PRÓLOGO
ANA BLANDIANA, EL LENGUAJE REALISTA DEL RELATO FANTÁSTICO
Ana Blandiana es una de las conciencias artísticas y cívicas más importantes en el panorama de la literatura rumana contemporánea. Otilia Valeria Coman, más tarde conocida como Ana Blandiana, nació en la ciudad de Timișoara en 1942. Antes de llegar a convertirse en una prestigiosa poetisa, el nombre de Ana Blandiana fue un nombre prohibido. Cuando a los diecisiete años publica sus primeros poemas en la revista Tribuna, de Cluj, una circular gubernamental la declara «hija de un enemigo del pueblo», ya que su padre, sacerdote ortodoxo, era un preso político. Durante los cuatro años siguientes se le prohibe publicar y cursar estudios universitarios. A pesar de la interdicción, consigue licenciarse en la Facultad de Filología de Cluj. En 1960 se casa con el también escritor y pensador Romulus Rusan y se establece en Bucarest. En 1964 ve la luz su primer libro de poemas, Persoana întâia plural (Primera persona del plural). En 1982, su obra poética —Călcâiul vulnerabil (El talón de Aquiles, 1966), A treia taină (El tercer misterio, 1969) Octombrie, noiembrie, decembrie (Octubre, noviembre, diciembre, 1972), Somnul din somn (El sueño del sueño, 1977)— es galardonada con el Premio Gottfried von Herder de la Universidad de Viena.
A lo largo de su carrera Ana Blandiana iba a sufrir otras prohibiciones. En diciembre de 1985, un ciclo de poemas publicado en la revista Amfiteatru denuncia la miseria y el terror del régimen de Ceaușescu y provoca un conflicto con las autoridades. Su poema «Todo», una simple y objetiva reiteración de palabras que evocan la realidad de cada día, se analiza verso a verso en el diario británico The Independent. La redacción de Amfiteatru es castigada y Ana Blandiana no podrá publicar durante mucho tiempo, pero los poemas circulan en samizdat. En 1988 consigue publicar un libro de versos para niños, Întamplări de pe strada mea (Acontecimientos en mi calle, 1988), comúnmente interpretado como una parodia de Ceaușescu, retratado en las aventuras del gato Arpagic. En represalia, se retiran de las bibliotecas los libros de Ana Blandiana y se prohibe la simple mención de su nombre incluso en artículos de crítica literaria. La autora vivirá bajo continua vigilancia policial hasta la revolución de 1989, cuando, sin ser consultada, es nombrada, junto con otros disidentes, miembro del Consejo del Frente de Salvación Nacional. Dimite tres semanas más tarde, al darse cuenta de que su presencia era una simple operación propagandística destinada a legitimar un régimen continuista. Poco después funda y preside la Alianza Cívica (1991 —2001), un movimiento que aboga por la creación de una sociedad civil y, bajo la égida del Consejo Europeo, dirige el Memorial de las Víctimas del Comunismo y de la Resistencia ubicado en la ciudad de Sighet. Se hace cargo asimismo de la presidencia del PEN CLUB rumano.
Es también autora de los siguientes libros de poemas: Arhitectura valurilor (La arquitectura de las olas, 1990), 100 de poeme (100 poemas, 1991), La cules îngeri (Cosecha de ángeles, 1997), Soarele de apoi (El sol de después, 2000), Refluxul sensurilor (El reflujo de los sentidos, 2004). Como novelista es conocida por Sertarul cu aplauze (El cajón de los aplausos, 1992). Y varias colecciones de ensayos reúnen su pensamiento estético y moral, Calitatea de martor (La calidad de testigo, 2003) y Spaima de literatură (El miedo a la literatura, 2006).
Al igual que Anna Ajmatova o Vaclav Havel, Ana Blandiana se transformó en la conciencia de su época, símbolo de valentía e integridad moral ante un poder totalitario. Forma parte de aquellos escritores que concibieron la función del escritor como la de ser testigo de su tiempo, y la literatura como una forma de resistencia ante el terror de la Historia. En la obra de Blandiana el destino personal es emblemático de un destino colectivo. Aduce el testimonio de algo fundamental que completa la verdad de los hechos, sin cuyo conocimiento el curso de la historia no podría continuar con normalidad. Gracias a su integridad ética Ana Blandiana se ha transformado en una figura legendaria, encarnación de toda aspiración a la nobleza y a la dignidad.
