LOS HOMBRES
Abandonaron la habitación del obispo, retornando al hotel, con más escalofríos y enfermedad. Las esencias de Querubín seguían hilvanando estragos dentro de sus estructuras, restándoles capacidades de concentración y discernimiento, en tazas proporcionales. A las dos de la madrugada llegó Gretel, todas las cartas del Obispo estaban abiertas y leídas. En tanto, Thomas, Kent y Radok dormían. Algunos en el sofá, otros en sus camas, Gretel, sin despertarlos, decidió ingresar al baño pero allí se encontró con Gregor, dispuesto en un fuerte de espuma, en la tina, con el rostro soporizado y barrido por la ascendente fiebre.
-Pasa, pasa, no miraré-dijo Gregor, envuelto en burbujas-Todavía no me creció lo suficiente-agregó, en alusión a su barba.
-Ya seguiremos avanzando, Gregor-
-No estoy acostumbrado a estar con muchas personas, me siento incómodo, todos ellos letrados y eruditos, me hacen sentir sapo de otro pozo-
-Son cosas que te imaginas, Gregor. Constantemente te consultan y valoran tu capacidad deductiva-aseveró Gretel.
En señal de consternación, Gregor se masajeó la frente con el índice y el pulgar, mientras que la cortina alba con estrellas azules y medialunas celestes se deslizaba hasta el tapete.
-Sí, todos dejamos nuestra piedra en la montaña. Se supone que en las vacaciones no existen presiones de resultado de ningún tipo, pero aquí las hay. No sé por qué no me estoy divirtiendo-
-La pistola, la llevas contigo-observó Gretel, con un tragón de saliva incómodo.
-Siempre-dijo Gregor, sacándola del agua de la tina.
-¿Qué pasó cuándo no la llevaste?-
-Un día me la olvidé en mi casa. Fui a rentar una película al club de video. Un grupo de esos jóvenes punks estaba violando a una muchacha en una calleja, metí la mano dentro de mi campera. No estaba, fui hacia ellos, ella logró escapar, subirse a un taxi y huir. Yo luché contra ellos, les fracturé los tabiques, hinché los párpados y fisuré algunas costillas, más ellos me dieron tres puñaladas, por las cuales terminé en el hospital. Uno de ellos tenía un arma de fuego, le sujeté la muñeca e hice vaciar todo el cargador tras presionarle el índice con el pulgar. En ese momento los otros aprovecharon para apuñalarme, yo quería evitar que dispare hacia la muchacha. Estaban muy ebrios y no me apuñalaron en zonas letales. Salí en menos de una semana-
-¿Esperabas qué la muchacha vaya a verte?-
-No solo eso, ¡esperaba que se case conmigo, le salvé la vida y expuse la mía a pesar de estar en inferioridad de condiciones! ¿Qué más puede demostrar un hombre?-exclamó Gregor, con el rostro torcido, por su carácter volcánico y galvanizado. Parecía una nube eléctrica sobre una cima descascada. 
-Pero ella, supongo, después de que la noticia salió en los periódicos, fue a verte-
-Sí, yo era un policía joven. Ella tenía un novio joven, un jugador de fútbol. Salían del cine, el novio al ver a los pandilleros corrió y se subió a un taxi, ella no se alcanzó a subir, él no regresó. Sin embargo, ella siguió con él y yo sentí un dolor diez veces peor al de esas tres puñaladas. Descubrí en ese momento que el mundo era una porquería y que no valía la pena creer en que algo bueno iba a pasar, a pasarme-expresó, con la mirada del que ve a sus flores marchitas por el cruel verano y que el jarrón lleno de agua no iba a ayudarle en mucho.
-Gregor-
-¿Cómo quieres que me sienta, Gretel? ¡Todos caminaron, yo entré! ¡No quería un gracias, quería un estaré contigo para siempre, nada te faltará! Esas puñaladas…me impidieron, no la capacidad de disfrutar, sí de procrear…di mi futuro, ella me traicionó, siguió con ese idiota-manifestó Gregor, apagando la vela rosada tras un manotazo de agua con espuma. A partir de ese momento, una nube de sombra lamió su rostro.
-¿La conocías de antes?-
Gregor movió la cabeza de lado a lado, en tanto Gretel seguía sentada en el retrete.
