DANIEL

Nunca me hubiera imaginado encontrarme a Syrah en brazos de otro a punto de follar, pero tampoco podría gritarle y reclamarle después de todo le había forzado a separarse de mi lado. Era un completo idiota. ¡Maldición!

No tenía puta idea de lo que haría, no sabía si dentro de nada partirían a otra ciudad, le llamé a Ruth convenciéndola para que dijera y con ayuda de George funcionó. Esa tarde dejaban el hotel, Shuarma tenía una presentación en Guanajuato.

Esperé en el vestíbulo para intentar hablar con ella pero las horas pasaron y no había rastro de ninguno, noté que sus músicos ya estaban en las camionetas así como su manager pero Shuarma y Syrah seguían sin bajar, me estaba carcomiendo con tantos pensamientos. ¿Habrían terminado lo que interrumpí? ¿Planeaban quedarse toda la noche follando? ¡No! Como una mierda, no podía suceder.

Comencé a dirigirme hacia el ascensor cuando se abrieron las puertas y apareció Shuarma: solo. Su manager se le acercó y pude escuchar un tanto de su conversación.

—¿Dónde está Syrah? —preguntó.

—Se quedará unos días más, con suerte nos alcanzará en Guadalajara —noté el pesar en su voz.

—¿Qué sucedió? —volvió a la carga. —Vamos Shuarma, se que estás colado por ella.

Shuarma suspiró mientras cerraba la mano en un puño, se le veía muy afectado.

—Digamos que estamos en sitios distintos.

Sin más cogió sus maletas y se metió a la camioneta, su manager le siguió muy de cerca, en pocos minutos se alejaron del hotel. Llamé al ascensor insistentemente, tenía que estar con Syrah o comenzaría a subirme por las paredes.

Casi corrí por el pasillo una vez que estuve allí y para cuando llegué a la puerta de su habitación me debatí sobre dejarle algo de espacio o interferir una vez más en su vida. Sin duda tenía que interferir en su vida: no le dejaría ir. Basta de juegos absurdos y sufrir sin sentido.

Llamé a la puerta mientras mi pulso se disparaba. ¿Exactamente que le iba a decir?

—Ya voy —dijo con voz entrecortada.

Era ahora o nunca. Abrió la puerta y se quedó congelada al verme allí de pie en el umbral, contuvo la respiración.

—¿Puedo pasar? —le pregunté.

Asintió y se apartó, al entrar me percaté que todo rastro de alcohol había desaparecido.

—¿Qué quieres, Daniel? —dijo a mis espaldas.

—He visto salir a Shuarma hace un momento —intenté sonar tranquilo.

—Sí, tiene que tomar un avión en poco tiempo.

Se que se me quedaba a medio camino una enorme disculpa pero joder estaba tan nervioso que no encontraba las palabras exactas, se veía jodidamente hermosa.

—Pensé que irías con él —intenté acercarme a ella.

—Los planes han cambiado una vez más —se giró hacia mí. —¿Qué es lo que haces aquí?

Me dio un vuelco el corazón, en verdad tenía demasiado miedo de volver a cometer el mismo error pero al notar la tristeza en su mirada no pude continuar con lo planteado.

—Quería asegurarme que te encontrabas bien después de todo no he sabido nada de ti — intenté sonar despreocupado aunque la presión que sentía en el pecho no me dejaba hablar con claridad.

—Una simple llamada hubiera sido acertada —se sentó en el sillón. —Ahora que has comprobado que me encuentro bien ya te puedes marchar.

¿Cómo poder continuar en su presencia? Después de todo ya no existía nada de que poder hablar pero maldición no me quería marchar, si por mi sería me pasaría el resto de mi vida contemplándola, abrazándola, mimándola, cuidándola, amándola.

—¿Has comido algo? —casi susurré.

Soltó una maldición por lo bajo, después de unos segundos levantó la mirada.

—No y lo último que quiero es cenar, por favor Daniel simplemente vete.

No me iría, caminé hacia ella y pude notar que se debatía sobre apartarme o permitirme acortar la distancia pero cuando llegué a su lado comenzó a sonar su celular.