LA OBRA DE ANA BLANDIANA
Con pronunciados acentos metafísicos y un acuciante sentido de la responsabilidad, su obra articula un discurso esencial acerca del mundo y del ser. De naturaleza romántica, contemplativa y visionaria, tanto su prosa como sus versos tienden hacia un lirismo de las esencias y cultivan un tono sincero y espontáneo. Replegado en la subjetividad, el yo lírico proyecta su drama existencial en los ritmos universales y percibe sus vivencias en el reflejo de la vida cósmica. Su poesía traduce el asombro ante la belleza del mundo en ejercicios de ascesis. La exhuberancia de los sentidos, el éxtasis de la fusión con el mundo o de la vivencia inmediata se disuelven en el silencio de la meditación. El conocimiento adquiere la forma de ascesis y recogimiento en la contemplación melancólica. Atormentado por la precariedad de su condición biológica, el yo se debate entre la aspiración hacia una pureza ideal y las formas degradadas de su existencia social e individual. Su poesía oscila entre los sentimientos de culpabilidad y pureza, inocencia y corrup ción. Sus meditaciones modelan el mundo según normas purificadoras, estéticas y morales.
La obra de Blandiana aspira a una lectura auténtica, no falsificadora de los signos misteriosos y ocultos de un universo en constante metamorfosis y degradación en el tiempo. Su poética intenta rescatar lo auténtico de un discurso mistificador. Consciente del abismo entre el signo y su referente, Blandiana intenta romper la falsa verosimilitud de las cosas para hallar su halo de misterio inalterado. Incapaz de expresar los espacios subterráneos del alma, explora sus secretos con una actitud interrogativa. Aunque intuye el misterio de la existencia, percibe con la misma intensidad el determinismo del mundo que condiciona implacable la conciencia.
Para Ana Blandiana, la vida es un drama no descifrado, metáfora de impureza y culpa. La gravedad melancólica de su poesía surge de la tensión entre la conciencia del mal existencial y de la pureza primordial. La voz poética descubre su finitud, pero asume la pureza como norma ontológica y gnoseológica del mundo, a sabiendas de que la vida es un proceso que no se desarrolla en el ámbito de la inocencia y en el que es imposible no mancharse.
La poética de Blandiana cultiva el misterio como paradigma existencial. La palabra poética busca el reflejo metafísico de las cosas, su sombra llena de misterio, estremecimiento y agonía. Anhela las verdades fundamentales, los mitos originales y el mundo de las formas y los arquetipos.
Los relatos fantásticos de Ana Blandiana son poemas meditativos. Igual que su poesía, la narrativa fantástica no crea situaciones y personajes, ni presenta una serie de acontecimientos, sino que configura una serie de visiones.
PROYECTOS DE PASADO
Inicialmente censurado, pero publicado en 1982, gracias al reconocimiento internacional que le supuso el premio Herder, Proyectos de pasado, el segundo volumen de prosa fantástica de Ana Blandiana, se compone de once relatos. Biográficos y memorialescos, poéticos y fantásticos, estos cuentos pertenecen a la tradición de la literatura fantástica y el realismo mágico, al tiempo que constituyen uno de los documentos más importantes acerca de la literatura concentracionaria y testimonial. Escrita en primera persona, esta narrativa combina las incursiones de la imaginación visionaria con las anotaciones confesionales de un diario y la evocación realista de un documental. Más que ficción, parecen las páginas de un diario, en el que la meditación y la lucidez alcanzan la intensidad del sueño revelador. La prosa descansa en el fluir de la conciencia y en el tiempo interior, en el arte de rememorar un momento dramático con la objetividad y concreción deslumbrante del instante. Blandiana es consciente de la dificultad de reconstruir el pasado en el espejo de la memoria, ya que su arquitectura fluctuante lo vuelve siempre otro, cambiante en función de la perspectiva del presente.
