LOS DEDOS DE
RADOK
Tchaikosky se deslizaban con maestría,
mientras dictaba su clase sobre interpretación histórica, en la
universidad de Ostrava, frente a decenas de alumnos, en un salón
magno quizá no impresionante desde lo visual pero si prolijo y
discreto con piso alfombrado y un zumbido agradable de
calefactor.
-La sustitución jerárquica, único síntoma
del cambio histórico, ¿creen qué haya otro? Los reyes antes se iban
de aventuras y de guerra para probar sus grandezas, los presidentes
de ahora viven en aviones jugando al tenis con pares de otros
países que se dejan vencer en el golf, siempre los líderes se
alejan cuando los pueblos tienen problemas, César y Magno se fueron
dejando ciudades leprosas y hambrientas, ahora los presidentes cada
vez que hay problemas y quieren evitar a la prensa que reemplazó a
la curia, viajan. Ganan algún acuerdo diplomático o alguna guerra y
ya el pueblo los ama y los perdona. Somos tan estúpidos-comentó
mientras interpretaba a Chopin-Bruto no mató a César por envidia o
por connivencia con Octavio. El problema de Julio César era que el
César estaba tan interesado en conquistar el mundo que no atendía
las necesidades del pueblo romano, dejándolo con huellas de hambre,
peste, crimen, pobreza y enfermedad. Querían que salga menos pero
nunca pudo apagar el joven que llevaba dentro y eso terminó con su
vida. Quiso superar a Alejandro, El Grande y cayó ante un Bruto,
que ironía.
La historia, en sus diversos fasajes, nos
repite siempre lo mismo: cuando las papas quemaban, los malditos se
tomaban un viaje y luego volvían cuando se calmaban las aguas.
Tiene cierta psicología la historia, parentesco con lo que es
beneplácito en la lejanía y martirizante en la cercanía. Algunas
cosas es mejor dejarlas como están y no dar un paso más. Por qué,
uff, cuando das ese paso más el mundo se te cae encima y después no
puedes pagar el boleto. Bien yo lo sabré que me casé tres veces y
tengo 10 hijos, de los cuales solo a seis les conozco el nombre.
Hay reiteraciones históricas de sociedad en sociedad que nos pueden
hilar un concepto del hombre universal: voy a hablar de un harapo
del manto: el hombre no puede quedarse quieto, está siempre
obligado a hacer algo nuevo o creerlo al menos, si siempre pasa lo
mismo, empieza a dudar de la realidad y se siente muerto. Siempre
que alguien compra una casa, por más que esté perfecta, le saca
algo y le pone otra cosa, saca la chimenea y pone una estufa, tiene
que ponerle algo nuevo para creer que es suya. No se puede quedar
quieto, aunque esté bien lo cambia para creer que la vida es algo
más que una ilusión y esa necesidad de cambiar las cosas todo el
tiempo hace que el progreso necesite de la previa crisis tal el
futuro mar necesita de la previa arena.
Radok Tchaikosky dejó de tocar el piano,
todos sus estudiantes estaban cansados y fatigados, tras las rondas
nocturnas en sus licencias de bacanes. Cerraron sus notebooks con
desánimo. Tchaikosky, con una ensalada de ceniza y crema en su pelo
ensortijado, se colocó sus gafas de lente pequeña y se dirigió a la
biblioteca, de la cual era casi un adicto.
-¿Cuándo sonreirás, Helen? Siempre tienes
cara de morder espárrago crudo-chistó Radok.
-Mi novio se fue con una carretera, tengo un
bebé de cinco meses y debo trabajar en esta porquería y vivir con
mi madre, que me regaña todo el tiempo. Pongo la cara que se me
antoja, Radok. Aquí tienes lo que pediste-
-¿Qué es esta mancha marrón? ¿Has bebido
café cerca de los volúmenes?
-Puedes leerlos igual, no te quejes-
-Eres joven, Helen. Soy viejo, eres delgada
y atractiva como un florete, soy obeso y derruido como un tapete.