—¿Hola? —se limitó a escuchar para continuar diciendo. —No lo sé Shuarma, tendré esta noche para definirlo —volvió a guardar silencio. —Gracias pero no se si quiero ir hasta España —puso los ojos en blanco. —Vale, vale, me lo pensaré después de todo me vendría bien un tiempo aislada del mundo —escuchó a Shuarma para continuar diciendo. —Te lo diré, ¿vale? Suerte esta noche, te echo de menos, adiós.

Se hundió más en el sillón, estaba de broma si pensaba irse a España con Shuarma, no ni de coña lo permitiría.

¿Por qué para ser feliz es preciso no saberlo? ¿Por qué siento el amor y lo quiero mirar y no consigo verlo? ¿Por qué lo amado hoy con el tiempo se hará doloroso y extraño?

—¿Te irás con Shuarma a España? —la pregunta salió antes de pudiera pararla.

Se giró bruscamente hacia mí, frunciendo el ceño. —No, si voy a España estaré en una pequeña casa que tiene en Gijón, joder Daniel simplemente me la estaba ofreciendo.

Solté el aire que estaba reteniendo, hundió la cara entre las manos soltando un sollozo y sentí cómo mi corazón se desgarraba.

—No tienes derecho a exigirme una puta explicación —dijo con voz entrecortada.

—No puedo hacer cómo si no sintiera nada por ti —intenté colocar mi mano en su muslo pero como si le hubiera quemado se levantó rápidamente.

—¿Interesarte? ¿Estas de coña? —negó con la cabeza. —Lo único que quieres es joderme la vida, mierda entiende que, no es fácil acostarse con la sonrisa y despertar con el brillo afilado de una cuchilla, sé que eres un hombre partido entre el sueño y la pesadilla.

—He dejado todo atrás con tal de poder venir hasta aquí —y le susurré en el oído. — Contigo.

—¿También a Amanda? Apenas anoche la follaste hasta que perdieron la razón, ¿no es cierto?

Abrí los ojos como platos, ¿cómo mierda se había enterado de la putada que había echo con Amanda? ¿De aquella estupidez?

—Es mejor que te vayas y si vas a buscarme hazlo allí: en cierto lugar, a mil millas o más, al norte de mí.

En pocos pasos llegó hasta la puerta, abrió la puerta invitándome a salir, no pude explicarme. Me fui sin más y aquí me ves atrapando recuerdos, quemando licores que mitiguen mis dolores, insultando al diablo por haberme envenenado. ¿Qué es lo que tengo que hacer para que vuelvas a mi lado?

Pero ahora mismo no voy a cambiar ni en poemas ni en adicciones, los excesos son la resaca de una vida malentendida. ¿Por qué había mencionado a Amanda?

Necesito estar en movimiento ahora que te vuelvo a ver lejos de mí. Pero no queda ya ningún bar abierto y los amigos, joder están a miles de kilómetros y para esta hora todos se han ido a dormir. Y yo me veo casi igual que ahora que no tengo nada salvo la certeza del dolor, sin poder evitarlo caminé por una gran avenida mientras pasaban a mi lado unos pocos autos hasta que terminé cansado y arruinado, a lo lejos noté un pequeño parque por lo que me decidí internarme allí hasta que llegara el amanecer y acudir de nuevo a Syrah, tal vez podría sacar algo bueno.

Así sucedió: sobre las 8:00 tomé un taxi y llegué al hotel, me informaron en recepción que aún no dejaba la habitación, subí y volví a llamar a su puerta, después de varios minutos apareció en todo su esplendor, joder el corazón se me paró, ¿cómo había sido tan idiota para perderla?

—¡Hola! —dijo en un susurro.

—¡Hola hermosa! ¿Puedo pasar?

—Adelante.

Era una mierda, el silencio estaba allí esperando que brotaran unas palabras de mi boca para poder despedirse pero temía decir una estupidez aún mayor hasta que llegó a mi su voz.

—¿Qué deseas, Daniel?

—A ti —dije de golpe, me pasé la mano por el cabello para decir. —Sé que he sido un cobarde, pero ya es tarde y no logro encontrar una manera mejor de explicarme.

—No tienes nada que explicar, todo quedó claro cuando te hablé sobre apartarnos un tiempo.