La colección empieza con «Una herida esquemática», una parábola acerca de la dificultad de discernir lo auténtico en un mundo de simulacros, en el que los estereotipos y el adoctrinamiento oficial llevan a la incapacidad de reconocer lo evidente. El relato prefigura la temática del libro: la confusión entre la vida y la muerte, ser y no ser, autenticidad y falsedad. Está narrado en primera persona por un delfín que yace muerto en una playa y escucha cómo unas voces anónimas piensan que se trata de una copia de plástico. Al igual que en el cuento de Andersen «El traje nuevo del emperador», sólo un niño es capaz de reconocer la verdad: ve en el delfín un ser herido y designa la herida como prueba de autenticidad. Para Ana Blandiana, el sufrimiento y el dolor adquieren una función cognoscitiva y epistemológica.
Al igual que Winesburg Ohio de Sherwood Anderson, Los Dublineses de Joyce o In Our Time de Hemingway, los relatos de Proyectos de pasado forman un todo a pesar de componerse de once textos sin aparente relación entre sí. Inscritas en un marco socio-histórico concreto, estas narraciones forman parte de un proceso de reconstrucción de la historia de la Rumania de la segunda mitad del siglo XX y ofrecen una crónica de la vida cotidiana bajo un régimen totalitario que duró casi medio siglo. Los cuentos constituyen documentos y ejercicios de comprensión del presente a través del pasado. Abarcan el periodo desde la instauración del comunismo —la colectivización forzada, las deportaciones de los años cincuenta, las detenciones del gobierno de Dej— hasta la atmósfera represiva de los años setenta y ochenta de la era Ceaușescu. Sólo en la primera etapa de 1948 a 1964 se llegó a un millón de detenidos y a medio millón de muertos de entre una población total de dieciocho millones. Los relatos presentan dos momentos, el comienzo y el cénit, de un mismo totalitarismo.
«Proyectos de pasado», «Reportaje» y «La lección de teatro» son reconstrucciones de un pasado mistificado y sepultado en el tiempo. La realidad de las cárceles y de los campos de concentración constituye el sub-texto de estos relatos que evocan la existencia de centros de detenciones y deportaciones (Canal, Peninsula, Salcia, Bărgană) en los que la gente desaparecía sin llegar a conocer los cargos que se le imputaban, o tras la escenificación de juicios sumarísimos. Por su parte, «Aves voladoras para el consumo», «En el campo» e «Imitación de una pesadilla» ofrecen la crónica de la segunda fase de la época comunista y atestiguan un presente igual de tenebroso cuyo reportaje sirve para reconstituciones futuras.
«Proyectos de pasado» es la historia de la detención de los invitados a una boda durante los años cincuenta en la región de Banat, y documenta los primeros arrestos efectuados en nombre de la política de colectivización, que preveía la confiscación de la tierra a los campesinos acomodados. El relato tiene acentos biográficos, se compone de los recuerdos del tío Emil, profesor de Historia y víctima de la detención, filtrados por las representaciones de la infancia de la narradora. Deportados en las llanuras del Bărgană durante once años, doce personas se ven obligadas a repetir la experiencia de Robinson Crusoe y a vivir como hombres arcaicos en una isla rodeada de tierra, no de aguas. De esta situación límite se salvan gracias al ingenio, el azar o el milagro. Viven en una colonia penitenciaria sin guardianes ni alambradas y de la que no pueden escapar, ya que todo el país se ha transformado en una inmensa cárcel en la que el menor gesto de solidaridad y compasión es sancionado. Pero la deportación se transforma en una experiencia iniciática y liberadora. La adversidad es una prueba que despierta al hombre a la realización de su vocación espiritual. Aplastado por la historia, el yo puede salvarse de su terror y de las fuerzas que lo encadenan a sus mecanismos alienantes, en la medida en que cambia la adversidad en revelación. Una vez puestos en libertad, sin haber recibido explicación alguna del motivo de su prolongada separación, se sienten incapaces de readaptarse a la sociedad que los ha condenado al ostracismo. Los deportados saben que su vida futura supone renunciar a la libertad interior que alcanzaron en la isla, en la que la supervivencia dependía sólo de ellos y de los elementos naturales.
