“Un instante de lucidez, sólo uno; y las redes de lo real vulgar se habrán roto para que podamos ver lo que somos: ilusiones de nuestro propio pensamiento.”
Emil Michel Cioran
Suspiré y me senté en una esquina de la cama esperando recibir una explicación lógica, sin embargo lo que iba a escuchar a continuación no tenía nada de lógico.
-Verás –Dijo -El mundo no solo existe tal como lo ves a simple vista… hay…como lo diría… otras maneras de verlo, otras dimensiones, otras realidades e incluso otras épocas pasadas a las cuales se puede ir…
-¿Me estas tomando el pelo? –Bufé- ¡si no quieres explicarme qué fue todo eso que acaba de suceder entonces ahí está la puerta, o mejor la ventana porque no quiero tener que explicarle lo inexplicable a mi papá!
-No te estoy tomando el pelo, tienes que abrir tu mente y disponer de tiempo si quieres escuchar toda la historia, ¿estas dispuesta?
-…Habla –Al fin sin estar muy convencida.
-Hay distintas formas de ver la verdad, se diría que está la verdad “verdadera” y la verdad “relativa” o que lo que es cierto para alguien no lo es para lo demás…
-Ve al grano.
-¿Cuál es tu concepción del mundo?
-¿A qué te refieres?
-Pues del lugar en donde vives, de lo que ves a tu alrededor.
-¿Quieres una respuesta científica o una filosófica?
-Bien, probemos otra cosa… hum… todo lo que ves a tu alrededor, es tu realidad, es lo que crees tú mundo ahora, la cosa es… que este no es el único mundo que existe, hay otros mundos… -Hizo una pausa -Eres estudiante de literatura ¿Qué pensarías si te digo que cada libro que has leído es real?
-Que cobra vida a medida que lo lees, pero por supuesto que es solo ficción.
-Esa es la cuestión… cada historia y lugar de cada cuento y novela que se halla inventado, cantado, recitado o escrito es un mundo real, fue concebido en la mente del autor y eso les dio vida, nosotros pertenecemos a uno de esos mundos…
-¿Nosotros quienes? ¿Tú y quien más? –Dije queriendo saber quién era el otro loco que se creía personaje de cuento.
-Y tú.
Me quedé estupefacta, él había parecido demasiado bueno para ser cierto -no hay nada perfecto- pensé, muy educado y apuesto pero le faltaba un tornillo tenía que pasarme esto a mí, de pronto conocía a alguien espectacular y resultaba estar loco.
Suspiré, no podía creer mi mala suerte, había esperado tanto para ilusionarme con alguien, no me quise involucrar antes con nadie para no apartar mi atención de mis estudios y cuando lo hago escojo a un desequilibrado mental, ahora me falta que me diga que es un súper héroe de comics o algo por el estilo.
-¿Zoe? –Me sacó de mis pensamientos -Dime algo por favor.
-¿Qué quieres que te diga?, ¿Qué creo todo lo que me estás diciendo, o lo que realmente estoy pensando de ti?, quizás te recomiende un buen neurólogo o ¡mejor un psiquiatra! , ¿Me estás diciendo que soy una mancha de tinta en un papel?
-Sabía que esto sucedería, por eso vine preparado. ¿Podrías darme una oportunidad de comprobarte que lo que te digo es cierto? –Extendiendo su mano hacia mí.
-¿Cómo?
-Permíteme tu medallón.
-¿No vas a quitármelo verdad?
-No podría aunque quisiera.
Lo escruté con la mirada y pensé que no habría problema en que él lo viera así que me lo quité del cuello y lo puse en su mano, él tomó el suyo y lo acercó al mío, las joyas tenían una extraña forma de encajar la una con la otra de manera que parecían haber sido hechas para ser las piezas de algo más que solo un par de colgantes, al ponerlas juntas se adhirieron comenzando a emitir rayos de luz áureo azulados que se iban haciendo cada vez más fuertes iluminando todo el lugar como si hubieran cientos de focos colgando del techo, los medallones quedaron suspendidos en el aire en medio de la habitación dando vueltas como si estuvieran sujetos a un eje invisible, mis ojos no daban crédito a lo que estaban viendo, quise gritar pero Max puso su mano en mi boca.
-Shissss, no grites, llamarás la atención de tu padre.
-¿Qué es eso? –Balbucee.
-Eso es un portal, a través de él se puede viajar a los lugares de los que te hablé.
-Pero eso es imposible, esas cosas no existen, no son… reales…
-Son más reales de lo que crees.
En ese instante se escuchó la voz de mi padre desde el pasillo.
-Zoe ¿con quién hablas?
