Pamela Aidan

Una fiesta como esta


Fitzwilliam Darcy, un caballero, N? 1

Titulo origina An assembly such as this

© De la traduccion: 2008, Patricia Torres Londono


A mi padre y mi madre, Eugene y Elaine Stanley, Que me brindaron la libertad de experimentar.




Capitulo 1

<p id="_Toc237585038">Capitulo 1</p> Una fiesta como esta

Fitzwilliam George Alexander Darcy se levanto de su sitio en el carruaje de los Bingley y descendio con lentitud ante el salon de fiestas que habia en el segundo piso de la unica posada que poseia la pequena localidad comercial de Meryton. Por la ventana abierta del salon se podia oir la alegre melodia de una cancioncilla popular, aunque ejecutada con escasa maestria, que invadia la serenidad de la noche. Con una mueca de disgusto, Darcy bajo la vista hacia el sombrero que tenia en las manos y, con un suspiro, se lo puso, ajustandolo en el angulo preciso. ?Como has podido permitir que Bingley te convenciera para hacer esta absurda incursion en la vida social pueblerina?, se reprocho. Pero antes de que pudiera pasar revista a los acontecimientos que le habian llevado hasta alli, un perro que se habia encamado sobre un carruaje proximo solto un melancolico aullido.

– Precisamente -se lamento Darcy en voz alta, al tiempo que se volvia hacia el resto de sus acompanantes. Enseguida vio que las hermanas de su amigo tenian las mismas expectativas que el sobre la posibilidad de disfrutar de una noche agradable. La mirada que se cruzaron mientras se arreglaban la falda dejaba entrever una dosis de elegante desden y resignacion al mismo tiempo. Darcy miro entonces a su joven amigo, cuyo rostro, en cambio, estaba lleno de entusiasmo y curiosidad. Una vez mas se pregunto como era posible que Charles Bingley y sus hermanas fueran de la misma familia. Las mujeres Bingley eran debidamente reservadas, mientras que Charles era, sin lugar a dudas, una persona muy sociable. La senora Hurst y la senorita Bingley eran elegantes en su forma de vestir y su manera de comportarse. Charles era… Bueno, ahora se vestia de manera moderna pero discreta -Darcy habia logrado influenciarlo al menos en ese aspecto-, pero seguia teniendo una desafortunada propension a tratar a cualquier persona que acabaran de presentarle como si fuera un amigo intimo. Las hermanas Bingley no se impresionaban con facilidad e irradiaban un estudiado aburrimiento ante todo lo que no se incluyera entre las diversiones mas exclusivas; su hermano, en cambio, disfrutaba con todo.

Precisamente este caracter euforico habia convertido a Charles en objeto de varias bromas crueles por parte de los caballeros mas sofisticados de la ciudad y, por esa razon, Darcy se habia fijado en el. Al ser testigo involuntario de la planificacion de una de tales humillaciones durante una partida de cartas en su club, Darcy oyo lo suficiente como para enfadarse y tomar la decision de buscar al infortunado joven para advertirle que tuviera cuidado con aquellos que el consideraba sus amigos. Para sorpresa de Darcy, lo que comenzo como un deber cristiano se fue transformando en una gratificante amistad. Desde entonces, Charles se habia convertido en la primera persona a la que visitaba en la ciudad, pero todavia habia momentos, como este, en los que perdia la esperanza de llegar a inculcar en el una apropiada discrecion.

– Entonces, ?entramos? -pregunto Charles, tan pronto se puso a su lado-. La musica parece esplendida y yo espero que las damas tambien lo sean. -Se dio la vuelta y le ofrecio el brazo a su hermana soltera-. Vamos, Caroline, conoceremos a nuestros nuevos vecinos.

Darcy se coloco en segundo plano, dejando paso a los Bingley, que entraban ya en el pequeno vestibulo y subian las escaleras hasta el piso del salon de baile. Tras despojarse ellos de sus sombreros y las damas de sus capas, Bingley, su cunado, el senor Hurst, y Darcy escoltaron a las damas hasta la entrada, donde se detuvieron para examinar los detalles del salon y de sus rusticos ocupantes. Desafortunadamente, en ese momento la melodia tambien llego a su fin y los que estaban bailando ejecutaron el ultimo paso de la danza, lo que provoco que todas las miradas se dirigieran hacia la puerta. Durante unos pocos y tensos instantes, la ciudad y el campo se evaluaron mutuamente y llegaron a una vertiginosa serie de conclusiones.

Darcy empujo suavemente a Bingley hacia el interior de la estancia, mientras los bailarines comenzaban a abandonar la pista en busca de refrescos y comentarios. Podia sentir sobre el los ojos de todo el mundo y se preguntaba como habia podido dudar alguna vez de la vulgaridad de los modales provincianos. Era tan terrible como habia temido. El salon se habia convertido en un hervidero de especulaciones, y el y los Bingley parecian ser examinados con detalle hasta la ultima guinea. Casi podia oir el tintineo de las monedas, a medida que los ocupantes del salon calculaban su fortuna. En el transcurso de pocos minutos, el hombre al que Darcy suponia que debia culpar por la invitacion al baile de esa noche se dirigio apresuradamente hacia ellos. Haciendo una inclinacion unos grados mas pronunciada de lo necesario, estrecho la mano de Bingley de manera vigorosa.

– Bienvenido, bienvenido, senor Bingley. Sean bienvenidos usted y todos sus distinguidos acompanantes -exclamo sir William Lucas, mientras los miraba a todos con una gran sonrisa-. Nos sentimos muy honrados con su presencia en nuestra pequena fiesta. Desde luego, estamos todos ansiosos por conocer a sus respetables invitados… -Sir William dejo la frase en suspenso, mientras miraba expectante a Darcy y a las hermanas Bingley.

Con gran entusiasmo, Bingley hizo las presentaciones reglamentarias. Darcy respondio al saludo del adulador hombrecillo con una simple inclinacion de cabeza. Sin embargo, en lugar de disminuir la deferencia de sir William hacia el, ese gesto tuvo, para desgracia de Darcy, el desafortunado efecto de aumentar su interes y reafirmar sus continuos esfuerzos por entablar una conversacion con el. Finalmente, despues de que las damas y el senor Hurst fueron presentados, sir William los acompano a todos hacia la mesa donde estaban los refrescos y la senorita Lucas, su hija mayor, en compania de su madre y su familia. Alli todo el grupo conocio al resto de la familia Lucas y Bingley, que sabia perfectamente cuales eran sus obligaciones sociales, se ofrecio a bailar con la senorita Lucas la siguiente pieza. Sir William le ofrecio el brazo a la senorita Bingley y los Hurst siguieron a las otras dos parejas hasta la pista de baile.

Cuando la musica comenzo a sonar y los otros bailarines ocuparon sus puestos, Darcy busco un sitio contra la pared, lejos de la mesa y los circulos de vecinos y parientes que rodeaban el salon. Mirase adonde mirase, veia ojos entrecerrados que lo examinaban con descaro, o que batian las pestanas con pretendida modestia. Endureciendo su expresion, Darcy se refugio en una actitud de estudiada indiferencia que enmascaraba el frio desden que combatia en su pecho contra una ardiente furia, mientras observaba ante el el ir y venir de la sociedad provinciana.

?Por que habia accedido a desperdiciar de esa manera la velada? A excepcion de sus propios acompanantes, no habia en todo el salon ni el mas minimo atisbo de belleza, charla interesante o buen gusto. En lugar de eso, estaba rodeado de gente comun, insulsa y banal, esa clase de pequenos burgueses cuya idea de conversacion se limitaba a un intercambio de vulgares rumores, como aquellos de los que el estaba siendo objeto en ese momento. Darcy no pudo evitar comparar aquella situacion con la ultima vez que estuvo en Tattersall’s en busca de un nuevo semental Thoroughbred, apropiado para sus potrancas. Alli mismo juro en secreto que nunca volveria a comprar caballos en una subasta.

Cuando la musica llego a su fin, Darcy busco con la mirada a Bingley con la esperanza de aliviar un poco la solitaria inquietud que sentia. Finalmente, lo localizo al otro lado del salon, en el momento en que le presentaban a una matrona rodeada de varias mujeres jovenes. Darcy miro con resignacion mientras Bingley se inclinaba ante cada una de ellas durante la presentacion y luego le ofrecia el brazo a la muchacha mas agraciada, comprometiendose para el siguiente baile. La facilidad con que su amigo se movia en cualquier reunion social en que se encontrara era algo que siempre le habia causado admiracion. ?Como hacia uno para conversar con unos completos desconocidos, pasando por encima de los limites de clase o posicion y en un lugar como ese? Un torrente de reservas y restricciones adquiridas a traves de los anos floto de manera sombria sobre su cabeza, haciendo mas intensa su incomodidad y su reticencia con respecto a las relaciones sociales. Sus ojos siguieron a Bingley y su pareja durante los primeros pasos del baile y luego volvieron a fijarse en la matrona y su entorno. Lo que alli vio le hizo soltar una exclamacion de desaprobacion que sorprendio a un joven que pasaba a su lado y que, tras lanzarle una rapida mirada a su impasible rostro, se apresuro a continuar su camino.

La mujer que le habia provocado semejante disgusto tenia la expresion de un viejo gato atigrado y gordo, al que le acaban de servir un tazon de leche. El gesto de satisfaccion y avaricia de la mujer mientras observaba atentamente a Bingley y a la muchacha era casi palpable. ?Su hija? Probablemente, dedujo Darcy, aunque no se parecen mucho. No tuvo la menor duda de la direccion de los pensamientos de la mujer; habia visto esa mirada demasiadas veces para dejarse enganar. Habia que prevenir a Bingley para que no manifestara ningun interes particular en esa direccion. Si apreciaba la mas minima deferencia, aquella mujer terminaria acampando en la puerta de Netherfield, la casa de su amigo.

Darcy se acerco a la mesa en la que habian dispuesto los refrescos, con la espalda tiesa ante la desagradable perspectiva de tener que prevenir a su amigo. Despues de aceptar una copa de ponche que le ofrecio la muchacha que estaba detras de la mesa, soporto sus sonrisas y risitas con una compostura que estaba lejos de sentir.

En ese momento, Bingley aparecio junto a el, tomo una copa de manos de la muchacha con una sonrisa y un guino y, dirigiendose a el, dijo:

– Bueno, Darcy, ?alguna vez en tu vida habias visto tantas jovencitas adorables reunidas en un solo lugar? ?Que piensas ahora de los modales campesinos?

– Pienso lo mismo que siempre he pensado, pues esta noche ciertamente no he tenido ninguna razon para cambiar de parecer.

– Pero, Darcy, no es posible que te hayas ofendido por las atenciones de sir William. -Bingley sonrio con compasion-. Es un buen tipo, un poco insistente, pero…

– Al responder a tu pregunta, no estaba pensando precisamente en las atenciones de sir William. No es posible que no te hayas percatado del vulgar chismorreo del que somos objeto incluso en este momento. -Darcy apreto la mandibula, molesto, tras echar un rapido vistazo al salon para confirmar la veracidad de su afirmacion.

– Probablemente se estan preguntando, al igual que yo, por que aun no has bailado esta noche. Vamos, Darcy, tienes que bailar. No soporto verte ahi de pie, solo y con esa estupida actitud. Es mejor que bailes. Hay muchas muchachas bonitas que, sin duda, estarian…

– ?No pienso hacerlo! Sabes como detesto bailar, a no ser que conozca personalmente a mi pareja. En una fiesta como esta me resultaria insoportable -dijo, recorriendo el salon con una mirada de desprecio-. Tus hermanas estan comprometidas, y bailar con cualquier otra mujer de las que hay aqui seria como un castigo para mi.

– ?No deberias ser tan exigente y quisquilloso! -se quejo Bingley-. ?Por lo que mas quieras! Te juro por mi honor que nunca habia visto a tantas muchachas tan encantadoras como esta noche; y hay algunas que son particularmente bonitas.

– Tu estas bailando con la unica muchacha guapa del salon -replico Darcy, mirando a la ultima pareja de baile de Bingley.

– ?Ah! ?Es la criatura mas hermosa que he visto en mi vida! Pero, ven, ella tiene una hermana encantadora que creo que podria ser de tu agrado, al menos por esta noche. Dejame presentartela. Esta sentada al lado de la pista, por alli.

– ?A cual te refieres? -pregunto Darcy, girandose y siguiendo la mirada de Bingley. Sentada a escasa distancia de donde ellos estaban, habia una jovencita de alrededor de veinte anos que, a diferencia de el, obviamente estaba disfrutando de la velada. A pesar de estar sentada debido a la escasez de caballeros, sus pequenos pies se negaban a ser desplazados del baile y se movian discretamente bajo el vestido, llevando el ritmo. De ojos brillantes y entretenida en la contemplacion de la escena que tenia frente a ella, parecia ser bastante popular entre la gente, pues la saludaban tanto las damas como los caballeros que pasaban a su lado. Estaba lo suficientemente cerca de ellos como para que un ligero cambio en la direccion de su mirada hiciera que Darcy se preguntara si habria escuchado la conversacion. Sus sospechas se confirmaron cuando la sonrisa de la muchacha parecio adoptar una apariencia mas sugerente.

?Que estara pensando? Intrigado, Darcy se permitio examinarla. En ese momento, el objeto de su estudio se volvio hacia el, todavia con una sonrisa, aunque enarcando delicadamente una ceja, en senal de desaprobacion por su descarado escrutinio. Darcy se apresuro a darse la vuelta y su incomodidad por el hecho de que ella lo hubiese descubierto lo hizo sentirse mas molesto con su amigo. ?Si Bingley pensaba que Darcy se contentaria con lo que otros hombres habian despreciado, mientras que el disfrutaba de la compania de la unica joven pasable de la reunion, estaba muy equivocado!

– No esta mal, aunque no es lo bastante guapa como para tentarme; y ahora no estoy de humor para dedicarle mi atencion a las jovenes que han dejado de lado otros hombres -objeto Darcy de manera tajante-. Sera mejor que vuelvas con tu pareja y disfrutes de sus sonrisas, porque estas perdiendo el tiempo conmigo. -Dejando que Bingley tomara su consejo como mejor le pareciera, se dio media vuelta y se alejo todo lo que pudo de la presencia de la perturbadora mujer. Durante el resto de la velada se entretuvo bailando con las dos hermanas de su amigo y, cuando no estaba con ellas, desanimando a cualquiera que tratara de darle conversacion. Su indignacion por el absoluto desperdicio de una velada entera en compania de burdos desconocidos se manifestaba a traves de una actitud tan odiosa que rapidamente se quedo solo. Cuando la fiesta por fin termino y el carruaje de los Bingley se estaciono frente a la entrada para recogerlos, solo pudo suspirar de alivio.

Mientras Bingley elogiaba con satisfaccion la velada, Darcy se recosto en su asiento y se dedico a observar a sus acompanantes. Tal como habia sospechado, la senorita Bingley y la senora Hurst discrepaban del entusiasmo de su hermano y no tuvieron la menor duda en expresar su total desacuerdo. Darcy dejo a los Bingley debatiendo sus diferencias y dirigio su mirada hacia la noche, a traves de la ventanilla del carruaje. Un pequeno revuelo a la entrada de la posada atrajo su atencion e, inclinandose hacia delante, vio como varios miembros de la milicia local presentaban sus respetos a un grupo de jovencitas que salian por la puerta. Con grandes aspavientos y exageradas reverencias, competian entre ellos para escoltar a las damas hasta su carruaje. Una de ellas dejo escapar una risa suave y deliciosa que hizo que Darcy se inclinara mas para buscar la fuente de tal sonido. La encontro alli, bajo una antorcha que chisporroteaba, y con un pequeno sobresalto vio que se trataba de la joven de la sonrisa enigmatica que tanto lo habia perturbado hacia un rato. Observo como la joven rechazaba con delicadeza el brazo de un joven oficial y lo dirigia hacia una de sus hermanas. Luego, con un suspiro de placer, se arreglo con gracia la capa y levanto el rostro hacia el hermoso cielo nocturno. La simplicidad de su dicha conmociono a Darcy y, a medida que el carruaje avanzaba, descubrio que no podia apartar los ojos de la muchacha. Con una inexplicable fascinacion, se quedo mirandola hasta que una curva de la calle hizo que la perdiera de vista.

– Ejem.

Darcy se recosto nuevamente en el asiento y miro a Bingley, cuya tos y la ceja que tenia enarcada expresaban una pregunta que el no estaba dispuesto a responder. Se encogio de hombros y volvio a dirigir su mirada hacia la noche a traves de la ventanilla, tratando de alejar con determinacion todos los pensamientos acerca de muchachas campesinas, en especial aquellas cuyos ojos brillantes parecian esconder interesantes secretos.


A la manana siguiente a la fiesta de Meryton, Darcy se encontraba solo, sentado a la mesa del soleado comedor pequeno de Netherfield, acariciando una taza de cafe negro mientras leia con atencion una carta de su hermana. Los Bingley y los Hurst todavia no habian bajado, pues se estaban recuperando de los sucesos de la noche anterior. Al no encontrar ninguna razon para romper el habito de levantarse temprano, Darcy bajo a la hora acostumbrada y encontro que tenia el comedor solo para el y que, sobre la mesita, lo aguardaba una muy esperada carta de su hermana Georgiana. Se sirvio una taza de la humeante bebida, se metio la carta bajo el brazo y miro a su alrededor en busca de un lugar comodo donde pudiera disfrutar de las dos cosas. Si estuviera en su casa de Londres o en su mansion campestre, Pemberley, se habria dirigido a la biblioteca. Pero aquello no era Pemberley sino Netherfield. Y como la casa habia sido recientemente alquilada por su amigo, la biblioteca estaba tristemente descuidada y era casi la habitacion mas incomoda de todo el lugar. Asi que tendria que instalarse en aquella estancia, que era menos tranquila, y confiar en que sus anfitriones decidieran abandonarse un rato mas al sueno, permitiendole la privacidad que su carta merecia.

Mientras el delicioso aroma del cafe flotaba a su alrededor, Darcy rompio el sello de la carta de su hermana, que tenia un significado mas considerable que las que acostumbraba recibir. Ultimamente, desde el incidente con George Wickham, sus cartas consistian apenas en unas pocas lineas: informes sobre sus clases, sus progresos en la interpretacion del piano, el nombre de los visitantes y cosas por el estilo. El suave brillo que hasta entonces habia caracterizado a Georgiana se habia convertido en un polvo ceniciento que cubria su corazon y la obligaba a retirarse del mundo. Darcy rezaba para que aquello fuese una cuestion pasajera y que haberse visto expuesta a semejante vileza no hubiese danado de manera permanente la capacidad de su hermana para asumir su lugar en la sociedad. Abrio las hojas cuidadosamente dobladas y leyo:


18 de octubre

Queridisimo hermano:

Espero que al recibir esta carta te encuentres bien y contento durante tu estancia con el senor Bingley y su familia. ?Que te parece Netherfield? ?Es agradable, tal como prometio el senor Bingley?


?Que le parecia Netherfield? La mansion era bastante agradable, excepto por la biblioteca. Se trataba, ciertamente, de una propiedad que Bingley podia administrar en ese momento de su vida. Si, funcionaria… si los vecinos… Darcy volvio a concentrarse en la carta.


Recibi tu carta del… el pasado miercoles y tuve la intencion de responder a tu amable solicitud enseguida, pero encontre que, en ese momento, no tenia mucho que contar que justificara el esfuerzo de enviar una carta hasta Hertfordshire. Eso ha cambiado radicalmente y dudo que pueda expresarme de una manera que transmita adecuadamente mis sentimientos actuales.


Darcy se enderezo un poco en la silla, mientras un cosquilleo de preocupacion se deslizaba por su espalda. Estiro la mano para tomar la taza de cafe y le dio un largo sorbo.


Se que has estado muy preocupado por mi desde los sucesos del verano pasado y, sinceramente, querido hermano, me he sentido muy mal. No creia que fuera posible confiar en nadie, excepto en ti, o aceptar la mas minima deferencia sin sospechar. No deseaba tener ningun contacto social y nada me hacia feliz excepto mi musica que, debo confesartelo, tambien se habia cubierto con un velo de melancolia. Esto no paso inadvertido para la nueva dama de compania que me enviaste. La senora Annesley, que es una mujer sabia, decidio no presionarme ni reprenderme por eso. Sin embargo, insistio en dar largos paseos por Pemberley, afirmando que solo yo podia mostrarle realmente su hermosura y, desde luego, mis lugares favoritos. Tambien me animo a retomar la tarea que nuestra madre abandono hace tantos anos: visitar a las familias de nuestros arrendatarios. Despues de considerar su propuesta, encontre que deseaba hacer esas visitas; de hecho, que debia haberlas hecho hace mucho tiempo.

No se exactamente como sucedio, hermano, pero ya no me encuentro agobiada por el pasado. Siempre me afectara, pero ahora se que no gobernara mi vida. El gentil consejo y sereno aplomo de la senora Annesley han sido un balsamo curativo y un valioso ejemplo. Elegiste bien, querido hermano, y bajo su cuidado me estoy recuperando y he ido adquiriendo mas fortaleza de animo.


La carta cayo suavemente sobre la mesa al tiempo que la tension de Darcy se evaporaba con un suspiro que no pudo reprimir. El resto contenia los acostumbrados informes sobre sus progresos academicos y musicales, aunque redactados con un tono mas alegre que los que habia recibido de Georgiana durante algunos meses. Cerro los ojos un momento. Ella estara bien, se aseguro mentalmente.

Al oir pasos, Darcy doblo rapidamente la carta, la deslizo en el bolsillo de la chaqueta y se levanto del asiento. La senorita Bingley entro en el comedor y enseguida vio que Darcy estaba solo en la mesa. Le hizo senas a un criado para que abandonara su puesto junto a la puerta y actuara de camarero, inclino la cabeza ligeramente como respuesta a la reverencia de Darcy y permitio que el eligiera una silla para que ella se sentara.

– Senor Darcy, es usted un modelo para todos nosotros. -La senorita Bingley levanto la vista hacia el, mientras Darcy la ayudaba a sentarse-. Levantarse tan temprano, me atreveria a decir que antes del amanecer, despues de una noche tan extenuante, en una compania tan agotadora. ?Me admira su fortaleza, senor!

Darcy recupero su cafe y volvio a tomar asiento en el otro extremo de la mesa.

– No puedo reclamar ningun merito por eso, senorita Bingley. Es unicamente una cuestion de costumbre, se lo aseguro.

– Una costumbre muy buena, senor Darcy, estoy convencida. ?Pero su cafe ya debe de estar frio! Deje que Stevenson le sirva otro. ?Pocas cosas pueden ser tan desagradables como el cafe frio! No puedo permitirlo. -La senorita Bingley se estremecio suavemente. Darcy oculto tras la taza una incipiente mueca de disgusto, mientras daba otro sorbo a su cafe. Estaba tibio, pero el no iba a darle a Caroline Bingley la oportunidad de representar esa escena de intimidad domestica que estaba intentando comenzar, en otro desafortunado intento por llamar su atencion. Darcy coloco la taza sobre el platillo con determinacion y comenzo a levantarse, cuando la senorita Bingley lo sorprendio con una pregunta sobre la carta.

– Por favor, cuenteme que dice su querida hermana. Deseo saber que tal le va con su nueva dama de compania. ?Se queja de ella, o es demasiado pronto para eso? ?Como desearia que hubiese venido con nosotros a Netherfield! -Suspiro con irritacion-. Su compania seria un gran alivio para soportar a los galanes locales y sus «respetables» damas. -La senorita Bingley reorganizo la comida en el plato, mientras pensaba en sus nuevos vecinos-. Charles insiste en que hagamos visitas. Estoy segura, senor Darcy, de que usted coincidira conmigo en que eso dificilmente seria un placer. Al igual que la fiesta de anoche. Digame una cosa, senor, ?acaso la velada de anoche no fue toda una prueba para su sensibilidad?

Darcy rememoro algunos momentos del baile del dia anterior. ?Una prueba para su sensibilidad? Un eco del disgusto que habia sentido reverbero a traves de su cuerpo. Si, una verdadera prueba. Aduladores fastidiosos, timidas jovencitas e impertinentes mujeres mayores. Todos ellos calculando, evaluando, siguiendo con los ojos cada movimiento… De repente, recordo unos ojos con unas expresivas cejas enarcadas que lo desafiaban, intrigantes ojos llenos de interesantes secretos. Darcy se quedo absorto en ese recuerdo durante unos instantes, hasta que el tintineo de una cuchara golpeada con fuerza contra una taza le hizo recuperar la nocion de la realidad, devolviendolo a la presencia de su interrogadora. La sonrisa de la senorita Bingley apenas ocultaba la indignacion que claramente estaba sintiendo por la falta de atencion, pues tenia los ojos entrecerrados mientras esperaba una respuesta a su pregunta.

– ?Una prueba, senorita Bingley? Tal vez para aquellos caballeros que, como yo, no disfrutaron con el baile. Pero con seguridad usted fue objeto de muchas amables atenciones y gran admiracion. -Darcy esbozo una sonrisa de satisfaccion. Ella no podia negar la evidente cortesia con que la habian tratado durante todo el baile. Despreciar esa gentileza seria inapropiado, aunque reconocer que habia tenido exito en medio de una sociedad tan limitada no era algo que pudiera exhibir como un trofeo, en especial en su compania-. Tendra que disculparme, senorita Bingley -continuo diciendo Darcy, en un tono que exigia mas que solicitaba su permiso para retirarse. Con una sonrisa de desconcierto, Caroline no pudo hacer otra cosa que asentir con la cabeza mientras el se levantaba para marcharse. Mientras se dirigia hacia la puerta y los establos, la imagen de una joven muy distinta, con los ojos levantados hacia el cielo nocturno, aparecio en su mente, haciendole detenerse inesperadamente. Sacudiendo la cabeza, siguio su camino a los establos. ?Al caballo, senor! ?Has venido a inspeccionar los campos y las cercas, no las escuelas locales!

Darcy entro en el patio de la caballeriza y se alegro de ver a Nelson ya preparado e impaciente por una buena carrera. Balanceandose sobre la montura, concentro sus pensamientos en su caballo y senalo con la cabeza un campo banado por los rayos de una deliciosa manana otonal.


Capitulo 2

<p id="_Toc237585039">Capitulo 2</p> Un propietario

Darcy regreso a Netherfield tras su cabalgada matutina, sintiendo todavia mas admiracion por el paisaje en el que estaba enclavada la mansion. Las granjas eran limpias y, a juzgar por la reciente cosecha, parecian prosperas. Los campos estaban rodeados de tapias, cercas o filas de arboles, en una disposicion que era agradable a la vista y satisfacia incluso el gusto de un avido cazador o jinete. Las tierras que correspondian a Netherfield necesitaban atencion, pero Darcy no encontro nada especialmente incorrecto, o que no se pudiera corregir en poco tiempo con una cuidadosa administracion y una inversion de capital. En resumen, era una buena propiedad, con problemas minimos, excepto aquellos que mostrarian a Bingley lo que significaba ser un propietario. Tras desmontar, Darcy le dio a Nelson una fuerte y carinosa palmada en el cuello, que termino con una caricia sobre la amplia frente y un terron de azucar contra el hocico. Despues de comer con cuidado el dulce manjar de la mano de Darcy, Nelson solto un relincho para demostrar su satisfaccion. Con una carcajada, el caballero se lo entrego al muchacho que salio del establo.

Un propietario. Una delicada sonrisa, apenas perceptible, cruzo el rostro de Darcy mientras oia en su cabeza el eco de esas palabras, pero pronunciadas por su padre. Bajo la cuidadosa tutela de su progenitor, comenzo a aprender a una tierna edad el significado exacto de esas palabras. En el primer recuerdo que acudia a su mente estaba sentado a horcajadas sobre una montura, instalado con seguridad en el regazo de su padre, aferrando con los dedos la crin del caballo, mientras el antiguo senor Darcy realizaba la inspeccion de primavera de las granjas y dependencias de Pemberley. Quizas estaba en aquel entonces empezando a caminar o, como mucho, tendria tres anos, pero el recuerdo era lo suficientemente vivo como para convencer incluso a sus padres de que era cierto. Aquel paseo a caballo sirvio para introducirlo en su posicion en la vida y las responsabilidades que venian aparejadas a ella, las cuales ahora sobrellevaba solo, con una justificada satisfaccion que reflejaba, sin duda, la excelente preparacion que le habia dado su padre. Con mucha frecuencia, Darcy tenia ocasion de dar gracias al cielo por el ejemplo diario de atencion al deber que habia recibido de su padre y la experiencia practica que habia ganado bajo su orientacion. Eso habia hecho de Pemberley la joya que era. Darcy esperaba poder servir a su amigo Bingley de igual manera.

– ?Aja, asi que estas aqui! -resono la voz de Bingley cuando Darcy entro en el vestibulo de Netherfield-. Supongo que no puedo esperar que hayas aguardado un poco para permitirme el placer de llevarte a hacer un recorrido por las tierras de Netherfield, ?no es cierto? -Bingley estaba parado en la puerta del salon, con los brazos cruzados y el ceno fruncido en una fingida actitud de seriedad, mientras miraba con indignacion a su amigo.

– No tienes ninguna esperanza, Bingley -respondio Darcy sin remordimiento alguno-. ?Es este maldito tiempo otonal, que lo empuja a uno a salir!

– ?De verdad? -inquirio Bingley con tono imperativo, obviamente disfrutando de la inusual experiencia de tener una ventaja sobre su amigo-. Yo mas bien pienso que lo que te empujo a salir fue la perspectiva de tener que entretener a Caroline toda la manana. ?Dios sabe que yo tambien saldria disparado! -La actitud de superioridad que Bingley habia asumido fue reemplazada por una queja genuina cuando continuo-: Pero, de verdad, Darcy, yo tenia la ilusion de recorrer la propiedad contigo.

– Y lo haras -se apresuro a decir Darcy-. Me disculpo por adelantarme, pero necesitaba ver Netherfield tal como es, sin hacerlo a traves de tus ojos, como ocurriria si fueramos juntos. Sabes perfectamente que me estarias llenando la cabeza de poesias sobre cada riachuelo o cada bosque. -Darcy hizo una breve pausa al ver la expresion de contenida objecion de Bingley ante aquella descripcion-. ?Sabes que tengo razon! Tales distracciones no me darian la oportunidad de serte de verdadera utilidad.

Con una sonrisa de amargura, Bingley reconocio que la excusa de su amigo era razonable.

– Se que no es, y nunca sera, como Pemberley. Pero hasta yo mismo puedo apreciar que puede convertirse en mas de lo que es -respondio-. La cuestion es que no tengo ni la menor idea de por donde empezar.

– Puedes comenzar por permitirme quitarme esta ropa de montar y reunirte conmigo para tomar algo fresco en… -Darcy miro alrededor, buscando una habitacion en la cual fuera poco probable que entraran las damas o el senor Hurst- en la biblioteca. -Y aprovechando la oportunidad, agrego-: ?Seria posible, Charles, trasladar alli un par de comodas sillas? Es un lugar bastante espartano.

– Desde luego, Darcy, enseguida. No sabes cuanto…

– Entonces no digas nada, amigo. Conten tu gratitud hasta que me hayas oido. -Darcy no pudo evitar sonreir al ver el entusiasmo que se reflejo en el rostro de Bingley-. Si despues de estar enterrado hasta la cintura en papeles, plumas rotas, informes de cosechas y cuentas, todavia sientes el impulso de mostrarme agradecimiento, estare encantado de recibir tu gratitud. -Comenzo a avanzar hacia las escaleras y luego se detuvo y se volvio hacia su amigo con expresion severa-. Te advierto, Bingley, que obtener un diploma en Cambridge no es nada comparado con convertirse en un propietario cabal. Lo aprendi de la mayor autoridad.

– ?Y quien ha sido, si haces el favor de revelarme su nombre, esa persona, oh magnifico maestro? -bromeo Bingley.

– Mi padre -respondio Darcy en voz baja, dando media vuelta y subiendo las escaleras-. El hizo las dos cosas.

Despues de llegar a su habitacion, Darcy saco con cuidado del bolsillo de la chaqueta la carta de su hermana y leyo nuevamente la primera parte; sus ojos se detuvieron un momento en la ultima linea de la primera pagina: «Bajo su cuidado me estoy recuperando y he ido adquiriendo mas fortaleza de animo». Volvio a doblar la carta con ternura y se la llevo a los labios.

– Por favor, Dios, que asi sea -murmuro. Luego puso la carta en su escritorio y toco la campanilla para llamar a Fletcher, su ayuda de camara, y prepararse para un dia en la propiedad rural de su amigo.


Escondidos amigablemente en la biblioteca, entre la amenaza de una tormenta de papeles y plumas rotas, el resto de la manana paso rapidamente para Darcy y Bingley. Cuando Stevenson golpeo en la puerta para anunciar que el refrigerio de la tarde estaba servido y las damas solicitaban su compania, los dos se levantaron y abandonaron su ocupacion satisfechos con el progreso alcanzado, y listos para un poco de diversion.

– ?Que has estado haciendo toda la manana, Charles? ?Caroline y yo no pudimos encontrarte por ninguna parte! -se quejo la senora Hurst, mientras servia el te para los caballeros y su hermana-. El senor Hurst tenia especiales deseos de ver las perdices y discutir los planes para una partida de caza esta manana, ?no es asi, querido? -Hizo una pausa para mirar vagamente a su esposo que, en ese instante, parecia mas interesado en cazar los manjares que tenia enfrente, y no aquellos menos seguros que volaban en el exterior. Darcy y Bingley aceptaron sus tazas y rapidamente se instalaron en el extremo opuesto de la mesa del comedor.

– Pase la manana de la manera mas satisfactoria, Louisa. Darcy ha accedido a hacerme algunas sugerencias sobre como puedo mejorar Netherfield, hacerlo mas…

– ?Mas como Pemberley! -exclamo la senorita Bingley, fijando en Darcy una mirada de suplica-. Ay, senor Darcy, ?es eso posible?

– Caroline, no me has entendido. -Bingley la miro con un cierto fastidio-. Has de tener presente que Netherfield nunca podra ser Pemberley, ?porque Hertfordshire no puede ser Derbyshire! Sin embargo, yo creo, y Darcy esta de acuerdo, que Netherfield tiene interesantes posibilidades que el tiempo y la paciencia revelaran. Ahora -se apresuro a continuar-, ?que noticias hemos recibido de nuestros vecinos? Espero que despues de anoche nos envien varias tarjetas.

– Si, supongo que se podria decir que hemos recibido algunas. -La senorita Bingley fruncio el ceno mientras golpeaba con los dedos el monton de correspondencia que reposaba sobre la bandeja frente a ella-. Hay una docena de cartas de bienvenida, siete invitaciones a cenar, cuatro invitaciones a tomar el te y tres anuncios de fiestas o veladas musicales privadas. De verdad, Charles, ?que hace uno para encontrar compania en un lugar como este?

– ?Para encontrar compania? -pregunto Bingley-. ?Disfrutar! El baile de anoche, por ejemplo. Estoy seguro de que rara vez habia tenido una velada mas placentera. Si, ?es verdad! ?No frunzas el ceno, Caroline! La musica era animada, la gente nos recibio con gran afecto y las jovenes…

– Charles, tu eres demasiado complaciente -interrumpio la senorita Bingley-. Nunca habia conocido gente con menos capacidad de conversacion, o menos distinguida y mas engreida. En cuanto a las jovenes, sin duda eran jovenes, pero…

– Vamos, Caroline, no puedo permitir que hables asi al menos de una joven -interrumpio Bingley. Se volvio hacia Darcy, que acababa de levantarse de la mesa, con la taza y el plato en la mano-. Darcy, ?apoyame en esto! ?No es Jane Bennet una muchacha absolutamente adorable?

Darcy se dirigio hacia una ventana, mientras le daba sorbos a su te, y miro hacia el cesped rodeado de madera de boj y un sendero de piedras. El desacuerdo entre Bingley y sus hermanas era ya antiguo y se habia manifestado de innumerables maneras desde que los conocia. En general, Darcy siempre tendia a simpatizar con Bingley en aquellos desagradables intercambios, pero hoy el giro de la conversacion le recordo la decision que habia tomado la noche anterior de prevenir a su amigo.

Sin darse la vuelta, respondio:

– ?Adorable? Creo que dije que era guapa. Si es adorable, me inclino ante tu criterio superior, teniendo en cuenta que tu bailaste con ella. Yo no.

– ?Pero tu tienes ojos, hombre! -replico Bingley de manera energica.

– Y ante tu insistencia, los emplee, por si no lo recuerdas. -Darcy cambio de posicion, pero mantuvo la mirada fija en el paisaje que se veia por la ventana. Le dio otro sorbo a su te-. Sonrie demasiado.

– Sonrie demasiado -repitio Bingley con incredulidad.

– Un hombre debe hacerse muchas preguntas ante tanta profusion de sonrisas. ?Cual puede ser la causa? -En ese momento Darcy dio media vuelta y clavo en Bingley una mirada penetrante, como si quisiera infundirle la magnitud de su desaprobacion-. «Enganosa es la gracia y vana la hermosura», si se me permite la audacia de citar. ?Piensa, hombre! ?Acaso esas sonrisas indican una disposicion feliz y tranquila, o son una pose ensayada, una manera de fingir buen caracter disenada para atrapar o esconder la ausencia de verdadera inteligencia? -Darcy hizo una pausa, mientras sus palabras despertaban en el violentos recuerdos de George Wickham, cuyas sonrisas y halagos, tanto del hombre como del nino, habian encubierto una naturaleza vil y corrupta. Sin poder confiar en que sus emociones no lo traicionaran, Darcy se volvio bruscamente de nuevo hacia la ventana.

Bingley miro a su amigo con un poco de asombro, mientras sus hermanas asentian juiciosamente con la cabeza para mostrar su acuerdo con la opinion de Darcy.

– El senor Darcy es muy perceptivo, como siempre, Charles -comento la senorita Bingley-. La senorita Bennet parece muy dulce, pero ?que puede pretender con esa permanente sonrisa en su rostro? Debo decir que yo nunca he encontrado tantas cosas que me diviertan o me agraden tanto como para sonreir todo el tiempo. Es indigno y muestra la carencia de una buena educacion. ?Que piensas tu, Louisa?

– Estoy totalmente de acuerdo, Caroline. La senorita Bennet parece una chiquilla dulce y encantadora, y le deseo toda la suerte que se merece. Aunque no puedo decir lo mismo del resto de la familia. Es una sorpresa que sean bien recibidos, a excepcion de las sonrisas de la senorita Bennet.

Darcy apenas escuchaba mientras las hermanas procedian a despellejar a sus nuevos vecinos. El repentino ataque de rabia que sintio cuando estaba disuadiendo a su amigo lo sorprendio y no sabia muy bien como serenar sus emociones en medio del salon y en compania de otras personas. Atraveso la estancia hasta la ventana del fondo, como si quisiera tener una perspectiva diferente del jardin. Lo que necesitaba era ejercicio, ejercicio fisico violento, para alejar sus demonios personales.

?Wickham! ?Acaso no habia jurado dejar atras a Wickham y la historia de su infamia? ?No se habia prometido a si mismo no permitir que las acciones de ese hombre, su traicion, alteraran su compostura? No obstante, las sonrisas inocentes de una completa desconocida habian atizado de nuevo la rabia y la sensacion de impotencia que sentia… todavia. Darcy apoyo un brazo contra el marco de la ventana y su rostro se reflejo en el vidrio con la apariencia de una mascara severa y blanca. ?Suficiente! La influencia venenosa de Wickham tenia que llegar a su fin. Debia terminar o Georgiana la veria reflejada en sus ojos cada vez que lo mirara y el no queria volver a hacerle dano, en especial ahora que habia recuperado la fuerza para enfrentarse al mundo.

Darcy dejo escapar un suspiro discreto y calculado, mientras trataba de calmarse. Pero su cuerpo no parecia tan dispuesto a ello. ?Que no daria por tener en este momento una buena espada y un oponente de altura! Poco le falto para soltar una carcajada. Pero, en lugar de eso, recordo su proposito, que era contener la galopante admiracion de Bingley por la senorita Bennet, y no animarlo a entrar en conflicto con sus vecinos. Reconocio que tal vez habia sido demasiado duro, pero era lo mejor. No seria bueno para Bingley atarse desde tan joven y mucho menos a una jovencita provinciana. No obstante, habia que rescatar a los vecinos de las tiernas atenciones de las hermanas Bingley.

– ?… sus hermanas, las cuatro! -La risa desdenosa de la senorita Bingley lo devolvio a la conversacion bruscamente-. Senor Darcy, usted no puede aprobar la conducta tan poco modesta de las hermanas de la senorita Bennet, ?verdad? Usted no desearia que su hermana se comportara de esa manera. -Darcy confirmo el comentario de la senorita Bingley con una silenciosa inclinacion de cabeza-. Pero a la milicia local no parecen incomodarle esas extravagancias -continuo diciendo-. Estan de acuerdo contigo en ese aspecto, Charles. Las Bennet son las preferidas. ?No solo la senorita Bennet sino la que la sigue en edad, la senorita Elizabeth Bennet, tambien es considerada una belleza! Senor Darcy, ?que piensa usted de eso? ?Es la senorita Elizabeth Bennet una belleza?

De manera involuntaria, la mano de Darcy apreto la delicada taza de porcelana. ?Elizabeth! Si, ese debia de ser su nombre, el nombre de una reina… ?Por eso lo habia mirado con una actitud tan franca! ?Una belleza? Una mujer misteriosa, una mujer irritante, mas bien, con esa actitud tan desafiante. Pero ?una belleza? Con sus emociones dirigidas ahora hacia un objeto totalmente distinto, Darcy siguio mirando por la ventana, de espaldas al salon, a pesar de que Bingley se dirigio a el con una clara nota de exasperacion en la voz.

– ?Y bien, Darcy?

Sin darse la vuelta, Darcy recupero la compostura para desviar el dardo de la senorita Bingley y disciplinar sus propios pensamientos desbocados.

– Ella, ?una belleza? -repitio con una diccion precisa y tajante-. Antes estaria dispuesto a afirmar que su madre es muy ingeniosa.


Las ligeras brumas de una manana de otono se levantaban alrededor de Netherfield susurrando una invitacion a salir al campo y los bosques, pero Darcy se vio obligado a declinarla. Esto le resulto especialmente dificil puesto que no esperaba que las actividades de la manana fueran a ser demasiado agradables. Con cierta renuencia, se aparto de la ventana de la biblioteca y de su contemplacion de los encantos que la creacion estaba revelando para considerar la dificil prueba que tenia frente a el. Estaba seguro de que se trataria mas bien de una prueba que de una experiencia placentera. De hecho, la «manana de puertas abiertas» era el tipo de ritual social del que podia prescindir por completo, pero las actuales circunstancias y su particular naturaleza lo convertian en un mal necesario.

Darcy tomo el libro en el que se habia concentrado antes de ser atraido por la belleza de la manana y se hundio en uno de los grandes sillones orejeros que adornaban ahora la biblioteca. En aquel paso en la incursion de Bingley en la vida de los burgueses propietarios de tierras, Darcy sabia que no seria de mucha ayuda y era consciente de su cuestionable talento. Bingley debia establecerse bien en su nuevo vecindario y eso implicaba recibir a los habitantes mas importantes. Aunque no formaba parte del circulo mas exclusivo de la sociedad londinense, la familia Bingley tenia una destacada posicion social y ciertamente asumiria el liderazgo de la sociedad de Meryton y sus alrededores. Tales expectativas exigian una «manana de puertas abiertas». No habia forma de evitarlo. Darcy pasaba distraidamente las paginas del libro con el ceno fruncido, mientras contemplaba la manana.

– ?Asi que estas aqui! -La voz de Bingley rompio el silencio antes de que el sonido de sus pasos llegara a oidos de Darcy-. Apuesto a que estas aqui desde antes del desayuno. -Examino rapidamente el lugar-. Si, veo tu cafe sobre el escritorio, estoy seguro de que tengo razon. Yo sabia que estarias aqui o montando a caballo. -Le guino un ojo mientras tomaba asiento en el otro sillon-. ?Preparandote para el sacrificio? -Se inclino hacia delante y bajo la voz-. ?O planeando una huida estrategica?

– Lo primero, muchacho impertinente -respondio Darcy con cauteloso humor-. Aunque me gustaria mas lo ultimo, como bien sabes.

– Oh, no sera tan malo, Darcy -replico Bingley, recostandose en el sillon y estirando las piernas para revisar rapidamente el brillo de sus botas-. Ya conocemos a la mayoria; los vimos en la fiesta del pasado viernes o ayer en la iglesia. Me hace ilusion tenerlos aqui. -Lanzo una mirada al rostro de Darcy y luego volvio a examinarse las botas-. Es decir, a algunos de ellos. Me hace ilusion, bueno, ver… -Dejo la frase sin terminar.

Darcy lamentaba la brecha que se habia abierto entre ellos desde que le habia prevenido sobre la senorita Bennet y le molestaba profundamente que Bingley no se sintiera comodo para hablar con el sobre ella. Sabia que seria mejor arreglar eso antes de que el tiempo lo convirtiera en un abismo.

– Me imagino que algunos miembros de ciertas familias se presentaran esta manana, Charles. -Fue recompensado con una sonrisa cautelosa, asi que continuo-: Espero, por tu bien, que la senora Bennet no traiga a todas sus hijas, o tendras que repartir tus atenciones con tanta generosidad como hiciste ayer.

Bingley solto una carcajada.

– Acepto tus buenos deseos, a pesar de que se que fue dificil ofrecermelos, y coincido de todo corazon. No tenia idea de la sensacion que causariamos solo por el hecho de asistir a la iglesia. -Sacudio la cabeza con incredulidad-. ?Ya has visto el resultado! No alcanzaba a terminar una frase cuando ya me estaban inundando con cinco nuevas preguntas o invitaciones.

– La senorita Bennet, segun recuerdo, no formaba parte del corrillo -senalo Darcy.

– No, ni ella ni su hermana, la senorita Elizabeth Bennet. -Fue la melancolica respuesta. Darcy decidio ignorar la ultima observacion-. Ambas estuvieron todo el tiempo absortas en una prolongada conversacion con el vicario y su esposa.

– ?Sin sonrisas? -pregunto Darcy, pero de inmediato deseo haberse abstenido del comentario sarcastico.

– En realidad, si -contesto Bingley en tono neutro, sin estar totalmente seguro de la intencion de la pregunta, pero evidentemente decidido a no dejarse intimidar-. Alcance a ver su mirada antes de que Caroline nos apresurara para que nos subieramos al coche. -Hizo una pausa y adopto una actitud dramatica, poniendose la mano sobre el corazon-. Fui recompensado con una sonrisa que ha mantenido mis esperanzas durante casi… veinticuatro horas. -En ese momento, el y Darcy soltaron una carcajada, tanto por la actuacion de Bingley como en senal de alivio por haberse reconciliado.

Cuando recuperaron la compostura, Bingley se levanto.

– Ya casi es hora, ya sabes. Venia a decirte que un mozo del establo trajo la noticia de que habia visto un carruaje a poco mas de un kilometro de la puerta. -Hizo una pausa, respiro profundamente y, mirando directamente a Darcy, prosiguio-: Se cuanto te molestan estas cosas y me considero afortunado por el hecho de que hayas aceptado acompanarme. No se como…

– No hay necesidad, Bingley -interrumpio Darcy, girando un poco la cabeza-. Tu amistad es suficiente razon y recompensa para cualquier servicio que pueda prestarte. -Se dirigio rapidamente hacia una mesita sobre la que habia una licorera-. Ahora, completemos nuestra preparacion para la manana que nos aguarda. ?Que te parece un vasito de licor antes de enfrentarnos a los dragones de Meryton? -Anticipandose a una respuesta positiva, Darcy retiro la tapa de cristal y sirvio el liquido amarillo en los vasos. Bingley se apropio de uno y, levantandolo, brindo con Darcy. Su amigo le devolvio el gesto con solemnidad.

Instantes despues de haber dejado los vasos sobre la bandeja, oyeron un golpe en la puerta de la biblioteca, que se abrio para dejar entrar a la senorita Bingley. Casi antes de que la dama se incorporara despues de hacer su reverencia, le tendio la mano a su hermano y miro a los dos caballeros con una sonrisa esplendida.

– Charles, senor Darcy, nuestros primeros invitados estan bajandose del coche y acaban de decirme que han visto otro carruaje no muy lejos. Tendremos una numerosa asistencia, no me cabe duda.

– Y tu la dirigiras maravillosamente, Caroline -dijo Bingley, mirando a su hermana-. En muy poco tiempo estaras dominando la sociedad de Meryton.

La senorita Bingley agradecio el cumplido de su hermano con una sonrisa forzada.

– Ya veremos, hermano -dijo y luego se giro hacia Darcy, con una expresion totalmente distinta-. Senor Darcy, debo agradecerle nuevamente que haya compartido su libro de plegarias conmigo ayer. No entiendo como he podido perder el mio. ?Es tan irritante! Estoy segura de que lo encontrare pronto. Nunca puedo tenerlo muy lejos, ya sabe. -Durante ese extraordinario discurso, Bingley miro con gesto inquisitivo a su hermana, pero al oir su ultima afirmacion se sobresalto visiblemente y dirigio la vista a Darcy para ver su reaccion ante esta ultima solicitud de aprobacion por parte de Caroline.

Darcy necesito de todo su autodominio para reprimir un gesto delator en sus labios, mientras que, con una solemnidad digna de un obispo, le aseguraba a la senorita Bingley que estaba seguro de que su busqueda pronto tendria exito.

– No obstante -concluyo-, tanta constancia en el estudio de sus versiculos debe restarle importancia al hecho de haberlo perdido, pues usted seguramente conoce de memoria la mayoria de las plegarias. -El anuncio de la llegada de invitados salvo a la senorita Bingley de la necesidad de responder. Despues de hacer una pronunciada reverencia y en medio del susurro que producia el roce de su falda, abandono rapidamente la biblioteca.

Bingley se contuvo unicamente hasta que se aseguro de que su hermana se habia alejado suficientemente.

– ?Que es toda esa historia acerca de su libro de plegarias? -logro decir entre jadeos. La mirada inocente de Darcy no lo engano ni por un instante-. ?Vamos, tienes que contarmelo! Caroline no habia vuelto a mirar su libro de plegarias desde que salio de la escuela para senoritas, ni a prestar atencion a un sermon. Cuando tu bajaste ayer a desayunar, preparado para asistir a los servicios religiosos, crei que a mis hermanas se les salian los ojos de las orbitas. Me parece que voy a tener que recompensar a sus doncellas con una guinea extra por la conmocion que tuvieron que soportar al ayudarlas a arreglarse por segunda vez en una manana.

– ?Por que habrian de asombrarse por el hecho de que yo asistiera a la iglesia? -pregunto Darcy-. Me han visto hacerlo regularmente en Derbyshire y con seguridad saben que tengo un banco en St…, en Londres, que Georgiana y yo rara vez dejamos de ocupar.

– No estoy seguro. Tal vez porque no estamos en Derbyshire ni en Londres. -Al ver la expresion de desconcierto de Darcy, Bingley elaboro un poco mas la idea-: Creo que ellas piensan que tu lo haces solo para que te vean -se apresuro a explicar-. Ellas solo asisten si saben que va a ir algun personaje influyente. El que tu asistas con mas frecuencia se justifica, supongo, por el hecho de que debes sentirte obligado a darles ejemplo a tus arrendatarios y a tu hermana, y porque tu posicion exige que guardes ciertas apariencias para mantener determinadas relaciones. -Bingley cayo en un silencio incomodo.

Darcy habia enarcado significativamente la ceja izquierda durante la explicacion de Bingley y, cuando su amigo concluyo, dio un paso hacia atras y le dio la vuelta al sillon para dejarle ver el libro que habia tenido la intencion de comenzar: el primer volumen de Las obras del reverendo George Whitefield. Bingley se puso colorado y luego solto una confusa carcajada.

– Desde luego, ellas no te conocen tanto como yo. Que ideas tan estupidas…

Darcy se inclino sobre el respaldo del sillon, tomo el volumen y, con una sonrisita sarcastica, se lo lanzo a Bingley, en cuyo rostro aparecio de inmediato una oleada de alivio.

– Es posible que ellas no esten tan equivocadas en su apreciacion, Charles. No puedo negar que mi motivacion mas frecuente ha sido el deber, mas que cualquier cosa que se parezca a la verdadera devocion. -Hizo un gesto con la cabeza hacia el libro que reposaba en las manos de Bingley-. Al menos, esa seria la opinion del reverendo Whitefield.

Bingley coloco el libro rapidamente sobre el escritorio, como si de repente se hubiese vuelto demasiado caliente para tenerlo en las manos.

– Pero tu quieres saber que significa lo del libro de plegarias. -Darcy se rio brevemente-. En realidad, es bastante simple. Tu recuerdas, claro, que llegamos con retraso a la iglesia de Meryton debido a que tus hermanas se cambiaron de ropa. Cuando por fin encontramos sitio y abrimos nuestros libros de salmos, algo llamo poderosamente mi atencion: una voz femenina que se oia detras de nosotros. Nunca habia oido a una soprano tan refinada y potente fuera de un coro de Londres, asi que, en contra de mi voluntad, me gire un poco para ver quien podia ser.

– La senorita Elizabeth Bennet, ?no es asi, Darcy? -Al ver el gesto de asentimiento de su amigo, Bingley continuo-: Si, yo tambien la oi y estaba muy complacido escuchandola. Su voz ocultaba el maullido al que Louisa llama cantar.

– No comentare nada sobre el talento de tu hermana, pero por lo que respecta a la voz de la senorita Elizabeth Bennet, estoy completamente de acuerdo. -Darcy hizo una pausa, tratando de evocar el momento-. Fue un inesperado placer oir cantar los salmos con tanto sentimiento y belleza. Confieso que eso fue lo que me inspiro a intentar leer otra vez a Whitefield, despues de evitarlo durante algun tiempo. -Se estremecio un poco-. No obstante, la senorita Bingley noto mi distraccion y la causa de ella. Poco despues, descubrio que habia perdido su libro de plegarias y, como era correcto, yo le ofreci la posibilidad de compartir el mio. Casi no lo necesito, pues yo me se los salmos mas comunes de memoria. Creo que ella tambien lo noto y, si ponemos los incidentes de la manana uno junto al otro, llegamos a la explicacion de la conversacion de hace unos minutos.

Bingley sacudio la cabeza con una expresion de consternacion, mientras abria la puerta de la biblioteca.

– Debo decir que has actuado muy bien, Darcy. -Luego asomo la cabeza para echar un vistazo al corredor y, guinando un ojo, se dio la vuelta y exclamo-: ?No hay moros en la costa! -Luego avanzo por el pasillo hacia el salon.


Capitulo 3

<p id="_Toc237585040">Capitulo 3</p> ?En guardia!

Darcy dejo transcurrir unos instantes antes de seguir a Bingley. Cerro lentamente la puerta de la biblioteca al salir y espero todavia unos segundos hasta oir como se desvanecia por el corredor el eco de la pesada puerta de roble al cerrarse. Avanzo un poco con paso lento y luego se detuvo frente a uno de los grandes espejos situados entre las ventanas que adornaban el pasillo, para revisarse la corbata y arreglarse el chaleco. ?Farsante!, penso, acusando al reflejo que el espejo le devolvia. ?Limitate a deslizarte en silencio, consigue una posicion facil de defender y espera a que termine el desafortunado y tedioso asunto! El rostro del espejo lo miro con desconfianza, aparentemente dudando de la efectividad de dicha tactica. ?Entonces aconsejame una estrategia mejor y asi se hara! La imagen lo miro fijamente un momento, pero como no tenia ninguna sugerencia, bajo la mirada. ?Eso pense!, gruno Darcy mientras tiraba del chaleco hacia abajo.

El ruido de conversaciones y risas comenzo a llegar hasta el y, tras echar un ultimo vistazo burlon a su desgraciado reflejo, enderezo los hombros y se acerco a Stevenson, que enseguida abrio con destreza las puertas del salon y se preparo para anunciar su llegada. Cuando el criado tomo aire, Darcy lo agarro del brazo y le hizo un gesto negativo con la cabeza, indicandole que guardara silencio. Haciendose rapidamente a un lado, Stevenson lo dejo pasar y cerro las puertas.

Darcy observo el salon con gesto adusto. Todavia no estaba lleno, pues aun era temprano. Bingley tenia razon en que la mayoria de los visitantes eran personas que ya conocian. Caroline Bingley estaba desempenando su papel de anfitriona a la perfeccion, aunque, penso Darcy, su sonrisa no reflejaba una sinceridad igual de perfecta. Examino con cuidado al grupo que la rodeaba: estaba compuesto por una serie de esposas de terratenientes y destacados comerciantes. Bingley ya tenia en la mano una taza de te y estaba absorto en una conversacion con el vicario y su esposa, mientras que una bandada de jovencitas merodeaba a su alrededor, lo suficientemente cerca como para escucharlo, esperando ansiosamente, sin duda, que el vicario se fuera. Darcy se giro para observar a los jovenes caballeros y oficiales militares que habian formado un semicirculo alrededor de la gran ventana en forma de arco desde la cual se divisaba el sendero por el que entraban los carruajes a Netherfield.

– Senor -murmuro una criada que pasaba con una bandeja. Darcy dirigio la vista hacia la bandeja y la inspecciono-. Con un saludo de parte de la senorita Bingley, senor. -El aroma de su cafe favorito, preparado de la forma que le gustaba, se elevo desde una taza que reposaba junto a un exclusivo surtido de galletas. Darcy le dirigio una mirada a la senorita Bingley e hizo una leve inclinacion de cabeza, al tiempo que ella hacia lo mismo para indicar que habia notado su gesto, y agarro la taza. En ese momento, se produjo una agitacion entre el grupo de hombres que estaba en la ventana. Varios jovenes rompieron la formacion y comenzaron a dispersarse por el salon, principalmente en direccion a las puertas. Como la curiosidad supero su sentido de discrecion, Darcy se deslizo hacia uno de los lugares que quedaron abandonados junto a la ventana, para ver cual era la causa de tanta expectacion.

Un carruaje vulgar, tirado por un solo caballo, recorria el sendero. Apenas se habia detenido, cuando se abrio de par en par la portezuela y una confusion de enaguas descendio sobre el sendero de gravilla.

– La senorita Lydia -dijo riendo uno de los hombres que estaba cerca de Darcy.

– ?Ahora si tendremos un poco de diversion! -exclamo otro, y los dos dieron media vuelta para reunirse con sus amigos en la puerta. Darcy recordaba vagamente haber visto en el baile el rostro que se vislumbraba bajo el sombrero, pero no pudo ubicarlo exactamente en una familia concreta. Le dio un sorbo a su cafe, con curiosidad por saber quien saldria del vehiculo. Lo que vio lo dejo frio mientras bebia. ?La matrona del otro dia! Trago de un golpe la bebida hirviente. ?Eso significaba…!

En el exterior, la senora de Edward Bennet estaba arreglandose el vestido y el chal, preparandose para subir las escaleras de Netherfield. Tras ella venian la senorita Jane Bennet y otra hermana, que ayudaban a su madre en esos preparativos, y detras, asomando ligeramente la cabeza por la portezuela, se encontraba la senorita Elizabeth Bennet. La senora Bennet se dio la vuelta y le hizo un comentario a su hija, cuando bajaba del carruaje. La senorita Elizabeth respondio y luego le lanzo una fugaz sonrisa de complicidad a su hermana mayor, mientras su madre procedia a subir las escaleras. El hecho de haber sido testigo involuntario de ese intercambio intimo hizo que Darcy se sonrojara de incomodidad y se retirara enseguida de la ventana. Al dar media vuelta, vio un asiento vacio que tenia una excelente perspectiva de la puerta y se apodero de el.

Desde luego, la agitacion que tuvo lugar en la ventana no paso inadvertida para los hermanos Bingley. Caroline se volvio hacia su hermano con el ceno fruncido, este se disculpo enseguida con el vicario y se dirigio rapidamente hacia la ventana. Al ver solo un coche vacio que se retiraba de la entrada, dio media vuelta para buscar a Darcy, cuando se abrieron las puertas del salon. Aparecio Stevenson y, con una voz ahogada por la contencion de toda emocion, anuncio: «La senora de Edward Bennet, la senorita Bennet, las senoritas Elizabeth, Mary, Catherine y Lydia Bennet». Por un instante, se hizo un silencio total en el salon, tan portentoso como el que se produce antes de la aparicion de una novia. Sin percatarse de la expectacion causada por su llegada, la senora Bennet reprendio a una de sus hijas que venia detras para que dejara de moverse y entro en el salon para presentarle sus respetos a la anfitriona. Cuando las chicas Bennet finalmente aparecieron en el umbral, todo el salon parecio soltar la respiracion contenida. La senorita Bennet, un poco ruborizada, sonrio con delicadeza ante las damas y los caballeros que la saludaron, mientras avanzaba hacia la senorita Bingley. La hermana mas joven entro tan pegada a la mayor que casi tropieza con la cola del vestido de esta, lo cual le proporciono una excusa para agarrarse del brazo masculino mas cercano en busca de apoyo. Riendose y agitando los rizos, saludo al joven por el nombre y pronto estuvo rodeada de jovenes caballeros y oficiales, lo cual le hizo olvidar por completo la obligacion de presentarle sus respetos a las damas de la casa.

Darcy observo con aprension como Bingley se abria paso entre el corrillo de personas que rodeaba a sus hermanas y se detenia junto al divan, como si quisiera saludar apropiadamente a las recien llegadas. Con cierto alivio, noto que su amigo saludaba a la senorita Bennet con toda formalidad y correccion, aunque, tal vez, con una mirada un poco mas intensa de lo habitual. Un chillido, seguido de una risita, atrajo nuevamente la atencion de Darcy hacia los oficiales, donde identifico su origen en la tan esperada «senorita Lydia».

A pesar de su decision, la mirada de Darcy se deslizo otra vez hacia la puerta, que ahora enmarcaba a la ultima recien llegada. La senorita Elizabeth Bennet. Su llegada hizo que mas de un joven oficial abandonara su lugar y avanzara hacia la puerta. Esos movimientos pronto la ocultaron de la vista de Darcy, pero no antes de que el pudiera apreciar en su rostro una expresion de ironia que fue reemplazada por una sonrisa al responder al afectuoso saludo de sus amigos. En realidad, la naturaleza de dicha expresion sorprendio bastante a Darcy. Inconscientemente se levanto de la silla en busca de un angulo desde el que pudiera observar mejor a la dama, hasta que se encontro, para su disgusto, junto a Charles tras el divan, justo en el momento en que la senorita Elizabeth se inclinaba para saludar a la senorita Bingley. Mirandola fijamente, Darcy tuvo la esperanza de captar algun rastro de esa expresion de ironia que ya comenzaba a atribuirle a su propia imaginacion.

La senorita Elizabeth Bennet todavia tenia inclinada la cabeza cuando se levanto, pero Darcy pudo ver que tenia apretado el labio inferior y se lo mordia en un vano intento por evitar que apareciera un hoyuelo. Ella miro fugazmente hacia arriba, antes de bajar nuevamente la mirada como era apropiado.

?Aja! ?Si, yo no estaba equivocado! ?Que criatura tan insolente! Darcy se enderezo y se felicito por no haberse dejado enganar por la modesta expresion que aparecia en aquel momento en el rostro de la senorita Bennet, mientras miraba a su anfitriona.

– Senorita Elizabeth -saludo la senorita Bingley arrastrando las palabras-. ?Ya conoce a mi hermano, el senor Bingley? -Sin esperar a recibir una respuesta a su pregunta, la senorita Bingley senalo a su hermano, que estaba detras de ella-. Charles -comenzo a decir, mientras giraba la cabeza para mirar a su hermano por encima del hombro-, la senorita Elizabeth Ben… -Fuese lo que fuese a decir, quedo, de repente, atascado en su garganta, al ver no solo a su hermano, sino tambien a Darcy, esperando con ansiedad la presentacion-. Senorita Elizabeth Bennet -repitio, forzando un poco la sonrisa.

La invitada se inclino para hacer otra reverencia, al mismo tiempo que Charles hacia una ligera inclinacion. Esta vez, cuando se levanto, Darcy noto que lo hizo con una actitud decididamente mas suave.

– Senorita Elizabeth, creo que nos conocimos brevemente durante el baile del viernes pasado, asi que ya han transcurrido tres dias desde que le debo una disculpa. -La sonrisa de Bingley traicionaba la seriedad de sus palabras.

– ?Una disculpa, senor Bingley? -respondio ella con el mismo animo-. Aceptare encantada cualquier disculpa que tenga que ofrecerme, pero insisto en que primero me informe usted de las circunstancias que la ocasionaron. Por favor, senor, ilustreme, si es usted tan amable.

– ?Insiste usted en recibir una confesion ademas de una disculpa? -La fingida actitud horrorizada de Bingley le arranco una encantadora y discreta sonrisa a su interlocutora.

– ?Desde luego! Y hagalo enseguida, o su sentencia sera mucho mas severa.

– ?Dios me libre, lo confesare todo! Se trata de lo siguiente: olvide reclamar el baile que usted tan amablemente me prometio concederme. ?Una verguenza, no es asi, senorita Elizabeth?

– Si, asi es, senor. Deberia estar mortalmente ofendida por semejante descuido.

– Una serie de circunstancias lo justifican, se lo aseguro -se apresuro a explicar Bingley-. Inmediatamente antes de que la musica empezara, descubri que la senorita Bennet necesitaba un refresco, que me ofreci a ir a buscar, creyendo que tendria suficiente tiempo antes de que la orquesta se organizara. De camino a la mesa fui abordado por dos, no, por tres caballeros…

– ?Salteadores de caminos, sin duda? -lo interrumpio Elizabeth-. Le advierto, senor Bingley, que lo unico que calmaria mi indignacion seria el ataque de tres asaltantes, como minimo.

– Si, fueron tres salteadores, estoy seguro -confirmo Bingley, adoptando tal actitud de desesperacion que Elizabeth no pudo reprimir la risa a la que se sumo inmediatamente el.

– Esta usted perdonado, senor Bingley, pero solo porque su abandono se debio al deseo de ayudar a mi hermana. Dicha gentileza siempre debe ser alentada.

– Gracias. Es usted muy amable, senorita Bennet. -Bingley miro a su lado y se encontro con la expresion cautelosa de Darcy-. Pero soy negligente y pronto me vere obligado a ofrecerle otra disculpa, por la cual no sere perdonado con tanta facilidad. -Bingley se enderezo-. Senorita Elizabeth Bennet, ?me permite presentarle a mi amigo, el senor Darcy?

Darcy no se sintio capaz de interferir en la charada representada por Bingley y la senorita Bennet y justifico su reticencia en el hecho de que no habian sido adecuadamente presentados. La habilidad de la muchacha para responder con ingenio lo sorprendio. Se dejo absorber por completo por la pequena farsa, pero cuando Bingley retomo el tono formal y los presento, Darcy volvio de nuevo al presente. La actitud con la que la senorita Bennet acepto la presentacion fue, penso Darcy, inusualmente contenida, teniendo en cuenta el buen humor que habia mostrado con Bingley. Darcy sintio que asumia otra vez su tensa actitud de indiferencia.

– Darcy, tengo el gran placer de presentarte a la senorita Elizabeth Bennet y, si me disculpais, veo que su hermana parece estar necesitando algo y yo soy el unico que sabe donde esta. -Respondiendo con un guino a la cara de alarma de su amigo, Bingley hizo una inclinacion y se marcho apresuradamente hacia donde estaba la senorita Bennet.

– Senor Darcy -murmuro Elizabeth. Una vez que ella hizo la oportuna reverencia y el le correspondio, Darcy trato de buscar algo que decir, mientras se reprendia mentalmente por quedar atrapado precisamente en medio de una situacion que habia decidido evitar. Sin tener todavia una estrategia para romper el hielo, cayo en las trivialidades sociales que tanto detestaba, mientras fijaba la mirada en algo que estaba aparentemente mas alla de la muchacha.

– Encantado, senorita Bennet. ?Lleva mucho tiempo viviendo en Meryton?

– Toda mi vida, senor Darcy.

– Entonces, ?nunca ha estado en Londres? -pregunto Darcy con sorpresa.

