“Ante el inminente peligro, la fortaleza es lo que cuenta.”
Marco Anneo Lucano
-Te escucho –Tomando el vaso de mi mano y llevándolo hasta el mesón de la cocina, ambas nos sentamos en los banquitos de madera del mesón.
-Cada libro escrito es un mundo real, y se puede viajar desde un mundo a otro y desde ellos al nuestro… Max viene de un libro y Damian también.
-Espera amiga de verdad te sientes mal.
-No, escucha, lo que voy a decirte es totalmente cierto puedo probarlo –Dije con la mayor seriedad que pude –Ya estuve ahí…
-¿En dónde?
-Líber, así se llama es una tierra de cuento de hadas o algo así, es difícil de explicar.
-Creo que estuviste fumando algo raro amiga ten cuidado con eso –Dijo Johanna haciendo cara de asco.
-Me conoces desde la escuela primaria, sabes que nunca he probado nada de eso ¡Dios me libre!
-Bien, supongamos que te creo… ¿cómo hiciste para entrar al libro?
-Hay un portal en el páramo, en la laguna, y mi medallón es una de las llaves que lo abre por eso Max vino hasta aquí a buscarme necesita esto… -Mostrándole el colgante.
-Pero… si vino por tu medallón ¿porque lo tienes todavía?
-Bueno la pregunta no es porque lo tengo todavía, sino cómo es que hoy estoy aquí –Haciendo énfasis en “hoy”.
-No te entiendo –Interesándose un poco más en mi relato.
Me acomodé mejor en la silla, y comencé a contarle todo lo que había pasado desde que encontré el baúl en casa de mi abuelo hasta el encuentro con Damian en la fiesta, ella escuchó haciendo caras así que para probarle que lo que decía era cierto y aún me encontraba en mis cabales, se me ocurrió que si pronunciaba la clave en latín que Max había escrito en aquel pedazo de papel que me pidió guardar, tal vez algo sucedería y Johanna no tendría más remedio que creerme, busqué entre mis cosas el trozo de papel y volví a la cocina, tomé el medallón en mis manos frente a mí y comencé a leer lo que decía el papel.
-Aperitemihi portas iustitiae ingres… –Tan pronto como hube comenzado a leer la luz comenzó a salir del medallón, Johanna dio un paso hacia atrás y mudó su rostro en asombro –ingressus in feeaaas confitibur… –Y comenzó a apagarse.
-¿Eso es todo? –Dijo ella.
-No entiendo debería seguir iluminándose.
-Puede ser que hayas pronunciado algo mal ¿y si lo repites de nuevo?
-Voy a hacer otro intento: Aperitemihi portas iustitiae –El cristal se iluminó nuevamente, a medida que leía la luz se hacía más incandescente al punto de que mi amiga debió cubrirse los ojos- ingressus in eas confitebor Domino –Continué leyendo en espera de que la grieta por donde había cruzado a Líber se abriera pero no lo hizo, lo intenté una tercera vez pero solo logré que el fulgor se hiciera más fuerte.
-Si había pronunciado mal una palabra pero igual no sé qué pasa no puedo abrir el portal.
-Con lo que acabas de hacer te creo, pensé que me iba a quedar ciega –Frotándose los ojos.
-Tiene que faltar algo… para que se abra.
-Tal vez solo se abre en el lago –Presionándose suavemente los parpados.
-Es posible, en mi habitación tampoco se abrió.
Johanna se sentó y se me quedó mirando como bicho raro.
-Hay una cosa que no entiendo… ¿qué pinta Damian en todo esto y que quería hoy contigo?
-Yo tampoco sé por qué reaccionó de esa forma, supongo que Max lo envió por el medallón.
-Sería bueno traducir eso, vamos a mi cuarto ahí tengo un diccionario latín-español o lo podríamos poner en un traductor en línea a ver que dice... mmm ¿Y si le preguntamos a tu papá? –Abriendo tamaños ojos.
-¿Estás loca? –Contesté de golpe –Imagínate que le diga que salí del país, que digo del país, ¡de este mundo!
-Pero en algún momento debes decírselo, y él puede aclararte las dudas.
-Espero que ese día no llegue, preferiría resolver esto sin involucrarlo, lleva toda una vida ocultándome para protegerme y no quiero quitarle su tranquilidad.
