Qué son los futuros y cómo funcionan

 

Vamos a utilizar para los ejemplos los derivados sobre acciones, ya que se entienden más fácilmente que los derivados sobre índices, divisas, etc. El funcionamiento de todos es similar, por lo que entendiendo uno de ellos se entienden todos los demás.

En la terminología de los derivados a las acciones (el subyacente, en general, esto mismo es aplicable a los bonos, las materias primas, etc) se las llama el "contado". Es decir cuando se está hablando de opciones o futuros sobre el BBVA (técnicamente, "opciones o futuros sobre acciones del BBVA"), al utilizar los términos "contado" o "subyacente" se está hablando de las acciones del BBVA.

Un futuro es un contrato de compraventa que se realiza hoy, pero se aplaza el pago a algún momento del futuro.

No se hace ninguna predicción sobre cuál será el precio de la acción en el futuro. El nombre de "futuro" se debe a que es el pago lo que se aplaza al futuro, no a que se intente predecir cuál será la cotización de la acción en el futuro.

En principio (salvo que sea parte de estrategias más complicadas), el que compra un futuro cree que el precio de la acción va a subir, y el que lo vende cree que el precio de la acción va a bajar. Pero ninguno de ellos hace una predicción concreta (al establecer el precio al que compran o venden el futuro) sobre cuál será el precio de la acción en el futuro.

Por ejemplo, supongamos que estamos a 12 de enero, la acción del BBVA cotiza a 10 euros y el futuro sobre las acciones del BBVA con vencimiento el 16 de marzo cotiza a 10,15 euros.

Esos 0,15 de euros de diferencia, los que van de los 10 euros de la cotización de la acción a los 10,15 euros de la cotización del futuro, no se deben a que los compradores y vendedores de futuros sobre acciones del BBVA crean que el 16 de marzo las acciones del BBVA cotizarán a 10,15 euros, sino que son el resultado de aplazar el pago de los 10 euros de hoy, 12 de enero, al 16 de marzo.

Imagine que usted vende un coche hoy por 10.000 euros, pero el comprador le dice que le va a pagar dentro de 2 meses. Lo lógico sería añadir algo de intereses a esos 10.000 euros, y que llegado el momento de cobrar usted recibiera 10.200 euros, por ejemplo, en lugar de los 10.000 que habría recibido si el pago se hubiera hecho el día en que se acordó la compraventa del coche.

Con los futuros sucede lo mismo. La fórmula teórica del precio de los futuros es la siguiente:

Precio teórico del futuro = Precio de la acción hoy + intereses – dividendos

Trasladando esto a nuestro ejemplo:

1)   Precio de la acción hoy = 10,00 euros

2)   Intereses hasta la fecha de vencimiento =   0,25 euros (es una suposición, esto depende del nivel de los tipos de interés que haya en cada momento)

3)   Dividendos hasta la fecha de vencimiento = 0,10 euros (suponemos que el 20 de febrero el BBVA pagará 0,10 euros de dividendo)

 

Por tanto, precio teórico del futuro de BBVA el 12 de enero = 10,00 + 0,25 – 0,10 = 10,15 euros.

La diferencia entre el precio del contado o subyacente (la acción de BBVA, en este caso) y el del futuro se llama "base". En este ejemplo la base son esos 0,15 euros.

En lo primero que tiene que fijarse es en que aquí he dicho que el precio teórico del futuro son 10,15 euros, y antes he dicho que cotizaba a 10,15 euros. En este ejemplo han coincidido ambos precios para facilitar la explicación, pero son dos cosas distintas. Muy parecidas, eso es lo bueno, pero distintas.

El precio teórico del futuro es el precio al que debería, teóricamente, cotizar el futuro.

El precio de cotización del futuro es el precio al que realmente cotiza el futuro.

Al llegar a la fecha de vencimiento el precio del futuro coincide con el de las acciones. Como acabamos de ver, la fórmula del precio teórico del futuro es:

Precio teórico del futuro = Precio de la acción hoy + intereses – dividendos

En la fecha de vencimiento los intereses ya son 0, porque el pago se va a hacer ese mismo día. Es decir, si pedimos prestado dinero para devolverlo dentro de 100 días, pagaremos un poco más de intereses que si lo vamos a devolver dentro de 99 días. Y a 99 días pagaremos un poco más que a 98. Etc. Esto significa que los intereses van bajando cada día que pasa, poco a poco, hasta que el último día son 0.

Los dividendos, aunque se paguen justo en la fecha de vencimiento ya no tienen ningún efecto sobre la cotización durante la sesión del vencimiento, ya que su efecto ha sido descontado en la apertura de dicha sesión.

Por tanto, nos queda que en la fecha de vencimiento:

Precio teórico del futuro = Precio de la acción hoy + 0 (intereses) – 0 (dividendos) = Precio de la acción hoy

Para verlo desde otro punto de vista y que quede más claro, supongamos que no se pagasen intereses por comprar contratos de futuros. Siguiendo nuestro ejemplo (con la variación de que no hubiera pagos de dividendos en este período de tiempo, para simplificar el ejemplo por motivos didácticos), nadie querría comprar acciones del BBVA a 10,00 euros el 12 de enero, todo el mundo querría comprar el futuro, poner los 1.000 euros (10 x 100, 1 futuro representa 100 acciones) a plazo fijo, y el 16 de marzo tener 1.025 euros. Con 1.000 euros se comprarían las 100 acciones del BBVA a 10 euros, y nos quedaríamos los otros 25 euros de beneficio extra. El problema es que nadie querría entonces vender contratos de futuros (para perder esos 25 euros), y no habría mercado.

Con los dividendos pasa lo mismo, si no se tuvieran en cuenta al marcar los precios de los futuros, una de las dos partes saldría perdiendo (en este caso los compradores de futuros), y no querría hacer la operación, con lo que tampoco habría mercado.

Los intereses que se incluyen en cada operación no se marcan por ley, sino por la oferta y la demanda del mercado en ese momento. Son el resultado de la opinión de compradores y vendedores en cada instante. En la práctica son muy similares a los de la deuda pública a plazos cortos (ya que las operaciones de futuros son operaciones a corto plazo).

En el caso de los futuros sobre materias primas (trigo, avena, maíz, soja, zumo de naranja, oro, petróleo, zinc, etc) no se tienen en cuenta los dividendos, ya que las materias primas no pagan dividendos, pero sí los intereses.

En el caso de los índices se tienen en cuenta los dividendos que paguen todas las empresas que componen el índice, de forma proporcional al peso de la empresa en el índice, lógicamente. Y también los intereses, por supuesto.

 

Qué es el arbitraje y por qué es tan importante y útil

 

Siendo el precio teórico del futuro de 10,15 euros la cotización del futuro puede ser esos mismos 10,15 euros, ó 10,17 euros, ó 10,12 euros, o algo similar.

¿Podría ser de 8 euros, por ejemplo, ó de 15 euros? En teoría sí, no hay ninguna ley ni mecanismo oficial que lo impida. Pero en la práctica no llega a suceder algo así (salvo que pudiera llegar a pasar en algún momento puntual, en alguna circunstancia muy excepcional, por alguna razón muy especial, y duraría muy poco tiempo). Lo que impide que llegue a suceder algo así es el arbitraje.

Imaginemos que el futuro del BBVA de nuestro ejemplo cotiza a 8 euros. Podríamos comprar futuros a 8 euros, y a la vez vender acciones (teniéndolas o sin tenerlas, pidiéndolas prestadas) a 10 euros. Con eso tendríamos una ganancia segura, hagan lo que hagan la acción y el futuro del BBVA a partir de ese momento, si esperamos al vencimiento (probablemente antes, pero al vencimiento con una seguridad del 100%).

Nuestra ganancia serían esos 2 euros de diferencia que van de los 8 a los 10 euros. Comprar el futuro nos costaría 8 euros, y por vender las acciones nos darían 10 euros.

Es como si en un mismo instante nos ofrecen comprar un coche por 8.000 euros (a pagar dentro de 2 meses) e inmediatamente acordar su venta por 10.000 euros. En una situación así daría igual el estado del coche, aunque estuviera para el desguace ganaríamos esos 2.000 euros. Si ambas operaciones se pueden hacer de forma inmediata, la ganancia es segura, esté como esté el coche. Al cabo de 2 meses tendremos 2.000 euros más que ahora, y con riesgo 0.

Esto es el arbitraje, aprovechar ineficiencias del mercado para conseguir una ganancia segura.

Algo similar pasaría si el precio de la acción está a 10 euros y el precio del futuro de repente sube a 12 euros.

En este caso compraríamos la acción y venderíamos el futuro. En el arbitraje (sea con derivados o no) siempre se compra lo caro y se vende lo barato.

En el primer caso (futuro a 8 euros y acción a 10 euros) lo barato era el futuro, y lo caro era la acción. Por eso comprábamos el futuro (lo barato) y vendíamos la acción (lo caro).

En el segundo caso (acción a 10 euros y futuro a 12 euros) lo barato es la acción, y lo caro es el futuro. Por eso compramos la acción (lo barato) y vendemos el futuro (lo caro).

Tenga en cuenta que en este tipo de estrategias de arbitraje todo lo que no tengamos se puede pedir prestado. Si no tenemos las acciones y las queremos vender, pedimos prestadas las acciones. Los futuros se pueden vender sin haber sido comprados previamente (igual que las opciones). Si lo que necesitamos es dinero para comprar las acciones, también se puede pedir prestado. Es decir, si aparece una diferencia de precios (aprovechable, como ahora veremos) entre el valor teórico del futuro y su cotización, siempre se podrá realizar la operación de arbitraje y obtener esa ganancia segura.

En la práctica los arbitrajes no los podemos hacer los inversores particulares, los hacen los inversores institucionales. A primera vista puede parecer una desventaja, pero no lo es, porque esto es lo que nos asegura que los precios de los futuros son justos (en relación a la cotización de la acción) en todo momento, o casi (salvo algunos momentos puntuales, muy poco frecuentes). Las razones de que esta estrategia sea cosa de inversores institucionales y no de inversores particulares son dos:

1)   Las comisiones más bajas de los institucionales

2)   La mayor facilidad y rapidez de los institucionales para pedir prestadas las acciones o el dinero que se necesite para hacer el arbitraje correspondiente.

