Marius Van Houben era rico y atractivo; el tipo de hombre que podía tener a la mujer que quisiera. Sin embargo, seguía soltero y, aparentemente, no tenía prisa por casarse. Pero cuando lo hiciera, sería con una mujer rica e importante como él… Al menos, eso pensaba Caroline, que sufría porque imaginaba que Marius jamás se fijaría en una simple enfermera.
Alex significaba para Jemima más que un sueño… Como dama de compañía de Lady Manderly, Jemima respondió alegremente a sus demandas y excéntricos antojos. Entonces Jemima Mason era capaz de hacer frente casi cualquier cosa. La excepción fue el sobrino de su empleadora, el profesor Alexander Cator, quien hizo un extraordinario esfuerzo para provocar a Jemima. Usted nunca se comerá el mundo le dijo, burlándose de su sencillez. Y aunque sus palabras la hirieron. Alexander ocupaba sus pensamientos cada vez más.
A Serena Lightfoot le parecía extraño que siempre que necesitaba ayuda, el cirujano Ivo Van Doelen pareciese tener la solución. Cuando la instaló en casa de su antigua niñera en Chelsea, Serena sabía que no podía quedarse mucho tiempo, ya que corría el peligro de enamorarse de él. Pero Ivo sabía lo que quería… simplemente necesitaba tiempo para que Serena llegase a conocerlo, y un matrimonio entre amigos le daría ese tiempo. Todo lo que tenía que hacer era convencer a Serena de que aceptase su proposición…
Amaba desesperadamente a su marido, pero… Deborah Farley había conocido, casi por azar, al profesor Beaufort. Él era el hermano de la señora Burns, a cuyos niños ella cuidaba. Durante unas maravillosas vacaciones en Portugal, le pidió que se casara con él. No era un matrimonio por amor, por supuesto, pero su hija Eleanor necesitaba una madre. Deborah aceptó y todo habría funcionado perfectamente si no se hubiera enamorado de él. ¿Conseguiría que su matrimonio fuera un éxito, a pesar de la detestable indiferencia de él?
Louisa no deseaba casarse con Frank porque le consideraba aburrido, y tampoco quería seguir viviendo con su desagradable madrastra. Así que, cuando terminó sus estudios de enfermera, aceptó sin más lo que parecía ser un buen empleo, que la llevaría a Noruega. Pero Claudia Savage, su paciente, le causaba continuos problemas, agravados por la actitud displicente y la falta de cooperación de Simón, el hermano de Claudia. ¿Por qué se empeñaba en molestarle continuamente cuando ella sólo tenía buenas intenciones?
Sadie había sido siempre contenta y feliz en su tranquila y monótona vida en una pequeña aldea de Dorset, y sólo deseaba que las cosas continuaran de esa manera. Ella no podía creer que todo se desvaneciera durante la noche y que tuviera que partir de su amado hogar. A la undécima hora fue rescatada por el señor Oliver Trenham quien la llevó a su casa y le ofreció un trabajo como su ama de llaves. Pero Sadie no había tomado en cuenta que se podía enamorar de Oliver…
Atractivo, exasperante y dotado de una férrea determinación para salirse siempre con la suya, Fergus Cameron era la clase de hombre que impresionaría a cualquier chica, y Rosie no fue la excepción. Por supuesto, ella tuvo que reconocer que él podía ser encantador cuando le convenía… Sin embargo, a Rosie eso no le importaba, pues él pronto se casaría, así que ella no corría peligro, ¿o sí?
Si alguna vez Louise se detuvo a pensar en el doctor Aldo van der Linden, lo hizo más como un colega que como un hombre… hasta el día en que él decidió inmiscuirse en los asuntos de la familia de Louise con el propósito de ayudarlos. Ello no significaba que le interesara; era Zoé, la atractiva hermanita, quien lo había cautivado. Aldo sería para Zoé un esposo magnífico. Entonces, ¿por qué Louise no podía aceptar esa idea con entusiasmo? ¿Acaso Aldo significaba algo para ella?
Pese a que Prudence era una joven romántica, aceptó un matrimonio sin amor. Después de la disolución de su compromiso, Prudence aceptó con entusiasmo la oferta de trabajo en Holanda del Dr. Benedict Vinke. Parecía la oportunidad perfecta de empezar una nueva vida. Pero no estaba preparada para el efecto que Benedict y su joven hija, Sibella, tendrían en sus emociones. ¿Cuándo iba a dejar de actuar como una tonta, se preguntaba enfadada, y recordar que sólo era su empleada?
Prudence era una chica noble, de manera que aceptó acompañar a su madrina a Holanda, aunque sabía que esto significaba renunciar a sus propios planes. Sin embargo, se encontró con que los holandeses, y en especial sus anfitriones, eran encantadores; el único «pelo en la sopa» era el arrogante doctor Huizinga. Daba la impresión de que Prudence le desagradaba, y cada vez que se encontraban sacaban chispas. Pero ¿por qué habría de importarle a ella? Después de todo, ¿acaso Huizinga no tenía la intención de contraer matrimonio con la mundana Christabel?