– He tenido oportunidad de visitar Londres, senor, pero no durante la temporada de eventos sociales, si es a eso a lo que se refiere con «estar en Londres». -La aspereza del tono de la muchacha hizo que Darcy frunciera un poco el ceno, mientras se preguntaba que habria querido decir y, sin darse cuenta, la miro directamente a la cara. La senorita Elizabeth parecia toda inocencia, pero algo le dijo que aquello no era cierto. Tal vez era la manera casi imperceptible en que habia enarcado una de sus bien formadas cejas, o la tendencia de su hoyuelo a asomarse. No obstante, Darcy sabia que estaba siendo objeto de una burla. Y no le gusto sentirse asi.

– Yo no diria que el hecho de haber viajado a Londres solo para visitar tiendas de modistas es haber estado realmente en la ciudad -replico con frialdad.

– ?Senor Darcy, es usted demasiado amable! -La sonrisa de la muchacha era tan afectada que Darcy supo enseguida que no debia tomarla por otra cosa que una falsedad y que su intento de disminuir la impertinencia de la muchacha habia fracasado estrepitosamente. Entrecerro los ojos. ?Por que razon debia ella fingir un sentimiento de gratitud? ?Estaba claro que el no habia tenido intencion de elogiarla! Sus sospechas sobre el proposito de la muchacha se confirmaron rapidamente-. ?Como puede un caballero tan distinguido como usted pensar que mi vestido es un diseno londinense! Me temo que debo desenganarlo, senor. Solo se trata de una confeccion local, pero tenga la seguridad de que le repetire a mi modista su amable cumplido. -Elizabeth hizo otra fugaz inclinacion antes de que Darcy, que aun no salia de su asombro, pudiera pensar en una respuesta coherente y dijo-: Por favor, disculpeme, senor Darcy. Mi madre me necesita.

?Amable cumplido? ?Vaya cumplido! Mientras farfullaba en silencio, Darcy se quedo mirando como la senorita Elizabeth se abria paso a traves del salon que ahora si estaba abarrotado. Tal como acababa de decirle, se dirigio hasta donde estaba su madre, deteniendose solo brevemente para intercambiar saludos con amigos o vecinos junto a los cuales paso deslizandose con elegancia. Darcy obligo a su cabeza a dejar de dar vueltas en circulo y trato de volver al principio, al momento en que ella habia entrado por la puerta y en su rostro se reflejo la opinion que tenia de sus anfitriones. O, mas exactamente, de su anfitriona, se corrigio Darcy, y recordo la animada conversacion que sostuvo con Charles y su genuina sonrisa. Darcy miro a su alrededor en busca de la senorita Bingley y la descubrio con facilidad, rodeada por un circulo de invitados que, segun parecia, escuchaban con atencion cada una de sus palabras. En ese momento ella estaba contando algo acerca de la «terrible multitud» que habia en casa de lord y lady…, lo que ella le habia dicho a lady…, y cual habia sido su respuesta al ingenioso comentario del senor…, enfatizando todo con un altivo suspiro y el elegante gesto de encogerse de hombros. El grupo solto una carcajada, y Darcy noto que varias jovencitas trataban de imitar el ademan de Caroline, al tiempo que una oleada de hombros subia y bajaba. Elizabeth Bennet no estaba entre ellas, pues se encontraba ocupada con un pequeno circulo de admiradores y amigas cercanas.

No, la senorita Elizabeth Bennet no estaba impresionada con la sofisticacion londinense de la senorita Bingley o de la senora Hurst, y tampoco parecia sentir la necesidad de modificar su manera de ser para imitar la gracia de Caroline, como estaban haciendo la mayor parte de sus vecinas en ese preciso momento. En lugar de eso, penso Darcy, comprendiendolo por fin, ?a la senorita Bennet le parecia que la conducta de la senorita Bingley era reprobable! A juzgar por la expresion de burla de sus ojos, lejos de cultivar una amistad con la senorita Bingley, la senorita Elizabeth parecia haberle asignado un lugar entre las cosas ridiculas, como haria uno con una relacion divertida pero un poco alocada. Despues de satisfacer su deseo de saber que se proponia la senorita Elizabeth Bennet, Darcy encontro que aquel descubrimiento habia engendrado en el dos emociones equivalentes pero opuestas, que luchaban valerosamente en su pecho. La primera era la indignacion que le causaba la impertinencia de una dama que se atrevia a juzgar a sus superiores. La segunda era el impulso de reirse por estar de acuerdo con su juicio. Una chispa de humor casi habia surgido en los ojos de Darcy, cuando fue asaltado por el recuerdo de que la senorita Bingley no era el unico residente de Netherfield que le causaba gracia a la senorita Elizabeth Bennet. La chispa de humor fue suprimida sin piedad cuando volvio a pensar en la manera en que la senorita Elizabeth se comportaba con el.

Ella le habia propinado un buen vapuleo; a Darcy no le quedo mas remedio que reconocerlo con cierta imparcialidad. La manera en que habia logrado dar la vuelta a su insultante comentario, apenas disfrazado, para convertirlo en un supuesto elogio habia sido magistral. Pero ?que le habia sucedido para hablarle asi a aquella muchacha? Darcy reviso mentalmente los sucesos de su encuentro. ?Acaso habia sido la rudeza de la respuesta de la joven a sus desesperados intentos por entablar una conversacion banal, o tal vez se habia molestado desde el principio, debido al evidente cambio de actitud de ella despues de que Bingley se la presentara? A ella le gustaba Bingley, pero ?que pensaba de el, de Darcy?

?Me considerara el mismo tipo de personaje que la senorita Bingley?, se pregunto, ?o no sera que su manera de comportarse es solo una farsa, un juego de coqueteria con el que espera atraer mi atencion? De manera distraida, Darcy comenzo a darle vueltas al anillo de rubi que llevaba en el dedo menique. ?Podria tratarse de otra cosa totalmente distinta? Recordo como la senorita Bennet habia bromeado con Bingley sobre el hecho de que el la hubiese ignorado en el baile y su amenaza de exigir un castigo. De repente, sintio que los musculos de su estomago se contraian, pues volvio a repasar mentalmente los sucesos del baile. ?Eso era! ?Tenia que ser! La senorita Bennet habia alcanzado a oir su imprudente y desconsiderado comentario.

– ?Idiota! -El insulto hacia si mismo se escapo de sus labios. Al no haber recibido una disculpa, ella piensa exigir lo que le corresponde a fuerza de ingenio. Considero su teoria, mientras observaba atentamente el objeto de sus cavilaciones, que, en ese momento, se encontraba conversando animadamente con la senorita Lucas. ?Que deberia hacer, si es que debo hacer algo?, se pregunto con sentimiento de culpa. Debia excusarse con la muchacha, sin duda, pero ?que podia decir: «Disculpeme, senorita Bennet, me comporte como un patan el viernes pasado»? Y si lo hiciera, ?cual seria la respuesta de ella? ?Lo perdonaria con un bonito discurso o aprovecharia la ocasion para hacerle un desplante frente a todo el mundo?

Darcy hizo una pausa en medio de su reflexion sobre la posibilidad de cerrar los ojos y masajearse las sienes con los dedos. No, no importaba que el hubiese herido el orgullo de la muchacha, no se arriesgaria a sufrir el reproche de una campesina cualquiera, solo para el entretenimiento de ella o sus amigas. Si ella hubiese decidido guardarle rencor, estaria obligado a hacerlo, pero tal como estaban las cosas, Elizabeth habia optado por desenfundar la espada. Darcy volvio a levantar la vista y encontro a Elizabeth Bennet al lado de su hermana mayor, mientras las dos miraban una carpeta con los ultimos dibujos de la senorita Bingley. ?Un movimiento audaz! Darcy sonrio para sus adentros. ?Ahora la entiendo, pero me temo que usted esta equivocada si cree que puede jugar a ese juego conmigo! Una mirada sarcastica acompano entonces a su sonrisa, mientras se inclinaba para dedicarse a la tarea de descubrir todas las cualidades de su adversaria.

Se entretuvo dando una vuelta por el salon, intercambiando una palabra aqui, un saludo alla con los nuevos vecinos de Bingley y, de paso, observando a Elizabeth Bennet sin ser visto. Se dio cuenta de que su voz era bien modulada y agradable al oido, aunque no le resulto extrano despues de haberla oido cantar en la iglesia el dia anterior. La forma de comportarse entre sus amigas mostraba una espontaneidad y una sinceridad encantadoras, pero que ciertamente no reflejaban la conducta que se esperaba de una senorita del nivel social al que el estaba acostumbrado. Su rostro, decidio Darcy, era de la variedad «lechera»: redondo, limpio y saludable, pero carente de la distincion que se necesitaba para que fuera considerado modernamente clasico. Se movia con bastante gracia, reconocio Darcy, pero el temblor de su vestido dejaba intuir una falta de simetria en su figura que no le habria agradado a un purista.

Poco comun en sus modales, eso es seguro, sentencio Darcy, pero le falta la gracia fisica y social que revela una educacion verdaderamente aristocratica. Es bueno para ella que los oficiales esten cautivados, porque eso es lo mas lejos a lo que podra aspirar. Darcy espero en vano a que sus emociones secundaran su veredicto, pero estas se mostraron poco dispuestas a aceptar ese juicio y, en lugar de eso, exigieron mas informacion, de manera que la decision final sobre la dama quedaria pospuesta hasta una fecha posterior. Al volver su atencion sobre la familia de la muchacha, Darcy no encontro las mismas reservas. Nadie que tuviera ojos u oidos podia dejar de notar los modales estridentes y claramente calculadores de su madre y el atrevimiento descarado de sus hijas mas jovenes, cuya unica disculpa era su juventud. Darcy suspiro con fuerza para expresar su disgusto con ellas.

– Vamos, vamos, Darcy, que actitud tan negativa. Estoy seguro de que la partida de caza de manana sera muy agradable. -Absorto en su debate interno, Darcy apenas habia notado que estaba cerca de Bingley y el grupo de caballeros que lo acompanaban. Era evidente que estaban planeando una caceria, y su resoplido habia sido interpretado como la expresion de su disgusto ante la idea. Pero nada podria estar mas lejos de la verdad. Un dia al aire libre, con perros y armas, alejado de las intrigas de un salon social de provincias, era exactamente lo que necesitaba.

– Al contrario, Bingley, una idea excelente. -Darcy palmeo a su amigo en el hombro y el alivio engendrado por la perspectiva de un dia asi hizo que estuviera mas comunicativo de lo acostumbrado entre desconocidos-. Caballeros, ?ya les ha hablado Bingley de su mas reciente adquisicion? Es la escopeta ligera mas hermosa que ustedes hayan visto…


Mas tarde, durante la cena, la senorita Bingley estaba relatando los sucesos de la manana a quienes se hallaban sentados a la mesa. Antes de que se anunciara la cena, el senor Hurst se excuso diciendo que tenia un terrible dolor de cabeza y ahora se encontraba feliz en su habitacion, ocupado con un botellon de brandy, mientras sus companeros y su esposa formaban parte de la audiencia de la senorita Bingley. Bingley se sento comodamente en su asiento a la cabecera de la mesa y se dedico a prestarle a su hermana toda la atencion que le permitia su bondadosa naturaleza. La aparente compostura de la senorita Bingley esa manana, cuando se marchaban los invitados, no habia enganado a Darcy ni por un instante; era evidente que ardia en deseos de contar, analizar, criticar y regodearse. Mientras esperaban en el salon de armas a que los llamaran a cenar, Bingley le advirtio a Darcy que cualquier intento de detenerla seria inutil. Dijo que le daria a su hermana rienda suelta -como si pudiera hacer otra cosa- y que Darcy debia prepararse para una velada de habladurias y maliciosa satisfaccion.

– Y no, no puedes alegar que tienes dolor de cabeza, pues esa excusa ya ha sido utilizada por el senor Hurst. ?Y si crees por un momento que podras huir de lo que ni siquiera yo, que soy su hermano, puedo escapar, estas completamente loco! Eso forma parte de ser el hermano de una mujer cuya primordial preocupacion es llegar a los primeros circulos de la sociedad. -Bingley suspiro, cerrando un ojo y mirando otra vez por el canon de la escopeta ligera para revisar el ultimo ajuste de la mira-. Ella tiene que examinar exhaustivamente los acontecimientos de hoy. ?Que opinas? -anadio, alcanzandole el rifle a Darcy-, ?esta bien?

– ?El deseo de pertenecer a los circulos mas altos de la sociedad o sus metodos para llegar a ellos? -respondio Darcy, mientras se llevaba el arma a la mejilla y apoyaba la culata contra el hombro.

– ?Ninguno de ellos! Me refiero a la mira -replico Bingley de manera tajante, y luego guardo silencio mientras Darcy, un poco arrepentido por su ligereza, revisaba la alineacion. Cuando termino, bajo el arma del hombro y se la puso a Bingley en las manos.

– Charles -comenzo a decir.

– Tienes mucha suerte de tener la hermana que tienes, Darcy -lo interrumpio Bingley en voz baja-. La senorita Darcy no te atormenta tanto. ?Acaso te ha dado un solo minuto de preocupacion? -Darcy se quedo inmovil al oir las palabras de su amigo y espero-. Ella es mucho mas joven que tu y estara en la cima de la sociedad tan pronto como sea presentada -continuo Bingley sin notar el silencio de Darcy. Luego comenzo a reirse entre dientes-. ?Imaginate si Georgiana fuera mi hermana menor! -Bingley invito a Darcy a reirse con el de aquella absurda idea-. Oh, seria demasiado delicioso. -Un golpe en la puerta termino con la diversion y Stevenson anuncio la cena-. Ah, el deber llama; y, amigo mio, se requiere tu presencia, aunque solo sea para ayudar a recoger los pedazos de lo que quedara de nuestros vecinos cuando ella termine -dijo Bingley.

De acuerdo con lo prometido, Bingley no intento dirigir la conversacion durante la cena, excepto por un ocasional «?Shhh, shhh, Caroline!» y unas cuantas sacudidas de cabeza. El hecho de encontrar tan poca resistencia a sus comentarios parecio animar a la senorita Bingley, haciendole pensar que sus observaciones y opiniones eran compartidas por quienes la acompanaban en la mesa. La senora Hurst, desde luego, se hacia eco de los sentimientos de su hermana, o los adornaba, y ambas se animaban mutuamente a alcanzar un nivel mas alto en la critica y la ridiculizacion.

– Vamos, Louisa, ?eso es tan cruel! -La senorita Bingley le dio un golpecito a su hermana en la mano. La senora Hurst dijo estar arrepentida hasta que su hermana continuo con malicia-: Yo solo le conte dos barbillas a la senora, pero, claro, yo no tuve el placer de verla sentada, como tu. -La senora Hurst dejo escapar un pequeno chillido y se cubrio la boca con la mano, mientras la senorita Bingley se recostaba en su silla con una sonrisita disimulada-. En realidad estos pueblerinos no son muy interesantes. -Le lanzo una discreta mirada a Darcy-. Los caballeros solo hablan de caballos y cacerias. ?Y las damas! ?Ninguna de ellas pudo hacer un solo comentario sobre la moda actual o ha tenido el minimo contacto con el teatro! Y la poesia probablemente es un idioma tan desconocido aqui como el italiano -concluyo, dirigiendo una maliciosa sonrisa a Darcy.

La senora Hurst solto una risita indulgente, pero la falta de respuesta por parte de Darcy hizo que la senorita Bingley siguiera un camino mas directo.

– Charles, he decidido aceptar esta semana tres invitaciones particulares a cenar y otra para tomar el te. Por favor, ten la bondad de reservar algo de tiempo para eso.

– ?Puedo preguntar, querida hermana, donde tenemos esos compromisos? -Bingley entrelazo los dedos y apoyo la barbilla sobre los pulgares, girandose y haciendo un guino a Darcy.

– El miercoles por la noche con el squire * Justin; el jueves, con el senor y la senora King. A ellos se les tiene por gente bastante importante y se dice que tienen una renta de tres mil libras al ano, ?imaginate! El viernes cenamos con el coronel Forster y su esposa. ?Crees que la mujer se rie asi a proposito, Louisa, o acaso soy la unica a la que le parece un burro? -A medida que iba oyendo los nombres, Bingley se iba hundiendo un poco mas en la silla, y al mencionar al coronel, en su rostro aparecio una expresion totalmente desesperanzadora-… Y la noche del sabado, en casa de sir William Lucas. -La senorita Bingley hizo una marca al lado del ultimo nombre de su lista y levanto la mirada justo a tiempo para ver como se animaba su hermano-. ?Te parece bien, Charles?

– Dejo el aspecto social de esta empresa en tus habiles manos, Caroline. Solo te pido que me dejes algun tiempo para ocupaciones mas masculinas y que, mientras estemos aqui, programes asistir a los servicios religiosos. Con regularidad -anadio, con una mirada que transmitia el mensaje de que no aceptaria objeciones.

Al oir eso, los ojos de la senorita Bingley se posaron involuntariamente sobre Darcy, en cuya mirada se veia reflejada la mas profunda indiferencia.

– Desde luego, Charles. Eso esta fuera de toda discusion, como bien sabes.

– Ahora -dijo Bingley, aprovechando el exito de su peticion y el estado de confusion en que se habia sumido su hermana-, me gustaria senalar que la manana ha transcurrido estupendamente. Caroline, mereces una felicitacion. -La senorita Bingley protesto con dulzura-. No tengo la menor duda de que nuestra «manana de puertas abiertas» sera tema de muchas conversaciones y que hemos entrado con el pie derecho en la sociedad de Hertfordshire. -Bingley le permitio a su hermana la oportunidad de restarle importancia a su logro, aunque brevemente, y continuo con determinacion-: Debes saber que he programado una partida de caza para manana por la manana y espero que vengan seis o mas caballeros. Si tu haces los arreglos para el desayuno y lo notificas al personal de la casa, yo me encargare de anunciarles nuestros planes al encargado de las caballerizas, el vigilante del campo y el guardabosques. -Bingley golpeo los brazos de la silla con los dedos al enumerar cada detalle, con la cara roja de felicidad por saberse el dueno de una propiedad donde podia ordenar cuanto deseaba-. Manana sera mi turno, queridas hermanas, de ir mas alla del punto al que habeis llegado hoy.

Durante el siguiente intercambio de preguntas, advertencias y aseveraciones entre Bingley y sus hermanas, Darcy volvio a concentrarse en sus propios pensamientos. Habia notado la desilusion de su amigo al no oir un nombre concreto entre la lista de compromisos sociales de su hermana y, a continuacion, su entusiasmo ante la mencion de sir William. Al haber observado personalmente la estrecha relacion de la senorita Lucas con una de las hermanas Bennet, no fue dificil deducir la razon del subito entusiasmo de Bingley. El espera que la senorita Bennet tambien este presente. Es totalmente probable. Lo que significa que… Darcy dejo que su pensamiento quedara inconcluso y se obligo a concentrarse de nuevo en el problema de su amigo y la senorita Bennet.

Estiro la mano para tomar su vaso de vino y, balanceando suavemente la copa en la mano, agito su contenido mientras miraba distraidamente el liquido de color rojo oscuro. Quizas estaba viendo en la deferencia de Bingley por la senorita Bennet algo mas de lo que habia o habria alguna vez. Su amigo habia sido el primero en admitir su propension a enamorarse y desenamorarse mas rapido de lo que se reproduce una liebre. No habia razon para suponer que aquella atraccion era distinta. Darcy se llevo el vaso a los labios y paladeo momentaneamente el vino antes de dejarlo deslizar por la garganta y sentir su calidez. Deja que las cosas sigan su curso. Ofrecele otros incentivos para distraer su atencion. Mantenlo ocupado con Netherfield. Darcy volvio a colocar el vaso sobre la mesa con cuidado. Con seguridad esto pasara.

Tan pronto como Darcy dejo el vaso en la mesa, su anfitriona le hizo una sena al mayordomo para que volviera a llenarselo, pero el cubrio la copa con la mano y nego con la cabeza.

– ?Acaso el vino no es de su agrado, senor Darcy? -pregunto la senorita Bingley con diligencia-. Si lo desea, pedimos otra botella.

– No, no se inquiete -respondio Darcy-. El vino es excelente. -Comenzo a levantarse de su asiento, pero la senorita Bingley se apresuro a detenerle.

– Senor Darcy, no puede usted dejarnos tan pronto. Todavia no hemos oido sus impresiones sobre la sociedad de Hertfordshire. -Miro alrededor de la mesa en busca de apoyo para su requerimiento-. Estoy segura de que sera muy interesante.

Darcy miro a Bingley, buscando disimuladamente su ayuda, pero su amigo se limito a hacer una mueca y encogerse de hombros. Despues de lanzarle una mirada feroz, Darcy volvio a tomar asiento y adopto una actitud de indiferencia hacia las damas.

– Tal como usted ha dicho, senorita Bingley, los lugarenos de aqui «no son muy interesantes». Sin embargo, ellos son lo que comunmente se llama «el musculo del Imperio» y en la medida en que dependemos de ellos para que proporcionen la tan necesitada fuerza fisica, tal vez sea ilogico que esperemos un exceso de ingenio.

De las dos damas, la senorita Bingley fue la primera en recuperar la compostura, pero no antes de recurrir a su servilleta para limpiarse las lagrimas que la risa habia dejado en sus ojos.

– Pero ?que hay de las damas, senor Darcy? -Un destello malicioso ilumino sus ojos-. Seguramente no incluira a las mujeres en el suministro de la fuerza fisica, ?o si?

– De ningun modo, senorita Bingley. No seria tan desconsiderado.

– Pero, senor -insistio ella-, usted ha aceptado su falta de fuerza fisica y ha desestimado su ingenio. ?Con que criterio, entonces, podemos clasificar a las damas de Hertfordshire?

– Usted apunta a la caracteristica mas obvia cuando se trata de mujeres, senorita Bingley. Desea que yo comente sus atributos fisicos, su belleza, si quiere. -Enormemente incomodo con el giro de la conversacion, Darcy senalo a Bingley-. Es a su hermano y no a mi a quien deberia pedirle ese juicio.

– Nosotras sabemos lo que piensa Charles -respondio la senorita Bingley con un matiz de irritacion en la voz-. Para el todas son diamantes preciosos. Lo que nos gustaria oir es su opinion. ?No es asi, hermana?

– Si, senor Darcy, por favor, cuentenos -pidio la senora Hurst con entusiasmo y luego, despues de lanzarle una mirada a su hermana, agrego con tono travieso-: En especial quisiera oir sus opiniones sobre las muchachas Bennet.

– Darcy -dijo Bingley con cierto timbre de pretendida amenaza en la voz-, no tolerare ningun comentario sobre la senorita Jane Bennet que no sea del mas alto nivel. Puedes limitar tu analisis a sus hermanas… ?a la senorita Elizabeth, tal vez? Ahora bien, ella seria mi ideal de belleza si no fuera por su hermana mayor.

El silencio invadio el salon, mientras los tres acompanantes de Darcy esperaban su respuesta. Al mismo tiempo que se limpiaba las manos con la servilleta que tenia en el regazo, se le paso por la cabeza la idea de que, de una forma misteriosa, la senorita Elizabeth Bennet seguia exigiendo un castigo por su estupida torpeza. Asi que, mientras criticaba su rostro, su figura y sus modales con toda la despreocupacion que pudo reunir, dejo bien claro que la senorita Elizabeth Bennet no era su ideal de perfeccion en una mujer.


Capitulo 4

<p id="_Toc237585041">Capitulo 4</p> Intermezzo

La manana de la caceria amanecio fresca y despejada, ofreciendoles a los caballeros un excelente dia. Arropado por los consejos de Darcy, fruto de su experiencia en la organizacion de esta clase de asuntos, su naturaleza afable y su nueva escopeta ligera, Bingley se integro con facilidad entre los cazadores mas importantes del condado. Su arma fue objeto de numerosas aclamaciones, sus presas, alabadas, y su compania tan solicitada en las futuras cacerias que no se le hubiera podido culpar por considerarse el hombre mas afortunado del mundo.

A pesar de los repetidos intentos por parte de los otros caballeros de entablar conversacion, Darcy permanecio tercamente en la retaguardia, concentrado en el entrenamiento del joven lebrel que habia traido con el, en lugar de prestar atencion a la charla del grupo. Penso que lo mas probable es que fuera tal como Caroline Bingley habia dicho: «solo hablan de caballos y cacerias» y, en consecuencia, se trataba de una conversacion a la que unicamente necesitaba prestar atencion de vez en cuando. E incluso eso solo lo hizo por Charles, para ayudarlo a distinguir a todo el mundo mas tarde, cuando comentaran los acontecimientos del dia alrededor de un vaso de oporto en la biblioteca. Ese era el momento en que Bingley debia dejar su huella, y Darcy no tenia intencion de desviar la atencion de los habitantes de la zona hacia nada distinto de su amigo.

Respiro una gran bocanada de aire fresco y tonificante, lo retuvo un momento y lo saboreo tal y como habia hecho con el vino de la cena la noche anterior; luego exhalo lentamente, lo que hizo que el campo y el bosque frente a el comenzaran a vibrar a traves del vapor de su respiracion. El grupo habia atravesado el campo sin el y sus voces se iban desvaneciendo en un silencio que alimentaba la paz del alma. Sin embargo, una llamada de atencion a la altura de sus rodillas rompio, de repente, aquella sensacion de paz. Darcy se puso en cuclillas, balanceandose sobre la planta de los pies, mientras acariciaba al perro detras de las orejas.

El animal, que habia dejado de ser un cachorro, tenia unas patas enormes, y lo alentaba una pasion por complacer a su amo que rayaba en lo comico. La mirada de infinita adoracion que levantaba hacia Darcy luchaba abiertamente con la pura dicha que experimentaba por estar, al fin, al aire libre. Darcy no pudo evitar una sonrisa al ver como la batalla entre obediencia e impulso hacia que el perro temblara debido a la tension y el entusiasmo. El lebrel le lanzo finalmente una mirada de suplica tan conmovedora que Darcy habria tenido que ser de piedra para resistirla, a pesar de que el mismo no sintiera un eco de la misma lucha en su interior. Le dio al animal una caricia rapida y vigorosa y, recogiendo del suelo un palo de buen tamano, se incorporo totalmente y miro al perro con firme autoridad. Sabueso y amo se miraron mutuamente, atentos a captar en el otro cualquier asomo de debilidad. Darcy dejo que la tension entre ellos creciera hasta que, levantando el brazo todo lo que pudo, lanzo el palo y grito la palabra mas hermosa que puede esperar oir un perro:

– ?Traelo!

Como un resorte muy apretado que se suelta de repente, el sabueso salto hacia delante en silencio, totalmente concentrado en su presa. En cuestion de segundos, un ruido entre la alta hierba indico que el sabueso estaba buscando el palo. Darcy comenzo a caminar en la direccion que habia tomado el grupo, seguro de que el entusiasmo del perro por el juego lo traeria otra vez rapidamente a su lado. El animal no lo decepciono. Despues de quitarle el palo con dificultad, Darcy lo volvio a lanzar, pero esta vez no dio ninguna orden. El sabueso se sento directamente frente a el, interponiendose en el camino, y en sus grandes ojos aparecio reflejada una pregunta. Darcy espero. Un breve aullido de impaciencia se escapo de su hocico y termino con un ladrido agudo.

– ?Traelo! -La orden casi pilla al sabueso por sorpresa, pero salio corriendo y Darcy continuo su camino, apurando el paso. Alcanzo a los demas justo cuando el animal regreso, llevando su tesoro con orgullo, fuertemente apretado entre los dientes.

– Vaya, Darcy, su perro debe de ser de una utilidad increible para usted. El mio solo trae la presa, ?mientras que el suyo tambien se preocupa por conseguir la lena para cocinarla! -senalo jocosamente uno de los caballeros que estaba con Bingley. El grupo se rio de buen grado y Darcy los acompano.

– Caballeros, esta ha sido una manana muy agradable -dijo Bingley y espero un momento con satisfaccion, pues fue interrumpido por varios gestos de aprobacion-. Gracias… ha sido un placer. -Inclino la cabeza para agradecer los comentarios-. Yo, por mi parte, encuentro que me ha despertado un considerable apetito. ?Que tal si regresamos y vemos que ha elegido mi cocinero para alimentar a unos caballeros que vuelven de una exitosa manana de caceria?

Levantando el arma por encima del hombro, Darcy llamo a su perro para que abandonara la busqueda del preciado palo y dio media vuelta para dirigirse a Netherfield. Un golpe en su otro hombro le hizo girar la cabeza rapidamente, pero se relajo de inmediato cuando se dio cuenta de que era Bingley, que venia detras.

– ?Que opinas? -le pregunto su amigo en voz baja, mientras se quedaban un poco rezagados-. ?Puedo informar a mis hermanas de que he cumplido con mi mision?

– Sin duda alguna -le aseguro Darcy y anadio con una sonrisa ironica-: Procura no presentarte a un escano en el Parlamento en la proxima eleccion, ?porque seguro que ganarias si continuas en esta direccion!

Bingley solto una carcajada de felicidad y luego se inclino hacia Darcy con gesto conspirador.

– Segun una fuente fidedigna, la familia de cierta jovencita tambien ha aceptado una invitacion a cenar en la casa del squire manana por la noche. Y -continuo, sin ver el brillo peligroso que aparecio en los ojos de Darcy al enterarse de aquella noticia- aunque es probable que las encontremos en casa de los King, tambien es seguro que estaran en la cena del coronel, porque la hija mas joven, segun he sabido, es muy amiga de la esposa del coronel.

– Te has olvidado de mencionar la reunion en casa de sir William. Me pregunto por que. -Darcy decidio que la creciente excitacion de Bingley podia soportar un poco de ironia.

– Ah, sabia que ellas estarian invitadas a esa reunion -contesto Bingley, sin percatarse de las segundas intenciones de la pregunta-. ?Yo me pregunto como es posible que no notaras que la senorita Elizabeth Bennet y la senorita Lucas son buenas amigas! Con frecuencia estan juntas. -Bingley sacudio la cabeza en senal de incredulidad y miro a Darcy-. De verdad, Darcy, normalmente eres mas observador.

Darcy solto un resoplido al percibir la ingenuidad de Bingley, pero se abstuvo de corregirlo. Entonces, senorita Elizabeth, ?parece que estamos destinados a encontrarnos continuamente?, penso. Me pregunto cual sera su proxima tactica. Bingley se alejo para reunirse con los otros caballeros y dejo a su amigo pensando en las fuerzas que necesitaria desplegar para el compromiso del dia siguiente.


Hacia el final de la velada en casa del squire Justin, Darcy supo que estaba totalmente derrotado. Nada habia salido como esperaba. Despues de evitar cualquier tipo de bebida fuerte ese dia para asegurarse de tener suficiente claridad mental, habia venido preparado para esquivar las frases ingeniosas y los dardos de su inquietante adversaria. Si la oportunidad se presentaba y todo salia bien, tambien tenia intencion de ofrecerle una disculpa. Pero no ocurrio ninguna de las dos cosas.

Al intentar rememorar los acontecimientos, Darcy ya fue consciente de que una velada que habia comenzado de una forma tan poco propicia nunca podria mejorar. Llegaron a la casa del squire con un retraso mucho mayor del que se consideraba elegante, debido a cierto detalle del vestido de la senorita Bingley que le disgusto en el ultimo minuto. Y la tardanza resulto ser mayor todavia a causa de la desafortunada perdida de una herradura por parte del caballo principal del carruaje, lo que los obligo a atravesar el campo a una velocidad menor de la habitual. El aroma almizclado del perfume de la senora Hurst, que parecia invadir el coche, estuvo a punto de levantarle dolor de cabeza, asi que cuando finalmente llegaron al salon de su anfitrion, Darcy apenas podia contener su irritacion.

Tras insistir en ser el ultimo del grupo en presentar sus respetos al anfitrion, Darcy se detuvo un momento en la puerta para aclarar sus ideas y recuperar el equilibrio. La senorita Bingley fue cordialmente recibida por el squire, y este le dejo paso con solemnidad para que saludara a su esposa, que le devolvio la inclinacion con las hijas de la casa, en medio de un silencio reverencial. Visiblemente complacida con el efecto causado por su entrada, la senorita Bingley accedio a la cortesia de preguntarles por su salud y poco despues se sintio feliz al convertirse en el centro de atencion, ante la envidia que desperto su traje en la mayor parte de las damas y la manera en que los caballeros admiraron la caida de la tela. Luego siguieron los Hurst y enseguida Bingley, quien presento sus respetos y recibio tambien un gran apreton de manos por parte del squire, que se disculpo por la urgencia de sus ocupaciones, que lo habian privado del placer de acompanarlo durante la partida de caza del dia anterior en Netherfield.

– Tendra que contarme que le parece su nueva escopeta, senor Bingley. He estado considerando comprar una de ese mismo modelo.

– Tendre mucho gusto en contarselo todo, senor, pero ?no cree que una demostracion vale mas que mil palabras? Debe venir a Netherfield tan pronto le sea posible y probarla usted mismo -propuso generosamente Bingley, ofreciendo una invitacion que consolidaba aun mas su aprobacion entre los residentes de Hertfordshire. Luego avanzo para presentarle sus respetos a la esposa del squire, siendo recibido con aparente regocijo por la buena mujer y sus hijas.

Por ultimo, Darcy se presento ante el anfitrion.

– Senor Darcy -comenzo a decir el squire-, he oido que tiene usted un sabueso impresionante. ?Se dice que despues de traer la presa, busca lena para el fuego, deshace su morral de caza y luego prepara la presa al estilo italiano para la cena! -El pequeno grupo de caballeros que estaban cerca se rieron con entusiasmo-. Senor, ?digame cuanto vale! ?Yo tengo que tener esa maravilla!

– Mis disculpas, squire, pero creo que usted ha sido muy mal informado -respondio Darcy, torciendo un poco el labio inferior, pero sin dejar de mirar a su anfitrion con gran seriedad-. El sabueso todavia es muy joven y necesita mucho entrenamiento. Lamento decir que el estilo italiano aun esta mas alla de sus capacidades, pero como el perro insiste en anadirle ajo a todo, la confusion de su informante es comprensible. -Durante un momento, el humor velado de Darcy fue recibido con un silencio sepulcral, pero luego el squire solto una carcajada y los demas lo siguieron.

– ?Bien hecho, senor Darcy! Veo que en ese cerebro hay mas cosas de las que revela su rostro. ?Me permite presentarle a mi esposa? -El squire hizo las presentaciones necesarias y Darcy pronto se encontro libre para unirse al grupo de invitados que quisiera. La senorita Bingley y la senora Hurst estaban bastante ocupadas con sus admiradores. El senor Hurst discutia sobre los meritos de Gentleman’s Pride frente a Gray Shadow en la ultima carrera. Bingley estaba atrapado en una conversacion sobre caza de la cual era evidente que queria escapar, pues, a cada poco, giraba la cabeza para mirar alrededor del largo salon.

Si, ?donde estan las hermanas Bennet? El mismo se sorprendio buscandolas. Descartando la posibilidad de unirse al grupo que rodeaba a la senorita Bingley, empezo a pasearse por el salon. Estaba a punto de pasar junto a un grupo de personas reunidas alrededor de un sofa, cuando el caballero que estaba mas cerca dio un paso hacia atras y casi tropieza con el. Al tratar de esquivarlo, justo a tiempo para no ser derribado, se encontro cara a cara con la senorita Elizabeth Bennet.

– ?Me permite saludarla esta noche, senorita Bennet, y desearle una buena velada? -comenzo a decir rapidamente, al tiempo que le hacia una reverencia tan correcta y elegante como si estuviera bajo la inspeccion de las reinas de la sociedad londinense. La inclinacion de la muchacha fue igualmente correcta.

– Claro, senor -dijo, haciendo una pausa, y luego anadio con cierta indiferencia, mientras levantaba la vista hacia el-: Aunque el hecho de que sea buena dependera de nosotros, ?no es asi? -Los labios de la senorita Elizabeth Bennet se curvaron para formar una sonrisa de cortesia que aparecio fugazmente, pero no antes de que Darcy quedara cautivado por la chispa que incluso una sonrisa tan anodina produjo en sus ojos. La confusion del caballero aumento cuando ella se hizo a un lado y miro a su alrededor con el ceno ligeramente fruncido, gesto que el tuvo que admitir que resultaba adorable-. Si tiene usted la bondad de excusarme, senor Darcy, hay algo que requiere mi inmediata atencion.

– Por supuesto, senorita Bennet -logro decir, aunque sus palabras solo alcanzaron a llegar a la espalda de la muchacha, que se retiraba apresuradamente. Sorprendido en cierta forma por ese tratamiento, Darcy penso primero que ella continuaba dandole su merecido por sus desconsideradas palabras de los dos ultimos encuentros y que ese aparente deseo de evitarlo formaba parte de su juego. Pero cuando la vio consolando a su agitada madre y «teniendo una charla» con una de sus hermanas menores, vio que la brusca manera en que la muchacha se habia retirado habia sido legitima y que sus sospechas eran infundadas.

Durante la cena, Darcy se sintio un poco decepcionado al no haber quedado estrictamente dentro del circulo de Elizabeth Bennet, pues estaba sentado al otro lado de la mesa y dos sillas mas alla; pero estaba lo suficientemente cerca para ser testigo de la manera sencilla y afable en que trataba a los que habian tenido la fortuna de compartir la mesa con ella. Con reticente admiracion, no pudo dejar de notar la deliciosa manera en que la muchacha le subio los animos al hosco y anciano mayor… y, mas tarde, la forma en que le aseguro a un joven y timido galan local que el nudo de su corbata estaba «esplendido». Ya estuviera intercambiando frases ingeniosas o escuchando con atencion, Darcy se dio cuenta de la inusual inteligencia que desplegaban los hermosos ojos oscuros de Elizabeth y se pregunto como habia podido descartarla de manera tan irreflexiva durante el baile.

Un invitado que estaba al otro lado le pidio su opinion sobre cierto tema, y Darcy tardo algunos minutos en poder volver a fijar su atencion en el extremo de la mesa. Sucedio entonces que la conversacion alrededor de Elizabeth Bennet habia cesado, lo que le permitio la oportunidad de tomar algo fresco. Extendio su esbelto brazo y agarro la copa entre sus dedos delicadamente formados. Darcy observo, inexplicablemente fascinado, como se la llevaba lentamente a los labios con una elegancia inconsciente. Le dio un sorbo al vino, con increible delicadeza, y volvio a dejar la copa en su lugar. Cuando ella hizo aquel sencillo gesto y volvio a poner la mano en el regazo, Darcy solto el aire, a pesar de que no se habia dado cuenta de que habia estado conteniendo la respiracion. Rapidamente desvio los ojos antes de que ella pudiera notar su inapropiado comportamiento y los dirigio a su propio vaso. Sintio que el pulso se le aceleraba, que su manera de agarrar la copa no demostraba la misma seguridad con que ella lo habia hecho y que el vino se balanceaba peligrosamente. ?Que te esta sucediendo?, se reprendio a si mismo, luego trago el liquido rojizo sin saborearlo.

El squire echo hacia atras su asiento, se levanto de la mesa y sugirio, haciendo un guino a todos los invitados, que ahora los caballeros podian disfrutar de algo que su administrador habia adquirido para aquellos que sabian reconocer lo bueno. Los estaba esperando en el salon de juegos; ?les gustaria acompanarlo? Darcy se levanto con los otros caballeros, sintiendose al mismo tiempo ansioso por salir y reacio a hacerlo, por razones que prefirio no analizar.

Despues de aceptar un vaso de un brandy frances no muy legal, se dio la vuelta y descubrio que era observado por un hombre mayor, cuya actitud revelaba un interes particular. Al notar la involuntaria tension de Darcy, en la mirada del hombre aparecio un brillo burlon mientras, para su sorpresa, le dirigia un saludo. Intrigado, el caballero contesto el saludo levantando su vaso de manera similar y bebio un ligero sorbo. El brandy era excelente y Darcy cerro los ojos durante un instante, deleitandose con su calidez. Cuando los abrio, vio el rostro resplandeciente de su anfitrion.

– Senor Darcy, ?me atrevo a decir que ni siquiera usted ha tenido la oportunidad de probar con frecuencia un ejemplo tan esplendido del arte de la destileria! -El squire hizo una pequena pausa para que Darcy hiciera un gesto de asentimiento antes de continuar-: Solo me gustaria que pudieramos adquirir tabaco americano con la misma facilidad con que conseguimos brandy frances.

– Podriamos, si fuera de nuevo tabaco ingles -trono el mayor, que llegaba desde el otro extremo del salon para reunirse con ellos-. ?Ya basta de palabreria! ?Apuntemos nuestros canones a las calles de su capital y pongamos punto final a este absurdo! ?Los Estados Unidos! ?Bah! Recuerde mis palabras, senor. Pronto estaran marchando sobre la colonia de Canada si alguien en St. James no se preocupa por otra cosa que no sea el corte de su chaqueta. Cuando yo estuve alli en el setenta y nueve… -Enseguida se desato una acalorada discusion sobre la inminente guerra, de la cual Darcy se excuso rapidamente.

Encontro un comodo sillon en una esquina tranquila y se arrellano placidamente en el, sin otro proposito que disfrutar del excelente brandy. Al sostener su vaso en alto para atrapar un rayo de luz de la lampara que tenia al lado, aprobo el delicado color ambarino del licor y su brillo, irradiando el reflejo de la luz. Antes de que pudiera impedirlo, estaba comparando el resplandor del licor con lo que habia observado en los ojos de la senorita Bennet. Rapidamente puso el vaso sobre la mesa. ?Imbecil!, se amonesto en voz baja, moviendose incomodo en su asiento.

Preguntandose que habria sido de Bingley, echo un vistazo a su alrededor y lo localizo cerca de la chimenea, conversando con el hombre que lo habia saludado y que, gracias a su anfitrion, ahora sabia que era el senor Bennet. A juzgar por la seriedad de su rostro, que resultaba casi doloroso observar, Darcy se podia imaginar bien la intensidad con que Bingley debia de estar tratando de causar una buena impresion en el anciano. Aunque el senor Bennet parecia prestarle a Bingley una atencion similar, Darcy creyo detectar una chispa de burla sarcastica en sus ojos, que no le gusto en lo mas minimo. Su sentido del deber para con su amigo reclamaba que fuera a rescatarlo, pero dada la particularidad de su propio intercambio con el caballero, Darcy experimento una decidida resistencia a intervenir. Se sintio profundamente agradecido cuando el squire sugirio que se reunieran nuevamente con las damas.

La corta distancia que habia entre el salon que los caballeros estaban abandonando y aquel al cual estaban entrando le parecio enganosa, pues el contraste entre los dos era tan grande que parecia que hubiesen hecho un viaje entre dos mundos. En el salon de juegos reinaba la atmosfera familiar de la sociedad masculina: el aroma del brandy y el humo de la pipa, el crujido de los sillones de cuero y la noble mirada de los trofeos de caza, cuyas cabezas llevaban anos vigilando desde las paredes aquel dominio masculino. En medio del salon revestido de madera y a media luz, la conversacion habia girado en torno a los caballos y la caza, el precio del maiz y la guerra. Se hacian acuerdos, se cerraban negocios y se establecian relaciones que asegurarian la paz y la prosperidad de la region durante muchos anos.

En contraste, el mundo al que estaban entrando resplandecia con la luz de miles de velas, el papel pintado floreado y el dulce aroma del te y el jerez. Todo hablaba de una sociedad femenina, cuyas reglas no escritas y cuyo comportamiento impredecible siempre le habian causado una cierta consternacion a Darcy. La excesiva afabilidad del matrimonio formado por sus padres y el buen sentido y excelente entendimiento con aquellos de cuya compania solian disfrutar no lo habian preparado bien para captar todos los matices en un salon social o un salon de baile. Los subterfugios y los discursos bonitos pero falsos no habian formado parte de su educacion. Dicho comportamiento era considerado como falto de honor e insultante. Sin embargo, despues de entrar en el mundo mas amplio de sus semejantes y amigos, Darcy descubrio que habitualmente se esperaba que la gente actuara asi, y que esa conducta era incluso elogiada, en especial cuando los dos sexos se encontraban en sociedad.

Sin deseos de involucrarse en las banalidades o intrigas que pasaban por conversaciones de salon, Darcy trato de recuperar su equilibrio para prepararse para la esperada justa con Elizabeth Bennet. El tan ansiado intercambio de dardos no habia tenido lugar y lo habia dejado curiosamente desanimado. Pensando en alcanzar a Bingley antes de que se sumergiera en el salon, Darcy avanzo hacia el, pero su amigo parecia bastante interesado en llegar al salon y no lo vio. Tuvo que seguir solo, y al entrar se acerco a una mesa sobre la que habian colocado dulces y jerez. Estudio brevemente la oferta y eligio uno de los dulces azucarados. Mientras lo saboreaba, levanto la vista y descubrio a Bingley, que estaba animando a la senorita Bennet a sentarse en un pequeno sofa y senalaba luego la mesa de los dulces. Ella asintio con elegancia en senal de aceptacion y se ruborizo complacida, mientras el se dirigia directamente hacia Darcy.

– Ah, Darcy -le dijo Bingley con una sonrisa de oreja a oreja-. Hazte a un lado, hombre. Tengo la mision de hacerle un favor a una adorable dama y debo regresar rapidamente o me temo que sere reemplazado.

Darcy miro por encima del hombro de Bingley cuando este se inclino para cumplir su tarea.

– No, no tienes nada que temer, Bingley. La madre de la dama te esta guardando el sitio. Si no me equivoco, ella se encargara de ahuyentar a quienquiera que ose tratar de sentarse junto a su hija hasta que tu regreses.

Bingley se detuvo solo el tiempo suficiente para verificar la verdad de las palabras de Darcy y luego se rio entre dientes y susurro:

– La senora Bennet tiene su utilidad, Darcy.

– ?Y que hay del senor Bennet? -pregunto Darcy en voz baja-. ?Quedaste satisfecho con la conversacion?

– ?Un hombre muy interesante y muy agudo! No se parece a su esposa en absoluto. -Bingley se enderezo, tratando de mantener el equilibrio de un plato de bizcochos en una mano y dos vasos de jerez en la otra-. Creo que nos hemos entendido estupendamente bien. -Darcy entorno los ojos-. ?No seas tan incredulo! -respondio Bingley-. Pero no tengo tiempo para ti, Darcy. La senorita Bennet espera y, con o sin su madre, no pretendo perder mi oportunidad, ahora que finalmente la he conquistado. -Y, diciendo esto, Bingley se alejo apresuradamente.

?Y donde esta la otra senorita Bennet? Darcy examino el salon mientras iba a por otro bizcocho y una taza de te. Una esbelta mano femenina agarro la taza antes que el. Levanto la vista y se encontro con la senorita Bingley.

– Senor Darcy, permitame prepararle una taza de te. Con un terron de azucar, ?verdad? -Darcy hizo un esfuerzo por convertir la mueca que sintio asomandose a su cara en algo que se pareciera al agradecimiento-. Aqui tiene… justo como le gusta. -La senorita Bingley le ofrecio el te con un aire de intimidad que le disgusto.

– Gracias, senorita Bingley -dijo, aceptando la taza y dando un paso hacia atras-. Por favor, no permita que la entretenga. Me parece que los caballeros que estan alli esperan su regreso con ansiedad. -Hizo un gesto en direccion a uno de los grupos de invitados.

La senorita Bingley hizo ademan de pasar frente a el, pero se detuvo junto a su hombro y susurro:

– Es todo tan aburrido, ?no es asi, senor Darcy? -El cosquilleo de la respiracion de la senorita Bingley en la oreja fue una sensacion desagradable y necesito de todos sus anos de educacion para deslizarse suavemente hacia atras y alejarse de ella. Tomo otro dulce, tratando de encubrir aquel movimiento-. ?Usted debe estar muerto de aburrimiento en medio de una compania tan poco distinguida! -siguio diciendo la senorita Bingley-. Porque, vamos, el squire es todo un personaje.

– No es el tipo de sociedad al que estamos acostumbrados, eso es seguro -afirmo Darcy-, pero, senorita Bingley, debe usted admitir que la velada tiene cierta utilidad. Su hermano ya ocupa una posicion destacada entre estas personas y al final de esta velada sera mas estimado. Y usted, que hace las veces de senora de la casa, tambien asumira, sin duda, un papel protagonista en la comunidad. De hecho, ha comenzado usted muy bien. La manera en que la han recibido esta noche ha sido extremadamente amable y parece que usted es universalmente admirada. Eso solo puede contribuir al progreso de la influencia de su hermano.

Los ojos de la senorita Bingley brillaron e hizo un puchero con los labios.

– No tan universalmente admirada, senor Darcy.

– Senorita Bingley, ?con seguridad se equivoca usted! Estoy asombrado oyendola decir eso -replico Darcy, aunque estaba bastante seguro de cual era la fuente del descontento de la muchacha-. ?A quien se refiere usted?

– A la senorita Elizabeth Bennet -confeso ella-. Detecte su falta de sinceridad en Netherfield y su comportamiento aqui esta noche solo confirma la verdad. -La senorita Bingley sacudio la cabeza con pesar. Luego, despues de haber lanzado su dardo, se disculpo, agarro el brazo de un joven vestido con lo que se consideraba localmente como el ultimo grito de la moda y le pidio que la acompanara hasta el otro lado del salon. Cuando se alejaron, Darcy la oyo exclamar algo sobre la corbata del joven y aconsejarle que hablara con el ayuda de camara de su hermano acerca de la manera adecuada de ponersela.

Tan pronto como la senorita Bingley le dio la espalda, Darcy dejo de fruncir el ceno y se llevo la taza a los labios para disimular la sonrisa ironica que habia ocultado mediante aquel gesto y que ya no podia esconder por mas tiempo. Elizabeth Bennet, ?celosa! ?Que maravilla! Darcy sacudio la cabeza y, continuando con la farsa, le dio un sorbo al te, que ya se habia enfriado. Enseguida deseo no haberlo hecho. Al mirar a su alrededor para buscar con desesperacion una servilleta, no encontro ninguna y se vio obligado a tragar el desagradable liquido. Para remediarlo, le dio un rapido mordisco a otro dulce y abandono la taza en la mesa mas cercana.

Un golpecito en el brazo le hizo dar media vuelta para descubrir a su anfitrion, que le ofrecia un vaso de jerez y lo miraba con simpatia.

– No es usted muy aficionado al te, ?o si, senor Darcy? -Darcy tomo el jerez e hizo una pequena inclinacion para expresar su gratitud y su acuerdo-. Yo no lo toco a menos que tenga mucho azucar y leche. Si no es asi… ?me parece una cosa espantosa! Cuando oi que los americanos arrojaron al puerto hace muchos anos un cargamento entero de te, supe que las colonias estaban perdidas. ?Un grupo de personas con tanto sentido comun seria muy dificil de controlar en lo que fuera que decidieran hacer!

Darcy no pudo evitar sonreir al ver el buen humor del squire. Penso entonces que tal vez seria conveniente revisar la opinion tan despectiva que tenia de esos hombres y su funcion en el Imperio.

– Y hablando de gente con sentido comun, aqui viene un buen ejemplo. -El squire hizo un gesto con el vaso-. ?Le han presentado ya a la senorita Bennet? ?La senorita Elizabeth Bennet?

Darcy siguio el gesto del squire y vio a la dama en cuestion, que estaba pasando frente a ellos en ese momento, del brazo de la hija mas joven del squire. La acompanante de la senorita Elizabeth abrazaba lo que parecia un pequeno trozo de bordado, una muestra, tal vez. Agacho la cabeza con timidez, mientras Elizabeth la hacia sentar con suavidad y le aseguro que era «absolutamente encantadora» antes de llamar a algunos de los que estaban cerca diciendo:

– Vengan a ver la muestra de Fanny para la exhibicion de bordados de Meryton. -Varias exclamaciones de admiracion y reconocimiento se oyeron en el grupo, mientras la muestra de bordado era examinada y elogiada. Darcy observo mientras Elizabeth llamaba la atencion de los demas hacia la sutileza del diseno y luego se retiraba discretamente, dejando a la joven en el centro del grupo, sonrojada y feliz. La senorita Elizabeth se detuvo a cierta distancia y Darcy pudo verla contemplando el resultado de su obra. Con una sonrisa de satisfaccion, dio media vuelta y se reunio con la senorita Lucas, justo al otro lado de donde estaban Darcy y el squire.

La imagen de Elizabeth Bennet mientras se inclinaba sobre la hija del squire ofreciendole su aprobacion y apoyo habia sido la representacion misma de la bondad y Darcy contuvo la respiracion por la dicha de poder contemplarla. La gracia natural de su figura, inclinada en una actitud de dulce preocupacion por una chiquilla timida, toco dentro de el una fibra que desafio con facilidad la servil atencion y los estudiados halagos de aquellos que eran cuatro veces mas importantes que la senorita Bennet. Su actitud no habia sido una pose, como solia suceder con tanta frecuencia entre las mujeres de Londres. La encantadora actitud de la muchacha dejo ver que su unico proposito habia sido complacer a la chiquilla y, tal vez, a sus padres.

– ?Senor Darcy? Perdoneme, ?senor Darcy? -La voz del squire, que expresaba una mezcla de preocupacion y complacencia, penetro a traves de la conciencia de Darcy. Parpadeo unas cuantas veces y solto el aire de una manera que se podria tomar como un suspiro-. ?Tal vez le gustaria tomar un poco de jerez, senor Darcy? Ah, si. -El squire espero mientras el caballero se bebia casi de un solo trago todo el contenido del vaso-. Lizzy Bennet es tan autentica como parece. No emplea ningun artificio y, como siempre digo, goza de un buen sentido poco comun, todo envuelto en un paquete tan hermoso como podria desearse, ?no le parece?

Mientras que el squire divagaba, Darcy podia sentir en su cuerpo la mortificacion por lo que habia ocurrido. Ya era suficiente con la confusion que le causaba la creciente fascinacion que sentia por ella, pero el hecho de que fuera tan evidente para los demas era intolerable. Al poco tiempo de entrar en la vida social, su naturaleza reservada le granjeo la reputacion de ser orgulloso, y en esos primeros dias el habia permitido que eso le sirviera de escudo. Ultimamente, de acuerdo con Bingley, aquello se habia transformado en una armadura. Escudo o armadura, la verdad es que ahora no le estaba funcionando. Haciendo un esfuerzo, Darcy apelo a sus antiguas costumbres y le respondio al squire con una voz friamente contenida:

– No puedo tener ninguna opinion sobre eso, senor. Y ahora, si usted tiene la bondad de disculparme… -Haciendo una rapida inclinacion, se alejo, mientras el squire lo observaba, con las cejas levantadas por la sorpresa.

La expresion impenetrable de Darcy disuadio a todos los que se cruzaban en su camino de tratar de entablar conversacion con el. Encontro un sillon solitario que tenia una buena perspectiva sobre la mayor parte del salon y, sentandose, trato de recuperar la tranquilidad. Se sentia atraido por ella, eso era indiscutible. Sin embargo, tambien era cierto que Elizabeth Bennet no habia aprovechado ninguna oportunidad de acercarsele despues de la cena. Durante unos angustiosos momentos, Darcy contemplo la desconcertante posibilidad de que simplemente ella no estuviera interesada en el. Si fuera asi, seria una experiencia singular. Desde el dia en que su tio lo presento en los sagrados salones de Almack, vivia asediado por arrogantes matronas celestinas que lo cortejaban, y por los esposos de estas, que lo atendian con la esperanza de que el tirara el panuelo en el camino de sus hijas. De hecho, hasta aquel viaje a Hertfordshire, no podia recordar a una sola mujer en edad casadera que no hubiese modulado sus palabras tratando de buscar su aprobacion o de atraparlo en matrimonio. La ilusoria idea de que la senorita Elizabeth Bennet no sintiera ningun interes por el fue rapidamente desechada. El breve y poco satisfactorio intercambio que habian tenido antes de la cena lo animaba a creer que habia escapado de la categoria en la cual habia sido colocada la senorita Bingley. Sin embargo, a pesar de que la idea de no ser objeto de burla por parte de la senorita Bennet fue recibida con ecuanimidad por Darcy, tenia que reconocer que el hecho de que ahora lo ignorara, equiparandolo con un mueble, heria su orgullo.

Reunidos alrededor de un sofa cerca de donde estaba Darcy, unos cuantos oficiales, que estaban enzarzados en una ruidosa discusion, lanzaron de repente una llamada para que viniera una dama que sirviera de arbitro en un asunto muy enojoso. Darcy observo con disimulo como la opinion del salon sobre quien seria el arbitro mas adecuado entre las damas primero oscilo y luego se convirtio en un coro que reclamaba la presencia de la senorita Elizabeth Bennet. Con una graciosa mezcla de tolerancia y modestia, la muchacha paso frente a Darcy rumbo al puesto de juez que los oficiales habian despejado para ella. Una pequena oleada de su perfume llego hasta el mientras pasaba, y se sintio atrapado por el suave susurro de su vestido. En ese momento, sin tener totalmente claro por que deberia importar lo que ella pensara de el, o cual era su objetivo final, Darcy se propuso disenar un plan para conseguir la atencion de la muchacha. La razon protesto brevemente, pero la puerta estaba abierta, el camino parecia irresistible y la imaginacion de Darcy fue mas alla, deslizandose hacia los misterios de una mujer cuyos encantos le resultaban cada vez mas perturbadores.


Capitulo 5

<p id="_Toc237585042">Capitulo 5</p> Saber mas de ella

Algunos dias despues de la cena en casa del squire, Darcy atraveso rapidamente el corredor hasta la alcoba de su amigo y golpeo en la puerta. Enseguida se oyo, detras de la gran puerta de cedro, el ruido de un tropezon, seguido de una leontina o un reloj que se caia al suelo.

– Es inutil -oyo que le grunia Bingley a su ayuda de camara-. Abre la puerta, hazlo entrar y ?terminemos con esto!

La puerta se abrio girando sobre los goznes, ayudada por la punta de la fusta de Darcy.

– ?Has comido ya algo al menos, Bingley? -Darcy suspiro al ver la confusion que reinaba tanto en la habitacion como en el semblante de su amigo-. Dijiste «en la montura a las nueve en punto», ?o acaso me equivoco?

Bingley olfateo con ilusion el delicioso desayuno de jamon, lonchas de tocino, huevos y un surtido de bizcochos que reposaba sobre una bandeja en el vestidor, esperando a ser probado. Sintio que el olor que flotaba hacia el a traves de la puerta abierta lo enloquecia.

– No puedo entender que locura se apodero de mi para concertar una cita a una hora tan temprana -se quejo, al tiempo que el reloj de la habitacion daba las nueve-. Tu sabes como me disgusta el aire de la manana. ?Excesivamente humedo! -Bingley continuo vistiendose, mientras le lanzaba miradas a Darcy, que todavia estaba parado en la puerta, dandose golpecitos con la fusta sobre la palma de la mano enguantada-. Si has venido a sermonearme, te prometo que tendras suficiente tiempo para hacerlo a conciencia -dijo Bingley con voz desesperada-, porque ?necesito comer algo! -Y, diciendo esto, se dirigio al vestidor apresuradamente, directo hacia la bandeja del desayuno. Darcy siguio a Bingley hasta la salita, tomo una silla y la acerco a la mesa, que crujia bajo el peso de los recipientes de plata. Como habia desayunado hacia mas de una hora, nego con la cabeza cuando Bingley le ofrecio compartir aquellos manjares y comenzo a quitarse los guantes.

– ?Sermonearte? ?Traigo una cara tan seria como para que pienses semejante cosa? -Al ver el gesto de asentimiento de Bingley, Darcy se dio unos golpecitos en la rodilla con los guantes y se dejo caer en la silla.

– ?Te juro que estaba esperando una gran reprimenda sobre la falta de puntualidad, los riesgos de tener esperando a unos buenos caballos, la incapacidad de cumplir promesas y cualquier otro defecto de mi caracter que pudieras criticar! -se aventuro a decir Bingley, entre un bocado de jamon y un sorbo de te-. ?Estas seguro de que no quieres tomar nada? -volvio a ofrecer.

– No, nada -murmuro Darcy, concentrandose en examinar sus guantes-. Aunque todo lo que acabas de decir es cierto -anadio, mirando a su amigo con el ceno fruncido, en senal de reproche. Rapidamente fue recompensado con el golpe de un terron de azucar en la frente.

– ?Ves? Yo sabia que no ibas a poder resistir la tentacion de soltarme un sermon, aunque esta vez ha sido indulgentemente breve, hay que admitirlo. Dime, ?tu padre tambien es tu modelo en esto, como en todo lo demas, o has perfeccionado tu solito ese imponente gesto de severidad?

– Es una creacion mia, Bingley, parte esencial de esa armadura que dices que me pongo encima y que, a proposito, resulta extremadamente util. Y bien, ?has terminado ya y podemos comenzar ese recorrido que anoche tenias tantos deseos de hacer?

Bingley asintio vigorosamente, pues tenia la boca llena de tostadas y jamon. Despues de limpiarse los dedos pegajosos en una servilleta de lino color crema, se levanto de la mesa.

– Su obediente servidor, senor -pronuncio, inclinandose ante Darcy con humildad.

– ?Ojala eso fuera cierto! Agarra tus cosas; la manana es hermosisima y estoy ansioso por dar una buena galopada. -Y, diciendo esto, Darcy salio de la estancia, dejando a Bingley atras.

Tan pronto vio aparecer a Darcy en el patio del establo, el mozo de cuadra trajo a Nelson hasta el montador, pero le costo trabajo mantenerlo alli cuando el enorme animal color azabache percibio la cercania de su amo. Movio las orejas hacia delante y, girando su enorme grupa para quedar frente al arco de la entrada, arrastro al mozo con el cuando avanzo al oir el sonido de las botas de Darcy sobre el suelo adoquinado.

– ?Nelson, no seas tan brusco! ?Deja de arrastrar a ese pobre muchacho! -Darcy trato, sin exito, de mirar severamente a su caballo, que estaba demasiado ocupado relinchando a modo de saludo, como para preocuparse por el bienestar del mozo. Estiro la mano para tomar las riendas-. Ven, damelas. Me temo que nunca vas a poder hacerlo retroceder. -Feliz de entregar las riendas, el mozo se las paso a Darcy y dio un paso atras.

Bajo la direccion de su amo, Nelson permitio que lo llevaran nuevamente al montador en donde Darcy se subio a la silla con destreza, agarrando las riendas con fuerza. Se sintio tentado a lanzarse al galope y dejar que Bingley lo alcanzara despues. Pero decidio obligar a Nelson a describir un ocho en el espacio del patio del establo, primero al trote y luego a medio galope, lo cual exigio la plena atencion del animal a sus ordenes.

– Ansioso -dijo Darcy mientras indicaba a Nelson que debia cambiar de direccion para continuar la figura. Asi le habia descrito a Bingley su estado de animo y la palabra lo reflejaba perfectamente. Desde la velada en casa del squire, todo su ser, cuerpo y alma, parecia poseido por un estado de perturbacion emocional. La causa de su inquietud no era ningun misterio. No obstante, el objeto mismo de la inquietud no era otra cosa que un misterio, cuyo atractivo le resultaba dificil de ignorar.

Las ultimas dos veladas habian transcurrido en presencia de la senorita Elizabeth Bennet, aunque no estrictamente en su compania. La informacion de Bingley habia sido correcta, y Darcy recordo la inesperada felicidad que sintio al confirmar la asistencia de la muchacha en las dos ocasiones. Habia requerido de una prodigiosa concentracion para situarse lo suficientemente cerca como para alcanzar a oir sus conversaciones, al mismo tiempo que cumplia con sus propias obligaciones sociales, sin llamar la atencion de la muchacha o atraer la curiosidad de los demas.

Darcy sintio la tension de Nelson, que esperaba su senal a medida que se acercaban al punto en que habia que cambiar de direccion para completar la figura. Se inclino un poco hacia la izquierda, presionando ligeramente con la rodilla, cuando un movimiento de la cabeza de Nelson le comunico la disconformidad del animal con aquel ejercicio tan disciplinado. Una vez, poco despues de que el caballo comenzara a usar el freno y la brida, Darcy lo llevo a campo abierto en Pemberley, ansioso por ver lo que el animal podia hacer. La maravillosa vista que tenian ante ellos los excito a los dos, caballo y jinete, y antes de que Darcy se diera cuenta, Nelson tenia el freno entre los dientes y estaban galopando por el campo, las zanjas y las cercas, de una manera que habia fascinado y aterrorizado al jinete al mismo tiempo. Los dos sobrevivieron al arriesgado paseo solo con unos cuantos rasgunos, y durante el resto del entrenamiento de Nelson, Darcy se encargo de que nunca volviera a ocurrir algo como eso; sin embargo, todavia no habia olvidado el cumulo de emociones que lo habian abrumado en ese momento.

?Emocionante… pero aterrador!, recordo Darcy, mientras hacia que la poderosa bestia que montaba frenara en seco, justo en el centro del ocho. Esas emociones parecian haber resucitado recientemente en su pecho, pero esta vez su causa no representaba una amenaza para el cuerpo. Darcy se inclino sobre el cuello de Nelson, acariciando los poderosos musculos con aprobacion y afecto. No, el peligro que representa la joven esta dirigido al corazon… a tu alma misma, reconocio para sus adentros. No es menos emocionante -se detuvo un momento, dirigiendo la mirada a los campos hacia Longbourn-, pero ciertamente tampoco es menos aterrador. Senorita Elizabeth Bennet, ?que ha provocado usted?

El saludo de su amigo interrumpio la ensonacion de Darcy, que se dio la vuelta y agito la fusta a modo de respuesta.

– ?Ya era hora de que aparecieras, Bingley! ?Te ha entretenido un perverso huevo pasado por agua?

– ?He sido entretenido por una hermana insistente, mas bien! Caroline queria asegurarse de nuestra intencion de cenar con el coronel Forster y sus oficiales el lunes proximo. Dijo que estaba obligada a invitar a alguien a cenar y queria evitarnos los inconvenientes de atender a los invitados.

Bingley se encogio de hombros y Darcy le respondio de la misma forma; luego le ordeno que montara rapidamente y se reuniera con el frente a la mansion. Llevando a Nelson al trote rapido, dejo atras el patio del establo y lo contuvo cuando llegaron hasta el sendero de la entrada. Ya no hay tiempo para excusas, se dijo a si mismo. Te exijo que le hables en la casa de sir William, esta misma noche. Darcy echo los hombros hacia atras, pero luego se mordio el labio inferior y levanto los ojos hacia el claro cielo de la manana. ?Y que Dios te ayude!


– Su chaqueta, senor. -Fletcher coloco cuidadosamente sobre los hombros de Darcy la prenda hecha a medida y luego tiro de ella desde el frente para ajustarla. Dio un paso hacia atras y examino la apariencia de su amo con un ojo critico que no habia permitido ninguna imperfeccion en su vestimenta durante los ultimos siete anos. Darcy espero el veredicto con una mezcla de impaciencia y aprension. Es posible que no hubiese traido al campo su ropa mas elegante y a la moda, penso mientras el ayuda de camara caminaba a su alrededor como si el fuera una obra de arte, pero para la reunion de los Lucas deseaba parecer lo mas distinguido posible-. Muy bien, senor. «Como un rey» -concluyo Fletcher. Darcy asintio con la cabeza.

Bingley se reunio con el en el vestibulo, y estaba tan ansioso que los ojos le brillaban.

– ?Que bien, ya estas aqui y preparado! Les adverti a mis hermanas que se pueden retrasar todo lo que quieran, pero que nosotros salimos en diez minutos. -Estiro el brazo con gesto desdenoso hacia la escalera-. Se pueden ir todos en el coche de los Hurst, ?si quieren llegar tarde! -Comenzo a ponerse los guantes, esperando a que llegara un criado con sus abrigos. Darcy avanzo hacia la puerta cuando oyo ruido de cascos sobre la gravilla y el fuerte golpeteo de los arneses.

– El carruaje, Bingley. ?Acaso quieres irte…?

– Inmediatamente, Darcy. ?Que suerte, no hay ninguna hermana a la vista! ?Date prisa, hombre! -Con una risita de complicidad, Darcy se puso rapidamente el abrigo y agarro el sombrero y los guantes.

Bingley bajo corriendo las escaleras y salto al coche con Darcy pisandole los talones.

– ?Adelante! -grito Bingley. Le arranco la puerta de las manos al lacayo, cerrandola de un golpe y luego se desplomo sobre el asiento, frente a su amigo.

– A la senorita Bingley no le va a gustar que la hayas dejado para que se vaya con los Hurst -observo Darcy, mientras el carruaje se alejaba con rapidez.