 

La más clara son las comisiones. Los inversores institucionales tienen unas comisiones más bajas que los particulares, como es lógico, por tener un volumen de negocio mucho mayor. Es la misma diferencia que hay entre un restaurante que compra cientos de kilos de carne al mes y un particular que compra un par de kilos, no compran la carne al mismo precio.

Supongamos que para los inversores institucionales el coste del arbitraje en el ejemplo que estamos viendo son 0,03 euros (por todas las compras y ventas de acciones y/o futuros necesarias para hacer el arbitraje), y que para los particulares ese coste es de 0,10 euros.

Si el precio teórico del futuro son esos 10,15 euros que hemos visto, los particulares podríamos hacer una operación de arbitraje si el futuro sube a 10,26 euros (10,15 + 0,10 + 0,01 de beneficio), o más, o si cae a los 10,04 euros (10,15 - 0,10 - 0,01 de beneficio), o menos.

Pero como los institucionales pueden hacer arbitraje si el precio de los futuros llega a l0,19 euros (10,15 + 0,03 + 0,01 de beneficio), por arriba, o a los 10,11 euros (10,15 - 0,03 - 0,01 de beneficio), por abajo, es casi imposible que lleguen a darse los precios necesarios para que los particulares puedan hacer arbitraje con sus comisiones.

Si el precio del futuro está entre 10,12 euros y 10,18 euros, a nadie le merece la pena hacer arbitraje, y se mueve libremente en ese margen tan estrecho. Vamos a verlo con más detalle.

Supongamos que el precio del futuro sube a los 10,19 euros. En ese momento los inversores institucionales empiezan a vender futuros a 10,19 euros, y a comprar acciones a 10,00 euros. Esto presiona el precio de los futuros a la baja, y el de las acciones al alza, lo cual hace que la cotización del futuro acabe cayendo a la zona 10,12-10,18 euros.

Podría darse el caso de que alguien estuviera comprando muchos futuros, y el precio subiera algo por encima de los 10,19 euros, porque a los institucionales no les diera tiempo a hacer sus arbitrajes tan rápido como ese comprador sigue comprando futuros. Esto puede hacer que el precio del futuro suba a los 10,20, 10,23, etc. Pero generalmente no llega a la zona en la que le merece la pena hacer arbitraje a los particulares (10,26 euros o más). Como, además, esto es algo que saben todos los traders particulares, no hay traders particulares (que yo sepa, a lo mejor hay alguno en alguna parte del mundo, pero desde luego no es habitual) que se dediquen a rastrear constantemente estas posibilidades de arbitraje, ya que tendría que dedicar todo su tiempo a encontrar muy pocas operaciones al cabo de 1 año, y en las que además ganaría muy poco dinero en cada una de ellas, por lo que no tendría sentido todo ese tiempo dedicado a esta tarea.

Por eso si en algún momento el precio del futuro llega a los 10,28 euros, por ejemplo, lo más probable es que el arbitraje lo hagan también los institucionales. Piense que eso sería un beneficio de 0,03 euros (10,28 – 10,25) para un minoritario, que sobre los 10 euros de la acción suponen un 0,03% de rentabilidad, demasiado poco para un inversor particular. Esta es otra de las características del arbitraje, las ganancias que se consiguen son seguras (si no son seguras, entonces no se trata de una operación de arbitraje, sino de otro tipo), pero son muy pequeñas. A algunos inversores institucionales les merece la pena rastrear constantemente los mercados, para con todas estas pequeñas ganancias que consiguen a diario acabar sumando una rentabilidad aceptable al cabo del año, pero a los particulares todo esto no les merece la pena, aunque lo pudieran llegar a hacer unas pocas veces al cabo del año. Hoy en día, además, los inversores institucionales no realizan los arbitrajes "a mano", sino con ordenadores que rastrean los mercados constantemente y lanzan las órdenes en cuanto detectan una oportunidad, sin intervención humana. Es para este tipo de estrategias (y otras similares) para las que estos inversores institucionales alquilan oficinas lo más cerca posible físicamente del ordenador del mercado donde se ejecutan las órdenes, para que sus órdenes lleguen unos milisegundos antes que las de la competencia.

De forma similar a como hemos visto con la subida del precio de los futuros, si lo que hace el futuro es caer a los 10,11 euros, lo que harían los arbitrajistas institucionales es empezar a comprar futuros y a vender acciones, devolviendo el precio del futuro a la zona de los 10,12-10,18 euros antes de que cayera más.

Para explicar cómo se cierra el hueco del arbitraje en los ejemplos anteriores he supuesto que la cotización de la acción no varía, y permanece estable en los 10,00 euros. Como las acciones tienen mucho más volumen de negociación que los futuros sobre las acciones, el que se suele mover por efecto del arbitraje es el precio del futuro, pero en la práctica hay veces en las que la cotización de la acción se puede mover también algún céntimo por el efecto de los arbitrajistas, o del resto de inversores y traders que operan en el mercado.

Por ejemplo, supongamos que en el caso anterior la acción está a 10,00 euros y el futuro cae a los 10,10 euros. Eso supone un hueco de 2 céntimos para los arbitrajistas, ya que comprando a 10,10 ganan dinero, y a 10,11 también. Es al llegar el futuro a 10,12 euros cuando dejan de ganar dinero, y por tanto dejan de actuar y de presionar los precios.

Pues bien, el arbitraje puede finalizar cuando el futuro llegue a los 10,12 euros, si la acción se mantiene en los 10,00 euros, o cuando el futuro llegue a los 10,11 euros, si la acción cae a 9,99 euros (o si el futuro llega a 10,10 y la acción a 9,98, etc). En ambos casos la diferencia entre los dos (acción y futuro) se ha reducido en los mismos 0,02 euros. Esa caída de la acción a los 9,99 euros se puede dar por las ventas de acciones de los arbitrajistas, o por ventas de otros inversores y/o traders que no tengan nada que ver con el arbitraje.

Retomo brevemente el tema de los intereses que se incluyen en el precio del futuro para entender mejor cómo funcionan, y cómo funciona el arbitraje. Como he dicho, esos intereses son muy similares a los de la deuda pública a corto plazo. Y es así también por el arbitraje. Si fueran muy distintos entonces se podrían hacer otros tipos de arbitrajes (a 3 bandas, con acciones, futuros y Letras del Tesoro, por ejemplo, o también depósitos bancarios, etc) en los que el riesgo respecto a las acciones sería 0 (no se ganaría ni perdería nada porque subiera o bajase la acción), y el beneficio vendría por la diferencia entre el tipo de interés de las Letras del Tesoro (por ejemplo) y el tipo de interés incluido en el precio del futuro.

Cuanto más grande y líquida sea una empresa, mejor funciona el arbitraje entre sus futuros y sus acciones, y menor es la horquilla de compra venta de sus futuros. En las empresas más pequeñas las horquillas de compra venta de los futuros suelen ser mayores que en las empresas más grandes. Piense que el arbitraje en los futuros (y las opciones) depende de la horquilla que haya en las acciones de esa empresa. Si una empresa tiene (en sus acciones) una horquilla de 10,00 – 10,50, el arbitraje con sus futuros es más complicado que en otra empresa cuya horquilla (en sus acciones) sea de 10,25-10,26.

Lo importante del arbitraje no es aprenderlo para intentar hacerlo, eso no le va a merecer la pena, sino entenderlo para saber que los precios de los futuros son justos (salvo excepciones puntuales debidas a hechos excepcionales en un momento dado, como ya he comentado), y que eso les convierte en un instrumento fiable. Si en algún momento de su vida se encuentra con alguna de esas excepciones, con esperar un poco de tiempo se corregirá ese desajuste, y no supondrá mayor problema.

Antes de comprar "algo" hay que asegurarse de que vender ese "algo", cuando lo hagamos más adelante, va a resultar igual de fácil, y el arbitraje es lo que nos da esta garantía en el caso de los futuros.

 

Cómo se compran y se venden los futuros, y qué riesgos se corre con ello

 

Ahora vamos a ver cómo funcionan las operaciones de compra y venta de futuros.

Volvemos al 12 de enero, cuando la acción del BBVA cotizaba a 10 euros, y el futuro sobre acciones del BBVA con vencimiento el 16 de marzo cotizaba a 10,15 euros.

En estos ejemplos vamos a ver varias características importantes de los futuros, como por ejemplo:

1)   Los futuros se crean y desaparecen automáticamente

2)   Las operaciones con futuros se pueden cerrar antes del vencimiento

3)   El cierre de una operación no tiene por qué hacerse entre las mismas personas que la abrieron

 

Antes de entrar en los ejemplos, sepa que cada contrato de futuros suele representar 100 acciones. Por ejemplo, 1 futuro sobre acciones del BBVA representa 100 acciones del BBVA. Este número de 100 acciones a veces varía un poco, por ajustes por operaciones especiales, como ampliaciones de capital y otras. Estos ajustes se hacen siempre para que estas operaciones especiales no perjudiquen a los inversores y traders que ya tienen posiciones abiertas en opciones y futuros antes de que se produzca esa operación (la ampliación de capital, o lo que sea), por lo que no son un motivo de preocupación, sino de fiabilidad.

Lo que sí coincide siempre es el número de acciones que representa un contrato de opciones y uno de futuros de la misma empresa y del mismo vencimiento. Si el futuro sobre el BBVA con vencimiento junio representa 107 acciones, entonces los contratos de opciones del BBVA con el mismo vencimiento de junio también representan 107 acciones. A lo mejor en ese mismo momento el contrato de futuros sobre el BBVA con vencimiento diciembre vuelve a representar 100 acciones, y en ese caso también los contratos de opciones sobre el BBVA con ese vencimiento de diciembre vuelven a ser de 100 acciones. Lo que no pasa nunca es que para un mismo vencimiento los contratos de futuros representen 100 acciones y los contratos de opciones representen 105 acciones, por ejemplo.

 

Cómo funcionan las garantías de los futuros y para qué sirven

 

Antes de ver los ejemplos sobre el funcionamiento de los futuros que acabo de comentar tenemos que saber en qué consisten las garantías de los futuros y cómo funcionan.