-Creo que seguiremos esta conversación en otro momento, toma guarda esto y tráelo siempre contigo por lo menos hasta que te lo aprendas luego te explico, por ahora debes tener en cuenta que nadie puede arrebatarte la joya en contra de tu voluntad, incluso si murieras no habría forma de quitártela a no ser que fuera alguien que llevara tu sangre, no lo olvides no se la des a nadie bajo ninguna circunstancia –Dándome un pedazo de papel con algo escrito en latín y el colgante, luego salió con la agilidad de un gato por la misma ventana por donde había escapado el extraño.
-Estoy leyendo en voz alta papi –Grite nerviosa desde dentro.
-¿Necesitas algo cariño?
-No gracias, ya me voy a dormir.
Me prepare para ir a la cama pero solo pude dar vueltas y vueltas sin poder conciliar el sueño, mil cosas venían a mi mente, repase las posibilidades de que todo aquello fuera cierto, fue una noche larga… tratando de sopesar cada palabra de Max, pero nada tenía sentido, no pude esperar a que llegara la luz del día me levante de madrugada y me vestí lentamente para ir a la facultad, baje a la cocina y preparé café para mi papá y para mí, tomé una gran taza y lave los platos de la noche anterior que aún estaban sucios sobre el mesón, caminé por la casa una y otra vez hasta que se hiciera la hora de salir, al fin amaneció, mire mi reloj 6:00 am, tomé mis cosas y salí, no había caminado dos cuadras cuándo lo vi recostado a una pared esperándome, sentí mariposas en el estómago, me enojé conmigo misma ¿Cómo era capaz aun de sentir alguna cosa por él después de lo de anoche?, jugaba con el medallón que pendía de su cuello, alzó la vista y sonrió al verme.
-Buenos días.
-¿Qué tienen de buenos? –Lancé sin dejar de caminar.
-Que estamos vivos, que seguimos aquí, que podemos hablar de nuevo -Siguiéndome el paso.
-Hum…-Contesté sin ganas.
-Vine a buscarte porque creí que tendrías muchas preguntas que hacerme –Dijo con cuidado.
-Pues… ¡no!... mejor dicho… ¡sí!, es que no se si creerte.
-¿Que parte no crees? –Y se detuvo.
-Ninguna –Estaba tan confundida que no sabía ni que creer, para mí las cosas siempre habían sido tan sencillas, tan… comunes que no sabía por dónde comenzar la ronda de preguntas.
-Ninguna –Suspiró.
-¿Tienes algún compromiso importante hoy? –Le dije llenándome de valor.
-No, solo aclarar las cosas contigo, ¿podemos ir a un lugar en donde podamos hablar tranquilamente?
-Me parece bien, ¿a dónde quieres ir? –Haciendo acopio de todo mi valor.
-A un lugar tranquilo…
-Al páramo –Interrumpí- podríamos hablar con tranquilidad y despejar la mente– No se me ocurrió lugar mejor, además para lo que me tenía que decir no habría habido lugar mejor.
-De hecho, iba a sugerirte el sitio en donde nos vimos el fin de semana –Dijo.
-Muy bien, entonces vamos.
Nos dirigimos al terminal donde se abordan los autobuses que llevan la ruta del páramo, Max compró un par de bufandas pues no íbamos vestidos apropiadamente para el frio, abordamos el autobús y el vehículo comenzó a surcar la carretera serpenteante adentrándose en los parajes de la cordillera andina, hermosos paisajes y altas montañas nos hacían dejar ir la mirada por la ventana, pasamos gran parte del viaje sin hablar, yo intenté descansar un poco, el trasnocho pasó factura y me dormí por un buen rato, al despertar habíamos avanzado mucho.
-¿Dormí mucho? –Pregunté mirando mi reloj.
-Algo, no quise despertarte –Mientras me miraba con una expresión desconcertante.
Simulé no haberme dado cuenta y comencé a hablar de cualquier cosa, de cuando en cuando hacíamos una pausa para observar los matices de verde en las laderas sembradas con diferentes clases de cultivos, -eso de allá es cilantro, y aquello que parecen flores verdes gigantes son coliflores -Le mostraba indicándole con la mano un sembradío a lo lejos en la ladera de la montaña.
-Se ve que conoces bien el lugar.
-Conozco la ruta del páramo porque vivía con mi abuelo tenía un chalet aquí, cuándo él murió… mi papá y yo nos fuimos a vivir a la ciudad, ahora venimos algunos fines de semana –Mi abuelo… dije mentalmente- Bueno supongo que en realidad no era mi abuelo…
-No, no lo era…-Dijo con suavidad.
-¿Y mi padre? ¿él si es mi padre verdad?
-Lo siento, Zoe… -Respondió casi inaudible.
-¿Que parte de mi vida es cierta? –Casi grité -¿O es que nada de lo que conozco es como creo que es? –Las miradas de algunos pasajeros curiosos se volvieron hacia mi puesto.