– Cierto -respondio Bingley, acomodandose sobre los cojines-. Lo mismo que a mi no me gusto que haya invitado a la senorita Bennet a cenar en Netherfield, ?una noche en que estaba segura de que yo estaria ausente! ?Recuerdas por que me retrase en llegar al establo esta manana? Pues bien, la invitada a la cual mi hermana quiere evitarme el «inconveniente» de atender es la senorita Bennet. ?Si yo no hubiese descubierto la verdad por pura casualidad, la senorita Bennet habria venido y se habria ido sin que yo me enterara siquiera!

– Tal vez tu hermana solo quiere entablar una amistad con la senorita Bennet independientemente de ti -sugirio Darcy, mientras se obligaba a mantener un gesto indiferente que no dejara traslucir las dudas que tenia sobre las intenciones de la senorita Bingley. Su amigo se limito a mirarle con escepticismo.

El resto del viaje transcurrio placenteramente, entre recuerdos de su paseo por Netherfield durante la manana. Hablaron de diversos planes que incluian tierras cultivadas, zanjas limpias, estanques abastecidos, cercas arregladas y mucho ganado nuevo. Al llegar a la entrada de la propiedad de los Lucas, Netherfield ya era un verdadero paraiso. Cuando el coche dejo atras las columnas de piedra, la conversacion fue decayendo y los dos hombres sintieron descender sobre ellos un silencio incomodo, que se fue haciendo mas profundo a medida que se acercaban a su destino.

La efusiva bienvenida de sir William fue aceptada por los dos caballeros con aplomo. Darcy dejo que Bingley dijera, en nombre de los dos, todo lo apropiado, mientras echaba una discreta ojeada al salon. Despues de presentar sus respetos formales, acompano a Bingley al salon, pero, de repente, cambio de rumbo cuando vio que el lugar al que su amigo se dirigia era una mesa que habia en una salita contigua. Alli, las dos hermanas Bennet mayores y otras cuantas jovencitas estaban reunidas alrededor de la senorita Lucas mientras esta hacia una demostracion de tecnicas de pintura en porcelana, una moda que habia causado furor entre la alta sociedad hacia un ano, recordo Darcy, pero que ahora era considerada obsoleta en Londres. Antes de que Bingley pudiera hacer su reverencia, fue rodeado por un arco iris de muselinas. Darcy miro hacia otro lado, frunciendo el ceno al pensar en lo cerca que habia estado de no poder escapar a la multitud de damas que ahora le pedian a su amigo que opinara sobre el arte de la senorita Lucas. Durante unos minutos aparento mirar por una ventana cercana que ofrecia una excelente perspectiva del parque, antes de que la conciencia lo obligara a mirar hacia atras, hacia su asediado amigo, y entonces vio a Bingley con una sonrisa beatifica en el rostro y la situacion totalmente bajo control.

Un subito murmullo entre las damas puso punto final a su reflexion sobre las sorprendentes habilidades de Bingley y llamo su atencion hacia una muchacha en particular. Con los ojos entrecerrados por la risa, la senorita Elizabeth habia tomado asiento al lado de su amiga. Darcy la observo cautivado, mientras la joven elegia una pequena pieza de porcelana, la levantaba para examinarla y luego, con un gesto de picardia, mojaba el pincel en la pintura y aplicaba varias pinceladas gruesas. Rapidamente abandono el primer pincel por uno nuevo, que introdujo en otro color, y aplico otras cuantas pinceladas con el mismo desparpajo del principio. El grupo que la rodeaba estallo en exclamaciones y risas cuando la senorita Elizabeth puso la pieza en la mesa para la inspeccion de todo el mundo.

– Mira, Charlotte, esta es la mejor muestra de mi talento para la pintura en porcelana. Te autorizo a quemarla o disponer de la pieza como desees. ?Quien sigue? -Elizabeth le entrego el pincel a un ansioso joven, dejo libre la silla que ocupaba y le hizo una rapida inclinacion al grupo-. Y ahora, si tienen la bondad de excusarme… -Esbozo una sonrisa y salio hacia donde se encontraba Darcy. El giro la cabeza enseguida, fingiendo indiferencia al ver que ella se acercaba.

Darcy percibio, mas que vio, como paso junto a el. Un curioso pero delicioso cosquilleo lo recorrio de arriba abajo al sentir la fugaz cercania de la muchacha, como si el calor de ella flotara a su alrededor, acariciandolo. El caballero se quedo mirandola hipnotizado, y se le formo un nudo en el estomago al ver que ella se detenia a solo unos metros de el para contemplar el panorama.

Darcy se movio, aunque de manera involuntaria, porque Elizabeth se volvio de repente hacia el, con una actitud de sorpresa, demostrando que antes no lo habia visto.

Antes de que el pudiera apreciar bien el rubor que coloreo las mejillas de la muchacha, ella le hizo una reverencia.

– ?Senor Darcy! Por favor, perdoneme.

– Senorita Bennet. -Darcy la saludo con una inclinacion rapida y enseguida se alejo. Casi tropieza con la senorita Bingley, que entraba en ese momento en el salon.

– ?Senor Darcy! -murmuro-. Por favor, ?digame que no esta usted a punto de marcharse! Dependo de usted, senor, para que me rescate del terrible aburrimiento que, con seguridad, me atormentara en cualquier momento, si es que no lo ha hecho ya. -La senorita Bingley se apodero del brazo de Darcy, aunque este no se lo habia ofrecido, y exigio que dieran una vuelta alrededor del salon-. ?Ha sido muy malvado por su parte y por la de mi hermano haber venido solos! Me senti totalmente desolada -agrego, y luego hizo un puchero mientras paseaban por el salon.

Aunque la senorita Bingley caminaba muy despacio, rapidamente llegaron hasta el grupo que estaba en el saloncito.

– Ah, mire, Darcy, ?estan pintando en porcelana! ?Que anticuado! -se rio de manera despectiva, sin molestarse en bajar la voz-. Ya nadie pinta en porcelana. ?Nadie en Londres aceptaria hacerlo! -Darcy se dio cuenta de que, a pesar de que tenia que admitir que la senorita Bingley tenia razon en su observacion, no podia compartir con ella la actitud burlona y deseo que su acompanante no hubiese exhibido su desprecio de manera tan publica.

Agradecido por haber completado por fin el recorrido del salon, Darcy dejo a la senorita Bingley entregada a las gentilezas de su anfitrion. Al ver sobre las mesas una jarra de cafe fuerte y caliente, acepto una taza y fue a colocarse junto a la enorme chimenea, cuya magnifica talla en piedra dominaba el salon. Se recosto contra la piedra y trato de aliviar la tension poniendoles nombres a las caras que lo rodeaban, pero se dio cuenta de que no podia evitar que sus ojos buscaran a Elizabeth Bennet.

?Alli esta! Rodeada por un grupo de oficiales. Darcy sintio que la tension de su pecho aumentaba. Ya se retira del grupo y va en busca de… ah, si, la inestimable senorita Lucas. Darcy tenia razones para pensar bien de la senorita Lucas, amiga y confidente de Elizabeth. Sus conversaciones con la senorita Bennet habian sido las mas instructivas sobre el caracter y los intereses de esta ultima, convirtiendolas en algo que merecia la pena oir. Darcy habia atesorado con creciente interes cada fragmento de ellas, como si estuviera reuniendo las piezas del misterio de su fascinacion por ella.

Las damas estaban inmersas en una animada conversacion con el coronel Forster, que parecia encontrarse muy a gusto con ambas. Darcy dejo la taza sobre una mesa y se coloco discretamente en un lugar donde pudiera oir lo que decian. Esta vez, sin embargo, el contenido de la charla fue un poco decepcionante: una campana para organizar un baile militar que cualquier dama del salon podria llevar a cabo. El coronel capitulo con elegancia, las damas le dieron las gracias, le hicieron una reverencia y siguieron su camino, con las cabezas muy juntas, intercambiando confidencias.

De repente, Elizabeth puso una mano sobre el brazo de su amiga y dirigio delicadamente su atencion hacia el otro lado del salon. Darcy siguio la direccion de su mirada y, con un poco de disgusto, vio a Bingley y a la hermana mayor de la senorita Bennet, conversando en voz baja en un saloncito retirado. Esto no habia pasado inadvertido a otras personas. Darcy pudo ver que la senorita Bingley estaba observando a su hermano con una molesta expresion y luego le lanzo una mirada a el, como exigiendole que hiciera algo. Con renuencia, Darcy comenzo a atravesar el salon.

– ?No cree usted, senor Darcy, que he actuado correctamente hace un momento, al insistir al coronel Forster en que ofreciese un baile en Meryton? -Darcy se detuvo, asombrado, al tiempo que Elizabeth se daba la vuelta y le dedicaba una sonrisa insolente, con la que acompano su impertinente pregunta.

Durante unos segundos que parecieron eternos, Darcy penso que no iba a poder recuperar el uso de sus facultades. Se quedo paralizado, mientras su mente se afanaba, infructuosamente, por encontrar el tipo de respuesta que exigia una pregunta semejante.

– Con gran energia; pero ese es un tema que siempre llena de energia a las mujeres -contesto con una frialdad que era la antitesis del cumulo de emociones que se agitaban en su pecho.

Los ojos de Elizabeth brillaron al oir la respuesta y, con la barbilla ligeramente levantada, dijo:

– Es usted severo con nosotras. -La acusacion quedo flotando en el aire y parecio electrizar, de una manera que resultaba a la vez alarmante y embriagadora, la distancia que habia entre ellos. Darcy supo enseguida que ella se referia a algo mas que su inocua observacion. Las palabras que habia pronunciado durante su primer encuentro no habian sido olvidadas. Era hora de presentar sus disculpas. Respiro profundo para calmarse.

– Ahora me toca insistirte a ti -intervino con cierta inquietud la senorita Lucas, tratando de disipar el antagonismo entre su amiga y el distinguido invitado de su padre-. Voy a abrir el piano y ya sabes lo que sigue, Eliza. -La chispa de desafio en los ojos de Elizabeth se convirtio en una actitud de genuina contrariedad, de la que parecia invitar a participar a Darcy, mientras cedia a la advertencia tacita de su amiga.

– ?Que clase de amiga eres? ?Siempre quieres que cante y toque delante de todo el mundo! Si Dios me hubiese llamado por el camino de la musica, serias una amiga de incalculable valor. -Hizo una pausa y se volvio hacia Darcy-. Pero como no es asi, preferiria no tocar delante de gente que debe de estar acostumbrada a escuchar a los mejores musicos.

– ?Lizzy! -exclamo la senorita Lucas, con un tono de angustia-. ?Por favor, ten la bondad de complacerme!

– Muy bien. -Elizabeth suspiro con encantadora reticencia-. Si asi debe ser, que asi sea. -Levanto el rostro con una expresion de frialdad que respondio a la intensa mirada de Darcy-. Hay un viejo refran que aqui todo el mundo conoce muy bien: «Guarda el aire para enfriar la sopa», asi que yo lo guardare para mi cancion.

Y diciendo esto, dio media vuelta en compania de su amiga que, aliviada, abrio el piano que estaba frente a una inmensa ventana, tal como habia anunciado. El instrumento brillo a la luz de las velas. Elizabeth tomo asiento ante el. Los otros invitados se acercaron, pero Darcy se echo hacia atras, en busca de un poco de privacidad para recuperar la compostura y evaluar lo que acababa de pasar entre el y la intrigante Elizabeth Bennet.

Indudablemente, hubo una cierta tension, admitio, pero con seguridad sus palabras finales han sido toda una provocacion. Darcy se contento al pensarlo. Estaba seguro de que ella deseaba una disculpa. Pero ?acaso se estaria enganando al creer que la muchacha estaria abierta a otras posibilidades, despues de recibir sus excusas?

Sus pensamientos fueron interrumpidos por las primeras notas de una cancioncilla popular, que vibraron delicadamente a traves del salon. Darcy reconocio enseguida que se trataba de una pieza que su hermana habia estado practicando antes del desdichado incidente del verano anterior. La familiaridad de la tonada atrajo su curiosidad y lo hizo acercarse para buscar un lugar desde el cual pudiera observar a la dama sin ser visto. Tras descubrir un punto que le ofrecia una buena perspectiva del perfil de la muchacha, Darcy se sento sin hacer ruido.

Desde el punto de vista tecnico, la actuacion de la senorita Elizabeth no fue la mejor, pero su interpretacion transmitio una alegria y una emocion impresionantes. Luego, cuando la muchacha unio su voz a la musica, Darcy se mostro encantado. Con creciente placer, se rindio al esplendido timbre de su voz, mientras este penetraba sus sentidos. La melancolica suplica de la cancion y la tierna expresion que caracterizaba los rasgos de Elizabeth al cantar despertaron dentro de el unos sentimientos jamas experimentados, tan profundos, que se extendieron rapidamente por todo su ser. Darcy se inclino hacia delante, con intencion de no perder ningun matiz, y agarro con fuerza el brazo de la silla. Era lo unico que podia hacer para permanecer sentado, pues sentia una urgente necesidad de acercarse. Se imagino inclinandose sobre ella, estirando el brazo para darle la vuelta a la partitura… y penso en su calidez y el aroma a lavanda.

Darcy no supo en que momento sono la ultima nota de la tonada, pues estaba perdido en el hechizo que habia entretejido la melodia, unida a sus fantasias. La oleada de aplausos que recorrio el salon lo volvio a traer al momento presente, pero esta se desvanecio antes de que el pudiera sumarse a la ovacion. Los gritos de «otra, senorita Elizabeth» fueron lo suficientemente insistentes como para detener a la dama cuando se levantaba de su lugar frente al instrumento. Una encantadora sonrisa revelo un dulce hoyuelo, al tiempo que ella accedia a la peticion general y retomaba su lugar. Darcy no pudo evitar soltar un suspiro de satisfaccion cuando la dama volvio a poner los dedos sobre las teclas.

Su segunda eleccion fue, como la primera, elegante en su sencillez, pero esta poseia una alegria de vivir y amar que contrastaba con la anterior. Darcy sintio que una sonrisa se asomaba a su rostro; una sonrisa que no le hubiera gustado explicar si alguien la hubiese visto, pues su origen era tan privado que el mismo no estaba seguro de su significado. Esta vez se mantuvo alerta y, cuando la cancion termino, se sumo al aplauso general. Elizabeth volvio a levantarse de su lugar ante el piano y esta vez no se dejo persuadir de regresar. Se retiro rapidamente para dejarle el puesto libre a otro y comenzo a caminar por entre el publico, aceptando los elogios de sus vecinos y amigos con la mas encantadora falta de vanidad, segun le parecio a Darcy.

La actuacion de Elizabeth fue seguida por un concierto impecablemente interpretado por otra de las hermanas Bennet, pero al cual le faltaba la soltura e inspiracion que habia en la seleccion mas sencilla de su hermana. Darcy se levanto de su lugar en medio del concierto, con la esperanza de ver a la senorita Elizabeth Bennet o de reunirse con Bingley antes de que lo encontraran sus hermanas. Pero antes de conseguir cualquiera de los dos objetivos, el concierto termino y una tonada escocesa puso a bailar a varios de los jovenes en un extremo del salon. La estridencia de la pieza y el ruido producido por el golpeteo de las botas hacian imposible sostener conversacion alguna. Darcy se quedo parado en medio de una silenciosa indignacion, pues sus expectativas de tener un nuevo intercambio con la senorita Bennet, o con cualquier otra persona, en todo caso, acababan de morir, aplastadas por los pasos de una danza popular escocesa.

– ?Que encantadora diversion para la juventud, senor Darcy! -Darcy se volvio hacia su anfitrion, que habia aparecido de repente junto a el, y observo a sir William con una mirada de hastio. Sir William siguio insistiendo en el mismo tema, sin darse cuenta de que su invitado no parecia estar de acuerdo-: Mirandolo bien; no hay nada como el baile. Lo considero uno de los mejores refinamientos de las sociedades mas distinguidas.

– Ciertamente, senor -respondio Darcy, que no pudo evitar la tentacion de recurrir al sarcasmo-, y tambien tiene la ventaja de estar de moda entre las sociedades menos distinguidas del mundo. Todos los salvajes bailan.

Si sir William noto el tono de Darcy, decidio no ofenderse y se limito a sonreir.

– Su amigo, el senor Bingley, baila maravillosamente, y no dudo, senor Darcy, que usted mismo sea un experto en la materia.

– Usted me vio bailar en Meryton, creo, senor -respondio Darcy, sin deseos de comentar sus habilidades en una actividad que poco le atraia.

– Desde luego que si, y me causo un gran placer verle. -El hecho de que sir William elogiara sus habilidades para el baile hizo que Darcy se preguntara si el hombre necesitaba unos lentes, ademas de un poco de sentido comun-. ?Baila usted a menudo en St. James?

Darcy casi se estremecio al pensarlo.

– Nunca, senor.

– ?Acaso cree que seria irrespetuoso bailar en ese lugar? -Sir William hizo la pregunta con toda seriedad. Los anos de entrenamiento de Darcy le permitieron permanecer inmovil mientras cada uno de los nervios de su cuerpo clamaba por dejar de participar en una de las conversaciones mas tontas que habia tenido en la vida.

– Es una actividad que nunca practico en ningun lugar, si puedo evitarlo. -Bueno, ?Darcy no podia ser mas parco que eso!

Evidentemente, sir William ya habia agotado sus comentarios sobre el baile, porque, de inmediato, inicio una nueva estrategia en su esfuerzo por continuar conversando con su distinguido invitado, en el intercambio de opiniones mas largo que se le habia visto hasta el momento.

– Creo que tiene una casa en la capital.

Darcy hizo una inclinacion, confirmando las palabras de sir William, y rogo que su silencio animara al anfitrion a ir a entretener con su conversacion al resto de sus invitados.

– Alguna vez pense en fijar mi residencia en la ciudad, porque me encanta la alta sociedad -confeso-, pero no estaba seguro de que el aire de Londres le sentara bien a lady Lucas.

Darcy decidio no comentar sus opiniones sobre el aire de Londres o su conveniencia para lady Lucas, con la esperanza de acabar de esa manera con la interminable charla. No obstante, una sonrisa bondadosa aparecio de repente en el rostro de sir William.

– Mi querida senorita Eliza, ?por que no esta bailando?

Darcy se dio la vuelta con rapidez, a tiempo para alcanzar a ver la expresion de total confusion y no poca alarma que se reflejo en el rostro de la dama. No obstante, las dos emociones fueron rapidamente enmascaradas y reemplazadas, cuando ella se atrevio a mirarlo a la cara con una apariencia de indiferente cortesia.

– Senor Darcy, permitame que le presente a esta joven que puede ser una excelente pareja. Estoy seguro de que no podra negarse a bailar cuando tiene ante usted tanta belleza. -Amparado en la familiaridad que le permitia el hecho de conocerse desde hacia mucho tiempo, sir William se apodero de la mano de Elizabeth y se dio la vuelta para pasarsela amablemente a Darcy. La oportunidad de sostener la mano de ella entre las suyas y repetir ese contacto a traves de un acto formal era una tentacion a la que Darcy, aunque estaba sorprendido por su buena fortuna, se inclinaba a sucumbir. Dio un paso al frente, pero antes de que pudiera asegurarle a ella su buena disposicion, la muchacha retiro la mano.

– Le aseguro, senor, que no tenia la menor intencion de bailar -se apresuro a informarle a sir William la senorita Elizabeth-. Le ruego que no suponga que he venido hasta aqui para buscar pareja. -Darcy sintio el temor que experimentaba la muchacha de ser presentada otra vez ante el solo para sufrir otro rechazo.

– Senorita Bennet -la interrumpio Darcy, acudiendo a toda la formalidad de que era capaz-, me sentiria inmensamente agradecido si usted me permitiera el honor de concederme un baile. -La expresion de la muchacha le dejo ver claramente que no creia que estuviera diciendo la verdad.

– Usted baila muy bien, senorita Eliza, y seria cruel por su parte negarme la satisfaccion de verla -trato de persuadirla sir William-. Y aunque a este caballero no le guste este tipo de entretenimiento, estoy seguro de que no tendria inconveniente en complacernos durante media hora.

Absolutamente ningun inconveniente, penso Darcy, sintiendo repentinamente hacia sir William una gratitud que nunca se habria imaginado hacia unos instantes.

– El senor Darcy es extremadamente cortes -dijo Elizabeth y sonrio con la certeza de que saldria ganadora de ese encuentro.

– Lo es, en efecto; pero considerando el incentivo, mi querida senorita Eliza, no podemos dudar de su complacencia; porque ?quien podria rechazar una pareja tan encantadora?

Era una pregunta que ninguno de los dos contrincantes estaba preparado para responder. Elizabeth miro a Darcy con coqueteria y en sus ojos brillo una chispa de triunfo; luego, murmurando una disculpa para sir William, dio media vuelta. Aunque decepcionado, Darcy no pudo evitar admirar su actitud y donaire durante la incomoda situacion en la que habian quedado atrapados. La senorita Elizabeth Bennet era mucho mas de lo que el esperaba encontrar en las salvajes y remotas tierras de Hertfordshire. Su admiracion crecia a medida que la imagen de ella, sentada ante el piano, cruzaba su mente. Un toquecito en su brazo lo arranco de esos agradables pensamientos.

– Puedo adivinar por que esta tan pensativo. -El tono aburrido de la senorita Bingley le aseguro a Darcy que sus pensamientos no se habian reflejado en su expresion.

– Creo que no -respondio el.

– Esta pensando en lo insoportable que seria pasar mas veladas de esta forma, en esta compania. -Suspiro con conmiseracion-. Y por supuesto, soy de su misma opinion. ?Nunca he estado mas molesta! ?Que gente tan insipida y que alboroto arman! ?Con lo insignificantes que son y que importancia se dan! ?Lo que daria por oir sus criticas sobre ellos! -la senorita Bingley metio una mano entre el brazo de Darcy y, con la otra, aliso una arruga imaginaria en la manga de su chaqueta.

– Sus conjeturas son totalmente erroneas, se lo aseguro. Mi mente estaba ocupada en cosas mas agradables. -Con suavidad, pero con firmeza, Darcy quito de su brazo la mano de la senorita Bingley-. Estaba meditando sobre el gran placer que pueden causar un par de ojos bonitos en el rostro de una mujer hermosa.

– ?Vaya, senor! -replico ella con una cuidadosa indiferencia-. ?Y a cual de las damas debemos concederle el merito de inspirar semejantes reflexiones en una persona tan poco habituada a los coqueteos?

– A la senorita Elizabeth Bennet -fue la respuesta espontanea de Darcy y tan directa que no le dejo ninguna duda referente a la seriedad de su afirmacion.

– ?La senorita Elizabeth Bennet! Me deja atonita. ?Desde cuando es su favorita? Y digame, ?cuando tendre que darle la enhorabuena?

Negandose a que lo obligaran a decir algo que pudiera alimentar las sospechas de la senorita Bingley, Darcy contesto con vaguedad e ignoro sus constantes ridiculeces. Solo ansiaba que la velada llegara a su fin. Era tal el deseo de tomarse una copa de brandy, mientras el fuego chisporroteaba en la chimenea y el ocupaba una comoda silla desde la que pudiera disfrutar de las dos cosas al mismo tiempo que examinaba las nuevas piezas del rompecabezas de la senorita Elizabeth Bennet, que Charles apenas pudo arrancarle unas pocas silabas. Ya fuera por gratitud por la manera en que Darcy habia soportado esa noche sus preocupaciones por la hermana mayor de las Bennet o porque sintio que su amigo necesitaba estar solo, Bingley hizo que el resto del grupo regresara a Netherfield tal como habian venido.

Mientras se acomodaban para el viaje, Bingley carraspeo unas cuantas veces, pero fue ignorado.

– Darcy, ?te ocurre algo? Nunca te habia visto asi -dijo Bingley y se rio con nerviosismo.

– ?Algo? No, Charles, no me pasa nada. Al menos, no lo creo. -La voz de Darcy quedo en suspenso mientras miraba por la ventana del coche hacia la noche fria y estrellada. Despues de unos momentos, volvio en si y se dirigio a su amigo-: Me parece que tu pequena expedicion al campo ha traido mas cosas de las que esperabamos. Eso es todo.


Capitulo 6

<p id="_Toc237585043">Capitulo 6</p> Amagar y eludir

La velada con el coronel Forster y sus oficiales resulto, en opinion de Darcy, una noche agradable. Aunque no tenia inclinaciones militares, Darcy apreciaba la compania de caballeros cuyas ideas sobre el honor y el servicio, el rey y el pais no diferian particularmente de las suyas. Escucho con mas que atenta cortesia las historias del coronel sobre sus campanas contra Napoleon, e incluso con mas interes cuando el hombre relato un encuentro con el almirante Nelson, uno de los heroes de juventud de Darcy. Incluso Charles se permitio disfrutar de la velada despues de llegar y tomarse un vaso de buen oporto para brindar con los jovenes oficiales por las damas de Meryton. Su viaje hasta los salones que les servian de club a los oficiales habia estado marcado por la indignacion que le causaba la perfidia demostrada por su hermana, al invitar a la senorita Bennet a Netherfield justo la noche en la que sabia que el tenia otro compromiso. El horrible tiempo de esa noche, terriblemente humedo, reflejaba el estado de animo de Bingley, y Darcy estuvo tentado de enfadarse con el. Pero sabiendo que los raros enojos de Bingley tendian a pasar pronto, decidio contenerse y se limito a enarcar una ceja al oir sus mas extremos deseos de venganza.

En aquel momento regresaban a Netherfield con un estado de animo mas bien relajado, dispuestos a buscar la silenciosa comodidad de sus camas. Por eso el alboroto en medio del cual encontraron a la servidumbre al llegar a la casa contrasto notablemente con lo que cualquiera de los dos esperaba o deseaba. Al ver a Stevenson, que pasaba volando por el vestibulo, Bingley le pregunto por la razon de tanta agitacion.

– Le ruego que me excuse, senor, pero la invitada de la senorita Bingley se sintio muy enferma y…

– ?La senorita Bennet! ?Se refiere a la senorita Bennet? -grito Bingley.

– La misma, senor.

– ?Que ha ocurrido? ?Que esta haciendo? ?Por Dios, hombre, no me tenga en suspenso!

– Ya han enviado a buscar al boticario, senor, y esperamos que llegue en cualquier momento. De hecho, pensamos que era el. -Al ver la agitacion de su amo, Stevenson se enderezo y siguio diciendo con tono mas sereno-: No conozco los detalles, senor. Si usted tuviera la bondad de dirigirse a su hermana…

Sin mirar atras, Bingley se lanzo hacia las escaleras en busca de Caroline, dejando que su amigo se defendiera por si mismo. Darcy lo siguio escaleras arriba, pero mas lentamente y con el proposito de dirigirse a su propia alcoba. Dejo el sombrero, los guantes y el baston en una mesa que habia en el vestidor, mientras recibia el saludo de su ayuda de camara.

– Parece que ha habido algo de agitacion hoy por aqui, Fletcher.

– Si, senor. Una joven se sintio indispuesta durante la cena, senor.

– ?Algun problema en la cocina?

– Ah, no, senor.

Darcy espero unos segundos antes de levantar las cejas, para indicar que deseaba saber mas. Fletcher, que no mostro ninguna sorpresa al ver el interes de su amo por la salud de una joven campesina, le proporciono mas detalles.

– Oi que la senorita llego a Netherfield bastante empapada, senor. Resultado, sin duda, de viajar tres millas a caballo bajo la pertinaz lluvia.

– ?A caballo! -La incredulidad de Darcy animo a continuar al criado.

– Si, senor, asi es. Las hermanas del senor Bingley tambien estaban perplejas. A la dama se le proporciono ropa seca enseguida, pero se sintio enferma en mitad de la cena. Entiendo que estan esperando al boticario, o quien haga sus veces en este lugar, senor.

Con gesto serio, Darcy asintio para indicar que comprendia.

– Fletcher, ?no cabe duda de que la dama esta realmente enferma?

– No sabria decirle, senor.

Darcy resoplo con incredulidad.

– ?Vamos, Fletcher!

El ayuda de camara vacilo un poco, pero luego confeso:

– Oi a las criadas de arriba murmurando, lo que indica que hay una genuina preocupacion de que la dama tenga fiebre, senor.

Mientras Fletcher lo ayudaba a quitarse la ropa, Darcy se pregunto por ese comportamiento tan extrano. Emprender un viaje de tres millas a caballo, bajo un tiempo tormentoso, no parecia, en su opinion, una conducta propia de la delicada senorita Jane. Si bien reconocia que el incentivo de pasar una velada en Netherfield debia de ser muy importante para una chiquilla criada en el campo, una chiquilla criada en el campo seria igualmente consciente de los riesgos que implicaba mojarse. ?Por que no habia usado el carruaje de su padre? Con seguridad, el padre le proporcionaria a su hija todos los medios que tuviera a su alcance para fortalecer su amistad con los Bingley. El senor Bennet era, sin duda, un tipo curioso, pero no alguien que descuidaria el bienestar de su hija. En consecuencia, ?con que proposito, o por orden de quien, habia venido la muchacha de esa manera?

Ataviado con su ropa de dormir, Darcy despidio a su ayuda de camara y llevo la vela hasta la habitacion. La puso sobre la mesita y se tiro sobre la cama con un sentimiento de alivio, deslizandose bajo las suaves mantas. Luego alargo la mano, la puso alrededor de la llama y la apago con un soplido. Mientras estiraba sus largas piernas y acomodaba la almohada, se le ocurrio un nuevo aspecto del asunto. Si la senorita Bennet se sentia tan enferma, lo mas probable es que no la movieran; en ese caso, ?no vendria a verla la hermana que la seguia en edad? Darcy estaba seguro de eso y se quedo reflexionando sobre esa posibilidad hasta que el sueno se apodero de el.


La manana siguiente amanecio con un sol radiante y las rafagas de viento que normalmente siguen a las tormentas. A la temprana hora en que el sol se levanto para tentar a Darcy a dar un paseo a caballo, el aire habia absorbido gran parte de la lluvia de la noche anterior, pero no la suficiente. Darcy sabia que debia aliviar la agitacion que, sin duda, le estaba provocando Nelson a su mozo de cuadra, pero levantarian demasiado barro y los cascos del caballo destrozarian el cesped. No, a pesar de lo mucho que disfrutaria de una hora a caballo, limpiar luego la suciedad con la que regresarian no seria nada placentero. Nelson y el mozo de cuadra tendrian que llegar a un acuerdo por si solos.

Un cafe lo esperaba en la mesita y, taza en mano, Darcy se dirigio hacia la biblioteca, donde habian depositado las cartas del mayordomo y el ama de llaves de Pemberley. Una hora mas tarde, una serie de ruidos en el corredor lo alertaron de la presencia del resto de los ocupantes de la casa y, doblando sus cartas, fue a reunirse con ellos en el comedor del desayuno.

– Como siempre, el senor Darcy levantado antes que nosotros. -La senorita Bingley lo saludo con una sonrisa y un gesto en direccion a la taza vacia y el plato que el caballero dejo sobre la mesita auxiliar. Mientras Darcy se servia de las bandejas desplegadas ante el, un criado entro y se inclino para hablar en secreto con la senorita Bingley. Cuando salio, ella se volvio hacia su familia sentada a la mesa y suspiro.

– Me temo que la senorita Bennet no se siente mejor. Parece que tendra que permanecer un poco mas como nuestra invitada.

– ?Puede hacerse algo mas por ella, Caroline? -La preocupacion en la voz de Bingley era casi tangible-. Tal vez deberiamos llamar a un medico de Londres.

– ?Indudablemente eso es decision de su familia, Charles! De nada servira actuar de forma tan precipitada. Senor Darcy, usted esta de acuerdo con eso, ?no es asi? -La senorita Bingley miro a Darcy, segura de obtener su respaldo. Por consideracion a la angustia de su amigo, el no contesto enseguida. Apoyo con cierta reticencia la opinion de la senorita Bingley en ese asunto, pero se cuido de plantearlo de una manera que esperaba aliviara la preocupacion de Bingley. El desayuno continuo en silencio durante un rato, pero fue interrumpido cuando la puerta se abrio de repente, dejando paso a una extraordinaria aparicion.

Enmarcada por el dintel de la puerta estaba la senorita Elizabeth Bennet, con las mejillas tenidas de un encantador tono rosado, pero por lo demas presentaba un aspecto totalmente desalinado. A juzgar por el estado de sus botas y enaguas, era evidente que llevaba un buen rato al aire libre, probablemente caminando campo a traves. Su cabello aparecia despeinado por el viento a pesar del sombrero, cuyas cintas se habian enredado totalmente, y la falda del vestido y la capa estaban salpicadas de barro. Darcy esbozo una sonrisa de placer al ver la encantadora imagen que ella representaba, con los ojos brillantes por el esfuerzo, pero cautelosamente desafiantes ante cualquier censura que pudiera despertar su inesperada aparicion.

Bingley fue el primero en avanzar hacia ella.

– ?Senorita Elizabeth! Bienvenida, bienvenida… ?Por favor, entre y sientese! ?Ha venido caminando desde Longbourn? -Al ver que la muchacha asentia, Bingley sacudio la cabeza-. Debe de estar exhausta. -Aparto hacia atras una silla y la empujo suavemente hacia ella-. Por favor, sientese. Y, claro, ha venido a buscar noticias de su hermana.

Darcy experimento una oleada de celos irracionales cuando Elizabeth levanto hacia Bingley un rostro lleno de gratitud y acepto la silla.

– Gracias, senor. Es usted muy amable. -Hizo una breve pausa, mientras tiraba de las cintas de su sombrero-. ?Que puede contarme de Jane, senor Bingley? ?Esta muy enferma?

– Lamento comunicarle que mis hermanas me dicen que la senorita Bennet no ha dormido bien. Continua con fiebre y no puede dejar su alcoba.

Elizabeth se levanto enseguida de la silla y rogo que la condujeran junto a su hermana inmediatamente.

– Venga, senorita Eliza -dijo la senorita Bingley, arrastrando las palabras con un tono tranquilizador-, Louisa y yo la llevaremos arriba. Estabamos a punto de visitar a su hermana, ?no es asi, Louisa? -Entre las dos mujeres sacaron rapidamente del salon a la nueva invitada.

Darcy tuvo cuidado de no mirar mientras las damas salian; en lugar de eso, termino el desayuno, acompanado en silencio por un pensativo Bingley. Finalmente coloco a un lado la servilleta y miro a su amigo con compasion y una cierta exasperacion.

– Bingley, a nadie le sera de utilidad que los dos nos quedemos montando guardia ante la puerta de la senorita Bennet. Tengo unas cartas que echar al correo. ?Que te parece si las llevamos a Meryton personalmente? Tendremos que ir por los caminos, sin galopar de forma imprudente… -Darcy dejo la frase sin terminar. Al oir sus palabras, Bingley se movio, comenzando a mostrar cierto interes.

– Me sentiria extremadamente tentado si tu, digamos… ?me permitieras montar a tu Nelson? -respondio con una sonrisa traviesa.

– ?Estaria firmando tu sentencia de muerte si permitiera algo tan descabellado! No estas tan desconsolado como para tentar al destino solo para animarte. -Darcy trato de adoptar una actitud de severidad frente a los esfuerzos de Bingley por parecer inconsolable-. Vamos -dijo, abandonando esa actitud-, ?vamos a caballo hasta Meryton o prefieres deambular por los corredores de Netherfield, acosando a todo el que salga de la habitacion de la senorita Bennet?

– ?Vayamos a Meryton, entonces! -Bingley solto una carcajada junto a Darcy, pero luego se detuvo y siguio hablando con un tono mas serio-: Me alegra que la senorita Elizabeth haya venido. Ella sabra juzgar mejor la salud de su hermana que los criados o, Dios no lo permita, mis hermanas. Creo que la senorita Bennet estara encantada de tener a su lado a su hermana y no a unos desconocidos. -Se quedo en silencio durante un momento y luego parecio llegar a una conclusion-. Si la senorita Bennet no esta mejor cuando regresemos, invitare a la senorita Elizabeth a quedarse en Netherfield hasta que su hermana pueda regresar con seguridad a su casa. No hay nada objetable en eso, ?o si, Darcy?

– Nada en absoluto, Bingley. Todo es completamente apropiado. Es una idea excelente.

– ?Bien! Entonces, te vere en el establo en veinte minutos. No… mejor media hora, e iremos hasta Meryton a llevar al correo tus cartas tan importantes. -La mejoria en el estado de animo hizo que Bingley se pusiera en marcha con energia y se dirigiera rapidamente a su alcoba a ponerse la ropa de montar. Como necesitaba mucho menos tiempo para cambiarse, Darcy se sirvio otra taza de cafe y la llevo hasta la ventana, donde se detuvo, apoyando un hombro contra el marco.

?Realmente la presencia de Elizabeth en Netherfield seria una idea excelente, como acababa de decirle a Bingley? Estar en su compania con tanta frecuencia y alli, donde habia alcanzado cierto nivel de sosiego, era algo que amenazaba su tranquilidad; sin embargo, era el lugar perfecto para profundizar en su relacion con ella. Alli, ella seria la invitada, la extrana, y el tendria la ventaja que le concedia la familiaridad.

Darcy cambio de postura y se llevo la taza a los labios, mientras imaginaba lo que podria pasar en los dias siguientes. No estarian en compania de extranos que habria que contentar o distraer, ni tampoco tendria que competir con nadie por la atencion de la muchacha, o mantener o inventar alguna charla banal y sin sentido. Podria batirse con ella a sus anchas; Darcy no tenia duda sobre el hecho de que los encuentros entre ellos recordaban mas un combate que otra cosa. Mas alla de la excelencia de la idea, de repente, Darcy se enfrento con la pregunta rea ?Que era lo que mas queria: mantener su tranquilidad o la vibrante excitacion que le producia la proximidad de un enfrentamiento verbal con la senorita Elizabeth Bennet?

– Senor Darcy, ?podria usted informarme sobre el paradero de mi hermano? La senorita Eliza me ha pedido que le haga una peticion de su parte.

Aunque la costumbre de la senorita Bingley de interrumpir sus pensamientos se estaba convirtiendo en algo verdaderamente molesto, Darcy se volvio hacia ella con una respuesta amable:

– Ha ido a cambiarse de ropa. Pensamos que seria mejor dejarlas tranquilas, dedicadas al cuidado de la enferma, para que no se sientan obligadas, ademas, a atendernos a nosotros. -Dejo a un lado la taza e hizo una inclinacion, pero anadio justo antes de salir-: No deje que Bingley se marche antes de haber hablado con usted. Se le ha ocurrido una idea excelente.


La senorita Elizabeth Bennet no estaba en ninguno de los salones de Netherfield cuando los dos caballeros regresaron de su paseo. Y tampoco aparecio durante el transcurso de la tarde. Darcy se mantuvo atento a cualquier sonido musical que proviniera del salon o al murmullo de una voz suave y agradable que pudiera salir de la salita de las damas, pero la casa estaba en silencio, excepto por el ruido que hacian los criados, atareados en sus faenas habituales. A la hora de la cena, comenzo a sentirse inquieto y molesto. Tras llegar con dificultad a la conclusion de que deseaba la presencia de la muchacha, a pesar del caos que producia en su serenidad, Darcy se percato de que ahora su ausencia lo irritaba.

La senorita Elizabeth aparecio finalmente hacia las seis y media, cuando se anuncio la cena, y se reunio con ellos, vestida con un traje limpio, recien enviado desde Longbourn. Se habia cepillado el cabello y lo tenia peinado hacia atras, sujeto con una cinta, con un estilo sencillo pero encantador. El resentimiento que habia atacado a Darcy durante todo el dia debido a su ausencia se fundio de alguna manera en el placer que le produjo el hecho de verla por fin. Sin embargo, su placer duro poco.

– Senorita Eliza, ?como ha dejado usted a nuestra pobrecita Jane? -pregunto la senorita Bingley, adelantandose a Darcy, que avanzaba en direccion a la nueva invitada. El caballero se detuvo y se retiro, sin deseos de participar en una de las fingidas demostraciones de preocupacion de Caroline. La senorita Bingley se apodero del brazo de su invitada, dandole unos golpecitos tranquilizadores, mientras Elizabeth informaba al grupo con pesar de que no podia darles buenas noticias. La seriedad de su expresion y la preocupacion que revelaban sus ojos hicieron que Darcy se sintiera avergonzado por haber sido tan impaciente y haber creido que era timidez por parte de la muchacha. Ella estaba claramente consternada y los cuidados que le estaba prodigando a su hermana eran evidentes en el agotamiento que manifestaba su rostro.

– Estamos muy apenadas, ?no es asi, Louisa? Jane es una muchacha tan dulce para estar sufriendo de esa manera. -La senorita Bingley llevo a Elizabeth hacia la mesa del comedor y la sento en el extremo opuesto al asiento que ocupaba Darcy. Este fruncio el ceno con disgusto, al ver la disposicion de los puestos en la mesa-. ?Podria sentarse en el sitio de Hurst por esa noche? Es tan desagradable pillar un resfriado -siguio diciendo la senorita Bingley.

– ?Tan desagradable! -repitio la senora Hurst-. Senor Hurst, su sitio. -La senora Hurst le hizo senas a su marido para que ocupara el lugar junto a Elizabeth. Y Hurst, para desesperacion de Darcy, se apresuro a sentarse en la silla con una velocidad inusual-. Me molesta sobremanera el hecho de estar enferma.

– Tambien a mi, hermana. -La senorita Bingley se estremecio-. ?Es horrible! Por eso nunca me permito enfermarme. ?Dios, mi constitucion no lo soportaria! Y, bien, senorita Eliza, espero que ya este instalada.

Darcy tomo su acostumbrado puesto en la mesa, a la izquierda de Bingley, y se resigno a entretener a la senorita Bingley y a la senora Hurst, quienes continuamente solicitaban su atencion o su opinion. Ocasionalmente pudo lanzar unas cuantas miradas al otro extremo de la mesa, para observar como le iba a Elizabeth con el cunado de Bingley como unica compania. Su conversacion y su conducta eran muy recatadas, por decirlo de alguna manera, aunque Darcy no pudo alcanzar a oir nada de lo que estaba diciendo. Solo llego a escuchar un estruendoso comentario despectivo de Hurst, pero las unicas palabras que pudo distinguir fueron «no como el ragout», que no tuvieron ningun significado para el.

Tan pronto como retiraron el ultimo plato, Elizabeth se disculpo y regreso arriba a seguir cuidando a su hermana. Una vez que se hubo retirado, Darcy tuvo mucho gusto en complacer a Bingley y acepto acompanarle, junto a Hurst, al salon de armas para degustar un brandy. Pero antes de que se levantara de la silla, la senorita Bingley pidio la atencion de todos.

– Bueno -dijo, resoplando con dramatismo-, ?me atrevo a decir que nunca en la vida habia visto modales mas intolerables! ?En un momento nos trata con insufrible orgullo y al siguiente con total impertinencia!

– ?De quien estas hablando, Caroline? -pregunto Bingley, a quien parecio posarsele sobre la frente una nube negra. Darcy tambien miro a la senorita Bingley con silencioso desconcierto. Se recosto en la silla, cruzo las piernas y, sin darse cuenta, comenzo a retorcer la servilleta.

– De la muchachita que acaba de salir por la puerta, Bingley -fue la respuesta, que provino del lugar mas inesperado. Hurst se quito la servilleta-. ?Podeis imaginarlo? ?Preferir un plato sencillo a un ragout! No tiene la minima pizca de estilo, ni capacidad de conversacion. Silenciosa como una monja hasta que uno la presiona y entonces sale con una barbaridad tan descabellada.

– ?Vaya, senor Hurst! -exclamo la senorita Bingley riendose-. ?Acaso su «belleza» no compensa esos defectos? He oido decir que sus ojos son preciosos. -La unica respuesta de Hurst fue un grunido peyorativo que hizo que Darcy le diera otra vuelta a su servilleta.

– Tiene usted mucha razon, senor Hurst -dijo su esposa-. En resumen, lo unico que se puede decir de ella es que es una excelente andarina. Jamas olvidare como aparecio esta manana. ?Realmente parecia medio salvaje!

– En efecto, Louisa. Cuando la vi, casi no pude contenerme. -La senorita Bingley bajo la mirada a su plato y luego miro a Darcy con disimulo-. ?Que insensatez venir hasta aqui! ?Que necesidad tenia de andar corriendo por los campos solo porque su hermana tiene un resfriado? ?Como traia el cabello, tan despeinado, tan desalinado!

– Si. ?Y las enaguas! ?Si las hubieseis visto! Con mas de una cuarta de barro, estoy segura. -La senora Hurst se rio.

Aunque Darcy se habia vuelto inmune a la costumbre de las hermanas Bingley de destrozar a sus conocidos, no podia tolerar durante un minuto mas aquellos ataques gratuitos contra Elizabeth. Eso lo ponia ante un dilema. ?Deberia oponerse al malicioso chismorreo? Hacerlo probablemente solo provocaria que los ataques contra la senorita Elizabeth se intensificaran y ademas se complementaran con una interminable sarta de insinuaciones dirigidas a el. ?Deberia contenerse? Despues de todo, el era un invitado. Tenia que haber alguna manera de…

– Tu descripcion puede que sea muy exacta, Louisa -dijo Bingley rapidamente-, pero todo eso a mi me paso inadvertido. Creo que la senorita Elizabeth Bennet tenia un aspecto inmejorable al entrar en el salon esta manana. Casi no me di cuenta de que llevaba las faldas sucias.

Bien hecho, penso Darcy. Tal vez Bingley demostraria que estaba a la altura y anularia aquella intolerable costumbre de sus hermanas sin ninguna interferencia de su parte.

Sin amilanarse y con la atencion todavia fija en Darcy, la senorita Bingley profundizo todavia mas en la cuestion.

– Estoy segura de que usted si se fijo, senor Darcy; y me figuro que no le gustaria que su hermana diese semejante espectaculo.

– Claro que no -contesto Darcy, sintiendo un ligero temblor al recordar el espectaculo que su familia casi no alcanza a evitar.

La sonrisita de satisfaccion que se dibujo en los labios de la senorita Bingley le hizo ver que su reaccion no habia pasado inadvertida. Ella se inclino hacia el con seguridad.

– Me temo, senor Darcy -observo a media voz-, que esta aventura ha afectado bastante la admiracion que sentia usted por los bellos ojos de la senorita Elizabeth.

Darcy clavo sus penetrantes ojos negros en la senorita Bingley, al tiempo que sus labios esbozaban una enigmatica sonrisa.

– En absoluto -replico-, con el ejercicio se le pusieron aun mas brillantes.


Fletcher ya se habia retirado y habia cerrado la puerta de la alcoba, pero Darcy seguia sentado frente al tocador, con la mirada perdida en el espejo. Era cierto cuando lo dijo, reflexionaba en silencio, y despues de pensarlo un poco mas seguia siendo cierto: «Eso disminuira significativamente sus oportunidades de casarse con hombres de alta condicion».

El tema habia sido las relaciones tan poco respetables que sus invitadas tenian en Londres y la influencia que esas conexiones tendrian sobre las perspectivas de ambas jovenes. Bingley habia demostrado una alarmante disposicion a debatir con sus hermanas sobre el estatus de las Bennet, hasta que Darcy habia intervenido en la conversacion con aquella apabullante afirmacion. A Charles no le gusto y cayo en un silencio que Darcy deseo que sus hermanas imitaran. Pero en lugar de seguir el ejemplo de Bingley, ellas continuaron intercambiando comentarios burlones a expensas de aquellas a quienes acababan de profesarles su preocupacion. Darcy no podia entender que las habia impulsado a acudir a la habitacion de la senorita Bennet para hacerle una consoladora visita despues de haber hecho semejante despliegue, pero en eso habian ocupado su tiempo hasta que anunciaron que el cafe estaba servido.

A solas en su habitacion, Darcy sacudio la cabeza, pues la inquietud por la velada le espantaba el sueno. Caroline Bingley. Con ese rostro, esa figura y esa fortuna, ella se movia facilmente entre los primeros circulos de la aristocracia y bien podia aspirar a entrar en los de la nobleza, a pesar del hecho de que su fortuna provenia del comercio. Aunque la aprobacion social de su familia era reciente, se comportaba con la misma altaneria que una duquesa y con tan poca compasion como una piedra. Darcy se estremecio al pensar que una mujer como esa pudiera ser su companera en la vida y la duena de sus propiedades y empleados. Sus pensamientos se detuvieron entonces en la persona mas agradable pero mas compleja de Elizabeth Bennet. Ella era la hija de un caballero que provenia de una larga linea de caballeros y, a pesar de su ridicula madre y sus lamentables hermanas menores, habia heredado la distincion en su totalidad. Pero debido a que su familia habia caido en tiempos de estrechez, su posicion, aunque era reconocida en los alrededores de Hertfordshire, habia pasado de ser bien recibida a ser apenas tenida en cuenta en el panorama mas amplio de la sociedad.

Ella podra reinar en Meryton, suspiro Darcy, pero en Londres la despreciarian, mientras que otras mujeres menos valiosas son cortejadas y elevadas hasta el cielo. Se levanto y se dirigio a la cama. Pero el sueno se negaba a aparecer y la charla mantenida durante la velada continuaba dandole vueltas en la cabeza. ?Como habia empezado todo aquello? Ah, si, con los libros. La senorita Eliza habia decidido leer en lugar de jugar a las cartas…

– La senorita Eliza Bennet desprecia el juego. Es una gran lectora y no encuentra placer en nada mas. -El elogio de la senorita Bingley estaba elegantemente tenido de rencor. Darcy la miro con sorpresa, asombrado de que su ataque se produjera tan inmediatamente despues de la aparicion de la dama. A Elizabeth tambien la tomo por sorpresa, o tal vez el breve silencio que siguio a semejante afirmacion fuese producto del cansancio, Darcy no podia estar seguro. Abrio los ojos al oir el comentario de la senorita Bingley y despues volvio a posarlos en el volumen que tenia en la mano, antes de aventurarse a responder.

– No merezco ni ese elogio ni esa censura -exclamo-. No soy una gran lectora y encuentro placer en muchas cosas.

Bingley, que poseia el corazon romantico de un caballero errante, algo que Darcy ya sabia, corrio a rescatar a Elizabeth con un sincero cumplido, seguido de una despectiva descripcion de sus propios habitos de lectura.

– A mi me extrana que mi padre me haya dejado una coleccion de libros tan pequena -interrumpio la senorita Bingley-. En cambio ?que magnifica biblioteca tiene usted en Pemberley, senor Darcy!

Darcy tenia serias dudas de que el contenido de su biblioteca despertara en el pecho de la senorita Bingley el grado de dicha que implicaba su tono. Era mucho mas probable que lo que provocaba su admiracion fuera la riqueza que atestiguaba ese numero de volumenes.

– Tiene que ser buena -contesto Darcy, pero evito atribuirse el merito por la riqueza de la biblioteca anadiendo-: Es obra de muchas generaciones.

La senorita Bingley no podia admitir la modestia de Darcy.

– Y ademas usted la ha aumentado considerablemente -afirmo y luego continuo con un aire de intimidad-: Siempre esta comprando libros.

Darcy casi hace rechinar los dientes por la rabia que le produjeron los insistentes halagos de la senorita Bingley y tambien al ver la chispa de burla que comenzo a aparecer en los ojos de Elizabeth cuando noto su incomodidad.

– No puedo entender que se descuide la biblioteca de una familia en tiempos como estos -afirmo Darcy, arrojando sobre la mesa las cartas que tenia en la mano.

La senorita Bingley dejo de ensalzar la biblioteca de Pemberley, pero siguio elogiando la casa en general, pasando por los jardines y los campos que la rodeaban, y terminando con una advertencia dirigida a su hermano, para que tomara Pemberley como modelo y no se contentara con nada menos. Bingley coincidio de buen grado con esa idea y se ofrecio a comprar Pemberley en caso de que Darcy decidiera desprenderse de ella. Esa posibilidad era de una naturaleza tan absurda que el grupo solto una buena carcajada.

Despues de agotar ese tema, la senorita Bingley planteo otro, con el cual podia asegurarse la atencion de Darcy:

– ?Ha crecido mucho la senorita Darcy desde la primavera? ?Que ganas tengo de volver a verla! ?Que figura, que modales y que talento para su edad!

Bingley miro intensamente a su hermana, tratando, supuso Darcy, de moderar sus exagerados elogios. Despues de fracasar, intento dirigir la conversacion hacia un terreno mas neutral.

– A mi me resulta asombroso que las jovenes tengan tanta paciencia para aprender tanto y lleguen a ser tan perfectas como son. Todas pintan, decoran biombos y trenzan bolsitos de malla…

– Mi querido Charles -objeto Darcy, mientras se obligaba a dejar de observar a Elizabeth y dirigia la mirada hacia su amigo-, tu lista de esas habilidades cotidianas tiene mucho de verdad. El adjetivo se aplica a mujeres cuyos conocimientos no van mas alla de hacer bolsos de malla o decorar biombos -agrego, y aprovechando la oportunidad para buscar la opinion de Elizabeth, ofrecio la suya-: Pero estoy muy lejos de estar de acuerdo contigo en lo que se refiere a tu estimacion de las damas en general. De todas las que he conocido, no puedo alardear de considerar realmente perfectas mas que a una media docena.

– Ni yo, desde luego -dijo la senorita Bingley. Darcy la ignoro y dirigio su mirada expectante hacia Elizabeth, que no lo decepciono.

– Entonces debe de ser que su concepto de la mujer perfecta es muy exigente.

– Si, es muy exigente.

– ?Oh, desde luego! -se apresuro a intervenir la senorita Bingley-. Nadie puede estimarse realmente perfecto si no sobrepasa en mucho lo que se encuentra normalmente. -Luego procedio a enumerar una serie de conocimientos y habilidades que solo la mejor educacion proporcionaba y que solo el padre mas visionario consideraria apropiada para sus hijas-… pues de lo contrario no mereceria el calificativo mas que a medias -concluyo, dirigiendo una sonrisa compasiva a su invitada.

Elizabeth le devolvio la mirada con un poco de consternacion, los labios apretados y una expresion severa en los ojos. Ardiendo en deseos de conocer la opinion de la senorita Elizabeth, Darcy insistio un poco mas y agrego:

– Debe poseer todo eso, y a ello hay que anadir algo mas sustancial -dijo y senalo con un gesto el libro que ella tenia entre las manos- en el desarrollo de su inteligencia a traves de muchas lecturas.

– Ya no me sorprende que conozca solo a seis mujeres perfectas -le replico Elizabeth con altivez-. Lo que me extrana es que conozca a alguna.

Darcy estuvo a punto de soltar una carcajada al ver la deliciosa indignacion de la muchacha, pero se limito a enarcar una ceja ante su protesta.

– ?Tan severa es usted con su propio sexo que duda de que esto sea posible? -pregunto de manera provocadora.

– Yo nunca he visto una mujer asi -profirio Elizabeth y durante un instante parecio que perdia la seguridad-. Nunca he visto tanta capacidad, tanto gusto, tanta aplicacion y tanta elegancia juntas como usted describe.

Las otras dos damas presentes, segun recordaba Darcy, protestaron enseguida por las expresiones de duda de la senorita Eliza, pero el senor Hurst se quejo por la falta de atencion al juego, llamandolas al orden. Pocos minutos despues Eliza se retiro, llevandose con ella todo el brillo que habia tenido la velada. Satisfecho por la manera en que habia comenzado, Darcy rehuso amablemente jugar otra partida y, tras llamar a su ayuda de camara, dejo a los Bingley solos.

?Ciertamente no es ninguna aduladora!, penso Darcy riendose para sus adentros, mientras daba vueltas en la cama en busca de una postura mas comoda. Ella no estaba dispuesta a tragarse con una sonrisa cualquier estupidez con tal de complacer, ni a inclinarse frente a una encarnizada oposicion.

– Senorita Elizabeth Bennet -dijo Darcy como si se estuviera dirigiendo a ella-, independientemente de sus desafortunadas relaciones, es usted una joven muy particular. Me pregunto que armas traera manana a la batalla.

A la manana siguiente, la senorita Bennet se encontraba un poco mejor, gracias a los amorosos cuidados de su hermana; en consecuencia, fue enviada una nota a Longbourn. La respuesta a dicha nota, con la presencia en la puerta de Netherfield de la senora de Edward Bennet y sus numerosas hijas, se produjo, en opinion de Darcy, demasiado pronto. En ese momento, ellas se encontraban visitando a Jane Bennet, mientras que el y los Bingley deambulaban por el comedor del desayuno, esperando a que las damas bajaran. Bingley mataba el tiempo paseandose de un lado a otro, sentandose para dar un sorbo a su taza de te, volviendo a reiniciar su marcha, dejandose caer luego en un sillon que habia contra la pared y poniendose a jugar nerviosamente con los pastores de porcelana que decoraban la preciosa mesita que estaba junto al sillon.

– Charles, por favor deja la porcelana sobre la mesa, antes de que se rompa -siseo la senorita Bingley, cuya escasa paciencia estaba a punto de agotarse ante la intrusion de la familia Bennet-. ?Y, por favor, deja de pasear! -anadio cuando Bingley volvio a levantarse del sillon-. La senora Bennet no tiene nada que objetar. Le hemos proporcionado a Jane todas las atenciones posibles y ella esta recuperandose. Las muchachas campesinas son criaturas notablemente fuertes, ?no es asi, Louisa?

– Asi es, Caroline. ?Como si no podrian ser tan excelentes caminantes! -La risita de la senora Hurst fue interrumpida por el sonido del picaporte de la puerta.

La senora Bennet entro en el salon delante de sus hijas, agitada y preocupada por el estado de Jane y el horror que le producia la idea de trasladarla a Longbourn, lo cual solo sorprendio a Bingley. Cuando termino su amplia retahila de temores y exaltacion de las virtudes de Jane, Darcy tuvo la certeza de haber resuelto el misterio del particularmente imprudente viaje de la senorita Bennet a Netherfield, hacia dos noches. La unica pregunta que quedaba y que le inquietaba desde que habian enviado la nota a Longbourn era a quien llamarian para que continuara cuidando a la senorita Bennet. Era posible que la senora necesitara la presencia de Elizabeth en casa y enviara entonces a otra hija para que probara suerte en Netherfield. O a una criada… o, Dios no lo permitiera, juro mentalmente Darcy mientras apretaba la mandibula, ?era posible que la madre pretendiera quedarse! Darcy estudio el rostro de Elizabeth mientras atravesaba el salon detras de su madre y se sintio intrigado por la ansiedad que vio en el. Esto no augura nada bueno… ?Puede haber algo de verdad en el alboroto de la senora Bennet? No, si ella esta nerviosa ?es por su madre! Darcy continuo observandolas desde su lugar privilegiado junto a la ventana, con el sol brillando sobre sus hombros, como si estuviera asistiendo a una obra de teatro. La senora Bennet sonreia con afectacion, mientras sus hijas mas jovenes miraban con asombro el lujo del salon y los vestidos de las damas, riendose y murmurando entre ellas de la manera mas vulgar. Para escapar de las payasadas de sus parientes, Elizabeth se habia refugiado junto a Bingley, en un soleado saloncito adyacente. Darcy noto que ahora parecia menos tensa.

– Lizzy -la voz de la senora Bennet interrumpio la brillante conversacion de su hija-, recuerda donde estas y deja de comportarte con esa conducta intolerable a la que nos tienes acostumbrados en casa.

Cuando la voz chillona hizo que se suspendiera toda conversacion en el salon, tambien las reflexiones de Darcy fueron acalladas. El caballero sintio que los musculos de la espalda se ponian en tension. Miro la cara de Elizabeth para ver como una fugaz expresion de dolor cubria su reservado semblante, antes de girarse hacia su madre. ?Aquella mujer era insoportable! Hirviendo de disgusto, Darcy le dio la espalda al salon, antes de que el mismo sobrepasara los limites de la cortesia. ?Acaso era tan inconsciente como para reprender a su hija en publico?

Bingley intervino enseguida para llenar el silencio que se produjo despues.

– No sabia -dijo, siguiendo el hilo de la conversacion que sostenia con Elizabeth antes de la interrupcion de su madre- que se dedicase usted a estudiar el caracter de las personas. Debe de ser un estudio apasionante.

– Si -contesto Elizabeth. Su voz sono, al principio, un poco insegura, pero se fue normalizando a medida que siguio hablando-: Y las personalidades complejas son las mas apasionantes de todas. Al menos tienen esa ventaja.

Darcy se dio la vuelta al oir sus palabras, decidido a animar a Elizabeth y a desautorizar a su madre.

– Pero el campo, en general, no puede proporcionar muchos sujetos para tal estudio. -Elizabeth levanto la vista y lo miro con gesto inquisitivo-. En un pueblo -explico Darcy- se mueve uno en una sociedad muy limitada y homogenea.

– Pero la gente cambia tanto -replico Elizabeth y una chispa de burla testimoniaba que tras sus palabras se escondia un ejemplo-, que siempre hay en ellos algo nuevo que observar.

– Ya lo creo que si -exclamo la senora Bennet de manera estridente, evidentemente ofendida por la manera en que Darcy habia hablado de la gente del campo-. Le aseguro que eso ocurre lo mismo en el campo que en la ciudad.

Darcy se quedo mirandola, incapaz de creer que el fuera el destinatario de los insoportables modales de una persona como esa y el objeto de su abierta antipatia. Su mirada volo despues hacia Elizabeth. La expresion de inquietud mezclada con mortificacion estaba regresando a su rostro. Darcy se trago el punzante desaire que luchaba por salir de su boca, apreto los labios con fuerza y se alejo en silencio.

La conversacion volvio a hacerse fluida, mientras el se paseaba lentamente por el salon. Aunque daba la apariencia de estar sumido en un total desinteres -mirando por la ventana o entreteniendose con un libro-, Darcy tuvo cuidado de mantenerse a una distancia que le permitiera escuchar a Elizabeth. Pero su subterfugio no tuvo mucho exito, pues una vez la senora Bennet adquirio el control de la conversacion, ya no lo solto. Ahora disertaba sobre las atenciones que Jane habia recibido de un caballero de Londres, cuando tenia solo quince anos.

– Le escribio unos versos y bien bonitos que eran -concluyo con pomposidad.

– Y asi termino su amor -se apresuro a intervenir Elizabeth. Darcy se detuvo y la miro con curiosidad-. Creo que ha habido muchos que lograron combatirlo de la misma forma -siguio diciendo con voz contenida-. ?Me pregunto quien seria el primero en descubrir la eficacia de la poesia para acabar con el amor!

– ?Acabar con el amor, senorita Elizabeth? ?Curioso! ?Tenia entendido que la poesia era el alimento del amor, no su verdugo! -Elizabeth levanto la cabeza al oir la replica de Darcy y el vio con complacencia la chispa que devolvieron a sus ojos esas palabras de desafio.

– Puede ser el alimento de un gran amor, solido y fuerte -contesto ella-. Todo nutre a lo que ya es fuerte de por si. Pero si solo se trata de una inclinacion ligera, sin ninguna base, estoy convencida de que un buen soneto acabaria matandola de hambre.

Darcy no pudo evitar la sonrisa que se dibujo en su rostro a manera de respuesta, aunque todo el salon los estuviese mirando. Hubo unos instantes de silencio. Luego la senora Bennet volvio a agradecer las delicadas atenciones que Netherfield le habia prodigado a la pobrecita Jane y se levanto para marcharse. Darcy la observo con cierta inquietud, peguntandose nuevamente que habria decidido sobre el cuidado de Jane.

– Senor Bingley -dijo la hija mas bulliciosa-, usted nos prometio dar un baile en Netherfield, ?recuerda? ?Todo el mundo lo esta esperando! Seria vergonzoso que no cumpliera su palabra.

– Le aseguro que estoy perfectamente dispuesto a mantener mi compromiso -respondio Bingley para desgracia de Darcy-. En cuanto su hermana se reponga, usted misma, si le apetece, podra senalar la fecha. Pero no me gustaria celebrar un baile mientras su hermana se encuentra enferma.

– Algunos de nosotros no querriamos bailar ni cuando ella esta enferma ni cuando esta bien -le susurro Darcy a Bingley, mientras Lydia Bennet quedaba encantada por la gentileza de su amigo. Charles le lanzo una mirada tranquilizadora, que Darcy recibio con resignacion. La ultima cosa que queria era participar en un evento social de la magnitud de un baile, ya fuera en el campo o en la ciudad. Su paz se veria totalmente interrumpida por la agitacion de los preparativos, por no mencionar la espantosa perspectiva de tener que cumplir sus deberes sociales con las damas de Hertfordshire, durante la propia velada. Su unico consuelo, que repentinamente le parecio muy atractivo, seria la oportunidad que le brindaria para reclamar el baile que le fue negado en casa de sir William.

La senora Bennet cacareo como una gallina clueca llamando a sus pollitos y organizo a sus hijas en una fila, mientras presentaba sus respetos a los Bingley y a Darcy. El inclino la cabeza en respuesta a su saludo, pero al levantarse solo alcanzo a ver la parte posterior del sombrero de la senora, mientras se apresuraba a hacer pasar a todas las muchachas por la puerta. El deseo de saber si Elizabeth se iba a quedar pudo mas que la cautela en Darcy. Avanzo entonces hasta la entrada, justo a tiempo para ver como Elizabeth besaba timidamente a su madre en la mejilla, la dama daba media vuelta lanzandole una ultima advertencia y la puerta se cerraba tras ella.

Elizabeth se quedo totalmente inmovil bajo la luz del vestibulo, mirando como desaparecian su madre y sus hermanas. Darcy no pudo adivinar que emociones estaba experimentando en ese momento, pues la muchacha estaba mirando para otro lado, pero la manera lenta y decidida en que echo hacia atras los hombros le indico que su deliciosa antagonista no se iba a marchar de Netherfield ni abandonaria su pequeno combate verbal. Cuando la muchacha dio media vuelta y se dirigio lentamente hacia las escaleras, Darcy regreso al comedor pequeno y cerro la puerta. Sus reflexiones sobre los acontecimientos de la manana le tenian tan absorto que los maliciosos comentarios de la senorita Bingley sobre el molesto comportamiento de sus visitantes le pasaron totalmente inadvertidos.


11 de noviembre de 1811

Netherfield Hall

Meryton, Hertfordshire


Mi muy querida Georgiana:

Con gran placer recibi tu carta del… y la relei tantas veces que habria sido capaz de recitarla de memoria cada vez que queria asegurarme de que habias recuperado la alegria. Como me hiciste el honor de escribirme sobre eso con tanto detalle, quisiera responderte de la misma manera y te confieso que estaba muy preocupado por ti desde que regresamos de Ramsgate, hace ya varios meses. Agradezco a Dios que hayas reconocido los peligros de la melancolia en que te habias sumido y que ya no sufras sus embates. Dices que eso te ha hecho adquirir mas fortaleza de animo y me gustaria saber mas detalles, pero solo puedo decir que lamento las circunstancias que precipitaron esa terrible leccion que te ha dado la vida y el hecho de que hayas estado tan decaida durante los ultimos meses. Porque la culpa nunca fue tuya. Si hay que culpar a alguien de lo sucedido el verano pasado, el mayor peso de la culpa debe recaer sobre mi. No protestes, querida, porque es verdad, tal como te dije antes. Yo tenia que haber sido mas cuidadoso. El dolor que te causo mi negligencia es un peso terrible para mi corazon.

?Recuerdas -?aunque sucedio hace muchos anos!- cuando eras muy pequena y yo tenia la peregrina idea de que saltarte encima cuando estabas descuidada era muy divertido? Despues de ignorar todas las advertencias de nuestro querido padre para que yo dejara de cometer esa injusticia, recordaras que el decidio, con gran pesar, darme una pequena paliza con su baston. Pero lo que realmente destrozo mi orgulloso corazon de nino fueron las lagrimas que derramaste por los azotes que tanto merecia. Y asi ha sido siempre, hasta el dia de hoy. (Interrumpo aqui un momento para cumplir con una peticion de la senorita Caroline Bingley, en cuya compania estoy tratando de escribir esta carta. Es su mayor anhelo que te envie sus recuerdos y te transmita sus deseos de volverte a ver. De esta manera cumplo con mi deber y tu sabras recibir su carino como consideres).

Continuo: es un gran alivio para mi conciencia saber que he hecho bien al enviarte a la senora Annesley y recibo tus tranquilizadores comentarios con un corazon lleno de gratitud por la bondad de Dios. Ella parecia una mujer muy valiosa y llego a mi con las mejores referencias que haya visto. El hecho de que su influencia haya desempenado un papel esencial en tu recuperacion y haya estimulado la madurez de tu espiritu solo reafirma mi aprecio por ella. Debe de tratarse, ciertamente, de una persona especial y ansio tener la oportunidad de conocerla mejor, cuando me reuna contigo en Pemberley para Navidad.