En las operaciones con futuros, a diferencia de las acciones, no se pone todo el dinero al abrir la operación, sino sólo una parte del importe de la operación. Esta parte del importe total de la operación que hay que poner “de verdad” son las garantías. Si se pusiese todo el dinero al abrir la operación sería igual que comprar o vender acciones “normalmente”, por lo que los futuros no existirían, ya que no tendrían sentido.

Es decir, si compramos 100 acciones del BBVA a 10,15 euros tendremos que pagar 1.015 euros, más la comisión, en el momento de la compra. Si suponemos que la comisión son 10 euros, el precio total a pagar son 1.025 euros.

Si al hacer una compra de un contrato de futuros sobre el BBVA a 10,15 euros tuviéramos que poner los mismos 1.015 euros (más la comisión), lo que haríamos sería comprar las acciones directamente, ya que en ese caso no tendría sentido toda esta "parafernalia" de los futuros.

Las garantías, por tanto, son el dinero que hay que poner en depósito, para que el mercado en el que operamos con los futuros no corra riesgos si al final no cumplimos nuestra parte.

Las garantías son un porcentaje del importe total de la operación, los 1.015 euros de este ejemplo. Este porcentaje lo establece el mercado de derivados en el que coticen los futuros, y depende de la volatilidad (concepto que veremos con detalle al hablar de las opciones). Este porcentaje puede variar en cualquier momento (si hay subidas o bajadas importantes de la volatilidad), pero no varía a diario, suele mantenerse en el tiempo. Un porcentaje normal es el 15%. En algunos casos puede ser algo menos, como el 10%, y en otros puede ser algo más, como el 20% ó el 25%.

Estas garantías se recuperan al cerrarse la operación, son como un depósito que se deja al alquilar algo, y que se recupera al devolver ese algo que hemos alquilado.

Lo que acabamos de ver es el caso en que se ponen las garantías en efectivo, que es el más habitual. También se pueden poner como garantía acciones, o deuda pública. Las condiciones exactas las marca el gestor del mercado de derivados en cada momento. Usualmente no se pueden poner como garantías acciones de cualquier empresa, sino sólo de las más líquidas, por ejemplo las que estén en el Ibex 35. Y no se valoran a su precio de mercado en ese momento, sino a un porcentaje del mismo, por ejemplo el 75%, para mayor seguridad. Si tiene que poner unas garantías de 1.000 euros y ponemos 1.000 euros en acciones como garantía, unos segundos después las acciones pueden haber bajado a 990 euros, por ejemplo, y ser necesarias más garantías, etc. Peor sería que hubiera un hueco y de repente las acciones cayeran a 900 euros, por ejemplo. Por eso esas acciones que ponemos como garantía y que tienen un precio de mercado de 1.000 en ese momento computan como 750 euros (por ejemplo) de garantías, en lugar de los 1.000 euros a los que cotizan en ese momento.

Mientras las acciones que ponga como garantía cubran las garantías que tenga que poner en cada momento, no le pedirán más dinero en efectivo (para las garantías, sí para las liquidaciones diarias de pérdidas y ganancias, que ahora veremos). Si en algún momento las acciones dejan de cubrir las garantías necesarias, o pone más acciones, o pone el dinero en efectivo que sea necesario. Siguiendo el ejemplo anterior, si tenemos que poner 600 euros en garantías y depositamos esas acciones que tienen un precio de mercado de 1.000 euros, tenemos las garantías totalmente cubiertas con las acciones depositadas. Si las acciones caen a 900 euros, el 75% de 900 euros son 675 euros, por lo que seguimos teniendo las garantías cubiertas. Si el precio de mercado de las acciones cayera a 750 euros, por ejemplo, entonces ya no nos cubrirían los 600 euros de garantías, porque el 75% de 750 son 562,5 euros. En este caso, tenemos que completar hasta los 600 euros poniendo 37,5 euros en efectivo como garantía, o depositando más acciones como garantía.

Los brokers suelen cobrar una comisión por poner (o liberar, para que dejen de estar bloqueadas) acciones como garantía. Esta comisión no se cobra si se pone como garantía dinero en efectivo.

La liquidación diaria de pérdidas y ganancias (que ahora veremos con detalle) siempre debe hacerse en efectivo, no se puede hacer depositando acciones o deuda pública.

Un broker podría pedir a sus clientes garantías superiores a las oficiales del mercado, si lo estimase oportuno por alguna razón. No es habitual que suceda, pero puede pasar. Es más habitual que haya brokers que exijan garantías inferiores a las oficiales del mercado si se opera de forma intradiaria (cosa que no recomiendo).

 

Qué es la liquidación diaria de pérdidas y ganancias y cómo funciona

 

Asociado a las garantías está el concepto de liquidación diaria de pérdidas y ganancias. A diferencia de lo que sucede con las acciones, en los futuros todos los días nos ingresan dinero en la cuenta (si el precio se ha movido a nuestro favor) o nos lo retiran (si el precio se ha movido en nuestra contra).

Además de eso, el importe de las garantías se recalcula todos los días, con lo que va aumentando o reduciéndose el importe de las garantías que tenemos que depositar cada día.

Veremos ambas cosas unidas en los siguientes ejemplos, que es como mejor se entienden.

 

Caso 1:

El número de contratos de futuros del BBVA con vencimiento 16 de marzo (todos los ejemplos serán con el mismo vencimiento, por lo que no repito la "coletilla" del vencimiento en cada frase, para mayor simplicidad y claridad) existentes en este momento es 0. Este 0 es lo que se llama "interés abierto", que es el número de contratos abiertos o "vivos" en un momento dado.

Isabel compra 1 contrato de futuros sobre el BBVA a 10,15 euros, que se lo vende Julia. A partir de este momento (y mientras mantengan la posición actual en futuros) Isabel está obligada a comprar 100 acciones del BBVA, y Julia está obligada a vender 100 acciones del BBVA. Esto siempre es así, el comprador del futuro está obligado a comprar las acciones, y el vendedor del futuro está obligado a vender las acciones. La única forma de eliminar esta obligación es hacer la operación contraria a la que se hizo al abrir la operación, cerrando la posición (como luego veremos con más detalle). Es decir, la única forma que tiene Isabel de dejar de estar obligada a comprar 100 acciones del BBVA es vender 1 futuro, con lo que su posición quedaría a 0. Y la única forma que tiene Julia de dejar de estar obligada a vender 100 acciones del BBVA es comprar un futuro del BBVA, dejando su posición igualmente a 0.

Las posiciones se pueden abrir y cerrar en cualquier momento. Un segundo después de abrir una posición se puede cerrar, abrir otra 2 segundos después, etc. No hay ningún límite en este sentido.

Por tanto, en este momento el número de contratos de futuros sobre el BBVA es de 1, el que han creado Isabel y Julia. Hay 1 contrato comprado y 1 contrato vendido, que son el mismo. Este contrato no lo ha creado el BBVA, ni "la Bolsa", ni un notario, etc. Lo han creado Isabel y Julia al ponerse de acuerdo en el precio y realizar la operación de compraventa a través de sus respectivos brokers, dando la orden por internet desde su casa, por ejemplo. Esta es una diferencia importante con las acciones, ya que los inversores sólo pueden comprar acciones (del BBVA, por ejemplo) una vez que el BBVA las ha emitido cumpliendo todos los requisitos legales para ello, etc. No se pueden comprar (o vender) acciones del BBVA si el BBVA no las emite previamente, pero si se pueden comprar y vender futuros (y opciones) sobre acciones del BBVA sin que el BBVA haga nada, ni siquiera tenga conocimiento de que se están creando esos contratos de futuros (u opciones) sobre sus acciones.

Los contratos de derivados se crean y se destruyen continuamente, a medida que los inversores van comprando y vendiendo opciones y futuros, como ahora veremos.

El riesgo real de esta operación de futuros entre Isabel y Julia es de 1.015 euros (100 acciones x 10,15 euros por acción).

Supongamos que las garantías para los contratos de futuros sobre acciones del BBVA en este momento están establecidas en el 15%.

Esto supone que cada una de ellas tiene que poner en el momento de abrir la operación el 15% de esos 1.015 euros, que son 152,25 euros. Isabel pone 152,25 euros, y Julia pone otros 152,25 euros.

Esos 304,50 euros (152,25 x 2) se los queda el gestor del mercado de derivados (que en España es BME, Bolsas y Mercados Españoles) como depósito. Es decir, ese dinero sigue siendo de Isabel y  de Julia, pero BME lo tiene en depósito, por si alguna de ellas no cumple su parte, en cuyo caso BME utilizaría ese dinero para llevar a buen término la operación.

Supongamos que el mismo día que Isabel y Julia abren esta operación el futuro del BBVA cierra la sesión a 10,50 euros. Es decir, ellas compran y venden el futuro a 10,15 euros a las 12 de la mañana, por ejemplo, y al cerrar la sesión el futuro queda a 10,50 euros. Veamos lo que les pasa en sus cuentas a cada una de ellas.

 

Isabel:

Las garantías pasan a ser de 157,50 euros, el 15% de 1.050 (100 x 10,50). Como al abrir la operación puso 152,25 euros, ahora (al cierre de la sesión) tendrá que poner otros 5,25 euros (157,50 – 152,25) de garantías adicionales.

Respecto a la liquidación diaria de pérdidas y ganancias, a Isabel le tienen que ingresar 35 euros, ya que es lo que ha subido el futuro (10,50 – 10,15 x 100).

Por tanto, al cierre de la sesión a Isabel le hacen un ingreso en la cuenta de derivados (puede ser la misma cuenta de valores que usa para las acciones) que tiene abierta en su broker de 29,75 euros (35 euros por la liquidación diaria de pérdidas y ganancias – 5,25 euros por la subida de las garantías).

 

Julia:

Con las garantías le sucede lo mismo que a Isabel, pasan a ser de 157,50 euros, el 15% de 1.050 (100 x 10,5). Como al abrir la operación puso 152,25 euros, ahora (al cierre de la sesión) tendrá que poner otros 5,25 euros (157,50 – 152,25), los mismos que Isabel.