En «Reportaje» la narradora es una periodista enviada a la región del Danubio para informar acerca de la operación de rescate durante las grandes inundaciones de los años setenta. Amenazada por un diluvio de proporciones escatológicas, Peninsula, la isla artificial del Danubio creada con el trabajo de los detenidos políticos para incrementar la producción de arroz, debe ser salvada a cualquier precio. El relato tiene una gran carga simbólica: las aguas desatadas tipifican la rebelión de las fuerzas de la naturaleza en contra de una ideología cuyos dictados destruyen la vida. El antiguo comisario jefe de la isla —en la actualidad disminuido en grado, pero igual de influyente que antaño— decide la forma de fijación de esta tierra emblemática amenazada por las aguas. Siguiendo sus ordenes, filas de soldados forman un dique vivo; sujetan esta isla artificial con sus propios cuerpos ayudándose de ramas de chopos tiernos y de los esqueletos de los antiguos deportados, que la lluvia saca a la luz de la fosa común. Aterrada, la narradora se aferra al recuerdo de que su padre, antiguo detenido político, murió en casa. Durante su viaje hacia la isla, bajo la lluvia interminable y en medio de las aguas desatadas, observa en la cubierta del remolcador a un adulto y un niño comiendo juntos de un paquete envuelto en periódico. Esta escena es el equivalente postmoderno de la magdalena de Proust: trae a la memoria de la autora la noche de la detención de su propio padre, la imagen de aquella última cena —envuelta en cierta aureola arquetípica—, que la víctima y su familia comparten con el oficial que ejecuta la orden de arrestarlo. La isla simboliza la creación de ese nuevo mundo que descansa en una ideología deshumanizada y alienante, cuyo precio, a pesar del cambio de los dirigentes y de la autocrítica, consiste en sacrificar la vida en aras de la utopía. Entonces y ahora, el único material del que se dispone a discreción para la construcción de este mundo utópico es «el elemento humano».
Los agujeros oscuros de la historia se revelan en parábolas y misterios. «La lección de teatro» es un relato transido de misterio, una zona negra que no se ilumina del todo y que descansa en una realidad sepultada en el tiempo. Nuestros conocimientos dependen de nuestra voluntad de ver: «Después de todo, no vemos nunca más que aquello que imaginamos de antemano que podemos ver». El narrador, un actor de cierto renombre, acude a la misteriosa llamada de un desconocido y asiste a una extraña obra de teatro que resulta ser una lección de historia. Delante del catafalco sobre el que yace un hombre, un ángel y un demonio entonan un recitativo acerca de su vida. Las barreras de la vida y de la muerte, del destino y de la historia se difuminan. Las palabras clave de esta representación constituyen el fondo léxico de la represión —casa, extraño, tarde, caña, grande, castigo, llevárselo, marmita— y esbozan la suerte de muchas víctimas anónimas. Configuran una realidad aterradora de la que no se puede hablar abiertamente y que se transmite sólo en un lenguaje cifrado o en el lecho de muerte. La vida de los desaparecidos en los campos de concentración se cuenta de manera indirecta y simbólica en escenas de teatro popular, inspiradas en antiguos ritos y costumbres. Allí, en el umbral de la muerte, el narrador descubre a través del destino de este desconocido, el triste final de su propio padre, ambos antiguos compañeros en un campo de concentración: «Fue como resolver un crucigrama que no había podido resolver a su debido tiempo y cuya solución se me ofrecía en la última página de la revista». Esta revelación, formulada en un terreno indefinido entre la muerte y la vida, es el legado del destino y de la Historia a otras generaciones, que tendrán que interpretarlo. El sufrimiento es un signo, que exige nuestra lectura. «Ser para mirar», el nombre de un conocido ensayo de Blandiana, representa una modalidad de redención, una respuesta soteriológica a las aporías de la Historia.
