Capítulo 59
El entusiasmo había cesado por completo. Después de que el ánimo entre los presentes del observatorio Lemmon se congelase, fue Darcy la encargada de hacer la llamada a Houston.
Tardó bastante tiempo en que le pasaran lo comunicación al director de la NASA y aún mucho más desde que éste empezó a tomarse en serio las explicaciones de la veterana astrofísica. Finalmente fue Manley el que salió de su mutismo y se sentó junto a su mujer y con mala cara empezó a explicar con más detalles lo que estaba sucediendo.
El director de la NASA, Brian Costello, fue perdiendo paulatinamente el color de la cara, palideciendo gradualmente a medida que comprendía. Llamó a su lugarteniente y poco a poco el alborozo que reinaba en el gran salón de seguimiento de la misión fue mitigándose hasta apagarse por completo. Junto al director de la NASA se había sentado un nutrido grupo de científicos que no daban crédito a lo que oían. Pero finalmente consiguieron corroborar la información que mostraba el observatorio Lemmon. La Luna había variado su órbita.
Cuando se confirmó finalmente Manley le miró fijamente con cara de «te lo advertí». Brian Costello eran de las pocas personas a las que Manley, diez años atrás, había explicado su aviso de lo que estaba por venir.
Siguieron unos minutos tensos en los que tanto los astrofísicos de Monte Lemmon como los de Houston trataron de establecer qué es lo que iba a suceder a continuación habida cuenta la perturbación gravitacional que había surgido inesperadamente.
Compararon los resultados en ambos centros.
—Pasará, dentro de algo más de un mes muy cerca de la Tierra, para después dejar nuestra órbita y perderse en camino del sistema solar exterior… No sabemos si se cruzará con algún gigante gaseoso —comentó el director de la NASA según observaba los datos que sus colegas le iban pasando. Era un hombre grueso, de amplia calva, cuya camisa blanca estaba manchada de sudor. Hacía tiempo que su corbata estaba descompuesta.
Manley corroboró esos cálculos fríamente.
—Sí… a nosotros nos da el mismo resultado. Siempre y cuando la anomalía se mantenga en esa posición, claro. Ahora, si me permiten, me gustaría encerrarme en mi despacho. Necesito saber cuál es el origen de dicho fenómeno. Conociéndolo tal vez podamos hacer algo para compensarlo.
Ambos hombres se despidieron y la nube de científicos que se acumulaba en su derredor se fue desvaneciendo. Manley se quedó frente al intercomunicador, en cuya pantalla negra veía reflejado el rostro preocupado de Darcy. Su mano derecha descansaba con ternura sobre su hombro.
Manley también vio reflejada en el monitor otra cosa, el viejo exolector siete, que parecía aguardar una cita ineludible ante la cual sintió un profundo desagrado. Debía tener esa conversación. Al menos era la única forma de que, sabiendo él que iba a suceder aquel evento, pudiera hacerse algo que lo menguara o evitase, aunque bien cierto que parecía que nada podía hacerse.
Se acercó a la consola y la activó.
La pantalla titiló, hasta fijar una imagen que se fue aclarando poco a poco.
«Verse a uno mismo con casi cuarenta años menos no resulta sorprendente. Lo que sí es verdaderamente una conmoción es poder hablar con esa imagen», reflexionó pausadamente Manley antes de decir palabra.
—Hola Manley —Manley sintió un hormigueo en todo su cuerpo. Saludarse a sí mismo empleando el propio nombre le producían una impresión esquizofrénica. Una sensación como de náusea se apoderó de él. Verse casi cuarenta años más joven, mirándolo con cara de sorpresa e incredulidad, resultaba perturbador. ¿No era acaso el experimento que él mismo había diseñado? «Cabía esperar un poco más de fe en mí mismo», se dijo mordaz.
—Hola —repuso el más joven.
—Bien. Sabemos que por la razón que sea esta va a ser la última comunicación intertemporal entre nosotros dos así que paso a comentarte las cuestiones que habrás de tener en cuenta en relación a la evolución de la tecnología… e incluso a ti personalmente.
Manley joven asintió.
—Has de saber que ese joven, Jeremy, va a intentar matarte. Obviamente no lo conseguirá, pero deberías solicitar escolta durante un tiempo para hacerle desistir de sus propósitos. Si no acabarás en silla de ruedas una buena temporada. Cuida tus espaldas. ¿Me oyes?
—Ok, entendido. ¿Qué más?
El viejo Manley carraspeó. Quería elegir bien las palabras.
—En unos años, Manley, se va a iniciar una carrera espacial entre las naciones de la Tierra. Estados Unidos querrá ponerse al frente de la misma y proyectará la misión Viajero con el objetivo de enviar una sonda espacial a cincuenta mil años luz de aquí… que llegara a su destino en un periodo muy corto de tiempo. Un mes aproximadamente.
Dejó que su yo joven digiriera esa información, que al oírla emitió un largo silbido.
—Este proyecto será plausible gracias al perfeccionamiento de tu teoría de la gravedad modificada y a un gran cúmulo de avances científicos propiciados por la exotecnología, pero… has de saber que va a salir mal. Una perturbación gravitatoria, probablemente originada por la misión alterará la órbita de la Luna. Se trata de un efecto colateral que cuyo origen se me escapa. Algo está mal en la teoría.
—¿Es grave?
—Estamos calculándolo, pero sospechamos que el sistema Tierra-Luna ha cambiado su trayectoria y se disolverá. La Luna saldrá despedida en una órbita abierta hacia las regiones exteriores del sistema solar.
—¿Y la Tierra?
—La Tierra reducirá su radio de… —Manley decidió dejarse de eufemismos y sacudió la cabeza— caerá hacia el Sol en órbitas cada vez menores… pero en relativamente pocos años se incinerará en la corona solar.
Observó como su yo del pasado se quedaba lívido.
—No sabemos la causa, ojalá te la pudiera decir. Hasta que no lo averigüemos estamos a ciegas… y como comprenderás la Luna es imparable. Los militares están hablando de crear armas de destrucción planetaria partiendo de conocimientos alienígenas de dudosa fuente… Pero el tiempo corre en nuestra contra. No sé si tendremos oportunidad de corregir esto. Y aunque pudieran, eso no alteraría la órbita de la Tierra.
Manley se sentía sin ánimos de conversar más, y su alter ego del pasado se había quedado conmocionado. Manley recordaba perfectamente lo que había sentido. Mucha información en poco tiempo y su yo más joven se encontraba colapsado. Recordaba que apenas había prestado atención a la amenaza de Jeremy, sino que toda su capacidad se había volcado en el reto del viaje espacial. Había planeado algo mal. Allí, en ese preciso momento, había nacido una obsesión que había ocupado por completo su mente y su existencia… y, ¿todo eso para qué?
Una frase acudió a él con una fuerza inusitada.
«Todo está cumplido».