Respecto a la liquidación diaria de pérdidas y ganancias, a Julia le tienen que cobrar 35 euros, ya que es lo que ha subido el futuro (10,50 – 10,15 x 100). Los 35 euros que gana Isabel son los mismos 35 euros que pierde Julia. El gestor del mercado de derivados coge 35 euros de la cuenta de Julia, y los ingresa en la cuenta de Isabel.

Por tanto, al cierre de la sesión a Julia le hacen un cobro en la cuenta de derivados que tiene abierta en su broker de 40,25 euros (35 euros por la liquidación diaria de pérdidas y ganancias + 5,25 euros por la subida de las garantías).

 

Supongamos que al día siguiente el futuro cierra a 11,00 euros, y veamos lo que les pasa a cada una de ellas.

 

Isabel:

Las garantías pasan a ser de 165 euros, el 15% de 1.100 (100 x 11). Como ayer tenía puestas unas garantías de 157,50 euros, ahora (al cierre de la segunda sesión) tendrá que poner otros 7,50 euros (165 – 157,50).

Respecto a la liquidación diaria de pérdidas y ganancias, a Isabel le tienen que ingresar 50 euros, ya que es lo que ha subido el futuro en esta segunda sesión (11,00 – 10,50 x 100).

Por tanto, al cierre de la sesión a Isabel le hacen un ingreso en la cuenta de derivados que tiene abierta en su broker de 42,50 euros (50 euros por la liquidación diaria de pérdidas y ganancias – 7,50 euros por la subida de las garantías).

 

Julia:

Con las garantías le vuelve a suceder lo mismo que a Isabel (en esto las 2 partes, el comprador y el vendedor, son siempre iguales, las garantías les suben o les bajan en la misma medida), pasan a ser de 165 euros, el 15% de 1.100 (100 x 11). Como al cierre de la sesión de ayer ya tenía puestos 157,50 euros, ahora (al cierre de la segunda sesión) tendrá que poner otros 7,50 euros (165 – 157,50).

Respecto a la liquidación diaria de pérdidas y ganancias, a Julia le tienen que cobrar 50 euros, ya que es lo que ha subido el futuro (11,00 – 10,50 x 100). Como Julia vendió el futuro, pierde cuando el futuro sube de precio.

Por tanto, al cierre de la sesión a Julia le hacen un cobro en la cuenta de derivados que tiene abierta en su broker de 57,50 euros (50 euros por la liquidación diaria de pérdidas y ganancias + 7,50 euros por la subida de las garantías).

 

El tercer día el futuro cierra a 10,75 euros, y esto es lo que les sucede a Isabel y a Julia (que es ahora la beneficiada, al caer el precio del futuro).

 

Isabel:

Las garantías pasan a ser de 161,25 euros, el 15% de 1.075 (100 x 10,75). Como ayer tenía puestas unas garantías de 165 euros, ahora (al cierre de la tercera sesión) le devuelven 3,75 euros (165 – 161,25).

Respecto a la liquidación diaria de pérdidas y ganancias, a Isabel le cobran 25 euros, que es lo que ha bajado el futuro (11,00 – 10,75 x 100).

Por tanto, al cierre de la sesión a Isabel le hacen un cobro en la cuenta de derivados tiene abierta en su broker de 21,25 euros (25 euros por la liquidación diaria de pérdidas y ganancias – 3,75 euros por la bajada de las garantías).

 

Julia:

Por las garantías le devuelven los mismos 3,75 euros que a Isabel.

Respecto a la liquidación diaria de pérdidas y ganancias, a Julia le ingresan 25 euros, que es lo que ha bajado el futuro (11,00 – 10,75 x 100). Como Julia vendió el futuro, gana cuanto el futuro cae de precio.

Por tanto, al cierre de la sesión a Julia le hacen un ingreso en la cuenta de derivados que tiene abierta en su broker de 28,75 euros (25 euros por la liquidación diaria de pérdidas y ganancias + 3,75 euros por la bajada de las garantías).

 

En la cuarta sesión, cuando el futuro cotiza a 11,50 euros, ambas deciden cerrar la operación (es decir, es ahora Isabel la que vende el futuro que compró, y Julia la que compra el futuro que vendió), con este resultado.

 

Isabel:

Las garantías se devuelven íntegras, ya que al cerrar la operación el riesgo desaparece. Los 161,25 euros que tiene puestos como garantías en estos momentos Isabel le son devueltos. El gestor del mercado puede pagar intereses por el tiempo que ha tenido las garantías. El tipo de interés que se paga es bajo. Si los tipos de interés del mercado en ese momento están bajos, el tipo que se paga por las garantías puede ser 0, pero si no es así, tanto comprador como vendedor ingresan una pequeña (muy pequeña) cantidad por este concepto.

Respecto a la liquidación final de pérdidas y ganancias, a Isabel le ingresan 75 euros, que es lo que ha subido el futuro hasta el momento en que cierran la operación (11,50 – 10,75 x 100), desde el punto en que quedó al cierre de la sesión anterior.

Por tanto, al cerrar la operación a Isabel le hacen un ingreso en la cuenta de derivados tiene abierta en su broker de 236,25 euros (75 euros por la liquidación final de pérdidas y ganancias + 161,25 euros por las garantías que tenía puestas, que ahora le son devueltas íntegramente).

 

Julia:

Igualmente le devuelven los 161,25 que tenía puestos como garantías.

Respecto a la liquidación final de pérdidas y ganancias, a Julia le cobran otros 75 euros, que es lo que ha subido el futuro hasta el momento en que Julia lo compra y cierra la operación (11,50 – 10,75 x 100).

Por tanto, al cerrar la operación a Julia le hacen un ingreso en la cuenta de derivados que tiene abierta en su broker de 86,25 euros (161,25 por las garantías que tenía puestas - 75 euros por la liquidación final de pérdidas y ganancias).

 

Al final, Isabel ha ganado 135 euros (11,50 – 10,15 x 100), y Julia ha perdido 135 euros (10,15 – 11,50 x 100). Los 135 euros que ha ganado Isabel son los 135 euros que ha perdido Julia.

Si suponemos que a cada una de ellas le han cobrado 3 euros por cada operación (de compra y de venta de futuros), en total habrán pagado una comisión de 6 euros (3 euros por la venta, y 3 euros por la compra), con lo que la ganancia final de Isabel será de 129 euros (135 – 6), y la pérdida final de Julia será de 141 euros (135 + 6).

Estos 135 euros que han ganado (Isabel) y perdido (Julia) no han sido "de golpe", como sucede en el caso de las acciones, sino poco a poco, día a día. Veamos las 4 liquidaciones de pérdidas y ganancias de cada una de ellas juntas:

 

Isabel: +35 +50 -25 +75 = 135

Julia: -35 -50 +25 -75 = -135

 

Aunque fiscalmente sí se materializa el resultado de la operación "de golpe" el día que se cierra la operación. Es decir, desde el punto de vista fiscal Isabel tiene una ganancia de 135 euros (menos las comisiones) y Julia una pérdida de 135 euros (más comisiones) en la fecha de la cuarta sesión, no tienen 4 pérdidas y/o ganancias en 4 fechas distintas cada una de ellas.

Las garantías eran sólo un depósito, al final se las han devuelto de forma íntegra a ambas. Por tanto no tienen ninguna implicación fiscal.

Tras el cierre de la operación, el número de contratos de futuros sobre acciones del BBVA vuelve a ser 0. Con la misma facilidad que Isabel y Julia crearon el contrato al abrir la operación lo destruyen al cerrarla, sin intervención tampoco ni del BBVA, ni de "la Bolsa", ni de notarios, etc.

El dinero que no se haya puesto como garantía puede estar en un depósito a 1 día, o algo similar (depende de los productos que tenga el broker con el que opere). Por ejemplo, si tenemos 1.000 euros y nos piden como garantía 200 euros, los 800 euros restantes podemos tenerlos en un depósito a 1 día. Al día siguiente, podemos sacar algo de este depósito para poner más garantías y para la liquidación diaria de pérdidas y ganancias, o meter algo más, si hemos cobrado por estos conceptos. En la práctica, si el broker no tiene un mecanismo automático para hacer estos movimientos a diario no merece la pena hacerlos uno mismo (salvo que fueran cantidades muy elevadas), por lo que es más cómodo dejar algo de holgura en la cuenta. Siguiendo el ejemplo anterior, en lugar de meter los 800 euros en un depósito a 1 día se meten 600-700, y los otros 100-200 (hasta los 800 que inicialmente tenemos “libres”) se dejan en la cuenta en la que nos hacen los ingresos y cobros diarios, para no tener que estar pendientes todos los días de estos movimientos.

Tanto en el caso de las garantías como en el de las liquidaciones diarias de pérdidas y ganancias he dicho que se calculan con el precio de cierre del futuro. Hay un matiz, de poca importancia para los inversores de medio y largo plazo, que debo citar. En realidad no se hace con el precio de cierre del futuro (como he dicho hasta ahora por motivos didácticos, para facilitar la explicación), sino con el "precio de liquidación diaria". El "precio de liquidación diaria" es el que determine el gestor del mercado (BME en España), y puede ser el precio de cierre del futuro, como he dicho hasta ahora, el precio de cierre de la acción, una media de los precios de los últimos 15-30 minutos (por ejemplo) en el mercado de futuros, o en el de acciones, etc. Como he dicho antes, este matiz es muy poco importante para los inversores de medio y largo plazo, aunque es bueno conocerlo. La elección entre un precio u otro generalmente se hace pensando en la fiabilidad de los precios y en dificultar su manipulación en momentos de poca liquidez, por lo que no se hace por motivos extraños, sino para mejorar el funcionamiento del mercado. Entre cualquiera de los precios que se pueden usar como “precio de liquidación diaria” la diferencia será de unos pocos céntimos.

En los siguientes casos no voy a hacer el seguimiento de las garantías y de la liquidación diaria de pérdidas y ganancias, porque con verlo una vez es suficiente. Aprovecharé los siguientes ejemplos para mostrar otros tipos de situaciones que se pueden dar en la operativa con futuros. En todos estos casos las garantías y la liquidación diaria de pérdidas y ganancias funcionan como acabamos de ver.