Fuimos a la habitación y Johanna comenzó a buscar entre la pila de libros de su armario un diccionario para intentar traducir el texto, escuché un ligero golpe en el vidrio de la ventana y luego otro, me acerqué para cerrarla pensando que había comenzado a llover pero al asomarme vi del otro lado del jardín a Máximo, mi Max, tan extraordinariamente guapo como siempre, despeinado, chaqueta en mano y hecho un desastre como si viniera del juicio final, mi primera reacción fue cerrar la ventana quería odiarlo con todas mis fuerzas, me repetía a mí misma que no podía dar mi brazo a torcer después de lo que me había hecho, sin embargo la verdad era muy diferente, lo que sentía por él era demasiado fuerte pero no quería aceptarlo, por otro lado debía aclarar algunas cosas así que la abrí de nuevo.
-¿Qué haces aquí? –Dije molesta por el choque emocional que me producía su presencia aunque muy en lo profundo me alegraba verlo de nuevo.
-Debo hablar contigo, sé que me equivoque, que debí hacer esto hace mucho tiempo necesito pedirte perdón Zoe –Habló con urgencia.
-¡En tus sueños! –Recordando cómo había jugado conmigo estando comprometido, dentro de mí se debatían dos Zoe, la que se derretía ante su sola presencia ¡y la que quería desaparecerlo de la faz de este mundo!. Johanna se acercó a la ventana para ver con quién hablaba, yo me senté en la cama con el rostro entre las manos y el corazón a millón.
-¿Quién está ahí?... ¿Max? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no fuiste a la fiesta?
-¿Cual fiesta?
-La fiesta en donde supuestamente querías hablar con Zoe.
-Ah esa fiesta –Ya no lo recordaba, para él había pasado mucho tiempo desde la última vez que había estado de este lado.
-Ella te estuvo esperando y no llegaste.
-Tuve… cierto percance –Pensando en los años de guerra y frustración.
-No vas a creerle eso –Dije a mi amiga.
-¿Y si es cierto?... dejémoslo pasar y que diga lo que tenga que decir, después decidiremos qué hacer.
-Bien, dile que pase –Ganando la pequeña batalla la primera de mis dos furias internas.
Ella abrió la puerta y lo dejo entrar, salí al recibo para saber de qué se trataba todo su alboroto, nuestros medallones comenzaron a iluminar el espacio con tanta fuerza que Johanna tuvo que cubrirse de nuevo los ojos con sus manos.
-¿Qué está pasando? –Grité.
-Solo puede ser una cosa… el tercer medallón está cerca, ¡lo que nos faltaba! ya lo encontraron y están aquí, ven conmigo ¡tenemos que salir ya!
-¿Quiénes? –¿De qué estaba hablando? ¿Siempre tiene que hablar en clave?– podrías ser más claro.
-Los Oscuros, ¡Dame tu mano!
-No puedo dejar a Johanna.
-Vendrá con nosotros –Mientras decía esto sentí un tirón en el brazo, alguien me sujetó y me haló hacia atrás arrastrándome por el suelo rápidamente y con tanta fuerza que no pude levantarme, un frío recorrió mi espalda haciendo que se me erizara cada vello del cuerpo, luché como pude para liberarme de los fuertes brazos de Damian –Ya verás lo que es un hombre de verdad princesita- susurró sarcástico a mi oído y me lanzó contra una pared desde donde pude ver el fulgor en su pecho, tenía el tercer medallón lo había encontrado, sus ojos chispeaban de rabia, me impresionó ver que un rostro tan perfecto como el suyo podía demostrar tanto odio.
-¿Tú? ¡Estás vivo! –Gritó Max confundido -Pero… ¿en dónde estuviste todo este tiempo? pensé que habías muerto en batalla… eres mi amigo ¿Qué haces Damian?,
-No lo entiendes ¿verdad?, no tienes ni idea de quién soy, tuve que aguantar todas tus estupideces durante décadas, escucharte trazar planes sobre como vencer a los Oscuros y hacer que Líber regresara a sus tiempos de gloria, agaché la cabeza ante tu padre fingiendo obediencia e incluso debí perseguir a los míos para mantener la farsa hasta el punto de hacerme el muerto, ¿crees que fue muy agradable dejarme atravesar por una lanza para que todos pensaran que el pobre de Damian estaba muriendo?, regresé porque mis planes eran más efectivos aquí como para quedarme a enfrentar a tus estúpidas tropas para eso tengo quien se ensucie las manos…
-Te lloré creyéndote muerto ¿por qué estás con ellos?... ¿por qué me traicionas? ¿y ahora qué eres, uno de los generales del Príncipe Oscuro?
