CENTRO DE
ADELGAZAMIENTO DEFINITIVO
MONTECITO (CALIFORNIA)
5 DE DICIEMBRE DE 1986
Evelyn llevaba ya casi dos meses en el Centro y había perdido más de diez quilos. Pero en otro aspecto había ganado. Había encontrado a su grupo, al grupo que había estado buscando durante toda su vida. Allí las tenía: hormiguitas, marujitas, divorciadas, maestras solteronas, bibliotecarias…, todas esperanzadas en empezar una nueva vida de delgadez saludable.
No había imaginado que pudiese ser tan divertido. Para Evelyn Couch y sus colegas en deslastre, por así decirlo, la más importante preocupación allí era conjeturar sobre con qué loca… especialidad les saldría el cocinero aquella noche para postre. ¿Tarta de calabaza a 55 calorías por ración? ¿Batido de fruta de 50 calorías? ¿O tocaría aquella noche su postre preferido, el «flan flaco», de una increíble transparencia de sólo 80 calorías?
Nunca le había pasado por la cabeza a Evelyn que el solo hecho de que hiciese buen día podía alegrarle el corazón de aquella manera, y eso que no era de las que más madrugaban para ir al Acuapark.
Pero es que se había producido otro fenómeno que ni en sueños había imaginado. ¡Se había convertido en una persona muy solicitada y estimada! Cuando llegaba alguna nueva al Centro, en seguida alguien le preguntaba: «¿Te han presentado ya a esa mujer tan simpática de Alabama? ¡Ya verás! Es una delicia oírla hablar, y tiene un acento encantador, y mucha personalidad».
Evelyn no había creído nunca que pudiera resultar simpática ni que tuviese un bonito acento; pero, por lo visto, en cuanto abría la boca las demás se partían de risa. Evelyn disfrutaba lo suyo viéndose tan estimada, y lo explotaba a fondo quedándose de tertulia por la noche junto a la chimenea. Con quienes más había intimado era con tres amas de casa de Thousand Oaks, una que se llamaba Dorothy y dos que se llamaban Stella. Las cuatro formaban la peña de las gordas, y prometieron reunirse una vez al año durante el resto de sus vidas; Evelyn estaba segura de que lo cumplirían.
Después de la sesión de estiramiento y flexión, se ponía su nuevo chándal azul marino y pasaba por recepción a recoger el correo.
Ed le enviaba puntualmente toda la correspondencia rutinaria y, por lo general, no recibía ninguna carta importante. Pero aquel día encontró una con matasellos de Whistle Stop, Alabama. Y la abrió preguntándose quién podía escribirle desde allí.
Querida Mrs. Couch:
Lamento comunicarle que el pasado domingo, sobre las 6.30 de la mañana, su amiga Mrs. Threadgoode falleció en su casa. Tengo algunas cosas que ella quiso que fuesen para usted. Mi marido y yo estaremos encantados en llevárselas a Birmingham, o puede venir usted a recogerlas si así lo prefiere. Nuestro teléfono es el 555 87 60. Estoy en casa todo el día.
Cordialmente,
MRS. JONNIE HARTMAN
La alegría de aquellas semanas se le esfumó en un instante, y sólo sintió deseos de volver a casa cuanto antes.