 

Caso 2:

Mariano compra 1 futuro sobre el BBVA a 11 euros, que se lo vende Javier.

10 días después, cuando el futuro del BBVA está a 12 euros Mariano quiere vender, pero Javier no quiere comprar.

Eduardo (que hasta este momento no tenía ninguna posición abierta sobre futuros del BBVA) decide comprar 1 futuro a 12 euros, que se lo vende Mariano.

Mariano ya ha conseguido una ganancia de 100 euros (12 – 11 x 100), y está fuera de la operación.

Ahora son Javier y Eduardo los que están dentro, con sus garantías, sus liquidaciones diarias de pérdidas y ganancias, etc.

Cuando el futuro del BBVA está a 13,50 euros, 8 días después, Eduardo decide vender su futuro, pero Javier sigue sin querer comprarlo. Es Arturo el que se lo compra, con lo que Eduardo sale de la operación con una ganancia de 150 euros (13,50 – 12 x 100).

Ahora siguen dentro Javier y Arturo.

Al llegar el futuro del BBVA a 14 euros Javier decide que ya no quiere perder más dinero, y ahora si quiere comprar el futuro. Arturo no quiere vender todavía, pero no pasa nada, porque Ángel sí quiere vender 1 futuro del BBVA a 14 euros.

Así que Javier compra a 14 euros el futuro que le vende Ángel. Javier ha tenido una pérdida de 300 euros (14,00 – 11,00 x 100), y ya está fuera del mercado.

Al llegar a 15 euros, tanto Arturo como Ángel deciden cerrar la operación, así que Arturo vende 1 futuro a 15 euros, que le compra Ángel. Arturo tiene un beneficio de 150 euros (15,00 – 13,50 x 100), y Ángel tiene una pérdida de 100 euros (15,00 – 14,00 x 100).

En todo momento (hasta el cierre final de la operación entre Arturo y Ángel, en que el futuro ha desaparecido) ha habido un único contrato de futuros sobre el BBVA abierto, aunque la parte compradora y la parte vendedora de ese futuro ha ido rotando entre 5 personas diferentes.

Desde el inicio hasta el cierre de la operación el futuro ha pasado de los 11 euros a los 15 euros. Eso quiere decir que el grupo de los ganadores ha ganado 400 euros en total (100 euros Mariano + 150 euros Eduardo + 150 euros Arturo) y el grupo de los perdedores ha perdido los mismos 400 euros en total (300 euros Javier + 100 euros Ángel).

 

Caso 3:

En este ejemplo nos vamos a centrar en cómo va cambiando el número de contratos abiertos, o vivos, según se van sucediendo las operaciones. Esto es lo que llama el "interés abierto", como ya vimos.

Inicialmente el número de contratos de futuros sobre el BBVA es 0.

Jaime compra 10 futuros, que le vende Enrique.

El número de contratos de futuros, o interés abierto, pasa a ser 10.

Ana compra 8 futuros, que le vende Claudia.

El número de contratos de futuros pasa a ser 18.

Jaime decide vender 3 de sus 10 contratos, y se los compra María.

El número de contratos de futuros sigue siendo 18. Digamos que María ha "sustituido" a Jaime en 3 de sus contratos, por lo que en esos contratos ha cambiado una de las partes, pero no se han creado más contratos, ni tampoco se ha reducido su número.

Ahora Ana compra otros 5 contratos, que le vende Olga.

El número de contratos de futuros pasa a ser 23. Ahora sí se han creado 5 contratos nuevos. Ana ya estaba en el mercado, pero ahora ha creado 5 contratos nuevos, junto con Olga.

Claudia, que tiene 8 contratos vendidos, decide cerrar la mitad de su posición (es decir, decide comprar 4 contratos, para quedarse con 4 contratos vendidos). Estos 4 contratos que compra Claudia se los venden 3 Jaime, y 1 Maribel.

El número de contratos de futuros pasa a ser 20. Antes de esta última operación Jaime tenía 7 contratos comprados (10 iniciales, menos 3 que ya vendió a María). Cuando Claudia compra 3 contratos que le vende Jaime desaparecen esos 3 contratos, y pasan a ser 20. En la venta de 1 contrato de Claudia a Maribel, Maribel "sustituye" a Claudia, por lo que este contrato no desaparece, sino que sigue existiendo, así que el número de contratos se mantiene en 20.

Vamos a recapitular cómo están las posiciones de cada uno de ellos:

Jaime: Tiene 4 contratos comprados. Inicialmente compró 10 a Enrique, luego le vendió 3 a María, y otros 3 a Claudia.

Enrique: Tiene 10 contratos vendidos. Inicialmente le vendió 10 contratos a Jaime, y después no ha variado su posición.

Ana: Tiene 13 contratos comprados. Primero le compró 8 a Claudia, y después 5 a Olga.

Claudia: Tiene 4 contratos vendidos. Primero le vendió 8 a Ana, y después le compró 3 a Jaime y 1 a Maribel.

María: Tiene 3 contratos comprados, los que le compró a Jaime.

Olga: Tiene 5 contratos vendidos, los que le vendió a Ana.

Maribel: Tiene 1 contrato vendido, el que le vendió a Claudia.

Si los suma, verá que el número de contratos comprados es igual al número de contratos vendidos, 20. Este "20" es el interés abierto.

Contratos comprados: 4 de Jaime + 13 de Ana + 3 de María = 20

Contratos vendidos: 10 de Enrique + 4 de Claudia + 5 de Olga + 1 de Maribel = 20

Esto es siempre así, el número de contratos comprados es exactamente igual al número de contratos vendidos. Y no puede ser de otra forma, ya que para que alguien compre 1 contrato otro se lo tiene que vender, y para que alguien venda 1 contrato otro se lo tiene que comprar.

No se puede comprar 1 contrato si nadie lo vende, y no se puede vender 1 contrato si nadie lo compra.

Fíjese también en que para que alguien cierre su posición no es necesario que lo haga con la misma persona que lo abrió. Por ejemplo, Jaime primero le compra 10 contratos a Enrique, pero cuando luego quiere vender 3 no hace falta que se los compre el mismo Enrique, sino que fue María quién se los compró, y luego Claudia la que le compró otros 3.

De hecho, en todos estos ejemplos estoy citando a las dos partes porque es mucho más fácil de aprender el funcionamiento así, pero en la realidad cuando usted compre 1 contrato no sabrá quién se lo está vendiendo, de la misma que forma que cuando lo venda no sabrá quién se lo está comprando.

Ahora vamos a ver cómo podrían cerrarse todas estas operaciones, de forma que el número de contratos abiertos volviese a ser 0.

Jaime vende 4 contratos, que se los compra Olga.

El número de contratos abiertos pasa a ser 16. Jaime ya no tiene nada, y a Olga le queda 1 contrato vendido.

Enrique compra sus 10 contratos, y se los venden Ana (7) y María (3).

El número de contratos abiertos pasa a ser 6. Enrique ya no tiene nada, María tampoco, y a Ana le quedan 6 contratos comprados, los 6 que quedan abiertos.

Ana vende esos 6 contratos, y se los compran Olga (1), Claudia (4) y Maribel (1).

El número de contratos abiertos pasa a ser 0, ya que todos han cerrado sus posiciones.

 

Caso 4:

En todos los ejemplos anteriores las posiciones se cerraban antes de la fecha de vencimiento. Ahora vamos a ver qué pasa cuando se llega al vencimiento, y se liquida el futuro.

Cristina compra 1 futuro del BBVA el 12 de enero por 10,15 euros. Ese futuro se lo vende Elena.

Al abrir la operación cada una de ellas pone de garantías el 15% de 1.015 euros, que son 152,25 euros.

Las variaciones en las garantías y las liquidaciones diarias de pérdidas y ganancias se van sucediendo día tras días, según va subiendo y bajando la cotización del futuro.

Al llegar al vencimiento, el 16 de marzo, ambas deciden liquidarlo por entregas.

"Liquidarlo por entregas" supone que Cristina comprará 100 acciones del BBVA a Elena. El precio de compra de las acciones, fiscalmente hablando, serán los 10,15 euros a los que se inició la operación.

Da igual que el 16 de marzo la acción del BBVA cotice a 8 euros, a 12 euros ó a 20 euros. Si ambas deciden liquidar el futuro por entregas el precio al que se comprarán y venderán las acciones serán los 10,15 euros a los que abrieron la operación. En la cuenta de su broker pude ver otros movimientos, como por ejemplo una venta de los futuros al precio de cierre de la sesión de vencimiento (supongamos 12 euros) seguido por una compra de las acciones a ese mismo precio de cierre (los 12 euros de este ejemplo), pero fiscalmente el precio de compra y venta de esas acciones son los 10,15 euros a los que se abrió la operación de futuros. Los movimientos que vea en su cuenta sobre las liquidaciones diarias de pérdidas y ganancias tampoco tienen impacto fiscal.

Recuerde que el día del vencimiento el futuro cotizará al mismo precio que lo haga la acción (puede haber una mínima diferencia, por lo que vimos al hablar del arbitraje). Si la acción cotiza a 8 euros, el futuro lo hará también a 8 euros (que pueden ser 7,99 euros, 8,02 euros, o algo similar). Lo mismo sucederá si la acción cotiza a 20 euros (el futuro lo hará también a 20 euros), o a cualquier otro precio.

Pero no importa el precio al que cotice el futuro en ese momento, la compra venta de las acciones, fiscalmente hablando, se realizará a 10,15 euros.

Por tanto, Elena vende 100 acciones a 10,15 euros. Esas 100 acciones las compra Cristina, a los mismos 10,15 euros, lógicamente.

Elena entrega 100 acciones, y recibe 1.015 euros.

Cristina paga 1.015 euros, y recibe 100 acciones.

La liquidación por entregas, por tanto, es como una compra venta de acciones normal y corriente. La diferencia es que no se hace al precio al que cotice la acción ese día (16 de marzo), sino al precio que se acordó al abrirse la operación (12 de enero).

En este momento BME les devuelve las garantías a ambas. Las garantías siempre se devuelven al final, salvo en un caso que ahora veremos. También se regularizan las liquidaciones diarias de pérdidas y ganancias acumuladas hasta ese momento. Es decir, como han liquidado el futuro por entregas esas liquidaciones diarias de pérdidas y ganancias que se han ido sucediendo no tienen sentido, y se "retrotraen" (la forma exacta en que esto se haga en la cuenta de su broker puede variar, pero el efecto final es siempre el que aquí le comento).