—Lo sé y aunque no supe quererte en días como hoy pienso en ti. No creas que cometiste un error al venir hasta el norte del país porque entiendo que las noches sin ti son un maldito infierno.

—Me voy a España, en unas horas sale mi vuelo y cuando regrese a la ciudad de México si por casualidad oigo que estás en la ciudad y alguien nos presenta alguna vez, entonces no daré a entender lo que es cierto: yo aún te quiero y nunca te dejaré de querer —suspiró. — Ahora te voy a pedir que te marches y continúes con tu vida después de todo hemos comprobado que no podemos continuar juntos.

—Por favor, no te vayas porque será el fin del mundo.

Soltó una carcajada. —No es el fin del mundo, no es el fin de nada solo de tus besos y tu dulce mirada. Hagamos de cuenta que no pasó nada, que no hubo mordidas, ni miradas —caminó hacia mí. —Hagamos de cuenta que no nos vimos, ni nos extrañamos, hagamos de cuenta que no existimos, que nunca nos conocimos.

Se dio la media vuelta para tomar su maleta y me atreví a decirle.

—Es imposible —llegué a su lado en pocas zancadas, coloqué mis manos en sus caderas para susurrarle al oído. —Cuando ayer nos tocamos, cuando ayer nos soñamos, es imposible que pueda olvidar lo que es sentir tu cuerpo junto al mío.

Se estremeció pero no hizo el mínimo movimiento para zafarse de mi agarre, así permanecimos unos minutos hasta que soltó un gran suspiro y se apartó de mí.

—Espero que seas muy feliz Daniel, te lo mereces —me dio un beso rápido en la mejilla y desapareció de la habitación.

Así que aquí me encuentro, lamiéndome las heridas por su partida, después de varios minutos salí caminando de forma mecánica, joder no quería sentir este dolor tan grande pero era inevitable no sentirlo, había dejado ir a la mujer de mi vida. El sonido del celular me distrajo de las enormes lamentaciones.

—¿Qué? —ladré sin reparar en saber de quien se trataba.

—Hey, tranquilo, ¿qué mierda te pasa? —era George.

—Perdona, no me encuentro bien, lo siento —intenté relajarme.

—Ya me di cuenta, ¿en dónde estás?

—Monterrey —me limité a decir.

—Bastante lejos, ¿cuándo piensas regresar? —comenzó a tirar bastantes preguntas. — Recuerda el semestre aún no ha terminado.

Genial, lo último que necesitaba era que me recordara que las clases continuaban, que por esa maldita razón Syrah se había marchado del país añadiendo que era bastante probable que no le volviera a ver.

—Daniel, ¿sigues ahí? —joder, tenía que tomar una decisión.

—Sí, ahora mismo me dirijo hacia el aeropuerto, mañana me reincorporo.

Sin duda era mejor estar rodeado de mucha gente para no terminar cortándome las venas con un bimbo, maldita sea mi suerte. Syrah continuaría con su vida y con suerte para ella en breve ya se encontraría en brazos de alguien más, ¿por qué sufrir por alguien que ya no pensará más en ti? Vaya tampoco es que estuviera pensando en acostarme con toda la que se cruzara en mi camino porque para este momento no sería capaz de tocar, corrección pensar en tocar a alguien más que no fuera Syrah.

—Genial, me alegro escuchar, falta muy poco como para que no continúes —sentenció George.

—Sí, lo sé, nos vemos mañana, salúdame a todos.

Colgué al instante, llegué a la recepción del hotel y antes de salir volví a dirigir la mirada hacía ese lugar, nunca más regresaría, nunca más visitaría Monterrey, de ahora en adelante sería una ciudad para olvidar, una ciudad maldita. La ciudad donde la perdí.

Camino al aeropuerto sumido en mis pensamientos llegué a la conclusión que no volvería a pronunciar su nombre, tan solo tenerlo marcado a fuego en mi mente me bastaba y sobraba como para seguir pronunciándolo en voz alta.

¡No! Una parte de mí se había ido con ella hasta el otro lado del charco y allá se quedaría hasta que nos volviéramos a encontrar. Joder, de algo estaba completamente seguro: ¡nunca existirá mujer alguna más valiosa para mí bajo el cielo!

 

**CAPITULO VEINTISÉIS**