Sabes que tengo influencias con el director de esta universidad y
necesitas este empleo-
-Me dijiste que no me lo pedirías de nuevo,
Radok-vociferó Helen, con el rostro agrisado, pintado por la
angustia y una llama de oprobio ladeando sus ojos verdes.
-Ey, no me mires así. Tengo al director en
mi dedo. Y con esta mancha de café puedo hacerte correr. No mires
hacia atrás, sospecharán. Sigue hablando como si te estuviera
pidiendo unos volúmenes. Te quiero en mi apartamento a las
ocho-
-Puedo a las diez, no a las ocho. El por qué
no es asunto tuyo, Radok. Ya conseguiré un empleo mejor y no podrás
seguir chantajeándome de esta manera, hijo de perra-
-Esto no empezó ayer, Helen. ¿Sabes por qué
los ejércitos dejaron de fabricar puñales e hicieron espadas? Los
soldados, mientras los peones labraban, extorsionaban con los
puñales en los cuellos a las esposas de los peones. Luego, mientras
follaban con ellas, dejaban el puñal a un lado, así que ellas
podían agarrarlo y matarlos mientras ellos se entretenían con sus
suaves y deliciosos cuerpos. Desde entonces los soldados del rey
dijeron que deberían llevar puñales más largos y así salieron las
espadas, pues las mujeres no podían levantarlas y usarlas. Podía
quedar en el suelo y nadie la usaría en su contra, ya que sólo él
soldado tenía la fuerza para levantarla. Entonces el soldado
abusador podía copular tranquilo, sin preocupación alguna a
cualquier tipo de represalia, salvo que dejara que ella se pusiera
de rodillas con el soldado de pie y…zack, piraña pero para esa
historia te conformas con lo que te toca, espada o puñal, y bueno,
yo soy un intermedio, daga JE, JE, JE-
-Eres asqueroso, Radok. Algún día, con tus
cochinadas, te infectarás y me reiré en tu cara. Usas tu influencia
en el rectorado para comer de mi carne a tu antojo y sin
escrúpulos. Me haces vomitar y ya no puedo mirar a mi hija a los
ojos-
-Ey, no es la primera vez que hago esto. El
sexo es un mercado sujeto a cualquier ley de oferta y demanda. El
sexo es el mejor puente hacia el chantaje. El mundo es así: hay
decisiones y consecuencias, lo pesas, lo dejas o lo tiras. Lleva el
vestido azul y por favor, no fumes antes de venir a verme. No me
gusta besarte cuando fumas-vociferó Radok, yéndose con el libraco
de la biblioteca. Se pasó el pañuelo por la comisura, una vez fuera
de allí, pensando en todas las cosas que haría junto a Helen;
dejando un rebaño de saliva en el prado de tela. Sin embargo,
mientras bajaba la escalinata, sintió un doblón en el pecho, en
función de su edad. Necesitaría sin dudas comprar la pastilla azul.
De todas maneras, percibió unos deslizamientos extraños. Al poco
tiempo un auto pasó muy fuerte, mojándole los pantalones tras girar
el neumático sobre el charco.
-¡Hijo de perra, anotaré tu placa! ¡Soy
amigo del alcalde de Ostrava, infeliz!-expresó el sexagenario
profesor universitario, anotando rápido con su libreta y lápiz. No
obstante, otro auto merodeó más lento. Se trataba de un taxi, al
cual abordó. El blindado ya estaba subido.
-Ey, ¡baja eso, ¿cómo me escuchará adónde
debo ir si no baja ese blindado?!-vociferó ante el taxista, pero
las puertas traseras se cerraron y el humo verde, emergente de las
ventilaciones, empezó a ser aspirado por Radok, el cual tosió al
principio y luego se recostó. Al cabo de media hora estaba en un
sótano oscuro, viendo a un ser de toga negra y máscara dorada de
Querubín, mirándolo fríamente, entre otros seres de togas grises y
máscaras plateadas, con la distancia divina-cristalina de los que
pueden sufrir sin temer y mirar la belleza absoluta sin viajar
desde la admiración al deseo. Al carecer de necesidades inmediatas
parecían caminar y respirar a través del mismo misterio que ni la
continuidad de la confesión podía desenredar.
