WHISTLE STOP
(ALABAMA)
21 DE SETIEMBRE DE 1928
Mamá y papá Threadgoode estaban en el porche, aguardando.
Ella y Sipsey habían estado toda la mañana preparando el dormitorio de Ruth y, en aquel momento, Sipsey estaba en la cocina con Ninny, preparando tostadas para la cena.
—Pero escúchame bien, Alice, no vayas a echarte en sus brazos como una loca y nos la asustes. Tienes que estar tranquila y esperar a ver. No hagas que se sienta en la obligación de quedarse. No la presiones.
Mamá Threadgoode jugueteaba con su pañuelo y con un mechón del pelo, clara indicación de que estaba nerviosa.
—No voy a hacer nada de eso, hombre. Sólo le diré lo contentos que estamos de verla… Eso sí puedo decírselo. Que es bien recibida. Porque, que te alegras de verla sí se lo dirás, ¿no?
—Pues claro que sí —dijo papá Threadgoode—. Sólo que no quiero que te hagas demasiadas ilusiones; eso es todo.
Guardó silencio un momento. Pero sólo un momento.
—Claro que… ¿a ti qué te parece? ¿Crees que si quedará, Alice?
—Ruego a Dios por que se quede.
Justo en aquel instante asomaba el camión por la revuelta del camino, con Ruth e Idgie.
—¡Eh! —exclamó papá—. ¡Ahí están! ¡Ninny! ¡Sipsey! ¡Que están ahí!
Mamá dio un salto y bajó las escaleras del porche de dos en dos. Y papá detrás.
Al ver a Ruth bajar del coche, y verla tan delgada y demacrada, se olvidaron de sus propósitos la abrazaron y la estrujaron, hablándole los dos a la vez.
—¡Qué contenta estoy de que estés en casa cariño! ¡No volveremos a dejarte marchar nunca más!
—Ya te tenemos preparada la habitación. Y Sipsey y Ninny han estado cocinando toda la mañana.
Mientras subían las escaleras del porche con Ruth, mamá volvió la cabeza y miró a Idgie.
—¡Y a ver si de una vez te comportas, jovencita ¿Entendido?
Idgie se quedó perpleja y, mientras los seguía hacia el interior, iba diciéndose para sus adentros «¡Pero, qué habré hecho yo!».
Después de cenar, Ruth fue al salón con mamá y papá y cerró la puerta. Se sentó frente a ellos con las manos cruzadas sobre el regazo y empezó a hablarles.
—No tengo un centavo. A decir verdad no tengo más que lo puesto. Pero puedo trabajar. Quiero que sepan que nunca volveré a marcharme. No debí marcharme hace cuatro años, bien que lo sé. Pero me esforzaré por compensarla y no volver a herirla. Les doy mi palabra.
Papá Threadgoode, que se sentía muy incómodo ante todo lo que fuese expresar sentimientos, se rebulló en el asiento.
—Bueno, supongo que eres consciente de con quién te la juegas. Ya sabes que Idgie es un torbellino.
Mamá hizo ademán de acallarlo.
—Anda, papá, que Ruth lo sabe de sobras. ¿Verdad, cariño? Lo único que pasa es que tiene una vena… Dice Sipsey que es porque comí caza cuando estaba embarazada. ¿Recuerdas, papá, que aquel año trajisteis codornices y pavos salvajes?
—Pero mamá… ¡si has comido caza todos los días de tu vida!
—Bueno… Eso también es verdad. Da igual. Eso es lo de menos. Papá y yo queremos que sepas que te consideramos de la familia, y nada puede hacernos más felices que saber que nuestra pequeña tiene una compañera tan encantadora como tú.
Ruth se levantó, los besó a ambos y salió. Idgie la estaba esperando afuera, echada en la hierba, escuchando a los grillos y preguntándose por qué se sentía tan embriagada sin haber tomado una gota de alcohol.
—Sabes —dijo papá Threadgoode, después de que Ruth hubiera salido del salón—, ya te había dicho yo que no tenías por qué preocuparte.
—¿Yo? ¡Pero si eras tú quien se preocupaba y no yo, papá! —dijo mamá Threadgoode, que siguió luego su costura.
Al día siguiente, Ruth decidió recuperar el apellido Jamison. Idgie fue por toda la ciudad contando lo del pobre marido de Ruth, que había muerto aplastado por uno de esos camiones blindados. Al principio, a Ruth le horrorizó que Idgie contase semejante embuste, pero luego, al nacer su hijo, se alegró de que lo hubiese hecho.