«Aves voladoras para el consumo», «En el campo» e «Imitación de una pesadilla» son un fiel reflejo de lo que fue la vida cotidiana bajo el régimen de Ceaușescu, caracterizada por la progresiva deshumanización de las relaciones, el miedo y la generalizada penuria. Uno de los objetivos de su gobierno consistió en pagar la deuda externa, contraída por una política económica poco realista de enorme industrialización pero escasamente competitiva. Con el fin de obtener divisas se decidió la exportación masiva de toda la producción interna y la consiguiente implantación de un programa de duras restricciones económicas. El frío, el hambre y el terror se transformaron en medios para controlar a la población. Mientras la propaganda oficial celebraba en panegíricos interminables los «cincuenta años de luz» y los logros de un «nuevo» orden social, la «alimentación científica», preconizada por decreto ley, implantaba una política de racionamiento de alimentos básicos, propia de periodos de postguerra. Rumania parecía ilustrar la utopía orwelliana de 1984 y el absurdo de Ionesco: en un país productor de gas y petróleo, el suministro de gas, electricidad y agua se limitaba a unas pocas horas al día; las mujeres estaban obligadas a tener cinco hijos «para engrosar las filas del ejército» y las bibliotecas tenían fondos de libros prohibidos.
A fin de resolver la falta crónica de alimentos de primera necesidad y liberarse de la esclavitud de las colas interminables, la señora L., la protagonista de «Aves voladoras para el consumo», decide improvisar un criadero de pollos en su balcón. El hecho de procurarse una gallina clueca es, en sí mismo, una aventura casi mágica, al cabo de la cual la señora L., profesora universitaria y autora de un seminario sobre «la evolución del ateísmo en el pensamiento europeo», descubre estupefacta que en su balcón han eclosionado doce ángeles. El mundo ya no es una masa opaca de simples objetos materiales, sino un lenguaje vivo cargado de mensajes. Lo fantástico se revela como insubordinación ante el intento de cualquier sistema ideológico de reducir la existencia a una realidad empobrecida, mutilada y desprovista de significado espiritual.
La misma penuria de alimentos lleva a la narradora de «Imitación de una pesadilla» al arrabal donde va a ser secuestrada por un gigante a plena luz del día. La indiferencia generalizada de curiosos o amigos da a este acontecimiento un aspecto irreal y grotesco. El relato ofrece un fino análisis de la relación psicológica existente entre el verdugo y su víctima al tiempo que deconstruye el miedo que aisla a los individuos y hace posible su sumisión: «Por un momento sentí el impulso de darme la vuelta y de huir, para demostrarme a mí misma que era verdaderamente libre, pero al instante me di cuenta de que nunca más sería libre si no era capaz de explicarme por qué, durante aquella pesadilla, no lo había sido». La narradora se libera de las fuerzas que la encadenan en la medida en que deja de ser una víctima ciega del destino y es capaz de ver, entender y buscar la razón de ser de las fuerzas que la sojuzgan. El yo se repliega sobre sí mismo y descubre que la redención es el camino de liberación interior. En la reflexión alcanza la conciencia de su condición inviolable.
«En el campo» refleja la tragedia del mundo agrícola tras la colectivización de la tierra iniciada en los años cincuenta y la ulterior política de «sistematización» del gobierno Ceaușescu. Una vez que los campesinos son desposeídos de sus tierras y pierden los vínculos con sus antiguos ritos y costumbres, los pueblos se quedan desiertos, habitados sólo por viejos fantasmagóricos y desvalidos. Abandonada, la cosecha se pudre en el campo, en un paisaje surrealista y grotesco que recuerda los lienzos de El Bosco. Estratos vegetales y animales se devoran recíprocamente. Pueblo y campo ya no configuran el vehículo a través del cual se revelan la eternidad o el mundo de las formas ideales, un motivo literario de larga tradición en la literatura rumana. Ana Blandiana entona un réquiem por los pueblos que se derrumban en el olvido, por la vida que cae en la putrefacción y la promiscuidad de la Historia. Al igual que sus habitantes espectrales, la iglesia, totalmente enterrada por los nidos de las golondrinas, tipifica el olvido de los valores espirituales y la derrota de las formas superiores de la vida por manifestaciones inferiores.
