posteriores fue —y sigue siendo todavía— las condiciones anormales de existencia eseral ordinaria que ellos mismos establecieron.

Gracias a estas circunstancias, la duración de su existencia ha seguido reduciéndose cada vez más en los tiempos actuales, hasta alcanzar un punto tal, que la diferencia entre la duración del proceso de la existencia de los seres tricerebrados de los demás planetas situados en el resto del Universo y la duración del proceso de la existencia de los seres tricerebrados del planeta Tierra ha llegado a equivaler a la diferencia existente entre la duración real de su existencia y la duración de la existencia de los seres infinitesimales que habitan esa gota de agua que tomamos como ejemplo.

¿Comprenderás ahora, querido nieto, por qué hasta el Gran «Heropás» mismo, o sea el tiempo, se ha visto obligado realizar este absurdo evidente en la presencia de estos desgraciados seres tricerebrados que pueblan el malhadado planeta Tierra?

Ahora, gracias a todo lo que te he explicado, podrás enfocar el problema desde el ángulo adecuado para comprender la justicia con que aquí actuó «Heropás» pese a su inflexibilidad habitual.

Una vez que hubo pronunciado estas palabras, Belcebú guardó silencio, y cuando nuevamente volvió a dirigir la palabra a su nieto, exclamó con un profundo suspiro:

—¡Ah…, mi querido niño!

Más adelante, una vez que te haya hablado más extensamente de los seres tricerebrados y del infortunado planeta Tierra, tú mismo podrás comprender todo lo referente a su azarosa existencia, formándote tu propia opinión al respecto.

Tú mismo podrás comprender entonces, que si bien las causas fundamentales de todo el caos actualmente imperante en el desdichado planeta Tierra derivaron de cierta «imprevisión» por parte de diversos Individuums Sagrados de lo Alto, no obstante, las causas principales del desarrollo de ciertos males posteriores no fueron sino las condiciones anormales establecidas paulatinamente en la existencia del ser ordinario por ellos mismos, y que siguen prevaleciendo todavía en la actualidad.

En todo caso, querido niño, cuando hayas reunido mayores conocimientos acerca de estos, tus favoritos, no solo —te repito— habrás de ver con toda claridad cuan lamentablemente pequeña se ha tornado la duración de la existencia de estos desdichados en comparación con la duración normal de la existencia que desde los más remotos tiempos ha sido establecida uniformemente como una ley para todo tipo de seres tricerebrados en todos los dominios del Gran Universo, sino que también habrás de comprender cómo, por iguales razones, han empezado a desaparecer gradualmente en estos infortunados seres, hasta faltar por completo, todas las sensaciones normales del ser referentes a los fenómenos cósmicos.

Si bien los seres de este infortunado planeta surgieron de acuerdo con el cálculo cronológico objetivo convencional hace ya muchas décadas, no solo no poseen actualmente en absoluto sensación eseral alguna de los fenómenos cósmicos —tal como es propio de todos los seres tricerebrados en el resto de nuestro Universo—, sino que no hay en la Razón de estos desdichados ni siquiera una representación aproximada de las verdaderas causas de estos fenómenos.

Ni siquiera tienen noción, por poco justa que sea, de los fenómenos cósmicos que se producen a su alrededor en su propio planeta.