(Te ruego disculpes el caracter un tanto inconexo de esta carta. La senorita Bingley ha vuelto a importunarme con elogios. Baste decir que a ella le parece perfecto todo lo que hacemos los Darcy).

La senorita Bingley no es la unica persona presente mientras escribo. Charles, desde luego, esta aqui, asi como su otra hermana, la senora Hurst, y su marido. Otras dos personas forman parte de nuestro pequeno grupo provisionalmente: la senorita Jane Bennet y su hermana, la senorita Elizabeth. La senorita Bennet vino a cenar con las hermanas de Charles hace varias noches, pero cayo muy enferma. Su hermana, la senorita Elizabeth, vino a cuidarla hasta que ella este lo suficientemente recuperada como para regresar a su casa.

Por favor, te ruego que vuelvas a excusarme, pues retomo nuevamente esta carta tras otra interrupcion. Muy en contra de mi voluntad, fui involucrado en una discusion con Charles y la senorita Elizabeth. No te relatare los detalles, pero me temo que si tu hubieses estado presente, me habrias reprendido con dulzura por mi carencia extrema de habilidad social. Mis profesores de filosofia de la universidad, por otro lado, se habrian sentido bastante orgullosos de mi actuacion. Como bien sabes, Charles ha sufrido con frecuencia la fuerza de mi logica y soporta, con su bondad natural, que yo haga pedazos sus opiniones erroneas, sin que eso tenga efectos posteriores sobre nuestra amistad. Pero, en este caso, el contaba con un inesperado defensor, la senorita Elizabeth Bennet que te mencione, que entro a la lid armada con el escudo de la sensibilidad, contra el cual la lanza de la logica siempre es considerada como un arma grosera y poco digna. No obstante, empunando la logica con seguridad, me lance al ataque, pero rapidamente vi como se hacia anicos contra esa defensa incontestable. Ahora debo descubrir la forma de recuperar la buena opinion de la senorita Elizabeth. Un asunto sencillo para la mayor parte de los de mi sexo, pero un nudo gordiano para mi. Me temo que ella me esta viendo en este momento como una persona insensible y prosaica, y me ha despachado con la recomendacion de que «sera mejor que termine su carta». Consejo que he seguido inmediatamente, pues hasta la logica acepta su sabiduria.

Terminare con informacion sobre la forma en que Charles se ha establecido entre la aristocracia local y lo complacido que esta con su posicion. Netherfield es una hermosa propiedad, que respondera bien a sus primeros pasos como propietario. La sociedad local es, en mi opinion, poco culta; pero me estan persuadiendo de que es posible encontrar placer en ella. Charles, desde luego, ya esta medio enamorado de una belleza local. La senorita Bingley y la senora Hurst no encuentran nada que les guste y, cuando no estan suspirando por no hallarse en la ciudad, dejan caer claras insinuaciones sobre lo agradable que les parece Pemberley.

En un futuro proximo se ofrecera un baile en Netherfield, ?imaginate! Aparte de eso, ni ellos ni yo tenemos ningun plan. Proximamente tendre que hacer un viaje a Londres para atender asuntos de negocios, pero aun no he decidido si volvere a Hertfordshire o me quedare en la ciudad hasta que me reuna contigo para Navidad.

Mi querida hermana, permiteme que te diga nuevamente lo feliz que me siento por saber que estas bien. No te recomendare que te preocupes de tus estudios porque conozco bien tu dedicacion y ya me siento orgulloso de tus exitos.

Que Dios te guarde, preciosa, porque tu eres el verdadero tesoro de Pemberley, y tambien de mi corazon.

Tu devoto servidor,

Fitzwilliam Darcy


Darcy espolvoreo su carta con la arenilla para secar la tinta, la doblo perfectamente en tres y busco en el interior del escritorio una barra de lacre para sellarla. Despues de localizar una en el fondo de un cajon lleno de cosas, la calento y permitio que unas pocas gotas cayeran sobre el borde de la carta. Inmediatamente saco su sello del bolsillo del chaleco y lo estampo contra la carta. Concluida esa placentera tarea, se recosto en el sillon, contemplando el salon, mientras se golpeaba distraidamente la palma de una mano con la carta que sostenia en la otra.

La senorita Elizabeth ocupaba un divan que estaba a escasos metros, absorta de nuevo en el bordado que habia abandonado brevemente durante su animada discusion de hacia un rato. En opinion de Darcy, representaba la imagen de la costurera dedicada, con el labio inferior atrapado entre delicados dientes blancos, mientras llevaba la aguja a la tela con habilidad. Una inexplicable oleada de alegria lo invadio, mientras admiraba la concentracion y elegancia con que ella empleaba la aguja, con el dedo menique doblado ligeramente. Esa placentera sensacion se convirtio rapidamente en desaliento, cuando se detuvo a pensar en el estado actual de su relacion con la muchacha. Suspirando, se levanto y coloco la carta sobre la bandeja de plata destinada al correo.

?Que podria hacer para volver a ganarse una buena opinion, si es que alguna vez ella habia tenido una buena opinion de el? ?Acaso deberia elogiar su costura? ?Una treta inutil! Ella solo diria gracias y volverian a quedar en un punto muerto. Darcy examino la habitacion, desesperado por encontrar inspiracion, cuando sus ojos se iluminaron al ver el piano arrinconado en una esquina. ?Perfecto!… Si ella accede.

– Senorita Bingley, senorita Elizabeth -comenzo a decir con un poco de torpeza-, ?aceptarian deleitarnos con un poco de musica esta noche? -Los languidos rasgos de la senorita Bingley se iluminaron al oir la invitacion y se levanto enseguida con elegancia. Tan ansiosa estaba por satisfacer la peticion de Darcy, que ya casi habia alcanzado el piano cuando recordo que el tambien se habia dirigido a Elizabeth. La cortesia exigia que, como anfitriona, le ofreciera a su invitada la oportunidad de tocar primero. Dio media vuelta lentamente y con una sonrisa fria invito a Elizabeth a sentarse ante el piano.

Para decepcion de Darcy, Elizabeth declino el ofrecimiento de manera decidida, pero dejo a un lado su bordado. Darcy quiso interpretar ese gesto como la indicacion de que accederia a su peticion despues de que la senorita Bingley terminara. Mientras Elizabeth se acercaba al instrumento, Darcy no pudo evitar que sus ojos la siguieran, ni que cada paso y susurro de su vestido absorbiera toda su atencion. La senorita Bingley comenzo su primera cancion. El deseo de atraer la atencion de Elizabeth de alguna manera luchaba contra la repugnancia de Darcy a hacer el ridiculo, porque estaba seguro de que quedaria como un tonto al tratar de iniciar cualquier coqueteo. ?Coqueteo? La idea le asombro tanto por su novedad como por su naturaleza reveladora. Un rubor subio por su cuello cuando los ojos de Elizabeth se encontraron fugazmente con los suyos. Tratando de ocultarlo, bajo la mirada hacia sus manos, solo para descubrir que se estaba retorciendo el anillo con frenesi.

La senorita Bingley llego al final de la melosa cancion de amor italiana que habia elegido y recibio la ovacion del salon con elegancia pero aparentemente poca satisfaccion. Darcy se percato de repente, cuando se unio a los aplausos, de que ella habia escogido esa cancion con la esperanza de atraer la atencion de el. La sonrisa que esbozaban sus labios se contradecia con el brillo de sus ojos, que le decian que habia notado su distraccion.

La senorita Bingley se dirigio hacia Elizabeth.

– Las canciones de amor pueden ser tan tediosas cuando uno no conoce la lengua -dijo, arrastrando las palabras con maliciosa condescendencia-. ?No le parece a usted, senorita Eliza?

Elizabeth suspendio su examen de los cuadernos de musica que habia sobre el piano.

– ?Ah, senorita Bingley, eso es muy desafortunado! En especial cuando usted las interpreta de una forma tan hermosa. ?Por favor, permitame traducirlas para usted!

A Darcy casi se le corto la respiracion al ver la cara que ponia la senorita Bingley ante el inesperado giro que habia tomado su insinuacion.

– No, no me referia… es decir… eso no sera necesario -balbuceo. Con silenciosa furia, agarro las partituras que descansaban sobre el instrumento y comenzo a tocar un animado aire escoces.

El travieso hoyuelo que Darcy tanto habia admirado en casa de sir William hizo una fugaz aparicion. Sin embargo, su efecto no se redujo de ninguna manera por su brevedad. El caballero se levanto de la silla sin darse cuenta y, antes de recobrar el pleno dominio de si mismo, se encontro junto a ella.

– ?Le apeteceria, senorita Bennet, aprovechar esta oportunidad para bailar una danza escocesa? -Las palabras salieron de su boca de manera atropellada, sorprendiendolo a el tanto como al resto de los presentes.

?Idiota!, se castigo Darcy. ?Bailar una danza escocesa! ?Que es lo que pretendes? Darcy ya la conocia lo suficiente como para que la sonrisa que aparecio en el rostro de la muchacha le sirviera de advertencia sobre lo que podia suceder. Sin embargo, no esperaba que ella guardara silencio. Asi que repitio la pregunta. La segunda vez sono todavia mas ridicula, pero retirarse ahora era impensable.

– ?Oh! Ya habia oido la pregunta -le aseguro Elizabeth-, pero no pude decidir enseguida que contestarle. -La muchacha elevo peligrosamente la barbilla al hacer una pausa. Darcy volvio a sentir como se electrizaba el aire entre ellos y rapidamente se perdono por la torpeza de sus palabras. Preparo su rostro contra los efectos del millar de chispas invisibles que volaban entre ellos-. Se que usted desearia que yo le diera una respuesta afirmativa, para tener asi el placer de criticar mis gustos -lo desafio Elizabeth-, pero a mi me encanta echar por tierra esa clase de trampas y defraudar a la gente que planea un desaire semejante. Por lo tanto, he decidido decirle que no deseo bailar en absoluto. Y ahora -dijo, fulminandolo con la mirada-, desaireeme si se atreve.

?Magnifico! Fue lo unico que se le ocurrio a Darcy mientras observaba como la malicia y la emocion se mezclaban con el encanto y la dulzura de su expresion. Sin embargo, ella no lo habia interpretado bien; pero si lo que venia a continuacion era un intercambio tan delicioso como este, ?que importancia tenia? Darcy se puso una mano en el pecho, como si aceptara haber recibido un golpe directo, y se inclino con solemnidad.

– De hecho, senora -contesto mientras se levantaba y una sonrisa le iluminaba el rostro-, no me atrevo. -Volvio a inclinarse y se aparto. Susurrando una disculpa, abandono el salon y pidio que llamaran a su ayuda de camara. El sabia que solo una actividad al aire libre le proporcionaria el alivio que requeria la agitacion de sus pensamientos y sentimientos. Despues de cambiarse de ropa, llevaria a su perro a dar un paseo y trataria de controlar su propia mente concentrandose en la instruccion del sabueso.

Pocos minutos despues salio de su alcoba poniendose los guantes, y bajo corriendo las escaleras. Cuando estuvo en el exterior, sin embargo, aminoro el paso y se dirigio a los corrales que estaban al lado de los establos. ?Hechicera descarada!, dijo pensativamente, sin poderse quitar de la cabeza la imagen de Elizabeth. ?Con esos modales tan impertinentes y esa mente tan aguda! Y sin embargo, tan dulce y bondadosa con su hermana, cuidandola de las consecuencias de la locura de su propia madre. La imagen de aquella senora acudio entonces a su mente. Un minuto de contemplacion de la vulgaridad y la avaricia de la mujer le sirvio para reafirmar, de alguna manera, la fascinacion por su hija.

Cuando llego a la caseta del sabueso, quito rapidamente el seguro pero no abrio la puerta hasta que el animal que estaba dentro, ansioso ante la perspectiva de salir por la aparicion de su amo, no mostro el decoro apropiado. Trafalgar se tranquilizo lo suficiente como para que le otorgaran la libertad, aunque los ritmicos movimientos de la cola revelaron su verdadera opinion sobre el momento. Darcy abrio la puerta y el sabueso echo a correr, describiendo un amplio circulo a su alrededor, antes de levantarse sobre las dos patas. El caballero se inclino y acaricio las orejas del perro. Y fue recompensado con un lameton rapido y furtivo en la barbilla.

– Te juro, viejo amigo -dijo, dirigiendose al suplicante animal-, que ella es tan extraordinaria que si no fuera por la inferioridad de su familia, tu amo se encontraria en una situacion extremadamente peligrosa. -De repente, los musculos del sabueso se tensaron-. ?Trafalgar! -dijo Darcy y trato de levantarse-. ?Abajo! -ordeno, pero el sabueso dio un salto y, con un ladrido exultante, lo tiro de espaldas al suelo.


Capitulo 7

<p id="_Toc237585044">Capitulo 7</p> Duelo de verdad

Cuando Darcy termino de arreglarse y quedo finalmente presentable despues del euforico recibimiento de Trafalgar, ya no le quedo mucho tiempo antes de la cena para inspeccionar el paquete que habia llegado mientras su ayuda de camara lo atendia. Estaba bastante seguro de lo que contenia y la expectativa de leer por fin las paginas de los dos delgados volumenes le producia un cosquilleo en las manos. Despues de rasgar la envoltura de papel, Darcy sostuvo a la luz de la ventana los hermosos libros encuadernados en cuero.

?Si, tal como esperaba! El sitio de Badajoz: Relato cronologico del gran desafio de Wellesley, el titulo del primer volumen resplandecio ante el gracias al brillo de la laminilla de oro. El segundo, no menos brillante, anunciaba: Triunfo en Fuentes de Onoro: Impresiones de un caballero-soldado. Darcy los habia pedido tan pronto como el propietario de su libreria favorita, que conocia bien sus gustos e intereses y lo mantenia informado de todas las obras nuevas, le anuncio su proxima publicacion. Al igual que el resto de Inglaterra, Darcy habia seguido las campanas de Wellesley a traves de los periodicos durante el verano, a medida que llegaban los informes de Espana, pero aquellos volumenes constituian el primer relato completo que se iba a publicar despues de los hechos, escrito por un autor anonimo que, se decia, pertenecia al estado mayor del gran hombre. Darcy llevaba varios meses esperandolos con ansiedad. Por eso, cuando Fletcher le abrio la puerta de la habitacion para que saliera, Darcy se metio los libros bajo el brazo con decision y resolvio declinar cualquier distraccion en que le ofrecieran participar despues de la cena.

Por fortuna, la cena fue tranquila aquella noche; el unico acontecimiento destacable ocurrio cuando la senorita Elizabeth anuncio que su hermana se levantaria por primera vez de su lecho de enferma esa noche y se reuniria con ellos en el salon mas tarde. La senorita Bingley se emociono con la noticia y, llamando al mayordomo, le ordeno que arrastrara el sofa de manera que quedara mas cerca del fuego, «para que nuestra querida Jane no reciba ni la mas minima corriente de aire».

– Me pregunto como vamos a entretenerla -dijo y se giro hacia Darcy-. ?Tal vez una partida de whist o de loo?

Darcy dejo el tenedor sobre la mesa y estiro la mano para agarrar su copa.

– Tal vez, pero esa pregunta podria contestarla mejor la senorita Elizabeth, que conoce los gustos de su hermana y sabe si ya se encuentra lo suficientemente fuerte para ello. Personalmente, yo no quiero jugar esta noche. Bingley -dijo, dirigiendose ahora a su amigo-, por fin han llegado los relatos de las campanas del verano -anadio, senalando una mesita que habia junto a la puerta.

– ?De verdad? ?Puedo? -Ante el gesto de asentimiento de Darcy, Bingley trajo los libros y volvio a sentarse en su sitio. Como conocia bien el aprecio que su amigo sentia por los libros, se limpio las manos con la servilleta y abrio con delicadeza el primer volumen, pasando con suavidad las paginas-. ?Magnifico! -suspiro al llegar a un grabado que mostraba a las heroicas fuerzas britanica y espanola desplegadas al pie de la ciudad-. ?Solo los grabados justifican el precio del libro! No me sorprende que los naipes no atraigan tu atencion esta noche. ?Puedo pedirtelos prestados cuando termines?

La sonrisa de asentimiento de Darcy se convirtio en inquietud, cuando la senorita Bingley agarro el segundo volumen antes de que su hermano pudiera ponerle la mano encima.

– Senor Darcy, ?me permitiria leer este mientras usted esta disfrutando el otro? No soportaria tener que esperar hasta que Charles acabe; el lee tan poco que tardara un ano en terminar. Y -anadio con afectacion- creo que es un deber sagrado conocer la verdadera gallardia de nuestros valientes soldados.

Darcy no tuvo otra alternativa que dejar que ella se quedara con el anhelado tomo y entonces dijo en tono tajante:

– Desde luego, senorita Bingley. Un noble sentimiento de su parte. -Le dio un sorbo lento a su vino y fruncio el ceno al ver como ella ponia el libro sobre las migas y manchas del mantel; enseguida penso que tenia que pedir otro ejemplar a Londres. Porque ese, sin duda, le seria devuelto como si hubiese estado presente en la batalla misma que relataba.

Luego las damas se excusaron y dejaron a los caballeros con su oporto. Bingley le entrego a Darcy el libro que habia estado examinando, mientras un criado ponia sobre la mesa, delante de los tres hombres, la bandeja con los vasos y el licor.

– ?Hurst? -Bingley le entrego a su cunado una copa bien llena y luego sirvio dos mas pequenas para el y Darcy. La conversacion fue, en lineas generales, bastante trivial y Darcy anhelo que llegara el momento en que pudieran dirigirse al salon principal, donde podria hojear su libro sin parecer grosero. Tambien Bingley parecia ansioso por terminar con el ritual masculino lo mas pronto posible, y a cada minuto miraba hacia la puerta, como si pudiera ver a traves de ella. Por un acuerdo tacito, los dos se levantaron y se dirigieron al salon, mientras Hurst los seguia un poco rezagado.

Las damas de la casa estaban reunidas alrededor de la senorita Bennet, demostrando su preocupacion y buen animo. La senorita Elizabeth estaba sentada un poco aparte, concentrada, aparentemente, en su bordado, pero observando la escena de la chimenea con tierna devocion. Bingley se adelanto, desde luego, para felicitar a la senorita Bennet por su recuperacion. Darcy hizo lo propio, con una sinceridad que fue aceptada con elegancia por la senorita Jane, pero que parecio despertar una mirada de sorpresa en su hermana. Intrigado por esa reaccion, casi olvida el libro que tenia en la mano mientras observaba como el rostro de Elizabeth se relajaba y volvia a adquirir esas lineas suaves de hermana amorosa que habia visto al comienzo.

Luego, Darcy le dio la espalda, encontro una silla cercana a una lampara y abrio por fin su anhelado relato de la victoria del verano.

– ?La silla es suficientemente comoda, senor Darcy? -pregunto la senorita Bingley.

– Si senorita. Gracias.

– Y la lampara… ?da suficiente luz?

– Suficiente, senorita Bingley. Gracias.

– ?No echa humo? Se le podria levantar dolor de cabeza si echa humo.

– No, no hay humo. -Darcy contesto con absoluta cortesia, conteniendo el impulso de hacer rechinar los dientes por la irritacion que le causaban las persistentes interrupciones de la senorita Bingley. No obstante, un delicado resoplido de risa contenida procedente del divan donde se encontraba la senorita Elizabeth le indico que sus verdaderos sentimientos si eran evidentes, al menos para algunos. Al parecer, la senorita Bingley no se dio por enterada y tras unos momentos de maravilloso silencio, durante los cuales hojeo el libro que tantas ganas tenia de leer, lo dejo a un lado, mientras comentaba lo mucho que le gustaba la lectura y pasar una noche concentrada en un libro.

Darcy decidio no responder a su estratagema. En lugar de eso, agarro su libro con mas fuerza, tratando de hundirse mas en su sillon, en un vano intento por escapar a futuras interrupciones. Miro con precaucion por encima de la cubierta de Badajoz y vio que, milagrosamente, la senorita Bingley dirigia su atencion hacia su hermano. Con alivio, volvio a sumergirse en las posiciones de vanguardia, en las afueras de la ciudad espanola. Habia tanto silencio que podia oir el majestuoso tic-tac del reloj que habia en la pared de enfrente.

– Senorita Eliza Bennet. -Las silabas salieron rodando de la lengua de la senorita Bingley de manera penetrante, con esa forma que emplean los miembros de la clase alta para ser oidos en medio de una habitacion llena de gente-. Dejeme que la convenza para que siga mi ejemplo y de una vuelta por el salon. Le aseguro que viene muy bien despues de estar sentada durante tanto tiempo en la misma postura.

Darcy asomo la cabeza por encima del libro, ante la sorpresa al oir esa invitacion, y cuando vio que la senorita Bingley lanzaba a Elizabeth una mirada de suplica, su curiosidad fue mas grande que su cautela. Inconscientemente, cerro el libro.

– Senor Darcy, ?no le gustaria unirse a nosotras, senor? -La senorita Bingley lo invito, al tiempo que agarraba el brazo de Elizabeth. Darcy se pregunto cual seria la reaccion de Elizabeth ante aquella repentina y efusiva atencion por parte de Caroline. Tambien se pregunto que deberia hacer el. Mejor permanecer como observador, decidio, dejando el libro a un lado y estirando las piernas, cruzandolas a la altura de los tobillos. En ese momento, se le ocurrio una idea decididamente traviesa. Si no me van a dejar en paz con mi libro…

– Gracias, senorita Bingley, pero preferiria permanecer donde estoy. Solo puedo pensar en dos motivos para que ustedes se paseen por el salon juntas, y en cualquiera de los dos casos mi presencia ciertamente seria un obstaculo.

Elizabeth enarco las cejas al oir aquella declaracion y Darcy esbozo una sonrisa de placer mientras ella luchaba por no dejar traslucir el asombro que sentia ante aquellas palabras. La senorita Bingley no tuvo semejantes reparos.

– ?Senor Darcy! ?A que se refiere usted? ?Me muero por saber que ha querido decir con eso! -Le dio un suave tiron al brazo de su companera-. Senorita Eliza, ?acaso usted comprende lo que ha querido insinuar el senor Darcy?

– En absoluto -respondio Elizabeth con desinteres, tras dominar su curiosidad de una forma admirable-. Pero, sea lo que sea, seguro que quiere dejarnos mal. -Miro a Darcy con ojos burlones-. Y la mejor manera de decepcionarlo sera no preguntarle nada. -Darcy le devolvio el desplante con una mirada picara.

– ?Oh, eso no servira, senorita Eliza! -dijo la senorita Bingley con una risita-. Una dama de verdad nunca decepciona a un caballero. Y un caballero -dijo, dirigiendose a Darcy- nunca decepciona a una dama, en especial de una manera tan intrigante. Vamos, cuentenos a que se refiere.

– No tengo el mas minimo inconveniente en explicarlo -replico Darcy-. Ustedes eligen este modo de pasar el tiempo porque tienen que hacerse alguna confidencia o hablar de sus asuntos secretos -continuo diciendo y luego hizo una pausa y estiro los dedos antes de fijar la mirada en Elizabeth-, o porque saben que paseando muestran mejor su figura. -La reaccion de Elizabeth ante su atrevida afirmacion fue tal como el habia deseado. La muchacha abrio los ojos y se puso colorada-. Si es lo primero -anadio con indiferencia-, al ir con ustedes no haria mas que importunarlas; y si es lo segundo -dijo a modo de conclusion, volviendo a hacer una pausa para permitirle a la muchacha recordar la segunda razon-, podre admirarlas mucho mejor si me quedo sentado junto al fuego. -Sintiendose un poco perverso, Darcy penso por un momento que tal vez habia traspasado los limites de lo que se consideraba correcto en una sociedad provinciana. Pero tal como se habia imaginado desde el comienzo, la dama reacciono enseguida y le dedico un clasico puchero de institutriz, que contrasto maravillosamente con el fuego que mostraban sus ojos. En todo caso, Darcy quedo bastante complacido con esta incursion en el desconocido terreno del flirteo amoroso.

– ?Que horror! Nunca habia oido nada tan abominable -protesto la senorita Bingley, animandose debido al raro despliegue que acababa de hacer el senor Darcy-. ?Como podriamos darle su merecido?

– Burlese -respondio Elizabeth con decision y levantando la barbilla-. Riase de el. Siendo tan intimos, usted sabra muy bien como hacerlo.

?Reirse de mi? Las palabras de la muchacha le produjeron un sentimiento de rencor que recorrio su columna vertebral y evaporo el buen humor que le habia producido la conversacion anterior. La expresion relajada y feliz abandono su rostro, reemplazada por una tensa seriedad.

– ?Burlarse de una persona flematica, con tanta sangre fria! -exclamo la senorita Bingley-. No, no; me parece que el podria desafiarnos y nosotras llevariamos las de perder. -La incredulidad que se reflejo en el rostro de Elizabeth mostraba claramente que no estaba satisfecha. Aunque Darcy no habia dejado de mirarla, se movio nerviosamente en la silla, mientras se preguntaba que forma tomaria la ofensiva de la muchacha.

– ?Que no podemos reirnos del senor Darcy! Es un privilegio muy extrano -dijo, fulminandolo con la mirada-. Y espero que siga siendo extrano, porque no me gustaria tener muchos conocidos asi. -Se dirigio a la senorita Bingley-. A mi me encanta reir.

Cuando vio los claros intentos de la muchacha por reducirlo nuevamente a un objeto de burla, Darcy se arrepintio de su reciente broma. Trato de recurrir, entonces, a las formulas que le habian sido utiles en el pasado. El filosofo frio y experto reemplazo al galan de salon y rapidamente desplego sus defensas para el ataque.

– La senorita Bingley me ha dado mas importancia de la que merezco. El mas sabio y el mejor de los hombres o la mas sabia y mejor de las acciones pueden resultar ridiculos a los ojos de una persona que no piensa en esta vida mas que en reirse.

– Estoy de acuerdo -ratifico Elizabeth con frialdad-, hay gente asi, pero creo que yo no me cuento entre ellos. Espero que nunca llegue a ridiculizar lo que es bueno o sabio. Las insensateces, las tonterias, los caprichos y los absurdos son las cosas que verdaderamente me divierten, lo confieso, y me rio de ellas siempre que puedo. Pero supongo que usted carece de esas cosas.

Darcy se dio cuenta de que estaba arrinconado. ?Quien podia afirmar que siempre se conducia de la manera mas sabia y circunspecta? Arrinconado… ?pero todavia no vencido!

– Quiza no sea posible para nadie. -Darcy le concedio un punto a la muchacha, pero luego contraataco con firmeza-. Pero yo me he pasado la vida esforzandome para evitar esas debilidades que exponen al ridiculo a cualquier persona inteligente.

– Como la vanidad y el orgullo -sugirio Elizabeth en tono de burla.

?Asi que regresamos al baile de Meryton! Darcy decidio aprovechar los verdaderos motivos de la muchacha, demasiado tentado ante la perspectiva de obtener una victoria como para hacerle caso a la vocecita que le advertia que a veces se podia ganar una batalla pero perder la guerra.

– Si, la vanidad es ciertamente un defecto. Pero el orgullo, en el caso de personas de inteligencia superior, creo que es valido.

Elizabeth se dio media vuelta al oir las palabras de Darcy, sin que el supiera si se debia a que se sentia derrotada o a que estaba furiosa. ?Maldicion! ?Has sido demasiado duro! Darcy se mordio el labio y trato de descubrir lo que ella estaba pensando a traves de la actitud de sus hombros, pero sin exito.

– Supongo que habra acabado de examinar al senor Darcy -dijo la senorita Bingley-. Le ruego que me diga que ha sacado en conclusion. -Le lanzo a Darcy una sonrisa de conmiseracion.

– Estoy plenamente convencida de que el senor Darcy no tiene defectos -concluyo Elizabeth con sarcasmo-. El mismo lo admite abiertamente.

?Al suelo, pero no derrotado! Darcy sacudio la cabeza, sin saber si debia reirse u ofenderse por este nuevo ataque.

– No, no he pretendido decir eso -respondio con voz serena. Habiendo decidido intentar otra tactica, siguio hablando con sinceridad-: Tengo muchos defectos, pero no tienen que ver con la inteligencia. No me atreveria a poner la mano en el fuego por mi temperamento. Creo que soy demasiado intransigente, ciertamente demasiado para lo que a la gente le conviene. Quiza se me pueda acusar de rencoroso. Cuando pierdo la buena opinion que tengo sobre alguien, es para siempre.

– ?Ese es realmente un defecto! -replico Elizabeth-. El rencor implacable es verdaderamente una sombra en el caracter de una persona. Pero ha elegido usted muy bien su defecto. Pues no puedo reirme de el. -Levanto las manos ante el con un gesto que indicaba rendicion-. Por mi parte, esta usted a salvo.

Darcy se quedo mirandola, con los labios apretados y sin saber cual seria la mejor respuesta a aquella terrible acusacion. Concluyo que solo podia continuar haciendo enfasis en su punto de vista.

– Creo que en todo individuo hay cierta tendencia a un determinado defecto, una debilidad natural, que ni siquiera la mejor educacion puede domar.

– Y su defecto es la propension a odiar a todo el mundo -refuto Elizabeth con aire de satisfaccion. La acusacion era tan absurda que Darcy no pudo evitar sonreir, al pensar en la frustracion que debia haberla generado. Sin embargo, juro que aunque no saliera triunfante del campo de batalla, al menos se iria con dignidad. ?Que la muchacha tomara un poco de su misma medicina! Darcy se levanto de la silla y, sonriendo al ver la actitud desafiante de la senorita Elizabeth, respondio con calma:

– Y el suyo, senora, es la vocacion a malinterpretar a todo el mundo -dijo, le hizo una respetuosa inclinacion, tomo su libro y dio las buenas noches a todos los presentes.

Despues de entrar en su alcoba, se quito la chaqueta y la tiro sobre uno de los sillones. Pronto siguieron el chaleco y la corbata, que formaron una pequena montana. El discreto golpe de Fletcher en la puerta le hizo dar media vuelta, pero Darcy declino la ayuda del criado y lo dejo libre durante el resto de la noche, aunque le ordeno que tuviera su ropa de montar lista a las siete de la manana al dia siguiente. Se paso una mano por el pelo de manera distraida, se sento en la cama y se dedico a quitarse las botas. Despues se recosto y estiro el cuerpo, relajando los musculos desde la punta de los dedos hasta los pies, hasta que la tension de la noche se desvanecio por completo. Luego se levanto y fue hasta la ventana para mirar hacia la noche.

Desafio a cualquiera a encontrar una chiquilla mas impertinente y testaruda. ?Que insolencia y que atrevimiento! Siempre dispuesta a batirse por cualquier pretexto. Se detuvo un momento, mientras su conciencia le exigia examinar ese arranque cargado de prejuicios. Darcy solto un suspiro. Listo para enfrentarse a si mismo, sin duda. El era el unico que parecia provocar esa impulsiva descarga de comentarios sarcasticos. Tal vez incluso los alentaba, en cierta forma, porque estaba claro que la muchacha era muy gentil y autentica con aquellos a quienes amaba. Su rostro… cuando mira a esas personas… un afecto tan carinoso…

?Por que, entonces, sigues prestandole atencion?, pregunto su voz interna. Darcy se retiro de la ventana y volvio a acostarse en la cama. De repente, antes de que la razon pudiera mitigar su poder, la respuesta parecio resonar, inequivoca, en su interior. Porque ella es mente y corazon, y lo que tu siempre has deseado. Durante un buen rato, quedo atrapado entre la excitacion y el terror producidos por su confesion, pero el habia sido preparado desde la cuna para la posicion que ocupaba en la vida y el deber que tenia con su familia. Cuando se giro hacia un lado y apreto la almohada contra la mejilla, ya habia decidido que, por el bien de ambos, nunca volveria a permitir que se escapara por su parte ninguna senal de admiracion. Su corazon por fin dejo de palpitar de manera acelerada, pero a pesar de lo mucho que intento conciliar el sueno, este se nego a hacer su aparicion hasta las primeras horas de la madrugada.


A pesar de haber dormido poco, Darcy se desperto a las seis en punto, como era su costumbre. No hizo ningun intento de levantarse al oir el reloj, sino que se quedo enredado en las ensonaciones de una noche de insomnio y observo como penetraban los primeros rayos de sol a traves de las ramas desnudas de los arboles. Su primer deseo fue volver a abandonarse al sueno, pero sintio que, al intentarlo, una extrana tension se apoderaba de su corazon. Las decisiones de la noche anterior salieron entonces a la luz, disipando la sensacion de dulzura que todavia lo invadia, y lo convencieron de no retrasarse mas en levantarse. Resultaria conveniente distraerse galopando, antes de que se evaporaran las brumas de la manana. Seria mejor evitarla hoy totalmente, se dijo a si mismo, retirando las mantas y levantandose para quitarse el camison y llamar a Fletcher.

Una jarra de cobre llena de agua hirviendo, que llevaba uno de los ayudantes de la cocina, precedio la llegada de su ayuda de camara. Darcy se sento y cerro los ojos, mientras Fletcher organizaba sus instrumentos y comenzaba a afilar la cuchilla de la navaja de afeitar con gestos precisos. El ritmico ir y venir de la navaja casi consiguio adormilar de nuevo a Darcy, pero se desperto de repente cuando la cuchilla caliente avanzo sobre su barbilla. Fue tal el sobresalto que Fletcher le hizo un pequeno corte.

– ?Senor Darcy, por favor! Le ruego que tenga la bondad de no moverse. Tendre que ponerle un esparadrapo y los dos sabemos lo mucho que a usted le desagrada eso. -Darcy solto un grunido e hizo una mueca cuando le puso el adhesivo-. Ya esta, senor. No se le notara cuando deba presentarse ante las senoras.

– El unico que me vera esta manana sera Nelson, y dudo que le moleste en absoluto -contesto Darcy, haciendo que Fletcher soltara una risita. Un golpecito en la puerta interrumpio la tarea del ayuda de camara. Fletcher fue a abrir y dejo entrar a otro ayudante de la cocina, que traia una bandeja.

– Me tome la libertad de ordenar su desayuno, senor Darcy. Solo algo ligero antes de su cabalgada, senor. -Darcy asintio con la cabeza en senal de aprobacion y colocaron la bandeja sobre una mesa a la cual acercaron una silla. Fletcher despidio al muchacho con toda la autoridad que le daba su posicion y termino rapidamente de afeitar a su patron, tras lo cual le dejo algunas toallas tibias para que completara su aseo matutino.

Darcy termino rapidamente y luego se presento en el vestidor, donde Fletcher lo ayudo a prepararse para su paseo a caballo. Se puso la ropa de manera mecanica, con la cabeza curiosamente adormilada. Murmurando unas palabras de agradecimiento, regreso a su alcoba y levanto la tapa de la bandeja del desayuno. El fuerte aroma del cafe y de un trozo de carne perfectamente bien aderezada lo saco con suavidad de su adormecimiento y despues de unos cuantos bocados comenzo a sentirse mucho mejor. El reloj de la habitacion dio las siete; Darcy se levanto, agarro sus guantes, el sombrero y la fusta, y salio en silencio a encontrarse con la manana.


Parado al pie de las escaleras que descendian hasta el sendero de los carruajes, Nelson sacudia la cabeza, avanzando un poco y retrocediendo luego, e intimidando en general a todos los mozos de cuadra de Netherfield. Enderezo las orejas al oir que la puerta se abria y giro su enorme cabeza hacia el lugar de donde procedia el ruido. Despues de ver a su amo, estampo el casco con fuerza en el suelo, peligrosamente cerca del pie del mozo, y lanzo un grosero resoplido, que dejo escapar columnas de vapor que se mezclaron con el frio aire de la manana.

– Buenos dias, senor -dijo el mozo jadeando y sin tratar de ocultar la sensacion de alivio que cruzo por su cara-. Esta un poco agitado esta manana, senor.

– ?Eso parece! ?Te ha estado causando problemas otra vez? -Darcy miro a Nelson con el ceno fruncido, pero el animal solo se agito al oir la reprimenda, movio la cabeza y solto otra bocanada de vapor-. Pareces un verdadero dragon esta manana, viejo amigo. -Darcy tomo las riendas y, declinando el ofrecimiento de ayuda por parte del caballerizo, salto sobre la silla. Nelson aprovecho el momento de calma que reino mientras Darcy revisaba los estribos, para ejecutar una danza de saltos y sacudidas que le recordaron a su jinete que, en el mundo de los caballos, el estaba tan bien relacionado como Darcy-. ?Ah, de modo que asi es! Estas tan lleno de tu propio orgullo que desprecias practicar los modales de un caballero. -Darcy tomo las riendas y tiro de ellas hasta que tocaron la boca de Nelson y luego le hizo un gesto de asentimiento al mozo para que le soltara la cabeza.

El entusiasmo del caballo cuando Darcy le permitio comenzar un trotecito suave fue palpable, lo cual confirmo su sospecha de que la salida de esa manana seria un duelo de temperamentos. Extranamente, no era una perspectiva que le desagradara. Los rigores de un ejercicio como ese seguramente aliviarian, o tal vez disiparian por completo, la opresion que todavia sentia en el corazon.

– ?Es evidente que los dos necesitamos exorcizar unos cuantos demonios! -susurro Darcy. Las orejas de Nelson se movieron hacia atras al oir la voz de su amo y el resoplido que siguio le aseguro al jinete que el caballo estaba totalmente de acuerdo.

A medida que se aproximaban a una cerca que circundaba el inmenso campo que habia al este de la mansion, Darcy ordeno a su caballo pasar a medio galope y apreto la mandibula al sentir que Nelson tomaba impulso para saltarla. En cuestion de segundos, la cerca aparecio frente a ellos, brillando en medio de la bruma matutina. Caballo y jinete se lanzaron con determinacion; el mundo entero se redujo al golpeteo de esos cascos, los crujidos del cuero y la cerca que tenian enfrente, que desaparecio de repente cuando Nelson levanto las patas delanteras. Arqueo el lomo y, en medio de un silencio intemporal, llevo a su jinete por encima de la cerca. Aterrizo con un golpe que le arranco un rugido a sus enormes pulmones, pero su grupa ya estaba lista para el largo galope campo a traves. Darcy agacho la cabeza de manera impulsiva, hombre y bestia protegiendose del viento, y volaron como si los persiguieran los mismos perros del infierno.

Caballo y jinete regresaron varias horas despues, completamente exhaustos, pero en total armonia el uno con el otro. Darcy deslizo su cuerpo agotado por el lomo de Nelson y le quito las riendas por encima de la cabeza, mientras los mozos de la caballeriza se apresuraban a llevar de nuevo al establo a su tenebroso protegido. Relajado por el ejercicio, Nelson permitio que se aproximaran, eximiendolos de la acostumbrada demostracion de caracter que solia hacer frente a los subalternos y limitandose a darle a su amo un empujon y un relincho que reclamaba su atencion. Darcy busco en su bolsillo con una sonrisa cansada, y saco unos terrones de azucar, que agito frente a la atenta mirada de Nelson. Demasiado agotado para soportar esa broma durante mucho tiempo, el caballo avanzo directamente hacia el pecho de Darcy, exigiendo su premio. Despues de soltar un grunido por la fuerza del golpe, Darcy abrio la mano y Nelson agarro los terrones con la boca. El caballero se froto el pecho mientras el animal masticaba el azucar y luego, con una ultima palmadita, les entrego las riendas a los mozos que lo esperaban. Pero antes de que llegara a moverse, Nelson resoplo con suavidad sobre el pecho y la cara de su amo, a modo de disculpa, y soplo delicadamente en su oido.

– ?Aceptadas! ?Bestia sin principios! Ahora vete. Y recuerda: se amable con los chicos. -Con fingida mansedumbre, Nelson siguio a sus jovenes cuidadores hasta el patio del establo, y Darcy dio media vuelta hacia la casa. Ya iba demasiado retrasado para el desayuno y ademas muy sucio, segun noto con desconsolada satisfaccion. Seria imposible presentarse a la mesa antes de una hora por lo menos, lo cual sobrepasaria totalmente el tiempo razonable para que lo esperaran. Al ver a Stevenson en el vestibulo, le pidio que les presentara sus excusas a los anfitriones y luego se dirigio a tomar un reparador bano de agua caliente, que Fletcher pronto le tendria preparado.

Debia de estar a medio camino en la escalera, cuando oyo que se abria una puerta en el piso inferior.

– … muy amable, senor Bingley, pero asi debe ser. Para entonces, Jane ya estara completamente restablecida y la verdad es que ya hemos abusado demasiado de su hospitalidad. -La clara voz de Elizabeth llego hasta el.

– ?Abusar, senorita Elizabeth! Yo espero que usted no piense eso, porque nosotros no lo creemos asi. No permitiria, por nada del mundo, que la salud de la senorita Bennet se viese resentida, y menos aun por la nocion erronea de haber abusado del placer que nos proporciona tenerlas aqui. Despues de todo, somos vecinos y debemos… mmm… preocuparnos por los otros como nos preocupamos por nosotros mismos.

Darcy oyo la deliciosa risa de Elizabeth al responder:

– No ha citado usted bien las Escrituras, senor Bingley, pero no tengo ningun reparo ante su aplicacion del sermon del domingo pasado. Una atencion tan diligente hace que sienta una gran curiosidad por saber cual sera el resultado del de manana.

Darcy se puso los dedos sobre la boca para contener la risa que habria delatado su presencia. Cuando paso el peligro, bajo la mano pero comenzo a frotarse el pecho de manera inconsciente, pues la sensacion de opresion volvio a asaltarlo.

– Entonces, ?estan decididas a marcharse manana? -Darcy reconocio un tono lisonjero en la voz de Bingley, senal de que su poder de persuasion habia llegado a su limite.

– Oh, ?deberia darle verguenza, senor Bingley! Usted quiere hacerme sentir como una absoluta ingrata, pero debe saber que soy inmune a esas maquinaciones. Olvida usted que tengo tres hermanas menores que emplean con frecuencia un tono similar. Soy bastante versada, senor, en como resistir las lisonjas.

La risa sincera de Bingley resono en el vestibulo.

– Ya me conoce usted demasiado bien, senorita Elizabeth.

– Demasiado bien como para creer que usted aun no se da cuenta de lo inmensamente agradecidos que estamos con usted sus vecinos Bennet -contesto la muchacha con voz suave-. De verdad, ha sido muy amable con mi adorada Jane y conmigo. -Hizo una breve pausa y anadio-: Ahora debo subir junto a Jane, y si sigue sintiendose mejor, las dos bajaremos mas tarde esta manana. Senor Bingley.

Con el mayor sigilo posible, Darcy subio el resto de los escalones y doblo con pasos rapidos la esquina del corredor que conducia a sus habitaciones. Cuando cruzo la puerta, la cerro con cuidado, sin hacer ningun ruido, y solto la respiracion que habia estado conteniendo. Entonces se va manana. Recorrio con sus ojos la habitacion como si estuviese buscando algo, sin saber todavia que. Luego solto un grunido, toco la campana para llamar a Fletcher, se sento pesadamente en un sillon y comenzo a desabrochar los botones de la chaqueta. Una bendicion, realmente. ?Ya lleva demasiado tiempo aqui! Una vez que hubo acabado con los botones, se concentro en la corbata, tirando con fuerza de sus extremos hasta desanudarla. Y a ti te gusta mas de lo que deberia… Hizo una pausa en su lucha con la tela y dejo caer las manos. ?Te gusta! ?Pobre imbecil, ni siquiera puedes ser sincero contigo mismo! Se levanto y comenzo a pasearse de un lado a otro, abrio la puerta del vestidor y, al no encontrar a nadie alli, se dirigio nuevamente a la campana y volvio a tocar. Acababa de desplomarse otra vez sobre el sillon, cuando Fletcher abrio la puerta del vestidor.

– Senor Darcy, su…

– ?Ya era hora de que apareciera! ?Ya esta listo mi bano, o tendre que subir el agua yo mismo? -le grito a su ayuda de camara. La expresion de la cara de Fletcher conmovio a Darcy hasta la medula, y por espacio de unos cuantos segundos, amo y criado se miraron en silencio-. Fletcher, ?seria usted tan amable de perdonarme esta lamentable groseria y esas palabras tan injustas? Usted me ha servido bien y con lealtad durante siete anos y no merece tener que soportar mis explosiones de mal humor. -El ayuda de camara relajo los hombros ligeramente, inclinandose en senal de aceptacion-. Buen chico -respondio Darcy agradecido y se levanto del sillon. Paso junto a Fletcher camino del vestidor, mientras echaban en la banera los primeros baldes de agua caliente. Fletcher levanto los brazos y, con mucho cuidado, retiro la chaqueta de los hombros de su amo y la deslizo por los brazos. La indomable corbata tambien fue sacada. Darcy se sento mientras uno de los ayudantes de la cocina le quitaba las botas y su ayuda de camara organizaba sus articulos de tocador.

– Asi esta bien, Fletcher. Deme, digamos, veinte minutos.

– Muy bien, senor. ?Hay algo mas que pueda traerle, senor? -Darcy nego con la cabeza-. Me he enterado de cierta noticia, senor.

– ?De verdad? ?Y que «cierta noticia» es esa, Fletcher?

– Las senoritas Bennet regresaran a su casa manana, despues de los servicios religiosos. -Fletcher abrio la puerta de servicio del vestidor-. Pero tal vez usted ya lo sabia. -Darcy levanto la vista hacia su ayuda de camara, pero Fletcher ya estaba a salvo al otro lado de la puerta.


Las murallas de Badajoz seguian en pie despues de un dia de incesantes bombardeos de la artilleria y los comandantes de la operacion acababan de recibir la orden de retirarse, cuando Darcy oyo que la puerta de la biblioteca se abria. Al bajar, habia encontrado que todos los salones estaban desiertos, sin que hubiese rastro de los Bingley ni de sus invitados.

– Estan tomando el aire en el cenador, senor -fue la respuesta del mayordomo a su pregunta sobre el paradero de los anfitriones. Asi que con la casa maravillosamente en silencio, llevo su libro a la biblioteca y se instalo durante una hora a «seguir el tambor», hasta que sus anfitriones regresaran.

La puerta estaba precisamente detras de el, asi que, al oirla, dijo por encima del hombro:

– Charles, ?esto es realmente increible! Permiteme que te lea… -Darcy alcanzo a ver con el rabillo del ojo un fragmento de muselina amarilla bordada que le revelo enseguida que la persona que habia entrado en la estancia no era Bingley. Levanto la vista y se encontro con una vision encantadora: la luz del sol que entraba por la ventana de la biblioteca provocaba que el vestido de la muchacha resplandeciera discretamente y resaltaba el color castano rojizo de su cabello. Darcy trago saliva. ?Firme… sin mostrar la mas minima senal!

– Senorita Elizabeth -dijo con voz neutra, levantandose de la silla. La frialdad de su inclinacion fue correspondida con una reverencia igualmente mecanica.

– Senor Darcy, por favor, no permita que mi presencia lo perturbe.

– Senora. -Darcy hizo una nueva inclinacion y volvio a su sitio. Abrio el libro con torpeza, busco el pasaje que habia estado a punto de leerle a Bingley y se quedo mirando la pagina fijamente, mientras todos sus sentidos permanecian alerta hasta que ella encontrara el libro que estaba buscando y se sentara o, Dios lo quisiera, decidiera abandonar la sala. Darcy se obligo a no mirar mas alla del libro, pero el suave roce de los zapatos de Elizabeth, el murmullo del vestido y el discreto aroma a lavanda burlaron su decision y lo mantuvieron pendiente de la dama mas de lo que habria deseado.

Finalmente, la muchacha eligio un libro. Darcy se propuso no levantar la vista y en lugar de eso paso la pagina, con deliberada lentitud. Las letras bailaron ante sus ojos, obligandolo a parpadear varias veces y a acercar el libro. Ella paso flotando frente a el, rozando sus zapatos con la falda, y se sento en el asiento que estaba a su derecha, separado solo por una pequena mesa sobre la que habia una lampara de bronce. Entonces reino el silencio en el salon, interrumpido solo por el sonido de las paginas al pasar y los ocasionales suspiros que provenian del asiento a su derecha.

Darcy trato de relajarse, y cuando creyo haberlo conseguido, volvio a fijar su atencion en el libro, pero encontro que no habia retenido ni una sola palabra de la pagina anterior. Molesto consigo mismo, volvio a girar la pagina para leerla de nuevo. Un delicado bostezo seguido de mas ruidos lo hizo detenerse a media pagina, y pasaron varios minutos antes de que pudiera concentrarse nuevamente en la lectura. Todo su ser estaba pendiente de los gestos de la muchacha y el esfuerzo por parecer indiferente requeria toda su voluntad. Podria abandonar la biblioteca, claro, llevarse su libro a cualquiera de los innumerables lugares de la casa, pero una irritable testarudez le impedia retirarse de alli, su habitual refugio del mundo, y ?entregarselo a ella! Darcy volvio a fijar los ojos en la parte superior de la pagina y se obligo a prestar estricta atencion a cada palabra. ?Listo! Paso la pagina.

Elizabeth se levanto de la silla y volvio a colocar el libro en la estanteria, pero, para desgracia de Darcy, en lugar de salir, comenzo a buscar otro volumen. La agonia provocada por la primera busqueda se repitio con la misma intensidad, y Darcy estaba considerando seriamente retirarse, cuando un golpecito en la puerta los sorprendio a los dos.

– Adelante -dijo Darcy con voz ronca.

– Disculpeme, senor… senora. Senorita Elizabeth. La senorita Bennet se ha despertado y pregunta por usted -informo Stevenson en voz baja.

– ?Ah! Gracias, Stevenson. Subo enseguida -respondio la muchacha y, volviendose hacia Darcy, le hizo una reverencia rapida, apresurandose a salir de la estancia.

Bajo el efecto del eco producido por la pesada puerta de roble al cerrarse, Darcy dejo caer el libro sobre las piernas y cerro los ojos, mientras se masajeaba con los dedos las sienes. ?Esto es intolerable! Al no encontrar alivio para su alterada sensibilidad, se levanto de la silla y comenzo a pasearse de un lado a otro, sobre la delicada alfombra Aubusson que Bingley habia puesto alli el dia anterior.

?Gracias a Dios se va manana, antes de que yo me convierta en el mas deplorable tonto que ha suspirado por el favor de una dama! ?Y por que me porto cada dia de manera mas estupida? Ella ha hecho que se produzca una desavenencia entre Bingley y yo, ha provocado que la lengua de la senorita Bingley me persiga como un gato entre gallinas, encuentra que todo lo que digo es erroneo, me ha insultado a la cara y, cuando es totalmente indiferente a mi presencia, destruye por completo mi tranquilidad! El zapato derecho de Darcy golpeo algo al pasar y lo envio rodando por el suelo. Al mirar hacia abajo, Darcy vio el libro de Badajoz deslizandose hacia la estanteria.

– ?No! -grito con impotencia, cuando el libro se estrello contra la pared. Darcy se apresuro a recoger su preciado volumen y comenzo a darle vueltas. Aparentemente no habia sufrido ningun dano que un poco de aceite no pudiera arreglar. Cuando estaba frotando la cubierta de cuero contra sus pantalones, vio en la estanteria un volumen que no estaba completamente alineado con el resto. Se metio su libro bajo el brazo y se estiro para empujar el otro, pero se detuvo al darse cuenta de que era el que habia despertado los suspiros de Elizabeth. La mano de Darcy cayo sobre el estante y sus dedos comenzaron a darle golpecitos, mientras miraba el lomo. ?Que habia estado leyendo Elizabeth? Su animadversion hacia la muchacha fue rapidamente superada por su detestable fascinacion por ella. ?Que tipo de libros le gusta leer? Darcy se quedo alli sin saber que hacer, sopesando, por un lado, la invasion a la intimidad de la muchacha y, por otro, la satisfaccion de su creciente curiosidad.

Con seguridad es una estupidez, se dijo finalmente, y como si la mano estuviera actuando por voluntad propia, tomo el libro, lo saco y lo abrio en la primera pagina. El titulo, El paraiso perdido, resono ante su rostro asombrado. Sus ojos bajaron por la pagina. «Obra de John Milton». Un examen mas cuidadoso revelo un marcador de pagina compuesto por varios hilos de bordar, que estaba indicando el lugar donde habia suspendido la lectura. Darcy abrio la pagina un momento. Luego cerro el libro con cuidado y volvio a colocarlo lentamente en el estante, mientras examinaba los hilos de colores brillantes que yacian ahora en la palma de su mano y la cabeza le daba vueltas, llena de preguntas.

?Milton, entre todos los poetas, y El paraiso perdido, entre todas sus melancolicas obras! ?Que es lo que pretende leyendo esos versos tan densos, que tienen casi un siglo y medio de antiguedad? Ciertamente no es un autor de moda. ?Por Dios, ya nadie lee a Milton! Tan pronto como ese ultimo pensamiento cruzo su mente, Darcy sintio un estremecimiento y recordo con claridad la ultima vez que habia visto la obra de Milton. El paraiso recobrado, encuadernado delicadamente en cuero, ocupaba un puesto de honor entre los libros que habia sobre la mesita de noche de su padre, durante los ultimos meses de su vida. Darcy fruncio el ceno con gesto sombrio, cuando una feroz punalada de dolor lo sacudio al recordar esos dias. Se llevo al pecho la mano en la que tenia el marcador de paginas de Elizabeth e hizo presion, tratando de disipar el dolor.

Algunas voces y el sonido de unas botas en el vestibulo lo avisaron de que Bingley y su grupo estaban de vuelta. Darcy se guardo los hilos en el bolsillo, se aparto rapidamente de la estanteria, trato de recuperar la compostura, o algo parecido, y estaba a punto de alcanzar la puerta de la biblioteca, cuando esta se abrio y aparecio el rostro enrojecido de Bingley.

– ?Darcy, por fin! Has logrado evitarnos toda la manana, y simplemente no estoy dispuesto a dejarte escondido en la biblioteca en un dia como hoy. Visitamos el cenador, una estructura magnifica, por cierto, y acabamos de llegar terriblemente sedientos. He pedido que nos sirvan unos refrescos en el invernadero, para que la senorita Bennet pueda disfrutar de un poco de sol, e insisto en que nos acompanes -dijo Bingley. Darcy asintio en senal de aceptacion. Bingley hizo una pausa y luego siguio diciendo, con tono de disculpa-: Ah, Darcy, amigo mio, se que es una gran impertinencia por mi parte, pero seria posible que, bueno… ?podrias abstenerte de pelearte con la hermana de la senorita Bennet hoy? Seguramente ya estaras enterado de que se marchan manana. No quisiera que ella se sintiera perturbada.

– ?Pelearme con la senorita Elizabeth! Mi querido Charles, ?yo no me «peleo» ni con ella ni con nadie!

– Polemizar, entonces, Darcy -puntualizo Bingley e hizo una pausa para mirar a su amigo con expresion suplicante-, de verdad lamento muchisimo que tu y la senorita Elizabeth no os entendais, pero…

– No temas, Bingley. Creo que se como comportarme en sociedad -lo interrumpio Darcy, incapaz de reprimir el impulso de ser sarcastico. Bingley se ruborizo al oir el tono de Darcy, lo cual hizo que este se reprendiera por la hostilidad de sus palabras, por segunda vez en el mismo dia; algo sin precedentes.

– Charles, te ruego que no tengas en cuenta mi groseria y mis deplorables modales. No me he sentido bien ultimamente. Es una sensacion muy desagradable, te lo aseguro, y he sido tan descortes que he permitido que los demas padezcan los efectos de esa sensacion. Te presento mis mas sentidas excusas por la incomodidad que esto te ha causado.

– ?La incomodidad… que me ha causado a mi? -farfullo Bingley. Echo la cabeza hacia atras y solto una carcajada ante la expresion de desconcierto de su amigo-. Darcy, cuando pienso en las situaciones de las cuales me has rescatado, ?debido totalmente a mi propia estupidez! Bueno, siento que nunca voy a poder compensarte. Pagarme con la misma moneda no es lo que habia esperado, pero la cuota es minima comparada con el excelente balance. -Hizo una pausa, inclinandose ante Darcy-. Esta olvidado, senor, con sumo gusto. Ahora, ven conmigo y vuelve a reunirte con la raza humana. Despues de todo, no somos tan malos.

Al ver tanta bondad, Darcy esbozo una sonrisa y dio gracias a Dios por haberle dado un amigo como ese. Coloco el libro sobre el escritorio y siguio a Bingley.

Aunque le habia garantizado a su amigo que seria capaz de comportarse como un caballero, Darcy no pudo ver con neutralidad la reunion en el invernadero. Era muy poco probable que surgiera en la conversacion un tema lo suficientemente interesante o divertido como para distraerlo de su atencion hacia Elizabeth. A Hurst lo desecho enseguida. Bingley estaria pendiente de la senorita Jane Bennet. La senorita Bingley, instigada por su hermana, se dedicaria, a su vez, a adularlo a el, o trataria de molestar a la dama que consideraba como su rival. La unica esperanza de una conversacion animada estaba centrada en la persona a la que prestarle atencion entranaba un gran peligro. Si queria tener exito en extinguir cualquier idea de que Elizabeth Bennet tenia la minima influencia sobre su felicidad, su comportamiento hacia ella ahora seria definitivo.

Las damas y Hurst iban delante, enfrascados en esporadicos comentarios de admiracion ante las plantas que todavia conservaban sus flores. Tal como Darcy habia previsto, Bingley se aparto de el y se dirigio hasta donde estaban las hermanas Bennet, lanzando exclamaciones sobre el buen aspecto que presentaba Jane. Una delicada sonrisa aparecio en los labios de la muchacha al oir el saludo y asintio con serenidad cuando acepto el brazo que Bingley le ofrecio. La senorita Elizabeth le cedio alegremente a Bingley el brazo de su hermana y se quedo un poco rezagada, con una elegancia que a Darcy le habria gustado admirar, pero que nego con determinacion. En lugar de eso, le dio la espalda al grupo y examino el lugar.

El invernadero de Netherfield era pequeno y reclamaba los servicios de un jardinero experto, pero la sensacion de exuberancia que producia su apariencia descuidada le proporcionaba cierto encanto. Era evidente que el anterior ocupante habia cultivado la pasion por las plantas exoticas, porque en lugar del sobrio diseno de la mayoria de los jardines bajo cubierta, este vibraba con la energia del frondoso emparrado que se entrelazaba con el abundante follaje. El aroma a tierra humeda hizo que Darcy recordara sus extensos jardines y el invernadero de Pemberley.

La aparicion de varios criados cargados con bandejas de te y platos de dulces y pasteles hizo que el grupo se acercara a la mesa de hierro forjado que habia en el centro. Al ser el ultimo en aceptar su taza, Bingley se detuvo al lado de Darcy y le senalo con un rapido gesto de la barbilla los asientos vacios junto a Elizabeth y su hermana. Darcy declino la invitacion en silencio, aunque no pudo evitar negar la sensacion agridulce que le produjo aquella oportunidad perdida. Se acomodo en un sitio algo alejado de los demas, desde el cual podia pasar el rato con seguridad.

De acuerdo con lo previsto, la conversacion giro todo el tiempo alrededor del baile que Bingley habia prometido. Como los demas eran bastante conscientes de su aversion ante semejante idea, nadie pidio su opinion, ni siquiera la senorita Bingley, y asi el pudo disfrutar de su silenciosa contemplacion. Aliviado al ver que no tendria que participar en una conversacion llena de trampas que conspirarian contra su plan, Darcy aspiro los aromas acidos de la tierra y la vegetacion. Estos despertaron de repente en el una aguda nostalgia. ?Pemberley! Durante unos instantes, olvido todo lo que lo rodeaba, mientras su mente deambulaba con melancolia por su amada casa.

El invernadero habia sido su lugar favorito cuando era pequeno y tambien durante su adolescencia. Alli habia reinado su madre hasta el ultimo dia, como un tirano benevolente que se ocupaba personalmente de las rosas y obligaba a florecer las plantas exoticas que su marido importaba especialmente para ella. Entre la familia y los empleados de la casa nunca se hablo del «invernadero», pues desde los primeros anos de su matrimonio su padre bautizo los esfuerzos de su esposa en ese lugar como «un Eden». Y asi, ese nombre quedo para siempre. Cuando su padre estaba proximo a la muerte, insistia en que lo llevaran al Eden todos dos dias durante unas cuantas horas, para disfrutar de la compania y la paz que le brindaban las flores de su difunta esposa. Darcy solia reunirse con el alli a menudo, despues de un pesado dia de enfrentarse con las responsabilidades que la fragil salud de su padre habia puesto sobre sus hombros. Algunas veces hablaban del pasado, otras de los dias dificiles que vendrian, pero la mayor parte del tiempo se sentaban en medio de un silencio compartido, mas profundo que las palabras. Durante los tres anos que siguieron a la muerte de su padre, en los cuales toda su energia y pensamientos estuvieron centrados en Pemberley y en completar los proyectos de su progenitor, el Eden represento para Darcy un doloroso recuerdo y rara vez puso un pie en el, hasta que un dia Georgiana expreso su deseo de tener un «pequeno jardin». Juntos eligieron un espacio en el Eden para que ella lo usara y asi volvio a convertirse en un visitante regular, pero, en este caso, para elogiar los esfuerzos de su hermana.

Darcy estiro la mano y tomo entre sus dedos una flor desconocida. Tras observarla, volvio a meterla con suavidad entre el follaje, de forma que pudiera ser admirada en todo su esplendor. El sonido de unos delicados pasos detras de el le hizo bajar la mano con rapidez y dar media vuelta, ocultando el objeto de su observacion. Elizabeth se acerco lentamente, con una expresion confusa, pero, en lugar de detenerse, paso ante el para examinar la manera en que Darcy habia colocado la flor.

– Una flor preciosa, senor Darcy, y dispuesta ahora en una posicion que la favorece. Pero ?no cree que la admiracion que atraera sera perjudicial para su caracter?

Darcy miro los ojos burlones de la muchacha, pero no se dejo arrastrar a la contienda.

– ?Practica usted la jardineria, senorita Elizabeth?

– Desde nina. Una pequena parcela, pero me da mucho placer. Y usted, senor, ?practica la jardineria?

– Solo soy un ardiente admirador.

– Ya veo. -Elizabeth senalo la flor y luego se detuvo, lanzandole una mirada inquisitiva. Atrapado por la pregunta que vio en los ojos de la muchacha, no pudo desviar la mirada. Darcy se mordio el labio inferior. ?Acaso ella habria interpretado sus palabras de otra manera?

– ?O, mejor, un perfeccionista, como en todo lo demas? -lo desafio ella. Darcy se limito a sonreirle y le hizo una ligera inclinacion, mientras experimentaba una obscena sensacion de placer al ver la molestia que se habia reflejado en la cara de la muchacha ante su reticencia. Dejandola sola para que se preguntara por el significado de sus palabras, el caballero paso al lado de Elizabeth para recordar a Bingley su compromiso en la sala de billar.

Cuando el y Bingley se cansaron de jugar al billar, Darcy se mantuvo ocupado en diferentes cosas durante el resto del dia. Leyo y jugo varias partidas de whist con las hermanas Bingley y Hurst. Durante la cena solo hablo con Bingley y Hurst acerca de un dia de caceria. Despues, les escribio cartas a todos los parientes y amigos en los que pudo pensar y que estuviesen esperando alguna noticia suya. Por ultimo, la velada llego a su fin y pudo retirarse con toda tranquilidad a sus aposentos. Al cerrar la puerta, toco la campanilla para llamar a Fletcher y se felicito por mantenerse en su proposito, pero al desplomarse pesadamente en un sillon, se dio cuenta de que el esfuerzo lo habia fatigado de una manera que no guardaba proporcion con el efecto que buscaba.

No pienses en eso, se ordeno, mientras cerraba los ojos y bostezaba. Estas demasiado cansado para analizarlo todo con detalle. Darcy estiro las piernas y se recosto para esperar a su ayuda de camara.

– ?Ejem! Senor Darcy. ?Ejem!

Darcy abrio los ojos lentamente, pero al ver a Fletcher se sento de un salto.

– ?Fletcher! ?Debi de quedarme dormido!

– Si, senor. Estaba usted atrapado en los brazos de Morfeo. ?Necesita esta noche alguna cosa distinta a lo usual, senor?

– No, no. -Darcy nego con la cabeza y bostezo-. Solo quisiera continuar lo que empece aqui en este sillon y lo mas pronto posible.

– Claro, senor. ?Puedo preguntarle que chaqueta y que chaleco desea que le planche para los servicios religiosos de manana? -pregunto Fletcher mientras le quitaba a su amo la chaqueta y la corbata con habilidad. Darcy suspiro; la energia que necesitaba para concentrarse en esa pregunta parecia inalcanzable.

– ?Tal vez la verde, senor, con el chaleco de rayas doradas y grises?

Darcy hizo una mueca y miro a Fletcher.

– Si, supongo que si. Aunque es un poco excesivo para una pequena iglesia de pueblo, ?no cree, Fletcher?

– ?Excesivo, senor? Notable, ciertamente, pero ?excesivo? No, senor -le aseguro Fletcher, mientras preparaba la ropa de dormir de su patron.

Darcy miro de cerca a su ayuda de camara.

– Asi que notable, ?ah? ?Y por que querria yo vestirme de manera «notable» manana?

La mirada de Fletcher fue una representacion del orgullo profesional.

– Senor Darcy. ?Tengo una reputacion que mantener!

– ?En Hertfordshire?

– En cualquier lugar donde usted este, senor. Es mi deber velar para que usted se presente siempre de una manera acorde con su posicion y con la ocasion, senor. -Fletcher siguio con sus preparativos, ejecutandolos con exaltada dignidad.

– ?Y los servicios religiosos de una iglesia de pueblo requieren una presentacion «notable»? -pregunto Darcy con tono insistente, pues las protestas de Fletcher habian despertado sus sospechas.

– Perdoneme, senor, pero tenia la conviccion de que el Senor estaba tan presente en una «iglesia de pueblo» como en Saint… en Londres.

– ?Ejem! -resoplo Darcy-. No estoy totalmente convencido de que su sinceridad en esto sea tan buena como su teologia, pero estoy demasiado fatigado para discutir. Que sea la chaqueta verde.

– ?Y el chaleco dorado y gris, senor?

– El gris con dorado -acepto Darcy-. Aunque todavia no puedo entender por que tengo que llevar un aspecto «notable» manana.

– Muy bien, senor. Buenas noches, senor Darcy. -La sonrisa de Fletcher al salir desperto las dudas del caballero, pero la falta de sueno de la noche anterior, el brutal paseo a caballo de la manana y la extenuante lucha contra su atraccion por Elizabeth Bennet habian tenido un precio. En cuestion de segundos, cayo profundamente dormido, en un sopor sin suenos.


Capitulo 8

<p id="_Toc237585045">Capitulo 8</p> Su peor enemigo

Darcy se aflojo la corbata, dejandola un poco menos apretada de lo que su ayuda de camara habia juzgado necesario, y luego se miro al espejo mientras Fletcher daba una ultima sacudida con el cepillo a los hombros de su chaqueta verde.

– Listo, senor. -Fletcher le hizo dar la vuelta, mirandolo con ojo critico. Se detuvo en el chaleco y, con un preciso movimiento del pulgar, volvio a presionar el doblez de la solapa, asintiendo con la cabeza en senal de satisfaccion.

– Entonces ?tengo su aprobacion? -pregunto Darcy un poco exasperado por la extraordinaria atencion que Fletcher le habia prodigado al arreglar su atuendo para asistir a los servicios religiosos de una manana cualquiera en la iglesia de Meryton.

– Estara bien, senor.

– ?Bien! Fletcher, confio en que usted no haya perdido la cabeza conmigo. Cuando contrate sus servicios le adverti que no deseaba pasar por un petimetre.

– ?Claro que no, senor! -exclamo Fletcher con dolida presuncion-. Ni yo permitiria semejante desatino si alguien tratara de convencerlo de hacer el intento. No es su estilo, senor.

– En eso, al menos, estamos de acuerdo. -Darcy agarro sus guantes, mientras Fletcher abria la puerta de la habitacion, con el sombrero de su patron en la mano.

– Que tenga una buena manana en el dia del Senor, senor -dijo el ayuda de camara haciendo una inclinacion y entregandole a Darcy su sombrero de copa y su libro de oraciones. El gesto de Darcy al salir fue uno de esos movimientos de cabeza lentos y pensativos destinados a recordarle a Fletcher quien era el patron. Completamente seguro del significado del gesto, el sirviente bajo los ojos con humildad y rapidamente cerro la puerta con firmeza.