-No… yo soy el Príncipe Oscuro –Y esbozó una sonrisa retorcida regodeándose en sus cinco minutos de triunfo, el rostro de Max palideció por completo y la imagen del jinete con la sobrevesta negra y plata cabalgando hacia su hermano lo golpeó como un tren en movimiento haciéndolo tambalearse contra la pared, apretó ambas manos en un puño y corrió hacia él golpeándolo fuertemente en el pecho mientras lo colmaba de improperios, el golpe se escuchó como el choque de dos gigantes, el estruendo hizo tambalear a Johanna que corría de un lugar a otro de la sala, Damian hundió algo largo y brillante en el brazo de su contrincante y ambos rodaron por el suelo forcejeando, un hilo de sangre surcó el músculo tenso del brazo herido sin rendirse ante los golpes de su oponente, vi la oportunidad de escabullirme hacia la habitación en donde Johanna se había escondido, la tomé de la mano para sacarla de ahí y a medio camino me di la vuelta para ver que ambos estaban de pie con una distancia de unos seis metros entre ellos, Max levantó su mano hacia el frente e inmediatamente salió de entre sus dedos una luz azulada hacia el cuerpo de Damian haciéndolo caer de bruces sin que tuviera tiempo de realizar ninguna maniobra para defenderse, se dio la vuelta y nos empujó al jardín.
-Zoe tu medallón –Se acercó hacia mí con el suyo en una mano.
-No sueltes a tu amiga –Me dijo y juntó las piedras, al instante se abrió el portal, con una mano apreté fuerte el brazo de Johanna y con la otra me aferré a él con todas mis fuerzas y saltamos dentro de la grieta.
Al cruzar estuvimos en mi habitación, pensé que iríamos a Líber pero no fue así.
-¿Johanna estas bien? –Pregunté a mi amiga abrazándola con fuerza.
-Zoe… -Su voz se quebró y algunas lágrimas rodaron por sus mejillas, ella nunca ha sido cobarde, verla en ese estado de nervios me dolió en el alma y más sabiendo que era por mi culpa…
-Todo está bien amiga -Intenté tranquilizarla –¿Max que hacemos aquí?
-Debo hablar con tu protector.
-¿Con papá? –El corazón me saltó del pecho -¿sobre qué?
-Necesitamos el Gran Libro, estoy seguro que él tiene un ejemplar.
-No lo involucres en esto por favor –Rogué.
-Zoe, él está involucrado desde el principio.
No quería arruinar el trabajo que durante años él había hecho para mantenerme a salvo de toda esa locura, tanto sacrificio, haber dejado todo lo que amaba para venir a un lugar totalmente desconocido, me imaginé el choque que debió sufrir al conocer la tecnología, las costumbres de una época distinta, tener que parecerse a la gente de aquí para poder encajar y formarse una nueva vida, sin mencionar que debía criar a una niña.
-¿Zoe, eres tú? –Escuché la voz de papá en el pasillo– pensé que te ibas a quedar en casa de tu amiga –Y abrió la puerta– no sabía que estabas acompañada –Miró a Max y notó el colgante en su cuello- ¿de dónde sacaste eso chico? ¿Quién eres realmente? –Tomándome del brazo y poniéndome tras él.
-Soy Máximo Aquila Ignis hijo de Virgilio Aquila…
-El hijo de Virgilio… ya decía yo que tu rostro me era familiar, y ¿por qué estás aquí, por qué me ocultaste quién eres? –Su voz sonaba nerviosa y dejaba colar la desconfianza.
-Necesitaba estar seguro de quienes eran ustedes y de tu lealtad hacia Líber, comprobar que la llave estaba a salvo.
-Ya lo has comprobado, ahora puedes regresar por donde viniste.
-Ella ya lo sabe…
-¿Que le dijiste?
-Todo… era necesario, la guerra arrecia y la tercera llave está en manos del Príncipe Oscuro.
-¿Y cómo paso eso? ¿No era tu trabajo recuperarla? –Lanzó alterado recordando cómo él mismo fue delegado a buscarla hacía tanto tiempo cuándo se perdió.
-Él… se coló en mi Corte y vivió como un caballero durante años sin que nadie sospechara, fue mi compañero de armas en muchos de mis viajes y batallas, conocía las pistas que seguí para dar con ustedes y con el tercer medallón, desapareció hace un siglo y lo creí muerto… -Con dolor en sus ojos -Pero no lo estaba, acabo de enterarme de quién es.