Rebecca Saunders no era en absoluto el tipo de mujer que le gustaba al barón Tiele Raukema van den Eck; de hecho, ella ya lo había oído describirla como un ratón flacucho. Pero lo cierto era que había sido muy amable al rescatarla de un hogar insoportable y al darle trabajo como enfermera de su madre. Puesto que Tiele tenía una novia bellísima, Becky sabía que era una locura enamorarse de él… pero desgraciadamente, ya era demasiado tarde.
Cuando el doctor Oliver Hay-Smythe vio cómo la familia se aprovechaba de la candidez y la bondad de Bertha, decidió darle la sorpresa de su vida con una declaración de amor en Navidad…
¿Por qué se había comprometido Luc con una mujer tan poco atractiva como Katrina? Desde niños, Katrina y Luc Massey eran amigos inseparables. Pero de pronto su amistad sufrió un cambio radical, porque la mimada hermana menor de Katrina le insinuó a esta que iba a casarse con Luc. Él, que al parecer estaba ajeno al asunto, decidió darle una lección comprometiéndose con Katrina. ¿Podría Katrina salir de aquella situación sin que resultaran heridos sus propios sentimientos?
Katherine tenía múltiples razones para estar agradecida con Jason Fitzroy. Después de todo, él la había rescatado de las fatigas que soportaba en la casa de su hermano y le había encontrado una nueva forma de vida. Pero él sólo era amable con ella, parecía imposible que llegara a amarla. ¿Quién volvería la vista para ver a Katherine, cuando la hermosa Dodie estaba presente?
La vida de Daisy Gillard transcurría con absoluta tranquilidad y ella era perfectamente capaz de atender la pequeña tienda de antigüedades de su padre, por eso le molestaba tanto que el doctor Jules der Huizma, casualmente, apareciera siempre que tenía un problema y se hubiera hecho a la idea de que ella necesitaba continuamente su ayuda. Lo que Daisy no sabía era que Jules disfrutaba muchísimo de su compañía y que, para él, era un placer ayudarla en todo lo que pudiera. De hecho, había dispuesto que la joven viajara a Amsterdam… Por supuesto, él no podría acompañarla, ya que estaba comprometido con Helene y no estaría bien que tuviera tan poca consideración con sus sentimientos, como tampoco lo estaría que rompiera esa promesa…
Cuando el doctor Oliver Fforde se presentó en la casa de huéspedes de Amabel durante aquella tormenta invernal, a ella le causó una tremenda impresión, porque no esperaba volver a verlo. Pero lo más sorprendente era el modo en el que Oliver parecía aparecer siempre que Amabel tenía un problema. Con un hombre tan atento y caballeroso resultaba muy difícil intentar ser una mujer independiente. Pero Amabel tenía una enorme duda: ¿sería aquella sincera amistad una buena base para el matrimonio?
Christina llevaba una vida tranquila pero feliz, compartiendo la casa con su hermano, de quien cuidaba. Y fue una gran sorpresa para la joven cuando él le anunció que se iba a casar y que preferiría que ella se cambiara de casa. Para Christina las cosas empeoraron aún más, al enamorarse del atractivo Adam ter Brandt, quien le había ofrecido trabajo en el hospital que él y su hermano tenían en Holanda. Una vez que Christina tomó posesión de su nuevo puesto, se dio cuenta de que había interpretado mal el interés de Adam por ella.
Aunque era muy joven, Araminta ya había descubierto lo difícil que era conseguir ver realizados sus sueños. Cuando estaba a punto de comenzar sus estudios de enfermería en el St. Jules, le ofrecieron un trabajo de niñera para los sobrinos gemelos del doctor Marcus Van der Breugh y supo que no podía rechazarlo. El médico iba a llevarse a los niños a su casa de Holanda y necesitaba que alguien los cuidase. Araminta aceptó cuando Marcus le garantizó que después la aceptarían en el St. Jules. Sin embargo, cuando llegó el momento de despedirse de él y de los niños, empezó a preguntarse si realmente deseaba ser enfermera…
También editada, en Harmex, bajo el título: Primavera tormentosa. Meg era una joven anticuada y no le atraían las diversiones. Había sido feliz viviendo en la tranquilidad del campo y cuidando de su madre inválida. Pero ahora eso pertenecía al pasado. La casa de la familia estaba en venta y Meg tendría que enfrentarse a un futuro incierto. Entonces Ralph apareció en su vida y le ofreció una alternativa. Por supuesto, él sólo era amable, no la veía como a una mujer… ¿o sí?
Se casó solamente porque sabía que ella no le exigiría fidelidad en el matrimonio. Caroline no era guapa ni brillante y nunca se imaginó que un hombre tan inteligente y culto como el profesor Radinck Thoe van Erckelens deseara casarse con ella. Se había enamorado perdidamente de él, así que cuando Radinck le propuso un matrimonio de conveniencia, no dudó en aceptar, aun sabiendo que no la quería. Estaba decidida a hacer que Radinck la amara, pero sabía que se arriesgaba a conseguir únicamente una vida de soledad y desdicha.