Sacudiendo la cabeza por la gracia que le habia causado el inexplicable comportamiento de su ayuda de camara, Darcy descendio las escaleras hasta el vestibulo principal. Al no ver todavia a nadie dispuesto a salir, saco su reloj de bolsillo para ver si se habia equivocado de hora. Comprobo con el reloj del vestibulo que indicaba la hora convenida. Con el ceno fruncido, guardo el reloj y comenzo a caminar hacia el comedor del desayuno, pero enseguida se detuvo al oir voces que venian del corredor del piso superior. Darcy dio media vuelta y, volviendo sobre sus pasos, rodeo la pilastra de la escalera y miro hacia arriba, preparado para exigir mayor premura.

– ?Elizabeth! -El nombre de la muchacha escapo de sus labios como un susurro, pero ella parecio oirlo porque levanto los ojos que tenia fijos en el suelo mientras bajaba la escalera para encontrarse con su mirada de admiracion. Iba vestida de una manera encantadora, con un traje color crema adornado con delicado encaje blanco, sobre el cual llevaba una chaquetilla amarillo mostaza con ribetes verdes. Los colores le sentaban admirablemente bien, noto Darcy, y tenian su piel de un resplandor dorado. La senorita Elizabeth parecia vacilante, mientras observaba al caballero con una curiosa expresion de sorpresa. Sin pensarlo, Darcy avanzo unos pasos y, cuando llego al lado de la muchacha, se detuvo y bajo la vista al ver su confusion.

– Senorita Elizabeth -murmuro Darcy y se inclino hacia delante, teniendo el cuidado necesario debido a la estrechez de la escalera-. ?Me permite? -Le ofrecio el brazo y le senalo los escalones que aun faltaban.

– Senor Darcy… gracias, senor. -La voz de la muchacha temblo un poco cuando tomo el brazo de Darcy y miro afanosamente alrededor del vestibulo-. Mi hermana viene detras de mi… Y los demas vendran enseguida.

– Espero que asi sea o llegaremos muy tarde -logro decir Darcy en voz baja y estable, a pesar del temblor interno que le producia el hecho de sentir la ligera presion de la mano de la muchacha sobre su brazo. Era una imagen tan encantadora…; el suave color crema y el amarillo mostaza parecian combinar bien con la manga de su chaqueta. Casi como si…

No, no, ?Fletcher no podia haberlo sabido! No pudo evitar sentirse invadido por una ligera sospecha. Levanto la vista de su brazo para contemplar el perfil de la mujer que tenia a su lado y luego miro hacia las escaleras detras de ellos, casi esperando ver a su ayuda de camara escondido entre las sombras del corredor del segundo piso. Pero, en lugar de eso, aparecio el resto del grupo, que estaba a punto de reunirse con ellos.

Deslumbrante con un traje violeta y una capa purpura con un sombrero a juego adornado con plumas grises, la senorita Bingley comenzo a bajar.

– ?Senor Darcy! Louisa y Hurst ya vienen, pero Charles y la senorita Bennet ya estan aqui, como usted puede… -Dejo la frase sin terminar, a medida que se fue acercando, y una mirada de intriga le hizo fruncir el ceno al observar a Darcy.

– ?Senorita Bingley? -dijo el al notar que ella guardaba silencio. Sin pronunciar palabra, la senorita Bingley dejo que sus ojos oscilaran entre Darcy y Elizabeth, mientras los otros se reunian con ellos en el vestibulo.

– Senorita Elizabeth. -Bingley se acerco a ellos con una sonrisa-. Permitame decirle que tiene un aspecto estupendo esta manana. Tanto usted como Darcy, en realidad. No podrian haber hecho mejor pareja si lo hubiesen planeado.

Darcy se ruborizo con incomodidad, aunque no estaba seguro de si se debia a la ingenua observacion de Bingley o a las sospechas de la complicidad de su ayuda de camara.

– Solo una curiosa coincidencia, Charles -se oyo decir a la senorita Bingley, que habia recuperado el habla-. Pero no tan notoria como para que merezca comentario alguno.

– ?Coincidencia! -replico Bingley mientras acompanaba a la senorita Jane Bennet-. Apostaria a que… -La severa expresion con que Darcy lo miro casi le hizo tragarse la lengua-. Apostaria a que es, tal como tu dices, una mera casualidad. ?Ya esta todo el mundo aqui? ?Bien! No debemos llegar tarde a la iglesia -termino de decir apresuradamente, y poniendose el sombrero, escolto a las damas hacia la puerta.

Darcy decidio viajar con los Hurst y dejar el entretenimiento de las invitadas en las habiles manos de Bingley. Ciertamente estaba demasiado malhumorado como para tolerar las especulaciones de la senorita Bingley o su groseria con Elizabeth. La somnolienta atmosfera que Hurst era capaz de proyectar era exactamente lo que necesitaba para contener sus emociones y ponerlas bajo control. Con el fin de desalentar a sus companeros de viaje de establecer una charla trivial, Darcy abrio su libro de plegarias al azar y obligo a su mente a prepararse para la manana.

Oh Dios, que por Tu espiritu llevas a

los hombres a desear

Tu perfeccion, a buscar la verdad y a

regocijarse en la belleza:

Iluminanos y concedenos la inspiracion, te rogamos…

Regocijarse en la belleza. Darcy miro distraidamente por la ventanilla del carruaje hacia el campo, pero solo vio un par de ojos hermosos y una sonrisa encantadora que lo consolaron en medio de la silenciosa y fria manana de otono. Regocijarme en su belleza… ?Acaso querria tener ese intimo derecho? Darcy suspiro y dirigio nuevamente su atencion al texto. Concedenos la inspiracion… Se recosto contra los cojines con la dolorosa conviccion de que estaba sufriendo mas bien un ataque de inspiracion y no la falta de ella. Que extrano resultaba el hecho de que, despues de haber pasado los ultimos dos anos reencontrandose con los placeres de la sociedad londinense y rodeado por las jovenes mas hermosas, refinadas y deseables de Inglaterra, descubriera en un remoto rincon de Hertfordshire la belleza y la inspiracion que le aceleraban el pulso y le hacian perder la compostura.

… para que en todo lo que sea verdadero, puro y hermoso,

Tu nombre sea venerado y venga a la tierra Tu reino;

A traves de Jesucristo, nuestro Senor.

Amen.

Darcy cerro el libro con delicadeza. Verdadero… puro… hermoso. Con toda sinceridad, ?que mejores requisitos podia tener la mujer con la que uno iba a compartir la vida? Su memoria volvio a oir la larga lista de talentos que habia hecho la senorita Bingley para definir a una mujer realmente virtuosa, con la condicion adicional de que fuera muy leida. ?Acaso la encarnacion de esa lista le ofreceria una mejor garantia para su futura felicidad que una mujer que fuera verdadera, pura y hermosa?

El carruaje fue disminuyendo la velocidad a medida que el cochero guiaba los caballos hacia el patio de la iglesia y luego se detuvo completamente frente al sendero que llevaba a la puerta principal. Darcy espero a que Hurst descendiera y le ofreciera la mano a su esposa y luego avanzo hacia la puerta. Con desconsuelo, observo que la senorita Bingley iba detras de ellos, con la esperanza, sin duda, de sentarse junto a el en el banco. Como era su deber, le ofrecio el brazo, el cual ella acepto con un aire de posesion que dirigio principalmente hacia Elizabeth, pero que incluyo a todo Meryton en general. Mientras Darcy la escoltaba hacia la iglesia, descubrio una sensibilidad artistica de la cual no habia sido consciente hasta aquel momento y que temblaba ante el terrible contraste que presentaban el purpura de la senorita Bingley y su propio verde, y nuevamente se pregunto si Fletcher tambien habria tenido algo que ver con aquella combinacion de colores.

Cuando estaba a punto de seguir a la senorita Bingley a traves de la puerta, Darcy se detuvo al ver que Elizabeth estaba saliendo, con una sonrisa de disculpa en sus labios. Despues de sentarse al final del banco, se inclino hacia delante y miro a Bingley, que estaba al otro lado, con una ceja levantada en senal de pregunta. Bingley modulo en respuesta la palabra «chal» y se encogio de hombros. El director del coro se levanto en ese momento y les hizo senas a los ninos para que comenzaran el himno procesional. El coro de doce miembros inicio su solemne procesion por el pasillo, seguido por el vicario y su joven asistente. Unos segundos despues, Darcy sintio una corriente de aire calido y, cuando bajo la vista, vio que Elizabeth estaba a su lado, con un pesado chal de lana en los brazos.

– Por favor, senor, ?seria usted tan amable de pasarle esto a Jane? -susurro sin aliento. Darcy tomo el chal y se lo paso a la senorita Bingley, mientras observaba discretamente por el rabillo del ojo como Elizabeth vigilaba el avance del chal a lo largo del banco. Darcy supo en que momento exactamente recibio el chal la senorita Bennet, pues vio la tierna sonrisa que ilumino la cara de su hermana y sintio que el mismo comenzaba a esbozar una sonrisa, cuando el coro termino el himno y el vicario los invito a rezar.

Las palabras de la invocacion, que resultaban tan familiares para Darcy, fluyeron a traves de el, hablandole de un orden superior de grandeza que rara vez dejaba de sobrecogerle, a pesar de que los constantes susurros de la senorita Bingley, que se quejaba del frio y de la duracion de la oracion, fueron obstaculos enormes. Sono entonces el «amen», del que hicieron agradecido eco varios de los miembros de su grupo, y se anuncio el primer himno. Era un himno que Darcy no conocia, asi que prefirio escuchar en lugar de tratar de seguirlo. El hecho de que a su lado se encontrara la dama cuya voz tanto le habia gustado la semana anterior fue un mayor estimulo para guardar silencio. Y no se sintio decepcionado; la voz de Elizabeth sobresalia con tono seguro, con un sentimiento y una gracia que lo conmovieron profundamente. En el ultimo verso, Darcy unio su voz de baritono a la voz de soprano de ella, lo cual provoco la risa a un par de jovencitas que estaban delante. Cuando volvieron a sentarse, el caballero solo tuvo que soportar una vez el examen de las chiquillas, antes de dedicarles una mirada de censura fulminante que solo sirvio para desatar otro paroxismo de estupidez por parte de las ninas. Para aumentar su indignacion, Elizabeth parecia no poder contener la tentacion de unirseles, y tuvo que ponerse rapidamente la mano enguantada sobre la boca, mientras lo miraba con gesto travieso. Darcy la ignoro con arrogancia y dirigio su atencion al vicario.

Llego el momento de la confesion dominical. Darcy murmuro la oracion de memoria, sin detenerse mucho pues creia que las frases que se referian a la desobediencia y la ingratitud eran de poca aplicacion. Cuando llegaron al momento en que se incluia en la lista el pecado del orgullo, Elizabeth se movio junto a el, y con delicadeza, pero claramente, carraspeo. Esto le proporciono a Darcy la justificacion perfecta para hacer enfasis en el siguiente pecado: la obstinacion, de una manera que ella no podia pasar por alto.

Cuando se anuncio el segundo himno, estaban en un punto muerto y Darcy trato de protegerse de los efectos que tenia la voz de la muchacha sobre sus traicioneros sentidos. Aquel himno si lo conocia bien. Al girarse ligeramente en direccion a la senorita Bingley, Darcy logro evitar la mirada burlona de Elizabeth, pero con el desafortunado resultado de darle a la otra dama la idea de que podia volver a reclamar su atencion. Fue una pesima idea, porque la voz de Elizabeth siguio invadiendo sus sentidos y ahora, ademas, se vio obligado a lidiar tambien con los comentarios y las quejas de la senorita Bingley.

– Preparense para recibir al Senor -pronuncio con voz solemne el reverendo Stanley al leer las Escrituras-. Recorran el camino recto a traves del desierto hacia nuestro Dios. -Darcy saco otra vez su libro de oraciones y paso rapidamente las paginas en busca de esos pasajes.

– ?Tch! -Darcy bajo la mirada al oir el sonido que provenia de la desconsolada actitud de Elizabeth, que se mordia el labio inferior con consternacion y contemplaba sus manos vacias. Despues de dudar solo un segundo, puso con galanteria el lado izquierdo de su libro entre las manos de ella e inclino la cabeza para acomodarse de manera que ella tambien pudiera ver.

– Dios todopoderoso, concedenos la gracia… -leyeron juntos. Inclinado sobre el libro, el aliento de Darcy hacia temblar los rizos que flotaban alrededor de las orejas y las sienes de Elizabeth, distrayendolo poderosamente de la pagina que compartian-, para que podamos alejar las obras de la oscuridad y ponernos la armadura de la luz… -Haciendo un gran esfuerzo, Darcy logro concentrarse en el texto y fue capaz de terminar sin que su mente se desviara por peligrosos vericuetos. A su lado, Elizabeth se recosto contra el duro banco, buscando de manera inconsciente una posicion comoda para escuchar el sermon del reverendo Stanley. Los intentos de Darcy por hacer lo mismo fueron totalmente infructuosos. Atrapado como estaba entre dos damas, no se atrevio a permitir que ninguna parte de su cuerpo estuviera demasiado cerca de ellas, asi que sus posibilidades quedaron reducidas a sentarse totalmente recto, de una manera que le recordo dolorosamente al pupitre escolar. No habia nada que hacer, de modo que Darcy se resigno a su suerte, cruzo los brazos sobre el pecho y fijo la vista en la cara del vicario.

Providencialmente, el senor Stanley era un energico predicador, y atrajo el interes de Darcy con la suficiente fuerza como para permitirle olvidarse, durante la mayor parte del tiempo, de la rigidez de sus musculos y la peligrosa consciencia de la inquietante mujer que tenia a la izquierda. Sin embargo, cuando el servicio concluyo y se canto el ultimo himno, Darcy estaba ansioso por ponerse de pie y buscar en el exterior la oportunidad de aliviar la tension de su espalda y sacar a la dama de su mente.

– Senor Darcy -se oyeron dos voces, una de cada lado.

– ?Senorita Bingley, senorita Elizabeth? -dijo Darcy y se quedo esperando con curiosidad a ver cual de las dos le cederia a la otra su atencion.

– Por favor, senorita Bingley, usted estaba primero -dijo Elizabeth que, haciendo una ligera reverencia, se alejo y tomo el brazo del squire Justin, a quien le aseguro que su hermana estaba totalmente recuperada. Decepcionado, aunque sin razon, Darcy se volvio hacia la senorita Bingley y le pregunto en que podia ayudarla. Con una sonrisa triunfal, ella lo tomo del brazo, sin darle la oportunidad de hacer otra cosa que escoltarla por el pasillo lleno de gente.

– No tienen calientapies, senor Darcy, ?y con este clima! ?Es increible! La proxima semana, se lo prometo, ordenare que traigan los ladrillos del coche, haya calentadores o no.

– Como desee, senorita Bingley -respondio Darcy de manera distraida, mientras fijaba su atencion en un pequeno revuelo que tenia lugar en la parte reservada a los criados.

– Tal vez Charles deberia pedirle al sacristan que hiciera algo al respecto. ?Como pueden pretender que uno le preste atencion al vicario mientras se congela?

– Mmm -musito Darcy, que apenas la estaba oyendo. Con cierta curiosidad, Darcy examino el grupo de criados hasta que localizo el lugar de donde provenia la agitacion y se sorprendio al ver en el centro a su propio ayuda de camara.

– ?Que de…!

– ?Senor Darcy! -exclamo la senorita Bingley-. ?Que estara pasando? -Al no recibir ninguna respuesta, siguio la severa mirada de Darcy hasta el rostro de su ayuda de camara, que le devolvio la mirada con la misma perturbada altivez, mientras sostenia el brazo de una mujer joven con una mano protectora. Tras ellos habia un lacayo mas bien alto y corpulento, que los observaba con una colera que podria haber encendido una llama a veinte pasos de distancia.

– ?No es ese su ayuda de camara? -pregunto la senorita Bingley. Darcy contesto afirmativamente casi sin voz, mientras apretaba la mandibula de manera amenazante. Atrapado entre dos fuegos, Fletcher bajo los ojos en senal de deferencia hacia su amo, cuya mirada prometia un futuro ajuste de cuentas. El lacayo, al verse intimidado por un caballero, se echo hacia atras, alejandose de Fletcher y la muchacha, y salio de la iglesia en la direccion opuesta.

Darcy siguio cruzando el pasillo con la senorita Bingley del brazo.

– Su ayuda de camara… ?lleva mucho tiempo con usted? -pregunto ella tras unos instantes de silencio.

– Bastante -contesto Darcy laconicamente.

– ?Y le presta un buen servicio? ?Sin arranques de mal genio o problemas con los colores?

– ?Claro que no! Al menos… -Darcy guardo silencio, considerando lo que acababa de presenciar-. Por lo general, es totalmente digno de confianza. Pero, me pregunto cual es su interes en mi ayuda de camara, senora.

– Ah, simple curiosidad, senor. Pero, digame, ?alguna vez lo ha visto confundir el verde con el gris?

Despues de llevar a la senorita Bingley hasta su vehiculo a la salida de la iglesia de Meryton, Darcy se dirigio al carruaje de los Hurst para regresar a Netherfield tal como habia venido. Las damas estaban subiendo hacia sus habitaciones cuando el se quito el sombrero y los guantes y se deshizo de su abrigo, a la entrada de Netherfield. Algunas frases acerca del inminente regreso de las hermanas Bennet a Longbourn llegaron hasta sus oidos cuando se detuvo un momento y observo con cierta preocupacion la nostalgia con que Bingley las miraba.

– Si quisieras ofrecerme una bebida caliente, viejo amigo, aceptaria encantado -propuso Darcy con cuidado.

Bingley volvio en si y, sacudiendo la cabeza en senal de disculpa, contesto que pediria algo enseguida.

– ?Un chocolate estaria bien?

– ?Excelente! ?En la biblioteca? Tienes que oir el relato que lei ayer sobre la caida de las murallas de Badajoz. -Bingley asintio de manera debil y se marcho para ordenar las bebidas, mientras Darcy se dirigia a la biblioteca, ansioso por desaparecer de cualquier lugar que pudiera atraer a las hermanas Bingley o, en particular, a sus invitadas que estaban a punto de marcharse. La prolongada proximidad con Elizabeth en la iglesia lo habia perturbado y ciertamente habia contrariado su plan de permanecer lejos de ella hasta que se marchara. Darcy sabia que debia emplear bien el poco tiempo que quedaba. Y su mejor alternativa era salvaguardarse de cualquier contacto con ella hasta que la cortesia exigiera su presencia. Si su plan exigia distraer la atencion de Bingley de la senorita Jane Bennet, aun mejor.

Darcy y Bingley pasaron una hora muy agradable «tomando» Badajoz desde la comodidad de sus sillones frente a la chimenea de la biblioteca. El relato del autor, lleno de suspense, sumado al talento de Darcy para infundirle a la narracion un sentido de cercania y heroismo tuvieron completamente fascinado a Bingley. Al levantar la vista del texto, Darcy se sintio feliz de ver como la expresion de su amigo fue cambiando gradualmente de un interes puramente cortes a una intensa expectacion, asi que cuando Stevenson les informo de que las senoritas Bennet estaban a punto de marcharse, Darcy se felicito al detectar en Bingley una momentanea sensacion de decepcion por la interrupcion.

Al acompanar a su amigo hasta el vestibulo principal, Darcy tuvo cuidado de quedarse en segundo plano, mientras observaba con indiferencia los movimientos de los participantes en la despedida. El alivio de la senorita Bingley por la partida de las damas era casi palpable, y el de su hermana, apenas un poco menor. Hurst se marcho del vestibulo tan pronto como se lo permitio la decencia y Bingley se quedo solo, expresandoles a las damas la sincera sensacion de perdida que le producia su partida. Cuando por fin dio un paso al frente, Darcy se inclino brevemente ante la senorita Jane y le deseo un buen viaje a casa y la continuidad de su buena salud. Luego se volvio hacia su hermana, listo para pronunciar palabras similares, pero casi pierde su estudiada gravedad al percibir con sorpresa la agitacion que tenia lugar en los ojos de la senorita Elizabeth.

– ?Senorita Elizabeth? -pregunto.

– Senor Darcy -respondio ella con una voz que requirio que el se acercara un poco mas para oirla mejor-. Senor Darcy, le aseguro que no tengo ningun deseo de entrometerme en sus asuntos domesticos o involucrarlo a usted en historias locales. -Se detuvo un momento con evidente incomodidad, pero tras recuperar la compostura, siguio adelante-: Temo que a usted le parezca que esto es una intolerable imposicion, pero, por favor, permitame poner en su conocimiento el gran servicio que su criado le hizo esta manana a la pequena Annie Garlick.

– El senor Fletcher es muy consciente de la conducta que espero de quienes estan a mi servicio -respondio Darcy con arrogancia, pero con curiosidad por el interes de la muchacha en el incidente.

– ?Oh, me alegra tanto oir eso, senor Darcy! -fue el comentario de la muchacha.

?Lo habia vuelto a hacer!, penso Darcy, sin saber si debia sonreir o fruncir el ceno. Ahora, ?que queria exactamente que dijera?

– ?Que quiere decir con eso, senorita Elizabeth?

– Bueno, sabiendo que cuenta con su total respaldo y sus mas altas expectativas para alentarlo, su ayuda de camara hizo lo que ninguno de los otros sirvientes estaba dispuesto a hacer, ni tampoco ninguno de los caballeros del pueblo.

Darcy decidio dejar de fingir que no entendia.

– El lacayo corpulento -dijo.

– Si -contesto Elizabeth sonriendo-, ese hombre estaba molestando a la pobre Annie de la manera mas vulgar. Su ayuda de camara se porto con ella como un caballero de brillante armadura.

La imagen de Fletcher vistiendo una armadura y preparado para combatir cruzo por la mente de Darcy y amenazo con causarle un estado de hilaridad que rara vez habia disfrutado gracias a una dama. Oculto su risa aclarandose la garganta.

– Humm, ?un caballero! Bueno, tendre en mente sus palabras la proxima vez que hable con el. -Se inclino con elegancia ante ella-. Buenos dias.

– Senor Darcy -respondio ella. Luego hizo la respectiva reverencia y se marcho.


Mas tarde, cuando Fletcher entro calladamente en la alcoba de su amo para ayudarlo a vestirse para la cena, Darcy se tomo su llegada con mucho mas interes del que se imaginaba que su ayuda de camara queria recibir.

– Fletcher, quisiera hablar con usted acerca de esta manana -comenzo.

– Si, senor, un momento, senor -contesto el sirviente, y desaparecio en el vestidor. Darcy hizo una pausa, enarcando una ceja, sorprendido. Al ver que Fletcher seguia sin aparecer despues de unos instantes, Darcy decidio dirigirse hacia la puerta del vestidor, pero se estrello contra su ayuda de camara, haciendo que este dejara caer al suelo los pantalones de gala negros que llevaba en los brazos. Mientras Darcy se apartaba, Fletcher se agacho para recogerlos y casi lo hace resbalar al tirar de ellos sin darse cuenta de que Darcy tenia una bota encima. El sonido de la tela que se rompia rasgo el aire e hizo que los dos hombres se quedaran inmoviles.

– Senor Darcy. ?Sus pantalones! -grito Fletcher. La mirada de horror que se reflejo en el rostro de Fletcher contrasto de manera tan ironica con la imagen de heroe que habian pintado las palabras de Elizabeth, que Darcy no pudo evitar que sus labios se curvaran en una mueca burlona. Rapidamente el esbozo de risa se convirtio en carcajada incontenible mientras Fletcher mostraba los pantalones rotos y miraba a su amo en total estado de confusion. En aquel momento, el caballero solo pudo desplomarse sobre el sillon mas cercano y ponerse una mano sobre los ojos tratando de recuperar la compostura.

– ?Senor Darcy? ?Senor? -La voz de Fletcher contenia una nota de preocupacion, en tanto que su patron continuaba tratando de ahogar la risa que amenazaba con estallar nuevamente cada vez que miraba a su ayuda de camara o a los pantalones.

– Senor Fletcher -logro decir finalmente-, recuerdo con claridad que tenia algo importante que discutir con usted, pero le juro que no puedo recordar de que se trataba. Usted probablemente sabra mejor que yo lo que deberia estar comentando en este momento; asi que, si es usted tan amable, ?considerelo dicho! ?Y no se preocupe por los pantalones, hombre!

– Si, senor. Claro… Buscare otro par enseguida. ?Gracias, senor! -dijo Fletcher tartamudeando y fue fiel a su palabra.

En un tiempo record de veinte minutos, Darcy estuvo listo para salir de su habitacion. Cuando su ayuda de camara comenzo a recoger la ropa sucia, Darcy se detuvo un momento. Las maquinaciones de la noche anterior, coronadas por la escena de la iglesia, exigian al menos que demostrara una cierta molestia por su parte. Aunque no tenia pruebas concluyentes de las primeras y, en cuanto a lo segundo… Bueno, el hombre habia conseguido los elogios de un importante personaje. Darcy saco su reloj y jugueteo un poco con la cadena mientras contrastaba la hora con el reloj de la habitacion. Finalmente lo volvio a guardar en el bolsillo del chaleco.

– Fletcher, un momento.

– Senor Darcy. -La actitud de Fletcher le confirmo que su ayuda de camara habia recuperado gran parte de su aplomo habitual.

– He mencionado un asunto de importancia, ?recuerda? -Fletcher se quedo inmovil y miro a su patron con inquietud-. No se por que ni como, pero eso no debe repetirse. ?He sido lo suficientemente claro? -Fletcher asintio con la cabeza-. La senorita Bingley me transmitio su irritacion con toda claridad y no quiero volver a soportarlo otra vez.

– ?La senorita Bingley, senor? ?Que le ha hecho Annie a la senorita Bingley? -El desconcierto de Fletcher coincidia con el de Darcy.

– ?Annie y la senorita Bingley? ?Bueno, nada! -contesto Darcy.

– Entonces, ?usted no esta disgustado por lo de Annie, senor? De verdad, ?que mas puede hacer un cristiano sino defender a una pequena inocente de ese enorme…?

– No estoy hablando de la joven, Fletcher, ?sino de la senorita Bingley! Aunque no puedo decir que me agrade ver a alguien tan intimamente conectado a mi servicio involucrado en un altercado como ese.

– Senor Darcy, le juro por mi vida que nunca he tenido un altercado con la senorita Bingley -declaro Fletcher aterrado.

– No, no, no con la senorita Bingley. -Darcy estaba a punto de darse por vencido en la tarea de hacerse entender-. Fletcher, escuche… -El reloj de la habitacion dio las ocho, lo que significaba que el debia estar en el primer piso justo en ese momento-. Estoy seguro de que usted entiende lo que quiero decir -dijo con frustracion- y espero que sepa cumplirlo.

– Por supuesto, senor -dijo Fletcher, inclinandose. Darcy asintio con la cabeza, sin sentirse totalmente satisfecho, y con una ligera sensacion de confusion. Despues de recibir otro gesto de asentimiento de Fletcher, Darcy se apresuro a bajar al comedor.


La placentera tranquilidad del domingo se convirtio el lunes en un inesperado tedio. El interes de Bingley en las dificultades de la administracion de una propiedad fue decayendo y no fue compensado por el despertar de la actividad social de la senorita Bingley despues de que se marcharan sus inesperadas huespedes. Varias de las personalidades locales y sus esposas vinieron a cenar, pero ninguno de ellos fue capaz de traer la chispa a la cual se habia acostumbrado Darcy. Por tanto, al dia siguiente, cuando Bingley sugirio un paseo a caballo hasta Meryton que terminara en una visita a Longbourn, «para preguntar por la salud de la senorita Bennet por cortesia», Darcy accedio con una celeridad que sorprendio a su amigo.

Las cuatro millas hasta Meryton a traves de sinuosos senderos en medio del campo les brindaron a los dos hombres amplia oportunidad de llenar sus pulmones con el aire tonificante de un hermoso dia otonal. Al notar que sus jinetes se mostraban extraordinariamente complacidos con el recorrido, sus inquietas cabalgaduras se identificaron con ese sentimiento y emplearon todas sus habilidades para hacer de la salida un grato paseo, alentados por las risas de sus amos y las afectuosas y divertidas exclamaciones concernientes a sus origenes hasta que el pueblo aparecio en la lejania. Alli, necesariamente adoptaron de nuevo modales mas caballerosos. Mientras avanzaban por la calle principal, Bingley detuvo su caballo y se empino sobre los estribos, interesado en la escena que tenia enfrente, lo cual intrigo a su amigo.

– ?Que pasa, Bingley? ?Que estas mirando? -pregunto Darcy, examinando el tambien la calle.

– ?No las ves, Darcy? La familia Bennet, o mejor, solo las damas y otros caballeros. A la izquierda, cerca de la tienda de telas. -Dirigio la mirada hacia donde senalaba su amigo, y las vio, rodeadas de algunos oficiales y otros dos caballeros, uno de los cuales parecia ataviado con el traje negro de los clerigos.

– ?Que suerte! Ahora no hay necesidad de seguir hasta Longbourn y, teniendo en cuenta el proposito del viaje, tampoco sera necesario detenernos a preguntar en la calle. La senorita Bennet esta aqui y parece disfrutar de un excelente estado de salud; en consecuencia, nosotros…

La mirada que le lanzo Bingley fue exactamente la que Darcy esperaba. Apoyo los talones contra los flancos de Nelson y sonrio al gritarle a su amigo por encima del hombro:

– ?Vamos, perdedor! ?Vienes?

Tan pronto como Bingley lo alcanzo, Darcy disminuyo el paso y se acercaron al grupo. Nadie habia notado todavia su presencia, pues el caballero desconocido se interponia entre ellos y las damas. Un aleteo de excitacion se agito libremente en el pecho de Darcy cuando primero la senorita Jane Bennet y luego la senorita Elizabeth se percataron de su llegada.

– ?La senorita Bennet y, si, todas sus hermanas! ?Que maravillosa coincidencia! -saludo Bingley, mientras detenia completamente su montura.

– ?Senor Bingley! ?Como esta usted, senor? -contestaron varias de las jovencitas, sonrojadas por la atencion de que eran objeto.

– Senores, estabamos precisamente presentando a nuestro primo recien llegado a Meryton y conociendo igualmente a un nuevo amigo -explico Elizabeth por encima de las risitas de sus hermanas-. ?Me permiten presentarles a nuestro primo, el senor Collins, de Kent? -Consciente de que el caballero vestido de negro se habia dado la vuelta, Darcy apenas fijo sus ojos en el y asintio con la cabeza. El paseo hasta Meryton habia conseguido un maravilloso rubor en las suaves mejillas de la senorita Elizabeth, y aunque la felicidad que reflejaban sus ojos no se debia a la presencia de Darcy, de eso estaba seguro, seguia siendo un espectaculo extraordinario. Logro apartar sus ojos de ella cuando la muchacha comenzo la segunda presentacion y trato de prestarle atencion.

El otro caballero no se giro durante la primera presentacion, sino que permanecio dandole la espalda al hombre a caballo. La impresion de que la figura del hombre le resultaba familiar cruzo de manera rapida por la mente de Darcy. ?No puede ser!

– … presentarle al senor Wickham, que acaba de unirse al regimiento del coronel Forster. -Elizabeth resplandecio cuando el caballero se dio la vuelta e hizo una inclinacion, con un solo movimiento.

Darcy se quedo paralizado por la sorpresa y la rabia. Su rostro palidecio por completo, excepto por los ojos, que brillaron de manera sombria al ver al nuevo oficial. Sintiendo enseguida la conmocion de su amo, Nelson comenzo a retroceder y levanto la cabeza con creciente agitacion. Los habiles movimientos de Darcy pusieron al animal bajo control, pero su mirada siguio penetrando la cara enrojecida de Wickham. Incapaz de soportar el furioso escrutinio de Darcy, Wickham fruncio el ceno pero oculto su reaccion con el gesto de llevarse la mano al sombrero, a modo de saludo. Con los labios apretados en un implacable gesto, Darcy le devolvio el saludo con la minima muestra de cortesia y se volvio hacia Bingley, mientras su mente se convertia en un caos total.

Afortunadamente Bingley solo tardo unos minutos mas intercambiando comentarios con las damas y los caballeros y se despidio. A Darcy la entrevista le parecio interminable. Se quedo inmovil en la silla de montar, sin saber a donde mirar, mientras la cabeza le daba vueltas.

?Como es posible? ?Se ha unido al regimiento? ?Por que? ?Como? Las preguntas y las sospechas fluian rapidamente. ?Por que aqui? ?Acaso sabia que yo estaria en Hertfordshire… me ha seguido? Su objetivo, ?cual puede ser su objetivo? Mientras Darcy se agachaba y fingia ajustar uno de los estribos, una oleada de nauseabundo temor lo sacudio hasta la medula. ?Georgiana! ?Dios mio! ?Le habra hecho algo a Georgiana y ha venido a restregarmelo en la cara? De la misma forma que no podia evitar que el sol se levantara cada manana, tampoco pudo evitar el estremecimiento de rabia y temor que sacudio su cuerpo. Sus manos temblaron, la calle parecio inclinarse y todo su ser reclamo la oportunidad de saltar sobre el demonio cuya incomodidad de hacia unos instantes habia sido reemplazada por un aire de modestia y cordialidad.

– Senorita Bennet, senorita Elizabeth. -La voz de Bingley llego al conmocionado Darcy como en un sueno-. Por favor presenten mis saludos al senor y la senora Bennet. Senor Collins, senor… ?Perdon! Teniente Wickham. Encantado de conocerles, senores. -Bingley se quito el sombrero y, haciendo otra reverencia a las damas, hizo que su montura diera media vuelta. Recordando sus modales, Darcy hizo lo mismo y alcanzo a ver una expresion de curiosidad en el rostro de Elizabeth.

?Que le habria parecido todo aquello?, penso con rencor mientras seguia a Bingley a la salida de Meryton. Conociendo las inclinaciones de la senorita Elizabeth Bennet, Darcy supuso que ella estaria examinando el incidente con peligroso celo. ?Que pensara del asunto? ?Se atrevera Wickham a ofrecerle una explicacion? ?No! No, hacerlo seria ponerse al descubierto y eso es algo que, con seguridad, no se puede permitir, penso Darcy con amargura. ?Cuanto costaria un cargo de teniente? ?No, no creo que se pueda permitir muchos lujos si se ha unido al ejercito! Pero ?que hay de Georgiana? Darcy volvio a angustiarse, temiendo por su hermana. ?Acaso Wickham habia intentado ponerse en contacto con ella, obligarla a alguna cosa mientras su hermano estaba ausente?

Bingley comenzo a tararear una cancion de amor popular y el sonido de su desafinado silbido se enfrento al torrente de emociones de Darcy, hasta resultar victorioso.

– Tienes toda mi atencion, Bingley -dijo Darcy bruscamente, decidiendo que debia enviar un correo urgente a su hermana-. ?Por favor, no sigas, te lo ruego!

– ?No te gusta la cancioncilla, Darcy? Esta de moda, ?sabes? -dijo Bingley, sonriendole con expresion imperturbable.

Darcy enarco una ceja, despectivo.

– ?Una cancioncilla, dices? Crei que estabas llamando a las vacas y esperaba encontrarme rodeado de tus admiradoras de cuatro patas en cualquier momento.

– ?Darcy! ?Estas exagerando! -La acusacion de Bingley fue recibida con un resoplido que negaba la existencia de la tendencia a exagerar-. Bueno, nunca he dicho que tenga talento musical, al menos no para tus oidos, pero con seguridad a un hombre se le puede perdonar que cante en voz alta cuando esta inspirado por la belleza que acabo de contemplar. -Darcy creyo haber oido a Bingley suspirando de amor-. ?Que suerte haberlas encontrado en el pueblo! Podriamos haber pasado y no haberlas visto.

– Si, es cierto -respondio Darcy en voz baja, mientras reflexionaba sobre la naturaleza fortuita del encuentro. Es posible que se hubiese encontrado con Wickham en alguna velada social en el pueblo. Los oficiales de Forster parecian estar siempre en todas partes. Era muy probable que Wickham fuese invitado junto a sus companeros a asistir a una cena o a animar una reunion. ?En una sociedad tan restringida como la de Hertfordshire, se estarian encontrando continuamente! Darcy hizo rechinar los dientes-. ?Intolerable!

– ?Como has dicho? -Bingley detuvo su caballo y se giro para mirar a su acompanante.

Darcy lo miro desconcertado y luego se dio cuenta de que debia de haber expresado en voz alta la conclusion de sus reflexiones.

– Charles, debo pedirte con toda seriedad que me hagas un gran favor.

Bingley abrio los ojos al oir la solemnidad del tono de su amigo.

– Todo lo que este a mi alcance, Darcy, cualquier cosa.

Una sonrisa fugaz cruzo el rostro del caballero al oir la buena disposicion de Bingley; luego respiro profundamente.

– Te pido que informes al coronel Forster de que su nuevo oficial no sera bienvenido en el baile de Netherfield la proxima semana. -La sorpresa y la duda que se reflejaron en el rostro de Bingley lo hicieron apresurarse a seguir-: Soy totalmente consciente de la posicion en que esto te coloca y no puedo hacer menos que ofrecerte mis mas sentidas excusas. No te puedo dar ninguna explicacion, excepto decirte que conozco desde hace mucho tiempo al teniente Wickham, ya que su padre, antes de morir, fue administrador del mio, y que el ha retribuido la generosidad de mi familia de una manera monstruosa, que siempre se interpondra entre nosotros.

– ?Por Dios, Darcy! ?Crees que Forster sabra que ha aceptado como oficial a semejante bandido?

– No dudo de que se enterara a su debido tiempo. Wickham nunca ha dejado de revelar su verdadera naturaleza despues de un tiempo, pero su manera de ser parece tan sincera, su capacidad de embaucar es tan extraordinaria, que, por lo general, logra hacer el dano antes de que su victima lo sepa. -El ceno fruncido de Bingley y su silencio a causa del impacto de aquella afirmacion mostraron a Darcy que habia logrado su proposito-. Desde luego, en otros aspectos relativos a Wickham debes actuar como te parezca apropiado. Solo te pido que me concedas el favor de ajustar tu lista de invitados para ese baile. Si tienes que incluirlo o tolerar su compania en algun evento publico, no pienses en mi. Nadie me echara de menos, estoy seguro. -Darcy desvio la mirada, recordando el gesto cenudo de Elizabeth.

– ?Que nadie te echara de menos? ?Pamplinas! Ese hombre no cruzara la puerta de mi casa, te lo prometo.

– Gracias -contesto Darcy con sencillez, pero sus palabras parecieron provocar en Bingley un increible placer-. ?Bingley?

– ?Ah, no es nada! Solo que son tan pocas las oportunidades en que te puedo hacer un favor de verdad, que el hecho de que me des las gracias es extraordinario.

Darcy esbozo una media sonrisa.

– Tal vez deberia permitirte mas oportunidades de estas, teniendo en cuenta que te hacen tan feliz.

– ?Tal vez deberias! -repitio Bingley y la sinceridad de sus palabras tras la carcajada que las acompano le dieron a Darcy algo mas en que pensar, mientras dirigian sus cabalgaduras hacia la entrada de Netherfield.

La afirmacion de Bingley de que «ese hombre» nunca seria admitido en Netherfield alivio un poco los sombrios sentimientos de inquietud que invadieron a Darcy al descubrir a Wickham en el condado. Pero sus pasadas experiencias con Wickham conspiraban contra esa sensacion de alivio; Darcy no descansaria hasta haber confirmado que Georgiana no estaba involucrada de ninguna manera en la aparicion del hombre en Hertfordshire. En consecuencia, inmediatamente despues de la cena, se disculpo de participar en los entretenimientos que la senorita Bingley habia planeado para la noche y se retiro al escritorio que habia en el salon. Despues de sacar una hoja de papel y encontrar una pluma bien afilada, la mojo en el tintero y la apoyo sobre el papel.


19 de noviembre de 1811

Netherfield Hall

Meryton

Hertfordshire

Querida Georgiana:


Darcy hizo una pausa y se encontro sin saber como seguir. ?Que debo decir? ?Como debo comenzar a escribir algo que solo puede traerle dolor? Dejo la pluma en el tintero, se recosto contra el respaldo de la silla delicadamente tallado y se quedo observando la hoja blanca que tenia ante el con la mirada perdida. ?Piensa, hombre! ?Acaso no habrias tenido noticias de Georgiana o de su dama de compania si algo estuviera fuera de lugar? Tu disculpas tu caracter alegando la inquietud que sientes por ella; pero, en realidad, ?haces bien al buscar tu propia paz a expensas de la de Georgiana, a quien le costo tanto trabajo y tiempo alcanzarla? Darcy cerro los ojos, mientras se masajeaba las sienes con los dedos, para aliviar la tension que parecia haberse instalado alli para siempre desde el inesperado encuentro de aquella tarde. ?Como debo proceder? Si alguna vez necesitara consejo… Sus ojos se posaron en sus acompanantes.

La senorita Bingley y la senora Hurst estaban absortas en las paginas de Le Beau Monde, mientras que Hurst les leia en voz alta los chismes mas apetitosos de Londres que traia un periodico que acababa de llegar. Bingley intentaba ignorar las carcajadas y el escandalo de sus hermanas y concentrarse en Badajoz, pues el libro habia captado todo su interes desde su lectura del dia anterior. Pero sus esfuerzos no tenian mucho exito, pues se habia visto obligado a levantar la vista repetidas veces porque Hurst insistia en entretenerlo cada dos minutos con los resultados de las carreras y los combates de boxeo de la semana anterior. Darcy suspiro profundamente y se volvio a concentrar en su carta. No podria conseguir mucha ayuda de aquel grupo, estaba seguro.

Un golpecito en la puerta y la entrada de Stevenson con una bandeja de plata en la mano suspendieron toda actividad en el salon. La bandeja, que contenia una unica carta, paso bajo el sorprendido examen de todos los presentes hasta que llego a Darcy. Al reconocer la letra de la direccion, Darcy la agarro rapidamente y se la guardo en el bolsillo de la chaqueta.

– ?Una carta, senor Darcy? -La pregunta de la senorita Bingley dejo ver la fuerza de su curiosidad.

– Una carta, si, senorita Bingley. -Darcy se levanto y se inclino ante sus anfitriones-. Si ustedes me disculpan. No, por favor no te levantes, te lo ruego -le dijo a Bingley, que comenzaba a inclinarse para levantarse de la silla. Darcy salio del salon a grandes zancadas y en unos pocos segundos se encontro en el corredor que conducia a la biblioteca. Tras cerrar la puerta de aquel agradable refugio, se dirigio a la chimenea, atizo los carbones hasta reavivar las brasas y se dejo caer en uno de los sillones que estaban mas proximos para recibir un poco de calor. Con dedos torpes encendio una lampara cercana y saco la carta del bolsillo.

Aunque la carta reposaba en sus manos, Darcy parecia no poder encontrar fuerza suficiente para romper el sello. Le dio vueltas varias veces, leyendo de nuevo la direccion: «Senor Fitzwilliam Darcy, Netherfield Hall, Meryton, Hertfordshire», escrita con la inconfundible letra de su adorada hermana. ?Que encontraria dentro? Querida hermana, ?estas destrozada? En medio de una terrible agonia, Darcy se inclino hacia delante, respiro hondo y rompio el sello.


15 de noviembre de 1811

Pemberley

Lambton

Derbyshire


Querido hermano:

Tu carta del dia 11 revelaba un caracter tan tierno y divertido que la he guardado entre mis recuerdos para atesorarla siempre, asi como atesoro tu preocupacion y afecto por una hermana tan problematica como yo. Tu noble y generosa determinacion de asumir la responsabilidad de todo lo ocurrido el verano pasado me ha dejado muy afectada. No pretendo contradecirte, pero debes permitirme, querido hermano, hacerme responsable de lo que de verdad me corresponde. Debes saber que la contricion que todo esto produjo fue necesaria; de hecho, fue indispensable para mi recuperacion, a diferencia del doloroso incidente entre tu y mi padre que mencionas. (Si, en efecto recuerdo los golpes y el dolor de nuestro padre, aunque ya hace mucho tiempo olvide las malas acciones que los causaron). No quisiera que pensaras mas en eso. Ya ha terminado y pasado y ha sido olvidado. Yo me encuentro libre del peso de esa historia, excepto como una leccion aprendida, y desearia que no te acordaras mas de ella. ?Te aseguro que la senora Annesley y yo estamos trabajando firmemente en eso!


Trabajando firmemente en eso… que no te acordaras mas de ella. Los ojos de Darcy volvieron a examinar el parrafo, con el temor de que hubiese pasado algo por alto. No quisiera que pensaras mas en eso… libre… una leccion aprendida. Darcy se desplomo en la silla, con los ojos cerrados y apretando la carta contra sus labios. Las palpitaciones que sentia en las sienes fueron disminuyendo, a medida que la sensacion de alivio se fue deslizando con dulzura por su cuerpo. Wickham no la ha molestado mas. Evidentemente, su aparicion alli no tenia nada que ver con Georgiana. Durante unos segundos, Darcy saboreo el alivio de sus temores, antes de volverse a preguntar por que estaba Wickham en Hertfordshire y que haria el al respecto. Parecian estar destinados a encontrarse con frecuencia, si el prolongaba su estancia en Netherfield.

– Si yo prolongo mi estancia -murmuro Darcy para sus adentros. Nadie cuestionaria que partiera hacia Londres. Siempre existia la excusa de un negocio inesperado. Estaba comprometido a quedarse hasta el baile, pero ?y despues? Un par de ojos totalmente encantadores, sobre una adorable sonrisa que dejaba a la vista un hoyuelo, se colaron sin control en su recuerdo. ?Deberia lamentar su partida? Darcy bajo los ojos hacia la carta que aun no habia terminado de leer y volvio a levantarla hacia la luz.


Por favor dale mis recuerdos a la senorita Bingley. Es muy amable por su parte clasificar mis escasos talentos como una muestra de «perfeccion». Espero poder ser fiel a la precision de su gusto y solo puedo sentirme honrada por el hecho de que ella tenga mis esfuerzos en tan alta estima. A tu amigo, el senor Bingley, por favor hazle participe de mis felicitaciones por haber adquirido una buena posicion.

Contigo como guia, sus esfuerzos solo podran ser coronados por el exito.

Ahora, querido hermano, debo decir que con el resto de tu carta me quede un poco mas sorprendida. No puedo pensar como es posible que alguien crea que tu, que has sido conmigo el hermano mas considerado y gentil, eres «una persona insensible y prosaica». La senorita Elizabeth Bennet debe de ser, ciertamente, una mujer poco comun para haberse defendido de tus argumentos, haberte desdenado de esa manera y haber pensado que eres un personaje desagradable. ?Es ella, quizas, una de esas personas que se queda con la primera impresion y la forma en que os habeis conocido, en su opinion, no fue precisamente agradable? No puedo creer que lo que haya provocado ese desacuerdo entre vosotros haya sido un desliz en las buenas maneras. Espero que cuando esta carta llegue a tus manos ya se haya restablecido su buena opinion sobre ti, pues no puedo soportar la idea de que alguien juzgue tan mal tu caracter, siendo tan querido para mi.

Termino con mis fervientes deseos de verte y mis oraciones para que Dios te guarde hasta que te reunas con nosotros para Navidad. Hay tantas cosas que me habria gustado decir, tantas cosas que he aprendido, pero eso tendra que esperar hasta que tenga tu querido rostro frente a mi. Como dices que soy el «tesoro» de Pemberley, te recuerdo que tu eres su corazon. ?Regresa pronto!

Tu hermana que te adora,

Georgiana Darcy


Los ojos de Darcy se detuvieron un rato sobre la elegante firma y luego, lentamente, doblo la carta por los pliegues y se la guardo en el bolsillo interno de la chaqueta. ?Georgiana, mi nina querida! musito, entrelazando los dedos y apoyando la barbilla sobre ellos mientras observaba los tizones ardientes de la chimenea. Trato de imaginarsela mientras escribia con tanta precision y sagacidad sobre su situacion, pero no pudo hacerlo. Aquella criatura era totalmente distinta a la que el habia puesto al cuidado de la senora Annesley hacia solo cinco meses. Luego sonrio, al pensar en la incapacidad de su hermana para creer que no todo el mundo lo veia a el como ella lo veia, y se sintio halagado por la absoluta fe de la muchacha en su capacidad de recuperar su posicion frente a los ojos escepticos de Elizabeth Bennet. ?Que cerca habia estado de adivinar la verdad! ?De hecho, la manera en que Elizabeth y el se conocieron no podria haber sido menos favorable!

A pesar de que sabia que era ridiculo, la confianza de su hermana en el hizo encender una llama de optimismo en medio del abismo de indecision en que habia caido en los ultimos dias. La determinacion de corregir la consideracion de Elizabeth se apodero de el. Reviso las circunstancias que tenia a su favor: Wickham no estaria presente, habria un intervalo de una semana de ausencia durante el cual podria reunir topicos de conversacion, el buen espiritu que por lo general reinaba en un baile, la distraccion que ofreceria la presencia de un grupo numeroso de gente y, finalmente, la sorpresa que provocarian su deferencia y condescendencia.

Aliviado ya del motivo inicial para escribirle a su hermana, Darcy se levanto de su ensonacion frente a la chimenea con energia renovada y regreso a buscar la compania de sus anfitriones y la carta que habia dejado empezada. Mas tarde, mientras tomaban brandy y jerez, Darcy se limito a sonreir cuando la senorita Bingley observo que rara vez habia visto a alguien tan entretenido en la redaccion de una carta a su familia.


Capitulo 9

<p id="_Toc237585046">Capitulo 9</p> Conocer su caracter

Sobre el campo descendio un tiempo inclemente, que envolvio la tierra en una bruma helada que a menudo se disipaba en forma de lluvia. La senorita Bingley sintio la llegada y la permanencia de ese molesto clima como una ofensa personal a la que tenia que enfrentarse diariamente. Su hermano la miraba con cierta inquietud, temeroso del efecto que tendria sobre la asistencia al baile, pero la satisfaccion de Darcy con su aislamiento obligado asombraba a sus acompanantes. Los dias que precedieron al baile fueron pasando mientras el y Bingley trabajaban en distintos planes para la mejora de Netherfield y, cuando el tiempo lo permitia, compartian su experiencia al aire libre en los campos de caza. Pasaron varias noches fuera, en casas influyentes de la comarca, y dedicaron algunas tardes a descubrir a ciencia cierta la verdad de las historias sobre la legendaria raza local. A juzgar por las apariencias, Darcy no parecia estar en absoluto interesado en el proximo baile, tal como se habia propuesto. Pero, en realidad, se estaba preparando para el con gran dedicacion.

Su estrategia era elegante en su sencillez: primero despertaria la curiosidad de Elizabeth ausentandose de todos los lugares en donde podrian encontrarse y luego, en el baile, la convertiria en el objeto de su atencion. Darcy esperaba que la sorpresa y la confusion generadas por esa conducta le permitieran reclamar su compania al menos para algun turno de baile, durante el cual el le ofreceria a la muchacha una disculpa bien elaborada por los reprochables modales que habia mostrado durante su primer encuentro. Darcy confiaba en la impredecible inteligencia de la senorita Elizabeth Bennet para inspirar su conversacion de ahi en adelante y sorprenderla con el caracter absolutamente imprevisto y deferente de su conducta. El caballero sonrio para sus adentros al imaginarse a la muchacha hermosamente confundida. Quedaria totalmente atrapada y sin recursos. Entonces, senorita Elizabeth Bennet, empezaremos de nuevo.

Siendo fiel a su idea, cuando los Bingley le pidieron que les acompanara durante su visita a los Bennet para invitarlos al tan esperado baile, Darcy declino solemnemente el ofrecimiento, y en lugar de eso, se dedico a atender la correspondencia con su administrador. Luego paso mas de una productiva hora con Trafalgar en el campo. Darcy evito con cuidado estar presente en cualquier lugar donde pudiera encontrarse con Elizabeth Bennet, y la unica vez que la vio antes del baile fue el domingo en la iglesia de Meryton, pero incluso en esa ocasion no hubo entre ellos mas intercambio que un saludo formal por su parte, al que ella respondio de manera fria.

El martes por la manana, el mismo dia del baile, Darcy dio un ultimo tiron a su chaqueta mientras Fletcher, que sostenia con cuidado sus zapatos de baile, regresaba de buscar el champan de la cosecha adecuada para darles un brillo inconfundible. Fletcher habia enviado a Erewile House, la casa que Darcy poseia en Londres, a buscar su mejor traje de gala, que ahora colgaba listo en una silla. El ayuda de camara habia recorrido los establecimientos locales en busca de un par de medias blancas aceptables, pero al final se vio obligado a pedirlas tambien a Londres. Darcy noto que su camisa estaba almidonada e impecablemente planchada, al igual que una seleccion de corbatas, y que su reloj, sus gemelos, el alfiler de esmeralda y la leontina reposaban sobre la comoda tan relucientes como la sonrisa de satisfaccion que adornaba la cara de Fletcher cuando salio del vestidor, con los zapatos en la mano.

– Listo, senor. -El ayuda de camara le presento los zapatos a Darcy para que los inspeccionara-. Tan brillantes como si hubiese encontrado el betun 98, en lugar de tener que usar el 02. -Darcy asintio con la cabeza, pues su mente estaba ocupada en las intricadas sutilezas de la disculpa que todavia estaba tratando de pensar-. Mmm. -Fletcher carraspeo y espero a que los ojos de su patron se fijaran en el-. Senor Darcy… acerca del chaleco para esta noche -dijo con cuidado.

Darcy lo miro con suspicacia.

– Si, ?que pasa con el chaleco? Es el de seda negra a juego con los pantalones, ?no es asi?

– Si, senor, pero estaba pensando… -Fletcher guardo silencio mientras Darcy entrecerraba mas los ojos y luego concluyo apresuradamente-: en el chaleco de seda verde esmeralda y oro.

– ?Fletcher!

– Era solo una sugerencia, senor. Nada mas. Sera, entonces, el negro. -El ayuda de camara puso los zapatos en el suelo, al lado del asiento sobre el que estaba el traje cuidadosamente colocado-. Aunque -dijo, suspirando- no puedo explicarme la razon por la cual usted desea desaparecer entre los paneles de madera, eclipsado por los llamativos jovencitos vestidos con vulgares uniformes.

– ?No pretendo «desaparecer entre los paneles de madera» esta noche, Fletcher!

– Aun asi, senor.

– ?Que quieres decir?

– Como usted dice, senor, usted no pretende volverse invisible esta noche.

– Pero usted cree que con el chaleco negro y, a pesar de mis intenciones, ?voy a desaparecer? -lo desafio Darcy.

– Senor Darcy -respondio Fletcher con paciencia, haciendo uso de sus conocimientos en el arte de la sastreria-, estoy seguro de que su presencia resulta notoria en cualquier lugar al que usted se digne asistir. Pero he observado, senor, que un salon lleno de casacas rojas tiende a distraer a ciertas personas, principalmente a la parte femenina de la raza humana. Las damas, Dios las bendiga, parecen necesitar algo en que fijarse.

Darcy reflexiono, dudoso, sobre aquella idea, mientras Fletcher sacaba el chaleco en cuestion de la caja que habia llegado de Londres. Una vocecita que provenia de lo mas profundo de su mente se asombro de que estuviese considerando, aunque fuera durante un segundo, semejante desproposito, pero cuando Fletcher regreso, el mismo no pudo apartar los ojos del suave resplandor que producian los hilos verde esmeralda y oro, que creaban sobre el fondo de seda negra un esplendido diseno geometrico. ?Tal vez… no haria dano a nadie!

– Como quiera, Fletcher. Llevese el negro y deje ese. -Darcy sabia que seria mejor que se fuera, antes de que Fletcher lo convenciera de algo que tendria que lamentar-. Quiero que este listo a las siete en punto -ordeno tajantemente.

– Muy bien, senor.

Darcy descubrio que, otra vez, estaba saliendo de su habitacion con sospechas sobre la expresion de impasibilidad de su ayuda de camara y se pregunto que habria sido de su sumiso criado. Ciertamente habia comenzado a comportarse de manera muy peculiar.

Al entrar en el comedor del desayuno, Darcy encontro a Bingley sentado a la mesa y le pregunto la razon de esa temprana aparicion, mientras se servia su cafe.

– Oh, la expectativa del baile, supongo -respondio Bingley-. He ofrecido pequenas fiestas privadas en la ciudad, claro, ?pero esto! -Hizo un gesto circular con la taza antes de darle un sorbo, vaciando la mitad de su contenido-. Esto esta mucho mas alla de mis capacidades. Casi no pude dormir anoche preguntandome si habria olvidado algo o si lo que habia recordado habria sido apropiadamente realizado.

– La senorita Bingley esta satisfecha con tus esfuerzos, sin duda.

– Por el contrario, la senorita Bingley no esta satisfecha con nada de todo este asunto. Esa aparente serenidad, me permito informarte, esta dirigida solo a ti. Si no fuera por la felicidad que me produce la expectativa de estar en compania de cierta dama, ?no habria querido embarcarme en esta interminable odisea!

– Vamos, vamos, Bingley. Se espera que un hombre de tu posicion y dueno de una mansion en el campo ofrezca un baile asi todos los anos y -agrego Darcy al ver la cara de Bingley- varias reuniones mas pequenas a lo largo del ano. Asi ocurre en Pemberley y en Erewile House; tu lo sabes.

– Todo funciona tan facilmente alli; ?estoy seguro de que no te resulta ninguna molestia! Aqui todo es un desastre y… ?esta comida esta fria! ?Donde estan los criados? -Bingley arrojo su servilleta sobre la mesa e hizo ademan de levantarse.

– ?Bingley! Calma, hombre. -Darcy lo detuvo agarrandole el brazo-. Un caballero no rine a sus criados, y tu estas a punto de romper ese sabio principio. -Darcy respondio a la expresion testaruda de Bingley enarcando la ceja.

– ?Ah, maldita sea! Se que tienes razon, Darcy. -Bingley se desplomo nuevamente sobre la silla-. Me comportare bien, para que puedas borrar de la cara esa mirada de superioridad y me ayudes a organizar este infernal baile. -Se paso las manos por el cabello en senal de frustracion y luego le lanzo a Darcy una sonrisa ingenua que su amigo conocia muy bien-. Al menos una cosa ha salido bien, y ha sido, de hecho, bastante providencial.

– Por favor, explicate, Charles, para que podamos alegrarnos juntos -dijo Darcy, riendo.

– Ese hombre al que no querias ver. Wickham.

– ?Si? -Darcy apreto la mandibula de manera inconsciente.

– Fui a ver al coronel Forster a proposito de el, pero me encontre con el senor Denny antes de poder hablar con el coronel. Fue una suerte. Denny queria que le dijera a Caroline cuantos oficiales podian aceptar la invitacion y menciono especificamente a Wickham.

– ?Lo menciono en que sentido, Bingley?

– ?Dijo que no vendria! No podia. Subitamente recordo algunos asuntos que debia atender en Londres y se fue ayer. No esperan que regrese en varios dias. Asi que -concluyo Bingley con aire triunfal- no tienes que preocuparte por el.

Mientras asentia con la cabeza al oir la buena noticia que le proporcionaba Bingley, Darcy sintio que comenzaba a disiparse en su pecho una tension que hasta ese momento no habia notado. Decidio interpretarla como la expresion del alivio que le producia el hecho de que Bingley no hubiese tenido que pasar la verguenza de hacer oficial la exclusion de Wickham del baile. Pero inmediatamente despues, la velada se abrio ante el con todas sus posibilidades, y Darcy permitio que su amigo interpretara como quisiera la sonrisa que asomo a sus labios sin que pudiese hacer nada para evitarla.


– ?Condenada disculpa! -La pastilla de jabon se estrello contra la pared de la banera con un golpe seco y se hundio hasta el fondo sin proferir un solo ruido, mientras Darcy se recostaba contra la cabecera de cobre, con un gesto de frustracion en el rostro-. Dadme un silogismo que resolver, una epopeya griega que traducir o un indomito caballo para domar, ?pero no me pidais que de un maldito discurso bonito! -La manera precisa en que debia formular aquella disculpa lo habia angustiado todo el dia. Cada vez que pensaba que la habia encontrado, sufria una muerte rapida e ignominiosa al imaginarse dandola.

Darcy solto un grunido cuando el reloj de la habitacion le hizo darse cuenta de que el tiempo se estaba agotando. Su falta de talento en asuntos relacionados con la capacidad de dar discursos le habia traido problemas en el pasado, pero ahora se habia convertido en un obstaculo fatal para algo que el realmente deseaba. Tenia que hacerlo bien; ?todo dependia de eso! Darcy se estiro para tocar la campanilla y llamar a Fletcher y se encogio hacia delante cuando el ayuda de camara vacio una jarra de agua sobre su cabeza. Una toalla caliente fue depositada entre sus manos y con ella se seco el agua y el jabon de los ojos. Se levanto y se puso la bata, y luego salio de la banera y recibio mas toallas calientes para terminar de secarse, antes de que Fletcher regresara con su ropa interior y el instrumental para afeitarlo.

– Senorita Bennet, debe usted permitir… debe excusar… Mi querida senorita Elizabeth, es posible que usted recuerde nuestro primer encuentro… no, precisamente preferiria que no lo recordara… Le ruego que me permita… no, rogar no… Senorita Eliza, por favor perdone… ?Arrrg! Perdoneme por portarme como un perfecto patan. -Darcy arrojo la toalla al otro extremo de la habitacion y por poco golpea a Fletcher, que estaba entrando en ese momento.

– Claro, senor. No diga mas, senor -dijo Fletcher.

Darcy lo miro de manera amenazadora durante un instante, con un comentario sarcastico a punto de aflorar a sus labios, antes de que la serena actitud de su ayuda de camara lo hiciera caer en la cuenta del aspecto comico de la situacion. Pero Darcy no se podia reir, el problema era demasiado inminente, aunque si podia alejarse del abismo del mal humor en el cual estaba a punto de hundirse.

– No me referia a usted, Fletcher -gruno en un tono mas humilde, dandose la vuelta para quitarse la bata humeda-. Aunque me disculpo por lo de la toalla. No se la arroje a proposito.

Fletcher le paso a Darcy su ropa interior y luego sacudio la fina camisa de lino, lista para deslizarse por sus brazos.

– Soy yo, senor Darcy, quien debe disculparse por su ligereza. Ha sido imperdonable, senor, y tomare medidas…

– No, no Fletcher, esta bien. Necesitaba ese tipo de distraccion. No obstante -dijo y guardo silencio al tiempo que veia a Fletcher mirando su reflejo en el espejo-, tales despliegues deben ser juzgados con sabiduria.

– Si, senor. -Fletcher se inclino para desenrollar las medias de seda y, en medio de un silencio cuidadosamente calculado, se las entrego a su amo. Enseguida siguieron las ligas de seda negra. Todo el proceso de vestirse se convirtio en una actividad difusa para Darcy, cuya mente estaba absorta en lo mal preparado que se sentia para su proximo encuentro con Elizabeth Bennet y en lo mucho que le disgustaban las reuniones sociales multitudinarias. De hecho, ya comenzaba a sentir un nudo en el estomago y se estaba formando una linea de sudor frio sobre sus cejas. ?Que voy a decirle?, le pregunto mentalmente a su imagen en el espejo mientras se abotonaba el cuello.

Fletcher revoloteaba en silencio a su alrededor, ayudandolo con todos los detalles, mostrando una preocupacion vacilante y benevolente que solo sirvio para aumentar la inquietud de Darcy. Durante unos momentos de locura, Darcy se sintio tentado a compartir su angustia. Exponer el problema a otra persona y pedir su consejo parecia un dulce alivio. Pero, por supuesto, no podia hacerlo. Desde que su padre habia muerto, el no le habia confiado sus preocupaciones a nadie, ni siquiera en el mas minimo detalle. ?No, es una idea ridicula!

No hizo ningun esfuerzo para anudarse la corbata y le hizo senas a Fletcher para que se hiciera cargo. Con habiles movimientos, el ayuda de camara realizo un exquisito lazo, y despues de sujetar el alfiler de esmeralda entre los pliegues, trajo el reluciente chaleco y lo sostuvo para que Darcy se lo pusiera. Cuando el caballero se levanto de la silla, sus miradas se cruzaron. Fletcher abrio la boca para hablar, pero ante la mirada de firme negativa que cubrio el rostro de su patron, volvio a su lugar. Deslizo el chaleco por encima de los hombros del caballero en silencio y luego agarro la chaqueta.

– Su chaqueta, senor.

– Gracias, Fletcher -dijo Darcy en voz baja. Termino de abrocharse el ultimo boton del chaleco y luego se puso la chaqueta negra de gala. El ayuda de camara ajusto las solapas, enderezando las costuras, y reviso la caida de los faldones-. Entonces, ?que le parece?

– Excelente, senor. Si usted fuera a presentarse en la corte, nadie podria encontrar ni una falta.

– ?Ni una, Fletcher? -resoplo Darcy y luego agrego para si mismo-: Ahi se equivoca, mi buen amigo. Me temo que hay una.

– La senora protesta demasiado, a mi parecer.

– ?Que? -le pregunto Darcy con firmeza, asombrado por la audacia del ayuda de camara.

– Shakespeare, senor. Hamlet.

– Ya se que es Hamlet, pero ?que quiere decir con eso?

– ?Que quiero decir, senor? Nada, senor Darcy. Es uno de los innumerables versos memorables de esa obra, ?no cree usted? -Fletcher se inclino y comenzo a recoger las cosas del bano de su patron-. Aunque Hamlet no es mi obra favorita, senor.

Darcy tuvo la clara premonicion de que no debia proseguir en la direccion que queria su ayuda de camara, pero al parecer no pudo evitarlo.

– ?Y entonces cual es su obra favorita?

Fletcher suspendio momentaneamente su tarea y lo miro con seriedad.

– La comedia de las equivocaciones, senor Darcy, La comedia de las equivocaciones.

Tan pronto como Fletcher abrio la puerta de la habitacion, llego hasta ellos el sonido de los musicos afinando sus instrumentos y el ir y venir de los criados. Darcy dio un paso hacia el umbral, pero luego se detuvo y miro hacia su escritorio con indecision.

– ?Senor Darcy? -pregunto el ayuda de camara.

– Un momento, Fletcher. -Darcy se dirigio a su escritorio, abrio el cajon de su correspondencia personal y extrajo una hoja doblada, que abrio y comenzo a leer. Una fugaz sonrisa suavizo sus rasgos, mientras volvia a doblar la carta y la deslizaba dentro del bolsillo interior de la chaqueta. Dandose unas palmaditas en el pecho, sobre el lugar donde descansaba la carta, se dirigio a la puerta con determinacion.

– Buenas noches, Fletcher. Lo llamare a eso de las dos, supongo.

– Muy bien, senor. Mis mejores deseos para la velada, senor Darcy.

El caballero asintio en respuesta a las palabras de su ayuda de camara y se dirigio a la escalera. Los musicos guardaban ahora silencio. Se detuvo un instante en lo alto de las escaleras, y casi pudo sentir a la totalidad de Netherfield conteniendo el aliento, esperando la senal que les permitiria comenzar. El sonido de un carruaje que se acercaba rompio el silencio y, mientras los criados se apresuraban a recibir a los primeros invitados, los musicos tocaron los primeros compases. Darcy respiro profundamente para calmarse, se puso los guantes y comenzo a descender lentamente las escaleras para deslizarse entre el remolino de la sociedad de Hertfordshire. El baile, segun parecia, acababa de comenzar.


* * *

Los musicos ya llevaban tres cuartos de hora tocando y ellas todavia no habian llegado. Darcy se volvio a poner los guantes, alisandolos sobre sus manos, mientras asentia en respuesta a varios saludos que le habian lanzado al pasar. La tardanza de la familia Bennet lo sorprendia, porque si el hubiese sido jugador, habria apostado a que la senora Bennet seria de las primeras en llegar a un baile que se ofrecia practicamente a instancias de sus hijas. No obstante, Darcy habia ocupado el tiempo cumpliendo con su deber al lado de Bingley, pero se preocupo de hacerlo de manera muy circunspecta, bordeando siempre la periferia del creciente grupo de invitados, mientras esperaba tensamente la llegada de Elizabeth Bennet.

No todos los invitados eran indeseables, claro. El saludo que Darcy le ofrecio al coronel Forster y a varios de sus oficiales mas antiguos fue respondido con cortesia y verdadero carino. Y si falto algo de eso, tal ausencia fue bien subsanada por el squire Justin, cuya respuesta al saludo de Darcy estuvo marcada por una familiar letania de agudas pero afectuosas observaciones acerca de sus vecinos y salpicada de contagiosas risas. Darcy no logro evitar a la senora Long y a su esperanzada sobrina, y se salvo de hacerles un desplante solo por la oportuna intervencion del vicario y su esposa.