-¿Qué quieren, payasos? ¿Buscan extras para
una secuela de batman?-
-Muchas personas evitan hablar… tal vez…
para parecer misteriosas e interesantes. Peligrosas, impredecibles,
señor Tchaikosky-
-¿Creen qué tengo miedo?-
-La ruta de Santiago-
Hasta el mismo Radok Tchaikosky puso su
rostro lívido y húmedo al escuchar esa palabra, fue como ver un
paisaje dentro de un retrato robado por un viento mágico y
hechizado, quedando solamente el marco blanco.
-La sociedad de los caminantes
grises-farfulló el viejo arqueólogo, con una catarata de sudor
empapelando su rostro, tras la lamida invisible del terror.
-El original del apócrifo no lo llevaba
Santiago, es todo lo que sé. No sigan buscando por Santiago-aclaró
Radok Tchaikosky.
La máscara
brillaba en Querubín como un lago en una noche de luna llena, tal
control de sus impulsos y falta de agresividad parecía trascender
la misma humanidad con un martillazo certero sobre el espejo de los
escépticos suspicaces.
-Santiago solo llevaba tres copias, copias.
El original se lo quedó el apócrifo, del cual ignoro nombre,
procedencia y razón de ser. Incluso el contenido de su apócrifo,
que dice ser un libro más grande que todos los libros de la Biblia
combinados, lo desconozco. Es la segunda Biblia. No sé de qué
habla, la busqué durante décadas pero sólo encontré piedras y
ruinas, caminando por cuevas apestosas y lugares infrahumanos, en
los que puse en riesgo mi vida y perdí a varios hombres de mi
expedición. Fue una gran frustración en mi vida, la ruta de
Santiago me hizo perder décadas-comentó Tchaikosky.
-¿Cómo sabe que explotó todas las variantes
ofrecidas por la ruta de Santiago?-preguntó Querubín, flexionándose
amistosamente.
-La vieja monja, Eleonora De La Serna, que
dio asilo a Santiago Cruz, conocía al protector del apócrifo, que
envió a Santiago. Fue, no quiero ofender su culto, fue su amante.
Pero ella nunca lo menciona, leí 200 cartas personales de Eleonora
de la Serna y en ninguna de ellas menciona el nombre de su amante,
sí que su amante conocía al apócrifo y había recibido copias del
mismo, más que el original lo tenía el apócrifo-
-Eleonora de la Serna residió en la Capilla
del Morado en Padilla, Méjico-informó Radok, para completar su
reporte, al enfrentarse al silencio siniestro ofrecido por
Querubín, en la extraña pausa que escribía mil toc-toc por cada
segundo.
-Para nuestra comunidad los mentirosos
merecen finales muy dolorosos, señor Tchaikosky-comentó
Querubín.
Radok Tchaikosky asintió velozmente, con un
rebaño de gotas de sudor en la frente. Querubín, por su parte, se
incorporó y deambuló, con ánimo pensativo.
-Padilla ya no existe, fue tapado bajo un
basurero tóxico. Y no se puede llegar por abajo, el compuesto es
basáltico, la única parte dura del pantanoso Méjico tenía que estar
en Padilla, el apócrifo no quiere ser descubierto, es el
destino-gruñó Radok.
-Comparar sus perennes recursos con los de
la comunidad de los caminantes grises es como comparar a una brisa
con un tifón, señor Tchaikosky. Podremos llegar por abajo y revisar
los vestigios de la capilla en donde sirvió la madre Superiora,
Eleonora de La Serna-
-Ya les dije todo, ¿qué harán conmigo?