¿Qué pasa si Elena ha liquidado el futuro por error y no tiene las 100 acciones?

Pues que tiene que comprar 100 acciones en el mercado (a 8 euros, a 12 euros, a 20 euros, o a lo que estén en ese momento), y entregárselas a Cristina.

Si están a 8 euros Elena ganará dinero, porque comprará 100 acciones a 8 euros e inmediatamente se las venderá a Cristina a 10,15 euros, ganando la diferencia, que son 215 euros (10,15 – 8,00 x 100).

Si están a 20 euros Elena perderá dinero, porque comprará 100 acciones a 20 euros e inmediatamente se las venderá a Cristina a 10,15 euros, perdiendo la diferencia, que son 985 euros (20,00 – 10,15 x 100).

¿Qué pasa si las acciones están a 20 euros y Elena no tiene los 2.000 euros necesarios para comprar 100 acciones y entregárselas a Cristina?

Aquí es cuando se utilizan las garantías. Para simplificar la explicación voy a suponer que al vencimiento la acción del BBVA y el futuro sobre acciones del BBVA cotizan ambos exactamente a 20,00 euros.

Llegados a este punto, Elena tiene unas pérdidas acumuladas por las liquidaciones diarias de pérdidas y ganancias de 985 euros (20,00 – 10,15 x 100). Además, tendrá puestas unas garantías de 300 euros (el 15% de 2.000, que es el resultado de multiplicar las 100 acciones del contrato por los 20 euros de la cotización del futuro).

BME compra 100 acciones por 2.000 euros, y se las vende a Cristina por 1.015 euros. Eso quiere decir que BME tiene que "adelantar" 985 euros (2.000 – 1.015). Esos 985 euros los saca de las liquidaciones acumuladas de pérdidas y ganancias, como hemos visto antes. En este caso esos 985 euros (que habían sido de Elena originalmente) estaban en la cuenta de Cristina, y es de ahí de donde los coge. Además hay que pagar las comisiones de la operación de compra de las 100 acciones (supongamos 10 euros). Además, cuando Elena dice que no puede comprar las 100 acciones ya está cerrada la sesión del 16 de marzo, por lo que BME tendrá que comprar estas 100 acciones el lunes siguiente. Y el lunes siguiente quizá coticen a 21 euros, y BME tenga que pagar 2.100 euros, en lugar de los 2.000 previstos. Tanto los 10 euros de comisión, como los 100 euros de más saldrían de las garantías de Elena, a la que BME en lugar de devolverle 300 euros le devolvería 190 euros (300 – 10 – 100). Para esto sirven las garantías.

Si hubiera sido Cristina la que no hubiera podido cumplir su parte (pagar los 1.015 euros acordados por las 100 acciones) BME habría actuado de forma similar, "sustituyendo" a Cristina y utilizando sus garantías para cubrir las posibles pérdidas y comisiones que se generasen.

Por eso es muy necesario que tanto comprador como vendedor tengan que poner garantías.

Un detalle importante sobre el funcionamiento legal de los derivados es que el mercado (BME, por ejemplo) es la contrapartida de las dos partes. "Ser la contrapartida de las 2 partes" quiere decir que legalmente Cristina compra el futuro a BME, y BME se lo vende a Cristina. Y Elena vende el futuro a BME, y BME se lo compra a Elena.

BME (o el mercado que sea) no genera nunca las operaciones, pero es la "otra parte" en todas ellas. Esto da mucha seguridad jurídica a los inversores, ya que Cristina no tiene que preocuparse de si Elena cumplirá su parte, ni Elena tiene que preocuparse de si Cristina cumplirá la suya. Ambas están protegidas porque legalmente su "otra parte" es BME, que en caso de que alguna de ellas no pueda cumplir su parte la sustituirá, y la otra ni se enterará de que ha habido problemas.

La otra forma de liquidar un contrato de futuros al vencimiento es hacerlo “por diferencias”. En la liquidación por diferencias no hay intercambio de acciones, lo que se hace es una última liquidación de pérdidas y ganancias en dinero, por lo que entre Elena y Cristina, en este ejemplo, en una liquidación por diferencias sólo se intercambiaría dinero, pero no acciones. Si suponemos que abren la operación a 10 euros y al vencimiento la cotización es de 12 euros, 200 euros de Elena pasarían a la cuenta de Cristina, y no habría ningún intercambio de acciones.

 

¿Qué vencimientos existen en los futuros?

 

Las fechas de vencimiento de los futuros (y las opciones) siempre se conocen de antemano. Las elige el mercado donde coticen los derivados. En cualquier momento el gestor del mercado puede crear vencimientos nuevos, y eliminar alguno de los existentes (sin que haya operaciones abiertas que se queden "colgadas", por supuesto).

Los vencimientos principales son los del tercer viernes de los meses de marzo, junio, septiembre y diciembre. De estos, el que más liquidez tiene es el más próximo en cada momento. Por ejemplo, si estamos en enero, el más líquido e importante será el de marzo. En mayo el más líquido e importante será el de junio, etc. Este será el vencimiento en que el arbitraje asegure (casi el 100% del tiempo) un precio justo de los futuros. En los demás vencimientos puede haber muy poca liquidez, y se pueden dar precios "no justos" en más ocasiones, aunque también en ellos funciona el arbitraje. Pero esa menor liquidez puede hacer que los arbitrajistas consigan beneficios más altos que en el vencimiento más cercano, lo cual es lo mismo que decir que los precios son menos "justos" para los inversores particulares.

Lo habitual es operar con el vencimiento más próximo, salvo que ya queden pocos días para dicho vencimiento.

Si el vencimiento más próximo es el 20 de junio y estamos a 10 de junio, podemos operar con el vencimiento del 20 de junio, pero si nuestra intención es prolongar nuestra posición más allá del 20 de junio probablemente será mejor (por los costes, en comisiones y otros conceptos, que ahora veremos) abrir la posición directamente en el vencimiento de septiembre. En este momento podríamos abrir también la posición en el vencimiento de diciembre, e incluso en el de marzo del año siguiente, pero estos 2 últimos probablemente tendrán poca liquidez, y los precios de compra y de venta que nos ofrezcan serán poco interesantes (por estar demasiado alejados de la cotización).  Aunque no siempre es así, también es posible que en estos vencimientos haya buenos precios.

Además de estos 4 vencimientos principales pueden existir otros secundarios, como por ejemplo los de los otros 8 meses del año.

En el momento de escribir este libro, en España y en los futuros sobre acciones además de los 4 vencimientos principales que hemos visto existen también los de los 2 meses más próximos que no sean uno de los 4 vencimientos principales. Por ejemplo, si estamos en junio estarán también abiertos los vencimientos de los meses de julio y agosto. Si estamos a principios de enero (antes del tercer viernes de enero) estarán también abiertos los de los meses de enero y febrero. Una vez que pase el tercer viernes de enero se abrirá el de abril. Etc.

Los vencimientos secundarios pueden variar. En determinado momento se pueden abrir otros nuevos, o pueden dejar de funcionar los que ya existen.

Los 4 principales sí que deberían mantenerse siempre. A lo mejor algún día eso cambia, pero de momento esos 4 vencimientos se pueden dar por seguros, y en cualquier caso el importante y con el que operará casi siempre será con el próximo, o con los 2 próximos si el primero está muy cerca, de estos 4 vencimientos principales, como ya hemos visto.

Para un mismo subyacente (las acciones del BBVA, por ejemplo, o el índice SP500, etc), los vencimientos de los futuros son los mismos que los de las opciones. Si fueran distintos no se podrían hacer muchas de las estrategias que combinan opciones y futuros (que luego veremos), por eso son siempre los mismos.

Dentro de un mismo mercado sí puede haber productos con vencimientos distintos. Es decir, los 4 vencimientos principales son fijos, los que pueden variar son los secundarios. Por ejemplo, las opciones y futuros sobre acciones pueden tener vencimientos secundarios distintos a los que tenga el Ibex 35, o el bono español a 10 años, etc, pero todos estos productos casi seguro que tendrán en común los 4 vencimientos principales que ya hemos visto. Estas diferencias entre unos productos y otros en cuanto a sus vencimientos secundarios no es importante, es simplemente una curiosidad.

 

Entonces, ¿por qué los futuros tienen fama de ser peligrosos?

 

Como ha visto por lo que llevamos explicado hasta ahora, el riesgo de los futuros es el mismo que el de las acciones (tanto la compra de acciones, en el caso de la compra de futuros, como la venta de acciones a crédito, en el caso de la venta de futuros). Si usted compra futuros en lugar de acciones lo único que hace es retrasar el pago, y por tanto modificar muy ligeramente su importe, por los pocos intereses que se puedan generar hasta el día del vencimiento, y los dividendos que haya entre medias.

Pero si una persona conoce la existencia de los derivados, opciones y futuros, es casi imposible que no haya oído alguna vez que son muy peligrosos.

No es cierto que sean peligrosos en sí mismos, aunque sí es cierto que pueden llegar a ser muy peligrosos, si la persona que los utiliza así lo quiere.

Si usted no quiere que sean peligrosos, nunca lo serán para usted. No tienen nada "escondido" que de repente convierta una situación prudente en una situación peligrosa. Si usted quiere vivir tranquilo con los derivados, vivirá siempre tranquilo con ellos.

Lo que les hace peligrosos es el apalancamiento. Apalancarse es arriesgar más dinero del que realmente se tiene. Lo que hacen las personas que se hipotecan para comprar su vivienda, por ejemplo. Para comprar su vivienda casi todo el mundo necesita apalancarse, pero debe ser consciente de que se está apalancando, y hacerlo en la menor medida posible, para reducir el riesgo al máximo, dentro de sus posibilidades.

En el caso de los futuros, como hemos, visto al comprar 1 futuro del BBVA a 10,15 euros estamos arriesgando 1.015 euros. Pero sólo nos piden como garantía 152,25 euros.