-Pero al salvarle la vida ¡sentí que me pertenecía! ¡Le salvé la vida, no huí, demostré que era mejor que ese futbolista! ¡Debió quedarse conmigo, no irse con él! ¡Eso decía la lógica!-
-Esa experiencia es amiga de todas las cosas menos de la lógica, Gregor-
-Desde entonces llevo mi arma, Gretel. Pero no para que no me pase nada malo, cualquiera armado puede lastimarme igual, la llevo por qué es mi esposa, no hay ni hubo ni habrá otra. Ella no se va, ella se queda, ella sabe realmente cuánto valgo y la respeto más que a nada en el mundo-aseveró Gregor, con los ojos inyectados e idos en un túnel con mucho humo. Su puño, por inercia, empezaba a cerrarse sobre la cromada culata, con un deseo tan alto que el pavor no necesitaba boleto para entrar al teatro ocular de su interlocutora.
-¿Crees que el hecho de que alguien llegue y te acompañe, lo arregla todo?-
-No sé, Gretel. Es lo que veo por televisión-
-Algunos, a la copa, le ponen vino, otros, cerveza-
-¿Qué quieres decir? Para las jarras es la cerveza, para la copa es el vino. Hay cuestiones de gusto y de estilo a respetar-
-Bueno, Gregor. No eres una copa, eres una jarra. No eres del vino familiar, eres de la cerveza festiva. Diviértete con todas las mujeres, no busques el amor-
-Me siento raro al oír eso de una mujer-
-Háblame de las cartas, Gregor-
-Doña Inés Linares de Tolosa era su hija. Nunca le dio su apellido para no avergonzar a la curia. En las cartas reconoce haberle dado tres copias del apócrifo para que se deshiciera de ellas. Cinco días después de que Doña Inés deja Nantes, los folletines dicen que el obispo Richellier fallece pero encontramos veneno entre su hashish-
-Un obispo drogadicto, ¿en esa época?-
-Y eso no es todo, Gretel. Encontramos un pápiro escrito en cananeo antiguo, Thomas estaba muy cansado para interpretarlo. No obstante, extrajimos un trozo de papel no escrito para determinar de dónde procede ese documento, ya que posee un compuesto muy especial-
-Tu deducción acertó: Inés Linares de Tolosa incluyó las copias del apócrifo en el costal de Eduardo Tolosa, el alcalde de Lucerna, para que luego Santiago Cruz los lleve hacia Eleonora de La Serna, con el propósito de ganar dinero para sí mismo. Más el padre de Inés, Clement Richellier, la usó de agente para sonsacarle información a uno de los amigos del Vaticano. Veo que ni hace dos siglos atrás había principios, de algún modo la prostituyó el noble obispo pero ¿por qué las copias del apócrifo las entregó a su hija y no a miembros directos de la logia de los caminantes grises?-
-Es muy sencillo, quiso Clement traicionar a la logia de los caminantes grises. Seguramente leyó las copias del apócrifo y consideró que su contenido, de tan venturoso que era, no merecía ser incinerado. Por eso trató de salvarlo a través de su hija, pero ella, temerosa de correr el destino de su padre, usó a Santiago Cruz para deshacerse de las copias sin llamar la atención, haciéndolas pasar por documentos fraudulentos que su esposo, Eduardo Tolosa, tenía seguramente en un oficio como él de alcalde-
-¿Comenta en alguna de sus cartas algo sobre el contenido del apócrifo?-
Ante la pregunta de Gretel, Gregor movió la cabeza de lado a lado.
-Ya empezó el dominó, un peldaño nos llevará a otro, se destrabó, no te preocupes-dijo Gregor, sorbiendo del vaso de coñac, con los ojos cerrados en un aleteo de relajo.
-Estamos envenenados, primero enfermedades regulares, luego culminaciones mortales. El querubín nos tiene en su mano, no tiene ningún interés que el contenido del apócrifo sea conocido por el mundo, por tanto, en cuanto encontremos el original, no podremos extorsionarlo para que nos dé el antídoto-
Gregor cerró los ojos, mientras la espuma cubría sus hombros, a partir de las torres de burbujas emergentes, con el abrazo del calor.
-Al Querubín siempre le importará el Querubín-
-Estuve frente a él, ya no quiere nada para sí mismo, por eso la vela del temor se apagó en él, no le importa ser amado o aceptado, por eso el águila del dolor ya no vuela sobre su cielo, solo vive por una cosa, por eso la pasión es su paso y la locura su huella, fría locura, húmeda pasión-
-Tener el apócrifo antes que él nos dará la oportunidad de difundirlo al resto del mundo y eso acabará con su razón de ser. Para que no lo hagamos, llevará los antídotos consigo. Solo debemos hacerle creer que estamos cerca, matarlo, quitarle los antídotos y seguir buscando el apócrifo por nuestra cuenta-