Tras disculparse lleno de gratitud por la manera en que lo habian rescatado, Darcy se retiro a la ventana que daba sobre el camino y miro hacia la noche. ?Sera posible que haya pasado algo? Levanto la barbilla y se acomodo discretamente el nudo de la corbata. Si no llega pronto… Un coche aparecio a lo lejos, con sus farolillos balanceandose furiosamente mientras los caballos comenzaban a frenar ante las antorchas que iluminaban el comienzo de las escaleras. Los muchachos de las caballerizas se acercaron corriendo y agarraron el arnes del caballo principal, mientras que un lacayo abria la puerta del carruaje y desplegaba la escalerilla. Darcy se acerco mas a la ventana, entrecerrando los ojos por el resplandor de las antorchas. ?Habia llegado!

Se retiro de la ventana y se sumergio en el salon lleno de gente, abriendose camino hacia el vestibulo y la fila de recepcion conformada por los Bingley y los Hurst. Pero no tuvo suerte en su avance. Cuando llego a la puerta, Elizabeth y su familia ya habian recorrido toda la fila y se habian dispersado entre la multitud que seguia creciendo. Dio media vuelta con la esperanza de encontrarla en la galeria que llevaba al salon de baile. Pero su avance nuevamente fue lento, y estaba maldiciendo en silencio el exito del pequeno baile de pueblo de Bingley, cuando la vio.

Estaba conversando con uno de los oficiales mientras se dirigian al salon de baile. No pudo verle la cara, pero su figura era inconfundible. Tenia el pelo recogido con delicadas cintas entrelazadas con exquisitas flores y tres magnificos rizos colgaban de manera encantadora alrededor de su cuello. Darcy apresuro el paso, pero fue frenado por unos cadetes que, evidentemente incomodos en sus uniformes, se detuvieron a mirar a su alrededor como si nunca antes hubiesen asistido a un evento social. Darcy logro esquivarlos, decidido a alcanzar a Elizabeth antes de que fuese absorbida otra vez por la multitud. No se habia alejado mucho. De hecho, estaba a solo unos pasos de el, aparentemente escuchando las palabras del oficial, el senor Denny, con la mayor atencion.

Los jovenes oficiales que habia dejado atras volvieron a adelantarle, llevando de la mano a unas jovenes a quienes Darcy pudo identificar como las hermanas menores de Elizabeth. Los jovenes rodearon a Elizabeth y a Denny, y despues de que una de las muchachas le diera un tiron al oficial, los arrastraron al salon de baile. Elizabeth se dio la vuelta y les dijo adios con una sonrisa melancolica. Cuando lo hizo, Darcy por fin pudo verla completamente. Y aquella vision lo conmovio en lo mas profundo de su ser. De repente, se volvio doloroso respirar. El rugido de la sangre al circular por sus venas hizo que el mundo que lo rodeaba quedara en silencio.

?Parte de mi alma, yo te busco!

Reclama mi otra mitad…

?Donde habia leido eso? Reflexiono mientras se quedaba inmovil, hipnotizado por la vision que tenia frente a el. «Parte de mi alma…». Trato de mover sus piernas. Dio un paso hacia aquellos maravillosos ojos iluminados con tanta vida. «Yo te busco…». Otro paso y Darcy penso que sus ojos se encontrarian, pero no pudo ser porque ella se estaba alejando. «Mi alma…».

– ?Senorita Elizabeth! -exclamo Darcy con un tono de voz a la vez discreto y eficaz. La muchacha lo oyo porque se detuvo y despues de una brevisima vacilacion, dio media vuelta.

– Senor Darcy. -Elizabeth le hizo una reverencia, al tiempo que el se inclinaba, pero la actitud con la que se encaro a el no se parecia en nada a la que habia obnubilado sus sentidos hacia solo un momento. La frialdad que Darcy percibio en la inclinacion de la barbilla de Elizabeth contrastaba de manera desconcertante con el vigor que reflejaban sus ojos. La senorita Bennet no estaba contenta, saltaba a la vista; pero la causa de esa incomodidad le resultaba esquiva, al igual que los pequenos discursos que habia compuesto con la esperanza de obtener el favor de la muchacha. Confundido, prefirio refugiarse en una segura pregunta sobre su estado de su salud.

– Me encuentro bastante bien, senor.

– ?Y su hermana, la senorita Bennet, no ha sufrido ninguna recaida?

– Me complace decir que Jane disfruta de la misma buena salud que yo, senor Darcy.

– Ah, me alegro. -El caballero guardo silencio, pues la contemplacion de los encantadores rasgos de la muchacha a punto estuvo de ofuscar sus facultades mentales. Ante la falta de palabras, Elizabeth enarco una de sus delicadas cejas.

– Asi que mi hermana disfrutara de esta velada plenamente. -Elizabeth volvio a hacer una reverencia-. Senor Darcy -se despidio, dejandolo en medio de la galeria. La manera fria y brusca que la muchacha acababa de utilizar con el lo sorprendio, pero el placer de ver como se alejaba su figura fue suficiente compensacion por el momento. Darcy se sacudio ligeramente la parte delantera de su chaqueta y escucho el ruido de un papel.

?Milton! Enseguida le vino a la mente el origen de las frases. ?El libro que ella habia estado leyendo en la biblioteca! Darcy sonrio para sus adentros, mientras avanzaba hacia el salon de baile a grandes zancadas. El canto de Adan despues de ver por primera vez a Eva. ?Que apropiado! Entro en el salon y se coloco en un lugar donde tuviera la mejor vista del baile. Elizabeth estaba a un lado, absorta en una conversacion con su amiga la senorita Lucas. «A fin de que permanezcas para siempre a mi lado…». Dejo escapar un suspiro, cambiando de posicion y entrelazo las manos enguantadas sobre la espalda. ?Que apropiado! ?Que cierto!

Los musicos tocaron una cuerda para anunciar que el baile estaba a punto de comenzar. Bingley, observo Darcy, ya habia pedido la mano de la senorita Bennet y la estaba escoltando ahora a la cabeza de la fila, un honor que no pasaria inadvertido para nadie. Caroline Bingley siguio, del brazo de sir William, con su hermana y su cunado detras. Darcy le lanzo una mirada de reojo a Elizabeth, que todavia estaba ocupada con la senorita Lucas, pero su vista se vio obstaculizada por un caballero que le resultaba vagamente conocido y decididamente peculiar. Fruncio el ceno al ver que el hombre se inclinaba para besar la mano de Elizabeth y la dama le lanzaba a su amiga una mirada de impotencia. Tomaron su lugar en la fila y Darcy dio una vuelta alrededor, para satisfacer su curiosidad acerca de la identidad del hombre.

Ah, si. Era su primo de Kent… el pastor. Se rio para sus adentros al ver la manera en que su dulce tormento fruncia los labios y levantaba la barbilla, tratando de aceptar con elegancia el hecho de tener que bailar con su primo. La musica comenzo y solo unos segundos despues Darcy tuvo que mirar hacia otro lado para evitar estallar en un inapropiado ataque de risa. ?El hombre realmente no tenia ni idea de bailar! La parte menos admirable de Darcy volvio a regodearse en la desdicha de Elizabeth. Al siguiente giro de la danza, el hombre tomo la direccion equivocada y luego agravo la confusion creada, ofreciendo profusas disculpas cuando lo unico que debia hacer era prestar atencion a los pasos. Inmediatamente despues estuvo a punto de arrollar a una dama grande y pomposa cuando, con la cabeza inclinada, se lanzo prematuramente a hacer el cruce de parejas, lo que provoco que Elizabeth le murmurara instrucciones mientras se ruborizaba de mortificacion. Luego, agarrando las manos de la muchacha, la hizo girar con tanto entusiasmo que Darcy casi llego a temer por la seguridad de la senorita Elizabeth y de todos los que estaban alrededor de ellos.

Lo unico que puede mantener esa sonrisa de indulgencia entre los otros participantes del baile, supuso Darcy mientras observaba muy entretenido, es su atuendo clerical. Es decir, todos menos Elizabeth. El rostro de la muchacha parecia mucho menos benevolente con su primo. La humillacion que la invadia era tan completa que cuando Darcy cruzo una imprudente mirada con ella durante un giro, la fuerza de esa sensacion lo sacudio. El consiguiente impulso a acudir en su ayuda fue tan poderoso que lo unico que lo hizo desistir de dar mas de un paso en su direccion fue la duda de que ella tomara a bien su intervencion. El paso fue sutilmente reorientado y Darcy cruzo al lado de la fila de bailarines, fingiendo una indiferencia que realmente desearia sentir. Las emociones que Elizabeth Bennet habia despertado en el esa noche eran desconocidas y su poder era supremamente perturbador. Era indispensable establecer una cierta distancia.

Se dirigio hasta el otro extremo del salon y dio media vuelta, justo a tiempo para presenciar otro paso en falso del absurdo pariente de Elizabeth. El baile termino y el hombre abandono a su pareja y procedio a ofrecerles disculpas a los otros bailarines, dejandola sola y sin compania para abandonar la pista. De ser posible, la mirada que la muchacha dirigio a la espalda del pastor habria reducido su cuello de clerigo a un anillo de cenizas. ?Y te lo habrias merecido, estupido!

Darcy reflexiono sobre su plan de sorprenderla para que aceptara concederle un baile. A pesar de la falta de garantias, le parecio la estrategia mas viable para su objetivo, pero no todavia. Ahora solo atizaria el fuego. La dejaria recuperarse del baile con el pastor. Luego… Uno de los tenientes de Forster paso rapidamente frente a el y avanzo hacia Elizabeth con paso decidido. Darcy espero hasta que la vio aceptar bailar con el la siguiente pieza, antes de comenzar a buscar a Bingley entre el torbellino de trajes de baile, brunidos bronces y chalecos llamativos.

– Creo que, con toda seguridad, puedes catalogar tu baile como un exito, Bingley -le dijo al encontrar a su amigo entre dos bailes-. ?Tal vez demasiado exitoso!

– ?Demasiado exitoso? Una multitud es lo que realmente quieres decir -le dijo Bingley riendose-. Para ser sincero, podria prescindir de unos cuantos oficiales que parecen no tener nada mejor que hacer que merodear alrededor de mujeres con las que yo quisiera conversar.

– ?Mujeres? Bingley. -Darcy paseo la mirada a su alrededor-. Por lo que parece, estas bien rodeado de muchas mujeres que estarian encantadas…

– ?Mujer, Darcy! No confundas, ni pretendas malinterpretarme.

– Bingley, te entiendo demasiado bien -dijo Darcy bajando la voz-. Has abierto el baile con ella y habeis bailado juntos varias veces. Si haces otra cosa similar, toda la comarca esperara oir el anuncio de boda el domingo.

– Bueno, al menos yo he bailado, y espero seguir haciendolo, mientras que tu no has hecho mas que pasearte por ahi con cortesia y observar a Elizabeth Bennet. -Bingley hizo una pausa para asentir y sonreir, en respuesta al saludo de alguien que acababa de llegar-. Y no pongas esa cara de poquer, porque no funcionara. Te conozco demasiado bien, amigo mio.

– Tiras flechas, Bingley, tiras flechas sin punteria. De hecho, si tengo intencion de bailar esta noche, cuando llegue el momento apropiado.

– Cuando llegue el momento… ?Darcy!

– No me hagas preguntas…

– Asi no me diras mentiras. -Bingley sacudio la cabeza con desaliento-. ?Cuando sera el momento apropiado? ?Cuando suene la ultima campanada de medianoche? ?Que estas planeando, Darcy?

– Un ataque sorpresa, Bingley, y ya no te dire mas. -Se alejo antes de que su anfitrion pudiera vislumbrar algo de sus planes. La musica de la danza folclorica que separaba las tandas estaba a punto de terminar y el necesitaba buscar a Elizabeth antes de que otra casaca roja se la arrebatara. Un estremecimiento de inquietud le recorrio la espalda al recordar los temores y las predicciones de su ayuda de camara sobre la velada, pero luego miro brevemente el chaleco que Fletcher le habia insistido en que usara. Bueno, ya veremos, ?no es asi, amigo mio?

Cuando la encontro, Elizabeth estaba otra vez con la senorita Lucas y no se dio cuenta de que el se acercaba. Al oir el discreto «Ejem» de la senorita Lucas, Elizabeth dio media vuelta y casi se estrella contra su pecho.

– Senorita Bennet. -Darcy se inclino rapidamente, y casi sin esperar a que ella contestara a su reverencia, aprovecho la magnifica ventaja que le daba la sorpresa-. ?Me haria usted el honor de bailar conmigo la siguiente pieza?

Elizabeth abrio la boca y luego la volvio a cerrar; su desconcierto era bastante evidente en todos los aspectos. Se quedo mirandolo y luego dirigio su mirada a su amiga. Darcy espero pacientemente.

– Yo no… es decir, yo iba a… sentarme… -Elizabeth levanto la vista y la fijo en los ojos de Darcy. El enarco una ceja con gesto inquisitivo-. Si -acepto ella con voz ahogada. Darcy se inclino en senal de agradecimiento y se alejo, saboreando la maravillosa confusion que le habia causado a la muchacha y la inminente realizacion de todos sus planes. Justo antes de llegar a su puesto en el borde de la pista de baile, se arriesgo a mirar hacia atras y con eso toda su satisfaccion se evaporo. Elizabeth parecia claramente agitada. Con creciente inquietud, la observo con disimulo, mientras hablaba furiosamente con la senorita Lucas, con la cara encendida y paseando la mirada por todo el salon. Esa vision siguio afectandolo cuando se acerco a tomar su mano para la nueva tanda de baile, ensombreciendo las expectativas que habia alimentado durante toda la semana sobre lo placentero que seria ese momento. Darcy se inclino con rigidez; ella hizo una reverencia. El extendio la mano; ella puso la suya encima, pero no lo miro a la cara. Cualquier sensacion de comodidad que el hubiese sentido alguna vez en compania de ella lo abandono por completo, mientras la conducia a la pista y tomaban su puesto.

Aunque era de esperar, teniendo en cuenta las circunstancias, el murmullo de sorpresa que recorrio el salon cuando quedaron frente a frente solo sirvio para enfatizar en el la idea del ridiculo que estaba haciendo, sacando a bailar a una mujer que, incluso en ese momento, lo miraba con indiferencia. El se la habia imaginado agitada, intrigada. Pero en todas sus visiones ella se habia convertido rapidamente en una magnifica pareja. Sin embargo, la criatura que tenia ante el no mostraba ninguna de esas agradables inclinaciones. ?Que habia ocurrido con la adorable y encantadora Eva?

El caballero obsequio a Elizabeth con la mas formal de las reverencias, inclinandose totalmente. Cuando se incorporo, fijo los ojos en lo que estaba detras de la mejilla izquierda de la muchacha, pero no sin lanzarle antes una mirada disimulada. «Que permanezcas a mi lado…». Darcy congelo la idea. No habia ni una pizca de maleabilidad en la doncella de piedra que tenia enfrente. ?Vamos, imbecil, termina con esta locura!, gruno para sus adentros, al sentir esa conocida sensacion de frialdad apoderandose de su pecho. Los bailarines unieron las manos y dieron la vuelta, quedando ahora en un extremo del salon de baile. La tension de la muchacha, que el podia sentir a traves de sus dedos, aumento significativamente cuando se fue acercando el momento de comenzar los pasos de la danza. Aunque no se atrevio a mirar, pudo sentir que ella lo estaba observando. No podia adivinar el proposito de esa mirada, y hasta que no supiera algo de lo que estaba pasando por la cabeza de la muchacha, decidio que el silencio seria su mejor estrategia. Parecia que el unico placer que podria derivar del hecho de estar en compania de la senorita Elizabeth residiria solamente en el embriagador contacto intermitente con sus dedos enguantados. Eso deberia bastar.

La mano de Elizabeth temblo ligeramente entre su mano.

– Este tipo de danza le debe de parecer mas bien anticuado a alguien acostumbrado a St. James, senor Darcy. -Animado y alertado a partes iguales por la subita decision de la muchacha de entablar conversacion, Darcy bajo los ojos para mirar a su pareja. Parecia dispuesta a pasar por alto cualquiera que hubiese sido la causa de sus reparos frente a el, pero conociendola tan bien como la conocia, Darcy no estaba seguro del verdadero objetivo de Elizabeth.

– Tal como le dije a sir William, no suelo bailar en St. James y, en consecuencia, no tengo idea de que se considera el ultimo grito de la moda -respondio Darcy con cautela-. La danza esta bien, en mi opinion. -Los pasos de la danza los separaron por unos momentos, pero esa pausa no sirvio para inspirar a Darcy. Volvieron a reunirse en silencio.

– Ahora le toca a usted decir algo, senor Darcy -le advirtio ella con impertinencia-. Yo ya he hablado del baile, y usted deberia hacer algun comentario sobre las dimensiones del salon o el numero de parejas.

Darcy la miro a la cara con alivio. Alli estaba la Elizabeth que conocia.

– Senorita Bennet, ?por favor instruyame! Por mi honor que dire cualquier cosa que usted desee escuchar.

Elizabeth agradecio la galanteria de su comentario con un gesto de los labios que se convirtio en una reticente sonrisita.

– Muy bien; esa respuesta servira por el momento. -Darcy desafio a los devastadores ojos de la muchacha hasta el ultimo segundo, mientras que ella hacia un circulo a su alrededor. Cuando volvio a aparecer del otro lado, fue ella quien lo miro de manera desafiante-. Quiza poco a poco me convenza de que los bailes privados son mas agradables que los publicos. -Darcy tomo la mano de Elizabeth al mismo tiempo que los dos volvieron a quedar mirando el extremo del salon-. Pero ahora podemos permanecer callados. -La tension en sus dedos habia disminuido y descansaban mas relajados en la palma de Darcy.

Darcy se dio perfecta cuenta de que el gesto de la muchacha de aceptar guardar silencio era, en realidad, una orden para que el retomara el hilo de la conversacion.

– ?Acostumbra usted hablar mientras baila? -replico Darcy, seguro de que la respuesta mas certera era acceder al pequeno capricho de la muchacha.

Elizabeth enarco las cejas al oir eso, y Darcy penso que habia detectado una chispa en sus ojos que contradecia la actitud de severidad que habia vuelto a apoderarse de sus labios.

– Algunas veces. -Su instructora hizo una pausa mientras Darcy hacia un circulo a su alrededor-. Es preciso hablar un poco, ?no cree? -Esta vez fue ella la que busco agarrarse a la mano de el para dar el siguiente paso-. Seria extrano estar juntos durante media hora sin decir ni una palabra. -Elizabeth lo miro como si estuviera considerando una deduccion logica-. Pero en atencion a algunos, hay que llevar la conversacion de modo que no se vean obligados a tener que decir mas de lo preciso.

?Esa ultima afirmacion tenia la apariencia de ser una verdad a medias!

– ?Se refiere a usted misma? -se defendio Darcy con delicadeza, si no con elegancia-. ?O lo dice por mi? -La manera en que su pareja tomo aire al oir sus palabras le demostro que el dardo habia dado en el blanco, pero la respuesta se volvio imposible, pues una vez mas la danza volvio a separarlos.

– Por los dos -contesto ella, ante el asombro de Darcy, cuando volvieron a reunirse. Y la sensacion de sorpresa aun se acrecentaria mas-. Pues he encontrado un gran parecido en nuestra forma de ser. Los dos somos poco sociables, taciturnos y enemigos de hablar, a menos que esperemos decir algo que deslumbre a todos los presentes y pase a la posteridad con todo el brillo de un proverbio.

Darcy no sabia si ella estaba tratando de causarle risa o rabia. Nuevamente, hizo un amago de ataque y se puso a la defensiva.

– Estoy seguro de que usted no es asi. -Darcy hizo la media inclinacion que correspondia a la danza y luego espero, inmovil, a que ella diera una vuelta a su alrededor-. En cuanto a mi, no sabria decirle. Pero usted, sin duda, cree que ha hecho un fiel retrato de mi persona.

Elizabeth volvio a su puesto y tomo la mano extendida del caballero.

– No puedo juzgar mi propia obra.

?Pero yo si debo juzgarla!, penso Darcy, mientras seguian bailando, callados ahora por acuerdo mutuo. ?Que manera tan extrana de comportarse! ?Por que? Darcy la observo repetidas veces mientras ejecutaban los distintos pasos de la danza, buscando alguna indicacion de su estado de animo. ?Realmente piensa que soy tan grunon? ?O simplemente me ofende por pura diversion? Cuanto mas reflexionaba sobre el comportamiento de la muchacha hacia el, mas irritado se sentia. ?Entonces esta es la venganza por Meryton! ?Ojo por ojo!

Con cierta aspereza, Darcy avanzo hacia su pareja para tomar su mano del caballero que estaba a su derecha, lo cual hizo que el papel que tenia guardado en el bolsillo del pecho crujiera suavemente. ?La carta de Georgiana! Totalmente olvidado, el contenido de la carta volvio a penetrar en su conciencia y, por el bien del carino de su hermana, resolvio intentar una vez mas atravesar aquella especie de torrente agresivo con que lo trataba Elizabeth.

– Senorita Bennet -comenzo cuando volvio a apoderarse de su mano para el siguiente paso-, Bingley y yo ibamos camino de Longbourn cuando tuvimos la alegria de encontrarnos con ustedes en el pueblo la semana pasada. ?Usted y sus hermanas suelen ir a Meryton con frecuencia?

– Asi es, senor, vamos con frecuencia. -Elizabeth lo miro de cerca-. Cuando nos encontro usted el otro dia, acababamos precisamente de conocer a un nuevo amigo.

?Wickham! La rabia que Darcy sintio al ver el rostro que tan bien conocia en las calles de Meryton regreso con toda su fuerza: ?la insolencia de su saludo, la sonrisita de satisfaccion en sus labios, la suspicacia de su mirada! Darcy apreto la mandibula y miro fijamente hacia delante durante unos instantes, sin querer mostrar su contrariedad. Cuando por fin se sintio con el suficiente control de si mismo para aventurarse a responder, bajo la vista para ver la actitud de su pareja.

– El senor Wickham esta dotado de modales tan gratos que ciertamente puede hacer amigos con facilidad. Lo que es menos cierto es que sea igualmente capaz de conservarlos.

– El ha tenido la desgracia de perder su amistad -contesto Elizabeth de manera enfatica-, de modo que sufrira por ello toda su vida.

Al oir la acusacion de la muchacha, a Darcy le empezo a dar vueltas la cabeza. ?La desgracia de perder su amistad! ?Que podria decir el sobre la infame conducta de Wickham? ?Que monstruosa falsedad estaria divulgando aquel hombre? Incapaz de detener la creciente rabia que nuevamente lo afligia, Darcy no pudo contestar nada. El resto del baile habria transcurrido en silencio si sir William no hubiese interrumpido sus reflexiones con una muestra de admiracion por su talento para bailar.

– Es evidente que pertenece usted a los ambientes mas distinguidos, senor Darcy -lo elogio-. Permitame decirle, sin embargo, que su hermosa pareja en nada desmerece de usted, y que espero volver a gozar del placer de verlos bailar, especialmente cuando tenga lugar cierto acontecimiento muy deseado, querida senorita Eliza. -Darcy siguio con la mirada el gesto de sir William y descubrio que estaba observando a Bingley y a la senorita Bennet, que bailaban juntos de nuevo. Darcy cerro los ojos con fuerza, molesto al ver que Bingley habia ignorado por completo su advertencia-. Apelo al senor Darcy… Pero no quiero interrumpirle, senor. Me agradecera que no lo prive mas de la cautivadora conversacion de esta senorita, cuyos hermosos ojos me estan tambien recriminando.

Al oir la mencion a los ojos de su pareja, Darcy volvio en si y se giro hacia ella, decidido a recuperar el terreno perdido por culpa de Wickham, fuesen cuales fuesen las mentiras que aquel canalla estuviese sugiriendo. Tal vez, si insistia un poco, Elizabeth se las revelaria. Darcy se preparo para atacar.

– La interrupcion de sir William me ha hecho olvidar de que estabamos hablando -confeso con una sonrisa forzada.

– No creo que estuviesemos hablando en absoluto. Sir William no habria podido interrumpir a otra pareja en todo el salon que tuviese menos que decirse -contesto ella con desprecio-. Ya hemos probado con dos o tres temas sin exito, y no puedo imaginar sobre que mas podemos hablar.

Se niega a continuar con el tema. ?Y ahora que? Darcy trato de pensar en algun topico prometedor, con el cual pudiera atraer su atencion y dirigirla hacia el y lejos de Wickham. «Parte de mi alma, yo te busco…».

– ?Que piensa de los libros? -pregunto Darcy rapidamente, sonriendo al recordar ese dia que habian compartido en la biblioteca.

– ?Los libros! ?Oh, no! Estoy segura de que nuestras preferencias no son las mismas o, por lo menos, no sacamos las mismas impresiones.

Darcy casi se rie al oir la apresurada negativa de la muchacha.

– Lamento que piense eso; pero si asi fuera, de cualquier modo, no nos faltaria tema de conversacion. Podriamos comparar nuestras diversas opiniones -insistio el.

– No… No puedo hablar de libros en un salon de baile -contesto ella con voz temblorosa-. Tengo la cabeza ocupada con otras cosas.

– En estos lugares no piensa nada mas que en el presente, ?verdad? -Darcy permitio que una sombra de duda se apreciara en su tono de voz.

– Si, siempre -afirmo ella, pensando, al parecer, en algo mas. Y luego, subitamente dijo-: Recuerdo haberle oido decir en una ocasion, senor Darcy, que usted raramente perdonaba, que cuando habia concebido resentimiento hacia alguien, le era imposible aplacarlo. Supongo, por lo tanto, que sera muy cauto a la hora de concebir resentimientos.

?Que es esto? Enseguida se despertaron las sospechas en Darcy. Tenia que contestar, si queria descubrir a que se referia la muchacha.

– Asi es -afirmo con decision.

– ?Y no se deja cegar alguna vez por los prejuicios? -insistio ella.

– Espero que no. -Darcy se sentia cada vez mas alarmado con el cariz que estaban tomando las preguntas de Elizabeth.

– Es particularmente importante para aquellos que nunca cambian de opinion asegurarse de hacer un juicio justo desde el principio. -Darcy sintio que la mirada de Elizabeth lo penetraba al separarse de el para saludar a la dama que estaba a su izquierda. Se quedo paralizado, consciente de la trampa que tenia enfrente, pero sin saber cual era la naturaleza de esa trampa o su objetivo. Solo estaba seguro de una cosa: Wickham tenia algo que ver en todo aquello. De alguna manera, era obra suya.

– ?Puedo preguntarle cual es la intencion de estas preguntas? -inquirio de manera fria, cuando volvieron a tomarse de la mano.

– Conocer su caracter, sencillamente -respondio ella con una sonrisita forzada-. Estoy intentando descifrarlo. -Se separaron, hicieron sus respectivas inclinaciones y volvieron a unir las manos para moverse cada uno alrededor del otro hasta completar un circulo.

– ?Y a que conclusiones ha llegado? -pregunto Darcy con los labios apretados.

– A ninguna. -Elizabeth nego con la cabeza y trato de desarmarlo con una sonrisa-. He oido cosas tan diferentes de usted, que no consigo sacar nada en claro.

?Definitivamente Wickham!

– Reconozco que las opiniones acerca de mi pueden ser muy diversas -respondio Darcy, apelando a todas sus reservas para apaciguar el torrente de emociones que amenazaban con destruir su compostura-, y desearia, senorita Bennet, que usted no hiciera un esbozo de mi caracter en este momento, porque tengo razones para temer que el resultado no reflejaria la verdad.

Elizabeth estaba colorada cuando el se volvio hacia ella y agarro delicadamente sus dedos. Darcy no pudo saber si se debia a la rabia que sus palabras habian despertado en ella o a la incomodidad que le habian causado las de ella. Pero para su sorpresa, la muchacha insistio.

– Pero si no lo hago ahora, puede que no tenga otra oportunidad.

?Realmente creia que el iba a discutir sobre su caracter en medio de un salon de baile? La disposicion de Darcy para aceptar las preguntas de la muchacha termino de manera brusca. Decidido a cerrar esta linea de conversacion, se volvio hacia ella con una actitud de profunda arrogancia y respondio de manera gelida:

– De ningun modo desearia impedir cualquier satisfaccion suya, senorita Bennet.

No habia duda de que su actitud finalmente la habia confundido. La muchacha se equivoco al hacer el siguiente movimiento y casi tropieza con el vuelo del vestido. Darcy se movio con rapidez para rescatarla de una caida segura. Elizabeth se zafo de sus manos tan pronto como pudo, murmurando unas confusas palabras de agradecimiento.

– Me complace serle util, senorita Bennet -le dijo Darcy en voz baja. Ella no dijo nada mas y terminaron el baile en silencio y en silencio se alejo despues de que Darcy la acompanara hasta donde se encontraba un grupo de amigos. No pudo evitar que sus ojos la buscaran despues de ocupar su lugar al otro lado del salon. Se habia despedido de sus amigos y parecia absorta en un detallado examen de uno de los ramos de flores que adornaban el lugar. La actitud pensativa de la muchacha fue evidente para Darcy, que se pregunto, con un creciente sentimiento de compasion, que seria lo que Wickham le habia dicho y que le estaba robando la paz.

?Mas fechorias que agregar a su lista, el sinverguenza! ?Que historias puede estar divulgando que han hecho que ella traspase de esa manera los limites de la correccion? ?Y Forster! Eso podria explicar la frialdad de su saludo esta noche. ?Wickham! No esta aqui, pero de todas maneras esta presente. Un diablillo malvado que se cruzo entre… Darcy dejo sin terminar aquel pensamiento. ?Que ha venido a interrumpir mi tranquilidad!

De repente, Darcy sintio la necesidad de un poco de aire fresco y algo de soledad. Tras lanzar una ultima mirada a Elizabeth, dio media vuelta, se abrio paso a traves de la alegre fila de bailarines y busco la primera salida. El aire frio le golpeo la cara y, tal como habia anticipado, comenzo a aclararle la mente. Los hilos dorados y verde esmeralda de su chaleco titilaron con la luz, atrayendo la mirada de Darcy mientras se paseaba por la terraza bajo una luna inclemente. Resoplo al recordar la advertencia de Fletcher de que su problema con «la senora» no era mas que una comedia de equivocaciones.

Si esto es comedia, Fletcher, no podria soportar sus tragedias. Darcy se detuvo y levanto la mirada hacia la luna. No estoy molesto con ella. Ella no tiene la culpa, ella es… Fue el frio, con seguridad, lo que le provoco un estremecimiento. ?Mi otra mitad? Darcy nego con la cabeza y, poniendose los brazos alrededor del cuerpo, apreto las manos contra los costados y movio los pies. Tu estupidez parece haberte seguido hasta aqui. Entonces, ?que haces congelandote? Puedes ser igual de tonto sin tener que soportar tanto frio.


Capitulo 10

<p id="_Toc237585047">Capitulo 10</p> Totalmente inaceptable

– ?Senor Darcy, ?no pretendera usted salir al aire libre! -Darcy miro por encima del hombro mientras cerraba la puerta y vio la cara de asombro de Caroline Bingley-. Deberia darle verguenza, senor -continuo diciendo con fingido tono de desaliento-, dejarme sola atendiendo a los barbaros… ?y en mi propia casa! ?Que descortesia!

Darcy sonrio y le ofrecio su brazo.

– Llega usted demasiado tarde, senorita Bingley. Acabo de regresar de tomar un poco de aire fresco. Dire, en mi defensa, que dudo que mi ausencia haya ocasionado la exhibicion de un comportamiento inapropiado por parte de sus invitados. Todo parece estar en orden -anadio, mirando a su alrededor-. En todo caso, usted ciertamente puede reclutar los servicios de su hermano si necesita refuerzos.

Al oir las afirmaciones de Darcy, la mirada de la senorita Bingley adquirio un matiz de inquietud.

– ?Charles! El no serviria de nada, ?que hombre tan provocador! -Viendo la mirada de desconcierto de Darcy, la senorita Bingley se apresuro a explicar-: Lo que mas me ha afectado en su ausencia es precisamente el comportamiento de Charles. La desconsideracion que ha mostrado de manera tan abierta al prestarle exclusiva atencion a la senorita Bennet ya no puede pasar inadvertida para los otros invitados. -Levanto la mano con un gesto de impotencia-. Senor Darcy, ?que vamos a hacer? Si un buen amigo no lo aconseja, me temo que Charles cometera un grave error… uno que bien le puede cerrar las puertas de la alta sociedad.

– Entonces, ?todavia esta con ella? -El rostro de Darcy adquirio una expresion sombria.

– Oh, si -suspiro la senorita Bingley-, es posible que ya este atrapado. De verdad, senor Darcy, ?la gente ya esta empezando a murmurar! Justo ahora, ese insufrible hombre, sir William, me estaba insinuando que los deberes como senora de Netherfield ya pronto dejarian de ser una carga para mi. Si ese hombre se atreve a decirme semejante cosa, lo mas probable es que se lo haya dicho tambien a los demas. De eso puede estar usted seguro. -La senorita Bingley guardo silencio durante un segundo, y apoyando la mano sobre el brazo de Darcy, lo miro a la cara con expresion de suplica-. Charles lo escuchara a usted. Siempre ha sido un buen amigo para el.

– Hablare con su hermano, senorita Bingley. Es lo unico que puedo prometer. -Darcy miro detras de ella, hacia la puerta del salon de baile y ella siguio la direccion de su mirada, pero solo vio al ridiculo clerigo que habia acompanado a las Bennet esa noche.

– Contar con su orientacion es lo mejor que puedo desear para Charles. El es, en efecto, muy afortunado en lo que respecta a sus amigos. -Le dio una discreta palmadita al brazo de Darcy-. Cambiando de tema, me parecio ver que hoy ha recibido una carta de su tia, lady Catherine de Bourgh. Debe de haberlo invitado a Rosings para Navidad, ?no es asi?

– La carta era de lady Catherine -admitio Darcy mientras la conducia de regreso al salon de baile-, pero mi tia nunca me invitaria a Rosings para Navidad. Las visitas siempre se realizan, necesariamente, durante la primavera y, si es posible, en compania de mi primo, el coronel Fitzwilliam. Mi prima Anne, la hija de lady Catherine, es de constitucion delicada y le afecta particularmente el invierno -explico.

– Entonces, ?tendremos la felicidad de contar con su compania en Londres durante las fiestas, asi como durante la temporada de eventos sociales?

– De nuevo tengo que responderle negativamente, senorita Bingley. Cuando concluya mis asuntos en Londres la proxima semana, partire hacia Pemberley y pasare la Navidad con mi hermana. -Darcy se encogio de hombros-. Mi padre, y el suyo antes que el, siempre paso la Navidad en Pemberley. Nuestra gente asi lo espera y se ha convertido en una tradicion de los Darcy que, bajo la administracion de mi padre, despertaba gran expectativa con varias semanas de antelacion. Ya han pasado cinco anos desde su muerte y es hora de que Georgiana y yo revivamos la costumbre. Creo que ella no disfrutaria mucho si pasa la Navidad en Londres, lejos de los agradables recuerdos de las celebraciones del pasado.

– ?Que hermano tan considerado! -bromeo la senorita Bingley.

– Tal vez -dijo Darcy-, pero Georgiana se merece cualquier placer que yo le pueda proporcionar.

– Estoy segura de que asi es -replico rapidamente la senorita Bingley-. ?Regresara ella a Londres con usted para la temporada social de este ano?

– Considero que todavia es demasiado joven para eso, senorita Bingley, pero pretendo persuadirla de ir a la ciudad durante parte del invierno, al menos. -Un toquecito en el codo interrumpio su atencion y Darcy se giro para ver al desafortunado pariente de Elizabeth levantandose despues de hacer una solemne reverencia. ?Que cosa tan inconveniente! Darcy respondio al saludo con un gesto sencillo de cabeza, momentaneamente fascinado por la vulgar presuncion del hombre.

– Senor Darcy -comenzo a decir el hombre sin que mediara ningun preambulo-, por favor permitame presentarle mis respetos, senor, despues de asegurarle primero que mi negligencia al saludarlo se ha debido enteramente al total desconocimiento de la relacion que existia entre usted y mi mas noble protectora, lady Catherine de Bourgh. Porque debe usted saber que su graciosa y supremamente bondadosa pariente le ha confiado a este humilde servidor el cuidado de su gente al otorgarme el derecho a vivir en la parroquia de Hunsford. El hecho de que yo pudiera encontrarme aqui, en este lugar, con el sobrino de esa maravillosa dama estaba fuera del alcance de mi imaginacion; en consecuencia, no me he dado cuenta y debo expresarle mis mas sentidas excusas por no presentarme enseguida ante usted, senor. -El hombre termino su discurso sin aire y se inclino nuevamente.

– Es usted demasiado exigente, senor -respondio Darcy con fria cortesia-. Estoy seguro de que debe ser de gran utilidad para lady Catherine…

– En eso, senor Darcy -interrumpio el senor Collins-, encuentro mi mayor apoyo y satisfaccion. Lady Catherine de Bourgh es una mujer de tal perspicacia y agudeza mental que solo puede ser enormemente apreciada por todos sus parientes. Como su sobrino, usted debe estar avido por saber como se encuentra, y yo me hallo felizmente en posesion de noticias tan frescas sobre su senoria que puedo asegurarle que continua gozando de buena salud.

Este hombre es un completo idiota, decidio Darcy, una vez que su paciencia fue puesta a prueba mas alla de los limites de la cortesia. Fijo la mirada mas alla del pastor de su tia para buscar a Bingley, pero no estaba en ningun lugar del salon de baile. ?Bingley, no me digas que tambien la has acompanado a cenar!, renego Darcy en silencio. ?Tenia que encontrarlo! Pero parecia que el obsequioso discurso del hombre que tenia frente a el iba a continuar indefinidamente a menos que algo lo obligara a detenerse. A la primera oportunidad que Collins tuvo para detenerse a tomar aire, Darcy inclino rapidamente la cabeza y, sin decir palabra, se alejo en direccion al comedor, decidido a hacer entrar a su amigo en razon.

El salon destinado a servir la cena estaba lleno de invitados. Primero Darcy disminuyo el paso y luego se detuvo justo al pasar la puerta, pues la reticencia a mezclarse hombro con hombro con todo Hertfordshire casi lo hace desistir de su busqueda. Aprovechando su estatura, echo un vistazo al salon y localizo a su presa. La senorita Bingley no habia exagerado. Alli estaba Charles, sentado a la mesa con la senorita Jane Bennet todavia a su lado, rodeado por una buena cantidad de sus invitados, ignorando con alegre despreocupacion todos los limites que lo liberarian de la necesidad de declarar sus intenciones ante el padre de la senorita Bennet por la manana.

?Idiota!, dijo Darcy para sus adentros. ?Que estas haciendo, por amor de Dios? ?Como puedo ayudarte ahora? No habia manera de atraer discretamente la atencion de Bingley. Darcy podria abrirse paso entre la gente, pero ?que iba a decir cuando llegara al lado de su amigo, si este estaba ocupado con sus invitados? ?Un criado! Si, ?podria enviar a un criado para que lo llamara con urgencia! Pero ?que podria decirle en una entrevista tan corta, que sirviera a su proposito? En lugar de eso, lo mas probable es que despertara la desafortunada tendencia de Bingley a la testarudez, y ?Dios sabia lo que podria pasar entonces! No se veia ninguna otra solucion posible, lo cual ponia a Darcy en una situacion incomoda. Al parecer, no habia otra cosa que hacer que esperar hasta que Bingley estuviese solo.

Tras inclinarse por ese camino tan poco satisfactorio, los deliciosos aromas de la mesa del banquete comenzaron a atraer sus sentidos. Agradecido por no tener que tomar ninguna decision mas urgente que comer, se acerco a la mesa y, tomando un plato, se sirvio una seleccion de carnes y un vaso de vino. Luego dio media vuelta y se dedico a la tarea de encontrar la tarjeta con su nombre entre los adornos que llenaban las largas mesas. Su mirada recorrio las filas de mesas de un lado a otro, buscando la silla vacia que indicaria su lugar reservado. ?Alli! Darcy miro la tarjeta que estaba al otro lado de la mesa mas cercana, pero cuando se encontraba concentrado en eso, su atencion fue atraida por unos rizos adornados con flores que subian y bajaban. Volvio a mirar el nombre de la tarjeta y luego, justo frente a el, se encontro con los ojos asombrados y cautelosos de Elizabeth. Enseguida cruzo por su mente la idea de que aquella disposicion de lugares habia sido hecha a proposito, y no por la senorita Bingley. Le lanzo una mirada a su amigo. ?Charles? Quienquiera que lo hubiese arreglado, ya no habia nada que hacer. Con un cosquilleo de inquietud, puso su plato sobre la mesa y tomo asiento en silencio frente a Elizabeth.

– … sera pronto, de eso puede estar usted segura, lady Lucas. No estoy de acuerdo con los compromisos largos y no creo enganarme al pensar que al senor Bingley tampoco le gustan. Mirelos y vera usted que el esta mas que impaciente por concluir el asunto.

El complaciente ronroneo que caracterizaba la voz de la mujer hizo que Darcy recordara con claridad la primera impresion que habia tenido de la senora Fanny Bennet. Estaba sentada frente a el, pero dos puestos mas alla, tan regordeta e indiferente a su presencia como un viejo gato atigrado, cuyos avidos ojos estuviesen fijos en un raton particularmente apetitoso. Darcy siempre habia detestado a los gatos, pues su atencion selectiva frente a la autoridad y su propension a divertirse amenazando su comida no resultaban muy recomendables para la disciplinada forma de vida de Darcy. La noche que se vieron por primera vez, la senora Bennet le causo exactamente la misma impresion.

– Un joven tan encantador, ?y tan rico! El partido perfecto para mi hermosa Jane, en todos los aspectos. ?Y cuando uno piensa que Netherfield esta solo a tres millas de Longbourn! Bueno… siendo usted tambien madre, lady Lucas, puede apreciar las ventajas enseguida.

Darcy fruncio el ceno ante la abrumadora vulgaridad de la senora Bennet al hablar sobre las expectativas que le despertaba la idea de tener a Bingley como yerno. Tomo el cuchillo y el tenedor y, casi sin saber lo que hacia, comenzo a cortar la carne.

– Usted se puede imaginar el enorme consuelo que siento al ver la deferencia y el carino con que tratan a Jane las hermanas del senor Bingley. Con toda seguridad, ellas deben anhelar el compromiso. Y ?por que no? El apellido Bennet, aunque no es noble, tampoco es desconocido entre los grandes de Inglaterra.

Cuando el trozo de jamon que acababa de meterse a la boca amenazo con atragantarlo, Darcy tomo rapidamente su vaso de vino y le dio un generoso sorbo para facilitar el paso del bocado por la garganta. ?Insoportable! Un cruel desprecio congelo su actitud. ?Acaso aquella mujer habia perdido el juicio o simplemente le gustaba enganarse? Miro de reojo a Elizabeth al otro lado de la mesa y enseguida sintio en sus propias mejillas el calor que ruborizaba a la muchacha. Sus ojos miraban en todas direcciones menos hacia el y le temblaba el labio inferior. Darcy volvio a mirar su copa y agito su contenido.

– Aun mas, es una circunstancia muy prometedora para las ninas mas jovenes y un gran alivio para mi. ?Le sorprende que diga eso? ?Por que? Con seguridad… el hecho de que Jane se case tan bien contribuira a poner a sus hermanas en el camino de otros hombres ricos.

– ?Mama, por favor! -La suplica de Elizabeth llego hasta los oidos de Darcy, pero era tal la indignacion por su amigo, y no por el, que le resto importancia.

– … y asi las cosas, sera tan placentero poder dejarlas al cuidado de su hermana. Asi ya no estare obligada a acompanarlas a todas partes y podre asistir solo a los eventos sociales que me apetezca.

– ?Por el amor de Dios, mama, habla mas bajo! -Habia verdadera desesperacion en la voz de Elizabeth, y cuando Darcy la oyo, su desprecio dejo paso a una dosis de rabia hacia aquella mujer por cuenta de las suplicas de su hija.

– Lizzy, no me interrumpas. Disculpeme, lady Lucas, ?por donde iba? Ah, si. Estaba a punto de asegurarle que, en medio de mi buena suerte, no me he olvidado de sus obedientes hijas. Estoy segura de que, en muy poco tiempo, usted estara en la misma situacion en que yo me encuentro.

Darcy observo que Elizabeth volvia a inclinarse sobre su madre, con el rostro transfigurado por el disgusto y la verguenza, que se veia acentuada por el excesivo brillo de sus ojos. Susurro algo en voz inaudible. Darcy supuso que era algo que tenia que ver con el. Su deduccion no tardo en ser confirmada.

– ?Y que me importa a mi el senor Darcy? Dime, ?por que habria de tenerle miedo? -La respuesta de la senora Bennet lo golpeo como una bofetada en el rostro-. No le debemos ninguna consideracion especial como para sentirnos obligadas a no decir nada que pueda molestarle.

Darcy le dio un pequeno sorbo a su vino y dejo el vaso sobre la mesa de manera deliberada. Nunca habia sido testigo de un despliegue de groseria tan monumental. Aun mas, el hecho de ser objeto de semejante despliegue era tan asombroso, tan desagradable, que no tenia palabras. La senora Bennet siguio parloteando, ignorando las miradas de incomodidad que le dirigian tanto su hija como lady Lucas. Para su consuelo, Darcy comprobo que nadie lo estaba mirando, excepto Elizabeth, cuyo malestar por la conducta de su madre la cubria de verguenza. Un inesperado deseo de aliviarla de alguna manera atenuo su disgusto, pero no logro cambiar la resolucion implacable que acababa de tomar: no habia nada bajo el cielo que lo detuviera de evitar una equivocada union entre Bingley y aquella familia. Darcy tomo el tenedor y, sin saborear ni un solo bocado, concentro su atencion en terminar la comida de su plato, mientras reflexionaba sobre la estrategia que adoptaria para dirigir su proxima campana.


Darcy paso el resto de la velada haciendo un cuidadoso escrutinio de la familia Bennet. Su primer objetivo fue determinar la magnitud del encaprichamiento de su amigo y el afecto de la senorita Bennet. Conociendo perfectamente la tendencia de Charles a entusiasmarse, Darcy no podia concluir con seguridad si Bingley estaba realmente «enamorado» o solo habia sucumbido al atractivo de una cara bonita y unos modales distinguidos. La senorita Bennet era otro asunto. Bajo la cuidadosa observacion de Darcy, Jane parecia recibir las atenciones de Bingley con gracia y modestia, pero la dichosa intensidad que irradiaba la actitud de Bingley no tenia un reflejo correspondiente ni en el rostro ni en la actitud de la muchacha. Ella parecia complacida con las atenciones de Bingley, claro, pero indiferente; y Darcy no podia detectar en su actitud otra cosa que gratitud por el honor que le hacia su amigo al ser tan deferente con ella. No, decidio Darcy, ella no tenia la mirada del verdadero amor. Si Charles asi lo creia, se estaba enganando.

Terminada la cena, se oyo una demanda general por parte de los caballeros para que las damas interpretaran alguna cancion. Darcy se recosto en su silla, mientras experimentaba al mismo tiempo la esperanza y el temor de que Elizabeth respondiera a aquella solicitud. Tras echarle un vistazo, Darcy supo que ella no estaba en condiciones de presentarse ante el publico. Tenia los ojos fijos en sus guantes, y los labios casi transparentes por tenerlos tanto tiempo apretados. Solo levanto la vista cuando una oleada de agitacion entre las jovenes asistentes se produjo ante la figura de otra de las hermanas Bennet.

– Oh, Dios… Mary Bennet. -Darcy oyo un murmullo que provenia de atras y que fue respondido por un suave grunido-. ?Preparaos ahora, mis valientes! -Fue la advertencia que les hizo un teniente a los companeros que estaban cerca-. Sobrevivid a esto y los gritos de batalla de los franchutes no os asustaran ni lo mas minimo.

Darcy le lanzo una mirada de alarma a Elizabeth, temeroso de que hubiese escuchado los comentarios de mal gusto que flotaban entre la multitud. Tenia los ojos cerrados, como en una actitud de sufrimiento. Sus labios se estaban moviendo, pero no se oia ningun sonido. Los aplausos de rigor reclamaron la atencion de Darcy a la actuacion que estaba a punto de comenzar, y el se dio la vuelta, preparado para lo que podia suceder.

Cuanto mas cantaba la senorita Mary Bennet, mas sombria se volvia la actitud de Darcy. En contraste con su hermana mayor, aquella muchacha tenia una voz cuya principal caracteristica era la debilidad, que trataba de ocultar con movimientos afectados, mas apropiados para el escenario que para una cena privada. Pero ni su incapacidad para mantener la melodia ni el ridiculo que estaba protagonizando la detuvieron, porque, a pesar de obtener unos debiles aplausos, se animo a interpretar otra cancion.

Para Darcy, tanto interes por convertir en espectaculo la falta de talento y modestia no solo resultaba de pesimo gusto sino que era incomprensible. ?Acaso nadie habia pensado en refrenar en la muchacha esa tendencia al descaro? Darcy descarto de inmediato a la madre, pero ?que sucedia con el padre? El senor Bennet era conocido por ser un hombre peculiar que, excepto por el silencioso saludo en casa del squire Justin, seguia siendo un desconocido para Darcy. Era obvio que Bennet ejercia escasa influencia sobre su esposa. El caballero hizo una mueca. ?Se extenderia esa indiferencia tambien a sus hijas? Examino discretamente el salon y descubrio al caballero en cuestion abriendose camino hacia el frente. Al ver a un padre haciendose cargo de su familia, lo invadio un sentimiento de alivio muy masculino y entonces se permitio lanzarle una mirada a Elizabeth, con la esperanza de percibir una disminucion en la magnitud de su angustia.

– Nina, ya basta. Has estado muy bien. -Oyo Darcy que le decia el senor Bennet a su hija-. Ya nos has deleitado bastante. Ahora deja que se luzcan otras jovencitas. -Asombrado por la franqueza de las palabras del senor Bennet, Darcy no podia creer lo que habia oido. Pero la verdad de la situacion fue atestiguada por la ola de rubor que cubrio el rostro de Elizabeth. Darcy fijo los ojos en el suelo. ?Esos comentarios tan mordaces para dirigirse a su propia hija! ?Y nada menos que en publico! La incomodidad de Darcy solo por haber sido testigo de aquella escena fue casi tan aguda como su oprobio ante semejante demostracion.

– Si yo tuviera la suerte de tener aptitudes para el canto, me gustaria mucho entretener a la concurrencia con una romanza. -La voz, vagamente familiar, saco a Darcy de su ensonacion. Levanto la vista y vio al adulador vicario de su tia-. Sin embargo, no quiero decir, por esto, que este bien consagrar demasiado tiempo a la musica, pues hay, desde luego, otras cosas que atender…

?Y ahora vamos a tener que soportar un sermon en mitad de un baile! Darcy no daba credito. Recibio las miradas del clerigo con creciente temor.

– … lo mas llevaderas posible. Y estimo como cosa de mucha importancia que un clerigo sea atento y conciliador con todo el mundo, y en especial con aquellos a quienes debe su cargo.

?No lo hagas, hombre! No te dirijas a mi…

– Considero que esto es indispensable -seguia diciendo el senor Collins, y entonces, con una sonrisa lisonjera, se volvio hacia Darcy-. Y no puedo tener en buen concepto al hombre que desperdicia la ocasion de presentar sus respetos a cualquiera que este emparentado con la familia de sus bienhechores. -Para horror de Darcy, el salon se quedo en silencio mientras el vicario le hacia una pronunciada reverencia. Por fortuna, el hombre no esperaba una respuesta y se sento. Transcurridos unos instantes, el salon concluyo que el extrano discurso del clerigo no tendria ninguna respuesta y dirigio su atencion a otra cosa.

Darcy se permitio respirar nuevamente y le hizo senas a un criado para que volviera a llenar su vaso. Agarrandolo con dedos frios a causa de la indignacion, se levanto y se dirigio rapidamente hacia la exigua sombra de la chimenea. Le dio un generoso sorbo a su vaso y luego se giro para observar a los invitados de Bingley. ?Su valoracion inicial habia sido totalmente acertada! Iracundo, bebio otro trago. La sociedad campesina y su idea de modales y distincion estaban lejos de lo que se consideraba correcto. Desde el momento en que llego al campo, habia sido insultado, humillado o halagado de manera servil por sus habitantes principales. Se desconocian totalmente las reglas sociales, se permitia que las jovencitas crecieran sin control y en cualquier momento uno podia ser victima de la mayor falta de decoro, ?incluso en un baile!

Recorrio con su mirada la multitud hasta encontrar a Bingley en un rincon, con la cabeza inclinada, en medio de una conversacion privada con la senorita Bennet, mientras el baile se desarrollaba sin orden ni concierto. ?No! Darcy sacudio la cabeza. ?Por el bien de Charles, aquello debia llegar a su fin! A pesar de las afirmaciones de su madre, la senorita Bennet no tenia mas merito que ser la hija de un caballero, sin ninguna influencia que beneficiara a su amigo, y una pequena dote que no significaria ningun aumento en sus ingresos o propiedades. A eso habia que anadir que significaria para Bingley la adquisicion de una suegra increiblemente vulgar, de cuatro -no, tres- hermanas sin ningun talento, a las cuales se esperaria que presentara en sociedad, un sarcastico ermitano por suegro y una innumerable cantidad de personas de la clase profesional. Era una descripcion que presagiaba el desastre. Darcy sabia cuanta influencia tenia sobre su amigo, y era probable que aquel asunto la pusiera a prueba, pero tenia que, debia, salvarlo de un destino condenado al fracaso.

Bebio lo que quedaba del vino y, con un proposito claro en mente, deposito el vaso sobre la mesa mas cercana, preparado para poner en marcha su plan, cuando el susurro de un papel interrumpio sus pensamientos y le recordo las expectativas con las cuales habia iniciado la velada. ?Que era lo que deseaba que resultara de esta noche? ?Solo la buena opinion de Elizabeth Bennet sobre el? Darcy dio un paso atras entre las sombras. Ella todavia estaba sentada, escuchando de manera respetuosa a una dama cuyo atractivo eclipsaba de lejos. Todavia estaba un poco colorada, pero tenia mejor aspecto. La sesion de canto termino y el comedor comenzo a vaciarse en busca de mas baile. Elizabeth se levanto junto con los demas y se dirigio hacia donde se encontraba su amiga, la senorita Lucas.

Su respeto. Darcy habia deseado granjearse el respeto de Elizabeth, su amistad, un oasis de ingenio y gracia en medio de un desierto de estupidez provinciana. Queria la sensacion de vitalidad que sentia en su presencia y que fluia a traves de el como un buen vino. Deseaba que esos maravillosos ojos se posaran en el con un sentimiento mas profundo que la burla o la rivalidad. Elizabeth y la senorita Lucas salieron del salon; Darcy las siguio con la mirada, mientras sentia un espasmo de dolor en lo mas profundo de su corazon. La carta que tenia en el bolsillo de la chaqueta volvio a crujir cuando el se toco el pecho casi sin darse cuenta. Ya no habria forma de conseguir una buena opinion de la senorita Elizabeth Bennet. Lo que el queria hacer, lo que debia hacer, por el bien de Charles, le aseguraria su irrevocable antipatia.


– Caroline, te ruego que no pidas mi opinion ni mi ayuda, ni nada mas esta noche -le dijo Bingley a su hermana, despues de cerrar la puerta tras la partida de la familia Bennet-. Toda la velada ha resultado esplendida, querida. -Hizo una pausa en su elogio, mientras el reloj de pared daba una campanada-. ?De verdad son las dos y media? ?Por Dios! Darcy, si vamos a salir manana, tengo que irme a la cama enseguida. -Bingley se detuvo al pie de las escaleras, trato infructuosamente de reprimir un bostezo y luego le dijo a su hermana con un tono que la desarmo-: De verdad, Caroline, mereces la mayor de las felicitaciones. Todo el mundo hablara de esta noche durante semanas. Bien hecho y ?buenas noches a todos! -les dijo a los criados que estaban cerca y que todavia trabajaban para restablecer el orden en los salones ahora vacios-. Darcy -anadio, haciendo un gesto hacia su amigo-, hoy tendras que servirte el brandy solo. Yo no seria capaz.

– A la cama, Charles. Si lo necesito, ya se donde esta. Dile a tu ayuda de camara que te tenga preparado a las doce o yo mismo ire a buscarte -lo amenazo Darcy en tono jocoso.

– Despues de esa advertencia, os deseo a todos buenas noches -dijo Bingley, estremeciendose-. Excepto a Darcy, que espero que de vueltas toda la noche.

El caballero se rio en respuesta al comentario burlon de su amigo y se pregunto hasta que punto se cumplirian los deseos de Bingley. No le cabia duda de que el sueno le seria esquivo esa noche. La tarea que tenia ante el era una pesada carga para su mente.

– Louisa, tu y el senor Hurst no teneis que esperarme. Todavia tengo algo que hacer esta noche. -La senorita Bingley le dirigio una sonrisa de agotamiento a su hermana. Darcy vio que la senora Hurst parecia demasiado fatigada para preguntarse si seria apropiado que su hermana se quedara en compania de Darcy a solas, y por esa vez, se alegro de ello. Su plan para separar a Bingley de la senorita Bennet necesitaba un aliado, y Darcy sabia que en Caroline encontraria uno bien dispuesto.

– Senor Darcy. -La senorita Bingley se volvio hacia el tan pronto como subieron los Hurst-. ?Charles todavia esta en las garras de esa muchacha! ?Esperaba que usted hablara con el!

– Lamento mucho haberla decepcionado, senorita Bingley. No he tenido oportunidad de complacerla. No podia agarrarlo del cuello y sacudirlo como una marioneta. -Darcy la miro con frialdad y con un aire de superioridad-. Y usted sabe perfectamente como se tomaria Charles una charla sobre este tema, incluso viniendo de mi.

– El no quiere oir mas que elogios sobre la senorita Bennet.

– Precisamente -respondio Darcy de manera contundente-. Pero si usted es capaz de seguir mis instrucciones, creo que todavia podemos salvarlo de cometer un desastroso error.

– Lo que sea, senor Darcy. Todo lo que este a mi alcance.

A Darcy se le congelo la sangre al oir esas palabras, exactamente lo mismo que Charles le habia dicho hacia solo unos dias. ?Que estaba haciendo? Aquella duplicidad era totalmente ajena a su caracter y le resultaba repugnante. Pero al acordarse de la funesta naturaleza de las inclinaciones de su amigo, suprimio la oleada de inquietud que sintio en lo mas hondo de sus entranas.

– Senor Darcy, ?que quiere usted que haga? -insistio la senorita Bingley.

– Espere unos cuantos dias despues de que hayamos salido para Londres. Luego despida a los criados, cierre la casa y siganos a la ciudad. Pero no permita que Charles se entere de su llegada. Cuando tenga la certeza de que mis planes han dado fruto, le enviare una nota. Solo en ese momento debe usted avisarle de su llegada. Lo unico que tendra que hacer sera confirmar a su hermano lo que yo le he dicho, pero con el mas suave de los tonos. ?No lo atosigue! ?Podra hacerlo, senorita Bingley?

– S-s-si, sera como usted dice, senor Darcy. -La senorita Bingley se estremecio ante la seriedad de la actitud de Darcy.

– Muy bien, senorita Bingley. Entonces, yo tambien le deseo buenas noches. -Hizo una reverencia y se dirigio a las escaleras, pero se detuvo en el primer escalon para fulminarla otra vez con su autoritaria mirada-. Una cosa mas. Debera enviarle una carta muy clara a la senorita Bennet. Digale que lo mas probable es que Charles se quede en la ciudad y que ustedes han ido a reunirse con el. Y que ninguno de ustedes regresara a Netherfield antes de Navidad. De hecho, que es posible que nunca vuelvan. Diga todo lo que exige la cortesia, pero deje muy claro el punto esencial. ?Que Charles no regresara! ?Ha comprendido usted?

– Si, senor. -La senorita Bingley asintio con la cabeza, con los ojos muy abiertos. Darcy volvio a inclinarse y continuo su camino hacia sus aposentos. Ya eran las tres de la manana y cada paso que daba hacia su habitacion confirmaba lo exhausto que lo habian dejado todas las tensiones y emociones de la noche. El picaporte de su habitacion giro al mismo tiempo que el estiraba la mano para agarrarlo y la puerta se abrio en silencio, dejando ver a un Fletcher grave y taciturno, contra la luz de una sola vela que reposaba en la mesilla de noche.

– Senor Darcy.

– Fletcher. -Suspiro Darcy mientras se sentaba-. No pense que un baile de provincia terminara tan tarde.

– No se preocupe, senor. He aprovechado muy bien este tiempo y ya he empaquetado todas sus pertenencias, senor -contesto el ayuda de camara, retirando el alfiler de esmeralda de la corbata de Darcy y comenzando a deshacer el nudo. Mientras se desabrochaba el controvertido chaleco, Darcy miro con curiosidad la cabeza inclinada de su empleado.

– ?Todas mis pertenencias?

– Si, senor… y he ordenado a los mozos del establo que envien a Trafalgar a Pemberley. ?Querra usted montar a Nelson en su viaje a Londres o debo enviar al caballo junto con el perro, senor? -Fletcher se arrodillo para retirar con cuidado los zapatos de baile de Darcy.

– Envie a Nelson a Pemberley. Fletcher, ?usted sabia que yo no iba a volver?

El ayuda de camara lo miro de reojo.

– Desde luego, senor Darcy. ?Todavia quiere partir a mediodia, senor?

Darcy miro a su ayuda de camara con suspicacia.

– ?Tal vez deberia decirmelo usted!

– Oh, no, senor. Eso seria una ligereza por mi parte y causa de despido, aunque he oido que lord… depende mucho de la opinion de su ayuda de camara, que lo acompana incluso en la mesa de juego.

– Lo mismo he oido yo -contesto Darcy lentamente-. Entonces, debo replantear la pregunta. ?A que hora sugiere usted que parta, Fletcher?

– El mediodia es lo mas tarde que se puede partir, senor, en la medida en que eso le permitira llegar a Erewile House un poco tarde, pero no demasiado. El mediodia tambien es la hora mas recomendable, pues es lo mas temprano que el ayuda de camara del senor Bingley puede comprometerse a tenerlo listo. ?Ya puedo quitarle la chaqueta, senor?

Darcy se levanto de la silla con esfuerzo, se quito la chaqueta y, mientras Fletcher la recogia, tambien se desprendio del chaleco. Estaba seguro de haber oido como suspiraba su ayuda de camara cuando dejo las dos prendas encima de un taburete tapizado. Darcy lo miro con disimulo mientras se quitaba los punos y el cuello de la camisa.

– Entonces sera a mediodia. ?No siente pena por marcharse de Hertfordshire, Fletcher?

El ayuda de camara tardo un poco en contestar, pero su expresion se volvio melancolica, mientras vertia un poco de agua caliente de la jarra de cobre que tenia calentando junto al fuego en la jofaina que reposaba sobre el lavabo.

– ?Pena, senor? Londres tiene sus encantos, y Pemberley es el lugar mas hermoso de esta verde tierra. ?En cuanto a Hertfordshire? Hertfordshire, segun he descubierto, tiene sus propios tesoros, senor; y ?que hombre no lamenta dejar atras un tesoro?

– ?Que hombre, en efecto? -susurro Darcy, mientras desfilaban ante sus ojos las imagenes de la primera vez que habia visto a Elizabeth esa noche: la atractiva figura, los rebeldes rizos, sus ojos brillantes y, luego, su ceno fruncido, su voz calmada y aquella mirada de angustia. Darcy cerro los ojos agotado.

– ?Senor Darcy?

– El hombre que conoce su deber y lo cumple contra toda inclinacion natural, ese hombre, Fletcher, al final no tendra de que arrepentirse.

– Como usted diga, senor. -El rostro de Fletcher no mostro ninguna reaccion ante las palabras de Darcy, mientras senalaba la jofaina y la ropa de dormir que reposaba sobre la colcha-. ?Hay algo mas que necesite esta noche, senor?

– No, no, eso es todo. Ya lo he tenido levantado demasiado tiempo. Si no estoy en pie a las diez, por favor despierteme.

Fletcher recogio la ropa que Darcy se habia quitado, e inclinandose en senal de agradecimiento por la gentileza de su amo, se retiro hacia la puerta del vestidor.

– Senor Darcy. -Se detuvo en el umbral. Darcy termino de quitarse la camisa por encima de la cabeza y lo miro con curiosidad-. Hay un poco de brandy en la mesa junto al fuego, en caso de que desee beber un poco, senor. Buenas noches, senor.

Darcy miro hacia la mesa, mientras la puerta se cerraba. No tenia intencion de beber al ser tan tarde, pero la idea no le disgusto. Tal vez el brandy apaciguara las voces que invadian ahora su cabeza durante suficiente tiempo para conciliar el sueno. Se sirvio una copa, pero la dejo sobre la mesa, vacilante, mientras terminaba sus abluciones y se ponia la ropa de dormir. Alli seguia, cuando termino, brillando de manera tentadora a la luz del fuego. Cerro la mano alrededor de la copa y, con un movimiento rapido, se bebio la mitad del contenido. El liquido ardiente descendio por su garganta y su falso calor invadio el cuerpo de Darcy en minutos.

?Su deber! Si, el conocia su deber bastante bien… y las consecuencias de ignorarlo. Georgiana acababa de ser rescatada de una situacion provocada por su negligencia. El no iba a fallarle a Charles de esa manera. Ni siquiera por todos los «tesoros» de Hertfordshire.

Se tomo el resto del brandy antes de que el rostro de Elizabeth apareciera de nuevo ante el y dejo la copa sobre la bandeja. Se dirigio a la cama y retiro las sabanas, que todavia estaban agradablemente calidas a causa del calentador de cobre, y se deslizo entre ellas, acomodandose en una postura que lo ayudara a dormirse. Apago la vela. La oscuridad lo envolvio mientras los efectos del brandy comenzaban a hacerse sentir. Un par de ojos hermosos lo miraron confundidos y tristes, y Darcy metio la cabeza entre la almohada para esquivarlos.

– Dios -susurro en la profundidad de la noche- ?espero estar obrando correctamente!


Capitulo 11

<p id="_Toc237585048">Capitulo 11</p> Ciertos demonios

Con la colaboracion de Fletcher, el ayuda de camara de Bingley tuvo a su amo preparado para salir precisamente a mediodia. A las doce y cuarenta y cinco, ya habian dejado atras Meryton e iban, a buena velocidad, por una carretera en medianamente buen estado, en el carruaje de Bingley. Aunque estaba vestido y habia desayunado ya, la unica contribucion de Bingley durante la primera hora de viaje habia consistido en suaves ronquidos y suspiros. El vaiven y el balanceo producido por los resortes del carruaje habian sido suficiente estimulo para que Darcy tambien dormitara un poco, teniendo en cuenta que, en contra de toda razon, se habia despertado temprano como de costumbre, tras haber dormido muy pocas horas. Empezo a poner en practica la primera parte de su estrategia cuando hicieron una parada en una posada del camino para cambiar de caballos.

– ?Bingley! Charles, despierta. -Darcy se inclino hacia delante y, agarrando con firmeza el hombro de su amigo, le dio una sacudida-. Estamos cambiando de caballos y yo necesito estirar las piernas un poco, al menos. Una cerveza tampoco estaria mal. ?Que tal si probamos la cerveza local? -Darcy enarco una ceja al oir los grunidos amortiguados de Bingley-. Tal vez nos siente mejor un poco de cafe. ?Vamos, hombre; levantate y sal!

Bingley abrio un ojo y, al ver la inflexible expresion de Darcy, lanzo un fuerte suspiro y se levanto lo suficiente como para bajar a trompicones la escalerilla del coche. Darcy lo agarro del brazo y lo empujo, riendo, hacia la puerta de la posada. Al pedir una mesa tranquila, una muchacha rolliza los llevo a un comodo comedor privado, que tenia una ventana que daba al jardin. Enseguida ordenaron algo caliente y estimulante, mientras Bingley se desplomaba sobre un canape algo gastado pero respetable.