-¿Hace un siglo? –Pregunté confundida.
-Nos está siguiendo –Agregó, y mirándome -Luego te explico.
-¿Cómo dices? –Volteó Aurelio para mirarme -¿Está de éste lado?
-Sí y beso a Zoe… -Dijo Johanna inocentemente.
-¿Qué? –Lanzo Max en mi dirección.
-Luego te explico –Conteste.
-¿Cómo permitiste que esto llegara tan lejos? –Continuó papá mirando a Max con firmeza -Hay que volver a Líber antes de que se apodere de las otras dos llaves o nadie lo detendrá.
-Necesitamos el Gran Libro, ¿lo tiene verdad? No podemos regresar sin él.
-No lo tengo aquí, está en el páramo…
-¿En dónde? –Preguntó con insistencia.
-En el chalet, con mi armadura y mi espada –Y entonces pensé en el día que abrí el baúl, repase en mi mente las cosas que encontré allí y recordé un libro viejo de tapa dura y páginas amarillentas bordeadas en oro, en aquel momento fue a lo que menos presté atención pero era lo más importante del contenido de la caja.
-¡Se dónde está! ¡En el baúl!
-Hay dos medallones abre el portal –Dijo Aurelio.
-No podemos, lo hemos usado para escapar de él.
-¡Pero si acabamos de cruzar por ahí…! –Dije mirándolo a los ojos.
-En nuestro mundo se puede abrir el portal en cualquier momento y lugar incluso con un solo medallón, pero aquí no –Explicó Aurelio.
-Hay que esperar al menos un día antes de poder usarlo otra vez –Aclaró Max -Mientras se recarga de nuevo, la energía de este mundo es diferente a la del nuestro.
–Tenemos que separarnos para despistarlo, tú te llevarás a Zoe y tú vienes conmigo. –Continuó Aurelio señalando a Johanna- ¿Máximo tienes en que movilizarte?
-No
-¿Haz montado una motocicleta? –¿Qué le pasaba, pretendía mandarme al páramo de noche con un chico en una moto?
-No… pero…
Aurelio sacó del bolcillo de su chaqueta un llavero y me lo dio.
-Toma está en el garaje, tendrás que conducir tú –Y luego dirigiéndose a él –Cuídala como a tu vida, es mi sobrina, la única familia que me queda.
-¿Su sobrina? Usted es el hermano del Rey... –Abriendo tamaños ojos-Majestad… no sabía que era usted, yo… creí que un soldado la había salvado, nunca pensamos que el Rey estuviera con vida.
-No lo está, mi hermano murió…
-Pero usted es el Rey ahora.
-Eso no tiene importancia… ya no hay reino sobre el cual reinar… -Dijo con dolor, y luego a mí -Es hora Zoe.
-¿Papá estas seguro?, es de noche y hay muchas curvas…-Mirando el llavero entre mis manos.
-Pasaste toda tu vida preparándote, esta era la razón por la cual te hice practicar tantos deportes de riesgo, te estaba entrenando para lo que tuvieras que enfrentar, sabía que éste momento llegaría tarde o temprano –Refiriéndose a lo que siempre consideré nuestros hobbies extremos -Puedes hacerlo, confío en ti –Y me abrazó como si no fuera a poder hacerlo otra vez, me pareció ver una lagrima asomarse a sus hermosos ojos azules, mi corazón tembló de dolor.
-Tomen ropa abrigada, no hay tiempo que perder…-Señalando hacia el ropero -Necesitaré uno de los medallones para cruzar.
-Lleve el mío –Y Max lo puso en su mano, Aurelio lo apretó fuerte y asintió con la mirada.
Busqué ropa para Johanna y para mí y un par de abrigos, ella y Aurelio bajaron las escaleras y salieron en el auto, Max y yo fuimos al garaje, debajo de una gruesa lona estaba la moto de papá, una máquina de alta cilindrada hermosa y potente.
-¿Estás seguro de poder conducir esa cosa? –Preguntó incrédulo mientras un mal recuerdo cruzaba por su cabeza- Estuve a punto de ser arrollado por una de esas.
-Por supuesto –Solté rápidamente sabiendo qué se refería al día en que casi le pasamos por encima- Crecí haciendo esta clase de cosas y practicado también otras locuras, lo único que me preocupa es la hora… va a estar muy nublado.