¿Matarme?-
-No, nada de eso. Su muerte llamaría mucho
la atención, profesor Tchaikosky. Es usted una figura muy
importante en la comunidad académica europea. Por esa razón lo
dormiremos de vuelta y lo dejaremos en su casa sin que nadie se dé
cuenta. Somos muy sigilosos y efectivos pero sí usted nos ha
mentido, regresaremos y olvidaremos la gentileza que nos
caracterizó en nuestro primer encuentro. Como sabrá, las cosas
horribles no se dicen al público, se hacen en secreto, cuestión de
gusto y de respeto al estilo-adujo Querubín, chasqueando los dedos,
gesto hipnótico con el cual el profesor de Ostrava se quedó
plácidamente dormido.
En el taxi, activando su notebook, Gretel
Sankief buceó por internet mientras Thomas Hortmanen conducía,
moviendo el volante con exceso de precaución y tragándose todos los
rojos, de los semáforos. Su madre lo había vestido y bañado hasta
los 8 años, por lo que sufría de inseguridad crónica pero el
sobre-proteccionismo de Olga se debía a que de bebé Thomas sufrió
muchas enfermedades y una papera que casi lo conduce a la muerte.
Luego eso repercutió en su vida social en la escuela inicial y
posterior, siendo siempre el blanco de todo abuso, humillación y
prepotencia ajena, con un paréntesis de su vida solitario y
horrible pero no olvidable para sus adentros. Los cuidados del
pasado lo hacían inútil para algunas situaciones del presente como
cruzar una calle congestionada de autos, solo cruzaba cuando no
había ningún auto a la vista. Temía resbalar y no llegar a tiempo a
la otra esquina. Los temores se crían como pichones bajo jaulas de
funestas suposiciones, luego son obsesiones y podría decirse que la
represión tiene algo de orgullo pero más de auto-indiferencia. Se
piensa que el miedo es algo que entra y muere con el tiempo. Que el
miedo es algo combustible-perentorio como una vela encendida que se
derrita. Que es una planta que no se riega y marchita. Pero el
tiempo no mata el miedo, al contrario, lo alimenta. El miedo
necesita más que tiempo y forzado olvido para ser vencido. Ya se
había quitado el tramo de cipreses y se veían las catedrales y
museos de la ciudad, en una repetición del gris que bajaba el ánimo
pero no el discernimiento.
-Laurens, alguien escribió sobre él. Después
de revisar en 19 páginas lo encuentro, Radok Tchaikosky. No dice
nada extraño de Melzer Laurens, excepto que fue un cardenal que
bregó por la colonización de América y apoyó el uso de la
esclavitud. Coincide con el carácter absolutista, segregador y
despiadado que el falso taxista tenía tatuado en latín en su
espalda-
-Nunca me interesaron los papas o el
catolicismo, Gretel. Solo los sumerios, los nórdicos y los persas.
Lamento no poder ofrecerte funciones superiores a maniobrar este
volante-
-Descuida, Thomas. Aquí dice algo más:
Melzer Laurens abdicó de la curia en 705 y no se supo nada más de
él, excepto que murió de lepra en una villa de Frinkz-
-¿No te parece un artículo muy diplomático y
conveniente? Me parece que Radok Tchaikosky fue más cuidadoso que
mi colega Kent Laughton y que seguramente sabe más cosas de Laurens
que las impresas en esas Selecciones Ejemplares-infirió
Thomas.
-Enseña en la universidad de Ostrava, aquí
está su fotografía, es bastante conocido en el ambiente. No nos
vendría mal una conversación con él-
-No quiero poner a más personas en peligro,
Gretel. Sugiero que seamos menos empiristas y más
deductivistas-
-La mujer con la que se desposó Kent, ¿te
gustaba?-infirió Gretel, con la mala costumbre de llevar su trabajo
a todas partes.
