La noticia del crimen y su posterior huida llegó hasta la Corte de Fernando el de Castilla y éste, delegó tal comercio en las manos de su hijo don Alfonso, dado que el Rey se concentró en los preparativos de las próximas campañas en las tierras de Sevilla con la presencia de las milicias extremeñas y leonesas, y el valor de las órdenes militares.., a la que esperaba se reincorporasen los “vencedores de Córdoba” cuando finalizaran su misión en Santiago.
El Príncipe esperó -aconsejado por el Prelado Papal-, durante un tiempo prudencial en el Palacio que su madre, la Reina Berenguela de Castilla, había mandado construir sobre las ruinas del castillo de León, para firmar el perdón Real…Un perdón Real sometido a vigilancia de la Santa Madre Iglesia y la reparación a Berenguela Iñiguez, hija de don Iñigo Ximenez por el asesinato del que fuera Adelantado del Reino. Todo, con la intención de llegar a la verdad de lo sucedido con la Casa de Montanchez.
Enterado de que Alfonso y Ximenez de Rada, se encuentran visitando la que fuera capital de los astures, el bueno de don Gonzalo pide al Príncipe una cita y este, que profesa amistad con el cirujano (desde que sanó sus heridas aquella vez que estuvo tan cerca de la muerte en Segovia por una herida infestada), “eternamente agradecido”, lo escucha y, entre todos, convienen llevar a cabo el plan que Pedro les ha hecho llegar por medio del médico para desenmascarar al avaro Obispo de Astorga y a sus cómplices. Para ello, harán correr el rumor en Astorga de ser cambistas y escribanos judíos muy ricos con casa en Zamora y de otorgamiento real. Igualmente, se hará saber a los criados de Nuño Bermúdez, -ganándose su confianza-, que el viejo banquero, guarda un tesoro de valor incalculable proveniente de un guerrero de fronteras… y con algo de suerte, “el pájaro hará por comerse el trigo”….
-La sutileza debe ser nuestra aliada. Sin prisas, pero sin pausas. No debemos mover los hilos con demasiada fuerza, no sea que se nos rompan…¡¡Este juego me excita hasta lo indecible!! Ya he dado órdenes para que se disponga de una vivienda digna para el oficio en Zamora. Igualmente, mi buen consejero y Prelado Rodrigo ha instruido a don Martin Rodríguez, Obispo de dicha ciudad, para que, aún sin ofrecerle demasiadas explicaciones, otorgue garantías de respeto y convivencia entre mis propios súbditos para con el establecimiento del negocio. Ahora todo está en manos del Altísimo y su Justicia…
Concluyó el Príncipe mientras se despojaba de su capa y su loriga, así como de armas y ornamentos, mientras, ayudado por criados de confianza, era vestido de manera más al uso judío y adecuadamente para su transformación en el escriba del poderoso banquero, al tiempo que mandaba traer las ropas y vestimentas del ahora banquero, don Gonzalo, quien debería cambiar su nombre por el de Jacob Abranel de Toledo.