– ?Como puedes estar tan infernalmente despierto, Darcy? -pregunto, bostezando y entrecerrando los ojos para mirar el perfil de su companero, recortado contra la luz del sol que entraba por la ventana-. Te fuiste a dormir mas tarde que yo y te levantaste horas antes. Apuesto a que tu Fletcher tiene algo que ver en eso. ?Ese hombre parece un sargento! Tenia a mi pobre Kandle en tal estado de nerviosismo, que el hombre apenas podia sostener la navaja. He tenido que afeitarme yo mismo esta manana, o el habria terminado por entregarte mi cadaver en lugar de… No te rias, ?te juro que no estoy exagerando!

– ?Tu cadaver, claro! Bingley, tu no haces otra cosa que exagerar o, peor aun, dejas volar tu imaginacion sin freno.

– Bueno, esto esta pasando de castano oscuro, Darcy -dijo Bingley frunciendo el ceno, ligeramente ofendido-. Pero si voy a ser acusado de esa manera, digame, senor, cual de los dos es peor para que yo pueda decidir si debo sentirme insultado o divertido. -Bingley se enderezo el chaleco y se arreglo la chaqueta-. ?Ejem! -Carraspeo y, agarrando una cuchara, golpeo la mesa con solemnidad-. Puede proceder.

– El hombre que exagera es perfectamente consciente de lo que hace -comenzo Darcy, mientras se recostaba con despreocupacion contra el marco de la ventana, con los brazos cruzados sobre el pecho- y no espera que nadie crea sus afirmaciones al pie de la letra. Puede emplearlas de manera habitual, pero todavia esta en posesion de la verdad del asunto y, bajo presion, la admitira. Pero el hombre esclavizado por la imaginacion le ha cedido el dominio de sus facultades a una ilusion y se apegara a ella a pesar de todos los hechos que demuestren lo contrario. Aun mas, exigira que el resto del mundo crea en el asunto y vera a cualquiera que se niegue a hacerlo como un enemigo o un opresor o…

Un golpecito en la puerta interrumpio su discurso. La hija del posadero entro y deposito sobre la mesa una humeante bandeja con tazas y platos cubiertos. Como Bingley estaba estudiando en detalle la cuchara que tenia en la mano, no pudo ver la alegre sonrisa que la muchacha le dirigio cuando le hizo una reverencia y cerro la puerta al salir.

– … O, al menos, como un personaje muy estupido -concluyo Darcy con despreocupacion. Se dirigio hasta la mesa y comenzo a levantar las tapas para examinar lo que les habian traido de comer-. Charles, ?no tienes hambre? Esto parece bastante apetitoso. -Levanto uno de los platos-. ?Charles?

Bingley levanto la vista al oir su nombre y, lanzandole a Darcy una extrana sonrisa, le alcanzo un plato y se reunio con el junto a la bandeja.

– Creo que elegire sentirme divertido, en particular porque tu eres un «personaje muy estupido».

– Estoy de acuerdo -contesto Darcy antes de comenzar a devorar los sencillos pero sabrosos alimentos que les habian ofrecido.

Despues de un rapido paseo por los alrededores, al regresar a la posada se alegraron de encontrar el carruaje listo para partir. Tras introducir los ladrillos calientes, subieron al coche. Bingley dio la orden; los caballos se inclinaron hacia delante y los dos caballeros se recostaron contra los cojines. Cuando los caballos alcanzaron un galope estable, Darcy se inclino hacia delante y abrio su maletin de viaje, del cual saco Fuentes de Onoro, y se acomodo mas cerca de la ventana.

– Ah, ?quieres leer? -En la voz de Bingley habia una nota de decepcion.

– Si, si no te importa. Solo queda una hora de luz. Pero te prometo dejarlo antes de que haya que encender las lamparas. ?Te gustaria leer Badajoz? Lo tengo aqui en el maletin. -Bingley se encogio de hombros en senal de aceptacion, y Darcy le paso el volumen, un poco manoseado debido al examen de la senorita Bingley y a la forma en que se habia deslizado por el suelo de la biblioteca. Estaba claro que Bingley queria continuar con la discusion que habian sostenido en la posada, pero Darcy se mantuvo dentro de su plan. Al recostarse de nuevo para tener mas luz, acaricio las puntas de los hilos de bordar que marcaban la pagina, antes de deslizar un dedo por la pequena abertura entre las hojas y abrir el libro. Los vistosos hilos reposaban entre la hendidura del lomo, y un intricado nudo femenino los mantenia unidos en la parte superior. Mientras miraba a su amigo con el rabillo del ojo, Darcy se guardo secretamente el recuerdo en el bolsillo de la chaqueta y luego se concentro en su libro. Solo volvio a poner el marcador de paginas en el lugar correspondiente cuando las sombras hicieron imposible seguir leyendo. Tan pronto como lo guardo, Bingley le devolvio el otro volumen y comento que ya estaban casi en Londres.

– ?Cenas conmigo en Grenier's?

– Agradezco tu invitacion, Bingley, pero debo quedarme en casa. Manana tengo una agenda llena de citas que atender. ?Que te parece una cena en Erewile House manana por la noche?

– ?Esplendido!, como diria sir William Lucas. -Bingley se rio entre dientes y luego se puso serio-. Darcy, estoy pensando en hacer una oferta por Netherfield.

– ?Una oferta? Es un poco prematuro, ?no crees?

– Pense que Netherfield tenia tu aprobacion.

– Si, esta bastante bien -dijo Darcy, midiendo sus palabras con cuidado-, pero yo no te aconsejaria comprarlo, al menos no todavia. Esta ha sido tu primera experiencia de la vida en el campo. Te ha resultado agradable. Pero creo que debo recordarte que tus hermanas no se llevan la misma impresion.

– ?Ah, Caroline! -replico Bingley en tono peyorativo-. Solo algo tan magnifico como Pemberley la dejaria satisfecha, e incluso si yo tuviera la oportunidad de tener una propiedad asi, los dos sabemos que no estoy preparado para eso. ?Netherfield es perfecto!

– Tal vez. Sin embargo, no me parece prudente apresurarse. ?Tienes un contrato de alquiler por un ano? Tomate ese ano. Hertfordshire no es el unico condado de Inglaterra.

El carruaje disminuyo la marcha a medida que se iba aproximando al peaje de Highgate. Como el bullicio del peaje no estimulaba la conversacion, Darcy se recosto entre las sombras, mientras observaba a su amigo con disimulo. Bingley tenia el ceno fruncido, en un extrano gesto que indicaba un subito desconcierto. No obstante, cuando el coche comenzo a avanzar hacia Mayfair, ya parecia haberse librado de su inquietud.

– Espero que no tengas que pasar todo el tiempo ocupado en asuntos de negocios, antes de regresar a Derbyshire.

– No todo el tiempo, no. Tengo la placentera tarea de buscar regalos de Navidad para Georgiana. Tambien hare alguna visita a mi club.

– Claro, pero ?que hay de cosas divertidas como… una obra de teatro o una visita a St. Martin's? Oi que Belcher se va a enfrentar a Cribb y, despues de lidiar con un recien llegado, a un tipo de Belgica. Bleret, creo. -Bingley no se dio por vencido al ver que Darcy se limitaba a encogerse de hombros-. La Catalani se va a presentar en casa de lady Melbourne; con seguridad ya habras terminado de hacer cuentas para entonces, ?no?

– Estas muy bien informado, Charles -contesto Darcy secamente, y su voz adquirio de repente un inexplicable tono de irritacion-. Por favor, deja tus recomendaciones a Hinchcliffe, y tratare de complacerte tantas veces como pueda.

– ?Tu secretario! Oh, no me atreveria. Creo que no me cuento entre sus favoritos, Darcy.

– ?Acaso Hinchcliffe ha sido impertinente contigo? Lo lamento mucho.

– No te disculpes. -Bingley sonrio al ver la turbacion de su amigo-. Se lo valioso que es Hinchcliffe para ti. Tanto el como Fletcher son muy admirados, ya lo sabes. De hecho, he oido a varios caballeros entre nuestras amistades lamentandose por no haber podido quitarte ni al uno ni al otro. ?Que maravilla de lealtad!

Darcy fruncio el ceno con expresion culpable al oir las palabras de Bingley y miro por la ventana. El coche entro en Grosvenor Square y se detuvo con suavidad frente a Erewile House.

– Ademas, probablemente es un gran honor ser despreciado por Hinchcliffe. Por otro lado, si el alguna vez descubre que fui yo quien lo ha delatado, me negara los servicios del sobrino que esta instruyendo. Asi que no digas nada, te lo ruego.

Darcy solto un grunido en senal de aceptacion y comenzo a organizar su maletin de viaje para que lo introdujeran en la casa. Un lacayo abrio la puerta del coche. Tras el, con una lampara en la mano, estaba el venerable mayordomo de Erewile House, con una expresion que reflejaba una mezcla de alivio y deferencia.

– Senor Darcy. ?Que alegria tenerlo en casa!

– Gracias, Witcher -respondio Darcy al bajar del coche-, pero usted no deberia estar aqui con este frio, buen hombre.

– Gracias, senor, pero la senora Witcher estaba tan segura de que el tiempo empeoraria antes de que usted llegara, que solo se quedara tranquila si yo le digo que usted esta bien.

– Entonces quiero que vaya y le informe enseguida de que he llegado bien. El lacayo puede ocuparse de lo que se necesite. -Darcy se volvio hacia la puerta del coche-. Bingley, no te retrasare mas. ?Manana a las ocho?

– A las ocho.

Darcy asintio con la cabeza y el lacayo cerro la portezuela. Subio las escaleras mientras el coche de Bingley arrancaba y en segundos entro en el calido y acogedor vestibulo de su casa de Londres.

– Disculpeme, senor, pero el senor Fletcher desea saber si usted quiere tomar un bano antes de cenar. -Witcher se le acerco desde atras para ayudarlo a quitarse la chaqueta, el sombrero y los guantes-. Monsieur Jules pide permiso para informarle de que la cena estara lista dentro de una hora, si usted asi lo desea, y un buen ponche caliente va camino de la biblioteca en este mismo instante.

Ah, si, es estupendo estar en casa, penso Darcy sintiendose agotado.

– Puede decirle a Fletcher que un bano es una excelente idea. Y la cena en hora y media me complaceria enormemente.

– Muy bien, senor. ?Y el ponche, senor?

– Ya voy para la biblioteca. Gracias, Witcher.

– Senor Darcy. -Witcher se inclino mientras su amo comenzaba a subir las escaleras hacia su refugio. Al entrar, Darcy encontro el fuego ardiendo en la chimenea y el ponche prometido en una bandeja al lado de su sillon favorito. Una rapida mirada a la brunida tapa de su escritorio dejo ver su libro de citas y la correspondencia cuidadosamente organizada y anotada con la clara letra de Hinchcliffe. Sus libros ya habian sido desempaquetados y reposaban en espera de su atencion sobre el estante reservado a lo que estaba leyendo en el momento.

Todo estaba como deberia estar. Con un suspiro, se acerco a la botella de licor. Se sirvio una buena cantidad en el vaso que estaba sobre la bandeja y apago la vela antes de acomodarse en el sillon junto a la chimenea y poner los pies sobre el escabel. Le dio un largo sorbo a su bebida y, cerrando los ojos, se recosto. Trato con todas sus fuerzas de no pensar en otra cosa que el liquido caliente y dulce que se deslizaba por su garganta y la placentera sensacion de estar otra vez en casa, entre su propia gente y sus propias cosas. Pero la vision del rostro angustiado de Bingley en respuesta a sus deliberados comentarios no se borraria de su mente.

?Bingley! Gruno en voz alta, e incorporandose, se inclino hacia delante para observar el fuego. Es por una buena causa, se dijo por enesima vez, y no interesa en lo mas minimo como te hace sentir todo este asunto. Mientras le daba otro sorbo a la bebida, sus ojos recorrieron la habitacion y se fijaron en el libro que habia estado leyendo en el coche. Al recordar lo que reposaba entre sus paginas, Darcy desvio rapidamente la mirada. ?Con seguridad Fletcher ya debia tener todo preparado para el bano! Puso el vaso sobre la bandeja y salio de la biblioteca.


A la manana siguiente, Darcy se desperto despues de la primera noche de verdadero reposo que habia tenido en mucho tiempo. Casi antes de que dejara de balancearse el cordon para tocar la campana, aparecio Fletcher y, con silenciosa habilidad, lo preparo para un dia dedicado a los asuntos de negocios. El desayuno y la lectura del periodico matutino estuvieron deliciosamente libres de las interrupciones y la charla de la senorita Bingley, y cuando termino, levanto la vista y lo informaron de que su secretario lo esperaba en la biblioteca.

– Senor Darcy. -Hinchcliffe se levanto de su asiento, que estaba frente al ancho escritorio de Darcy.

– Hinchcliffe -dijo Darcy en respuesta al saludo del secretario-, parece que tenemos un dia ocupado por delante. ?Ha recibido usted las instrucciones relativas a la disposicion de los fondos de caridad para este ano? -Se sento frente a su secretario, que volvio a acomodarse en su puesto.

– Si, senor. -Hinchcliffe saco la carta de Darcy de la carpeta de cuero que tenia sobre las piernas y la puso sobre el escritorio de su patron para su aprobacion. Cada uno de los beneficiarios de la generosidad anual de Darcy tenia una anotacion y una marca escritas con la clara letra del secretario-. Las expresiones de gratitud por su interes llegan diariamente, senor. -Entonces saco mas cartas de la carpeta y las puso al lado de Darcy. El caballero levanto las cartas, echandoles una rapida ojeada, antes de empujarlas hasta el otro extremo del escritorio.

– Muy bien, Hinchcliffe. -Un movimiento de cabeza casi imperceptible fue toda la respuesta del secretario a sus palabras. Muchos de sus conocidos se habrian sorprendido al ver la naturaleza tan seca del secretario y la poca importancia que Darcy le prestaba a un comportamiento tan petulante en un sirviente. Desde luego, ellos no podian saber que Hinchcliffe habia sido el secretario de su padre y que llevaba trabajando para su familia desde que Darcy era un chiquillo de doce anos.

Su primer encuentro no habia sido muy afortunado. Feliz por estar en casa para pasar unas cortas vacaciones mientras estaba en Eton, Darcy entro corriendo en Erewile House al bajarse del coche, a traves del vestibulo de entrada, cuando se estrello directamente contra una figura alta y vestida de negro, que estaba pasando en ese momento. Cuando la ultima hoja de papel termino de caer al suelo, se encontro metido entre las piernas de un hombre de mirada severa, que debia de tener unos treinta anos. La caida habia torcido la peluca del hombre de una manera tan comica y que contrastaba tanto con la expresion de granito de su barbilla, que Darcy no pudo evitar reirse ante aquella graciosa situacion. Aquello solo duro hasta que el extrano sirviente se levanto y recupero la compostura por completo. Ante el asombro de un Darcy de doce anos, el hombre parecia un gigante de ojos oscuros, que lo miraba fijamente.

– El senorito Darcy, supongo -dijo el gigante con voz profunda.

– Si, senor -respondio Darcy con tono sumiso, seguro de haber tenido la mala suerte de estrellarse contra un desconocido maestro que tal vez sus padres habian contratado para mantenerlo al dia en sus estudios durante las vacaciones.

– Soy el nuevo secretario de su padre, el senor Hinchcliffe -siguio diciendo el gigante con diccion precisa y una voz atronadora-. A usted, senorito, lo esperan en la biblioteca. Me perdonara que no lo anuncie, pero tengo que terminar un trabajo inesperado. Sugiero que se levante antes de que su padre venga a buscarlo personalmente. -Despues de clavarle una ultima mirada, Hinchcliffe se giro y comenzo a recoger los papeles que llenaban el suelo del vestibulo, mientras Darcy subia rapidamente los escalones y se escabullia por la puerta de la biblioteca.

Durante anos, Hinchcliffe fue una rigida presencia entre los sirvientes, la cual Darcy aprendio a apreciar solo cuando regreso de la universidad y encontro que la salud de su amado padre se habia deteriorado enormemente. Durante esos dos angustiosos anos que precedieron a la muerte de su progenitor, Hinchcliffe le enseno a Darcy todo lo relativo a los negocios, intereses y preocupaciones de su padre, y el no podia pensar en nadie mas indicado para ser su propio secretario que aquel hombre que conocia tan intimamente los intereses de los Darcy y los habia llevado con tanta lealtad y pericia. Darcy no buscaba afecto en Hinchcliffe ni esperaba ninguna deferencia por su parte. Era suficiente para el saber que se habia ganado el respeto y la lealtad de un hombre que conocia todas sus preocupaciones desde que era un nino y que luego le habia prestado los servicios de un verdadero maestro en su oficio.

– Senor Darcy, hay una cosa mas sobre la que debo llamar su atencion. -Hinchcliffe saco otra carta de su carpeta y, tras abrirla cuidadosamente, la puso sobre el escritorio-. Recibi esto de la senorita Darcy hace unos cuantos dias. ?Debo hacer lo que me solicita, senor?

Darcy tomo la carta y la leyo en voz alta:


21 de noviembre de 1811

Pemberley

Lambton

Derbyshire


Senor Hinchcliffe:

Por favor tenga la bondad de extender un cheque de mis fondos de caridad por la suma de veinte libras a favor de la «Sociedad para devolver jovencitas del campo a sus familias», en la siguiente direccion, y ocupese de que un cheque por la suma de cien libras sea consignado anualmente a su favor de aqui en adelante.

Muchas gracias,

Senorita Georgiana Darcy


Enarcando las cejas con un gesto de sorpresa, Darcy miro a su secretario por encima del borde de la carta.

– ?La Sociedad para devolver jovencitas! Hinchcliffe, ?conoce usted esa institucion?

– No la conocia, senor, antes de recibir la carta de la senorita Darcy. He hecho algunas averiguaciones y es una sociedad legal, con conexiones en Clapham, senor. Tiene una junta directiva muy respetable, los socios son personas de las mejores familias e incluso hay algunos nobles. Nada que objetar, senor.

– Mmm -musito Darcy, mientras miraba la carta con gesto pensativo-. Eso puede ser cierto, pero me inquieta que mi hermana sepa algo sobre esas mujeres… esos diablos -se corrigio. Ademas, ?el hecho de que ella no haya consultado antes conmigo! ?Por que no lo ha hecho? Darcy fruncio el ceno.

– ?Debo seguir las instrucciones de la senorita Darcy, senor? -pregunto Hinchcliffe con su voz de bajo.

– Si -contesto Darcy lentamente, como si le costara trabajo aceptar la solicitud-. Haga la donacion de veinte libras, pero no mande las cien libras hasta que tenga noticias mias sobre el particular. Hablare antes con la senorita Darcy.

– Muy bien, senor. Su primera cita es con el gerente de la bodega que administra los productos importados de su negocio de transporte. ?Lo hago pasar?

Darcy asintio con la cabeza y el dia comenzo en serio, con una sucesion de reuniones y negociaciones. Se hicieron tratos y se retiraron o invirtieron fondos uno tras otro, con una pequena pausa al final de la tarde para una colacion fria y un vaso de cerveza. Esto gracias a la insistencia de su atenta ama de llaves, la senora Witcher. Cuando la puerta se cerro tras el ultimo hombre anotado en su agenda de citas, el reloj estaba a punto de dar la seis.

– Un dia muy productivo. -Darcy suspiro al cerrar los libros de contabilidad y se recosto contra el asiento de su escritorio. Hinchcliffe se inclino sobre la mesa para colocar los libros en un cuidadoso monton y luego los llevo hasta la caja de seguridad que estaba escondida tras un grupo de gruesos volumenes en la estanteria.

– Si, senor -contesto el secretario mientras tomaba una llavecita que tenia atada a su chaleco con una cadena, cerraba la caja de seguridad y volvia a dejar los libros en su lugar-. ?Eso es todo, senor Darcy?

– Si, ?es todo! Ahora vaya a comer algo; le he hecho trabajar de manera inclemente. -Mientras Hinchcliffe se inclinaba brevemente y daba media vuelta para marcharse, a Darcy se le ocurrio algo inesperadamente-. Hinchcliffe, ?como va su sobrino? El que usted esta instruyendo. ?Esta buscando un empleo?

– Es usted muy amable por preguntar, senor Darcy. El muchacho va bien, senor, pero yo diria que todavia no esta preparado para buscar un empleo. Le falta aun medio ano.

– Voy a cenar esta noche con el senor Bingley, que esta muy interesado en contratar los servicios de su sobrino. Seria dificil encontrar mejor patron.

– ?El senor Bingley, senor? -Hinchcliffe hizo una pausa y luego siguio-: Ah, si, ahora lo recuerdo, senor. Hicieron su fortuna a traves del comercio, una familia de Yorkshire, creo. -Resoplo delicadamente.

– Correcto, y un amigo muy especial para mi -enfatizo Darcy-. Cuando su sobrino este listo, le agradeceria mucho que pensara seriamente en entrar al servicio del senor Bingley.

– Para el sera un honor complacerlo, senor Darcy. Buenas noches, senor.

Cuando la puerta se cerro tras su secretario, cuya figura seguia siendo imponente, Darcy se quito la chaqueta, la puso sobre el escritorio y se dirigio hasta la chimenea, estirando los musculos de la espalda mientras avanzaba. Era probable que Bingley tuviera razon en que Hinchcliffe no lo veia con buenos ojos, penso, mientras buscaba la botella y se servia una copa. Sacudio la cabeza y dio un sorbo al pesado vaso de cristal tallado, dejando que el liquido se deslizara por su garganta. Al menos le has hecho un buen favor a Bingley en esta cuestion, que apreciara enseguida. A diferencia del otro asunto. Ese te llevara algun tiempo.

El reloj dio una campanada. Darcy se tomo el resto del contenido de su vaso de un trago y lo dejo sobre la bandeja. Bingley llegaria mas o menos al cabo de una hora y el habia pasado todo el dia recluido en casa. Necesitaba hacer un poco de ejercicio; un paseo rapido alrededor del parque seria optimo. Se puso la chaqueta y pidio su abrigo y su sombrero. Witcher aparecio con los dos y, tras anunciar que regresaria en veinte minutos y queria que Fletcher estuviera listo para recibirlo, Darcy bajo corriendo las escaleras y se marcho caminando con paso vigoroso.


– Entonces, Darcy, ?has terminado ya de arreglar tus asuntos para que podamos divertirnos un poco, o seguiras portandote como un estupido? -Bingley acepto el vaso de vino tinto que le ofrecia su amigo y se sento en su lugar habitual en la mesa de uno de los comedores pequenos de Erewile House. Mientras los criados se movian en silencio, destapando platos y sirviendoles, Darcy levanto la copa para hacer un brindis.

– Por una rapida y exitosa conclusion de mis obligaciones, para que mis amigos no se mueran de aburrimiento.

– Asi es. -Bingley se rio y le dio un sorbo al borgona-. De verdad, ?te has liberado ya de tus libros de contabilidad y tus asesores de negocios? ?Ha transcurrido mas de una semana!

– No todavia, y antes de que preguntes, no he tenido mucho tiempo para mirar ninguna invitacion, asi que aun no he decidido nada. Excepto… -Se quedo callado, mientras hacia girar lentamente la copa entre sus manos.

– Si… ?excepto que?

– Mencionaste a la Catalani, la diva, y estoy tentado de asistir a la velada en casa de lady Melbourne.

– ?Tentado! ?Quieres ir? Me gustaria ir, pero solo si tu vas. Ese grupo esta un poco fuera de mi alcance. -Bingley comenzo a probar con deleite la deliciosa comida que tenia delante.

Darcy solto un resoplido.

– ?Ese grupo! No permitas que sus titulos y su aire de superioridad te enganen, Bingley. Ellos ocultan una historia llena de peligros y traiciones, de la que harias muy bien en mantenerte al margen. Su credo es la intriga y la ambicion, pobre del hombre o la mujer que queden atrapados en sus maquinaciones.

– ?Tienes una opinion mas bien negativa, Darcy! Pero me atreveria a decir que soy demasiado insignificante para atraer su atencion y por eso me puedo arriesgar a entrar en la jaula del leon sin correr mucho peligro. ?Y oir a la Catalani! -dijo con tono de suplica-. ?Darcy, tenemos que ir!

Una sombra de duda cubrio los rasgos de Darcy al mismo tiempo que miraba a su amigo, pero ante tanta insistencia no pudo hacer otra cosa que aceptar.

– Entonces que asi sea, Bingley; iremos. Pero estas advertido y debes tener cuidado. Pasare a buscarte a las nueve manana por la noche.

– Maravilloso, Darcy. -Los dos se concentraron en su cena, mientras Bingley intercalaba noticias deportivas y chismes del club, entre bocados de pollo relleno, chartreuse y ternera al aceite de oliva. Una vez que los dos hicieron justicia al arte de monsieur Jules, volvieron a la biblioteca a tomar una copa de oporto, que Bingley acepto con un suspiro.

– ?Charles?

– Ya han pasado dos semanas, ?sabes?

– ?Dos semanas?

– Si, dos semanas desde el baile. Hace dos semanas que vi por ultima vez a la senorita Bennet. ?Parece un siglo! ?No crees que estaba adorable? Apenas pude separarme de su lado. -La atencion de Bingley parecio alejarse de lo que lo rodeaba.

– Si, bueno, eso resulto evidente para todo el que tuviera ojos, amigo. -Darcy hizo una pausa y, desplegando sus fuerzas, pregunto de manera desinteresada-: ?Dirias que ella siente lo mismo?

Bingley se estremecio un poco y se giro para mirar a su amigo con desconcierto.

– Si, claro. ?Por que lo preguntas?

– ?En que basas tu opinion exactamente? ?Acaso te confeso su amor?

– ?No, no, claro que no! -Bingley puso su vaso sobre la mesa, se alejo un poco y luego regreso a recogerlo-. ?Que ocurrencia, Darcy! La senorita Bennet es una dama bien educada. Ella nunca…

– Entonces ?te miro de una manera que hiciera innecesarias las palabras de amor, de afecto? -insistio Darcy.

Bingley abrio la boca para protestar.

– Te recuerdo otra vez que la senorita Bennet es una dama. Eso seria totalmente inapropiado.

– Entonces dime, Charles. -Darcy cerro filas, sin permitirle a su amigo ni una oportunidad de desviarse del tema-. ?En que te basas para creer que ella te tiene en mayor estima que a otros hombres de su circulo? Admites que no te ha hablado de amor, ni te ha obsequiado con miradas llenas de tierno afecto. Entonces, ?que?

– Un hombre simplemente lo sabe -espeto Bingley.

Darcy se encogio de hombros con actitud esceptica.

– Tu crees que estoy exagerando, pero ?te juro que no! Esta vez no.

– Ah, si. «Esta vez no» -replico Darcy con voz suave. Bingley se quedo contemplando el vaso mientras su amigo, manteniendo siempre un aire de indiferencia, se sentaba y le daba un sorbo a su oporto. A medida que el silencio se hacia mas profundo, miro de reojo a Charles, tratando de adivinar sus pensamientos. La insistencia con que movia la barbilla indicaba una profunda agitacion.

– ?Tu crees que el afecto de sus atenciones esta en mi imaginacion? -La pregunta de Bingley parecia casi una afirmacion.

– Charles -contesto Darcy con tono conciliador-, debes juzgar eso por ti mismo. Yo solo quiero advertirte, prevenirte para que no establezcas una union que te traeria mas dolor que satisfaccion. Los inconvenientes de la senorita Bennet y su familia son muchos, aunque pueden controlarse si tu estas absolutamente convencido de su devocion. Pero si el matrimonio se realiza solo por el deseo de la dama de escalar una posicion social… -Dejo la frase sin terminar.

Bingley se tomo de un trago el resto del contenido de su copa.

– Si, bueno, no hay necesidad de decir mas. Entonces, ?manana a las nueve? -Se levanto de la silla y, para sorpresa de Darcy, le hizo una inclinacion-. Creo que me retirare temprano esta noche, Darcy. Tengo algunas citas que atender en la manana. Me imagino que debo vestirme de gala para asistir a la casa de lady Melbourne.

– Si, pero con mesura. Sin duda Brummell estara alli, y sera mejor no atraer su atencion para no tener que tolerar sus comentarios. Entonces, ?tienes que marcharte?

– Lamentablemente, si. ?Ah, no te levantes! -se apresuro a anadir al ver que Darcy comenzaba a incorporarse-. Conozco la salida.

– Pamplinas. -Darcy se levanto de la silla y llamo a un lacayo. -Las cosas del senor Bingley, por favor. -Se volvio hacia su amigo-. Charles, he hablado con Hinchcliffe.

– ?Supongo que no seria sobre su comportamiento conmigo! ?Darcy!

– No, no… sobre su sobrino. Estara preparado para presentarse ante ti en unos pocos meses; Hinchcliffe me ha dado su palabra. -Ya habian llegado al vestibulo y Witcher sostenia el sombrero, el abrigo y los guantes de Bingley.

– Gracias, Darcy. -Bingley logro esbozar una sonrisa que, aunque discreta, sorprendio a Darcy por su sinceridad-. Agradezco inmensamente tu apoyo en esto. Siempre has sido un buen amigo.

Darcy no espero a que la gigantesca puerta principal terminara de cerrarse para dar media vuelta y buscar nuevamente el refugio de su biblioteca. Casi se desploma en la silla. Permanecio alli inmovil, y ni siquiera se inmuto cuando un criado entro en silencio para atizar el fuego de la chimenea.

«Siempre has sido un buen amigo». Darcy cerro los ojos y apreto la mandibula. ?Acaso las heridas causadas por un amigo nunca curan? Darcy dirigio su pregunta al cielo. ?Mejor ponerse colorado una vez que palido toda la vida porque ese amigo no hizo nada!

La repentina necesidad de hacer algo, cualquier cosa, se apodero de el. Se puso de pie, dirigiendose hasta la vitrina que tenia a su espalda, se quito la chaqueta, el chaleco y la corbata y los tiro sobre una silla. Tras abrir rapidamente la vitrina, examino la coleccion y selecciono un estoque perfectamente equilibrado. Tomando una lampara que habia sobre el escritorio, salio de la biblioteca hacia el corredor. ?Adonde ir? Despues de dudar solo un instante, se dirigio al salon de baile. No se encontro con ningun criado en el camino y pudo deslizarse en la gran estancia sin hacer ruido. Puso la lampara sobre una consola estilo Sheraton que estaba contra la pared, y se dirigio hacia la pista, ejecutando movimientos amplios y cortantes mientras avanzaba. Los musculos de su hombro protestaron despues de un mes sin hacer ejercicio, pero Darcy los ignoro y siguio con el entrenamiento hasta que aflojaron y el se sintio seguro del alcance y el equilibrio de su espada. Luego, llevandose el estoque a los labios, asumio la posicion de «en guardia», poniendo el cuerpo en la curiosa pose al mismo tiempo tensa y relajada de los espadachines expertos.

Darcy lanzo una estocada. Su oponente imaginario esquivo el movimiento. Volvio a atacar. Esta vez el golpe fue esquivado, pero el oponente lanzo un rapido contragolpe. Levanto el estoque para bloquear el ataque, luego doblo la muneca y uso el filo para desequilibrar a su enemigo. No tuvo exito. Bloquear… bloquear otra vez, atacar. Darcy solto una carcajada. ?Eso lo estremecio! Ataco y el otro tuvo que retroceder un paso, luego dos.

La llama de la lampara se reflejaba de manera intermitente sobre la espada, mientras Darcy practicaba las formas clasicas de avance y retroceso. Adelante y atras sobre la pista a oscuras, Darcy persiguio, acecho y otras veces se enfrento a su enemigo imaginario, hasta que unas gotas de sudor aparecieron en su frente y el brazo que sostenia el estoque sucumbio al peso del arma. Con un movimiento final en forma de arco, levanto el estoque a manera de saludo y, haciendo una inclinacion, le presento sus respetos a la oscuridad que le sirvio de contrincante.

Sintiendo un agudo dolor en los costados, agarro la lampara, se deslizo en silencio por el corredor y devolvio la lampara y el estoque a la biblioteca. Volvio a colocar el arma en la vitrina y recogio su ropa. A pesar de que estaba cansado, sabia que todavia no se sentia preparado para sucumbir al sueno. ?Su libro! Leeria hasta que el sueno lo rindiera. Desde donde estaba, podia ver Fuentes de Onoro en espera de su atencion, y junto a el, un antiguo regalo de su padre, los sermones de Whitefield. Darcy tomo Fuentes de Onoro del estante y, tras meterselo debajo del brazo, apago la lampara y salio hacia su habitacion.


Capitulo 12

<p id="_Toc237585049">Capitulo 12</p> No todo lo que reluce…

Con su acostumbrada precision, Darcy estampo su firma en el ultimo documento de negocios que esperaba encontrar antes de marcharse de Londres para pasar la Navidad en Pemberley, y se lo entrego a Hinchcliffe para que le echara la arenilla secante y lo sellara. ?Por fin estaba libre de los aspectos tediosos de su regreso a la ciudad y podia dedicar su atencion a actividades mas placenteras! Aunque, en realidad, la velada de esa noche en casa de lord y lady Melbourne en Whitehall no respondia exactamente a todo lo que el consideraba placentero, reconocio para sus adentros, mientras cerraba los libros de contabilidad. Unicamente la muy anunciada aparicion de la Catalani podia haberlo convencido de aceptar una de las invitaciones de lady Melbourne, porque, en general, el siempre seguia el consejo que le habia dado a Bingley y evitaba al grupo de esa dama tanto como era posible.

La manera en que lady Melbourne alentaba las excentricidades del principe regente no era la unica razon para que Darcy mantuviera una actitud distante. Los rumores sobre las intrigas y las irregularidades que ocurrian dentro de las paredes de Melbourne House se remontaban a treinta anos atras, hasta el nacimiento del heredero del vizconde, y llegaban hasta la actualidad en forma de chismes sobre la escandalosa conducta de la nueva esposa del heredero. Darcy habia estado presente en la boda del honorable William Lamb con lady Caroline Ponsonby, durante una de sus escasas visitas a la ciudad mientras su padre estaba enfermo. Consideraba a Lamb como un buen tipo, sensato en su objetivo de seguir una carrera politica y de un caracter mas serio de lo que podian esperar sus electores a juzgar por sus antecedentes. Pero su matrimonio con lady Caroline, que ya era conocida por una conducta poco convencional, fue, en opinion de Darcy, una imprudencia. En esto Darcy habia tenido mucha razon, y mientras asentia para autorizar a Hinchcliffe a guardar los libros, penso en cual de las dos damas tendria mas probabilidades de dar un espectaculo esa noche: ?la temperamental diva o la impredecible lady Caroline?

– Otro buen dia de trabajo, Hinchcliffe -le dijo Darcy a su secretario en tono elogioso-. Usted ha supervisado todo de manera admirable. Nunca podria haber conseguido tantas cosas sin contar antes con su atencion.

– Un placer, senor -respondio el sombrio secretario, bajando ligeramente los ojos-. ?Ya ha fijado fecha para su partida hacia Pemberley, senor? Me gustaria empezar a disponerlo todo.

– El martes 17, creo, si logro ver a Lawrence el lunes. ?Ya hemos recibido respuesta a mi solicitud?

– Llego esta tarde, senor Darcy. -Hinchcliffe abrio su omnipresente carpeta de cuero, extrajo una nota un poco arrugada y manchada de pintura y leyo: «El senor Thomas Lawrence tendra el gusto de recibir al senor Fitzwilliam Darcy a las dos y media el lunes 16 de diciembre, en su residencia, Cavendish Square»-. ?Envio confirmacion, senor?

– Si, hagalo. Si mi entrevista sale bien y el esta de acuerdo, Lawrence hara un retrato de la senorita Darcy cuando ella venga a Londres conmigo en enero. -Darcy sonrio al ver la expresion de sorpresa de Hinchcliffe-. De hecho, tengo total confianza en que podre convencerla de que venga conmigo. No para la temporada social, claro, es demasiado joven, pero habra reuniones suficientemente tranquilas, operas y obras de teatro y… -anadio en voz baja despues de hacer una pausa-: y sera estupendo tenerla entre nosotros, ?no es asi?

– Asi sera, en efecto, senor Darcy. -La expresion de ternura que cruzo fugazmente por el rostro de Hinchcliffe confirmo lo que Darcy sabia desde hacia anos. El podia estar seguro de la lealtad de su secretario, pero la depositaria de la devocion de Hinchcliffe era su hermana, que habia nacido el mismo ano en que el entro a trabajar para la familia.

El reloj de la biblioteca dio las cuatro, y como si estuviera planeado, Witcher abrio la puerta en ese momento, pero no para hacer el esperado anuncio de que el te estaba listo.

– Senor Darcy, lord Dyfed Brougham esta aqui para…

– Si, si, estoy aqui para verte, Fitz; y se que estas en casa. No trates de deshacerte de mi con algun cuento chino, ?porque se que estas aqui! -La elegante e imponente figura de lord Brougham invadio el umbral de la puerta y luego paso junto al mayordomo-. Buen intento, Witcher, pero Fitz me recibira, ?no es asi, viejo amigo? -le dijo a Darcy con una sonrisa triunfal.

– Dy, ?no tienes nada mejor que hacer que perturbar a mis empleados? -Darcy sacudio la cabeza al dirigirse a su viejo amigo de la universidad.

– ?Absolutamente nada mas! ?Excepto, tal vez, molestarte a ti! -Lord Brougham estiro la mano y estrecho la de Darcy con fuerza-. ?Donde has estado este ultimo mes? Llegue a la ciudad y encontre cerrada tu puerta, y lo unico que pude sacarle a Witcher fue que «El senor Darcy estaba de visita en el campo». Le ofreci veinticinco libras para que me dijera donde, pero el senor Witcher aqui presente -dijo lord Brougham, senalando con la cabeza al mayordomo- no solto palabra.

– Que eso te sirva de leccion para que no intentes sobornar a los criados leales -le contesto Darcy con una carcajada.

– Bueno, todos esos anos en la universidad no me han ensenado nada, asi que dudo que esto lo haga. ?Soy un caso perdido, ya lo sabes! -Brougham se dejo caer pesadamente en uno de los sillones al lado de la chimenea y miro a su alrededor-. Te pille haciendo cuentas, ?no es asi, Fitz?

– No, de hecho acabamos de terminar; y estaba esperando el te…

– ?Te! ?Buena idea! -Se incorporo en su asiento de un salto-. ?Por que no vamos hasta el club tu y yo? Apuesto a que no has visitado Boodle's desde que regresaste de… ?en donde has estado escondido?

– Hertfordshire.

– ?Dios, no me digas! ?Hertfordshire! -exclamo Brougham con aire pensativo-. ?Haciendo que, Fitz?

– Te lo contare cuando lleguemos al club. -Darcy se volvio hacia su mayordomo que, conociendo la naturaleza alegre de lord Brougham, estaba sonriendo discretamente tapandose la boca-. Mis cosas, Witcher, si es usted tan amable. Parece que tomare el te en Boodle's.

Los dos hombres bajaron los escalones de la entrada de Erewile House y se subieron en el cabriole de lord Brougham, que en minutos los llevo, bajo su experto latigo, hasta el silencioso santuario de Boodle's. El arrogante portero del club los acompano al interior, donde varios lacayos se apresuraron en silencio a ocuparse de sus abrigos, sombreros y guantes.

Acompanando a su amigo mientras atravesaban el pavimento ajedrezado de marmol italiano, Darcy enarco una ceja.

– ?Adonde vamos, Dy?

– A algun lugar donde podamos hablar en privado sin escandalizar a los socios mas antiguos. El extremo del comedor, tal vez. -Brougham hizo un guino al ver una sombra de reserva que cruzo enseguida el rostro de Darcy-. ?Ah, nada tan malo como eso, Fitz! A menos que te hayas estado divirtiendo en… ?donde era? ?Herefordshire?

– Hertfordshire, ya lo sabes -respondio Darcy de manera tajante.

– ?Ah! Ya veo que tenemos mucho terreno por cubrir. -Brougham comenzo a caminar hacia uno de los corredores revestidos de madera que formaban un arco sobre las escaleras que llevaban del vestibulo a los pisos superiores del club.

Tal vez esto no ha sido una buena idea. Darcy entrecerro los ojos al observar la espalda de su amigo, mientras lo seguia hacia el comedor. Sabia muy bien que bajo la apariencia de diletante de Dy se escondia una mente aguda que, a pesar de sus declaraciones, era capaz tanto de disenar un puente como de componer un soneto. Los dos habian competido intensamente en la universidad y Darcy recordaba muy bien, por si su amigo no tenia tan buena memoria, la cantidad de premios que Dy habia ganado en Cambridge. Mientras, penso Darcy con incomodidad, traia de cabeza a sus tutores.

En los siete anos que habian transcurrido desde entonces, y a traves de su estudiada elegancia y sus veleidosos modales, Dy habia logrado hacer que la sociedad olvidara esos triunfos y le atribuyera solamente una encantadora frivolidad. Darcy se habia preguntado muchas veces por que queria dar aquella imagen, pero Dy habia esquivado habilmente todos sus intentos de obtener una respuesta. Como o por que su amigo habia decidido dirigir su vida en esa direccion seguia siendo un tema tabu entre ellos, pero como no afectaba a la firmeza de su larga amistad, Darcy habia preferido, desde hacia tiempo, dejar la pregunta sin respuesta. Sin embargo, habia descubierto que su tolerancia hacia la infructuosa existencia de Dy no siempre encontraba una respuesta reciproca. Si no soy extremadamente cuidadoso, se advirtio, Dy descubrira a traves de mis propios labios lo que mas quiero ocultar.

Cuando entraron en el espacioso comedor, Brougham pidio inmediatamente la mesa mas comoda.

– Aqui, esto esta perfecto, Fitz. -Le ofrecio una silla a Darcy y luego se sento en la que disponia de la mejor vista de todo el salon-. Pidamos nuestro te y luego podras contarme todo acerca de tu expedicion al campo. -Mientras los camareros traian un plato tras otro de lo que Boodle's consideraba un te apropiado para sus miembros, Darcy y Dy se entretuvieron intercambiando trivialidades y bromas acordes a su larga amistad. Cuando por fin quedaron solos, Dy se puso un poco mas serio y hablo con mas franqueza mientras informaba a su amigo de los rumores economicos y las especulaciones politicas que realmente importaban a los hombres en la posicion de Darcy.

– Eres una increible fuente de informacion -comento Darcy secamente, cuando Brougham hizo por fin una pausa para darle un largo sorbo a su te-. Uno casi podria suponer que es una pasion.

– ?Oh, nada tan fatigoso! Uno oye cosas, ya sabes. Reuniones, fiestas, partidas de caza, lugares de juego… lo que sea, charla y mas charla. Lo que sucede es que tengo una memoria endemoniadamente prodigiosa. -Le lanzo a Darcy una expresiva mirada y suspiro-. Es una mas de las maldiciones que debo soportar.

– Y dime, ?cuales son las otras? -Darcy se rio abiertamente ante la actitud de autocompasion de Dy-. Una fortuna muy considerable, una delicada personalidad y…

– ?Por favor, no mas! ?Me estas haciendo avergonzar! Lo cual es particularmente molesto pues era yo quien trataba de avergonzarte. Ahora, cuentame sobre Hertfordshire -exigio Brougham.

– ?Estas seguro de que no es Herefordshire? -le dijo Darcy, mientras trataba de ganar tiempo para ponerse en guardia.

– No, estoy seguro de que dijiste Hertfordshire. Vamos, vamos; cuentale a papa que hiciste. La confesion, ya sabes… es buena para el alma y todo eso. -Brougham lo miro deliberadamente.

Darcy se sorprendio retorciendo la servilleta que tenia sobre las piernas. La cara de Dy era toda sinceridad, con un toque de humor sarcastico que invitaba a las confidencias. Al principio, la idea de reclutar a su viejo amigo para ayudarlo le habia parecido totalmente imposible. Pero cuando se sentaron en silencio a tomarse su te, lentamente fue adquiriendo un matiz razonable. Darcy no iba a contarle todo, claro. Nada sobre… bueno, solo lo que Dy necesitaba saber para ayudarlo con Bingley.

– ?Conoces a mi amigo Charles Bingley?

Brougham asintio con la cabeza.

– Un joven del norte, con mas disposicion que buen juicio. Tu le has hecho unos cuantos favores ultimamente.

– Bingley alquilo por un ano una pequena propiedad en Hertfordshire y se enredo con una jovencita de una familia poco conveniente. -Darcy fue tejiendo su historia, teniendo cuidado de no mencionar que el tambien habia caido en una tierna fascinacion-. Asi que -concluyo-, como al hombre no se le puede mencionar el tema y no atiende a razones, estoy intentando un juego encubierto. Sembrando dudas, ese tipo de cosas. Lo encuentro terriblemente incomodo.

– ?Me lo imagino! No va con tu caracter, Fitz. ?Crees que el sospecha algo?

– No, no lo creo. Al menos, lo dudo. Confia en mi ciegamente, ?sabes? -Darcy se sonrojo y fijo la vista en su anillo de rubi.

– Es probable que tengas razon en que no sospecha. «El corazon que es consciente de su propia integridad tarda en dar credito a la traicion de otro». ?Ah, lo lamento, Fitz! -Brougham se disculpo al ver la expresion de dolor de Darcy-. No queria que sonara asi. Bueno, ya tienes el toro por los cuernos. ?Cual es tu siguiente movimiento?

– Vamos a asistir a la velada de lady Melbourne esta noche.

– ?La divina Catalani! Fitz, tienes suerte. Yo tambien he enviado confirmacion de mi asistencia a esa velada. ?Como puedo ayudarte con el encantado senor Bingley?

– Ayudame a presentarle nuevos encantos. Tu sabes lo torpe que soy para esas cosas, Dy. Pero espera -Darcy respondio con rapidez a la mirada de suspicacia de Brougham-, con eso quiero decir jovencitas decentes. Si le presentas alguna de las amigas intimas de lady Caroline, te saco del asunto, ni se te ocurra intentarlo.

Brougham levanto las manos con fingido horror.

– ?Dios no lo permita, Fitz! Pero ?donde diablos sugieres que encuentre esas «jovencitas decentes» en una velada ofrecida por lady M?

– ?No creo que sea un desafio muy grande para alguien que carga con «la maldicion de una memoria prodigiosa»! -le repitio Darcy. A pesar de lo razonable que parecia confiar en Dy, Darcy estaba comenzando a dudar.

– Si -dijo Brougham, arrastrando la voz-, claro. Hare mi mejor esfuerzo, amigo. Ahora bien, ?vamos juntos o debemos fingir que nos encontramos alli por casualidad?

– Nos reuniremos contigo alli, pero no voy a fingir que no fue planeado. Le contare a Charles que convinimos encontrarnos, digamos, a las nueve y media cerca del salon de juego.

– ?Hecho! No hay nada como un poco de intriga para animar la velada. ?Puedo dejarte en Erewile House?

Los dos se levantaron de la mesa y cruzaron a grandes zancadas los distintos salones del club, deteniendose aqui y alla para intercambiar saludos con los conocidos de uno y otro, pero dirigiendose hacia la puerta principal. Trajeron el cabriole de Brougham y los caballos enfilaron hacia Grosvenor Square.

– No me has hablado de Georgiana -le dijo Brougham a Darcy con tono acusador-. Dios, debe de haberse convertido en una joven damita.

– Si… si, asi es. Pretendo traerla conmigo a la ciudad en enero.

– ?Pero no para la temporada! ?No puede estar tan crecida!

– En eso estamos de acuerdo. No, solo quiero que conozca algunos de los entretenimientos de la ciudad. Disfruta mucho con la musica y ha cultivado un gusto muy refinado.

– Y tu te vuelves muy elocuente cada vez que hablas de ella. -La cara de Brougham adopto una expresion distante-. Te envidio, Fitz. Te envidio incluso desde que Georgiana era una chiquilla traviesa, que entorpecia inocentemente nuestros planes. ?Recuerdas ese verano que pase en Pemberley despues de nuestro primer ano en Cambridge?

– ?Como podria olvidarlo? ?Fuiste tu quien la encontro! Nunca olvidare la imagen de ella en tu regazo, al entrar en el jardin.

Brougham suspiro con tal sigilo que Darcy casi no lo nota.

– Fitz, tengo que confesarte algo. Fui yo quien escondio la maldita muneca que ella estaba buscando. Si no la hubiese encontrado… -Se detuvo bruscamente-. Bueno, lo hice y eso, como suele decirse, es todo. ?Y aqui estamos! -Brougham detuvo a los dos caballos bayos y se inclino para abrirle la puerta a Darcy-. En el salon de juego de lady M a las nueve y media. Yo sere el que lleva una flor en el ojal. -Saludo a Darcy con el latigo-. ?Au revoir!

Darcy se quedo parado en la penumbra, observando el cabriole con el ceno fruncido, hasta que dio la vuelta a la esquina y desaparecio de su vista. Luego, sacudiendo lentamente la cabeza, subio los escalones hasta Erewile House.


– ?Senor Darcy! -La puerta de la habitacion se estaba cerrando tras el, cuando Fletcher, muy agitado, casi le salto encima desde atras.

– ?Por Dios, Fletcher! -protesto Darcy, sorprendido-. Todavia no le he llamado.

– No hay tiempo para eso, senor Darcy. ?Tenemos que empezar ya! Su bano estara listo en un minuto. ?Elegimos la ropa que llevara a la velada de esta noche? ?Tenia usted algo en mente? -Darcy echo un vistazo a la habitacion y noto, entre divertido y alarmado, que practicamente todas las prendas de gala que poseia estaban colgadas o desplegadas por todos lados. Un monton de corbatas de lazo recien almidonadas reposaba docilmente junto al joyero. Sus distintos pares de zapatos de gala habian sido lustrados hasta la perfeccion. Todo tenia la apariencia de una campana militar, penso Darcy mientras volvia a fijar su mirada en el ayuda de camara.

– Creo que le han informado mal, Fletcher. Solo es una velada, no una invitacion a Carlton House.

– Precisamente, senor -resoplo Fletcher-, ?si se tratara de Carlton House! Pero en lugar de eso es Melbourne House, un lugar mucho mas refinado, senor.

– Aja -fue toda la contestacion de Darcy cuando comenzo a avanzar hacia el vestidor, con Fletcher pisandole los talones. Durante el proceso de desnudarse y banarse, su ayuda de camara se movio con total profesionalidad y precision. Una orden susurrada a un muchacho de la cocina por aqui o una pregunta en voz baja para si mismo por alla, y casi sin darse cuenta, Darcy se encontro banado, envuelto en su bata y sentado en la silla de afeitar, todo en un tiempo asombrosamente corto.

Mientras Fletcher probaba con pericia el filo de la navaja, Darcy se acomodo en la silla. El caracter rutinario del proceso -Fletcher siempre ejecutaba los movimientos en el mismo orden y de la misma manera- solia brindarle preciosos momentos de reflexion. Esa noche habia muchas cosas sobre las cuales reflexionar… demasiadas, si Darcy permitia que su mente vagara hacia donde quisiera. La repentina aparicion de Dy habia sido verdaderamente providencial. Brougham era mucho mas capaz de lo que el podria llegar a ser alguna vez, de orientar a Charles a traves del laberinto de complejidades que suponia una reunion de la flor y nata de la sociedad. Aparte de un genuino aprecio por la aclamada diva, su unico interes en la velada era la oportunidad de distraer a Charles de su enamoramiento en Hertfordshire. La atencion que prestarian las damas jovenes ante la aparicion de una cara nueva y rica ciertamente seria para Charles como un vino embriagador. Darcy esperaba que eso, sumado a las dudas que el habia sembrado respecto al otro asunto, canalizara las vacilantes convicciones de Bingley en una direccion apropiada. Manana le enviaria una nota a la senorita Bingley, y si ella podia contener su desprecio por Hertfordshire y actuaba como el le habia dicho, Charles estaria a salvo y fuera de peligro, y el podria volver a Pemberley.

– Aqui tiene, senor. Su toalla, senor. -Fletcher dejo caer una suave toalla turca en su mano y, volviendose hacia la bandeja que contenia los articulos de tocador, selecciono una botella-. Sandalo, creo, senor. -Darcy asintio con la cabeza y recibio en la palma de la mano un chorrito de la fragancia mezclada con alcohol.

– ?Ya ha decidido el traje que llevara, senor Darcy?

El caballero se levanto de la comodidad de la silla y miro a Fletcher, al que veia animado por primera vez desde que habia regresado a Londres.

– No, no he pensado en eso todavia, aunque usted parece haber reflexionado mucho sobre el asunto, a juzgar por el estado de mi alcoba. ?Que sugiere, Fletcher, teniendo en cuenta que el mismisimo Beau Brummell asistira, y probablemente tambien el regente? -Darcy volvio a su habitacion, supervisando de nuevo aquel despliegue.

– Elegancia contenida, senor Darcy. Y como usted, senor, tiene mas derecho que ciertos personajes famosos a reclamar como suya esa cualidad…

– No tengo ningun deseo de competir con el senor Brummell, Fletcher -aclaro Darcy mientras se quitaba la bata-. Solo lo he mencionado a modo de advertencia y no quiero llamar excesivamente la atencion de nadie en particular.

– Comprendo perfectamente, senor. Nada de llamar excesivamente la atencion. -Fletcher hizo una pausa y acaricio el fino algodon blanco de la camisa que habia elegido para su amo-. Diria que el traje azul oscuro con el chaleco de seda negra. El que tiene bordados con hilo color zafiro, como el verde que se puso en Netherfield.

Darcy dio media vuelta.

– ?No! Otra cosa. -Fletcher levanto el chaleco y lo puso al lado del finisimo traje azul, casi negro-. Ah -suspiro Darcy-. Azul. -Su voz se convirtio en un murmullo-. Si, eso funcionara.

– Si, senor. -El ayuda de camara sostuvo la camisa y la deslizo por los brazos de Darcy. El entusiasmo de Fletcher crecia con cada nueva prenda que Darcy se ponia, en marcado contraste con su actitud desde que habian vuelto a Londres. Era evidente que su ayuda de camara tambien tenia intereses en Hertfordshire y Darcy sintio un poco de pena por eso. ?Aquel viaje se habia convertido en un completo desastre! Darcy bajo la vista mientras Fletcher terminaba de abrochar el chaleco y pasaba a elegir una corbata. Si, se parecia mucho al que se habia puesto en Netherfield. ?Hacia solo dos semanas? Los hilos metalicos brillaban y se ensombrecian cada vez que el se movia frente al espejo. ?Cuantas esperanzas habia puesto en los buenos resultados de esa velada!

Fletcher regreso y Darcy se sento y levanto la barbilla para que el ayuda de camara tuviera suficiente espacio para desplegar su habilidad. Mientras Fletcher hacia dobleces y nudos, la mente de su patron se deslizo involuntariamente a aquella noche, a esos escasos momentos en que habia tenido la mano de ella entre las suyas y se habian movido juntos en armonia y no en oposicion. La manera en que el vestido flotaba alrededor de la muchacha, las flores que tenia entrelazadas en el pelo.

… tan agradablemente bella,

que lo que antes me habia parecido

bello en todo el mundo

ahora me parecia raquitico,

o mas bien, que estuviese reunido en ella,

contenido en ella.

Y en sus miradas, que desde aquel momento

han derramado en mi corazon una dulzura

no experimentada hasta entonces:

Su presencia inspiro a todas las cosas

un espiritu de amor y una amable delicia.

Sobresaltado, Darcy trato de pensar en otra cosa, pero no pudo evitar un estremecimiento que hizo exclamar a Fletcher:

– Por favor, senor, no se mueva todavia.

Aquellos versos eran los que habia encontrado marcados por los hilos de bordar que habia robado del ejemplar de Milton de la biblioteca de Netherfield. Una fantasia idiota, se dijo mientras desviaba la mirada de su ayuda de camara, pero la severa autocensura no impidio que dirigiera su mano a los hilos del libro colocado sobre la mesilla de noche. Mientras Darcy se los enredaba con delicadeza en el dedo y los guardaba en el bolsillo del pecho, las palabras sobre las que habian reposado se apoderaron de el, de manera similar a la mujer que ellas evocaban.

Un golpecito en la puerta anuncio una deseada distraccion: una bandeja de monsieur Jules. Un muchacho de la cocina levanto las tapas para dejar a la vista un apetitoso tentempie para darle fuerza, ya que la cena en Melbourne House no seria servida antes de medianoche.

– Listo, senor. -Fletcher regreso a la habitacion-. Excepto por la leontina y la chaqueta, esta usted listo. -Darcy examino en el espejo los esfuerzos del ayuda de camara con ojo critico. El rostro de Fletcher aparecia junto a el-. Si alguien pregunta -presumio con orgullo de sastre-, es el roquet. Una creacion mia -agrego con modestia.

-?Roquet *? ?Fuera de juego? ?Y a quien voy a dejar fuera de juego con esto? -Darcy senalo el lazo que rodeaba su cuello, formado por una incontable cantidad de nudos y dobleces.

– A quien quiera, senor Darcy. -Fletcher hizo una reverencia, al ver que Darcy enarcaba una ceja; luego tomo la servilleta de la bandeja y la sacudio-. ?Senor?

Darcy se sento ante su comida con el ceno fruncido, mientras se preguntaba por la actitud de su ayuda de camara, que le devolvio la mirada con imperturbable aplomo.

– ?Un caso de medida por medida, Fletcher? -pregunto Darcy finalmente, al tomar la servilleta.

La sombra de una sonrisa de satisfaccion se vio reflejada en el rostro del ayuda de camara.

– Mas o menos, senor. Mas o menos.


Darcy se inclino para mirar por la ventana del carruaje, justo a tiempo para ver como uno de sus cocheros saltaba del pescante y doblaba por la calle Jermyn hacia Grenier's, con una nota para Bingley que lo avisaba de que Darcy ya habia llegado y que lo esperara hasta que el coche estuviera frente a la puerta del hotel. Satisfecho, Darcy se recosto contra los cojines y se acomodo mejor el abrigo y la manta. El viaje hasta Melbourne House no era problema, penso mientras esperaba envuelto entre las sombras de una fria noche de finales de otono; pero la espera mientras la larga hilera de coches trataba de dejar a sus pasajeros y luego tenia lugar el saludo de bienvenida que podia alargarse mas de una hora, incluso dos. No es que estuviera ansioso por llegar a su destino. ?Gracias al Cielo, Dy estara alli! Alguien sensato y decente con quien conversar y que sirviera de excusa para no tener que prestarle atencion a todas las lady Tal o senorita Cual y su madre.

El carruaje se balanceo un poco cuando Bingley, con un grueso abrigo, abrio inesperadamente la puerta y se subio.

– ?Charles! -exclamo Darcy-. ?Acaso no recibiste mi nota?

Un pedazo de papel paso frente a su nariz.

– Si, ?y aqui esta! La hilera frente a Grenier's es increible esta noche. Todo el mundo esta saliendo o entrando, y tu estarias esperando hasta que los ladrillos estuvieran helados. Era mucho mas facil que yo viniera hasta aqui, y acompanado por tu cochero, no habia ningun riesgo. ?Si, ya me he enterado! -Bingley interrumpio la protesta de Darcy-. ?Que asunto tan horrible lo de Wapping! ?Esta en todos los periodicos! -Se sento en el asiento frente a Darcy y se quito una bufanda gruesa que tenia sobre la boca-. ?Es cierto que el regente ha prohibido la entrada a Carlton House despues de las ocho?

Darcy asintio con la cabeza mientras el coche se alejaba de la acera y el conductor comenzaba el tedioso recorrido de las calles hacia Whitehall.

– Prohibida para los desconocidos. Desde luego, no se les cerrara la puerta a los amigos intimos de su majestad, pues ninguno es, todavia, sospechoso de asesinato -anadio secamente.

La carcajada de Bingley dejo traslucir un temor nervioso.

– Darcy, esta recepcion… Ayer parecia una gran idea, pero cuanto mas lo pienso… -Dejo la frase sin terminar y se concentro en examinar sus guantes.

– Lo haras muy bien, Charles -le aseguro Darcy-. Siempre te he visto desenvolverte estupendamente en cualquier lugar. Tu talento para llevarte bien con cualquier persona con quien te encuentres es verdaderamente magnifico. Incomprensible, pero magnifico.

Bingley se rio otra vez con nerviosismo.

– Bueno, esta noche sera la prueba de fuego. Casi desearia que la que estuviera emprendiendo esta aventura fuera Caroline y no yo. ?A ella le fascinaria!

Darcy sonrio en la oscuridad.

– Para mi, tu presencia es mucho mas agradable. Lo cual me recuerda que, ademas de la flor y nata de la sociedad que conoceras esta noche, quiero presentarte a un viejo amigo mio, lord Dyfed Brougham. Estuvimos juntos en Cambridge; y paso uno o mas veranos en Pemberley.

– ?Brougham, dices? No, no creo que lo conozca, ni a el ni a su familia.

– Es poco probable. Brougham es el unico hijo vivo y sus padres ya eran mayores cuando el nacio. El viejo conde murio antes de que nos conocieramos en el primer ano de universidad. Brougham mismo es como un fuego fatuo; uno nunca sabe cuando va a aparecer. Pero -advirtio Darcy- el es el hombre preciso para guiarte en la prueba que habras de superar esta noche. Sigue sus indicaciones y no te quepa duda de que saldras indemne.

– ?Y tu que vas a hacer?

– Espero tener la oportunidad de oir realmente a la Catalani. La ultima vez que asisti a una representacion, el ruido en los palcos era tan abrumador que ni siquiera se podia oir su potente voz. Aparte de eso, planeo pasar la mayor parte de la velada evitando el peligro lo mejor que pueda.

– ?Peligro! Haces que parezca tan siniestro, Darcy. Me temo que no esperas disfrutar de la velada en lo mas minimo. ?Espero no estar interfiriendo con tus expectativas!

– ?Claro que no, no seas tonto! -Darcy se movio con inquietud-. Nunca me han gustado las reuniones multitudinarias, como bien sabes, y tengo poca paciencia para las intrigas que tanto le fascinan a la clase alta. -Se inclino hacia delante-. Pero no permitas que eso te estropee la noche. Quedate cerca de Brougham y sin duda lo pasaras bien. Solo procura no dejarte arrastrar a nada que requiera que yo te secunde.

– ?Casi creo que estas hablando en serio!

El carruaje se balanceo hasta detenerse en la esquina antes de Whitehall y se unio a la fila de coches que esperaban turno para aparcar ante las escaleras iluminadas con antorchas y los lacayos de Melbourne House. Darcy golpeo el techo con su baston y en segundos aparecio el cochero en la puerta.

– Senor Darcy.

– Harry, creo que iremos caminando desde aqui. ?El senor Witcher le ha dado algo?

– Si, senor. -Harry sonrio y se dio un golpecito en el bolsillo de la chaqueta, de la cual salio un alegre tintineo-. James y yo tenemos con que tomarnos algo en el Bull 'n' Boar. Gracias, senor -contesto el cochero, mientras metia la mano por la puerta para bajar la escalerilla del carruaje.

– Muy bien, Harry. -Darcy se bajo y Bingley lo siguio-. Venga a buscarme a las dos. Espero salir temprano, a menos que el senor Bingley no se quiera ir.

– Si, senor. A las dos en punto, entonces, y que tenga una buena noche, senor Darcy.

Los dos hombres dieron media vuelta y recorrieron a buen paso la calle, que ya estaba llena de curiosos y vendedores callejeros de todas clases. Darcy apreto el precioso mango de su baston. Se enderezo, proyectando un aire de inquebrantable determinacion, mientras se abria paso entre la multitud, con Bingley detras de el. Rapidamente alcanzaron la fila de antorchas que iluminaban las entradas de Melbourne House, y tras entregar al lacayo sus tarjetas, fueron escoltados de inmediato escaleras arriba, al interior de la casa, antes que otros invitados que habian llegado primero.

Bingley miro a Darcy con un gesto de desconcierto, mientras un criado se acercaba a recoger el sombrero y el abrigo, pero Darcy se limito a encogerse de hombros a modo de respuesta. Siempre habia recibido aquel trato preferente, y seria dificil explicarle a Bingley, que era un recien llegado, que esto solo era uno de los elementos basicos del juego al que tanto le gustaba jugar a la alta sociedad. Aunque mientras se dirigia al mayordomo y volvia a presentar su tarjeta, Darcy reconocio para sus adentros que el tampoco esperaba tanta deferencia en aquel lugar, en Melbourne House. Solo se habia mezclado con ese grupo en contadas ocasiones, a pesar de haber tenido muchas oportunidades y ser invitado innumerables veces, y sabia que la mayor parte de esa gente lo consideraba un tipo orgulloso y pomposo, por su devocion a los principios y el decoro. Pero parecia que esa noche su apellido y su fortuna superaban todos esos defectos. Faltaba ver quienes eran los otros invitados de lady Melbourne. Entonces, tal vez, pudiera evaluar mejor la forma en que habia sido recibido.

Darcy avanzo hacia el arco que llevaba a los salones sociales y espero a que el mayordomo de los Melbourne lo anunciara a el y luego a Bingley. Un rapido examen le confirmo que casi todo el mundo habia llegado, los nobles y los politicos, los literatos y los artistas, los hombres que estaban en la cima de sus carreras y aquellos cuyo momento de gloria acababa de pasar. Mujeres nobles y senoritas muy ricas colgaban airosas de sus brazos, mientras el esplendor de sus vestidos contrastaba con la austeridad brummelliana de los caballeros, que miraban a todos lados con el unico objetivo de ver y ser vistos. La musica sonaba en el salon de baile, que sumada a las voces daba como resultado una mezcla ensordecedora.

Darcy se volvio hacia Bingley y sonrio con ironia, al ver la expresion de asombro e intimidacion de la cara de su amigo. ?Claro que era una experiencia apabullante para un joven tan poco presuntuoso como Charles! A Darcy le entraron dudas sobre la conveniencia de su plan, pero ya era demasiado tarde para reconsiderarlo. El mayordomo estaba anunciandolos precisamente en ese momento.

Lady Melbourne se disculpo con el grupo con el que estaba conversando y se dirigio hacia ellos, con una sonrisa muy elogiada por su calidez pero no por su sinceridad.

– Senor Darcy, ?que maravilla tenerlo aqui! -Extendio su elegante mano enguantada, que el caballero tomo con suavidad al tiempo que hacia una reverencia-. Sefton -dijo lady Melbourne por encima del hombro-. ?Ve usted? ?Si ha venido, aunque usted juro que no lo haria! -Lord Sefton le hizo a Darcy una rapida inclinacion a modo de disculpa.

– Encantado de verle, Darcy -saludo, arrastrando las palabras el fundador del club Four-In-Hand-. Solo estaba tratando de evitar que la dama sufriera una decepcion. Ademas, usted nunca viene, al menos no hasta ahora.

– Shhh, Sefton, hara que piense que no hacemos otra cosa que chismorrear, y eso no es del todo cierto. -Lady Melbourne miro coquetamente a Darcy con sus famosos ojos negros y sonrio-. Hay muchas maneras de divertirse, senor Darcy, y hoy tenemos disponibles para los invitados muchas de ellas. -Al tomar el brazo de Darcy, lady Melbourne se fijo en Bingley, que estaba parado en silencio, detras de su amigo-. ?Ay, por favor excuseme, senor! ?Un amigo suyo, senor Darcy?

– En efecto. ?Me permite tener el honor de presentarselo, su senoria? -Despues de que la dama asintiera con curiosidad, Darcy hizo la presentacion. Para alivio de Darcy, Charles parecia haberse recuperado de su asombro por todo lo que lo rodeaba y pudo recibir la mano de la senora con genuina elegancia.

– Senor Bingley, debe usted aprovechar todas las oportunidades de divertirse que tenemos esta noche. Hay baile en el salon de baile, partidas de cartas en varios salones alrededor del vestibulo… -Lady Melbourne hizo una pausa. Darcy pudo percibir que estaba evaluando rapidamente a Charles y asignandole una posicion entre la clasificacion de sus conocidos. ?Donde lo clasificara?, se pregunto, lo cual fue seguido de una pregunta mas pertinente: ?Y donde me incluira a mi esta noche?-. Pero si sus gustos tienden, como los de su amigo, hacia lo filosofico y lo politico, mi hijo Lamb esta atendiendo a los invitados mas intelectuales en el salon azul. Ahora, ?adonde quiere que lo lleve?