Aunque la prosa de Ana Blandiana tiene un substrato realista, no está exenta de elementos oníricos, surrealistas y grotescos que deconstruyen el código de lo verosímil. Su ficción se inscribe dentro de la tradición fantástica de Poe, E.T.A. Hoffman y Kafka y continúa las tendencias más modernas de Borges, Cortázar o Eliade. Su narrativa está en la línea de la prosa de Mijail Bulgákov en El maestro y Margarita, que recurre a lo fantástico para denunciar la dimensión grotesca de la vida bajo un régimen totalitario. En los países del telón de acero, en los que la expresión artística estaba fuertemente censurada y confinada a los patrones del realismo socialista, lo fantástico, mucho más que cualquier otro género literario, interroga los códigos socio-culturales dominantes y permite criticar las estructuras del poder. Lo fantástico refleja el desajuste entre el mundo oficial y el real y expresa lo no dicho y lo no visto de la cultura dominante. Su lenguaje es una invitación a la trasgresión de una ideología que mistifica la vida y la realidad. Erosiona las certezas del positivismo materialista y se rebela en contra de una concepción del mundo que elimina la subjetividad, lo sobrenatural, lo portentoso y lo intuitivo de sus postulados.
El universo novelesco de Ana Blandiana se sitúa en la frontera de lo real y lo imaginario. En su ficción, lo fantástico se injerta en la realidad. Acontecimientos milagrosos, sobrenaturales y excepcionales se infiltran en los pliegues de lo cotidiano y remiten a los sentidos más profundos de lo real. Los relatos presentan una crónica de la vida diaria, pero recurren a lo fantástico como forma de expresión de una realidad que por motivos políticos permanece prohibida y sobre la cual se cierne el silencio.
La prosa de Blandiana alza un espejo ante la Historia reciente y se sirve de esa fantasía para participar en «aquel grave concurso de reconstituciones que la Historia declara en cada instante». Dos aporías definen su narrativa: «Imaginar significa recordar» y «Lo fantástico no se opone a lo real, sino que constituye sólo su representación más llena de significados». Ambas proposiciones definen lo fantástico como el resorte de la creación literaria y vinculan la expresión artística a la memoria y a la imaginación visionaria. El recuerdo es un modo de devolver a la realidad sus contenidos ocultos y suprimidos, una forma a posteriori de justicia. Recreado en la memoria, lo vivido alcanza «un decorado teatral estilizado y reducido a un trazado simbólico».
La épica de Blandiana oscila constantemente entre lo fantástico y lo real. En «La iglesia fantasma» el viaje de la iglesia de madera en el invierno de 1778, poco antes de la revuelta de Horia, el líder de la rebelión de los siervos rumanos de Transilvania, ilustra la infiltración de lo fantástico en lo cotidiano. Desprovistos del derecho a erigir una iglesia, deciden desplazar una antigua iglesia de madera desde otro pueblo. Al deslizaría sobre el río, el hielo se rompe y la iglesia desaparece con doce hombres (otros doce apóstoles) y su misterioso sacerdote, que retrospectivamente parece ser el mismo Horia, atrapados en su interior. Tras un periplo de doscientos años, la narradora encuentra la iglesia navegando por el Danubio, iluminada como el día de la Pascua de Resurrección y envuelta en las voces de los hombres que aún cantan en su interior. Lleva consigo el secreto de la comunidad de campesinos transilvanos y transporta en el tiempo la leyenda de su inagotable ansia de libertad. La iglesia traza el camino de la redención mística y de la salvación a través del ideal. Tipifica la embarcación del sueño y de la esperanza, que atraviesa el océano de la realidad. A pesar de que la revuelta de Horia fue derrotada, el mito de la iglesia sobre las aguas vence las adversidades del destino. Lo fantástico incita a la resistencia y a la libertad. Lo milagroso subversivo es fuente de regeneración, y en la medida en que el hombre acude a su llamada, descubre su identidad espiritual y vence las fuerzas que intentan despojarlo de la dimensión trascendente que lleva dentro de sí.
