La jubilación no debería ser una etapa de escasez, sino de abundancia

 

Como hemos visto hasta ahora, la jubilación de una persona debería ser su etapa de mayor abundancia, no una etapa de escasez esperando la muerte de forma precaria, como es en la actualidad en muchos casos, por culpa del Estado del “Bienestar”.

La mayoría de la gente tiene asumido que cuando se jubile vivirá peor que antes de jubilarse. Es una de esas cosas que la gente no sabe razonar muy bien, pero que ve claro que “es así”, y que “no puede ser de otra forma”.

Lo cierto es que, actualmente, en la gran mayoría de los casos efectivamente “es así”, con lo que la realidad parece corroborar esa creencia generalizada, haciendo que esa creencia se refuerce.

Y para la casta política es muy útil que se mantenga y aumente esa creencia, muy probablemente alimentada por ellos mismos de muy diversas formas (los grandes medios de comunicación son indisolubles de la casta política, no se entiende a los unos sin los otros), porque hace que la gente “no pida mucho” al llegar a la jubilación. Siempre pedirán un poco más (que las pensiones suban un 2% más este año en lugar de un 1%, etc), pero no esperarán grandes cosas. Entendiendo por “grandes cosas” esas rentas de 6.000-12.000 euros al mes en el momento de jubilarse que veíamos antes (para cualquier trabajador normal y corriente, no para “el presidente de la Coca Cola”).

Pero la realidad es que el hecho de que la jubilación sea una etapa de escasez es algo completamente antinatural, por muy “normal” que le parezca a la mayoría de la gente en la actualidad.

Si una persona trabaja, ahorra e invierte durante 30 ó 40 años, lo lógico y lo normal es que al cabo de esos 30-40 años tenga un buen patrimonio, que le permita vivir de forma desahogada el resto de su vida. Hoy en día esto no es lo habitual, pero la única razón para que así sea es que las pensiones públicas están diseñadas precisamente para evitarlo, ya que su objetivo principal es mantener a la mayor parte de la población en un estado de pobreza o semipobreza, que les haga depender totalmente de las decisiones caprichosas de la casta política.