-Bien basta de charla, salgamos ya, Damián no dejará de buscarnos aquí, debemos poner terreno de por medio.
Subí con él a la motocicleta, me puse mi casco y le di a Max el que siempre usaba Aurelio, bueno… mi tío… ya no sé ni cómo llamarlo, tengo un conflicto con eso aunque en mi corazón él es mi padre, encendí la motocicleta y el motor rugió debajo de nosotros, nos pusimos en marcha y sin perder tiempo salimos de la ciudad rumbo al páramo, la carretera pasaba bajo las llantas con rapidez, a medida que aceleraba el viento helado nos cortaba el rostro como el filo de mil cuchillas que impactaban contra nosotros con fuerza, cubrí parte de mi cara con la bufanda, Max pasó sus brazos alrededor de mi torso para sujetarse, me erizó cada vello tenerlo junto a mi cuerpo pero no podía darme esperanzas con él, no después de lo que sucedió en Líber, no después de haber conocido a su futura esposa, el frío seguía colándose por todas partes haciéndome castañear los dientes.
-Estás temblando –Me dijo con preocupación.
-Solo un poco más –Contesté -Nos detendremos para llenar el tanque.
Llegamos a una estación de gasolina después de haber rodado durante una hora y media más o menos, llené el tanque y reanudamos la marcha ya pasaba la media noche y la vía estaba muy oscura por la niebla, recorrimos uno que otro trayecto casi adivinando el camino pues el reflector de la moto no iluminaba lo suficiente, continuamos adelante durante otra media hora hasta que ya no se veía nada, literalmente estaba a ciegas, la temperatura seguía bajando y ya no soportaba el frío, la moto comenzó a vibrar con más fuerza así que apreté el manubrio hasta que mis nudillos se pusieron blancos pero se me hacía cada vez más difícil mantener el equilibrio con el peso de los dos, finalmente perdí por completo el control y choqué contra algo saliendo disparada del asiento hacia adelante y cayendo unos metros más allá golpeándome fuerte en la cabeza, adolorida traté de incorporarme, algo caliente bajó desde mi frente empapando mi rostro, me orienté gracias a la escasa luz del foco estaba a escasos metros de la moto, coloqué mis manos en el suelo y sentí el pasto húmedo y frío –Nos salimos de la carretera pensé – ¡Dios!
-¡Max! ¡Max! –Grité -¿Estás bien?
-Si estoy bien –Apareciendo en medio de la niebla -Estas herida, déjame ver eso –Levantando el cabello pegado de mi cara, tomó la joya en una mano y colocó la otra sobre mi cabeza cerca del golpe, al instante había sanado -Tenemos que buscar un refugio, hace demasiado frío y está muy oscuro para seguir, quédate cerca.
Levantó la moto sin esfuerzo y caminó junto a ella empujándola sobre el camino de grava.
-¿Qué fue lo que hiciste? –Pregunte pasándome el extremo de la bufanda por la cara para limpiarme.
-Nada, use el medallón –Contestó de forma natural.
-Y… ¿Puedes sanar a las otras personas? –Proseguí incrédula.
-Jajaja, mi Zoe, no sabes todo lo que se puede hacer con él –Devolviéndome una tierna mirada.
Seguimos durante un rato por el sendero hasta llegar a un muro de piedra que separaba una parcela de otra, a escasos metros había una casucha vieja que apenas se mantenía en pie, entramos para refugiarnos del frio y del viento, Max iluminó el interior con la luz de la moto solo había muebles viejos, revisé una de las habitaciones y encontré unas mantas tejidas de lana, él metió la máquina a la sala de la casa y cerró la puerta para que el viento no se colara, me acurruqué sobre un sofá roto cubriéndome con algunas de las mantas y froté mis brazos intentando entrar en calor, el golpe de la adrenalina ya había cesado y fui consciente del frío otra vez, la helada inclemente me calaba hasta los huesos, el cuerpo me temblaba incontrolablemente, Max tomó las mantas que quedaban y se recostó junto a mí con sus brazos a mi alrededor, el calor que despedía su cuerpo fue un gran aliciente, mi temperatura comenzó a regularse pero seguía temblando, ya no por el frío sino por su cercanía, me molesté conmigo misma por permitirme seguir sintiendo “eso”, debía obligarme desenamorarme de él, convencerme de que no era para mí, ¡qué fastidio no poder solo pasar el interruptor y apagar mis sentimientos!, quería dispararle en su cara todo mi enfado, todo mi dolor pero al mismo tiempo lo quería a mi lado, al menos de esta manera sería mi amigo… si es que eso puede ser posible después de que contraiga matrimonio.