Si pensamos desde la mentalidad de un inversor prudente damos por supuesto que tenemos los 1.015 euros, y que si tenemos que comprar las 100 acciones del BBVA no pasa nada, porque tenemos el dinero suficiente para hacerlo. Y así es en el caso de los inversores prudentes, pero hay otro tipo de situaciones.

Supongamos que compramos 1 futuro del BBVA a 10,15 euros, sube un 20% hasta 12,18 euros, y lo vendemos, ganando 203 euros (el 20% de 1.015), menos las comisiones.

Es una buena rentabilidad, pero si nos apalancamos la podemos aumentar mucho más.

Supongamos que en lugar de 1 contrato compramos 6. No tenemos los 6.090 euros (600 x 10,15) que harían falta si tuviéramos que comprar las 600 acciones del BBVA, pero nuestra idea es otra. Las garantías que nos piden son 913,50 euros (152,25 x 6). Como tenemos 1.015 euros, las podemos poner, y aún nos sobra dinero.

Cuando el precio del futuro sube un 20%, vendemos nuestros 6 futuros, y ganamos 1.218 euros (203 x 6), menos comisiones.

Siendo prudentes hemos ganado el 20% "normal". Arriesgando con el apalancamiento hemos ganado un 120%, aproximadamente. Exactamente con el mismo movimiento de la acción del BBVA.

Esta diferencia del 20% al 120% es lo que atrae a las personas que se apalancan, porque evidentemente es muy grande.

El problema viene si lo que hace el BBVA de repente un día (o en varios días) es caer un 20%, por ejemplo, porque ha salido un rumor sobre el crecimiento en China, sobre una posible crisis en Latinoamérica, etc.

¿Qué nos sucedería en ese caso si nos hemos apalancado?

Esa caída del 20% de la cotización se produciría sobre el total de dinero que hemos arriesgado, 6.090 euros. El 20% de 6.090 euros son 1.218 euros, y como nosotros tenemos 1.015 euros, nos hemos quedado a 0, y además le debemos a nuestro broker la diferencia, 203 euros (1.218 – 1.015). en todos los casos más las comisiones, lógicamente.

Si hubiéramos comprado el único contrato que podíamos realmente comprar con nuestro dinero, nos habrían hecho las liquidaciones diarias de pérdidas y ganancias correspondientes, pero seguiríamos dentro de la operación, y cuando la cotización volviese a subir venderíamos con ganancias. O si estuviésemos haciendo trading y nos saltase el stop, tendríamos la pérdida que teníamos previsto asumir, del 5%, el 10%, el 20%, o lo que fuera, pero no nos habríamos arruinado.

Se puede pensar que aún apalancándonos mucho podemos evitar la ruina utilizando stop-loss. Esto es cierto, aunque sólo en parte. Es cierto que gracias a los stop-loss no se arruina a diario gente que se apalanca. Si todos los días se arruinasen todos los que se apalancan, hace ya mucho tiempo que nadie se apalancaría.

Pero en cualquier momento puede haber un movimiento brusco ante el que no podamos reaccionar, y nuestros stops no lleguen a funcionar. De vez en cuando el mercado abre con un hueco al alza, o a la baja, y eso puede arruinar de forma instantánea a los que estén muy apalancados.

Acabamos de ver el caso de las personas que se apalancan comprando, y lo mismo, pero al revés, sucede con las personas que se apalancan vendiendo. Lo que pasa es que hay unas pequeñas diferencias que hacen que merezca la pena verlo con un poco más de detalle, porque es aún más arriesgado apalancarse en las posiciones bajistas.

Ya hemos visto que vendiendo 6 futuros sobre el BBVA a 10,15 euros lo máximo que podemos perder son 6.090 euros (600 x 10,15), en caso de que el BBVA quebrase y sus acciones pasasen a valer 0. Si tenemos sólo 1.015 euros, como en nuestro ejemplo, los habremos perdido mucho antes, pero en cualquier caso al abrir la operación se sabe que la pérdida máxima en el peor de los casos serían esos 6.090 euros.

Si lo que hacemos es vender 6 futuros sobre el BBVA (y no tenemos 600 acciones para entregarlas al vencimiento del futuro), entonces no hay una pérdida máxima, es ilimitada (aunque ahora lo matizaré). Si la cotización del BBVA se dobla (llegando a los 20,30 euros), perderemos los mismos 6.090 euros que en el caso anterior, ya que tendremos que comprar 600 acciones a 20,30 euros, lo cual hace un total de 12.180 euros, para venderlas a 10,15 euros, por un total de 6.090 euros. La diferencia entre nuestro precio de compra (12.180 euros) y nuestro precio de venta (6.090 euros) es lo que perderemos (12.180 – 6.090 = 6.090).

Lo que pasa es que las cotizaciones no pueden bajar de 0 y entrar en terreno negativo, pero sí pueden subir más del 100%.

Por ejemplo, si la cotización del BBVA se triplica y llega a los 30,45 euros, nuestra pérdida será de 12.180 euros (30,45 – 10,15 x 600).

Y una vez que llega a los 30,45 euros puede seguir subiendo, aumentando nuestra pérdida. No hay un punto del que la acción del BBVA no pueda pasar, de tal forma que ese punto marcase nuestra pérdida máxima.

Por eso se dice que las pérdidas en las posiciones bajistas (aquellas en las que se vende primero para recomprar, idealmente más barato, después) son ilimitadas.

No es el concepto matemático de ilimitado, ya que lo ilimitado es lo infinito, y no se puede perder infinito, porque en algún momento nuestro broker (aunque nosotros no hiciéramos nada) cerraría nuestra posición, y cortaría nuestras pérdidas en algún punto.

Lo que sí se sucede es que podemos perder mucho más de lo que imaginábamos al abrir la operación, y la forma en que esto suele suceder en la práctica es la siguiente.

Óscar tiene 5.000 euros en su cuenta de derivados, y toma una posición bajista muy apalancada, como la que hemos visto antes, porque cree que las acciones del BBVA están muy caras y tienen que bajar mucho. Además tiene 10.000 euros en un depósito, que tiene guardados como reserva por si algún día se queda en paro, por ejemplo.

La cotización del BBVA empieza a subir más de lo que pensaba Óscar, y las garantías más las pérdidas liquidadas acumuladas ya están a punto de sumar esos 5.000 euros que tenía Óscar en la cuenta de derivados.

Óscar, en vez de cerrar la posición, lo que hace es sacar 1.000 euros del depósito en el que tiene reservados 10.000 euros, ya que ahora ve aún más claro que antes que el BBVA tiene que bajar. En cuanto cierre la posición devolverá esos 1.000 euros al depósito que acaba de tomar "prestados".

Pero la cotización sigue subiendo, y lo que hace Óscar es sacar otros 1.000 euros del depósito. Y luego otros 1.000, y luego 2.000 más, etc, y llega un momento en que en el depósito le quedan 3.000 euros, ya ha perdido los nervios, y cierra la operación, perdiendo los 5.000 euros que tenía en la cuenta de derivados, más otros 7.000 euros que tenía en el depósito.

Estos 12.000 euros no son una pérdida ilimitada matemáticamente hablando (no son infinito), pero sí son mucho más de lo que Óscar había imaginado perder en el peor de los casos cuando abrió la operación. Ya no tiene dinero para hacer trading en la Bolsa, y de los 10.000 euros que tenía de reserva por si algún día los necesitaba ya sólo le quedan 3.000.

Hay otra diferencia muy importante entre el apalancamiento en posiciones alcistas (compradoras) y bajistas (vendedoras), y es que es muchísimo más fácil que una cotización se multiplique por 2, 3 ó 4 veces que que una empresa quiebre, o incluso se acerque a 0, ya que las caídas, por profundas que sean, se detienen mucho antes de eso. Es otra de las cosas que hace que en la práctica sea muchísimo más arriesgado apalancarse con posiciones bajistas que con posiciones alcistas.

 

Cómo prolongar una posición en futuros más allá de su fecha de vencimiento

 

Como ya hemos visto, los futuros desaparecen al llegar a su fecha de vencimiento, y esto a primera vista puede parecer una limitación importante, "¿Qué hago si quiero / necesito mantener la posición abierta más allá de la fecha de vencimiento?".

Se puede hacer, como ahora veremos, y es muy fácil, pero tiene un coste en comisiones, e implicaciones fiscales.

Para facilitar la explicación vamos a llamar vencimiento cercano al que está a punto de llegar (el 20 de junio, por ejemplo) y vencimiento lejano al siguiente (15 de septiembre, por ejemplo).

Se puede dar el caso, y muchas veces se da, que estemos a primeros de junio y queramos mantener nuestra posición en futuros más allá del 20 de junio. Como el 20 de junio nuestro futuro deja de existir tenemos que hacer "algo", y ese "algo" es el llamado roll-over.

Explicado rápidamente consiste en cerrar nuestra posición en el vencimiento cercano (20 de junio) y abrir una posición similar en el vencimiento lejano (15 de septiembre).

Supongamos que tenemos comprados 5 futuros sobre el Banco Santander. Para hacer el roll-over tenemos que vender 5 contratos de futuros sobre el Banco Santander del vencimiento cercano (con lo que nuestra posición en este vencimiento queda cerrada, a 0), e inmediatamente comprar 5 futuros del Banco Santander del vencimiento lejano.

Si en lugar de comprados esos 5 futuros los tuviésemos vendidos, para hacer el roll-over de nuestra posición haríamos lo contrario, comprar 5 futuros del vencimiento cercano, y vender 5 futuros del vencimiento lejano.

Como vemos, es muy fácil hacer un roll-over. Sólo hay que tener en cuenta 3 cosas.

La primera de ellas es que vamos a pagar comisión por el cierre de la operación en el vencimiento cercano y por la apertura de la nueva operación en el vencimiento lejano. Son 2 comisiones, sólo por mantener la posición abierta. Por "seguir teniendo acciones" no tenemos que pagar este tipo de comisiones, pero en los futuros sí.

La segunda cosa es que además vamos a tener, muy probablemente, una pequeña pérdida adicional, por las horquillas de compra venta. Supongamos que las posiciones en los libros de órdenes son:

Vencimiento cercano: Compra a 9,15 – Venta a 9,20

Vencimiento lejano: Compra a 9,15 – Venta a 9,20

Pongámonos en el primer caso, en el que tenemos 5 futuros comprados.