-Sé que es difícil…
-¡No sabes nada! –Bufé, luego traté de controlarme y respiré hondo sosteniendo el aire por unos segundos y soltándolo lentamente -¡Ayer era una persona cualquiera con una vida normal y feliz!, y hoy… no se ni quién soy –Totalmente contrariada –No puede ser, soy una mancha de tinta en un papel…
-Detén el autobús, nos bajamos aquí.
-¿Qué?
-Que nos bajamos aquí –Repitió mirando por la ventana.
El vehículo se detuvo, estábamos en frente de la entrada de la laguna de Mucubají, bajamos y comenzamos a caminar hacia el parque. Hacía frío. Mis manos comenzaron a helarse y Max las tomó entre las suyas para frotarlas, me extendió una de las bufandas que había comprado antes de salir y la enrolle alrededor de mi cuello, no sirvió de mucho, pero no protesté, era más importante terminar de escuchar aquella alocada historia de mi vida que el frío que hacía, caminamos sin hablar durante unos diez minutos por la orilla del lago.
-…Tu padre era un gran hombre –La frase rompió por fin el silencio.
-¿Cómo lo sabes?
-Mi padre me habló mucho de él –Contestó con una extraña añoranza.
-¿Y quién es tu padre? ¿Cómo lo conoció? –Interrogué.
Se detuvo por un momento y sus verdes ojos se posaron en los míos, detesté que hiciera eso, me quitaba concentración, y en este momento quería estar más lúcida que nunca.
-Descansemos un momento –Dijo sentándose en el pasto húmedo y haciéndome señas con la mano para que me sentara junto a él.
–En el mundo del cual venimos –Prosiguió -Existen dos reinos, el Reino del Norte, en donde los inviernos son particularmente duros, aunque la gente dice que no siempre fue así, y el Reino del Sur, ambos reinos fueron gobernados durante siglos por dos nobles familias que mantuvieron la paz y la concordia entre los pueblos, nuestras ciudades eran hermosas y prósperas ambos monarcas respetaban los tratados y había paz… buenos hasta que algunos nobles se alzaron y fueron enviados al exilio, pero incluso eso pudo ser controlado sin embargo…
-¿Reyes? –Dije sorprendida.
-Sí, tu padre fue el Rey Abelardo Señor del Reino del Norte… y Virgilio mi padre aún lucha por mantener en pie el Reino del Sur… y este –Mostrándome su colgante –este es el escudo de armas de la casa del Sur –Lo observé sin decir nada, en la pieza de plata estaba grabado finamente un escudo coronado por un yelmo con dos cuarteles, en uno estaba una torreta de un castillo y en el otra una hermosa águila con sus alas extendidas y sus garras listas para atrapar a su presa, a los lados caían desde el yelmo dos enredaderas de hojas anchas que venían a ser atadas en la parte inferior por una cinta en donde se leía AQUILA IGNIS, vi también dos espadas, una a cada lado, se entrecruzaban con la cinta con sus puntas hacia abajo sosteniendo en medio del escudo una llave primorosamente labrada, la primera vez que había visto ese medallón solo me fijé en la piedra y en el águila tallada en ella.
Era mucha información que asimilar, aún no le creía del todo, me parecía estar viviendo una pesadilla, ¿Reyes? ¡por favor!, esto era demasiado. Me levanté de un salto y sacudí mi cabeza con fuerza para poner mis pensamientos en orden, inhalé profundo y el viento frío entró por mi nariz y siguió su ruta hacia mis pulmones, reflexioné por un minuto y pensé que debía estar loca para haber venido hasta aquí con un demente y haber querido creerle.
-¡Fue suficiente! –Dije con firmeza -Me largo.
-No -Se apresuró a decir tomándome del brazo antes de que comenzara a andar.
-Suéltame estás loco -Le increpé.
-Créeme, todo lo que te he dicho es cierto, ¡lo juro por mi vida!.
-¡Pruébalo! –Lo reté.
-Hay algo que tienes que ver, confía en mí solo esta vez.
Me empujó con gentileza y reanudamos la marcha, llegamos hasta el extremo más lejano de la laguna, la vegetación era tan tupida que desde ese punto no lograba verse el muelle, no había manera de que alguien supiera que estábamos ahí, nos movimos un par de metros más hacia donde una extraña roca sobresalía del agua formando una especie de planicie, como una balsa justo en la orilla, el moho cubría la pétrea superficie casi por completo a excepción de algunos puntos a los lados, parecía que los habían limpiado deliberadamente. Max subió de un salto y comenzó a buscar algo en el suelo, me acerqué con cuidado, estaba resbaloso, y me agaché para mirar lo que parecían unas tallas sobre la piedra.
-¿Sabes qué son? –Pregunté
-Petroglifos.