-Algo más que eso, Gretel-
-¿Qué quieres decir?-
-Me da vergüenza, es muy privado-
-Vamos, Thomas-
-Iba a casarme con ella, Kent me la robó. Es
todo lo que diré. Ya no puedo respirar. Gracias por hacerme sentir
mal, Gretel-
-¿Quieres que tome el volante?-
-Sólo abre la gaveta y alcánzame las
pastillas-
-¿Por qué no lo intentaste de nuevo?-
-Fue muy difícil, realmente hice y dejé
mucho por ella, viajé desde Noruega hasta aquí-
-Es sólo una mala historia-
-Es más que eso-
-¿Qué?-
-Olvídalo-
-Estamos avanzando, Thomas-
-No soy tu paciente, ¿de acuerdo? ¿Ves un
diván y un diploma en la pared por aquí?, ¡no, hay un volante, el
interior de un vehículo y un ventanal donde se proyecta la
carretera! ¡Pareces que llevas tu trabajo a algo más que un
consultorio y eso molesta mucho, Gretel!-
-Sólo quiero ayudarte, Thomas. ¿Qué hizo de
grave la ex mujer de Kent para que no vuelvas a enamorarte y
renuncies para siempre al amor?-
-¡Me dejó plantado en el día de la boda,
¿está bien?! ¿Satisfecha, querías saberlo? ¡Estaba emborrachándose
en un jacuzzi con el idiota de Kent, yo gasté todos mis ahorros y
vendí mi auto para hacer una fiesta de ensueño, contraté una
orquesta, músicos de primera, el mejor servicio de catering de
Praga, estaban allí mis padres y todos mis amigos, colegas, fue
realmente horrendo! ¡Desde entonces la búsqueda de la verdad fue mi
esposa y no pienso reemplazarla! Y eso no fue lo peor. Mis padres,
mis hermanos, amigos, dejaron de respetarme, de llamarme por
teléfono y de escribirme cartas, me quedé solo y desde entonces
toqué más libros y lupas que rostros. Pero me hice una rutina y me
acostumbré, ya no lo quiero tanto, él estar acompañado. Simplemente
el matrimonio no estaba en mi destino, tenía que hacer otra cosa,
hubo señales, no me di cuenta, no lo quise ver, ella se salió con
la suya y después engañó a Kent-
-¿Volviste a comunicarte con ella?-
Thomas asintió.
-Pensé que iba a insultarla pero le pedí que
volviera, que la perdonaba a pesar de todo. Ella me dijo que no
estaba preparada, que lo sentía y que se iba con Kent a los
pirineos. Volví a Noruega pero todos me daban la espalda, para
todos era un idiota, menos que un hombre. Mi padre, mi madre, no me
miraban… como si yo fuera una deshonra. Mis comentarios golpeaban
la pared, nadie tenía la decencia de responderlos. Así que regresé
aquí y me dediqué pura y exclusivamente al conocimiento. Todas las
puertas se me cerraron, pensé que iban a comprenderme, mis amigos,
mi familia, en vez de ignorarme cuando ella me dejó plantado en el
día que se suponía él más importante de mi vida.
-¿Te sientes mejor, Thomas?-
-No, Gretel. Toma el volante. La pala, debes
usarla en la tierra, no en mi pasado, ¿de acuerdo?-
-¿Algunas otras mujeres se interesaron en ti
y no les diste la oportunidad?-
-Viví demasiado encerrado en mis libros e
investigaciones como para que alguna mujer en verdad se interese en
mí. Sólo tuve affaires con recepcionistas de hotel o azafatas,
cuando mi aspecto me ayudaba y mi sonrisa también pero nunca nada
serio, importante, digno de ser mencionado-
Gretel Sankief, por su parte, se quitó los
anteojos y aportó:
-Me gustaría decirle a la sociedad de los
caminantes grises que ya no me interesan los apócrifos y que nos
dejen en paz-
-Oh, vamos, no vamos a darles el gusto,
quiero saber que Diablos dice ese apócrifo-
-Escucho una voz ahora-
-¿Qué te dice, Gwen?
-¿Por qué me dices Gwen, Thomas? Ah, ya veo.
