CEMENTERIO DE
WHISTLE STOP
WHISTLE STOP (ALABAMA)
19 DE ABRIL DE 1988
El segundo domingo de Resurrección, después de que Mrs. Threadgoode muriese, Evelyn decidió ir al cementerio. Compró unas varas de nardos y fue con su nuevo Cadillac; y se puso también el alfiler de oro de catorce quilates en forma de abeja con ojos de esmeralda, que era un nuevo premio por sus ventas.
A media mañana se había reunido con su grupo de vendedoras de Mary Kay para el brunch y, después del prolongado desayuno-almuerzo, se puso en la carretera y llegó ya bien entrada la tarde. La mayoría de la gente había cumplido ya con su visita y se había marchado, pero el cementerio rebosaba de ramos de flores de todos los colores.
Evelyn tuvo que dar varias vueltas con el coche hasta que localizó el lugar donde se encontraban las tumbas de la familia Threadgoode. La primera que encontró fue la de Ruth Jamison. Siguió adelante y vio la doble lápida con el ángel:
WILLIAM JAMES
THREADGOODE
1850-1929
ALICE LEE CLOUD
THREADGOODE
1856-1932
QUERIDOS PADRES
NUNCA PERDIDOS
SINO ADELANTADOS
HACIA EL LUGAR DONDE VOLVEREMOS
A ENCONTRARNOS
Al lado había otra lápida que decía:
JAMES LEE (BUDDY). THREADGOODE
1898-1919
EN PLENA JUVENTUD, SIGUE VIVIENDO
EN NUESTROS CORAZONES
Y también allí encontró las tumbas de Edward, Cleo y Mildred; pero no daba con la de su amiga, y un temor la asaltó. ¿Dónde estaba Mrs. Threadgoode?
Al fin, una hilera más allá, a la derecha, vio otra lápida:
ALBERT THREADGOODE
1930-1978
NUESTRO ÁNGEL EN LA TIERRA
A SALVO AL FIN EN BRAZOS DE JESÚS
Miró al lado de la tumba de Albert, y allí estaba:
MRS. VIRGINIA (NINNY). THREADGOODE
1899-1986
DE VUELTA A CASA
El recuerdo y la dulzura de la anciana la inundaron de nuevo al instante, y comprendió cuánto la echaba de menos. Las lágrimas rodaron por sus mejillas mientras colocaba las flores, y luego despejó un poco el derredor de la tumba de unas zarzas que habían crecido. Se consoló pensando que una cosa era segura: si el cielo existía, Mrs. Threadgoode había ido allí derecha. Se preguntaba si cabía pensar en alguien con un alma más pura e inmaculada que la suya… Lo dudaba.
Es curioso, pensó Evelyn. Gracias a haber conocido a Mrs. Threadgoode no le temía tanto a envejecer ni a morir como antes; y la muerte ya no le parecía algo tan ajeno al mundo de los vivos. Incluso entonces, allí, era como si Mrs. Threadgoode estuviese detrás de una puerta.
Evelyn empezó a hablarle sosegadamente a su amiga: «Siento no haber venido antes, Mrs. Threadgoode. No sabe cuántas veces he pensado en usted deseando hablarle. No dejo de reprocharme no haberla vuelto a ver antes de morir. Nunca pude imaginar que no volvería a verla. Ni siquiera tuve ocasión de darle las gracias. De no haber sido por cómo me hablaba usted una semana tras otra, no sé lo que hubiese hecho».
Evelyn guardó silencio unos instantes, y luego prosiguió: «Ya tenemos Cadillac, Mrs. Threadgoode. Pensé que conseguirlo me haría feliz, pero la verdad es que no significa ni la mitad ir en él sin poder ir con usted. Muchas veces he deseado venir a recogerla un domingo para dar un paseo, o para ir a Ollie's a comer carne a la barbacoa».
Fue a situarse entonces al otro lado de la tumba y siguió arrancando zarzas: «Me han pedido que colabore con un grupo de ayuda a los enfermos mentales, en el Hospital de la Universidad… y puede que lo haga», dijo riendo. «Porque, como le he dicho a Ed: algo sabré de una enfermedad que he padecido».
»Y, no se lo va a creer, Mrs. Threadgoode, pero ya soy abuela. Y por dos veces. Porque Janice tuvo gemelas. Y, ¿recuerda a mi suegra? La cambiamos de residencia, a Meadowlark Manor, y le gusta mucho más, algo de lo que me he alegrado mucho, porque detestaba ir a Rose Terrace después de haber muerto usted. La última vez que fui, Geneene me dijo que Vesta Adcock sigue tan loca como siempre, muy afectada todavía por la marcha de Mr. Dunaway.
»Todo el mundo la echa a usted de menos: Geneene, sus vecinos los Hartman… Fui allí a recoger lo que usted me dejó, y utilizo continuamente las recetas. Ah, y, por cierto, he perdido más de veinte quilos desde la última vez que usted me vio. Aún tendría que perder un par más.
»Y, hay que ver, su amigo Ocie murió el mes pasado… pero sospecho que usted ya lo sabe. Y… ya sabía yo que quería decirle otra cosa: ¿recuerda la fotografía que se hizo con el vestido de lunares en los almacenes Loveman's? La he hecho enmarcar y la tengo en una mesita del cuarto de estar y, al verla una de mis clientas, me dijo: "Evelyn, ¡es usted igualita que su madre!"… Algo querrá decir eso, ¿no, Mrs. Threadgoode?».
Evelyn le contó a su amiga todo lo sucedido durante el último año, y no se marchó hasta que tuvo el íntimo convencimiento de que Mrs. Threadgoode se quedaba con la certeza de que estaba bien.
Sonriente y feliz, volvió sobre sus pasos hacia el coche; pero, al pasar junto a la tumba de Ruth, se detuvo. Había allí algo que antes no estaba. Junto a la lápida había un jarrón de cristal lleno de rosas de pitiminí recién cortadas. Junto al jarrón había un sobre en el que, con una letra muy fina e irregular, había escrito:
PARA RUTH JAMISON
Sorprendida, Evelyn cogió el sobre. En el interior había una anticuada felicitación de Pascua, con la fotografía de una niña pequeña que llevaba una cestita llena de huevos multicolores. Abrió la felicitación:
PARA UNA PERSONA TAN ENCANTADORA
COMO TÚ, AMABLE Y CONSIDERADA EN
TODO,
LA MÁS CABAL Y HONESTA,
LA MÁS CARIÑOSA Y SINCERA.
TODA TÚ MARAVILLOSA.
Y, al pie:
SIEMPRE TE RECORDARÁ
TU AMIGA,
LA ENCANTADORA DE ABEJAS.
Evelyn se quedó allí de pie con la felicitación en la mano, mirando en derredor del cementerio. Pero no había nadie.