-¿Como una escritura rúnica?
-Algo así.
Pasé mi mano sobre la talla y de pronto las extrañas marcas comenzaron a brillar.
-¿Qué está pasando? –Dije asustada retirando rápidamente mi mano de la roca.
-Tranquila no tengas miedo, es la acción del medallón sobre el portal, ¿recuerdas lo que sucedió ayer en tu habitación al juntar las piedras? –Preguntó mientras tomaba su colgante y se acercaba a mí.
-Cómo olvidarlo si casi me mata del susto.
-Cada mundo posee portales a través de los cuales se puede viajar a diferentes lugares del mismo mundo o a otros, la luz que viste en tu habitación es el poder que liberan los cristales, nuestros medallones pueden abrir estos pasajes.
-¿Son como una especie de llave?
-Sí, de hecho así se les llama, las llaves del portal de los mundos.
-¿Y solo existen estos dos?
-No, hay un tercer medallón –Con tono preocupado -Se perdió durante la gran guerra, lo he buscado durante años desde que se supo que salió a este mundo, he seguido algunas pistas.
-Y… ¿es muy importante?
-Por sí solo no es peligroso ya que tiene el poder de transportar a un solo individuo a la vez y a un solo mundo, pero junto a nuestros colgantes forma la llave maestra que abriría el portal para todos los mundos, puede manejarse a cualquier antojo y podrían pasar por él cualquiera de las criaturas de todos los libros y leyendas, buenas y malas, se mezclarían, entrarían los personajes de un cuento en otro dañando el balance y el equilibrio, y no solo eso… -Clavó una mirada fría en mi rostro-Cualquiera que lograra atravesar el portal hasta aquí se haría real, completamente real… como tú y yo.
-Sería un desastre, los personajes de una novela de terror en otro libro o… -Me detuve por un instante ¿él había dicho que podrían pasar hasta nuestro plano y hacerse totalmente reales?, ¿Qué significaba eso?- Quieres decir… ¿que los seres de pesadilla que hay en algunos libros podrían pasar hasta aquí haciéndose reales?, ¿personajes como los de Allan Poe o Bram Stocker?
-Sí, cualquiera de ellos tendría todo el poder de hacer aquí lo mismo que hacen en sus mundos de origen.
-Por Dios… ¿te imaginas a Drácula por ahí suelto?, o ¿a las brujas de los cuentos de hadas, bueno casi a cualquiera de los personajes malvados de los cuentos infantiles? –Cuentos infantiles… esa frase sonó irónica en mi mente ¿que tenían ahora de infantiles? todos terminan siendo historias de terror para dormir… que contradictorio.
-Sería extremadamente difícil controlarlos en este plano, ya lo es en el suyo propio y aquí… cualquiera que lograra cruzar seria casi indestructible, dudo mucho que quisieran ir de vuelta a su realidad, por eso es tan importante encontrar el tercer medallón, y también por eso entraron anoche a tu casa buscaban el tuyo.
Tomó mi mano y nos acercamos a las tallas del suelo, él colocó su colgante en una abertura en la roca e inmediatamente el fulgor extraordinario de aquella luz blanca regresó, esa luz que para cualquier otra persona hubiera sido cegadora de pronto para mí no lo era, iluminaba todo alrededor y podía sentir casi como si penetrara en mi cuerpo iluminándolo por dentro, se levantó y dijo algo en latín:
-Aperite mihi portas iustitiae ingressus in eas confitebor Domino.
Recordé el papel que me había dado en mi habitación y lo saque de mi bolcillo eran las mismas palabras que acababa de pronunciar, no lo comprendí del todo, solo había estudiado lo básico en clases de latín en la facultad, creí entender algo sobre abrir una puerta de justicia o algo así.
-¿Estás lista? –Preguntó.
-¿Lista?, ¿para qué? –Lo miré con prudencia.
-Para ver por ti misma de lo que te he hablado.
Inhalé profundo, guarde el pedazo de papel y tome su mano –Lista -Al fin dije sin estar aún muy segura, ante mí se abrió una grieta de unos dos metros de alto que fue tomando la forma de un libro abierto cuyas raídas y amarillentas páginas se desvanecían para dejar ver del otro lado, como por una ventana la realidad de aquel mundo mágico e irreal, sentí temor, pero Max me abrazó y me condujo hasta el con paso firme.
-Es hora –Dijo -Salta cuando te lo indique y no me sueltes.
-¿Estaremos bien? –Pregunté ante la incertidumbre de lo que me esperaría del otro lado.
-No te preocupes, mientras estés conmigo estarás bien, a la cuenta de tres saltamos juntos, uno… dos… -Lo apreté con fuerza contra mi cuerpo no quería separarme de él pasara lo que pasara -¡Tres!