– Lady Melbourne, es usted muy amable. -Bingley volvio a inclinarse ante su anfitriona y luego miro a Darcy sin saber que hacer-. No se por donde comenzar…

– Entonces, permitame que decida por usted, senor Bingley. -Lady Melbourne dio media vuelta, y despues de examinar a los que tenia cerca, levanto con elegancia su abanico y le hizo senas a una joven que enseguida se disculpo con su distinguido acompanante y se dirigio hacia ella-. Mi querida senorita Cecil, permitame presentarle al senor Bingley, un amigo especial de nuestro querido senor Darcy. Senor Bingley, la senorita Cecil, sobrina nieta del marques de Salisbury, Hertfordshire. -Darcy observo a Bingley mientras hacia una inclinacion, y penso que le habria gustado conocer mejor a la joven. La muchacha se inclino graciosamente ante su amigo y ante el, pero tenia un aire de presuncion que a el no le gusto, aunque era una mujer muy atractiva.

– Senorita Cecil -dijo Bingley con esa sonrisa sincera que contribuia a desplegar su encanto normal-, ?le gustaria bailar o…?

– Claro que quiere bailar, senor Bingley; ?no es asi, querida? -Lady Melbourne le sonrio a la senorita Cecil con sorna y esta, inmediatamente despues de intercambiar una mirada con su senoria, asintio en senal de aceptacion y tomo el brazo que Bingley le ofrecia.

– Entonces bailaremos, senorita Cecil, si tiene usted la bondad de ensenarme el camino. Darcy -le dijo por encima del hombro a su amigo-, tendras que arreglartelas sin mi. ?Buena suerte! Lady Melbourne. -Bingley hizo una reverencia y se perdio rapidamente entre la multitud de invitados, dejando a Darcy con la certeza de que habia sido manipulado con exquisita pericia y preguntandose donde diablos se habria metido Dy.

– Bueno, Darcy, su joven amigo ya esta en buena compania -senalo lady Melbourne, dandole un suave golpecito en el brazo con el abanico-. Ahora ya no tiene que cuidar a su encantador protegido y puede divertirse a sus anchas. -Levanto la vista hacia el y luego agito las pestanas, mirandolo a traves de ellas-. ?Y que lo divierte a usted, Darcy? Sefton tenia razon; usted nunca viene. ?Sin embargo, aqui esta! Me pregunto cual puede ser la razon.

– La razon, querida senora, es tan clara como el agua -dijo una voz desde la espalda de la dama. Darcy enarco la ceja izquierda cuando una esplendida figura vestida con una levita negra muy satinada y una impecable camisa de lino almidonado se detuvo delante de ellos. Enseguida se formo un circulo de espectadores, mientras el hombre procedia a obsequiar a Darcy con un minucioso escrutinio, que realizo mientras se llevaba una mano a la espalda y apoyaba la barbilla sobre la otra, golpeandose la mejilla con el dedo indice.

– Y esa razon es… -comenzo a decir lady Melbourne, pero fue interrumpida por un rapido gesto de la mano.

– ?Shhh, necesito silencio, madame!

Lady Melbourne miro a Darcy y entorno los ojos a modo de disculpa, pero el estaba totalmente concentrado en su examinador, a quien observaba con cierta presuncion. El silencio exigido por el mayor arbitro de la moda de la sociedad inglesa se extendio hacia los alrededores, llamando la atencion de mas invitados. Darcy se enderezo todavia mas ante la insolente mirada del hombre, decidido a no dejar traslucir su disgusto y a contener el comentario descortes que tenia en la punta de la lengua, pues sabia que cualquiera de las dos cosas seria un terrible error. Hasta el principe se sometia al exquisito gusto de aquel hombre.

– Humm -musito el hombre mientras miraba a Darcy por un lado y luego por el otro. Despues, de repente, dijo-: ?Que? -Entonces se acerco mas, mirando a traves de un monoculo con montura dorada que colgaba de una cadena que salia de su chaleco-. ?Ah, si, ya veo! -Soltando un gran suspiro, el hombre retrocedio un paso y por fin miro a Darcy a la cara-. ?Como se llama?

Darcy esbozo una fugaz sonrisa al percibir el tono de resignacion de la voz del hombre, pero mantuvo una actitud impasible y contesto con indiferencia:

– El roquet.

El otro enarco las cejas al oirlo.

– Un nombre bastante audaz, ?no lo cree? ?Fletcher?

Darcy inclino levemente la cabeza.

– Fletcher.

– Vamos, Brummell, no nos tengas a todos en ascuas. -La anhelada voz de Dy llego hasta Darcy, que lo vio abriendose paso hasta donde ellos estaban-. Hay algunas guineas en juego. ?Cual es el veredicto?

Todo el salon contuvo la respiracion con asombro, cuando Beau Brummell se inclino ante Darcy y le hizo una reverencia.

– Que todo el mundo lo sepa: el roquet es una obra maestra, digna de los mayores aplausos, y ante semejante genio, declaro aqui mismo que mi propia creacion, la esfinge, pasa a disfrutar de un honorable retiro.

– Con seguridad, Brummell, no estara insinuando que el senor Darcy ha venido a esta velada unicamente a desafiarlo con su corbata. -La protesta de lady Melbourne quedo casi perdida en medio del alboroto general que desperto la asombrosa afirmacion de Beau Brummell y el calculo del total de guineas perdidas y ganadas a causa de ello.

– Pues eso es precisamente lo que quiero decir, madame. -Brummell dirigio perezosamente su monoculo hacia ella-. Aunque yo no podria anadir la palabra «unicamente» a esa afirmacion. Estoy bastante desmoralizado, su senoria, bastante desmoralizado. Mi unico consuelo es que acabo de ser derrotado por un verdadero artista. Por favor observe, madame, las dobleces aqui y los nudos alla…

– Brummell, si desea usted impartir una clase, con gusto pondre un salon a su disposicion, pero el senor Darcy…

Brummell dio media vuelta y sorprendio a Darcy con un guino que solo el pudo ver y dijo:

– ?Dios, no, su senoria! Si cuento todo lo que se, ?quien me prestara luego la mas minima atencion? -Les hizo una inclinacion a los dos y anadio-: Encantado de verle, Darcy. -Luego se marcho a grandes zancadas, solo para detenerse de repente frente a un caballero y declarar a los pocos segundos-: Mi querido muchacho, ?llama usted chaleco a eso?

Lady Melbourne sonrio delicadamente y volvio a tomar el brazo de Darcy.

– Nunca habia pensado que usted fuera un rival de Brummell, Darcy. ?Como es que nunca antes lo habia sabido? Y ?quien es Fletcher?

– Rival, ciertamente no lo soy, su senoria -respondio Darcy de manera energica. La mirada que ella le devolvio al oir su declaracion hizo que el caballero sintiera una oleada de rubor que comenzo a subir por su cuello.

La dama desvio la mirada, como si estuviera decidiendo que ruta tomaria en medio del salon lleno de gente.

– ?Y Fletcher? -Lo miro con una sonrisa de pura cortesia.

– Mi ayuda de camara, madame.

– Si, claro. -Lady Melbourne senalo en una direccion y Darcy no pudo hacer otra cosa que acompanarla. De pronto, Dy aparecio de la nada junto a ellos.

– ?Lady Melbourne, por favor, permitame felicitarla por la impresionante asistencia que ha conseguido esta noche! Solo falta la presencia del regente para convertirla en la mayor fiesta que se haya dado, desde el banquete en Carlton House.

– Brougham, exagera usted terriblemente, pero lo perdono por eso. Espero no decepcionarlo cuando le diga que el querido Prinny no vendra esta noche, y que ademas me he resistido a ofrecerles a mis invitados un riachuelo bien provisto de peces en el extremo de la mesa.

El rostro de Brougham se ensombrecio de manera dramatica.

– ?Madame, no lo sabia! Pero esta noticia es terrible. Darcy, ?has oido? El principe no vendra…

– Darcy -interrumpio la dama, volviendo a fijar su atencion en el-, ?estuvo usted en el banquete de Carlton House? No recuerdo haberlo visto alli, pero en medio de esa confusion es facil no ver ni siquiera a los mejores amigos.

– No, madame, no estaba en Londres en esa epoca.

– ?Que no estabas en Londres! Recuerdo con claridad que me acompanaste a ver el Gran Desfile solo unos dias antes -dijo Dy, mirandolo con curiosidad por encima del tocado de lady Melbourne.

– Estaba en Ramsgate… visitando a mi hermana, milord. -Darcy lo miro con furia, con la esperanza de hacerle desistir de entablar cualquier otra discusion.

– Visitando a su hermana, Darcy, ?en lugar de asistir al banquete del principe! -Lady Melbourne miro al caballero de cerca-. ?Que hermano tan extraordinariamente atento es usted! Pero asi es su reputacion, senor. Usted se mantiene pendiente de todos sus asuntos, como su querido padre antes que usted.

Darcy inclino la cabeza en senal de agradecimiento por el cumplido.

– Ese es un altisimo elogio, milady.

– ?Y tambien se mantiene pendiente de los asuntos mas generales, senor?

Darcy sintio que le bajaba por la espalda un escalofrio de advertencia, que fue confirmado por un ligero movimiento de los ojos de Dy por encima de la cabeza de la dama.

– ?Asuntos mas generales, madame?

– Asuntos que superan los encantadores limites de Pemberley, incluso de Derbyshire.

– Espero ser un buen subdito y leal con el rey, milady -contesto Darcy de forma evasiva. Luego volvio a mirar a su amigo, pero Dy se limito a encogerse de hombros, dando la sensacion de estar extremadamente aburrido.

– Al igual que todos, Darcy -contesto con voz suave lady Melbourne-. Pero el timon no solo esta en manos de su majestad, y hay ocasiones en que se debe corregir el curso de la nave del estado, seguir otras estrellas, para llevarla con seguridad a puerto. -Lady Melbourne detuvo su avance a traves del vestibulo lleno de invitados y senalo una puerta-. Permitanme presentarles a algunos de aquellos cuyos asuntos mas generales afectan a todos nuestros pequenos intereses.

La puerta se abrio despues de que lady Melbourne golpeara con suavidad, y mientras ella le susurraba algo al criado que estaba en el interior, Darcy miro a Dy con una ceja levantada, indicandole que aquel seria un excelente momento para traer a colacion su elogiada sagacidad social y evitar seguir cayendo en las trampas de lady Melbourne. Pero como su amigo estaba increiblemente absorto en el estudio del bordado de su puno y no emitio ninguna respuesta, parecia que no habia nada que hacer. Asi que, con el ceno fruncido por la irritacion, Darcy cruzo con reticencia el umbral y entro en el salon cuando los mandaron avanzar.

La elegante estancia en la que acababan de ser admitidos no estaba muy llena, pero era un espacio decididamente masculino; no habia ni una sola mujer presente, excepto la anfitriona. Lady Melbourne le sonrio a Darcy con gesto tranquilizador, cuando le tendio la mano a un caballero que estaba asintiendo al oir el mensaje del criado que ella habia enviado. El hombre entrecerro los ojos al observarlos en la puerta, pero rapidamente avanzo hasta colocarse al lado de su senoria.

– Lady Melbourne -la saludo de manera laconica, con una sonrisa forzada y una rapida inclinacion.

– Lamb -le dijo la dama a su hijo, sonriendo amplia pero friamente-, ?conoces al senor Fitzwilliam Darcy, de Derbyshire?

El honorable William Lamb esbozo otra sonrisa forzada.

– Si, madame, aunque no tanto como quisiera. Encantado de verle, senor. -Le hizo una reverencia a Darcy, que respondio al saludo, sorprendido por no haber reconocido al hombre. Evidentemente, los anos transcurridos desde que habia asistido a la boda de Lamb no habian sido muy benevolos para este ultimo, pues habian convertido en viejo a un hombre que era apenas cuatro anos mayor que Darcy.

– Estoy segura de que conoces a lord Brougham -siguio diciendo lady Melbourne-, pues el siempre esta aqui, alla y en todas partes.

– Si, claro, su senoria. La ultima vez que nos vimos fue en esa partida de caza de Grenville, ?no es asi, Lamb?

– Creo que esta en lo cierto, Brougham. No cazamos nada ese dia, excepto un resfriado, segun recuerdo, pero en medio de un magnifico paisaje. -La expresion de Lamb parecio relajarse un poco ante aquella evocacion, pero volvio a endurecerse al dirigirse de manera cortante a su madre y decir-: Madame, no debe usted descuidar al resto de sus invitados. Yo me hare cargo de estos dos caballeros.

La chispa de fuego en los ojos de la dama fue inconfundible.

– Entonces te dejare a cargo. -Lady Melbourne hizo una reverencia y se marcho con un remolino de faldas.

– Una dama formidable -murmuro Dy mientras la veian alejarse.

– ?En efecto! -comento Lamb con cierto enfasis-. Pero ahora, caballeros, debo hacerles una pregunta: ?Estaban buscando ustedes realmente nuestra compania -dijo, senalando al salon con un movimiento de la mano-, o fueron reclutados por lady Melbourne? -Dy chasqueo la lengua al oir esa alusion, pero no respondio, dejando que Darcy buscara la forma de salir de aquella situacion.

– Lady Melbourne no es una mujer a la que se pueda contradecir -dijo Darcy y vacilo un poco, antes de anadir con ironia-: Ni aunque tuviera la oportunidad.

Una franca sonrisa se vio reflejada en el rostro de Lamb, que le ofrecio la mano a Darcy.

– Bien dicho, senor, ?y con que diplomacia! ?Despues de todo, tal vez haya venido al lugar correcto! Pero, en realidad, ustedes han venido esta noche a escuchar a la diva que mi madre prometio y no a discutir sobre politica, ?no es verdad?

Darcy le estrecho la mano con firmeza.

– Es cierto, senor, aunque no me falta interes por los «asuntos mas generales», como los describio lady Melbourne. No obstante, creo que nos encontramos en orillas opuestas en muchos temas.

– Los Darcy siempre han sido torys -se quejo Lamb en broma-. Supongo que no hay esperanzas de que usted vote por Canning contra Castlereagh, ?o si? ?No creo! -concluyo al ver la sonrisa cortes de Darcy-. Y soy lo suficientemente inteligente como para no preguntarle a nuestro amigo Brougham aqui presente, a quien le interesa tanto la politica como a un poste. -La inclinacion de cabeza de Dy respondio con elegancia a la perspicacia de Lamb-. Ah, bueno, es lo mismo que los acontecimientos del dia. ?Ya se han enterado de que nuestro ilustre regente no vendra esta noche?

– Lady Melbourne lo menciono -respondio Darcy-. Sin duda, los deberes del estado han debido requerir su atencion.

– ?No, lo que, en realidad, ha requerido su atencion fueron las exigencias de los sastres de su majestad! Despues de convocar a sus ministros para tratar un asunto de «vital importancia» y tenerlos esperando todo el dia, llego una nota diciendo que sus sastres lo habian retrasado y que ya no podia asistir porque su madre lo necesitaba; ?que se podian ir a casa! Asi que esta noche llevara sus achaques y enfermedades imaginarias a que se las alivien en Windsor. -Lamb miro a Darcy con perspicacia-. Supongo que usted se imagina que, en estos dias, la popularidad de su alteza entre los presentes en este salon no anda muy alta. -Lamb hizo una pausa mientras Darcy les lanzaba una mirada a los otros ocupantes de la estancia. El ambiente era decididamente hostil. Palabras airadas sobresalian con frecuencia entre el rumor de voces estridentes, mientras la aristocracia y los politicos whig de Inglaterra rechinaban los dientes por la forma en que el regente habia maltratado recientemente a sus reconocidos amigos y seguidores.

– Ciertamente no ha sido muy correcto por parte de su alteza -confirmo Darcy-. Aunque no puedo decir que este descontento con el resultado de su negligencia. ?Que van a hacer ustedes ahora?

– ?Todavia no nos hemos resignado totalmente a regresar a la sombra! Ya tuvimos nuestros cuarenta anos o mas de deambular por ahi bajo el gobierno del padre de su alteza y pensamos que, con el hijo, finalmente habiamos llegado a la Tierra Prometida. ?Pero las malditas murallas de Jerico se resisten a caer! Sin embargo, Canning esta decidido a seguir atacandolas, rechazando a Castlereagh y Perceval. Desde luego, yo lo apoyare.

Una discreta tos les recordo a los dos hombres que lord Brougham tambien formaba parte de la conversacion.

– ?Oh, perdoneme, Lamb! ?No era mi intencion interrumpir! Solo una cosa, sin embargo. ?Trompetas!

– ?Trompetas? -Lamb lo miro con desconcierto y luego dirigio su mirada a Darcy.

– Trompetas -repitio Brougham con determinacion.

– Brougham -gruno Lamb con impaciencia-, ?a que esta jugando?

– No «atacaron» las murallas de Jerico para derribarlas, ?o si? Tocaron las trompetas y gritaron, segun recuerdo. -Brougham bajo la mirada con modestia, mientras se examinaba las unas perfectamente arregladas-. Tal vez ustedes deberian pensar un poco en eso, amigos.

– ?Un teologo entre nosotros! -exclamo Lamb, sacudiendo la cabeza con gesto desdenoso-. Nunca habria creido que era usted un clerigo, Brougham, como tampoco un politico. -Miro luego a un grupo cuya decepcion con los acontecimientos del dia amenazaba con superar los limites de lo aceptable-. Aunque he tomado nota de su punto de vista, y tratare en el futuro de ser mas preciso en mis metaforas, caballeros -afirmo y senalo a sus acalorados invitados-, ahora debo dejarlos solos para encargarme del salon antes de que se declare una maldita revolucion. ?Asi los torys se encargarian de nuestros cadaveres! Darcy… Brougham.

Mientras Lamb se alejaba en direccion a las exaltadas voces, Darcy se volvio hacia su amigo:

– ?Muchas gracias por la ayuda! -susurro con sarcasmo.

– No seas tonto, Fitz. Acabo de deshacerme de el, ?o no? -El hombre frivolo y de mirada vacia de hacia un momento habia desaparecido. En su lugar, Darcy vio a otra persona diferente con un tono de determinacion en la voz-. Lo unico que tenemos que hacer ahora es salir por esa puerta.

– Dy, ?que es esto? -pregunto Darcy con suspicacia.

– Una velada muy interesante, diria yo, ?que aun no ha terminado! -Dy miro a su amigo con una sonrisa amplia y transparente, que lo hizo dudar de su impresion previa-. Pero pienso que ya hemos dejado mucho tiempo sin vigilancia a tu amigo, el senor Bingley. -?Dy avanzo hacia la salida y se volvio hacia Darcy cuando el criado abrio la puerta-. ?No deberiamos ir a buscarlo?

– ?Bingley! -Acosado por un ataque de culpa, Darcy cruzo el umbral y los dos se apresuraron a atravesar el corredor y el vestibulo, y luego se abrieron paso entre la gente que llenaba el arco que conducia al salon de baile. Lo unico que se alcanzaba a ver del gran salon que se extendia hasta el fondo eran las resplandecientes velas de los candelabros de cristal tallado, adornados con ramas de acebo, hiedra y cinta dorada en honor de la proxima estacion. La musica de la orquesta que habia en el interior le dio a Darcy un respiro; no era la musica solemne y pomposa que caracterizaba normalmente los bailes de la aristocracia, y tampoco la melodia de las danzas populares del campo. En lugar de eso, la musica seguia un ritmo distinto basado en compases de tres tiempos que a Darcy le parecio placentero oir.

Con Dy siguiendolo de cerca, se abrio paso entre los curiosos que estaban apostados en la puerta. Al alcanzar el ultimo circulo de espectadores sobre la pista de baile, Darcy pidio permiso para que lo dejaran pasar, y levantando la cabeza para comenzar a buscar a Bingley, de repente, se quedo paralizado. Con los ojos abiertos por el asombro, se volvio hacia su amigo.

– ?Que pasa, Fitz? -pregunto Dy y luego siguio la mirada de Darcy que volvio a posarse en la pista de baile-. ?Ja! -dijo riendose-. Habia oido rumores, pero no les di credito. Bueno, uno nunca debe dudar de una historia escandalosa si lady Caroline esta involucrada. Se llama vals, Fitz.

– ?Es indecente! -objeto Darcy con disgusto, sin poder apartar la mirada.

– Puede ser, pero, sin duda, se convertira en moda.

– Moda o no… -Una oleada de exclamaciones de protesta se mezclo con otras de admiracion y entusiasmo, cuando una carcajada obscena interrumpio la declaracion de Darcy. La musica se detuvo, dejando desconcertadas a las parejas que estaban en la pista, mientras que todos los ojos buscaban la fuente de tanta agitacion. A la izquierda de Darcy se habia abierto una entrada privada al salon, de la cual salio una mujer de cabello rubio, lady Caroline Lamb, del brazo de un caballero que el no conocia. Desde donde estaba, Darcy solo podia ver la cara de la dama, su delicada barbilla muy levantada y sus ojos brillantes por la risa y el desafio. A medida que ella y su acompanante se fueron abriendo paso entre la multitud, la gente se apartaba delante de ellos y Darcy noto que mas de unas cuantas caras, tanto de damas como de caballeros, se ruborizaron y desviaron la mirada.

De repente, una mujer mayor se desmayo y el caballero que estaba mas cerca comenzo a gritar alarmado. Varias damas jovenes siguieron el ejemplo y pronto la pista de baile se lleno de mujeres inconscientes y jovenes alarmados que trataban de despertarlas, mientras seguian estirando el cuello para intentar echar otro vistazo a la fuente de toda aquella confusion. Entretanto, varias mujeres eran sacadas a rastras del salon por esposos o padres insistentes, en medio de gritos que pedian coches y abrigos.

– ?Que demonios esta pasando? -se pregunto Darcy al ver el caos que lo rodeaba. Dy le tiro de la manga y senalo solemnemente el extremo del salon, donde lady Caroline y su galan habian salido por fin de la cortina creada por los invitados de su suegra. Darcy abrio la boca con incredulidad y sintio que se ponia colorado.

– Por Dios, ella esta… esta… ?Su ropa!

– Si… parece que lleva muy poca -intervino Dy en voz baja-. Creo que se logra ese efecto rociando con agua un vestido muy transparente.

La musica estaba comenzando a sonar nuevamente y varias parejas que no dejaban de reirse se habian reunido con lady Caroline y su acompanante en la pista, cuando se escucho un aullido muy agudo que provenia de atras y que hizo que Darcy y Dy se giraran justo a tiempo para ver a una mujer de apariencia majestuosa que avanzaba hacia el frente, mientras soltaba una perorata en italiano.

– La Catalani -susurro Dy- y esta muy disgustada. -El italiano de Darcy estaba un poco oxidado, pero entendio lo suficiente como para reconocer el objeto de la queja de la dama. Antes de que aparecieran los lacayos de los Melbourne, que escoltaron a la diva hasta su carruaje, se pudieron oir bastantes comparaciones entre lady Caroline y ciertas meretrices de Covent Garden y el profundo insulto que habia representado para ella la aparicion de aquella mujer con semejante facha. De camino a la salida, la diva paso junto a la rigida figura del marido de la dama, a quien le lanzo una mirada llena de compasion, antes de exclamar:

– ?Los ingleses! ?Bah! -Y se apresuro a alcanzar la puerta.

Darcy solo fue capaz de mirar a Lamb durante un segundo, y mientras el hombre caminaba decididamente hacia su esposa, agarro a Dy del brazo y le dijo:

– Debemos encontrar a Bingley inmediatamente, y luego tu puedes hacer lo que quieras, porque nosotros nos vamos.

– Una idea muy sensata. -Dy tuvo que gritar para que Darcy lo oyera por encima del bullicio-. ?Como puedo ayudarte?

– Mi cochero esta esperando en el Bull 'n' Boar. Buscalo y dile que prepare el coche enseguida. Bingley y yo nos reuniremos contigo en la esquina.

Dy asintio de inmediato y se sumergio en la multitud de invitados que luchaban por salir. Darcy volvio a su busqueda, y aprovechando su estatura, se convencio rapidamente de que Bingley no estaba en el salon de baile. Se dirigio, entonces, al comedor, abriendose paso con miles de excusas hasta que finalmente estuvo frente a las puertas del salon y se asomo.

– ?Bingley! -Charles levanto la vista al oir que alguien gritaba su nombre desde el otro extremo de la estancia, y con una expresion de sincero alivio, se disculpo con la senorita Cecil y se apresuro a reunirse con su amigo.

– ?Donde has estado, Darcy? Llevo casi una hora tratando de entretener a la senorita Cecil, desde que empezaron a tocar ese nuevo baile que, espero que no lo tomes a mal, no me parece del todo apropiado, si entiendes lo que quiero decir.

– ?Charles, tenemos que irnos, ahora! -interrumpio Darcy-. Algo extremadamente inapropiado ha… esta… ?Nos vamos! -ordeno con exasperacion. Charles lo miro con asombro, pero no opuso resistencia. Tras hacerle una apresurada reverencia a la senorita Cecil, Bingley siguio a Darcy hasta el vestibulo y luego hasta las escaleras, donde, despues de dar una orden perentoria, Darcy logro recuperar sus sombreros y abrigos. Casi sin esperar a que el portero cumpliera con su obligacion, Darcy salio junto con Bingley hacia el gelido aire nocturno.

– ?Por Dios! ?Que ha sucedido? -pregunto Bingley, poniendo las manos a los lados mientras caminaban por la acera-. ?Por que se esta marchando tanta gente, Darcy?

– ?Porque no todo el mundo ha perdido la razon! -fue la unica respuesta que Darcy estuvo dispuesto a ofrecer. En realidad, la velada habia sido un absoluto desastre. ?Como es que un plan tan sencillo habia salido tan mal? Un grito hizo que los dos hombres miraran hacia la calle, donde vieron el coche de Darcy acercandose a la acera. Harry se bajo de un salto y abrio la puerta. El noble ocupante del vehiculo se inclino hacia fuera, tapando la entrada.

– ?Servicio de coches Brougham! ?Adonde puedo llevarlos, caballeros?

– Brougham… Bingley. Bingley… Lord Dyfed Brougham. ?Ahora muevete, Dy! -Darcy siguio a Bingley al interior del coche y se volvio hacia el cochero-: Harry, volvamos a casa.


Capitulo 13

<p id="_Toc237585050">Capitulo 13</p> Las heridas de un amigo

– ?Senor Darcy! -exclamo Witcher bastante sorprendido cuando abrio la enorme puerta principal de Erewile House para dejar entrar a su patron y sus dos acompanantes, varias horas antes de lo esperado.

– Brandy en la biblioteca, si es usted tan amable, Witcher. -Darcy deposito rapidamente el abrigo y las otras cosas en las manos del criado del primer piso y les hizo senas a sus amigos para que hicieran lo mismo-. Y pidale al personal de la cocina que este levantado que nos prepare algo de cenar.

– Yo no quiero nada, Darcy -interrumpio Bingley-. He comido tantos condenados bizcochos como para tumbar un caballo mientras estaba entreteniendo a la senorita Cecil. O tratando de hacerlo -anadio en voz baja.

– ?Muy bien! ?Adelante, caballeros! -Darcy senalo las escaleras hacia la biblioteca y luego tomo la delantera. Una vez alli, sus amigos se sentaron en los comodos sillones en espera de las bandejas que habian ordenado. Un denso silencio invadio el aire, mientras Darcy se agachaba para atizar el fuego de la chimenea.

– Bueno -dijo Bingley rompiendo el silencio, impulsado por una creciente curiosidad-, ?alguien me va a contar que ha ocurrido para que muchos de los invitados a la velada salieran precipitadamente a la calle? -Se dirigio a Brougham-. Apelo a usted, senor, pues Darcy no va a soltar palabra.

Brougham miro a su anfitrion, con las cejas enarcadas con aire interrogante.

– De todas formas lo va a leer manana en las paginas dedicadas a la cronica escandalosa, Fitz.

– Cierto, pero esperemos que hayamos salido a tiempo.

– ?A tiempo para que? ?De que escandalo estan hablando? -pregunto Bingley mirandolos a ambos-. ?Exijo saber!

– A tiempo, mi querido senor Bingley, para evitar que sus iniciales aparezcan impresas en el periodico, como participante en la bacanal de la que acabamos de salir -le informo secamente Brougham-. Sobre usted, senor, no tengo duda, pero sobre Fitz… Bueno -suspiro dramaticamente-, es poco probable que el se escape de que lo mencionen. ?No despues de haber humillado a Brummell! ?Oh, no, creo que no!

Darcy respondio a la risita de Dy con una mirada fulminante, pero al final su actitud cambio.

– ?Brummell! ?Se me habia olvidado! ?La maldita corbata! -Se desplomo en una silla y se masajeo las sienes.

– ?Darcy derroto a Beau Brummell? -Bingley se incorporo en su silla y miro a los dos hombres, tratando de detectar si le estaban tomando el pelo.

– ?Llego, vio y vencio! ?Acobardo de tal manera a ese petimetre que tuvo que retirar la esfinge! A proposito, Fitz, ?cuando le vas a dar la noticia a Fletcher? -La mirada asesina de Darcy y la reservada incredulidad de Bingley animaron a Brougham a seguir con sus burlas, que solo cesaron cuando se oyo un golpecito en la puerta.

– ?Adelante! -gruno Darcy, y enseguida varias bandejas de comida pasaron humeando desde la puerta hasta las mesas. Mientras los criados salian en silencio, Darcy se levanto para servir otra ronda y les paso los vasos a sus amigos-. Propondria un brindis, si se me ocurriera alguno -murmuro-, pero en este momento…

– Por la amistad -interrumpio Brougham con voz baja pero firme. Darcy lo examino durante varios segundos; Brougham le respondio con una mirada intensa y calida. Ante semejante envite, no paso mucho tiempo antes de que una reticente sonrisa comenzara a esbozarse en las comisuras de su boca.

– ?Por la amistad, entonces! -respondio Darcy, levantando su vaso. Brougham hizo lo mismo con el suyo y Bingley se unio alegremente, pronunciando el mismo voto. Despues de beberse el licor con una carcajada, los tres se concentraron en los manjares que habian traido los criados de Darcy y se acomodaron en los cojines ante el fuego.

Mientras Dy entretenia a Bingley haciendo un repaso a los sucesos de la velada, relatados con mucha mas gracia de la que el recordaba haber experimentado, Darcy observaba atentamente a Charles. Nada habia salido bien. De hecho, habia resultado casi un desastre y no podia evitar fruncir el ceno al pensar en lo que escribirian los periodicos del dia siguiente. Ante el relato de Brougham, Charles se mostro divertido y asombrado, pero Darcy percibio un fondo de tristeza en la actitud de su amigo. Cuando respondio a las preguntas de Dy acerca de la senorita Cecil, Darcy sintio que su inquietud se confirmaba al oir que Charles comparaba a la dama de manera desfavorable con la que habia conocido hacia poco en Hertfordshire.

– ?Hertfordshire! Darcy ya me ha contado. ?Va usted a hacer una oferta?

– ?Dy! -protesto Darcy.

– Por la propiedad. Hacer una oferta por la propiedad. -Brougham lo miro con severidad y luego volvio a fijar su atencion en Bingley.

– Lo habia estado considerando -contesto Bingley, sin darse cuenta del intercambio de miradas entre los otros dos- y ya casi habia llegado a una decision. Pero ahora no estoy seguro. Darcy me aconseja que me tome un tiempo y busque mas.

– Ese es, en general, un excelente consejo; pero puede haber otras consideraciones.

– Si -contesto Bingley, demasiado rapido para el gusto de Darcy-. Pense que las podia haber, pero Darcy… bueno, puedo estar equivocado.

– Ya veo… -Brougham dejo la idea en el aire-. Antes de saltar obstaculos, es bastante sano estar seguro del terreno que se pisa. ?Te hable de Sanson, Fitz? -Brougham se recosto en la silla-. ?Lo perdi en Melton, pobre animal!

– ?No! -Darcy respondio de manera emotiva al dolor que revelaba la voz de su amigo. Ante la pregunta de Bingley, explico-: El caballo favorito de Brougham e hijo del mismo semental que mi Nelson. ?Que sucedio, Dy?

– Un accidente estupido, en realidad. He estado en Melton en innumerables ocasiones, lo conozco como la palma de mi mano; excepto que este ano uno de los propietarios locales no permitio que incluyeran sus campos en el recorrido de la partida de caza. Llegue demasiado tarde para echarle un vistazo a los nuevos campos y, por ciertas consideraciones que no mencionare, me uni precipitadamente a la contienda. -Hizo una pausa para darle un sorbo a su brandy y miro solemnemente a Bingley-. Habia un seto, ?sabe? Mas alto de lo que yo habia intentado saltar y desconocido para mi, con una zanja al otro lado tan ancha como la distancia hasta la China. Sanson se enfrento al seto como un heroe, pero la zanja nos pillo a los dos por sorpresa. Los dos caimos estrepitosamente, pero Sanson recibio la mayor parte del impacto, permitiendome a mi salir rodando solo con un tobillo torcido y un hombro dislocado. Siempre me habia reido de la formalidad de Melton: la pistola en la alforja, el disparo y todo eso. Pero, ?sabeis? Ese dia me alegro. Condenarlo a horas de ese dolor mientras yo me arrastraba hasta encontrar un granjero… y todo a causa de mi locura… -Brougham se detuvo de pronto y miro hacia el liquido color ambar de su vaso antes de beberse un trago-. Estad seguros del terreno que pisais, amigos mios, muy seguros.

El chisporroteo del fuego en la chimenea fue lo unico que perturbo el silencio que siguio al relato de Brougham. Con disimulo, Darcy observo la reaccion de Bingley ante la historia de Dy y se sintio complacido de ver la actitud pensativa que adoptaba. Entonces volvio a mirar a Brougham y asintio con la cabeza en senal de agradecimiento por su ayuda.

Dy le hizo un gesto casi imperceptible con los hombros, acompanado de una sonrisa tensa y rapida, y luego se puso de pie.

– Caballeros, ahora debo desearles buenas noches. Esta ha sido una velada memorable, por no decir reveladora. Creo que es suficiente mencionar que hemos visto algunas personas mas de las que nos habiamos propuesto. -Unos grunidos lo interrumpieron, pero el continuo-: Y hemos estado expuestos -anadio mientras se oian mas grunidos- a nuevas experiencias. -Bingley se rio por el juego de palabras. Brougham le tendio la mano-. ?Senor Bingley, encantado!

– ?El placer es todo mio, lord Brougham! -Charles le estrecho la mano y se inclino, visiblemente complacido por haber entrado en el circulo de Brougham.

– Fitz -le dijo Brougham a Darcy, volviendose hacia el-, dudo que te vea nuevamente antes de que salgas para Pemberley. ?Le daras mis recuerdos a Georgiana?

– ?Por supuesto!

– ?Bien! Enviame una nota cuando regreses a la ciudad, o tendre que tratar de sobornar otra vez a Witcher, lo que no me hara mucho bien. ?Ah! Y felicita a Fletcher de mi parte, por favor. ?Se le subiran mucho los humos si le mando una muestra de mi estimacion? Recordare durante muchos dias la expresion de Brummell.

– ?Estoy tentado de ponerlo en tus manos por completo! Charles -le dijo Darcy a Bingley-, disculpame un momento mientras acompano a Brougham a la puerta. -Ante el gesto de asentimiento de Bingley, Darcy escolto a su amigo hasta el corredor, deteniendose para asegurarse de que la puerta de la biblioteca quedara bien cerrada. Con un gesto, acompano a Brougham hasta la escalera.

– Dy -dijo, poniendo una mano sobre el brazo de Brougham-, mis sinceras condolencias por Sanson; era un magnifico animal.

– Si, lo era, ?verdad? -Brougham suspiro mientras bajaban las escaleras-. Como dije, «un heroe». Pude haber sido yo el que se rompiera el cuello. ?Alguna posibilidad de que Nelson tenga descendencia?

– Lo intentare, te lo prometo. -Darcy miro alrededor, y al ver que no habia ningun criado, continuo-: Pero, en realidad, queria acompanarte para darte las gracias. Creo que tu historia le ha dado un poco de sosiego a Bingley.

– ?De verdad lo crees? -Llegaron al vestibulo, donde Witcher y un lacayo se apresuraron a entregar a Brougham sus pertenencias-. ?Que interesante!

– ?Por que? ?A que te refieres?

Brougham se puso el abrigo y se ajusto el sombrero con aire indiferente.

– ?Porque la historia era para ti! Hay mas cosas sobre Hertfordshire que no me has dicho, viejo amigo. Se que quieres hacerle un favor a Bingley en este asunto, y es posible que el lo necesite, pero ten cuidado, Fitz. Asegurate del terreno que pisas y revisa cuidadosamente la naturaleza de tu interes. -Brougham le dio una palmada en el hombro-. ?Buenas noches y feliz Navidad! Witcher -dijo y le dirigio una sonrisa al viejo mayordomo-, mis recuerdos para su querida esposa y feliz Navidad para usted tambien.

– Gracias, senor, y feliz Navidad, senor.

Mientras Witcher cerraba la puerta tras Brougham, Darcy volvio a subir las escaleras hasta la biblioteca, distraido, pensando en el comentario de despedida de Dy.

– Darcy. -La subita aparicion de Bingley entre las sombras interrumpio sus pensamientos-. Se esta haciendo tarde. Creo que yo tambien debo marcharme. -Darcy dio media vuelta y los dos bajaron las escaleras-. ?Vaya velada!

– ?Estoy de acuerdo, y es una velada que no pretendo repetir nunca! -comento Darcy-. En el futuro, me arriesgare a ir a Drury Lane para oir a la Catalani.

– Ah, es cierto, ?nunca llegamos a oir a la diva! Pero, de verdad, Darcy, nunca habia visto tanta opulencia y elegancia en mi vida. Todo estaba a la moda y era de un gusto exquisito. Y aunque habia algunos a quienes no dudaria en catalogar de demasiado petulantes, muchos invitados me parecieron bastante amables. ?Y Brummell, Darcy! ?Pensar que le has hecho sombra!

– Si, bueno, cuanto menos se hable sobre eso, mejor.

– Como dijo lord Brougham, ?eso es poco probable! El es un gran cazador, ?no es asi? Tanta humildad. -Llegaron abajo y Bingley recogio sus cosas de las manos del criado-. ?Que pena lo de su caballo! Lo hace a uno pensar, ?no es asi?

Darcy miro fijamente a Bingley, que adopto una actitud solemne.

– ?Estar seguro del terreno que pisas antes de saltar la cerca?

– Si… eso. -Bingley respiro profundamente-. Estoy comenzando a ver la sabiduria de tu consejo. Me estaba apresurando a saltar la cerca, sin estar seguro del terreno e ignorando la advertencia de un amigo -confeso-. Debo pensar racionalmente acerca de la senorita Bennet, tal como me has aconsejado.

Darcy trato de ocultar la euforia que le produjeron las palabras de Bingley.

– Eso es todo lo que te pido, Charles -respondio en voz baja-. Estoy seguro de que despues de hacer una reflexion juiciosa sobre el asunto, encontraras una respuesta satisfactoria. -A pesar de la debil sonrisa con la que Bingley le respondio y la tristeza que volvio a cubrir sus ojos, Darcy se permitio pensar que su campana se acercaba a un final victorioso. Si la senorita Bingley podia anadir a su consejo un testimonio lo suficientemente desinteresado que corroborara la indiferencia de la senorita Bennet, el asunto estaria resuelto, estaba seguro. Debia enviar una nota de inmediato.

– Buenas noches, Darcy. ?Cenamos en Grenier's el domingo?

– Que sea el lunes, despues de que me enfrente a Lawrence en su caverna, y alli estare.

– ?Lawrence!

– Si, estoy tratando de que haga un retrato de Georgiana cuando la traiga conmigo despues de Navidad. A la manana siguiente, espero partir para Pemberley.

– Entonces, sera el lunes. Buenas noches otra vez, Darcy. Senor Witcher.

Darcy espero hasta que Bingley se subiera al coche que le habian pedido y el cochero arreara al caballo, antes de cerrar la puerta.

– ?Eso sera todo por hoy, senor Darcy? -pregunto Witcher, sacandolo de sus reflexiones.

– Si, Witcher. Mande a los criados a descansar y tenga el desayuno listo a las diez, supongo.

– Muy bien, senor. ?Llamo a Fletcher?

– Si, por favor. Y Witcher -detuvo al mayordomo cuando estaba tomando la cuerda de la campana-, tengo que enviar una nota manana temprano. No se necesita contestacion.

– Si, senor. -Witcher tiro de la cuerda y Darcy volvio a subir las escaleras para ultimar dos cosas. La primera era una nota para la senorita Bingley; la segunda seria una confrontacion con su ahora famoso ayuda de camara. Cuando Darcy llego finalmente a su habitacion, encontro su ropa de dormir cuidadosamente puesta sobre la cama, una jarra con agua caliente y otra con agua fria listas y sus articulos de tocador organizados sobre el lavabo. Ya habian desaparecido todas las prendas de ropa que habia visto desplegadas para su inspeccion aquella noche. Incomodo por la meticulosa estrategia de Fletcher, Darcy cerro la puerta de la habitacion con fuerza y se dirigio rapidamente hasta el centro de la estancia, con las manos en la espalda y tratando de adoptar una mirada severa. La puerta del vestidor se abrio casi antes de que el estuviera listo.

– Senor D…

– ?Fletcher, quiero hablar un momento con usted!

Al oir el tono de Darcy, Fletcher primero abrio los ojos y luego bajo la mirada.

– Si, senor Darcy.

– Recuerdo con claridad haberle advertido que no queria competir con el senor Brummell ni llamar excesivamente la atencion de nadie. -La indignacion de Darcy volvio a encenderse y se entusiasmo con el tema-. Creo que esas fueron mis instrucciones precisas, ?no es asi?

– Si, senor.

– Pues, senor Fletcher, usted me ha fallado en los dos aspectos.

Fletcher levanto la cabeza, y por su rostro cruzaron sucesivamente expresiones de culpa, incertidumbre y prudencia.

– ?De verdad, senor?

– ?Dolorosamente cierto, Fletcher! Usted me ha convertido en «el espejo de la moda y el ejemplo de la elegancia», y ?ciertamente no se lo agradezco! Sucede que me habria gustado pasar inadvertido en Melbourne House esta noche; pero gracias a esta maldita corbata, no tuve oportunidad de hacerlo. Y ahora me encuentro en la posicion mas desagradable. -Comenzo a pasearse por la habitacion-. «Medida por medida» dijo usted. ?Pero yo no me imagine que se refiriera a Brummell! ?Sabia usted que el conoce su nombre con exactitud?

– Habia oido rumores… -Fletcher se puso palido como el papel, pero Darcy no supo si debido a la culpa o a la sorpresa.

– ?Rumores! ?Me sorprende que no tengan comunicacion directa! ?Habia apuestas, Fletcher, apuestas! -Darcy se detuvo solo a un paso de su ayuda de camara, cuyos ojos estaban nuevamente fijos en el suelo-. ?No lo voy a tolerar, Fletcher, en absoluto! Si usted desea ser el ayuda de camara de un dandi, tiene mi permiso para buscar a alguien que disfrute arreglandose para la sociedad. Pero si va a continuar a mi servicio, se contentara con mis sencillos requerimientos. -Dio media vuelta, se sento frente al tocador y gruno-: Ahora, deshaga este infernal nudo.

– Si, senor Darcy. -Fletcher se acerco con cuidado y comenzo a deshacer el intricado nudo con dedos expertos-. ?Senor Darcy? -pregunto despues de aflojar la corbata.

– ?Si, Fletcher?

– Si me permite, senor… ?Exactamente hasta que punto fue grave mi falta esta noche, senor?

Darcy le lanzo una mirada cautelosa. La angustia y el orgullo libraban una batalla abierta en una actitud que solia ser impenetrable para el. El excelente control de Fletcher estaba a punto de desaparecer, y dada la relacion tan intima que tenia con aquel hombre, Darcy tuvo que pensar cual seria la razon. Daba por descontado el hecho de que habia tenido exito al intimidar a Fletcher. Asi que no, la respuesta no estaba en la angustia por la amonestacion; entonces habia que considerar el orgullo. Darcy se aclaro la garganta.

– La esfinge se ha retirado.

Las manos de Fletcher temblaron.

– ?Asi de grave, senor! -Fletcher tambien carraspeo-. Por favor permitame ofrecerle mis mas sinceras excusas y rogarle que «no reflexione con excesivo detalle» sobre el asunto. -La afrentosa corbata yacia ahora amontonada sobre el tocador.

– Mmm -resoplo Darcy y miro al ayuda de camara con el rabillo del ojo. Tenia razon, Fletcher habia sucumbido al canto de sirena de su arte, y al humillar al celebrado arbitro de la moda habia alcanzado de manera incuestionable la cima de su profesion. Darcy sintio una oleada de comprension y simpatia por el orgullo que sentia Fletcher por el exito de su arte, pero esta fue rapidamente temperada al recordar que ese exito se habia obtenido a su costa, sin contar con su aprobacion y sin que el ni siquiera lo supiera. Fletcher parecia estar realmente arrepentido y la inconveniencia de conseguir un nuevo ayuda de camara… Darcy nego con la cabeza. El hombre estaba con el desde que habia vuelto de la universidad y no se podia imaginar ensenandole a un nuevo ayuda de camara todas esas preferencias que Fletcher comprendia tan bien. Lo apropiado en ese momento parecia ser mantener la mano firme y, tal vez, ofrecerle una zanahoria.

– Supongo que «debe entregarse al olvido lo que no tiene remedio. Lo hecho, hecho esta». Pero, Fletcher, no me vuelva a hacer esta clase de truco nunca mas. «Mas sustancia y menos retorica». ?Entiende usted?

– Si, senor. -El alivio en la voz y la actitud de Fletcher fue palpable.

– No crea que el asunto esta totalmente terminado -continuo diciendo Darcy, levantandose para que Fletcher lo ayudara a quitarse la levita-. Hasta que algun personaje supere su roquet, estare obligado a aguantar a innumerables idiotas que querran saber como se hace. ?Gracias a Dios me marchare pronto a Pemberley!

– «La naturaleza de la clemencia es que no sea for…». -El ayuda de camara comenzo a citar otra vez a Shakespeare con sinceridad.

– Si, bueno, le ruego que no permita que este triunfo suyo y la notoriedad que conlleva interfieran en sus deberes o los del resto de la servidumbre.

– No, senor -contesto el ayuda de camara. El chaleco con hilos color zafiro se deslizo por los hombros de Darcy, y cuando este se volvio a mirar a Fletcher mientras doblaba cuidadosamente su ropa, preparandose para abandonar la habitacion, vio con claridad que la ecuanimidad del hombre habia sufrido un desequilibrio esta noche. Todo el mes habia sido demasiado perturbador para los dos.

– Fletcher -dijo Darcy, cuando su ayuda de camara avanzaba hacia la puerta-, lord Brougham me pidio que le transmitiera sus felicitaciones.

– ?En serio, senor? Lord Brougham es muy amable.

– Queria que usted supiera que recordara durante varios dias la expresion de la cara de Brummell mientras contemplaba su derrota a manos suyas. Y, Fletcher -concluyo-, reciba tambien mis felicitaciones.

– ?Gracias, senor Darcy! -Fletcher hizo una pronunciada reverencia.

Se desearon buenas noches mutuamente y Darcy dio media vuelta para prepararse para dormir, mientras rogaba con devocion para que su tarea de disuadir a Bingley estuviese a punto de finalizar y nada se interpusiera en el camino de una pronta partida hacia Pemberley. Tanto el como Fletcher podrian recuperar el equilibrio alli. Todo volveria a la normalidad.


Darcy sacudio las paginas del Morning Post y volvio a doblar metodicamente el periodico antes de dar un ultimo bocado a su tostada con mantequilla y finalizar su taza de cafe. Las noticias que se habia perdido mientras estaba en Hertfordshire eran alarmantes y perturbadoras, los ultimos disturbios publicos habian desplazado de las primeras paginas del Post los informes sobre el escandalo de Melbourne House y lo hacian desear con mayor intensidad la finalizacion de sus asuntos, para abandonar Londres y marcharse a Pemberley lo antes posible. Consulto su reloj de bolsillo; todavia faltaban tres cuartos de hora para que su agente de negocios se presentara en la biblioteca. Suspiro mientras devolvia el reloj a su lugar, pensando que la alarma por el levantamiento de los tejedores de las Midlands no era, ciertamente, la unica razon de su inquietud por su situacion en Londres; claro que tenia razones mas personales.

Empujo la silla hacia atras, se levanto y se dirigio a la ventana para mirar el cesped de Grosvenor Square, blanco ahora por la nieve. Los arboles del parque parecian oscuros centinelas contra la blancura, excepto por las ramas mas altas, cuyos dedos fibrosos estaban delicadamente cubiertos de hielo y brillaban con el sol de la manana. Darcy respiro hondo y dejo salir el aire lentamente, llenando de vapor uno de los helados cristales de la ventana, que enseguida se cubrio de hielo. Paso el dedo por el hielo e hizo el dibujo de un pequeno Punch. ?Cuantos anos hacia que no le dibujaba a Georgiana figuras sobre el hielo? ?Diez? Estaba seguro de que eran al menos diez.

Cerro el puno y con el dorso de la mano borro el payaso, mientras terminaba de revisar los resultados de su campana hasta ahora. No, las cosas que lo ataban a Londres le dolian intensamente, pero sin importar la forma en que analizara el problema, estaba atrapado entre sus promesas a la senorita Bingley y su propia preocupacion por su amigo. Estaba obligado a concluir el plan.

La reunion con su agente de negocios resulto ser, afortunadamente, muy corta, y Darcy quedo por fin libre para dedicarse a la unica actividad de esa corta visita a la ciudad que habia anhelado con placer: elegir los regalos de Navidad para su hermana. Mientras James y Harry, bien envueltos en abrigos y bufandas, discutian en el pescante sobre la mejor ruta hacia Piccadilly, dada la nevada que habia caido aquella manana temprano, el caballero dedico su atencion a pensar en las proximas fiestas y todas las responsabilidades que le esperaban. Tanto el senor Witcher en Londres como el senor Reynolds en Pemberley habian recibido dinero para comprarles regalos a los sirvientes que tenian a su cargo. Hinchcliffe solo habia aceptado para si mismo una impersonal bonificacion anual de vacaciones, que a estas alturas, segun sospechaba Darcy, ya debia de haber convertido en una importante reserva. Tambien el regalo de Navidad de Fletcher habia sido siempre el mismo: los gastos del transporte hasta la casa de sus padres en Nottingham durante una semana y una pequena suma para alegrar los corazones y la vida de sus ancianos progenitores. Una suma bastante moderada ese ano, si se tomaba como referencia el tributo que le habia mandado Dy y que habia llegado esa manana. Darcy resoplo, mientras el coche se detenia frente a Hatchard's. Harry abrio la puerta y bajo la escalerilla casi enseguida.

– Sera una tarde fria hoy, senor Darcy -dijo el cochero, estremeciendose a pesar del abrigo y la bufanda que llevaba encima.

– ?Asi es, Harry! Digale a James que mantenga a los caballos en movimiento y usted venga conmigo.

– Gracias, senor. ?James! -Harry se dirigio al pescante, impartio las instrucciones oportunas y se apresuro a seguir a Darcy al interior del establecimiento. La campana de la puerta sono alegremente cuando entraron, lo que atrajo la mirada del senor Hatchard, que se encontraba tras el mostrador.

– ?Senor Darcy, que placer verlo, senor! -Se acerco a ellos. Antes de devolver el saludo, Darcy hizo una senal a Harry para que se retirara al cuarto donde esperaban los cocheros-. Y ?que le han parecido los volumenes que le envie a Hertfordshire? Confio en que hayan llegado bien.

– Si, es usted muy amable, Hatchard. ?Hay algo mas en esa linea?

– No, senor, ni siquiera un rumor. Wellesley se encuentra en sus cuarteles de invierno en Portugal, ya sabe. Tal vez, entre las fiestas y los bailes, alguien encuentre tiempo para garabatear unas cuantas lineas. Estoy esperando una cantidad de manuscritos que deben llegar en primavera y ciertamente lo mantendre informado.

– ?Muy bien! Hoy estoy buscando algo para la senorita Darcy. ?Tiene alguna sugerencia?

– ?La senorita Darcy! Ah, hay muchas cosas, a pesar de lo que piensa el senor Walter Scott. -El senor Hatchard llevo a Darcy a una pequena estancia amueblada con una mesa y sillas. Pocos instantes despues deposito delante de el un monton de libros. Darcy hojeo las obras seleccionadas, frunciendo el ceno al revisar la mayoria. Tras elegir The Scottish Chiefs (Los jefes o caudillos escoceses) de la senorita Porter y el ultimo volumen de Tales from Fashionable Life, de la senorita Edgeworth, los dejo sobre el mostrador para que los empaquetaran y se metio por un pasillo para echar un vistazo a las estanterias.

– ?Darcy! ?Vaya, Darcy, que suerte! -Darcy levanto la vista del estante que estaba revisando y vio que «Poodle» Byng venia hacia el, con su caracteristico acompanante canino trotando detras.

Ya empezamos. Darcy lanzo una mirada de suplica al cielo.

– Darcy, viejo amigo, ?que era ese nudo que llevaba usted anoche en Melbourne House? Una cosa endemoniadamente complicada. Dejo a Beau Brummell en un terrible estado de irritacion durante el resto de la noche. Por eso arremetio contra el chaleco del pobre Skeffington, ?lo sabia? -La sonrisa cordial de Poodle se transformo en una sonrisita de indeseable intimidad mientras continuaba-: Alguien me dijo que se llamaba el roquefort, pero yo le dije que no lo creia. «No es el roquefort», dije yo. «El roquefort es un queso, cabeza de chorlito». Fue Vasingstoke el que lo dijo; todo el mundo sabe que su poni le dio una coz en la cabeza cuando monto por primera vez. «El roquefort es un queso», dije yo, «y le apuesto a cualquiera a que Darcy nunca llevaria un queso alrededor del cuello», ?no fue asi, Pompeyo? -Poodle se dirigio a su perro, que ladro a modo de respuesta. Con firme conviccion, los dos dirigieron sus ojos expectantes hacia Darcy.

– No, Byng, tiene usted razon. Es el roquet. Y, por favor -se apresuro a continuar-, le ruego que no me pida instrucciones. Es una creacion de mi ayuda de camara. Solo el puede hacerlo.

– ?El roquet! Aja, espere a que se lo cuente a Vasingstoke. «Fuera de juego», ?no es asi? Bueno, no es de sorprender que Brummell quedara de tan mal humor. Pero lo unico que le pido es una minima indicacion. No quiero competir, imaginese; solo molestar un poco a Brummell.

Darcy estiro la mano por detras y agarro un libro del estante.

– Por favor, acepte mis disculpas y creame que no puedo satisfacer su curiosidad, Byng. No estaba prestando atencion cuando Fletcher lo anudo y por eso no puedo darle ninguna indicacion sobre como proceder. Tendra que excusarme y entendera que no puedo tener a mis caballos esperando mucho con este tiempo y debo llevarle esto -saco el volumen desde atras- a Hatchard. -Le hizo una ligera reverencia, paso al lado del perro, que siguio sus movimientos con un grunido, y se dirigio rapidamente hasta el mostrador.

– ?Eso sera todo, senor Darcy? -Hatchard enarco las cejas en senal de sorpresa cuando Darcy puso sobre el monton de libros que habia escogido el volumen que le habia servido de disculpa-. ?La nueva edicion de Practical View! ?No sabia que tenia intereses en ese tema!

– ?Que? Ah… solo empaquetelo con el resto, si es usted tan amable, y llame a Harry.

En unos segundos, Harry estaba ya junto al mostrador, recibiendo el paquete que Hatchard habia envuelto con tanto cuidado. Darcy lo siguio al exterior, pues no tenia deseos de esperar dentro hasta que el coche llegara y arriesgarse a sufrir mas impertinencias por parte de Byng y su confidente canino.

Un poco mas adelante, cerca de St. James, Darcy se detuvo un momento en Hoby's para que le tomaran medidas para un nuevo par de botas. Alli tuvo que defenderse de mas admiradores del roquet. Luego dirigio a su cochero hasta Leicester Square y la tienda de sedas de madame LaCoure. Dejandose aconsejar por la modista, eligio tres piezas de seda y dos de muselina y prometio regresar con su hermana para elegir los encajes y las cintas apropiadas. Luego siguio hasta DeWachter's, en Clerkenwell, el joyero que trabajaba para los Darcy desde hacia varias generaciones, donde escogio una sencilla pero hermosa gargantilla y un brazalete de perlas y acepto con toda la elegancia que pudo las felicitaciones del senor DeWatcher por su «triunfo». Su ultima parada fue la imprenta a la que Georgiana solia encargar sus partituras. Tras llevarse todas las partituras nuevas de los compositores que ambos admiraban, Darcy se subio al coche con sus ultimos paquetes.

– ?Senor Darcy? -pregunto Harry mientras colocaba los paquetes y sacudia la manta.

– ?Si, Harry?

– ?Que es eso del roquet, senor?

Darcy suspiro pesadamente.

– Una nueva forma de anudar una corbata de lazo que ha inventado Fletcher. ?Por que lo pregunta, Harry?

– Ah, senor, porque un par de caballeros me acaban de ofrecer una moneda de oro cada uno si los dejaba entrar a hurtadillas a su vestidor para verlo. -Harry sacudio la cabeza-. Le ruego que me perdone, senor, pero la alta sociedad tiene, a veces, unas extranas costumbres.

Darcy cerro los ojos.

– No hay palabras mas ciertas. Volvamos a casa, Harry.


Despues de regresar de hacer sus compras, Darcy se reunio con Hinchcliffe, que lo recibio con un monton de tarjetas e invitaciones que habian sido entregadas recientemente y que solicitaban su asistencia a una increible cantidad de recepciones, desayunos, exhibiciones de boxeo, clubes discretos, reuniones politicas y representaciones teatrales. Darcy les echo un vistazo con desaliento y luego las arrojo sobre su escritorio.

– ?Debo enviar la respuesta habitual, senor? -Hinchcliffe se inclino, las recogio y las organizo sobre una bandeja de plata.

– Si. Excusas para cualquier persona que usted no conozca y que este por debajo de un baronet, sentidas excusas para cualquier persona por encima de eso y paseme el resto a mi. Tal como estan las cosas, aunque empiece ahora mismo, me temo que se pasara trabajando la mayor parte de la noche. -Hinchcliffe inclino la cabeza en senal de acuerdo silencioso y se marcho hacia su oficina.

Cuando la puerta se cerro, Darcy se sintio invadido por una repentina inquietud que lo impulso a pasearse por la biblioteca. Faltaba poco mas de una hora para la cena, y aunque habia planeado cenar solo esa noche, el perverso deseo de tener una agradable compania se apodero de el. Despues de Ano Nuevo, cuando regresara a la ciudad con Georgiana, noches como esa podrian transcurrir de manera agradable, dedicado a compartir libros y musica con su hermana. Pero incluso mientras contemplaba esos futuros placeres, Darcy descubrio que, para su desgracia, esa perspectiva no lo satisfacia por completo. Una inquietud inmensa e indefinida, que Darcy nunca habia sospechado que existiera, se hizo hueco en su interior, amenazando con robarle la satisfaccion y la tranquilidad.

Mientras se paseaba de un lado a otro, Darcy se acerco hasta una estanteria. Con la esperanza de que la disciplina que implicaba seguir el curso de una batalla pudiera ayudarlo a poner sus pensamientos en orden, saco Fuentes de Onoro del lugar donde estaba guardado y se desplomo en uno de los sillones junto al fuego. Estirando las piernas hacia la chimenea, deslizo el dedo por las paginas y abrio el libro en el lugar marcado por los hilos de bordar. Cuando se inclino para comenzar a leer, las palabras le parecieron borrosas, como si se hubiesen vuelto incomprensibles por el reflejo que producia la luz del fuego sobre los hilos trenzados que reposaban sobre la pagina. ?Elizabeth! ?Cuanto se habia resistido a pensar en ella! Sintio que la respiracion se le aceleraba a medida que un torrente de recuerdos invadia su mente: Elizabeth en la puerta de Netherfield, vacilante pero decidida; en las escaleras, agotada pero dedicada al cuidado de su hermana; en el salon, enarcando una ceja cuando desafiaba su manera de ser; en el piano, ajena a la gracia que imprimia a su cancion; en el baile, la noche de Milton, con los ojos brillantes, banada por el encanto del Eden.

Elizabeth se habria reido al ver la pomposa angustia de Brummell a causa de una simple corbata. Darcy estaba seguro de que ella no se habria dejado intimidar por lady Melbourne, ni se habria desmayado al ver el escandaloso espectaculo de lady Caroline. Casi podia imaginarla, sentada en la silla de al lado, sonriendole con esa expresion que, estaba empezando a creer, presagiaba algo delicioso. Al pensar en eso, se agudizo la vaga insatisfaccion que sentia. Incertidumbre, dicha, nostalgia, todas esas emociones se habian deslizado en su vida de manera inconsciente, y estando solo en su casa, Darcy sintio con intensidad los efectos de esas emociones. Cerro los dedos alrededor de los hilos. ?Que era lo que Dy le habia advertido? Conocer el terreno que pisaba, si, pero ?que era lo otro? Estar totalmente seguro de la naturaleza de su interes estaba los asuntos de Bingley. ?Que parte de su interes estaba dirigido solamente al beneficio de Bingley? ?No se acercaba a la verdad el hecho de que separar a Charles de la senorita Jane Bennet era su defensa mas segura contra el conflicto que generaba su propia e impetuosa atraccion por la hermana de la muchacha?

Se inclino hacia delante, con los codos apoyados sobre las rodillas y los hilos apretados en la palma de la mano, y se quedo mirando fijamente las brasas. Estaba seguro de que le deseaba a su amigo la mayor felicidad en su matrimonio. Al menos, una felicidad tan grande como era razonable esperar de la union de dos fortunas y posiciones semejantes. En cuanto a su propio futuro como hombre casado, Darcy solo pensaba que era algo que debia evitar. Sus propiedades y negocios estaban bien administrados y eran prosperos, lo cual hacia innecesario un matrimonio por interes y le daba la libertad de elegir cuando y donde el quisiera, con la esperanza de alcanzar un cierto grado de felicidad. Habia momentos durante la noche en que deseaba las comodidades del matrimonio, y ocasionalmente un rostro o una figura habian llamado su atencion. Pero la realidad de confiar el futuro de su gente y pasar la vida con una de esas mentes fragiles y naturalezas endurecidas que se escondian tras las caras bonitas que se le ofrecian en esas horas oscuras y silenciosas siempre habia logrado convencerlo de que cambiar la felicidad por la comodidad seria una locura. Darcy sabia que las dos cosas eran posibles; lo habia visto en vida de sus padres antes de la muerte de su madre y, despues, en la sonrisa distante que a veces cruzaba por el rostro de su padre. Pero ahora…

Darcy levanto el marcapaginas y lo contemplo a la luz del fuego, mientras la corriente de aire que salia de la chimenea levantaba y hacia girar los delicados hilos, tejiendolos y destejiendolos en trenzas de colores. Igual que tu idea de ella, admitio para sus adentros, tejiendose y destejiendose. Te preocupas con diligencia por destejer tu relacion con ella al disuadir a Bingley y, sin embargo, la vuelves a tejer cuando estas solo con tus pensamientos desbocados y tus recuerdos robados.

Un golpe en la puerta lo hizo reaccionar. Coloco los hilos rapidamente otra vez entre las paginas del libro y lo cerro de un golpe.

– Entre.

Hinchcliffe se asomo por la puerta.

– Senor Darcy, hay una nota aqui sin direccion y escrita con una letra que no conozco. Esta redactada de una manera mas bien criptica. Pense que le gustaria verla enseguida. -Diciendo eso, Hinchcliffe avanzo unos pasos y le entrego una misiva color crema, que no tenia ninguna marca ni senas de quien la enviaba.

– Gracias, Hinchcliffe. -Darcy tomo la nota, y despues de hacer un gesto con la cabeza indicandole al secretario que podia retirarse, espero a que este se marchara para abrir la hoja a la luz de la lampara.


Senor:

Han sido recibidas sus instrucciones y seran cumplidas al pie de la letra. Envie una nota a B, quien, como usted se imaginara, se sorprendio bastante al saber de mi llegada y me aviso de que dejara sus habitaciones manana para venir a la calle Aldford. Confio en usted, senor, para que complete su salvacion, ya que se muy bien que mi confianza reposa en las mejores manos.

C.


Darcy arrugo la nota y la arrojo al fuego.

– La respuesta a todas tus ambiciones -se burlo de si mismo-. ?Ser el «depositario de la confianza» de Caroline Bingley y el «salvador» de su hermano! Por Dios, hombre, ?que oficio desempenaras despues? ?Arzobispo, seguramente! -Se dejo caer sobre el respaldo de la silla, pero se sobresalto nuevamente al oir un segundo golpe en la puerta.

– Si, ?que ocurre? -grito.

La puerta se abrio y una criada muy joven, con unos ojos azules muy abiertos, anuncio en voz baja:

– S-su c-ce… cena, s-se… senor. -La muchacha hizo una reverencia nerviosa. Sus rizos rubios flotaron alrededor de su cara, y luego desaparecio.

Darcy se quedo mirando con desaliento como se desvanecia la figura de la muchacha, a traves del marco de la puerta.

– Te estas volviendo un verdadero Barbazul, asustando a las chiquillas del servicio…

– ?Algo va mal, senor Darcy? -Solo paso un instante antes de que Witcher apareciera en la puerta.

– No, Witcher -suspiro Darcy-, lo unico que va mal es mi estado de animo.

– ?Entonces Maddie no ha hecho nada inapropiado, senor?

– ?Maddie?

– Mi nieta, senor Darcy. Ella vino a anunciarle la cena, senor. Es la primera vez que esta arriba, senor. -Witcher presumio un poco, con orgullo de abuelo. El estado de animo de Darcy sucumbio un poco mas.

– ?Su nieta! -Se dirigio al escritorio y, abriendo un cajon, saco un chelin-. Aqui tiene, para su nieta, para celebrar el exito de su primer dia arriba. -Radiante, Witcher acepto la generosidad de su patron con la promesa de entregarselo a la muchacha mas tarde.

– Su cena esta lista, senor Darcy. Jules ha preparado una deliciosa cena con sus platos favoritos, que esta esperando su atencion. ?Digo que le sirvan?

– Si, por favor. Bajare en un momento.

Cuando Witcher se fue, Darcy recupero su libro y lo volvio a poner con cuidado en la estanteria, acariciando las puntas de la sedosa trenza mientras lo hacia. Durante un momento se detuvo y permitio que el rostro de Elizabeth se alzara ante el. Sacudiendo suavemente la cabeza, dejo caer la mano.

– No, debes irte -susurro-, porque yo soy el salvador de Bingley. -Le dio la espalda a la vision con pesada determinacion, atraveso la biblioteca y, al salir al corredor, cerro la puerta con delicadeza.


Agradecimientos

<p id="_Toc237585051">Agradecimientos</p>

Tengo una deuda de gratitud con muchas personas que me animaron a lo largo de la publicacion de este libro. En primer lugar, con mis amigas y companeras escritoras de Crown Hill Writers' Guild, Susan Kaye Blackwell y Laura Louise Lyons, cuyo apoyo, consejo y «tonificantes reprimendas» lograron romper en mas de una ocasion un momento de bloqueo al escribir. En segundo lugar, con mi esposo, Michael, mi «hermano de armas» en la batalla por escribir la historia de Darcy de una manera que fuera fiel tanto a Jane Austen como al hombre que los dos creiamos que Darcy era. En tercer lugar, tengo una enorme deuda de gratitud con Margaret Coleman, cuyas hermosas cubiertas para la edicion de la serie por parte de Wytherngate Press tuvieron mucho que ver con su exito. Muchas, muchas gracias a Lloyd Bassin, por su excelente representacion y promocion. Por ultimo, mi sincero agradecimiento a todos esos lectores de Austenesque, The Republic of Pemberley, The Derbyshire Writers's Guild y Firthness, por su constante apoyo y entusiasmo por este proyecto.

?Dios los bendiga!



Pamela Aidan

<p>Pamela Aidan</p>

Pamela Aidan nacio en 1953 en Pensilvania, Estados Unidos. Tiene un master en Biblioteconomia por la Universidad de Illinois y ha sido librera durante mas de treinta anos. Ella y su marido Michael viven en Coeur d'Alene, Idaho; cada uno tiene tres hijos mayores de sus anteriores matrimonios.

A pesar de que la obra de Jane Austen Orgullo y prejuicio ha sido su novela favorita desde sus anos en el colegio, atribuye la inspiracion para escribir su primera novela basada en el periodo de la Regencia a la miniserie producida por la BBC. Una fiesta como esta significo el comienzo de la trilogia «Fitzwilliam Darcy, un caballero».


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