(carta con membrete del restaurante Musso & Frank, 6667 Hollywood Boulevard, Hollywood, California)

20 de mayo de 1942

Querido Jerry:

Trataré de no ser demasiado complicada por una vez. Sabes que me cuesta expresar lo que me aflige por vía oral. Quizá por escrito sea todo más claro, pero la primera lectura te parecerá cruel, y lo lamento infinitamente. Relee esta carta tantas veces como sea necesario, he sopesado tanto cada palabra que ya me la sé de memoria.

Perdóname por no estar a la altura de tus sentimientos.

Ahora vivo con mi madre en Los Ángeles.

No es que rehaga mi vida a mis diecisiete años, pero casi.

Hago mi vida y nada más, mi vida empieza en un cuarto de hora.

Presiento que te concentras en mí porque estás lejos, porque tienes miedo, y yo también tengo miedo de que no nos comprendamos.

Y, sin embargo, algo se ha interrumpido entre nosotros.

Sabes que te admiro, que tu originalidad me desbarata y que no lamento ningún instante pasado a tu lado, ¡ni siquiera cuando no me dejabas dormir leyendo tus textos en voz alta durante horas!

Espero que tú también presientas, seguro que sí, que lo nuestro ha terminado. Es tan obvious. Si no lo ves, es porque no quieres verlo o porque juegas a ser menos inteligente de lo que eres.

Me saca de quicio verme obligada a recordarlo por escrito en una carta a un héroe del ejército norteamericano. La cercanía de la guerra debería incitarme a mentirte. Pero ya no puedo hacerlo. No a ti, y no ahora. Sabes que sería horrible por mi parte. No puedo vivir dándote la más mínima esperanza mientras tú te dispones a derrocar a Hitler.

Todo está over entre nosotros, Jerry: una frase literariamente mediocre, pero que dice la verdad.

Siempre formarás parte de mi pasado, pero ya no formas parte de mi futuro.

«Poseemos en común el precioso, el incomunicable pasado.» Sabes bien que Mrs. Willa Cather siempre tiene razón, ¿verdad? Al fin he entendido qué quiere decir: lo que hemos vivido no desaparecerá jamás. Está ahí para siempre y no lo olvidaré. El momento en que nos conocimos, nuestros bailes, nuestras canciones, nuestras lecturas y nuestros recuerdos no se esfumarán.

Qué cosa más horrible, esta aclaración.

No quiero que sufras por una separación provocada por Pearl Harbor.

Pero no quiero que me escribas más como si fuera tu novia o tu futura esposa.

Estoy afligida. Y fea, y estúpida, y a lo mejor incluso... enamorada de otro. Líbrate de mí, olvida a la pequeña zorra de Central Park, a la inmunda Debutante del Año. Soy indigna de tu coraje. Esta carta es el primer acto de bravura de mi corta vida de Irlandesa Antisemita. (Es broma.)

Me pongo firmes y digo «¡descansen!, puede usted hacerse mayor».

Ten cuidado, no te mueras, no corras riesgos inútiles. Tienes que vivir para ser un gran escritor americano, como mi padre.

Forgive and forget,

Oona

P. S.: El Mocambo (L. A.) es mucho menos divertido que el Stork Club (NYC). Hay la misma fauna nauseabunda, sólo que en el Mocambo los loros ¡son de verdad! Te lo prometo, no te pierdes nada.