Es la mujer que amabas y se fue con Kent. Intimas conmigo y el
cerebro te transfiere haciéndote jugar una mala pasada. No te
preocupes. Pasa todo el tiempo, muchos pacientes- niños- me dicen
el nombre de sus mamás o- adultos- él de sus esposas y muy grandes
él de sus hijas. Puedes llamarme Gwen si te hace sentir más cómodo
pero sólo hablaremos-
-No desvíes de tema. Me dijiste que una voz
te decía algo, Gwen, quiero decir Gretel, cielos, me hiciste entrar
mucho-
-Sí, me decía que algunas cosas deben quedar
guardadas, que no deben saberse. Pues son tan grandes que sí las
sabemos ya no haremos nada más-comentó Gretel Sankief, en tanto
Thomas Hortmanen dijo que seguiría conduciendo y que no cambiaría
el volante. Por su parte, llegando a su apartamento, Radok
Tchaikosky pasó una buena hora con Helen, la cual se abotonó la
camisa blanca para cubrir su corpiño negro. Entretanto, su viejo
amante hacía gárgaras frente al espejo del baño, suspiraba y
jadeaba con mayor frecuencia a la acostumbrada. Helen, sin decir
nada e ignorando las toses y quejadumbres del viejo, cerró su
monedero y se retiró cerrando la puerta con estridencia. Cansado y
agitado, Radok, en bata, abrió el espejo del baño y se introdujo
unas pastillas. Hizo más buche, suspiró y caminó hacia el sillón en
donde se sentaría. No obstante, al abrir sus ojos, vio a alguien en
su balcón. Se trataba de alguien conocido, por lo que su reacción
no tuvo exageraciones innecesarias.
-Kent, siempre te dejo una llave para
nuestras fechorías. ¿Querías probarla?-
-No es mi tipo.
-Hace tiempo que no te veo, la vida de
familia y de padre te ha hecho aburrido y convencional-explicó
Radok, caminando hacia su viejo discípulo.
-¿Recuerdas cuando seguimos la ruta de
Santiago?
Radok, con un gesto torvo y un quejido
molesto, asintió.
-No pudimos avanzar en Lucerna, en España,
por qué no teníamos un intérprete de lenguas muertas. Todavía tengo
ese dibujo de esa tablilla de arcilla en la computadora. Ahora
Thomas busca lo mismo que nosotros-
-¿Qué Thomas? ¿Thomas Hortmanen? ¿Lo
conoces? ¡Ese maldito no quiso trabajar con nosotros en la
excavación de Lucerna, nunca acepta un segundo lugar!, ¿qué te hace
pensar que será diferente esta vez?-
Kent sonrió, abandonó el balcón y sin
permiso se sirvió un vodka. A su vez, en bata, Radok encendió su
computadora, a la cual, tiempo después, colocó un cd, a fin de
grabar información importante.
-Visitamos a cientos de traductores,
expertos en lenguas muertas y nadie comprendió ese lenguaje secreto
que dejó la tablilla del hijo de Eleonora de La Serna, el mismo
Santiago Cruz. Y no era joven, era vieja JA, JA, JA. Igual no creo
haber engañado a los caminantes grises. No se tragaron mi pastilla
mejicana. Deben estar siguiéndonos, esperando que hagamos el
trabajo sucio por ellos, pero ya se me ocurrirá como
despistarlos-informó Radok, bebiendo su whisky. Acto seguido,
guardó el cd en un estuche.