-¿Por qué volviste? –Pregunté controlando el tono de mi voz lo mejor que pude– Está claro que no te importo, ¿por qué no solo te llevas el medallón y ya?
-¿Crees que eso es lo único que me importa? –Sentí su aliento tibio cerca de mi oído -Hay mucho sobre mí que no conoces Zoe.
-Sí, eso me quedó claro la noche que llegamos al castillo –Respondí a la defensiva.
-Sobre eso… ya no estoy comprometido, lo deshice, después de que te desmayaras y pasaras una semana en cama sin reaccionar decidí que no podía seguir adelante con ese compromiso, nunca sería feliz con Catalina y tampoco sería honesto con ella, además, me sentí fatal por lo que te hice… –Parecía dolido.
-¿Una semana? –No recordaba nada salvo los ojos de Damian y su voz muy cerca de mí, luego estaba en mi habitación en Mérida.
-Algo te ocurrió en el jardín después de que te dejé con Damian, te desmayaste y pasaste varios días en una especie de coma, nos dijeron que una presencia maligna era la responsable de tu estado, solo el poder del medallón hizo que te recuperaras y con mucha dificultad, cuándo por fin reaccionaste no esperé más y te traje de vuelta para evitar más impresiones, regresamos al mismo día en que cruzamos a Líber para que nada te pareciera diferente.
-No tenía idea de todo eso –Dije volteando para mirarlo.
-Rompí mi compromiso porque no podía estar con nadie más después de conocerte… -Susurró.
-¿En serio terminaste con ella?
-Sí, era un matrimonio arreglado, durante toda mi vida he sido preparado para tomar el lugar de mi padre pero debo estar casado para asegurar descendencia y ella era el mejor prospecto de futura reina que tenía, la escogió el Consejo.
-Es terrible –Dije recordando las palabras de Regina al mencionarme que algún día llegaría a ser Reina. Se quedó pensativo y al cabo de un momento continúo:
-Mi padre no aprobó mi decisión, pero mi madre entiende lo que me sucede… no quiero ser Rey si eso significa estar atado a alguien que no amo, preferiría vivir de este lado sin ningún privilegio por estar cerca de ti –Clavó sus ojos en los míos y su mano acarició mi rostro -Eso podría cambiar si abdicara en favor de alguien más cuándo llegue el momento… tengo un primo tal vez pueda ponerlo a él en el trono y deshacerme de todo, ¿tú que dices? -Y se acercó a mi acortando la distancia entre nosotros mientras mi corazón corría como loco, sentí mariposas en el estómago y de nuevo el rubor incendió mis mejillas, dibujó una hermosa sonrisa y nuestros labios se encontraron en el más tierno beso, mis manos buscaron su cuello, toqué con los dedos los bordes de su tatuaje, las suyas recorrieron mi espalda, por unos segundos me sentí feliz, él sería capaz de renunciar a todo por mí.
-Wao… valió la pena esperar un siglo por esto… -Tan bajo que apenas pude escucharlo -Mientras continuaba besando mis labios, mis mejillas y mi cuello -Te amo nunca lo dudes –Se recostó y cerró los ojos, yo pasé un buen rato pensando en lo que acababa de suceder, repasando en mi mente cada sensación una y otra vez, no puedo explicar lo emocionada que estaba, tenía a mi propio príncipe azul, y era real, y todo mío.
Al amanecer Max salió para ver en donde estábamos, aproveché su ausencia para buscar con que asearme, por suerte la tubería de agua potable funcionaba y pude lavarme la cara y despejar el sueño, él regresó pronto y nos pusimos en marcha, la motocicleta estaba bastante golpeada pero funcionaba.
–No quiero ver la cara que va a poner papá cuando la vea -Dije señalando las abolladuras y los raspones que tenía por todos lados, había perdido un espejo retrovisor y el otro a apenas colgaba de un cable, Max frunció el ceño y suspiró –Qué más da…
Pronto estuvimos de regreso en la vía, no estábamos lejos de la laguna de modo que no tardamos mucho en llegar, escondimos la moto en la maleza cerca del portal y cruzamos al otro lado.