Ana Blandiana coincide con Novalis en que «estamos más cerca de lo invisible que de lo visible». Los límites fluctuantes de su universo fantástico construyen una geografía imaginaria que denuncia una realidad político-social al tiempo que adquiere una dimensión filosófica y metafísica. Islas simbólicas —la del Bărgană, la del Danubio o la del sueño— configuran el terreno de lo desconocido, el espacio de una prueba iniciática en la que el yo descubre su identidad. En este universo fronterizo, ángeles y delfines transitan entre la vida y la muerte. Los ángeles, seres caídos que se debaten entre dos mundos, añoran la tierra, mientras que los hombres buscan su identidad metafísica y espiritual. El sueño adquiere la apariencia de lo real y genera mundos posibles, seres con los que otros sueñan, soñados a su vez por nuevos durmientes. Lo no formado se proyecta en un juego de espejos espectrales. La muerte no es el fin, sino una posibilidad complementaria de la vida, otra forma de la conciencia y el camino hacia la esencialidad, o como dice Blandiana «un campo de fuerzas que se recomponen en otros horizontes».
Para Blandiana la realidad está cargada de signos misteriosos e indescifrables y de recuerdos incomprensibles de una vida que ha existido. En sus relatos, la línea que separa lo real de lo irreal se traspasa periódicamente. Lo fantástico no supone la ruptura de dos mundos distintos, sino su continuación y sus interferencias. Blandiana avanza la tesis de la unidad indivisible de lo real. Lo fantástico no disloca la realidad, sino que se nutre de ella. No se traduce en una evasión de lo real sino en la búsqueda de sus aspectos profundos, olvidados y ocultos. Ilumina los abismos de lo incognoscible que existen dentro y fuera del hombre. La incursión visionaria supone un despertar a una percepción más viva del mundo. Desvela las zonas oscuras de la historia y abre nuevos horizontes más allá de la frontera de las apariencias.
Los cuentos de Ana Blandiana cuestionan la identidad del yo y su concepción de lo real. En «La gimnasia de noche», «El traje de ángel» y «Lo soñado» lo fantástico está unido a la introspección del yo narrador en busca de sus valores identitarios. Lo fantástico se vuelve cómplice del sueño, de la pesadilla y del despertar. El sueño es el umbral de las realidades atemporales y arquetípicas en el que los personajes buscan su identidad. El sueño es una clave recurrente que vertebra tanto la poesía como la prosa fantástica de Ana Blandiana. En «El traje de ángel» el sueño adquiere la forma de un edificio con infinidad de estancias que conducen a la revelación de la alteridad y de la dimensión metafísica del ser. Este edificio laberíntico, parecido a la escuela del doctor Bransby, aquella casa símbolo de la infancia de Poe en «William Wilson», evoca la casa en la que Ana Blandiana vivió durante su infancia en Oradea y que contenía los depósitos de libros prohibidos pertenecientes al antiguo obispado greco-católico. En «Lo soñado» —transposición narrativa del poema de Blandiana «Genealogía»— el yo poético se agita en el sueño e intenta dejar una huella de su existencia y de su revelación de ser soñado. El mundo nace de la sustancia efímera y siempre cambiante del sueño con el que sueña un demiurgo somnoliento y caprichoso. La realidad es la sustancia de un sueño universal siempre cambiante en el que el yo ocupa el espacio de un momento evanescente.
Los relatos de Ana Blandiana tienen una estructura abierta y producen la sensación de haber transmitido un mensaje importante cuyo significado último se escapa constantemente, obligando al lector a volver sobre el texto para desenterrar su sentido oculto. Blandiana no resuelve los enigmas. Sus relatos acaban en suspense e interrogaciones. Aplazan la solución final mediante la sugestión de una multiplicidad de significados y posibilidades abiertas. Su poética no elucida el significado último sino que lo somete a una potenciación sugestiva.
VIORICA PATEA