CLUB DE
PESCA
WAGON WHEEL
WARRIOR RIVER (ALABAMA)
3 DE JUNIO DE 1946
Las luces azules estaban encendidas, se oía bullicio de gente en el interior y la sinfonola a todo volumen. Idgie estaba sentada en el centro bebiendo una cerveza tras otra. Se había abstenido del whiskey aquella noche, porque la anterior le había dado como para que le durase una temporada.
Su amiga Eva se lo estaba pasando en grande con unos chicos de por allí que habían puesto la excusa de tener que ir a la reunión del Club de los Alces aquella noche, en Gate City. Eva pasó junto a Idgie y la miró.
—¡Por Dios, chica! ¿Qué te pasa? Pareces un pato mareado.
Hank Williams cantaba que su corazón estaba destrozado y decía sentirse tan solo que tenía ganas de morirse.
—Ruth se ha marchado —dijo Idgie.
—¿Qué? —dijo Eva cambiando de talante.
—Que se ha marchado. Se ha ido a casa de Cleo y Ninny.
—Vaya por Dios, Idgie —dijo Eva, sentándose a su lado—; ¿y por qué?
—Se ha enfadado conmigo.
—Ya lo supongo. ¿Pero tú qué le has hecho?
—Le mentí.
—Bueno. ¿En qué?
—Le dije que iba a Atlanta a ver a mi hermana Leona y a John.
—¿Y no fuiste?
—No.
—¿Adonde fuiste?
—Al bosque.
—¿Con quién?
—Sola. Quería estar sola; eso es todo.
—¿Y por qué no se lo dijiste?
—No lo sé. Creo que es que me pone negra tener que andar siempre diciendo adonde voy. No sé. Empecé a sentirme como atrapada, como si necesitase respirar una temporada. Así que le mentí. Eso es todo. ¿Dónde está el crimen? Grady le miente a Gladys; y Jack le miente a Mozell.
—Sí, encanto, pero tú no eres ni Grady ni Jack… Y Ruth tampoco es ni Gladys ni Mozell. Por Dios, chica. No sabes qué rabia me da que pase esto, ¿o es que no te acuerdas qué temporada pasaste hasta que ella volvió?
—Sí, pero a veces tengo necesidad de respirar un poco por mi cuenta, una temporada; como si necesitase sentirme libre. Ya me entiendes.
—Claro que te entiendo, Idgie. Pero también tienes que ver las cosas desde su punto de vista. Ella lo dejó todo para venir contigo. Dejó su tierra, y todas las amistades entre las que creció… dejó todo eso, sólo para venir aquí y formar una familia contigo. Tú y Muñón sois todo lo que tiene. Tú, en cambio, tienes aquí amistades, y a tu familia…
—Sí, y a veces pienso que la quieren más a ella que a mí.
—Pero, vamos, Idgie. Te voy a decir una cosa bien clara: ¿acaso crees que no habría podido pescar a quien hubiese querido de por aquí? Le hubiese bastado con hacer así —dijo Eva doblando el índice hacia adentro—. Así que yo me lo pensaría mucho antes de dar esas espantadas.
En aquel momento, Helen Claypoole, una cincuentona que llevaba años frecuentando el Wagon Wheel, timándose con todos y bebiendo con el primero que la invitase, salió del lavabo tan borracha que se había remetido la falda por las medias, e iba tambaleándose hacia la mesa en la que estaba con unos.
Eva señaló hacia ella.
—Mira, ahí tienes a una bien libre. A nadie le importa una mierda dónde esté. Y no la controla nadie, no, ya puedes estar segura.
Idgie miró a Helen, a quien se le había corrido todo el lápiz de labios y se le había venido el pelo sobre la cara, sentada allí y mirando a sus compañeros de mesa con los ojos vidriosos, sin verlos.
—Me tengo que ir ya —dijo Idgie, casi de inmediato—. Tendré que pensar un poco en todo esto.
—Pues claro que sí, mujer. Eso es lo que yo creo.
Dos días después, Ruth recibió una nota pulcramente mecanografiada que decía: «Si enjaulas a un animalito salvaje, seguro que se morirá; pero si lo dejas libre, el noventa por ciento de las veces volverá a casa».
Entonces Ruth llamó por teléfono a Idgie, por primera vez en tres semanas.
—He recibido tu nota y he estado pensando que, quizá, cuando menos, debamos hablarlo.
—Maravilloso —dijo Idgie, que no cabía en sí de gozo—. Voy para allá volando.
Y así lo hizo, prometiéndose jurar sobre la Biblia, y en la mismísima casa del reverendo Scroggins si era necesario, que nunca más volvería a mentirle a Ruth.
Al doblar la esquina y ver la casa de Cleo y Ninny, cayó en cuáles habían sido las palabras exactas de Ruth por teléfono. ¿Pero qué nota? Ella no le había enviado ninguna nota.