Al hacer el roll-over tendremos que vender a 9,15 en el vencimiento cercano (es la mejor posición a la que se puede vender en ese momento) y comprar a 9,20 euros en el vencimiento lejano (es la mejor posición a la que se puede comprar en ese momento). Esto nos supone una pérdida adicional de 0,05 euros, ya que hemos vendido a 9,15 y hemos comprado a 9,20.

Las cifras que acabo de usar no son reales, pero lo he hecho así por motivos didácticos. Las cifras reales serían algo así como:

Vencimiento cercano: Compra a 9,15 – Venta a 9,20

Vencimiento lejano: Compra a 9,25 – Venta a 9,30

 

o incluso:

Vencimiento cercano: Compra a 9,15 – Venta a 9,20

Vencimiento lejano: Compra a 9,05 – Venta a 9,10

 

¿Por qué?

Pues porque los intereses y los dividendos son diferentes en unos vencimientos y en otros. Pero si pongo un ejemplo real es mucho más complicado detectar esa pérdida de 0,05 euros que se veía muy fácilmente en el primer ejemplo, el "irreal". En un ejemplo real podríamos estar vendiendo a 9,15 y comprando a 9,10, y estar perdiendo esos mismos 0,05 euros (aunque aparentemente los estemos ganando), por el efecto de los intereses y los dividendos.

Lo importante es que tenga claro que, salvo excepciones, en cada roll-over va a perder unos pocos céntimos por acción, por las horquillas de compra venta. La única forma de no perder estos céntimos, e incluso ganarlos, es no hacer el roll-over de forma simultánea, sino vendiendo ahora el vencimiento cercano, y comprando dentro de unos minutos el vencimiento lejano. Esto si los precios en esos minutos se mueven a nuestro favor, lógicamente, porque si lo hacen en nuestra contra perderemos algunos céntimos más que si hubiéramos hecho el roll-over de forma inmediata.

Hacer un roll-over ganando dinero es posible, pero poco probable. Entra dentro del trading intradiario, lo cual está lejos del lector habitual de este libro, y de la gran mayoría de inversores. Así que cuente con que lo normal es que en cada roll-over pierda unos pocos céntimos.

La tercera implicación del roll-over es la fiscal.

El roll-over prolonga la operación en nuestras cuentas internas, pero no de cara a Hacienda. De cara a Hacienda la operación que cerramos en el vencimiento cercano se cierra de verdad, con una ganancia o pérdida fiscal materializada en el día que hagamos esa operación. Y la operación que abrimos es una operación totalmente nueva, como si no tuviera nada que ver con la operación que acabamos de cerrar 1 segundo antes.

Aunque en nuestras cuentas internas el roll-over sea la "fusión" de 2 operaciones, para Hacienda son 2 operaciones totalmente independientes. Hacienda no sabe si estas 2 operaciones son un roll-over o no, ni si tienen alguna relación entre ellas para nosotros o no, por eso son 2 operaciones totalmente independientes desde el punto de fiscal.

Con los roll-over podemos mantener una posición en futuros de forma indefinida, durante años y años. Pero teniendo en cuenta que cada vez que hagamos un roll-over tendremos que tener en cuenta esas 3 cosas: las comisiones de las 2 operaciones, la muy probable pérdida por las horquillas de compra-venta, y las implicaciones fiscales de la operación que cerramos.

Por eso, dentro de lo posible, se deben evitar los roll-over. Por ejemplo, si en el ejemplo anterior queremos abrir una posición el 10 de junio, mejor que lo hagamos directamente en el vencimiento del 15 de septiembre, que que lo hagamos en el del 20 de junio, y a los pocos días hagamos el roll-over al vencimiento de septiembre.

¿Cuándo se debe hacer el roll-over?

Se puede hacer en cualquier momento. Lo mejor es hacerlo en los últimos días del vencimiento cercano, ya que es cuando más liquidez hay en el vencimiento cercano y en el lejano, y eso reduce la pérdida que tengamos por las horquillas. En el último momento la liquidez puede ser baja y aumentar las horquillas (sobre todo en el vencimiento que está a punto de expirar), por lo que es preferible hacerlo en los días anteriores al último día de negociación del vencimiento cercano.

 

Características de los contratos de futuros

 

La mayoría ya las hemos visto, pero es bueno tenerlas ordenadas y juntas, y además hay alguna que aún no hemos visto.

Activo subyacente: Es el activo al que está referenciado el futuro. En el caso de los futuros sobre las acciones sobre el BBVA el subyacente son las acciones del BBVA, en el futuro sobre el trigo el subyacente es el trigo, en el futuro sobre el SP500 el subyacente es el SP500, en el futuro sobre la plata el subyacente es la plata, etc.

Número de acciones por contrato: Sólo es aplicable a los futuros sobre acciones. Es el número de acciones que representa cada contrato. Como ya hemos visto suelen ser 100 acciones, aunque a veces puede variar por operaciones como ampliaciones de capital y similares. Una vez que varía el número de acciones, el cambio no se mantiene para siempre, sino que en cuanto es posible (en los nuevos vencimientos) vuelve a ser 100. Se puede dar el caso de que en los 3 siguientes vencimientos de los futuros sobre Telefónica el número de acciones por contrato sean 108, por ejemplo, y a partir del cuarto vuelvan a ser 100. El equivalente en los futuros sobre materias primas son las toneladas / barriles / etc por contrato.

Multiplicador: Se aplica a los futuros sobre índices, pero no a los futuros sobre acciones. Es un número que se establece de forma arbitraria, y que marca el valor nominal (es decir, el riesgo real que se corre) del contrato. Por ejemplo, el multiplicador del futuro sobre Ibex 35 es de 10 euros, y el del futuro sobre el Mini Ibex 35 es 1 de euro. Eso quiere decir que si el Ibex 35 está en 18.000 puntos, un contrato de futuros sobre el Ibex 35 representa un riesgo de 180.000 euros (18.000 x 10), y un contrato sobre el Mini Ibex 35 representa un riesgo de 18.000 euros (18.000 x 1). Lógicamente es fundamental conocer esto, para saber el riesgo que se corre, y más teniendo en cuenta que en el caso de los futuros sobre índices es habitual que un sólo contrato represente decenas, e incluso centenas, de miles de euros.

Importe nominal del contrato: Es el dinero que representa cada contrato, el riesgo que realmente se corre al operar con 1 contrato. En el caso de los futuros sobre acciones se calcula multiplicando la cotización del futuro por el número de acciones que representa cada contrato.

Como veíamos en los ejemplos anteriores, si el futuro del BBVA cotiza a 10,15 euros y representa 100 acciones, el importe nominal del contrato son 1.015 euros (10,15 x 100).

Y como acabamos de ver, si el Ibex 35 cotiza a 18.000 puntos, el importe nominal del contrato del futuro sobre el Ibex 35 son 180.000 euros (18.000 x 10).

Forma de liquidación: Hay 2 formas de liquidación, por entrega y por diferencias.

La liquidación por entrega es la que hemos visto en los ejemplos anteriores. Al ejercer el futuro sobre el BBVA el comprador recibe 100 acciones del BBVA, que le entrega el vendedor. Es la forma habitual de liquidación en los futuros sobre acciones.

En la liquidación por diferencias no se entrega nada, sólo se "echan cuentas" del resultado final, y se hace el cobro y abono correspondientes. En los ejemplos que hemos visto sobre el BBVA esta forma de liquidación supondría que no se llegan a entregar las 100 acciones del BBVA, sino que al vencimiento se hace una última liquidación diaria de pérdidas y ganancias, de la misma forma que hemos visto antes al hablar de este tema, y la operación queda cerrada. En este caso sólo pasa dinero del comprador al vendedor, o al revés, pero no el activo subyacente. Esta es la forma habitual de liquidación de los contratos de futuros sobre índices, ya que sería caro y tedioso entregar acciones de 25, 50 ó 100 empresas distintas.

Fecha de vencimiento: No hay más que añadir a lo que ya hemos visto, es la fecha en que el futuro deja de existir y todas las operaciones que hubiera abiertas sobre ese futuro quedan cerradas.

Último día de negociación: Es el último día que se puede comprar o vender un futuro, ya que al terminar esa sesión el futuro dejará de existir y todas las operaciones sobre dicho futuro habrán sido liquidadas y cerradas.

Liquidación diaria de pérdidas y ganancias: Ya lo hemos visto antes con detalle.

Duración de las órdenes: Lo habitual en los mercados de futuros es que las órdenes que no se han ejecutado sean anuladas al final de cada sesión. Por ejemplo, si ponemos una orden de compra sobre el futuro de Iberdrola a 7,15 euros y durante la sesión no llega a caer a ese precio porque cotiza en todo momento por encima, nuestra orden será anulada al terminar la sesión, y si queremos mantenerla al día siguiente deberemos lanzar una orden nueva. En mercados que funcionan así hay brokers que sí permiten mantener una orden varios días si no se ejecuta, como pasa con las acciones, y lo hacen lanzando automáticamente órdenes nuevas al principio de cada sesión, hasta que una se ejecute, o se llegue a la fecha límite que puso el cliente.

Aprovecho para comentar que en el caso de los futuros se pueden poner órdenes limitadas, igual que pasa con las acciones. Si el futuro de Iberdrola cotiza a 7,25, nosotros podemos poner una orden de compra a 7,15, o una de venta a 7,40, que estará en el mercado esperando a ver si el precio llega a esos niveles.

Los futuros sobre las acciones tienen un libro de órdenes propio e independiente (aunque muy relacionado, como vimos al hablar del arbitraje) del de las acciones. Las acciones de Iberdrola tienen su libro de órdenes, y los futuros sobre acciones de Iberdrola tienen el suyo propio. Cada vencimiento de futuros tiene su propio libro de órdenes, por lo que habrá un libro de órdenes para los futuros de Iberdrola con vencimiento marzo, otro para los futuros de Iberdrola con vencimiento junio, otro para los futuros de Iberdrola con vencimiento septiembre, etc.

 

Opciones y futuros partiendo de cero
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