-Sabemos que en la sociedad de los
caminantes grises hay un apócrifo que no lograron encontrar y
destruir. El original. Santiago Cruz fue solo alguien que obedecía
órdenes, le dieron unos manuscritos, unas copias y las cuidó sin
siquiera leerlas, dudo que ese desdentado supiera latín. Las copias
eran todas en latín. La sociedad de los caminantes grises las
destruyó todas-recordó Kent Laughton, delgado, alto y apuesto, muy
cómodo con su vodka y su suéter celeste. Había sido muy bueno en
aptitudes físicas, sacando de su galería deportiva destacadas
actuaciones en rugby, hipismo, tenis y soccer. Sin embargo, deseó
ser alabado por algo más que el aspecto, de modo que se introdujo
en historia, antropología y arqueología pues pensaba que conocer el
pasado era más fácil que anticipar el futuro y desestimó esa oferta
de economista ofrecida por su tío congresista, decepcionando a su
familia pero afirmando su primera convicción: ver atrás para no
tropezar adelante. Buscar coincidencias entre distintos pueblos
históricos para definir a la humanidad universalmente y dejar un
aporte, un distintivo por el cual darle vida a su nombre después de
la muerte. Ya que Kent, ateo no confeso, iba a la iglesia a diario
para seguir la tradición pero nunca consideró que un Dios pudo
crearlo con la crueldad de darle un interior insuficiente y
caprichoso, del que a veces se enorgullecía o compadecía al mismo
tiempo; en un péndulo que cosechaba muchas penas y lustraba pocas
identidades.
-Mira, Radok. Para mis hijas soy un idiota,
una billetera abierta, ya tienen sus novios, sus amigos y sus
carreras universitarias. Mi esposa se fue con alguien más rico y no
quiero hacerme viejo, sabes. Quiero una última emoción. Quiero
seguir buscando el apócrifo, no por dinero, solamente para ver algo
más que una página en blanco, ¿entiendes?-insistió Kent, sin
sentarse todavía.
Pero, lejos de escucharlo y continuar con la
conversación, apresurado y jadeante, Radok se quitó la bata y se
puso los pantalones, luego empezó a abotonarse la camisa.
-Debemos hacer contacto con Thomas. Sé lo
que llevaba esa tablilla, era una página del apócrifo original.
Antes se escribía en tablillas, los papiros eran para los ricos.
Quién escribió el apócrifo, cerraba los ojos ante las estrellas y
los abría ante las nubes-
-Solo tenemos un dibujo de esa supuesta
tablilla, mandado a hacer por Eleonora De la Serna, luego de que
Santiago Cruz muriera de fiebre. No sabemos sí es verdad-
-Confío, para este punto, más en la versión
de Thomas Hortmanen. Recuerdo a ese campesino, al que le
revoloteaban las moscas delante de esa tranquera, me sacó 10 euros
por ese papel. Lo gastó en vino, después quiso usar el resto en la
ramera de Lucerna y no le alcanzó JA, JA, JA, fue tan divertido
verlo zapatear y berrinchar. La ramera le quitó las monedas y le
dio un beso en la mejilla. Se quedó con las ganas ese idiota-
-No cree usted, Estimado Maestro, que la
ruta de Santiago sea un vino, una distracción y que el apócrifo
nunca haya tenido contacto con el mensajero Santiago Cruz-
-No estoy seguro de nada, Kent, excepto de
que todo empieza a partir de la ruta de Santiago. Las copias se las
dio alguien que tuvo contacto con alguien que procedía de los
discípulos del verdadero apócrifo. No creo que haya sido una
distracción-
Poniéndose el saco, Radok se dirigió al
escritorio y de él retiró un revolver, al cual, posteriormente, le
introdujo municiones.
-¿Recuerdas lo último que te dije cuándo
volvimos de Lucerna, Kent?-
-Sí, maestro. No me dijiste adiós, me
dijiste hasta pronto. Supongo que solo la muerte dice adiós-
Radok asintió.
-Y ¿qué fue lo primero que te dije cuándo
viniste a consultarme después de clases?-
-Si es fácil, no es verdadero. ¿A qué vienen
todas estas preguntas?
-Tengo otra de estas. ¿Estás dispuesto a
usarla contra los caminantes grises?-replicó, alcanzándole otro
revolver. Kent asintió, pasión desde adentro, locura desde afuera,
simplemente juego que trataba de superar el principio con el final
y por eso duraba más de la cuenta mudando en triste vida.